MSIa Informa, 18 de junio de 2021.-En su primer viaje internacional el presidente Joe Biden transmitió a los socios minoritarios de EUA en el G7 y en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) el mensaje de que Washington no tiene la intención de abandonar el poderío hegemónico global, y para eso cuenta con su apoyo irrestricto en el enfrentamiento contra Rusia y China.

Esa voluntad fue tenuemente disfrazada como un choque entre las “democracias”, dirigidas por la nación “excepcional” y las “autocracias” rusa y china; en el fondo el propósito final no es otro que fracturar la alianza de hecho sino-rusa empeñada en abogar por un nuevo orden internacional cooperativo, sustentado en la integración físico-económica eurasiática, esta sí la mayor amenaza al poder del eje Washington-Nueva York- Londres-Bruselas.

Para no dejar dudas, en la cumbre de la OTAN en Bruselas, el 14 de junio, Biden recalcó la “obligación sagrada” de EUA con la Alianza atlántica.

De las tres entidades ante las cuales Biden subrayó el liderazgo estadounidense -el G7, la OTAN y la Unión Europea (UE)- antes de reunirse con el presidente de Rusia Vladimir Putin, en Ginebra, el día 16, el G7 es el más anacrónico.

Cuando fue establecido, a mediados de la década de los 1970s, las potencias industrializadas representaban 70% del Producto Interno Bruto (PIB), proporción que cayó para no más del 30% actuales. No por casualidad, la creación del G20, después de la gran crisis de 2008, indicó un fórum más adecuado para deliberar los grandes problemas mundiales, reuniendo a naciones que representan cerca de un 60% de la población y 80% del PIB del planeta.

En el comunicado conjunto de la cumbre realizada en Carbis Bay, Inglaterra, afloró la dificultad del grupo para actuar como algo más una caja de resonancia de un programa dictado desde Washington: una extensa declaración de buenas intenciones con 25 páginas, denominada “Agenda para la Acción Global para Reconstruir Mejor” (siglas en inglés B3W).

Entre los compromisos establecidos, algunos números impresionan: el ofrecimiento de mil millones de dosis de vacunas contra el Covid-19 para los países pobres, que aseguren la vacunación de la población mundial hasta fines de 2022; disponer de 100 mil millones de dólares de fuentes públicas y privadas por año, hasta el 2025, para ayudar a los países pobres a reducir sus emisiones de carbono; y, principalmente, una iniciativa para ayudar a los países en desarrollo a disponer de 40 billones de dólares en infraestructura, cantidad que necesitarán hasta el 2035.

Este último asunto, que no consta de la declaración oficial, fue anunciado por la Casa Blanca, muestra la intención de contraponerse a la Iniciativa Cinturón y Ruta de la Seda, el colosal plan de infraestructura con el cual China promueve la integración física de Eurasia y sus ramificaciones hacia África y el Gran Medio Oriente, al que se han adherido 140 países de todos los continentes, hasta Italia, miembro del G7.

Sin embargo, el plan fue recibido con cautela y escepticismo, ya que el mismo se apoya en la atracción de capitales privados, sectores cuyo margen de maniobra es estrecho debido a la montaña de deudas corporativas, una espada de Damocles para las finanzas globales. Y otro problema es la intención de vincular los flujos financieros internacionales a criterios definidos por un programa reflejado en la declaración del G7 -protección ambiental, derechos humanos entre comillas, ideología de género, y otros aspectos afines, de cuyo cumplimiento se encarga la vasta red de agencias privadas, ONG, y otras entidades, que de hecho forman parte de un “ejército irregular” para proteger el poder de una oligarquía bien representada en el grupo.

En cuanto a la generosidad ante la emergencia sanitaria global, la esplendidez es tardía e insuficiente para inyectar nueva energía en un mecanismo agotado como lo es el G7.

Esencialmente, el G7 es una reliquia de un mundo en su mayoría impregnado de los programas de Washington, totalmente desfasado con relación a los desafíos de un planeta que se encamina a un sistema multipolar en el contexto de una genuina cooperación entre estados nacionales soberanos, en lugar de una permanente colisión impuesta por un centro hegemónico.

Es evidente que el continente iberoamericano tiene un lugar en la nueva época con toda la capacidad para elaborar iniciativas diplomáticas rumbo a la integración físico-económicas de sus potencialidades.

Lorenzo Carrasco Periodista del Movimiento de Solidaridad Iberoamericana (MSIa) es una asociación no-partidista, fundado en 1992 en Tlaxcala, México y Anápolis, Brasil, con la propuesta de contribuir a la reestructuración de la actividad política, entendida ésta como la forma más elevada del ejercicio del Bien Común.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Dossier Geopolitico.

Publicado en el sitio MSla autorizado su publicación por el autor Lorenzo Carrasco

La cumbre de Ginebra entre Biden y Putin ofrece una chance, para retornar a un equilibrio estratégico, pero, para lograrlo, EE.UU. debe abandonar las fórmulas de los siglos XIX y XX.

Por Eduardo J. Vior

Al concluir la cumbre del Grupo de los Siete (G-7) en el Reino Unido, el presidente Joe Biden declaró el domingo triunfalista que «Estados Unidos ha vuelto a la mesa». El anciano mandatario partió el domingo de Cornualles hacia Bruselas, donde este lunes habló ante la conferencia anual de la OTAN y de allí siguió viaje hacia Ginebra, Suiza, donde este miércoles se encuentra con su colega ruso Vladímir Putin.

Los estrategas norteamericanos esperan con esta gira recuperar un vínculo fluido con la diplomacia europea, afirmar su liderazgo y, de ser posible, atraer a Rusia a una “coexistencia pacífica” sin China. Por las dudas, ya afianzaron una nueva “alianza del Atlántico” con el Reino Unido, remedando la firmada en 1941 entre Roosevelt y Churchill. Los estadounidenses proponen al Kremlin invertir los términos de la segunda fase de la Guerra Fría: si entonces se aliaron con China (viaje de Nixon a Beijing en 1972), para aislar a la Unión Soviética, ahora quieren establecer con Rusia una cooperación que margine a la República Popular. Repiten las tácticas británicas de los siglos XIX y XX, sin darse cuenta de que el escenario cambió. De una errónea apreciación de la realidad no puede surgir una estrategia correcta.

Los líderes de la OTAN posan para una foto de grupo en la sede de la alianza en Bruselas el 14 de junio

Al terminar este lunes 14 la cumbre de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) en su sede central de Bruselas, los jefes de Estado y de gobierno presentes acordaron la agenda «OTAN 2030», una iniciativa global para garantizar que la alianza esté preparada para afrontar los retos del futuro. Según la agenda, la OTAN intensificará la consulta política y la resistencia de la sociedad, reforzará la defensa y la disuasión, afinará la ventaja tecnológica y desarrollará su próximo concepto estratégico a tiempo para la cumbre de 2022.

Los líderes también tomaron decisiones sobre los ámbitos operativos más recientes: el ciberespacio y el espacio. El bloque acordó en este sentido una nueva política de ciberdefensa que, se supone, debe garantizar que el bloque cuente con sólidas capacidades técnicas, consultas políticas y planificación militar para «mantener nuestros sistemas seguros». En cuanto a Rusia, los líderes de la OTAN dijeron que estaban abiertos a un diálogo político, pero que seguían siendo «claros» en cuanto a los desafíos que supuestamente plantea.

En su declaración sobre la situación internacional manifestaron que China representa “un riesgo para la seguridad”. En el comunicado final se afirma que las «ambiciones declaradas y el comportamiento asertivo de China presentan desafíos sistémicos al orden internacional basado en normas». La OTAN también advierte que está “preocupada” por las «políticas coercitivas» de China, la expansión de su arsenal nuclear y su «frecuente falta de transparencia y uso de la desinformación».

Nunca antes se había mencionado de este modo y con esta centralidad a China. Sin embargo, en el resumen publicado por la agencia oficial de noticias Xinhua no se mencionan los párrafos más agresivos del comunicado y se relativiza su importancia diciendo que “cuando se trata de China, las opiniones e intereses de los aliados europeos son diferentes a los de Washington. Después de la cumbre, la canciller alemana Angela Merkel dijo que la decisión de la OTAN de nombrar a China como un desafío ‘no debería ser exagerada’ porque China, al igual que Rusia, también es un socio en algunas áreas.”

Por su parte, el presidente ruso Vladímir Putin reiteró el domingo durante una entrevista con la cadena estadounidense NBC la necesidad de «previsibilidad y estabilidad» en las relaciones entre Rusia y EE.UU. La entrevista fue emitida este lunes por el canal norteamericano. Durante la tensa conversación en la que el presidente reprendió al periodista por interrumpirlo varias veces, Putin comentó las acusaciones de Washington de que unos piratas informáticos rusos perpetraron ciberataques en EE.UU. y las tachó de «farsa». En ese contexto, Putin instó a que Washington y Moscú sumen esfuerzos en la lucha contra la delincuencia cibernética. El mandatario declaró, asimismo, que está abierto a un intercambio de prisioneros entre los dos países.

La cumbre entre ambos presidentes se realiza a pedido de los norteamericanos, después de que, con un impresionante despliegue de tropas en las fronteras de Ucrania, Rusia puso un límite claro a la provocación británica y ucraniana, cuyo presidente, Volodymyr Zelensky, pretendía recuperar Crimea y el este del país. En ese momento se dio el punto de inflexión: Biden llamó a Putin y le propuso «una reunión en la cumbre en un tercer país en los próximos meses para discutir toda la gama de cuestiones que enfrentan los Estados Unidos y Rusia».

Según la Casa Blanca, el encuentro debería servir para iniciar una discusión sobre «una serie de cuestiones regionales y globales, incluyendo un diálogo de estabilidad estratégica sobre el control de armas”.

La cumbre tendrá lugar en momentos en los que las relaciones entre Moscú y Washington «se han deteriorado hasta su punto más bajo de los últimos años», según declaró Putin. A su vez, el canciller ruso Serguéi Lavrov, previamente había dicho que no se hacía ilusiones de que en Ginebra se vayan a producir grandes avances. No obstante, ambas partes esperan que el encuentro tenga un resultado positivo y se prevé que se discuta una amplia variedad de temas.

Durante su discurso en el marco del Ciclo de Conferencias Primakov, un foro internacional en honor del expresidente del Gobierno ruso y destacado diplomático Yevgueni Primakov, el ministro de Exteriores de Rusia informó el pasado miércoles 9 que Moscú y Washington están llevando a cabo «contactos bastante intensos» sobre estabilidad estratégica.

Vladímir Putin durante la entrevista con la NBC noteamericana el pasado domingo 13

«Hablando francamente, señaló, estamos a favor de un enfoque integral, para tener en cuenta en el diálogo con EE.UU. todos los factores que afectan la estabilidad estratégica.» Y precisó que esto incluye armas nucleares y no nucleares, ofensivas y defensivas.

Al mismo tiempo, durante la cumbre Moscú tiene previsto recordarle a EE.UU. la propuesta rusa para una moratoria en el despliegue de cohetes de medio y corto alcance en Europa, así como las medidas de verificación sugeridas. «Los invitamos a visitar la región de Kaliningrado y ver con sus propios ojos los misiles Iskander y, a cambio, queremos que nuestros especialistas visiten las bases de defensa antimisiles [de EE.UU.] en Rumania y Polonia», explicó Lavrov.

Lavrov recordó también que Vladímir Putin propuso en septiembre del año pasado a EE.UU. «medidas prácticas» para restaurar la cooperación entre ambos países en el campo de la seguridad en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación. En el mismo sentido, este martes 15 el viceministro de Exteriores Serguéi Riabkov sugirió que uno de los resultados de la cumbre podría ser el regreso de los embajadores ruso y estadounidense respectivamente a Washington y Moscú de donde fueron retirados en marzo pasado.

Por su parte, Joe Biden anunció que tiene la intención de reclamar, en particular, por las violaciones de derechos humanos. Asimismo, prevé abordar la supuesta injerencia rusa en las elecciones estadounidenses, así como los presuntos ataques cibernéticos a la infraestructura norteamericana. No obstante, el presidente de EE.UU. afirmó el domingo que está «abierto» a la propuesta de Putin de entregar ciberdelincuentes a EE.UU. si Washington hace lo mismo con quienes a atacan a Rusia desde las redes.

El mandatario norteamericano también espera trabajar junto con Rusia «en términos de alguna doctrina estratégica» y sobre cuestiones relacionadas con el clima, declaró. Se prevé, además, que se discuta sobre cooperación económica.

Previamente, desde el Kremlin comunicaron que los mandatarios planean discutir el estado y las perspectivas de desarrollo de las relaciones entre Rusia, incluidas la lucha contra la pandemia de coronavirus y la solución de conflictos regionales.

La semana pasada el presidente Putin había señalado que entre los principales objetivos de Rusia para la cumbre destacan el restablecimiento de contactos personales y de un diálogo directo, así como la creación de mecanismos de interacción que realmente funcionen.

Villa La Grange, Ginebra (Suiza), sede del encuentro entre Joe Biden y Vladímir Putin el próximo 16 de junio

Quien más está influyendo para que Biden adopte una posición sensata es el jefe de la CIA, William Burns, quien tiene una extensa experiencia en el trato con Rusia. Cuando en 2008 en el gobierno de George W. Bush se planeaba convertir a Ucrania y Georgia en miembros de la OTAN, él era embajador en Moscú. El 1 de febrero de 2008, en un cable a Washington después de una reunión con el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, el diplomático resumió correctamente la posición rusa al respecto titulando «NYET MEANS NYET: RUSSIA’S NATO ENLARGEMENT REDLINES» (Nyet quiere decir nyet: la línea roja de los rusos contra la ampliación de la OTAN). La fina y experimentada mano del ahora director de la CIA se nota ahora en la «Evaluación Anual de la Amenaza de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos 2021», publicada a principios de abril, un informe notablemente equilibrado y sincero sobre cómo ve Moscú las amenazas a su seguridad

Rusia no quiere un conflicto directo con las fuerzas estadounidenses, pero denuncia que EE.UU. viene desde hace años tratando socavar a Rusia, debilitar al presidente Vladimir Putin e instalar regímenes pro-occidentales en los estados de la antigua URSS. Por ello, el Kremlin busca un acuerdo con Washington sobre la no injerencia mutua en los asuntos internos de ambos países y el reconocimiento de las respectivas esferas de influencia.

Desgraciadamente, al realismo de Burns se contrapone el simplismo ideológico del secretario de Estado Blinken. En Washington hay demasiados burócratas ideologizados y mercaderes de la muerte interesados en que la cumbre fracase. Hasta que ambos presidentes y sus asesores se reúnan y encuentren un tono sensato y realista, no hay seguridad de que el encuentro sirva para reducir las tensiones.

Al encontrarse en Ginebra, Joe Biden y Vladímir Putin tienen la posibilidad de recomenzar un diálogo estratégico entre ambas potencias que nunca debió abandonarse, pero, para que les sea posible emprender este camino, es necesario que EE.UU. cese de tratar de separar a Rusia de China. El viejo juego británico de los siglos XIX y XX sirvió a los occidentales para dominar Eurasia, colonizar a China y amenazar la unidad de Rusia, pero ahora la situación cambió completamente: la alianza entre Moscú y Beijing es indestructible, se profundiza y amplía cada día. Como entre los siglos XIII y XV, cuando el Imperio Mongol unificó la mayor masa continental del planeta, Eurasia habla con una sola voz y las potencias marítimas han quedado afuera. Ésta es la nueva realidad que enmarca el encuentro del miércoles. Si los norteamericanos dejan de oír a los británicos y aceptan la realidad, existen muchas chances de que puedan establecer con Rusia reglas de convivencia que los beneficien mutuamente. Si, por el contrario, insisten en aplicar esquemas ideológicos de la Guerra Fría o del período de la expansión colonial, se encontrarán con ventanillas cerradas en un contexto en el que ya no son la única potencia dominante. Nuevos desafíos requieren nuevas soluciones, pero para hallarlas, es preciso atenerse a la realidad y olvidar las ideologías.

Analiza los resultados y algunos entretelones de la cumbre del G7, en Cornualles, Gran Bretaña, como parte de una serie de reuniones que fueron parte de la gira por Europa de Biden. La agenda de esa reunión del G7 tuvo como tema principal a China. En resumen los europeos celebran el retorno del liderazgo estadounidense y la resucitación del atlantismo…pero sin afectar la cooperación con China. Antonio M. Mitre Colaborador de Dossier Geopolitico

G7 Y CHINA: LÍNEAS DE FALLA EN EL ORDEN MUNDIAL

M.K.Bhadrakumar asia Times

El G7 ha recorrido un largo camino desde su creación a mediados de la década de 1970 por iniciativa del entonces presidente francés Valéry Giscard d’Estaing y el canciller de Alemania Occidental Helmut Schmidt para discutir la economía mundial y consultar sobre una política económica internacional tras la primera crisis del petróleo. y el colapso del sistema de tipo de cambio fijo de Bretton Woods. 

Pero en la década de 1980, el G7 había comenzado a adoptar cuestiones de política exterior y de seguridad. El apogeo del G7 como la mesa alta en seguridad internacional probablemente se alcanzó en 1991 cuando el G7 invitó a Mikhail Gorbachev a conversaciones en Londres en 1991, paralelamente a la cumbre del G7.  En 1998, Rusia fue admitida formalmente en el grupo, convirtiéndose en el G8.

Durante la siguiente década y media, Rusia comenzó a asistir regularmente a las cumbres hasta 2013, cuando se produjo una separación de caminos tras la “revolución de color” en Ucrania, y el G8 volvió al G7. Desde entonces, el G7 se ha comportado descaradamente como un exclusivo club occidental.

Esta gran recapitulación es útil y necesaria para recordar cómo esta plataforma intensamente política de siete países occidentales llegó a nutrir tales nociones de excepcionalismo.  Pero hoy, frente a un mundo en transición, temen que el mundo de ayer se esté alejando.

En un cambio de roles dramático desde la década de 1970, el mundo en desarrollo ahora representa casi dos tercios de la economía mundial en comparación con un tercio de Occidente. Por supuesto, esta realidad, que surgió durante la crisis financiera de 2008, a su vez, llevó al nacimiento del G20 más representativo, pero el G7 se niega a retroceder. 

La pandemia puede estar exacerbando este cambio histórico. En general, las potencias occidentales se encuentran en un estado de trauma cuando miran a su alrededor y sienten que el tipo de dominio que disfrutaban como señores supremos en virtud de su control sobre la economía mundial ya no es factible. Según cualquier cálculo, los líderes del G7 que se reunieron en Gran Bretaña el fin de semana para la reunión cumbre que concluyó el domingo, eran conscientes de las corrientes subterráneas que se arremolinaban a su alrededor. 

El G7 está obligado a reinventarse. La cumbre del fin de semana marca el primer paso hacia la reformulación del G7 como la fuente del mundo democrático, lo que le permite liderar una coalición de la voluntad en una campaña global contra China. (El texto del comunicado del G7 está aquí ). 

Sin embargo, hay signos de desunión entre los países del G7 con respecto a una cruzada contra China. China es un motor de crecimiento para la economía mundial e incluso ha reconfigurado algunas de las economías occidentales. Aquí radica la paradoja. Uno de los resultados de la última cumbre del G7 es supuestamente un contraataque occidental «para abordar la brecha de financiamiento de infraestructura» mediante la movilización de capital y experiencia del sector privado. Pero, ¿de dónde viene el dinero del G7? 

Sus economías están sumidas en deudas. ¿Y por qué sus empresas del sector privado deberían pedir prestado a menos que haya rendimientos proporcionales y, lo más importante, tengan los medios, la pericia y la experiencia relevante para emprender el tipo de proyectos que las empresas chinas están llevando a cabo en África o Asia dentro del ámbito del Cinturón y Iniciativa Vial? Según el proveedor de datos Refinitiv, para el primer trimestre de 2020, el valor de los proyectos de la Franja y la Ruta de China ya superó los 4 billones de dólares. Éstas son realidades duras.

En términos geopolíticos, el principal resultado de la cumbre del G7 es que los participantes europeos podrían suspirar aliviados de que haya aparecido un nuevo tono que insinúa un interés por parte de Washington por comenzar a reparar las brechas heredadas de cuatro años de Donald J. . Trump.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, dijo después de reunirse con Biden: «Es genial tener un presidente de EE. UU. Que es parte del club y está muy dispuesto a cooperar». Seguramente, el ambiente amistoso ha ayudado a Biden a inyectar un cierto matiz de Guerra Fría al G7 en actas. 

Sin embargo, de cara al futuro, la situación del G7 será triple. Primero, en realidad, esto es una farsa, como Don Quijote en la novela de Cervantes que se inclina hacia el molino de viento en un encantamiento delirante; porque, China y Rusia no solo están lejos de formar su propio bloque adversario para desafiar a Occidente, sino que ni siquiera planean moverse en esa dirección. 

La semana pasada, en una entrevista con el periódico Global Times del Comité Central del Partido Comunista de China, el embajador de Rusia en Beijing, Andrey Denisov, dijo a la sombra de la cumbre del G7 y la próxima cumbre entre Putin y Biden: 

“La posición de Rusia está claramente mucho más cerca de China que de Estados Unidos. En los últimos años, Estados Unidos ha impuesto sanciones tanto a Rusia como a China. Aunque las áreas y el contenido de la insatisfacción de Estados Unidos hacia Rusia y China son diferentes, el objetivo de Estados Unidos es el mismo: aplastar al competidor. Claramente, no podemos aceptar tal actitud de Estados Unidos. Esperamos que el “trípode” Rusia-China-EE. UU. mantenga el equilibrio.

“Rusia y China son potencias mundiales y tienen sus propios intereses a nivel mundial y regional. Estos intereses no pueden ser idénticos en todos los casos. Pero en general, los intereses internacionales de Rusia y China son los mismos, por lo que nuestras posiciones sobre la mayoría de los asuntos internacionales son las mismas. El ejemplo más obvio es cómo votamos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: Rusia y China a menudo emiten el mismo voto en el Consejo de Seguridad … De hecho, nuestras posiciones sobre algunos de los temas más importantes son las mismas, y solo tenemos puntos de vista diferentes en algunos detalles específicos «. 

¿La declaración anterior se suma a una alianza militar o incluso a una ideología compartida entre Rusia y China? Claramente, no es así. Eso nos lleva al segundo punto, a saber, Estados Unidos tendrá dificultades para alinear a los socios occidentales con sus rivalidades de política exterior frente a China, que se derivan esencialmente de su sentimiento de frustración de que su siglo de dominio global esté terminado bajo un serio desafío y no tiene nada que ver con que China socave los intereses occidentales. 

Sin duda, el G7 ha puesto de relieve que existe un fuerte desacuerdo entre Estados Unidos y sus aliados sobre cómo responder al creciente poder de China. Europa, especialmente las dos principales potencias europeas, Alemania y Francia, no está de acuerdo en cuanto a si considerar a China como un socio, competidor, adversario o una amenaza absoluta para la seguridad. 

Este cambio de humor paralizará los esfuerzos de Estados Unidos para lograr una respuesta occidental integral. A corto plazo, la prueba de fuego será si la administración Biden puede persuadir a los aliados para que denuncien el uso de trabajo forzoso por parte de China y tomen acciones concretas para garantizar que las cadenas de suministro globales estén libres del uso de mano de obra china, o de lo contrario, todo esto. se convierte en corteza sin morder.

Al final del día, las leyes de la economía son más fuertes que las construcciones geopolíticas o las preocupaciones por los derechos humanos. Significativamente, el martes pasado, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, defendió los esfuerzos de la Unión Europea para negociar un Acuerdo Integral de Inversión con China al calificar el acuerdo de inversión como «un gran paso en la dirección correcta». Dijo a los periodistas: «Por primera vez, estamos dando un paso para facilitar la inversión de las empresas europeas en la economía china». 

El momento del comentario fue bastante delicado e intrigante, incluso cuando Biden despegaba para su gira europea. Significó que por mucho que los lazos económicos entre China y la UE se encuentren en una fase de transición complicada, eso no es una excusa para que Estados Unidos ponga el dedo en el pastel. Más importante aún, subraya que ni la UE ni China quieren que la interferencia de Estados Unidos empeore las cosas y sea menos predecible. Por otro lado, por supuesto, a los europeos no les gustaría perder su independencia política y convertirse en un peón en la contención de Estados Unidos contra China. 

Esto es de esperar, ya que, en 2020, China ha superado a los EE. UU. como el mayor socio comercial de la UE. El comercio de bienes y servicios entre China y los países europeos alcanzó casi un billón de dólares, con inversiones acumulativas bidireccionales que superaron los 250.000 millones de dólares. 

Una encuesta publicada por la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China mostró el martes que casi el 60 por ciento de las empresas europeas planean expandir sus negocios en China este año, un aumento de casi 10 puntos porcentuales del 51 por ciento encuestado el año pasado. Baste decir que los europeos son lo suficientemente inteligentes como para saber que la politización de los lazos económicos entre China y la UE será perjudicial para sus intereses a largo plazo.

La Visión del Washington Post

CARBIS BAY, Inglaterra – Cuando los líderes del Grupo de los Siete concluyeron su cumbre de tres días aquí el domingo, el presidente Biden dijo que los gobiernos democráticos enfrentan un desafío definitivo: demostrar que pueden superar pruebas como las crisis de salud global y el cambio climático mejor que las autocracias como China. y Rusia.

«Creo que estamos en una competencia, no con China per se, sino una competencia con autócratas, gobiernos autocráticos de todo el mundo, sobre si las democracias pueden competir con ellos en un siglo XXI que cambia rápidamente», dijo Biden a los periodistas durante la primera conferencia de prensa de su primer viaje al extranjero como presidente.

Señaló a China y Rusia para la reprobación después de trabajar aquí para reclutar aliados de Estados Unidos en lo que ha calificado repetidamente como la batalla existencial del siglo XXI.

El tema no es nuevo para Biden, quien vuelve a él con frecuencia y ha utilizado varios momentos clave de su presidencia para delinear lo que él ve como la lucha generacional entre naciones democráticas y autocráticas.

La cuestión de cómo lidiar con China genera divisiones, y aunque los líderes occidentales han criticado el trato de Pekín a los uigures en Xinjiang, en reuniones informativas con reporteros durante la cumbre, quedó claro que había tensiones sobre el lenguaje que el grupo debería adoptar.

Biden instó a los líderes de las naciones industrializadas del G-7 a adoptar una postura pública más dura y enfrentar a China por su uso del trabajo forzoso. Pero algunos líderes, incluidos los de Alemania, Italia y Japón, se han mostrado reacios a enfrentarse a China con demasiada fuerza.

«Reconocemos el derecho de China a ser una economía importante», dijo el domingo el primer ministro italiano, Mario Draghi, «pero nos preguntamos cómo lo hace China».

Altos funcionarios estadounidenses en reuniones informativas con periodistas enfatizaron que la Casa Blanca estaba tratando de ofrecer un enfoque que era más zanahoria que palo al presentar al mundo una alternativa más atractiva que el enfoque de China.

Biden pide al G-7 que adopte una línea más dura con China, pero no todos los aliados están entusiasmados

En el comunicado de clausura de la cumbre emitido el domingo, los líderes del G-7 anunciaron que crearían una financiación alternativa a la masiva “Iniciativa de la Franja y la Ruta” de China, un programa de infraestructura de un billón de dólares centrado en el mundo en desarrollo.

También dijeron que trabajarían juntos para desafiar las «políticas de no mercado» de China, y pidieron a Beijing que respete los derechos humanos en Xinjiang y Hong Kong, presionaron por una mayor transparencia sobre los orígenes del coronavirus y expresaron su preocupación por las tensiones en Taiwán. Estrecho y Mar de China Meridional.

El lenguaje no llegó a una condena explícita de las prácticas de derechos humanos de China.

Sin embargo, Pekín se ha irritado por el nuevo enfoque del grupo en el país. «Los días en que las decisiones globales eran dictadas por un pequeño grupo de países han quedado atrás», dijo el domingo un portavoz de la embajada china en Londres. “Siempre creemos que los países, grandes o pequeños, fuertes o débiles, pobres o ricos, son iguales y que los asuntos mundiales deben ser tratados mediante consultas por todos los países”.

Los líderes del G-7 también aprobaron un impuesto mínimo global a las corporaciones multinacionales y se comprometieron a donar mil millones de dosis de vacunas a los países más pobres. Biden insinuó que Estados Unidos podría hacer otra donación sustancial de dosis el próximo año.

El primer ministro británico, Boris Johnson, rechazó las críticas de que la promesa de vacunación del G-7 no fue lo suficientemente lejos. El ex primer ministro Gordon Brown ha dicho que se necesitan 11 mil millones de dosis.

«Vamos a toda velocidad y estamos produciendo vacunas lo más rápido que podemos», dijo Johnson.

Biden imploró a China que permita a la comunidad internacional acceder a los laboratorios en Wuhan, la ciudad donde se detectó el coronavirus en diciembre de 2019. Biden dijo que no ha llegado a una conclusión sobre si el coronavirus se propagó a partir de una fuga de laboratorio o de animales, pero dijo transparencia. es fundamental para prepararse para futuras pandemias.

“Tenemos que tener acceso”, dijo. «El mundo tiene que tener acceso».

Biden, en medio de su viaje de ocho días por tres países al extranjero, voló al extranjero decidido a demostrar liderazgo en el escenario mundial y, a su vez, competencia y mando en casa.

Salvo por la logística del coronavirus (distanciamiento social, máscaras faciales esporádicas, pruebas rigurosas para la delegación de EE. UU.), Quizás la parte más llamativa de la primera cumbre del G-7 en la era posterior a Trump fue su pura normalidad, e incluso el guión suave que sustentaba a la mayoría. de los procedimientos.

Atrás quedaron las amenazas de volver a invitar a Rusia al grupo o de retirarse de la OTAN, señas de identidad de la diplomacia combativa favorecida por el expresidente Donald Trump.

Sin embargo, la sombra de Trump persiste, ya que los líderes habían presenciado la insurrección del 6 de enero en el Capitolio de los Estados Unidos y eran plenamente conscientes de que otra figura populista, de izquierda o derecha, podría salir victoriosa fácilmente en 2024.

¿Cuáles son los temas clave en juego en la cumbre del G-7?

El mensaje de Biden, que entregó repetidamente a las tropas estadounidenses al llegar a Gran Bretaña el miércoles, al presidente francés Emmanuel Macron en la pintoresca bahía de Carbis el sábado, a los periodistas el domingo, fue «Estados Unidos ha vuelto». Los líderes europeos lo recibieron con una mezcla de escepticismo y alivio.

Biden también usó el viaje para reafirmar su estilo de diplomacia personal , reavivando las relaciones que cultivó durante años como senador y vicepresidente, y pasando tiempo a solas con líderes como Johnson y Macron, a quienes conoce menos.

Los líderes utilizaron sus tres días en Cornualles, una parte pintoresca pero sorprendentemente pobre del país, para discutir desafíos como el coronavirus y el cambio climático.

Estados Unidos dijo que contribuiría con 500 millones de dosis de la vacuna Pfizer-BioNTech, la mitad del compromiso de vacunación del grupo con las naciones más pobres. El esfuerzo, que algunos expertos en salud describieron como un comienzo alentador pero insuficiente para controlar la pandemia a nivel mundial, ayudará a contrarrestar las acusaciones de un «apartheid de vacunas», en el que un pequeño grupo de naciones ricas acumula dosis y obtiene mejores resultados que los países más pobres.

El domingo por la tarde, Biden viajó al Castillo de Windsor, a unas 25 millas al oeste de Londres, para tomar el té con la reina Isabel II.

Biden, de 78 años, dijo a los periodistas después que la monarca de 95 años le recordaba a su madre.

“No creo que se sienta insultada, pero me recordó a mi madre, su mirada y su generosidad”, dijo.

Biden continuará su viaje a Bruselas para una cumbre de la OTAN y una reunión de la Unión Europea esta semana, antes de terminar su viaje con un encuentro de alto riesgo el miércoles con el presidente ruso Vladimir Putin .

Parker informó desde Cardiff, Gales, Pager desde Washington y Hudson desde Bruselas. Anne Gearan en Cardiff contribuyó a este informe.

https://www.washingtonpost.com/world/europe/queen-elizabeth-biden-g7/2021/06/13/078574de-c7cf-11eb-8708-64991f2acf28_story.html

(AP Photo/Kirsty Wigglesworth)

Un G7 reiniciado como una cruzada sinófoba tendrá pocos o ningún beneficiario debido a la creciente dependencia de los miembros de los productos y mercados chinos.

Por Pepe Escobar Asia Times

El próximo G7 en Cornualles al principio podría verse como el encuentro peculiar de “America is Back” con “Global Britain”.

Sin embargo, el panorama general es mucho más sensible. Tres cumbres seguidas, G7, OTAN y EE. UU.-UE, allanarán el camino para un suspenso muy esperado: la cumbre Putin-Biden en Ginebra, que ciertamente no será un reinicio.

Los intereses controladores detrás del holograma que se conoce con el nombre de «Joe Biden» tienen una agenda general clara: regular las democracias industrializadas, especialmente las de Europa, y mantenerlas al día para combatir esas amenazas «autoritarias» a la seguridad nacional de Estados Unidos «. Maligno” Rusia y China.

Es como un retroceso a esos días tan estables de la Guerra Fría de la década de 1970, con James Bond luchando contra demonios extranjeros y Deep Purple subvirtiendo el comunismo. Bueno, los tiempos están cambiando. China es muy consciente de que ahora el Sur Global «representa casi dos tercios de la economía mundial en comparación con un tercio de Occidente: en la década de 1970, era exactamente lo contrario».

Para el Sur Global, es decir, la inmensa mayoría del planeta, el G7 es en gran medida irrelevante. Lo que importa es el G20.

China, la superpotencia económica en ascenso, proviene del Sur Global y es líder en el G20. A pesar de todos sus problemas internos, los actores de la UE en el G7 (Alemania, Francia e Italia) no pueden permitirse el lujo de enemistarse con Pekín en términos económicos, comerciales y de inversión.

Un G7 reiniciado como una cruzada sinófoba no tendrá seguidores. Incluyendo a Japón e invitados especiales en Cornwall: la potencia tecnológica de Corea del Sur e India y Sudáfrica (ambos miembros de BRICS), ofrecieron la zanahoria pendiente de una posible membresía extendida.

La ilusión de Washington con ofensiva de relaciones públicas se reduce a venderse a sí mismo como el primus inter pares de Occidente como un líder global revitalizado. Por qué el Sur Global no lo está comprando se puede observar, gráficamente, por lo que sucedió durante los ocho años. El G7, y especialmente los estadounidenses, simplemente no pudieron responder a la amplia estrategia de desarrollo / comercio pan euroasiático de China, la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI).

La «estrategia» estadounidense hasta ahora – demonización 24 horas al día, 7 días a la semana del BRI como una «trampa de deuda» y una máquina de «trabajo forzoso» – no fue suficiente. Ahora, muy poco y demasiado tarde, llega un esquema del G7, que involucra a «socios» como India, para «apoyar», al menos en teoría, vagos «proyectos de alta calidad» en todo el Sur Global: esa es la Iniciativa Verde Limpio , centrada en desarrollo sostenible y transición verde, que se debatirán tanto en el G7 como en las cumbres entre Estados Unidos y la UE.

En comparación con BRI, la Iniciativa Verde Limpio difícilmente califica como una estrategia geopolítica y geoeconómica coherente. BRI ha sido respaldado y asociado por más de 150 estados nacionales y organismos internacionales, y eso incluye a más de la mitad de los 27 miembros de la UE.

Los hechos sobre el terreno cuentan la historia. China y la ASEAN están a punto de llegar a un acuerdo de «asociación estratégica integral». El comercio entre China y los países de Europa central y oriental (CCEC), también conocido como el grupo 17 + 1, que incluye 12 países de la UE, sigue aumentando . La Ruta de la Seda Digital, la Ruta de la Seda de la Salud y la Ruta de la Seda Polar siguen avanzando.

Entonces, lo que queda es un fuerte estruendo occidental sobre inversiones vagas en tecnología digital, tal vez financiadas por el Banco Europeo de Inversiones, con sede en Luxemburgo, para cortar el «alcance autoritario» de China en el Sur Global.

La cumbre UE-EE. UU. Puede lanzar un «Consejo de Comercio y Tecnología» para coordinar políticas sobre 5G, semiconductores, cadenas de suministro, controles de exportación y reglas y estándares tecnológicos. Un recordatorio amable: la UE-EE. UU. Simplemente no controla este complejo entorno. Necesitan urgentemente a Corea del Sur, Taiwán y Japón.

Espere un minuto, Sr. Taxman

Para ser justos, el G7 puede haber prestado un servicio público a todo el mundo cuando sus Ministros de Finanzas llegaron a un supuesto acuerdo «histórico» el sábado pasado en Londres sobre un impuesto global mínimo del 15% a las empresas multinacionales (CMN).

El triunfalismo estaba en orden – con elogios interminables prodigados a la «justicia» y la «solidaridad fiscal» junto con muy malas noticias para una variedad de paraísos fiscales.

Bueno, eso es un poco más complicado.

Este impuesto se ha debatido en los niveles más altos de la OCDE en París durante más de una década, especialmente porque los estados-nación están perdiendoal menos $ 427 mil millones al año en evasión de impuestos por parte de multimillonarias y una variedad de multimillonarios. En cuanto al escenario europeo, eso ni siquiera da cuenta de la pérdida del IVA por fraude, algo practicado con júbilo por Amazon, entre otros.

Por lo tanto, no es de extrañar que los ministros de finanzas del G7 tuvieran en la mira aAmazon, valorado en 1,6 billones de dólares . La división de computación en la nube de Amazon debe tratarse como una entidad separada. En este caso, el grupo de mega-tecnología tendrá que pagar más impuestos corporativos en algunos de sus mercados europeos más grandes (Alemania, Francia, Italia, Reino Unido) si se ratifica el impuesto global del 15%.

Así que sí, se trata principalmente de Big Tech: expertos en fraude fiscal y ganancias de paraísos fiscales ubicados incluso dentro de Europa, como Irlanda y Luxemburgo. La forma en que se construyó la UE que se agravara la competencia fiscal entre los estados-nación. Discutir esto abiertamente en Bruselas sigue siendo prácticamente un tabú. En la lista oficial de paraísos fiscales de la UE, no se encuentran Luxemburgo, los Países Bajos o Malta.

Entonces, ¿podría todo esto ser solo un golpe de relaciones públicas? Es posible. El mayor problema es que en el Consejo Europeo, donde los gobiernos de los estados miembros de la UE discuten sus problemas, han estado demorando los pies durante mucho tiempo y, en cierto modo, han delegado todo en la OCDE.

En su forma actual, los detalles sobre el impuesto del 15% aún son vagos, incluso cuando el gobierno de EE. UU. Se convertirá en el mayor ganador, porque sus empresas multinacionales han transferido ganancias masivas en todo el planeta para evitar los impuestos corporativos de EE. UU.

Sin mencionar que nadie sabe si, cuándo y cómo el acuerdo será aceptado e implementado globalmente: esa será una tarea de Sísifo. Al menos se discutirá, nuevamente, en el G20 en Venecia en julio.

Sin Alemania no habría habido un avance real en el Acuerdo de Inversión UE-China a multas del año pasado. Con una nueva administración estadounidense, el acuerdo se estancó nuevamente. La canciller saliente Merkel está en contra del desacoplamiento económico entre China y la UE, al igual que los industriales alemanes. Será un placer ver esta subtrama en el G7.

En pocas palabras: Alemania quiere seguir expandiéndose como potencia comercial mundial utilizando su gran base industrial, mientras que los anglosajones han abandonado por completo su base industrial para adoptar la financiarización no productiva. Y China, por su parte, quiere comerciar con todo el planeta. Adivina quién es el jugador extraño.

Considerando al G7 como una reunión de facto del Hegemón con sus hienas, chacales y chihuahuas, también será un placer observar la semántica. ¿Qué grado de «amenazal» se le atribuirá a Beijing, especialmente porque para los intereses detrás del holograma «Biden» la verdadera prioridad es el Indo-Pacífico?

A estos intereses les importa un comino una UE que anhela una mayor autonomía estratégica. Washington siempre anuncia sus dictados sin siquiera molestarse en consultar previamente a Bruselas.

Así que esto es de lo que se tratará esta Triple X de cumbres – G7, OTAN y UE-EE. UU. – El Hegemón haciendo todo lo posible para contener / hostigar el surgimiento de una potencia en ascenso al enlistar sus satrapías para «luchar» y así preservar el “Orden internacional basado en reglas” que diseñó hace más de siete décadas.

La historia dice que no funcionará. Sólo dos ejemplos: los británicos y franceses imperios no pudo detener el ascenso de los EE.UU. en el 19º siglo; y mejor aún, el eje angloamericano solo detuvo el ascenso simultáneo de Alemania y Japón pagando el precio de dos guerras mundiales, con el imperio británico destruido y Alemania nuevamente como la potencia líder en Europa.

Eso debería dar a la reunión de “America is Back” y “Global Britain” en Cornualles el estatus de una mera y peculiar nota histórica a pie de página.

Sin adversarios internos, la oligarquía norteamericana utiliza la campaña contra China para dirimir en una acerba competencia el rumbo de su estrategia internacional.

Por Eduardo J. Vior

La orden del presidente Joe Biden a los servicios de inteligencia, para que investiguen, si en el Instituto de Virología de Wuhan hubo en noviembre de 2019 una filtración que pudo haber desatado la pandemia de Covid-19 y la actual campaña de prensa contra la República Popular han reactivado repentinamente las denuncias del gobierno de Donald Trump, cuando hablaba del “virus chino”. Más allá de que, genéricamente, se las pueda encuadrar dentro de la competencia estratégica entre ambas potencias, no parece haber ningún motivo, para el relanzamiento de la campaña antichina. Probablemente, entonces, haya que buscar el detonante en la política interior. Más aún, la chispa parece haberse encendido en una lucha por la riqueza y el poder entre el 1% de milmillonarios que concentra tanta renta como el 50% más bajo de la población. La elite globalista norteamericana está utilizando el espantajo chino, para dirimir el futuro rumbo del Imperio mundial en una feroz lucha interna con consecuencias mundiales. Sin embargo, los más ricos entre los ricos ya no están solos y sus discordias abren la puerta a los enemigos internos y externos.

El 8 de junio pasado el Wall Street Journal (WSJ) publicó un artículo de Michael R. Gordon y Warren P. Strobel reseñando un informe que el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore dio a conocer en mayo de 2020 considerando plausible que el virus que dio origen al Covid-19 haya salido de un laboratorio de Wuhan, en China. En su momento el estudio, preparado por la «División Z» (inteligencia) del laboratorio, fue aprovechado por el Departamento de Estado para sus denuncias contra China en los últimos meses del gobierno Trump.

En realidad, más interesante que el contenido del artículo son sus autores y las circunstancias de su publicación. Michael R. Gordon es corresponsal de seguridad nacional de The Wall Street Journal (WSJ) desde octubre de 2017. Anteriormente, fue corresponsal militar y diplomático de The New York Times durante 32 años. Desde ese medio fue el primero en informar junto con Judith Miller sobre el supuesto programa de armas nucleares de Saddam Hussein en septiembre de 2002. Luego, durante la primera fase de la guerra allí fue el único reportero del periódico incluido en el mando terrestre aliado. Por su parte, su coautor, Warren P. Strobel, cubre los temas de inteligencia y seguridad en la oficina del WSJ en Washington. Ha viajado con siete secretarios de Estado estadounidenses y dos presidentes. O sea que ambos pertenecen al riñón de la inteligencia militar.

La primera pregunta que suscita este “informe” es por qué el presidente Joe Biden ordenó en mayo pasado hacer esta investigación, la segunda se dirige al motivo para dar ahora publicidad a un informe de mayo de 2020 y la tercera indaga sobre el interés de los servicios de inteligencia en el tema.

Agregando más leña al fuego, el pasado 4 de junio el Dr Anthony Fauci, jefe del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, dijo al Financial Times (FT) que los registros relacionados con los investigadores del Instituto de Virología de Wuhan (WIV) y los mineros que enfermaron después de entrar en una cueva de murciélagos en 2012 podrían proporcionar pruebas vitales en el esfuerzo en curso para entender el brote de coronavirus.

Anthony Fauci, presidente del Instituto Nacional de Alergias

Por su parte, BuzzFeed publicó autorizadamente el lunes 7 un conjunto de correos electrónicos de Fauci, que fue el principal especialista en enfermedades infecciosas del gobierno durante la pandemia del sida en los años 80, durante los ataques con ántrax en 2002 y lo es desde que comenzó la pandemia de COVID. Entre otras cosas, los mensajes revelan que en febrero y marzo del año pasado Fauci y sus asociados y colegas discutían en privado la posibilidad de que el virus se hubiera escapado del Instituto de Virología de Wuhan (WIV, por su nombre en inglés), posiblemente como parte de un programa conjunto financiado por Estados Unidos con los científicos de ese laboratorio. Era por la misma época en la que el jefe de asesores y otros descartaban en público cualquier posibilidad de que el coronavirus se hubiera originado en algún accidente de laboratorio.

Un equipo científico de la Organización Mundial de la Salud (OMS) visitó el WIV en una misión de investigación en febrero pasado e informó asimismo que era «extremadamente improbable» que el virus se hubiera escapado del laboratorio. Según el equipo de la OMS, la transmisión de animal a humano a través de un intermediario es la hipótesis «más probable» sobre el origen del coronavirus.

China ha invitado en dos ocasiones a expertos de la OMS para realizar estudios de rastreo del origen, durante los cuales expertos internacionales y chinos realizaron conjuntamente visitas sobre el terreno, analizaron un gran número de datos, emitieron informes de misión conjuntos y llegaron a conclusiones autorizadas. Según el gobierno chino, el estudio conjunto de la OMS y China “demostró” que la introducción del Covid-19 a través de un incidente de laboratorio era «extremadamente improbable».

Bill y Melinda Gates

Los medios chinos acusan a los norteamericanos de querer interrumpir la “cooperación internacional”, pero en realidad no se trata de cualquiera, sino de la que llevó durante años la Fundación Bill & Melinda Gates con el Instituto de Virología de Wuhan. La fundación, que se encuentra entre las mayores entidades privadas del mundo en su tipo, tiene más de 51.000 millones de dólares en activos. A pesar del recientemente anunciado divorcio de dos de sus presidentes (el tercero es Warren Bufett), la pareja dijo en un comunicado que seguirán trabajando juntos en la entidad benéfica, que dona unos 5.000 millones de dólares anuales a causas de todo el mundo.

Ya en 2010 los Gates decidieron donar la mayor parte de su fortuna -estimada por Forbes en unos 133.000 millones de dólares- a la fundación, a la que entre tanto han transferido más de 36.000 millones. Aunque los abogados especializados en divorcios dicen que la suma comprometida ya no se consideraría propiedad conyugal, no está claro qué puede suceder después del divorcio.

Entre tanto, está aumentando la presión sobre el gobierno norteamericano, para que aclare su compromiso en las investigaciones realizadas en Wuhan: de 2014 a 2019 los Institutos Nacionales de Salud dieron a una organización sin fines de lucro llamada EcoHealth Alliance 3,4 millones de dólares para estudiar los coronavirus de los murciélagos. Esa subvención debía seguir vigente hasta 2024, pero se canceló abruptamente en abril de 2020. Por su parte, el Dr. Fauci ha reconocido que el gobierno de EE.UU. financió indirectamente dichos estudios, pero negó que fuera para la llamada investigación de «ganancia de función», Se trata de un campo de investigación centrado en el crecimiento de generaciones de microorganismos para provocar mutaciones en un virus. Estos experimentos se denominan «ganancia de función», porque implican la manipulación de los patógenos de manera que obtengan una ventaja en o a través de una función como, por ejemplo, una mayor transmisibilidad.

La EcoHealth Alliance es un grupo de investigación no gubernamental concentrado en investigar sobre enfermedades emergentes causadas por interacciones entre humanos y animales. El grupo está regularmente financiado por la Fundación Gates y es dirigido por el Dr. Peter Daszak, una conocida figura de la salud pública que ha trabajado en enfermedades emergentes y es también uno de los fundadores de lo que se conoce como medicina de la conservación, que trata de la conservación del medio ambiente como una de las intervenciones que pueden reducir los problemas de salud pública. Se dice que Daszak fue el organizador de la carta publicada a principios de 2020 en The Lancet, también firmada por otros científicos de renombre, en la que se descartó cualquier posibilidad de que el SARS-CoV-2 se hubiera filtrado desde un laboratorio chino.

Sin embargo, desde entonces el papel de EcoHealth Alliance (EHA) ha estado bajo el escrutinio mundial como «tercera parte» utilizada por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) de Anthony Fauci, para financiar la arriesgada investigación sobre el virus en el instituto de Wuhan, aprobada en 2014 por el gobierno de Obama y renovada en 2019 durante la presidencia de Donald Trump.

Preventivamente, desde el comienzo de esta pandemia EcoHealth Alliance redirigió su apoyo hacia India, para crear allí una plataforma integrada de intervenciones de salud pública capaz de hacer frente a las enfermedades zoonóticas transmitidas por los animales a los seres humanos. Para tal fin recibió una subvención de 1,5 millones de dólares de la Fundación Bill y Melinda Gates, que ahora evalúa retirar la subvención.

El reavivamiento de la discusión sobre la eventualidad de que el virus Sars-Covid19 haya escapado de un laboratorio en el Instituto de Virología de Wuhan no parece apuntar principalmente contra el gobierno chino, sino ser parte de una feroz lucha por el poder dentro de los Estados Unidos mismos. No se ha conocido públicamente ningún dato nuevo que justifique relanzar la discusión. Por el contrario, el informe final de la misión investigadora de la OMS después de su estadía en China pareció cerrar las discusiones al respecto. En su momento ese informe fue sostenido por las autoridades de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. y por la mayor parte de la comunidad científica internacional. Por lo tanto, corresponde preguntarse por qué en mayo pasado el presidente Biden ordenó que la comunidad de inteligencia investigara sobre esta hipótesis y por qué el Dr. Fauci se desdice ahora de su posición de hace cuatro meses y acusa a China de haber provocado el accidente que habría dado origen a la pandemia.

Ahora bien, la maniobra parece sólo secundariamente dirigirse contra China. Los datos publicados en los últimos meses muestran que el Instituto de Wuhan era sólo uno de los muchos laboratorios en los que la EcoHealth Alliance cooperaba en la investigación de “ganancias de función” por cuenta de la Fundación Bill & Melinda Gates. Este compromiso explica el redireccionamiento de los subsidios hacia India y el apoyo de Fauci a la Alliance.

Desde su fundación en 2000 la Fundación Gates se ha especializado en financiar proyectos de investigación que aplican la técnica de la “ganancia de función”. La misma promete alcanzar resultados de vanguardia, pero encierra enormes riesgos. Por esto, en el marco del divorcio entre Bill Gates y su esposa Melinda se ha sabido que desde hace años ella se había alejado de esta línea de investigación para en su lugar apoyar proyectos de género.

133 mil millones de dólares es mucha plata. Si, tal como acordó el matrimonio, el 95 por ciento de su patrimonio se dona a la fundación, ésta dispondría de una artillería poderosa para orientar el mercado mundial de vacunas, pero también para amenazar a Rusia y China desde la cadena de laboratorios biotecnológicos que se extiende desde Asia Oriental hasta Europa Central.

Los principales competidores de Gates en el mercado farmacéutico tienen interés en intervenir en el proceso de divorcio del matrimonio, para impedir que el patrimonio familiar se invierta en el desarrollo de un gigante farmacéutico y biotecnológico. Por el contrario, la República Popular China no quiere quedar involucrada en una discusión interna de EE.UU., ni ser víctima de multmillonarias demandas civiles y rechaza toda sospecha sobre el instituto de Wuhan.

Resulta absurdo tener que meterse con un divorcio, para escribir sobre política mundial, pero dada la extrema concentración de la riqueza y el poder en EE.UU., los avatares familiares de la oligarquía pueden decidir sobre la vida de decenas de millones de seres humanos. En este debate se juega sobre todo la disposición sobre una inmensa fortuna y su instrumentación para fijar el rumbo del proyecto globalista. La pequeñísima clase dominante de EE.UU. se pelea por el poder y el dinero, como si no tuviera competidores internos y externos, pero ya no está sola ni en su país ni en el mundo. Mientras ellos se pelean, el resto de la humanidad construye futuro y pronto les pasará la cuenta

VIDEO Primera parte del Programa «Detrás de la Razón» de Roberto de la Madrid, donde se entrevistan a Francisco Javier Martinez Lopez y Carlos Pereyra Mele  en sobre la reunión próxima de Putin Biden el 16 de Junio en Ginebra Suiza y sus consecuencias Geopolitica Geoestratégicas y Geoeconomicas 

VIDEO Segunda parte del Programa «Detrás de la Razón» de Roberto de la Madrid, donde se entrevistan a Francisco Javier Martinez Lopez y Carlos Pereyra Mele  en sobre la reunión próxima de Putin Biden el 16 de Junio en Ginebra Suiza y sus consecuencias Geopolitica Geoestratégicas y Geoeconomicas    

Los beneficios del apoyo de los EEUU ya no superan sus costos.

por Stephen M. Walt  27 DE MAYO DE 2021,

La última ronda de combates entre israelíes y palestinos terminó de la manera habitual: con un alto el fuego que dejó a los palestinos en una situación peor y los problemas fundamentales sin abordar. También proporcionó más evidencia de que Estados Unidos ya no debería brindar a Israel apoyo económico, militar y diplomático incondicional. Los beneficios de esta póliza son cero y los costos son altos y en aumento. En lugar de una relación especial, Estados Unidos e Israel necesitan una relación normal.

Érase una vez, una relación especial entre Estados Unidos e Israel podría haberse justificado por motivos morales. La creación de un estado judío fue vista como una respuesta apropiada a siglos de antisemitismo violento en el Occidente cristiano, incluido, entre otros, el Holocausto. Sin embargo, el argumento moral era convincente sólo si se ignoraban las consecuencias para los árabes que habían vivido en Palestina durante muchos siglos y si se creía que Israel era un país que compartía los valores básicos de Estados Unidos. También aquí el panorama era complicado. Israel pudo haber sido «la única democracia en el Medio Oriente», pero no era una democracia liberal como Estados Unidos, donde se supone que todas las religiones y razas tienen los mismos derechos (por muy imperfectamente que se haya cumplido ese objetivo). De acuerdo con los objetivos centrales del sionismo,

Hoy, sin embargo, décadas de brutal control israelí han demolido el argumento moral a favor del apoyo incondicional de Estados Unidos. Los gobiernos israelíes de todo tipo han ampliado los asentamientos, han negado a los palestinos derechos políticos legítimos, los han tratado como ciudadanos de segunda clase dentro del propio Israel y han utilizado el poder militar superior de Israel para matar y aterrorizar a los residentes de Gaza, Cisjordania y Líbano con casi impunidad. Dado todo esto, no es de extrañar que Human Rights Watch y la organización israelí de derechos humanos B’TselemRecientemente han publicado informes convincentes y bien documentados que describen estas diversas políticas como un sistema de apartheid. La deriva hacia la derecha de la política interna de Israel y el creciente papel de los partidos extremistas en la política israelí han dañado aún más la imagen de Israel, incluso entre muchos judíos estadounidenses .

En el pasado, también era posible argumentar que Israel era un activo estratégico valioso para Estados Unidos, aunque su valor a menudo se exageraba. Durante la Guerra Fría, por ejemplo, respaldar a Israel fue una forma efectiva de controlar la influencia soviética en el Medio Oriente porque el ejército de Israel era una fuerza de combate muy superior a las fuerzas armadas de clientes soviéticos como Egipto o Siria. Israel también proporcionó inteligencia útil en ocasiones.

Sin embargo, la Guerra Fría ha terminado durante 30 años, y el apoyo incondicional a Israel hoy crea más problemas para Washington de los que resuelve. Israel no pudo hacer nada para ayudar a Estados Unidos en sus dos guerras contra Irak; de hecho, Estados Unidos tuvo que enviar misiles Patriot a Israel durante la primera Guerra del Golfo para protegerlo de los ataques Scud iraquíes. Incluso si Israel merece crédito por destruir un reactor nuclear sirio naciente en 2007 o ayudar a desarrollar el virus Stuxnet que dañó temporalmente algunas centrifugadoras iraníes, su valor estratégico es mucho menor que durante la Guerra Fría. Además, Estados Unidos no tiene que proporcionar a Israel un apoyo incondicional para cosechar beneficios como estos.

Mientras tanto, los costos de la relación especial siguen aumentando. Los críticos del apoyo de Estados Unidos a Israel a menudo comienzan con los más de $ 3 mil millones de dólares de ayuda militar y económica que Washington proporciona a Israel cada año, a pesar de que Israel es ahora un país rico cuyo ingreso per cápita ocupa el puesto 19 en el mundo. Sin duda, hay mejores formas de gastar ese dinero, pero es una gota en el mar para Estados Unidos, un país con una economía de 21 billones de dólares. Los costos reales de la relación especial son políticos.

Como hemos visto durante la semana pasada, el apoyo incondicional a Israel hace que sea mucho más difícil para Estados Unidos reclamar la autoridad moral en el escenario mundial. La administración Biden está ansiosa por restaurar la reputación y la imagen de Estados Unidos después de cuatro años bajo el ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Quiere establecer una distinción clara entre la conducta y los valores de Estados Unidos y los de sus oponentes como China y Rusia y, en el proceso, restablecerse como el eje principal de un orden basado en reglas. Por esta razón, el secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, dijo el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la administración iba a colocar «la democracia y los derechos humanos en el centro de nuestra política exterior». Pero cuando Estados Unidos está solo y veta tres resoluciones separadas de alto el fuego del Consejo de Seguridad de la ONU, reafirma repetidamente el «derecho de Israel a defenderse», autoriza el envío de armas a Israel por un valor adicional de 735 millones de dólares y ofrece a los palestinos sólo una retórica vacía sobre su derecho vivir con libertad y seguridad mientras se apoya una solución de dos estados (esta última es una posibilidad que pocas personas conocedoras ya toman en serio), su pretensión de superioridad moral queda expuesta como hueca e hipócrita. Como era de esperar, China se apresuró a criticar la posición de EE. UU., y el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, destacó la incapacidad de Estados Unidos para actuar como un intermediario imparcial al ofrecer en su lugar albergar conversaciones de paz entre israelíes y palestinos . Probablemente no fue una oferta seria, pero Pekín difícilmente podría hacerlo peor que Washington en las últimas décadas.

Otro costo duradero de la “relación especial” es el desproporcionado que consumen las relaciones de ancho de banda de política exterior con Israel. Biden, Blinken y el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan tienen mayores problemas de los que preocuparse que las acciones de un pequeño país del Medio Oriente. Sin embargo, aquí Estados Unidos se encuentra nuevamente envuelto en una crisis en gran parte de su propia creación que exige su atención y le quita un tiempo valioso para lidiar con el cambio climático, China, la pandemia, la desconexión afgana, la recuperación económica y una serie de problemas más graves. . Si Estados Unidos tuviera una relación normal con Israel, recibiría la atención que se merece, pero no más.

En tercer lugar, el apoyo incondicional a Israel complica otros aspectos de la diplomacia estadounidense en Oriente Medio. Negociar un nuevo acuerdo para revertir y limitar el potencial de armas nucleares de Irán sería mucho más fácil si la administración no enfrentará la oposición constante del gobierno de Netanyahu, sin mencionar la oposición implacable de los elementos de línea dura del lobby israelí aquí en los Estados Unidos. . Una vez más, una relación más normal con el único país del Medio Oriente que realmente tiene armas nucleares ayudaría al esfuerzo de Washington de limitar la proliferación en otros lugares.

El deseo de proteger a Israel también obliga a Estados Unidos a entablar relaciones con otros gobiernos de Oriente Medio que tienen poco sentido estratégico o moral. El apoyo de Estados Unidos a la desagradable dictadura de Egipto (que incluye ignorar el golpe militar que destruyó la incipiente democracia del país en 2011) tiene en parte la intención de mantener a Egipto en buenos términos con Israel y en oposición a Hamas. Estados Unidos también ha estado más dispuesto a tolerar los abusos de Arabia Saudita (incluida su guerra aérea en Yemen y el asesinato del periodista disidente Jamal Khashoggi) a medida que se profundiza la alineación tácita de Riad con Israel.

Cuarto, décadas de apoyo incondicional a Israel ayudaron a crear el peligro que Estados Unidos ha enfrentado por el terrorismo. Osama bin Laden y otras figuras clave de Al Qaeda fueron muy claros en este punto: la combinación del firme apoyo estadounidense a Israel y el duro trato de Israel a los palestinos fue una de las principales razones por las que decidieron atacar al «enemigo lejano». No era la única razón, pero tampoco una preocupación trivial. Como el Informe oficial de la Comisión del 11-Sescribió sobre Khalid Sheikh Mohammed (KSM), a quien describió como el «arquitecto principal» del ataque: «por su propia cuenta, la animadversión de KSM hacia los Estados Unidos no se debió a sus experiencias allí como estudiante, sino más bien a su violento desacuerdo con la política exterior de Estados Unidos a favor de Israel «. Los riesgos del terrorismo no desaparecerían si Estados Unidos tuviera una relación normal con Israel, pero una posición más imparcial y moralmente defendible ayudaría a disminuir las actitudes anti-estadounidenses que han contribuido al extremismo violento en las últimas décadas.

La relación especial también está relacionada con las desventuras más grandes de Estados Unidos en el Medio Oriente, incluida la decisión de invadir Irak en 2003. Israel no imaginó esta idea descabellada —los neoconservadores pro-israelíes en Estados Unidos merecen ese dudoso honor— y algunos líderes israelíes se opusieron a la idea al principio y querían que la administración de George W. Bush se concentrará en Irán en su lugar. Pero una vez que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, decidió que derrocar al entonces líder iraquí Saddam Hussein sería el primer paso en un programa más amplio de «transformación regional», altos funcionarios israelíes, incluidos Netanyahu y los ex primeros ministros israelíes Ehud Barak y Shimon Peres, se metió en el acto y ayudó a vender la guerra al pueblo estadounidense. Barak y Peres escribieron argumentos o aparecieron en medios estadounidensespara conseguir apoyo para la guerra, y Netanyahu fue al Capitolio para dar un mensaje similar al Congreso. Aunque las encuestas mostraron que los judíos estadounidenses tendían a apoyar menos la guerra que el público en general, el Comité de Asuntos Públicos de Israel y Estados Unidos y otras organizaciones del lobby israelí también apoyaron al partido de la guerra . La relación especial no causó la guerra, pero las estrechas conexiones entre los dos países ayudaron a allanar el camino.

La relación especial, y el conocido mantra de que el compromiso de Estados Unidos con Israel es «inquebrantable», también ha hecho que ser pro-Israel sea una prueba de fuego para servir en el gobierno y ha impedido que muchos estadounidenses capaces contribuyan con su talento y dedicación a la vida pública . Apoyar fervientemente a Israel no es una barrera para una posición alta en el gobierno — en todo caso, es una ventaja — pero ser incluso levemente crítico significa problemas instantáneos para cualquier persona designada. Ser percibido como insuficientemente «pro-Israel» puede descarrilar un nombramiento, como sucedió cuando el veterano diplomático y exsecretario adjunto de Defensa de EE. UU ., Chas W. Freeman, fue elegido inicialmente para encabezar el Consejo de Inteligencia Nacional en 2009, o puede obligar a los nominados a denigrar actos de contrición yabnegación . El caso reciente de Colin Kahl , cuya nominación como subsecretario de Defensa para Políticas apenas obtuvo la confirmación del Senado a pesar de sus impecables credenciales , es otro ejemplo de este problema, por no hablar de las muchas personas bien calificadas que ni siquiera son consideradas para su nombramiento debido a los equipos de transición. no deseo invitar a la controversia. Permítanme enfatizar que la preocupación no es que tales individuos no fueran lo suficientemente dedicados a los Estados Unidos; el temor era que pudieran no estar inequívocamente comprometidos a ayudar a un país extranjero.

Esta situación malsana impide que las administraciones demócrata y republicana busquen los mejores talentos y se suma a la creciente deshonestidad del discurso público estadounidense. Los expertos en política ambiciosos aprenden rápidamente a no decir lo que realmente piensan sobre los problemas relacionados con Israel y, en cambio, a hablar tópicos familiares incluso cuando están en desacuerdo con la verdad. Cuando estalla un conflicto como el más reciente de violencia en Gaza, los funcionarios públicos y los secretarios de prensa se retuercen en sus podios, tratando de no decir nada que pueda causarles problemas a ellos mismos oa sus jefes. El peligro no es que queden atrapados en una mentira; el riesgo real es que, sin saberlo, digan la verdad. ¿Cómo se puede tener una discusión honesta sobre los repetidos fracasos de la política estadounidense en Oriente Medio cuando las consecuencias profesionales de desafiar la visión ortodoxa son potencialmente desalentadoras?

Sin duda, comienzan a aparecer grietas en la relación especial . Es más fácil hablar sobre este tema de lo que solía ser (asumiendo que no esperas un trabajo en el Departamento de Estado o de Defensa), y personas valientes como Peter Beinart y Nathan Thrall han ayudado a traspasar el velo de la ignorancia que hace mucho tiempo. rodeado de estos temas. Algunos partidarios de Israel han cambiado sus posiciones de manera que les dan un gran crédito . La semana pasada, el New York Times publicó un artículo detallando las realidades del conflicto.de una manera que rara vez, o nunca, se ha hecho antes. Los viejos clichés sobre la «solución de dos Estados» y el «derecho de Israel a defenderse» están perdiendo su poder de maleficio, e incluso algunos senadores y representantes han moderado su apoyo a Israel últimamente, al menos retóricamente. Pero la pregunta clave es si este cambio de discurso conducirá a un cambio real en la política estadounidense y cuándo lo hará.

Pedir el fin de la relación especial no es abogar por boicots, desinversiones y sanciones o el fin de todo el apoyo de Estados Unidos. Más bien, es pedir que Estados Unidos tenga una relación normal con Israel similar a las relaciones de Washington con la mayoría de los demás países. Con una relación normal, Estados Unidos respaldaría a Israel cuando hiciera cosas que fueran consistentes con los intereses y valores de Estados Unidos y se distanciara cuando Israel actuó de otra manera. Estados Unidos ya no protegería a Israel de la condena del Consejo de Seguridad de la ONU, excepto cuando Israel claramente mereciera tal protección. Los funcionarios estadounidenses ya no se abstendrán de criticar directamente y sin rodeos el sistema de apartheid de Israel. Políticos estadounidenses, expertos,perder sus trabajos o ser enterrados en un coro de difamaciones por motivos políticos.

Una relación normal no es un divorcio: Estados Unidos continuaría comerciando con Israel y las empresas estadounidenses seguirían colaborando con sus contrapartes israelíes en cualquier número de empresas. Los estadounidenses seguirían visitando Tierra Santa, y los estudiantes y académicos de los dos países continuarían estudiando y trabajando en las universidades de los demás. Los dos gobiernos podrían continuar compartiendo inteligencia sobre algunos temas y consultar con frecuencia sobre una serie de temas de política exterior. Estados Unidos aún podría estar listo para acudir en ayuda de Israel si su supervivencia estuviera en peligro, como podría estarlo para otros estados. Washington también se opondría firmemente al antisemitismo genuino en el mundo árabe, en otros países extranjeros y en su propio patio trasero.

Una relación más normal también podría beneficiar a Israel. Desde hace mucho tiempo, el cheque en blanco de apoyo de Estados Unidos ha permitido a Israel seguir políticas que han fracasado repetidamente y han puesto en mayor duda su futuro a largo plazo. El principal de ellos es la empresa de asentamientos en sí misma y el deseo no tan oculto de crear un » Gran Israel » que incorpore Cisjordania y confine a los palestinos en un archipiélago de enclaves aislados . Pero se podría agregar a la lista la invasión de Líbano en 1982 que produjo a Hezbollah, los esfuerzos israelíes pasados para reforzar a Hamas para debilitar a Fatah, el asalto letal al buque de socorro de Gaza Mavi Marmara. en mayo de 2010, la brutal guerra aérea contra el Líbano en 2006 que hizo más popular a Hezbolá, y los ataques anteriores a Gaza en 2008, 2009, 2012 y 2014. La falta de voluntad de Estados Unidos para condicionar la ayuda a que Israel otorgue a los palestinos un El estado también ayudó a condenar el proceso de paz de Oslo, desperdiciando la mejor oportunidad para una solución genuina de dos estados.

Una relación más normal —una en la que el apoyo de Estados Unidos fuera condicional en lugar de automático— obligaría a los israelíes a reconsiderar su curso actual y hacer más para lograr una paz genuina y duradera. En particular, tendrían que repensar la creencia de que los palestinos simplemente desaparecerán y comenzarán a considerar soluciones que aseguren los derechos políticos de judíos y árabes por igual. Un enfoque basado en derechosno es una panacea y enfrentaría muchos obstáculos, pero sería consistente con los valores declarados de Estados Unidos y ofrecería más esperanza para el futuro que lo que Israel y Estados Unidos están haciendo hoy. Lo más importante de todo es que Israel tendría que comenzar a desmantelar el sistema de apartheid que ha creado durante las últimas décadas porque incluso a Estados Unidos le resultará cada vez más difícil mantener una relación normal si ese sistema permanece intacto. Y ninguna de estas posiciones implica la más mínima aprobación o apoyo a Hamas, que es igualmente culpable de crímenes de guerra en los combates recientes.

¿Espero que los cambios descritos aquí tengan lugar pronto? No. Aunque una relación normal con Israel, similar a las que Estados Unidos tiene con casi todos los demás países del mundo, no debería ser una idea especialmente controvertida, todavía hay poderosos grupos de interés que defienden la relación especial y muchos políticos estancados con una visión anticuada del problema. Sin embargo, el cambio puede ser más probable e inminente de lo que uno podría pensar, razón por la cual los defensores del status quo se apresuran a difamar y marginar a cualquiera que sugiera alternativas. Puedo recordar cuando se podía fumar en los aviones, cuando el matrimonio entre homosexuales era inconcebible, cuando Moscú gobernaba Europa del Este con mano de hierro y cuando poca gente pensaba que era extraño que las mujeres o personas de color rara vez se vieran en salas de juntas, en facultades universitarias o en la oficina pública.

Stephen M. Walt es profesor de relaciones internacionales Robert  en la Universidad de Harvard (centro Rene Belfer)

Publicado por: FP USA: https://foreignpolicy.com/2021/05/27/its-time-to-end-the-special-relationship-with-israel/

EEUU está desesperado. Quiere frenar a como sea la finalización del gasoducto Nord Stream 2 con la única finalidad de imponer su dictadura comercial y vender su gas licuado a Europa. El secretario de Estado, Anthony Blinken, se reunió con su par alemán, Heiko Maas, quemando sus últimos cartuchos para hacer naufragar el proyecto. Entrevista realizada a Carlos Albertos Pereyra Mele Director de Dossier Geopolitico El equipo del programa de Radio sputnik Internacional, está integrado por Javier Benítez, Víctor Sújov, Karen Méndez y Víctor Ternovsky.

AUDIO: https://video.img.ria.ru/Out/MP3/20210506/2021_05_06_M4210506pagina_crsurfst.kce.mp3

Violación múltiple

EEUU, que grita a los cuatro vientos que Rusia y China no respetan las reglas internacionales– todo sin presentar pruebas–, vuelve a ejercer sus constantes violaciones: con sus amenazas a Alemania y a todos los empresarios que participan del proyecto, viola la soberanía de un país, y las reglas del libre mercado que tanto defiende. De paso, con el gas licuado que quiere venderle a Europa –objetivo final de intentar frenar el Nord Stream 2– viola la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, ya que obtiene ese gas mediante el fracking.Así, los sueños de EEUU de ejercer su dictadura comercial en Europa están ahogándose en el mar Báltico y el tamaño de la pena de Washington supera largamente esos 1200 kilómetros de tendido submarino. Al ver sus manotazos de ahogado, Alemania mira hacia otro lado.

El G7 y los derechos humanos

Los comunicados que emite el G7 luego de las reuniones que mantienen autoridades de sus países miembro, hace rato que tienen más de literatura fantástica, que de anclaje a la realidad. Así, tras el cónclave ministerial de Londres, no resulta extraño que esta logia vuelva a llamar a Rusia y China a respetar los derechos humanos, o que el secretario de Estado, Anthony Blinken, diga que EEUU y sus aliados seguirán presionando al Gobierno venezolano para que el país vuelva a la democracia, mientras ciudadanos de Colombia están sufriendo una brutal represión en las manifestaciones, y donde decenas de personas han perdido la vida. Los llamados ‘líderes occidentales’ no se atreven a tanto, y su main stream tampoco.

En esta suerte de derechos humanos a la carta, el G7, es decir, EEUU, decide quién viola los derechos humanos, quién no, y el resto de la comparsa a callar y a asentir.»El tema de los derechos humanos ha sido una herramienta administrada por los poderes occidentales discrecionalmente. Fundamentalmente por medio de las ONGs, que han sido financiadas por grandes grupos económicos, que han tenido origen y sede en los principales países europeos y en Norteamérica, y de allí se ha utilizado esa vara de los derechos humanos para castigar y favorecer a ciertos elementos que le son afines a sus políticas internacionales», advierte al respecto el director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele.

Hambre en el mundo: aumenta por la pandemia

Crisis alimentaria. Hambruna. De acuerdo a un informe con datos de más de una docena de agencias, unos 155 millones de personas en 55 países se han visto afectadas por estos problemas. Actualmente en Latinoamérica, un tercio de su población vive en pobreza extrema al subsistir con apenas 1,90 dólares por día.

«Lo que vemos aquí es una situación extremadamente dura, porque se ha combinado las restricciones de movilidad y las restricciones a la actividad económica que han representado la pandemia, con la emergencia o la expansión de la enfermedad, y con toda una serie de crisis interdependientes que estaban también desplegándose en el conjunto del sistema mundial desde hace décadas», expresa al respecto el economista José Luis Carretero Miramar.El equipo del programa está integrado por Javier Benítez, Víctor Sújov, Karen Méndez y Víctor Ternovsky.

Fuente: https://mundo.sputniknews.com/20210506/eeuu-esteril-quema-sus-ultimos-cartuchos-para-frenar-el-nord-stream-2-1111940237.html

[Publicamos el análisis sobre directivas estratégicas del Gobierno de EEUU, elaborado por el MSc Enrique R. Martínez Díaz, del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI) de Cuba. El MSc Martinez Diaz, autorizo a Dossier Geopolitico (DG) su publicación y próximamente tendremos nuevas colaboraciones de este importante Centro de Investigación Hemisférico, ya que estamos muy interesados en tener una mayor sinergia con equipos de nuestra región, la Dra. Lourdes Regueiro Bello será el nexo entre CIPI y DG. Carlos Pereyra Mele Director de DG

Por MSc Enrique R. Martínez Díaz CIPI Cuba

El tres de marzo de 2021 en un discurso del secretario de Estado Anthony Blinken fue hecha referencia a la emisión de un documento denominado Orientación Estratégica de Seguridad Nacional Provisional (Interim National Security Strategic Guidance) (INSSG). El documento fue presentado ese mismo mes en el sitio web del gobierno de los Estados Unidos (EE.UU.), orientado a dar indicaciones a los integrantes de la actual administración y a sus principales agencias, sobre los fundamentos de la política a desarrollar por el nuevo gobierno, hasta tanto se haga pública la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN)[1], que debe sustituir a la actualmente vigente, promulgada por Trump en Diciembre de 2017.

La estructura de este documento incluye dos páginas iniciales escritas por el presidente Joe Biden, y los puntos siguientes:

Introducción

El panorama de la seguridad mundial

Prioridades de seguridad nacional

Conclusiones

La introducción es relativamente breve, y contiene algunos aspectos reiterativos de las palabras iniciales del presidente Biden. La parte destinada al “Panorama de la Seguridad Mundial” enfatiza en la necesidad de adoptar un nuevo rumbo, lo cual se considera hace patente el rechazo a algunas de las posturas de la administración anterior. Hace referencia a las principales amenazas a las que consideran deben enfrentar, enfatizando que debe ser de forma colectiva:

  “ Las pandemias y otros riesgos biológicos, la creciente crisis climática, las amenazas cibernéticas y digitales, las interferencias económicas internacionales, las crisis humanitarias prolongadas, el extremismo violento y el terrorismo, y la proliferación de armas nucleares y otras armas de destrucción masiva y, en algunos casos, peligros existenciales (pág. 7).”

Destacan la necesidad que EE.UU. debe cooperar con otros países, y también señalan que las llamadas “democracias” o “sociedades libres” son afectadas por: “la corrupción, la desigualdad, la polarización, el populismo y las amenazas antiliberales al Estado de Derecho (pág. 7)”.

Seguidamente hacen referencia a las llamadas “potencias antagónicas”, que plantean utilizan “la desinformación y la corrupción”  como armas para “explotar las debilidades percibidas y sembrar la división dentro y entre las naciones libres, erosionar las normas internacionales existentes y promover modelos alternativos de gobierno autoritario”. El documento expone sobre los principales rivales o naciones que consideran amenazan el orden internacional, coincidiendo con la ESN de 2017 en señalar a la República Popular China y a la Federación de Rusia en ese papel. Luego mencionan a otros países o “actores regionales”, como la República Popular Democrática de Corea (RPDC) e Irán, que plantean buscan capacidades y tecnologías que amenazan a EE.UU. y sus socios. A la vez, refieren a la existencia de países con gobernanza “frágil”, y la existencia además de actores no estatales influyentes.

Seguidamente expresan que sus ventajas en las “formas y dimensiones” de su poder, les permiten enfrentar estas amenazas para “configurar el futuro de la política internacional”, “promover nuestros intereses y   valores”, y “crear un mundo más libre, seguro y próspero”.

Hacen una clara referencia crítica a la actividad del gobierno de Trump, y aunque reconocen que no es posible  restablecer el “orden anterior” plantean que existen oportunidades, destacando a criterio del autor la necesidad de reforzar las alianzas y crear otras nuevas.

 Finalmente destacan que tras todas las tendencias se manifiesta o subyace una “revolución tecnológica que  supone tanto un peligro como una promesa”; dentro de esta se encuentran “tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial y la computación cuántica”,  que son objeto de atención especial por las potencias. Expresan su intención de mantener las ventajas en esas ramas.

La parte más extensa de esta “Orientación Estratégica” está dedicada a las PRIORIDADES DE SEGURIDAD NACIONAL, donde hacen referencia los llamados intereses vitales de EE.UU. Un aspecto interesante es que expresan el interés en que la prosperidad económica del país se enfoque hacia las “familias trabajadoras”,(…)  “en lugar de los beneficios corporativos o la riqueza nacional agregada”. Esto es una alusión clara al gobierno anterior, que benefició ampliamente a las clases más acomodadas del país. Faltaría ver si esto no es más que pura demagogía dirigida a conseguir cierto apoyo interno.

Hablan de revitalizar la democracia, y unificar a los países que tienen esa condición según sus criterios. Para ello plantean que es necesario:

🛡 Defender y alimentar las fuentes subyacentes de la fuerza estadounidense, incluyendo nuestra gente, nuestra economía, nuestra defensa nacional y nuestra democracia en casa;

🛡 Promover una distribución favorable del poder para disuadir e impedir que los adversarios que amenacen directamente a Estados Unidos y a nuestros aliados, que impidan el acceso a los bienes comunes globales, o que dominen regiones clave; y

🛡 Dirigir y mantener un sistema internacional estable y abierto, respaldado por alianzas democráticas fuertes, asociaciones, instituciones multilaterales y normas.

Esto se corresponde con documentos anteriores, ya que en cada Estrategia de Seguridad Nacional se plantean los llamados “intereses u objetivos de seguridad nacional”, que son elementos u aspectos que comprenden las metas que Estados Unidos intenta alcanzar. Se puede expresar que no existen diferencias sustanciales entre los objetivos principales que se proponían las anteriores administraciones y los que se plantea el actual gobierno, más allá de determinados matices;  la actual administración aparentemente pondrá más énfasis en el aspecto diplomático, similar a la aplicación de lo que llamó durante la administración Obama el llamado “Poder inteligente” o “Smart Power”, o el empleo de las 3 D (Defensa, Diplomacia y Desarrollo).

En el aspecto de sus intereses a nivel planetario, señalan que “reconoceremos que nuestros intereses nacionales vitales obligan a una conexión más profunda con el Indo-Pacífico, Europa y el hemisferio occidental”.  

Uno de los aspectos que más se destacan dentro de esta INSSG es el reforzamiento, ampliación y modernización de las llamadas “alianzas y asociaciones” en todo el planeta, fundamentalmente la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Australia, Japón y Corea del Sur. También se refieren a las asociaciones en el Indo Pacifíco.

Plantean reforzar su cooperación con la Unión Europea y el Reino Unido; en lo que denominan Hemisferio Occidental, destacan la relación con Canadá y México, así como el apoyo económico a Centroamérica.

En el Medio Oriente destacan su relación con Israel, expresando interés en la solución de dos estados (seguramente en una fórmula que favorezca a Israel); apoyar la estabilidad de la región; y enfrentar a Irán y las organizaciones terroristas. No obstante, plantean que no apoyaran la guerra en Yemen y buscarán una solución a través de la ONU.

Respecto a África, plantean que buscarán crear asociaciones con países de la región (especialmente con las que consideran las economías más dinámicas) y reforzando la sociedad civil.  

A continuación se refieren a pretender recuperar el liderazgo en las organizaciones internacionales; hacen referencia a su reincorporación al Acuerdo de París sobre el Cambio Climático;  el enfrentamiento a la pandemia del COVID 19, “liderando” la Organización Mundial de la Salud, perfeccionando esta y aportando recursos para COVAX, y actuando junto a la ONU, el G-7, el G-20, la Unión Europea y otras organizaciones. También se refieren a otros aspectos, como la economía global, la seguridad alimentaria y del acceso al agua,  la educación, los derechos de la comunidad LBGTQI+, el empoderamiento de las mujeres, etc.

Respecto a las organizaciones internacionales, como la ONU, plantean que regresarán para liderar las mismas, en pro de sus intereses, aun cuando reconocen que son “imperfectas”. 

A continuación hacen referencia al problema de las armas nucleares, destacando la renovación del Tratado START III; la necesidad de evitar una reactivación de la carrera armamentista en esa esfera y la búsqueda de nuevos acuerdos de control de armas. En ese sentido, plantean que “entablaremos un diálogo significativo con Rusia y China sobre una serie de desarrollos tecnológicos militares emergentes que afectan a la estabilidad estratégica”.

Un aspecto relevante en este documento es que se enuncia que se elevará la diplomacia como herramienta de primer uso para promover los intereses de EE.UU., aun cuando prevén el uso de la fuerza cuando sea necesario, aprovechando su gran poderío militar. Plantean textualmente: “Pero el uso de la fuerza militar debe ser el último recurso, no el primero; la diplomacia, el desarrollo y la política económica deben ser los principales instrumentos de la política exterior estadounidense”.

En el documento exponen que continuarán invirtiendo en sus fuerzas armadas (FF.AA.), priorizando el personal militar, las nuevas tecnologías, las fuerzas de operaciones especiales, etc., para garantizar que ese país siga siendo la principal potencia militar del planeta. Refieren que EE.UU. no debe embarcarse en “guerras eternas”, por lo que buscarán resolver el problema de Afganistán. Destacan que mantendrán la mayor presencia militar en el Indo Pacífico y en Europa, y reducirán su presencia en el Medio Oriente.

Seguidamente enuncian como aspecto principal en la seguridad nacional, la seguridad económica; plantean que la “columna vertebral” de esta economía es la clase media estadounidense,  y por lo tanto, sus políticas no deben encaminarse a favorecer a “unos pocos privilegiados”, sino a todos los ciudadanos. Plantean la necesidad de invertir en energías limpias; aumentar las inversiones tecnológicas, el desarrollo y despliegue de tecnologías de baja emisión de carbono, modernizando su red energética y crear de paso nuevos puestos de trabajo. En interés de mantener lo que consideran superioridad tecnológica de EE.UU.  plantean que :  “Redoblaremos las inversiones en ciencia y tecnología, incluso en investigación y desarrollo, las tecnologías  informáticas fundamentales y la fabricación nacional de vanguardia, para  permitir la consecución de numerosos objetivos estratégicos nacionales, entre ellos la economía, la salud, la biotecnología y la salud pública,   la energía, el clima y la seguridad nacional”.

El documento presta atención al mejoramiento de la educación y la calificación de la mano de obra estadounidense, buscando incentivar la inmigración altamente calificada (el robo de cerebros); se proponen desplegar el acceso a Internet de alta velocidad y las redes de quinta generación (5G) seguras; explorar el espacio exterior “en beneficio de la humanidad”; también se plantean como objetivo mejorar la Ciberseguridad.

Seguidamente expresan que deben revitalizar su propia democracia, con un conjunto de acciones que incluyen asuntos relacionados a las votaciones, la erradicación de la corrupción; el estado de derecho; restablecer la separación de poderes y la independencia del poder judicial; la apoliticidad de “agencias federales de aplicación de la ley, la comunidad de inteligencia, nuestros diplomáticos, funcionarios y militares”. Plantean en general que se deben eliminar todas las injusticias con los sectores más afectados de la población, y hacen una condena al “extremismo violento doméstico”.

Refiere el documento como una importante amenaza el terrorismo internacional, por lo que enfatizarán en la lucha contra este y contra el extremismo interno utilizando todos los recursos internos y con el apoyo de sus aliados. Por otro lado, convocarán una Cumbre Mundial para la Democracia, así como promoverán normas y nuevos acuerdos sobre tecnologías emergentes, espacio, ciberespacio, amenazas sanitarias y biológicas, clima y el medio ambiente, y los derechos humanos. 

Seguidamente dedican una parte extensa a plantear como fundamental el “prevalecer en la competencia estratégica con China o cualquier otra nación (pág. 20)”;  califican a ese país de “asertivo y autoritario”. Expresan su decisión de que sea EE.UU. y no China quien lidere a nivel mundial y establezca las normas, que deben promover sus intereses y reflejar sus valores. Para ello plantean que reforzaran sus redes de aliados y socios, e invertirán de forma inteligente en la defensa para disuadir la “agresión china”, extendiéndose en criticas hacia ese país. No obstante, expresan que están dispuestos a colaborar y trabajar con China cuando esto les sea beneficioso, desde una posición de confianza y fortaleza, junto a aliados y socios,  “en  cuestiones como el cambio climático, la seguridad sanitaria mundial, el control de armas y la no proliferación”.

 CONCLUSIONES

En el documento denominado INSSG presentado por la administración Biden para orientar a los diferentes componentes del gobierno norteamericano, se expresan elementos de continuidad con la política de esa nación en los últimos años, y cuestiones en que se diferenciarán de la postura del gobierno anterior.

Un elemento importante es que el actual gobierno mantiene la intención de preservar el papel de EE.UU. como potencia imperialista hegemónica a nivel mundial, ejerciendo lo que ellos denominan “Liderazgo”, aunque actuando de forma más coordinada con sus aliados y socios, y recuperando un protagonismo principal en el sistema de organizaciones internacionales.

Expresan que en pro de sus objetivos e intereses utilizarán todas las herramientas del poderío nacional, dando prioridad a la diplomacia y la economía, aunque preservaran la condición de principal potencia militar y la opción de emplear la fuerza cuando consideren afectados sus intereses.

Mantienen la visión de que China es el principal rival de EE.UU. a nivel global, por su desarrollo económico, su política internacional y sus capacidades militares. Igualmente califican a la Federación de Rusia como un rival estratégico, dadas sus capacidades militares y su política internacional. Mantienen la consideración de que Irán y la RPDC son dos estados que “desestabilizan” regiones de interés para EE.UU.

Mantienen su interés de dominio a nivel planetario, planteando que las principales regiones para sus intereses son el Indo-Pacífico, Europa y el hemisferio occidental; además, insisten en su interés en erigirse como garante de los bienes comunes a nivel mundial, incluida la seguridad de la navegación aérea y marítima, el ciberespacio y el espacio exterior.

En el documento se expresan los objetivos de política interna del gobierno, destacando el perfeccionamiento de los elementos del estado; el desarrollo de la economía y una mayor participación de los sectores medios de la población; incentivar la educación, la ciencia y las innovaciones tecnológicas para preservar su liderazgo a nivel global,

 Bibliografía

Blinken, Anthony. Speech on Foreign Policy. Washington, March 3 (https://www.rev.com/blog/transcripts/secretary-of-state-antony-blinken-speech-on-foreign-policy-transcript-march-3)

The White House. National Security Strategy of United States of America. Washington, December 2017, (https://www.whitehouse.gov/wp-content /uploads/ 2017/12/NSS-Final-12-18-2017-0905.pdf)

The White House. Interim National Security Strategic Guidance. Washington, March 2021. (https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2021/03/NSC-1v2.pdf)

[1] De acuerdo a lo establecido en la Ley Golwater-Nichols de 1986, el presidente de EE.UU. debe presentar un reporte sobre la Estrategia de Seguridad Nacional cada año; en la práctica, desde la etapa de George W. Bush se hace cada cuatro años aproximadamente.