Por John Gray

Lo que enfrenta el mundo occidental no es el avance amenazante de civilizaciones alienígenas, sino sus propias sombras oscuras que se mueven a través de China y Rusia.

La retirada de Occidente comenzó con la caída del comunismo en 1989. Nuestras élites triunfales perdieron el sentido de la realidad y, en una sucesión de intentos de rehacer el mundo a su imagen, abandonaron algunas de las regiones estratégicamente más decisivas del planeta. El resultado final de su intento de exportar su sistema de gobierno es que los estados occidentales son más débiles y están más en peligro de lo que estuvieron en cualquier momento de la Guerra Fría.

Sin embargo, considerar esta debacle como una derrota de las ideas y valores occidentales es un error fundamental. Las ideologías occidentales continúan dominando el mundo. En China, Xi Jinping ha adoptado una variante del nacionalismo integral similar a las que surgieron en la Europa de entreguerras, mientras que Vladimir Putin ha desplegado hábilmente métodos leninistas para resucitar a una Rusia debilitada como potencia mundial. Las ideas y proyectos que se originan en el Occidente antiliberal continúan dando forma a la política global. Al mismo tiempo, en una sincronicidad intrigante, el mismo liberalismo occidental se ha vuelto antiliberal.

El descenso geopolítico de Occidente fue visible a raíz de la invasión de Irak en 2003 y es palpable en la retirada de Afganistán de las fuerzas lideradas por Estados Unidos. Irán es ahora la potencia predominante en Irak. Con el estado afgano y el ejército regular desapareciendo tras la retirada de Estados Unidos, el futuro lo decidirán los talibanes y los estados vecinos que son absorbidos por el consiguiente vacío de poder. Después de años de intervención occidental y la muerte de cientos de miles de personas, en Siria Bashar al-Assad sigue en el poder y Rusia es la fuerza decisiva. Tras el derrocamiento por ingeniería occidental de Muammar al-Gaddafi en 2011, Libia es un espacio no gobernado y una puerta de entrada de tráfico de personas a Europa.

En los últimos meses, el ritmo de la retirada occidental se ha acelerado. La reunión de Joe Biden con Putin en Ginebra en junio le dio al presidente ruso lo que más deseaba. Al aceptar que se completará el gasoducto Nord Stream 2, Biden ha autorizado a Rusia a cortar el suministro de energía en los países de tránsito. Ucrania se ha quedado retorcida por el viento, y Polonia y los estados bálticos están expuestos a un poder ruso cada vez mayor.

El motivo de lo que es, en efecto, una gran derrota geopolítica es presumiblemente permitir que Alemania asegure su suministro de energía a cambio de apoyar los esfuerzos de Estados Unidos para contener a China. Pero las posibilidades de que Alemania arriesgue sus relaciones comerciales con China siempre han sido escasas. El año pasado, Alemania exportó casi 100.000 millones de euros en bienes a China, aproximadamente la mitad del valor de todas las exportaciones de la UE allí. China no solo se ha convertido en el mayor mercado de exportación alemán, en algunas medidas, sino también en el de más rápido crecimiento.

La política exterior alemana está dictada principalmente por factores internos, y los grupos de presión industriales garantizarán que los vínculos comerciales con China no se vean comprometidos. Para los influyentes Verdes, la salida de Alemania del carbón y la energía nuclear trasciende cualquier costo geopolítico. En conjunto con el presidente francés, Emmanuel Macron, Angela Merkel ha dejado claro que Berlín quiere una distensión con Rusia. En cualquier lucha entre las grandes potencias, Alemania, y por lo tanto la UE, probablemente apuntará a mantenerse al margen, neutral o no alineado, mientras que en la práctica habita una zona de influencia rusa. Ya no tan limitado por la diplomacia europea después del Brexit, Gran Bretaña se resiste a esta tendencia. Pero sin el apoyo de las principales potencias europeas, no está claro cuánto puede hacer el Reino Unido más allá de proteger sus propios intereses nacionales.

La descomposición de Occidente no es solo un hecho geopolítico; también es cultural e intelectual. Los países occidentales líderes contienen poderosos cuerpos de opinión que consideran su propia civilización como una fuerza singularmente perniciosa. En esta visión hiperliberal, que está fuertemente representada en la educación superior, los valores occidentales de libertad y tolerancia significan poco más que dominación racial. Si todavía existe como bloque de civilizaciones, Occidente debe ser desmantelado.

Este hiperliberalismo no se presenta como uno entre varios puntos de vista que puedan ser examinados y cuestionados en un debate abierto. Es un catecismo vigilado por la presión de los compañeros y las sanciones profesionales. A quienes la imponen les gusta descartar prácticas como la «cancelación» como pesadillas de la mente febril de la derecha sin ningún fundamento de hecho. Al mismo tiempo, creen que el desacuerdo es un ejercicio de represión.

En el credo hiperliberal, solo pueden tolerarse las que se consideran verdades simples, evidentes por sí mismas y moralmente impecables. Evaluar los costos y los posibles beneficios de los imperios occidentales para los pueblos que gobernaron no está lejos de ser una empresa prohibida, como lo es examinar la participación de estados no occidentales en la esclavitud. Algunos de la derecha han comparado tales restricciones ideológicas con las impuestas bajo el comunismo. La diferencia es que en las sociedades occidentales estos obstáculos a la libre investigación son autoimpuestos.

El resultado es que el Occidente liberal es más un tema de investigación histórica que una realidad contemporánea. Aquellos que creen que la humanidad está convergiendo hacia los valores liberales pasan por alto el hecho de que las sociedades occidentales los están descartando rápidamente. El “arco de la historia” apunta a un modelo que ya no existe.

Esto no significa que el hiperliberalismo haya ganado. La democracia, en la medida en que todavía funciona, impone límites a la ortodoxia ideológica. El mercado, a pesar de todos sus excesos, produce alternativas. Siguen sobreviviendo lugares que fomentan el pluralismo intelectual; algunos, como esta revista, prosperan.

El hiperliberalismo es la ideología de una clase dominante aspirante que tiene como objetivo acumular riqueza y posición mientras hace alarde de sus inmaculadas credenciales progresistas. Las guerras culturales intratables y una crisis epistémica en la que se han politizado cuestiones científicas y fácticas clave son parte de una apuesta por el poder por parte de estas contraelites. Pero excepto en Nueva Zelanda y el Canadá de habla inglesa, no hay señales de que alcancen la hegemonía.

Aun así, se presiona a las escuelas para que enseñen una sola versión de la historia, las corporaciones privadas despiden a sus empleados por opiniones desviadas y las instituciones culturales actúan como guardianes de la ortodoxia. El prototipo de estas prácticas es Estados Unidos, que considera que su historia singular y sus divisiones definen a toda sociedad moderna. En gran parte del mundo, el movimiento del despertar es visto con indiferencia o, como en el caso de Francia, donde Macron lo ha denunciado como una sociedad “racializadora”, con hostilidad. Pero dondequiera que prevalezca esta agenda estadounidense, la sociedad ya no es liberal en ningún sentido históricamente reconocible.

La evanescencia del liberalismo occidental no significa que habitamos en un mundo posoccidental. Los argumentos a favor del declive occidental suelen ser versiones repetidas de las especulaciones del teórico político de Harvard Samuel Huntington sobre civilizaciones en conflicto, junto con pronósticos de la supremacía china ineludible. Tales afirmaciones tienen fuerza en la medida en que reflejan la fuerte contracción del poder occidental. Pero pierden la característica más notable de la escena contemporánea: el dominio continuo de las ideas occidentales modernas. No los del liberalismo como se entendía tradicionalmente, sino mezclas de fascismo, comunismo y nacionalismo integral.

Tanto China como Rusia, rivales declarados de Occidente, se rigen por ideas que se derivan de fuentes occidentales. (Lo mismo ocurre con el nacionalismo de Narendra Modi en India y algunos movimientos islamistas). Lo que Occidente enfrenta no es el avance amenazante de civilizaciones extraterrestres, sino sus propias sombras oscuras.

La influencia formativa de las ideas occidentales en el liderazgo de China queda ilustrada por las referencias al historiador griego antiguo Tucídides que solían ser comunes entre los portavoces oficiales. China, aseguraban a los visitantes occidentales, no tenía ninguna intención de caer en la «trampa de Tucídides», la tendencia de los estados en ascenso a tratar de desalojar a los poderes establecidos de su posición dominante, lo que lleva a la guerra. Desde el cambio de Pekín a la “diplomacia del guerrero lobo”, una forma de arte de gobernar más asertiva y agresiva, algunos han cuestionado la importancia de la trampa de Tucídides en el pensamiento chino. Pero Xi Jinping lo mencionó explícitamente en una charla que le escuché dar en Beijing hace varios años. Parece haberse vuelto más seguro desde entonces.

El estudio de los clásicos occidentales se promueve activamente en las universidades chinas. Los textos a menudo se enseñan en su latín o griego original (una práctica que ya no se requiere en Princeton, donde algunos la consideran racista). La intelectualidad meritocrática de China también se destaca por tener una comprensión del pensamiento político occidental que supera la de muchos en las universidades occidentales. Se han estudiado de cerca las obras de Alexis de Tocqueville, Edmund Burke y Thomas Hobbes, así como de pensadores del siglo XX como Michel Foucault. Se ha aceptado que el jurista alemán Carl Schmitt (1888-1985) es el que tiene más que enseñar sobre el desarrollo político de China.

Schmitt ganó reconocimiento en la academia alemana al examinar la influencia de las ideas teológicas en la jurisprudencia occidental. Durante la década de 1920 ideó un conjunto de ideas en las que se podía formular y justificar la Ley de Habilitación de marzo de 1933, que estableció formalmente el régimen nazi. El derecho fue creado por decisiones políticas soberanas, y quien decidiera cuándo existía un “estado de excepción” o una crisis de régimen era el soberano. En 1932 publicó El concepto de lo político , argumentando que la política no era un diálogo entre miembros de una comunidad compartida con intereses y valores divergentes, sino una lucha entre enemigos, en otras palabras, un modo de guerra.

Schmitt se unió al Partido Nazi semanas después de su llegada al poder y se distinguió por respaldar la quema de libros por parte de autores judíos. Pero parece no haber sido lo suficientemente antisemita para sus patrocinadores nazis, y en 1936 fue acusado de oportunismo y tuvo que dimitir del partido. Al final de la guerra fue arrestado por las fuerzas aliadas y pasó un año internado. Nunca se retractó de sus teorías y las desarrolló en las décadas siguientes.

Carl Schmitt creía que el soberano debería promover la homogeneidad de un pueblo

La teoría del derecho de Schmitt no es del todo original ni necesariamente antiliberal. Una visión similar se puede encontrar en la obra de Hobbes. La diferencia está en su visión de la política y el estado. Mientras que Hobbes creía que el propósito del estado es la protección de las personas contra la violencia y la inseguridad, una posición fundamentalmente liberal, Schmitt encargó al soberano promover la homogeneidad del pueblo.

Es este aspecto del pensamiento de Schmitt el que parece ser más atractivo para el liderazgo chino. Si el estado y el pueblo son lo mismo, las minorías pueden ser reprimidas o aniquiladas en nombre de la seguridad pública. La asimilación forzada de tibetanos, kazajos, uigures y otras minorías en una cultura china han uniforme no es una opresión, sino un medio necesario para proteger al estado de las fuerzas que lo destruirían.

Las ideas del jurista alemán son adecuadas para legitimar la creciente represión de Xi. En 2020, el profesor de derecho de Beijing, Chen Duanhong, se basó en el pensamiento de Schmitt en un discurso en Hong Kong para apoyar la reciente ley de «seguridad nacional», sosteniendo que el ejercicio de la autoridad soberana de China para extinguir las libertades liberales en la ex colonia británica no es más que el Estado asegurando su futuro.

Schmitt proporciona un modelo para el nacionalismo integral de Xi. La construcción de estados-nación homogéneos no comenzó con el nacionalsocialismo. Tenía un punto de origen europeo en la Francia revolucionaria. A principios de la década de 1790, los jacobinos utilizaron una idea de la nación para aplastar un levantamiento popular en la región de Vendée, en el oeste de Francia, en una campaña de represión que puede haber costado más de 100.000 vidas. La construcción del estado-nación francés continuó en el siglo XIX a través de las instituciones de reclutamiento militar y educación nacional, erradicando la diversidad de idiomas y culturas que existían bajo el ancien régime .

La limpieza étnica se volvió fundamental para la construcción de la nación a raíz de la Primera Guerra Mundial. El colapso de los imperios austrohúngaro, otomano y Romanov permitió el surgimiento de estados-nación que afirmaban el derecho a la autodeterminación, un desarrollo reforzado por el presidente estadounidense Woodrow Wilson en el asentamiento de Versalles de 1919. Su objetivo era reconstruir Europa como una comunidad de estados-nación cívicos. Pero hubo minorías internas en muchos de estos estados, y en los años que siguieron ocurrieron grandes transferencias de población. Un gran número de personas huyó o fue expulsado: hasta 1,5 millones de griegos de Turquía y alrededor de 400.000 turcos de Grecia, por ejemplo.

El proceso continuó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis mataron a millones en los territorios que ocuparon en Europa del Este y la Unión Soviética e intentaron el exterminio completo del pueblo judío. Stalin deportó a los pueblos cuya lealtad al estado soviético desconfiaba (como los chechenos y los tártaros de Crimea) de sus países de origen a Asia central, muchos de los cuales murieron durante el viaje o poco después de su llegada.

El estado-nación es una invención occidental. El nacionalismo surgió en China hacia el final de la dinastía Qing (1644-1912) como respuesta al humillante sometimiento del país por parte de las potencias occidentales. Con el fin de conferir «características chinas» a su proyecto, Xi Jinping ha citado a Han Feizi, un aristócrata del siglo III a. C. en el reino Han y defensor de la escuela de filosofía legalista, en la que la ley se utiliza para modelar un estado centralizado fuerte.

Como en la Alemania de entreguerras, el pensamiento de Schmitt facilita un cambio hacia el totalitarismo. La distinción entre estados autoritarios y totalitarios se descarta hoy en día como una reliquia de la Guerra Fría. Sin embargo, captura una diferencia crucial entre los regímenes antiliberales. Los estados autoritarios son dictatoriales en sus métodos pero limitados en sus objetivos, mientras que los estados totalitarios intentan transformar la sociedad e inmiscuirse en todos los ámbitos de la vida humana. La Prusia de Bismarck y la difunta Rusia zarista pertenecen al primer grupo, y la Alemania nacionalsocialista y el estado soviético a lo largo de la mayor parte de su historia en el segundo. La China de Xi ha pasado a la categoría totalitaria. A través del Partido Comunista Chino de 95 millones de miembros, que celebró su centenario el 1 de julio de este año, el estado aspira a ser omnipresente en toda la sociedad.

China se representa a sí misma como un «estado-civilización» basado en las ideas confucianas de armonía social. Sin embargo, Xi rinde homenaje a Mao Zedong, quien entre 1949 y mediados de la década de 1970 arrasó con la civilización china en la búsqueda de una fea utopía occidental. El paso a un régimen autoritario más limitado que parecía estar en marcha en la época de Deng Xiaoping, quien dirigió la República Popular entre 1978 y 1989, se ha revertido y el totalitarismo se ha renovado. China es el escenario de un experimento de construcción nacional coercitiva cuyos paralelos históricos más cercanos se encuentran en la Europa de entreguerras.

La Rusia de Putin y la China de Xi a menudo se entienden como tipos de régimen similares. Hay alguna base para esto, ya que ambos son vehículos para proyectos occidentales. Lenin siempre sostuvo que la toma de posesión bolchevique continuó la tradición jacobina en la Ilustración europea. Un tipo de terror pedagógico fue una característica del estado soviético desde el momento de su fundación en 1917. Incluso después de la escisión chino-soviética en la década de 1960, Mao continuó emulando el modelo soviético occidentalizador.

Pero las diferencias entre Rusia y China hoy son profundas. La Rusia de Putin es un régimen autoritario en el que el estado, aunque violento, es débil. Su columna vertebral son los antiguos servicios de inteligencia soviéticos; pero algunos de ellos están semiprivatizados y algunos trabajan en una opaca colusión con el crimen organizado. Los ejércitos privados amorfos operan en el extranjero cercano de Rusia y otras zonas de conflicto global. La autoridad de Putin parece no ser cuestionada en el Kremlin, pero la ejerce con el consentimiento tácito de los oligarcas que a su vez dependen de su patrocinio.

Hay signos de decadencia en el régimen. Una fase anterior del putinismo en la que la población estaba controlada a través de técnicas mediáticas «posmodernas» y el manejo de la apatía ha dado paso a una que se basa más en la amenaza de la fuerza. No obstante, el control de la población por parte del estado es menos completo que en cualquier otro momento del sistema soviético hasta que comenzó su deslizamiento hacia la anarquía con las reformas liberalizadoras de Gorbachov a mediados de los años ochenta.

En 2017, el Kremlin se negó a celebrar el centenario de la Revolución Rusa y, según los informes, Putin preguntó: «¿Qué hay para celebrar?». La opinión de algunos rusos favorables al régimen de que Putin, un producto arquetípico del sistema soviético, es un líder esencialmente anticomunista no es del todo infundada. Sin embargo, las instituciones y los métodos centrales a través de los cuales gobierna son las herencias soviéticas. Los «hombrecitos verdes», por ejemplo – las fuerzas irregulares rusas que llevaron a cabo la invasión de Ucrania – estaban siguiendo la práctica bolchevique de maskirovka (engaño). Su guerra cibernética aplica una estrategia similar.

La fantasía de la revolución mundial ha sido abandonada hace mucho tiempo, junto con el objetivo de transformar la sociedad, pero el estado a través del cual gobierna Putin sigue siendo leninista en su estructura.

La creencia de que los desafíos a Occidente emanan de fuera de Occidente es una fuente de consuelo para los liberales. Se puede olvidar el papel de una generación anterior de pensadores liberales y socialistas en restar importancia al colosal costo humano del comunismo en Rusia y China. La complicidad de Occidente en los crímenes actuales se puede eludir.

El intento de borrar a los uigures como pueblo es el ejemplo más obvio de la opresión en curso en China. Confinarlos en campos de concentración, demoler sus mezquitas y cementerios, deportarlos a trabajar en fábricas (algunas de ellas, según se informa, en las cadenas de suministro de marcas occidentales) y someter a las mujeres a violaciones, abortos involuntarios y esterilizaciones son crímenes de lesa humanidad. Pero cualquier campaña en su contra pronto se enfrenta al poder económico de China, que tiene el potencial de descarrilar el mercado global que Occidente ha construido y del que ahora depende.

A pesar de que la difícil situación de los uigures se planteó en reuniones internacionales, hay poco apoyo real para ellos. En la mayoría de los países de mayoría musulmana, muchos de ellos en deuda con China, los gritos de ayuda de los uigures han sido recibidos con silencio. Un mundo en el que el hiperliberalismo coexista amigablemente con la restauración de la esclavitud bien puede ser la próxima etapa de la evolución social. Los uigures están en el lado equivocado de la historia.

La supresión de las minorías en China es instructiva porque socava una narrativa liberal consoladora: el mundo moderno se basa en la innovación científica y tecnológica, que requiere una sociedad abierta. La dictadura no solo es incorrecta, sino ineficiente e improductiva. Solo las sociedades liberales tienen un futuro a largo plazo.

China ha disipado esta leyenda. Durante el período posterior a Mao, un régimen dictatorial presidió el proceso de creación de riqueza más grande y más rápido de la historia. Como resultado del cambio de un gobierno autoritario a un gobierno totalitario bajo Xi, la innovación puede ralentizarse. Ya hay indicios de que esto puede estar sucediendo. Pero las fuerzas compensatorias en Occidente aún podrían darle a China la ventaja.

En California, se están considerando propuestas que desalentarían la enseñanza de cálculo en las escuelas secundarias. En Canadá, el plan de estudios de matemáticas “equitativo” propuesto por Ontario “reconoce que las matemáticas pueden ser subjetivas”. Deconstruir la educación de esta manera, durante una época de intensa rivalidad geopolítica en ciencia y tecnología, no parece una estrategia ganadora.

No está claro si las élites occidentales son capaces de razonar estratégicamente en este momento. Muchas de sus políticas clave son de naturaleza performativa. Los esquemas para lograr emisiones netas de carbono cero son extremadamente costosos y no evitarán el calentamiento global acelerado. Las grandes sumas se gastarían más razonablemente adaptándose al cambio climático abrupto que ya está en marcha. Pero eso exigiría un pensamiento realista, que los líderes de opinión occidentales rechazan como derrotista, si no inmoral.

Una visión del mundo que se apoderó de sectores de la intelectualidad occidental durante todo el período moderno y dominó el mundo de la posguerra fría se está desintegrando. Las historias que muestran a la humanidad evolucionando hacia valores liberales son parodias del monoteísmo en el que una lógica mítica en la historia reemplaza a una providencia redentora. Si se elimina este mito, se puede ver que el estilo de vida liberal ha sido un accidente histórico. Con el tiempo, los regímenes creados por Xi y Putin se derrumbarán. Pero si la larga deriva de la historia sirve de guía, serán sucedidos por la anarquía y nuevos despotismos.

Si bien el liberalismo occidental puede haber desaparecido en gran medida, las ideas occidentales antiliberales están dando forma al futuro. Occidente no está muriendo sino vivo en las tiranías que ahora lo amenazan. Incapaces de captar esta realidad paradójica, nuestras élites se quedan mirando sin comprender cómo el mundo que han dado por sentado se desliza hacia las sombras.

John Gray (1948), exprofesor de Teoría Política en Oxford y de Pensamiento Europeo en la London School of Economics and Political Science, hace un análisis de la compleja geopolítica de hoy. En el ensayo titulado The West isn’t dying – its ideas live on in China -El Occidente no esta muriendo, sus ideas viven en China- , el escritor e intelectual británico describe las posiciones de los líderes en el gran tablero político mundial.

FUENTE: https://www.newstatesman.com/politics/2021/07/west-isn-t-dying-its-ideas-live-china

GEOPOLITICA

Un artículo excelente de Pepe Escobar, que describe las bases históricas, culturales, económicas y políticas de la inexorable integración de Eurasia, hecho global que sin dudas cambiará la fisonomía del mundo tal como lo conocemos DOSSIER GEOPOLITICO

LA CONSOLIDACIÓN EUROASIÁTICA PONE FIN AL MOMENTO UNIPOLAR DE LOS EEUU

Pepe Escobar, 22 de setiembre, Asia Times

La cumbre del vigésimo aniversario de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) en Dushanbe, Tayikistán, consagró nada menos que un nuevo paradigma geopolítico.

Irán, ahora miembro de pleno derecho de la OCS, recuperó su papel tradicionalmente destacado en Eurasia, tras el reciente acuerdo comercial y de desarrollo de 400.000 millones de dólares alcanzado con China. Afganistán fue el tema principal, y todos los actores estuvieron de acuerdo en el camino a seguir, como se detalla en la Declaración de Dushanbe. Y todas las vías de integración euroasiática están convergiendo ahora, al unísono, hacia el nuevo paradigma geopolítico y geoeconómico.

Llámelo una dinámica de desarrollo multipolar en sinergia con la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China.

La Declaración de Dushanbe fue bastante explícita sobre los objetivos de los actores euroasiáticos: “un orden mundial más representativo, democrático, justo y multipolar basado en principios universalmente reconocidos del derecho internacional, diversidad cultural y de civilizaciones, cooperación mutuamente beneficiosa e igualitaria de los estados bajo la función de coordinación de la ONU «.

A pesar de todos los inherentes desafíos inherentes al rompecabezas afgano, el martes (21 de septiembre) surgieron señales esperanzadoras, cuando el ex presidente afgano Hamid Karzai y el enviado de paz Abdullah Abdullah se reunieron en Kabul con el enviado presidencial ruso Zamir Kabulov, el enviado especial de China Yue Xiaoyong y el enviado de Pakistán. enviado especial Mohammad Sadiq Khan.

Esta troika – Rusia, China, Pakistán – está a la vanguardia diplomática. La OCS llegó a un consenso de que Islamabad coordinará con los talibanes la formación de un gobierno inclusivo que incluya a tayikos, uzbecos y hazaras.  

La consecuencia inmediata más evidente de que la OCS no solo incorporó a Irán, sino que también tomó al toro afgano por los cuernos, con el apoyo total de los «stans» de Asia Central, es que el Imperio del Caos ha sido completamente marginado.

Desde el suroeste de Asia hasta Asia central, un reinicio real tiene como protagonistas a la OCS, la Unión Económica de Eurasia, el BRI y la asociación estratégica Rusia-China. Irán y Afganistán, los eslabones perdidos hasta ahora, por diferentes razones, ahora están completamente incorporados al tablero de ajedrez

En una de mis frecuentes conversaciones con Alastair Crooke, un destacado analista político, evocó una vez más El leopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa : todo debe cambiar, por lo que todo debe permanecer igual.

En este caso, la hegemonía imperial, como la interpreta Washington: “En su creciente enfrentamiento con China, un Washington despiadado ha demostrado que lo que le importa ahora no es Europa sino la región del Indo-Pacífico”. Ese es el terreno privilegiado de Cold War 2.0.

La posición de reserva para los EE. UU., que posee poco potencial para contener a China después de haber sido casi expulsado del corazón de Eurasia , tenía que ser un juego de poder marítimo clásico: el «Indo-Pacífico libre y abierto», completo con Quad y AUKUS, toda la configuración dio vueltas a la muerte como un «esfuerzo» para intentar preservar la menguante supremacía estadounidense.  

El marcado contraste entre el impulso de integración continental de la OCS y la táctica de “todos vivimos en un submarino australiano” (mis excusas para Lennon-McCartney) habla por sí solo. Una mezcla tóxica de arrogancia y desesperación está en el aire, sin ni siquiera una pizca de patetismo para aliviar la caída.

El Sur Global no está impresionado. Al dirigirse al foro en Dushanbe, el presidente ruso Vladimir Putin comentó que la cartera de naciones que llaman a la puerta de la OCS era enorme.

Egipto, Qatar y Arabia Saudita son ahora socios del diálogo de la OCS, al mismo nivel que Afganistán y Turquía. Es bastante factible que se les unan el próximo año Líbano, Siria, Irak, Serbia y docenas de otros.   

Y no se detiene en Eurasia. En su oportuno discurso a la CELAC , el presidente chino, Xi Jinping, invitó a no menos de 33 naciones latinoamericanas a formar parte de las Nuevas Rutas de la Seda Eurasia-África-Américas.

Recuerda a los escitas

Irán, como protagonista de la OCS y en el centro de las Nuevas Rutas de la Seda, ha sido restaurado a un papel histórico legítimo. A mediados del primer milenio a. C., los iraníes del norte dominaban el núcleo de las estepas de Eurasia central. En ese momento, los escitas habían emigrado a la estepa occidental, mientras que otros iraníes de la estepa hicieron incursiones tan lejanas como China.  

Los escitas, un pueblo iraní del norte (o «este»), no eran necesariamente guerreros feroces. Ese es un estereotipo burdo. Muy pocos en Occidente saben que los escitas desarrollaron un sofisticado sistema de comercio, como lo describe Herodoto, entre otros, que unía a Grecia, Persia y China.

¿Y por qué es eso? Porque el comercio era un medio fundamental para sustentar su infraestructura sociopolítica. Herodoto se dio cuenta porque en realidad visitó la ciudad de Olbia y otros lugares de Escitia.

Los persas llamaban a los escitas Saka, y eso nos lleva a otro territorio fascinante: los sakas pueden haber sido uno de los principales antepasados ​​de los pastunes en Afganistán. 

¿Qué hay en un nombre – escrito? Bueno, multitudes. La forma griega Scytha significaba «arquero» del norte de Irán. Así que esa era la denominación de todos los pueblos iraníes del norte que vivían entre Grecia en Occidente y China en Oriente.

Ahora imagine una red de comercio internacional muy ocupada desarrollada en todo el corazón, con el enfoque en Eurasia central, por los escitas, los sogdianos e incluso los Xiongnu, que siguieron luchando contra los chinos de forma intermitente, como se detalla en las primeras fuentes históricas griegas y chinas. .

Estos euroasiáticos centrales comerciaban con todos los pueblos que vivían en sus fronteras: eso significaba europeos, asiáticos del sudoeste, asiáticos del sur y asiáticos del este. Fueron los precursores de las múltiples Rutas de la Seda antiguas.

Los sogdianos siguieron a los escitas; Sogdiana era un estado grecobactriano independiente en el siglo III a . C., que abarcaba áreas del norte de Afganistán, antes de que fuera conquistado por nómadas del este que terminaron estableciendo el imperio Kushan, que pronto se expandió hacia el sur hasta la India.

Zoroastro nació en Sogdiana; El zoroastrismo fue enorme en Asia Central durante siglos. Los kushan, por su parte, adoptaron el budismo: y así fue como el budismo llegó finalmente a China.

En el siglo I d.C., todos estos imperios de Asia Central estaban vinculados, a través del comercio a larga distancia, con Irán, India y China. Esa fue la base histórica de las múltiples y antiguas Rutas de la Seda, que unieron a China con Occidente durante varios siglos hasta que la Era de los Descubrimientos configuró el fatídico dominio del comercio marítimo occidental. 

Podría decirse que, incluso más que una serie de fenómenos históricos interconectados, la denominación «Ruta de la Seda» funciona mejor como metáfora de la conectividad intercultural. Eso es lo que está en el corazón del concepto chino de New Silk Roads. Y la gente promedio en todo el corazón lo siente porque está impreso en el inconsciente colectivo en Irán, China y todos los «stans» de Asia Central.

Venganza del corazón

Glenn Diesen, profesor de la Universidad del Sudeste de Noruega y editor de la revista Russia in Global Affairs, se encuentra entre los pocos académicos destacados que están analizando en profundidad el proceso de integración de Eurasia.

Su último libro explica prácticamente toda la historia en su título: Europa como la península occidental de la Gran Eurasia: regiones geoeconómicas en un mundo multipolar.

Diesen muestra, en detalle, cómo una región de la Gran Eurasia, que integra Asia y Europa, se está negociando y organizando actualmente con una asociación chino-rusa en el centro. Los instrumentos de poder geoeconómico de Eurasia están formando gradualmente la base de una superregión con nuevas industrias estratégicas, corredores de transporte e instrumentos financieros. En todo el continente euroasiático, estados tan diferentes como Corea del Sur, India, Kazajstán e Irán están avanzando en varios formatos para la integración de Eurasia ”.

La Asociación de la Gran Eurasia ha estado en el centro de la política exterior rusa al menos desde el foro de San Petersburgo en 2016. Diesen señala debidamente que, “aunque Pekín y Moscú comparten la ambición de construir una región euroasiática más grande, sus formatos difieren. El denominador común de ambos formatos es la necesidad de una asociación chino-rusa para integrar Eurasia «. Eso es lo que quedó muy claro en la cumbre de la OCS.

No es de extrañar que el proceso moleste enormemente al Imperio, porque la Gran Eurasia, liderada por Rusia-China, es un ataque mortal contra la arquitectura geoeconómica del atlantismo. Y eso nos lleva al debate nido de víboras en torno al concepto de «autonomía estratégica» de la UE con respecto a los EE. UU. eso sería esencial para establecer una verdadera soberanía europea y, finalmente, una integración más estrecha dentro de Eurasia.

La soberanía europea es simplemente inexistente cuando su política exterior significa sumisión a la dominatriz de la OTAN. La humillante y unilateral retirada de Afganistán junto con el AUKUS sólo anglosajón fue una ilustración gráfica de que al Imperio le importan un comino sus vasallos europeos.        

A lo largo del libro, Diesen muestra, en detalle, cómo el concepto de Eurasia que unifica a Europa y Asia «ha sido a lo largo de la historia una alternativa al dominio de las potencias marítimas en la economía mundial centrada en los océanos», y cómo «las estrategias británicas y estadounidenses han sido profundamente influenciadas ”por el fantasma de una Eurasia emergente,“ una amenaza directa a su posición ventajosa en el orden mundial oceánico ”.

Ahora bien, el factor crucial parece ser la fragmentación del atlantismo. Diesen identifica tres niveles: el desacoplamiento de facto de Europa y Estados Unidos impulsado por la ascendencia china; las alucinantes divisiones internas en la UE, reforzadas por el universo paralelo habitado por eurócratas de Bruselas; y por último, pero no menos importante, la «polarización dentro de los estados occidentales» provocada por los excesos del neoliberalismo.

Bueno, justo cuando pensamos que estamos fuera, Mackinder y Spykman nos devuelven. Siempre es la misma historia: la obsesión angloamericana de prevenir el surgimiento de un «competidor» (Brzezinski) en Eurasia, o una alianza ( Rusia-Alemania en la era Mackinder, ahora la asociación estratégica Rusia-China) capaz, como dice Diesen, «de luchar por el control geoeconómico lejos de las potencias oceánicas».

Por mucho que los estrategas imperiales sigan siendo rehenes de Spykman, que dictaminó que Estados Unidos debe controlar la periferia marítima de Eurasia, definitivamente no es AUKUS / Quad el que lo va a lograr.

Muy pocas personas, tanto del Este como del Oeste, pueden recordar que Washington había desarrollado su propio concepto de Ruta de la Seda durante los años de Bill Clinton, luego cooptado por Dick Cheney con un giro de Pipelineistan y luego dando vueltas a Hillary Clinton, quien anunció su propia Ruta de la Seda. sueño en la India en 2011.

Diesen nos recuerda cómo Hillary sonaba notablemente como un proto-Xi: “Trabajemos juntos para crear una nueva Ruta de la Seda. No es una vía única como su homónima, sino una red internacional y una red de conexiones económicas y de tránsito. Eso significa construir más líneas ferroviarias, carreteras, infraestructura energética, como el gasoducto propuesto para correr desde Turkmenistán, a través de Afganistán, a través de Pakistán y la India «.

¡Hillary hace Pipelineistan! Bueno, al final, no lo hizo. La realidad dicta que Rusia está conectando sus regiones de Europa y el Pacífico, mientras que China conecta su costa este desarrollada con Xinjiang, y ambas conectan Asia Central. Diesen lo interpreta como Rusia «completando su conversión histórica de un imperio europeo / eslavo a un estado civilizacional euroasiático».

Así que al final volvemos a… los escitas. El concepto predominante de neo-Eurasia revive la movilidad de las civilizaciones nómadas, a través de la mejor infraestructura de transporte, para conectar todo entre Europa y Asia.

Podríamos llamarlo La venganza del Heartland: son los poderes que construyen esta nueva Eurasia interconectada. Dígale adiós al efímero momento unipolar de Estados Unidos posterior a la Guerra Fría.

FUENTE ASIA TIMES

Roberto de la Madrid entrevista a Francisco Javier Fernandez Martinez Lopez desde Madrid y Jorge Santa Cruz desde Mexico. Sobre el tema: EVERGRANDE Aclaran que los supuestos planteos queridos por «occidente» de una supuesta caida de China como ocurrio con el crack de Lehman Brothers 

Estimados no esperen un derrumbe en el corto y mediano plazo de la economía china como anhelan en EEUU; yo diría que es solo eso un anhelo de un país dueño de una descomunal deuda, la mayor del mundo que va perdiendo su hegemonía global. Yo pediría que nos concentremos en ver el creciente acercamiento de China hacia América Latina y el Caribe en términos de influencia y poder competir fuertemente con EEUU en la región, sobe todo en el campo económico y comercial. La estrategia de acercamiento responde a un plan de los chinos que lleva por lo menos 20 años de desarrollo que empezó con el incremento del comercio bilateral, siguiendo luego con las inversiones crecientes en los países, luego los acuerdos mas amplios como los tratados de asociación estratégica integral para la cooperación como el que firmó en 2014 CK con Xi, los acuerdos de adhesión a la iniciativa del Cinturón y la Ruta con la mayoría de los países de la región desde 2016, la cooperación por la pandemia con casi todos ellos ( la llamada ruta de la seda de la salud con gran entrega de vacunas), que hace que Xi sea el único mandatario de un país que no pertenece a la región de un discurso en la sesión inaugural de la reunión 2021 de la CELAC. China si que tiene una política de estado para América de habla hispana, y una paciencia estratégica infinita y no coercitiva para llevarla adelante, el 50% de los capitales de Evergrande es de capitales extranjeros. DOSSIER GEOPOLITICO     http://spanish.news.cn/2021-09/20/c_1310199094.htm 

Parte1

Parte 2

Parte 3

Danny Perez Diaz entrevista al Profesor Sergio Rodriguez Gelfenstein y al director de Dossier Geopolitico Carlos Pereyra Mele

22 mil civiles muertos, y quizás podrían ser más del doble… Esa sería la cifra de las víctimas inocentes que ha dejado la llamada “guerra contra el terrorismo” de Estados Unidos tras el 11-S, según investigaciones de un grupo de monitoreo de daños civiles producidos por acciones militares, llamado Airwars.

Pero no sólo esto representa para muchos algo condenable, sino el hecho de que los propios responsables del daño no hagan un rastreo y cálculo de sus propias acciones, ni mucho menos publiquen datos fidedignos al respecto.

En pocas palabras si no fuera por el trabajo de comunidades locales, sociedad civil y agencias internacionales y humanitarias, números como éstos no saldrían a la luz. Incluso quizás se sigan elevando esas cifras o quizás nunca se dé con el número real de vidas inocentes pérdidas durante 2 décadas de invasión y guerra.

La propia Amnistía Internacional ha condenado la falta de rendición de cuentas de Washington y el hecho de que el Pentágono nunca ha intentado calcular el total de muertes civiles que ha dejado su campaña militar en el lapso de los últimos 20 años.

Lo cierto es que como señalan informes como el de Airwars, poco o nada ha reconocido Washington sus errores, incluso menos lo hacen cuando lanzan sus ofensivas hacia un objetivo que no es el enemigo.

Y aun así, cuando el jefe del Comando Central de EE.UU., general Kenneth McKenzie, reconoció el error de un ataque aéreo estadounidense el 29 de agosto de 2021 contra lo que se suponía era un «núcleo terrorista de Daesh» en Kabul, pero que se terminó saldando con la muerte de 10 civiles inocentes, entre ellos siete niños, deja abierta la pregunta:

Un país con la capacidad tecnológica de EE.UU. y sus potenciales sistemas de radares y detección. ¿Cómo podría justificar cometer errores de este nivel, al confundir a civiles inocentes con elementos terroristas?

En esta edición de Detrás de la Razón por HispanTV, analizamos e interpretamos junto a nuestros expertos en la materia las revelaciones de este informe de Airwars y quienes han pagado con su vida, el costo de guerras interminables que aún se siguen desarrollando desde el terreno o los aires de países en Asia Ocidental. Acompáñenos.

Por Danny Pérez Díaz

IG: @Dannyperezdiaztv

FUENTE DE LA INVESTIGACION: https://airwars.org/news-and-investigations/tens-of-thousands-of-civilians-likely-killed-by-us-in-forever-wars/

Con la pandemia del coronavirus, el cambio climático y la crisis económica global como temas de cabecera para todos los participantes, ha iniciado la 76ª Asamblea General de la ONU. Estos temas afligen a todos en general. Hay otros, que afligen de forma más particular, y que tienen que ver con la guerra intestina de Occidente desatada por EEUU.

AUDIO:

La ONU huele a traición

EEUU y sus socios occidentales tienen que zanjar sus propias cuentas pendientes a causa de recientes cuchilladas traperas que Biden repartió a sus principales socios occidentales por igual: a gran parte de Europa por la estampida que provocó en Afganistán; y justo al borde del inicio de esta cumbre, con la formación de la alianza militar AUKUS, junto a Reino Unido y Australia. Los márgenes de esta Asamblea General de la ONU, tal vez sean un aperitivo de lo que esté por venir.La presente edición de esta cumbre «viene a demostrar que todas estas creaciones post Segunda Guerra Mundial están pasando por un momento de crisis profundísima de identidad y de posibilidad de continuar siendo la estructura para la que supuestamente fue creada, que eran mantener un orden internacional, garantizar que no hubiera conflictos armados, y frenar los despliegues de algunas potencias que podrían ser agresoras para el resto del mundo», advierte el director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereira Mele.En opinión del experto, «en la práctica hemos visto que todo este objetivo que se plantearon los ganadores de la Segunda Guerra Mundial se ha ido diluyendo en el tiempo, y que prácticamente hoy en día es un club social».

El show de Bolsonaro y del ‘sheriff’ de Nueva York

Antes de comenzar el circo, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, hizo su stand-up particular: negacionista declarado, y no inoculado contra el coronavirus, llegó a una ciudad donde no puede entrar a ningún lado ni a pedir un vaso de agua, sin que le pidan el pasaporte Covid.Así las cosas, el mandatario terminó, como cualquier neoyorquino, comiendo pizza de pie en la calle –algo celebrado en Twitter– ya que los restaurantes de la Gran Manzana le prohibieron el ingreso. Pero la anécdota no quedó en la intimidad doméstica que comparte con su círculo. La cosa llegó a las más altas esferas de Nueva York.Así, el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, disparó metralla contra Bolsonaro: «Si no quiere vacunarse, no se moleste en venir aquí. Tenemos que mandar un mensaje a todos los líderes mundiales, incluido más notablemente a Bolsonaro, de Brasil, de que, si quieres venir aquí, tienes que estar vacunado».Entonces, el Ayuntamiento neoyorquino se metió de cabeza en la trifulca: arrogándose patente de corso –por otra parte algo común en cualquier mandatario del país norteamericano–, como un sheriff del mundo en miniatura, comunicó a la ONU que, según las normas municipales, cualquier persona que quiera ingresar al hemiciclo de la Asamblea debería presentar su prueba de vacunación.Y aunque comulga con ese salmo, el organismo lo mandó a tomar viento fresco. Ha dejado claro que el alcalde de Nueva York no tiene autoridad ninguna para exigir algo así a los jefes de Estado y de Gobierno: no puede imponer sus normas en la sede de la ONU, dado su estatus especial, es decir: el terreno donde se encuentra la sede de la ONU, no es territorio de EEUU, sino que es de todos los países que la integran. Un símil a lo que pasa con las Embajadas de cada país.Pereira Mele cree que esta primera reunión presencial tras el inicio de la pandemia es una clara demostración de que la ONU se ha convertido en un club. «Ver la actitud patética de un Bolsonaro teniendo que comer en la calle porque no lo dejan entrar en un restaurante porque no está vacunado, por ejemplo. Esto nos demuestra evidentemente esas contradicciones en las que se está viviendo en este período en que la pandemia parece mostrar una baja en los niveles de agresividad de la enfermedad».

Prof. Lic. Carlos Pereyra Mele en los Estudios Centrales de Radio Sputnik Moscu

Carlos Pereyra Mele en el Programa «Al caer la Tarde» por radio LT7 Corrientes «El despliegue norteamericano es solamente de tipo militar y hoy en día ya no solamente eso es algo caduco.
Hoy en día quien maneje la inteligencia artificial, quien maneje el 5g, quien maneje la tecnología de punta es el que se lleva, realmente, todo el podio de los ganadores. Y en esa área China había sacado 5 años de ventaja a EE. UU. Todo lo de mas es muy discutible…»
«China sigue adelante con su proyecto de la nueva ruta de la seda que esta tremendamente avanzado y que no lo pueden frenar. 

AUDIO

Prof. Lic. Carlos Pereyra Mele

Webinar para analizar la actual dinámica geopolítica y las relaciones internacionales con expertos de Brasil, Argentina y Rusia. El director Ejecutivo de Dossier Geopolitico Prof. Lic. Carlos Pereyra Mele participara del Panel de invitados por el Lab GRIMA (Laboratório de Geopolítica, Relações Internacionais e Movimentos Antissistêmicos (LabGRIMA) da UFPEL.

Certificados para los participantes inscritos (formulario Google abierto durante el evento)

16 años promoviendo semanalmente la Geopolitica; Análisis Radial Semanal de Geopolitica de Carlos Pereyra Mele para el Programa: el Club de la Pluma, que conduce el periodista Norberto Ganci por la Radio Web al Mundo. 

Eje Central:

Sigue profundizandose el conflicto entre Atlantistas (EEUU y socios, con gran division entre ellos) y los Continentalistas (China y sus socios) 

AUDIO:

La columna semanal del Club de Pluma, que presenta el director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele se inicia con la 6ª edición de la cumbre del CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe) formada por 33 países de la región, y que se celebra en México con la presencia de jefes de estado y cancilleres, y con una estrategia de autonomía y de cambio en la relación de poder entre Latinoamérica y EEUU, alejándose de su tutela y alentado la colaboración, el desarrollo y la armonía entre “los pueblos de las Américas” en igualdad de condiciones y en contraposición a la muy cuestionada OEA. Un organismo al servicio de Washington bajo la doctrina de “América para los norteamericanos”, y que es el brazo comunicante que impone sus intereses en lo que llaman su “patio trasero”. La CELAC fue impulsada en 2011 por el presidente Hugo Chávez, y actualmente la preside México, hasta fin de año, que será cuando Argentina tome el relevo. La cumbre tiene como temas de trabajo a la lucha contra la pandemia y a la recuperación económica. 

A continuación, Pereyra Mele viaja a las antípodas de nuestra región, precisamente al Indo-Pacífico, para abordar un acontecimiento de profunda importancia geoestratégica en el mundo, como lo es el Tratado AUKUS, firmado este 15 de septiembre, por Australia, Reino Unido de la Gran Bretaña y Estados Unidos de Norteamérica , sobre cooperación militar, seguridad y defensa, en su obsesión por frenar la expansión Geopolitica y Comercial de China con estructuras militares y amenazas bélicas. 

Un acuerdo que quiebra la frágil unidad del bloque atlantista porque hunde a Europa en el desprecio, expulsándola del primer nivel internacional, que echa por tierra un contrato de 60 mil millones de dólares entre Francia y Australia para la fabricación de 12 submarinos, y que impone el suyo de 9 submarinos nucleares. Y así, mientras Francia denuncia a los cuatro vientos «la puñalada en la espalda», Europa va entendiendo cómo EEUU abandona a sus socios históricos y también a los de Medio Oriente, cómo quedó demostrado con el desastre de Afganistán. Lo que pone encima de  la mesa la frase de Henry Kissinger de que «PUEDE SER PELIGROSO SER ENEMIGO DE EEUU, PERO ES FATAL SER SU SOCIO». Y cómo en una película de la mafia, donde la premisa es que «NEGOCIOS SON NEGOCIOS», le dice al viejo continente que, desde Obama para aquí, ya no le importa al Imperio y que la deja fuera del «Plan Pacífico».  

Y Pereyra Mele nos recuerda que aparte de este AUKUS, EEUU también tiene el acuerdo del QUAD, una estructura que comparte con Australia, India y Japón y que define la lista exclusiva de sus socios importantes mientras ignora a todos los miembros de la UE, que despiertan así del sueño de volver a tener la importancia de antaño con la llegada de Biden, que se arrepienten por haber congelado el acuerdo de Cooperación con China de 2020 y de postergar su refuerzo militar por fuera de la OTAN con la no creación de un ejército europeo.

Henry Kissinger : «PUEDE SER PELIGROSO SER ENEMIGO DE EEUU, PERO ES FATAL SER SU SOCIO»

Y entonces, nuestro director analiza el proceso del gasoducto Nord Stream 2, entre Rusia y Alemania, recientemente terminado a pesar de la feroz oposición norteamericana, donde al final se impuso el criterio prudente y estratégico de Merkel para la seguridad energética de Alemania, precisamente cuando el precio de la  electricidad en Europa está por las nubes, gracias a “Los Mercados”, a la especulación del monopolio empresarial y a la escasez de gas. 

Y por último, en otra clase de geografía política nos explica que China no se ha sorprendido con este acuerdo, a pesar de sus protestas por la inseguridad que provoca, que Australia ya está padeciendo las consecuencias con la caída de sus exportaciones al gigante asiático, y nos muestra con detalles su respuesta con el “COLLAR DE PERLAS”, una configuración de puertos y bases navales estratégicos que evitan los controles de pasos y estrechos marítimos en manos de EEUU,  para seguir con su proyecto global de comunicación y búsqueda de rutas hacia Europa, África y América del Sur. 

Eduardo Bonugli (Madrid, 19/09/21)

Las Nuevas rutas: 1ra. por Myanmar (la ex Birmania) hacia el Índico y la 2da. la del  corredor China-Pakistán comienza en la ciudad china de Kashgar, en la región autónoma de Xinjiang-Uigur, y se enlaza con el corredor hacia Asia Central, a través de los puertos de Pakistán en el Océano índico. Evitando los cuellos de botella del estrecho de Malaca que es un largo estrecho de mar del sudeste de Asia localizado entre la costa occidental de la península malaya y la isla indonesa de Sumatra, un importante corredor marítimo que une, al norte, el mar de Andamán, mar marginal del océano Índico, y al sur el estrecho de Singapur. Y el Istmo de Kra es una zona estrecha de tierra que conecta la península de Malaca con el continente asiático del sur. La parte este pertenece a Tailandia, mientras que la zona oeste del mismo pertenece a la región de Tanintharyi, Birmania. Al oeste del istmo atopa al mar de Andamán, ente que al este está el golfo de Tailandia.
VI Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), Palacio Nacional MEXICO D.F.

El nuevo mundo que se está configurando, con un orden internacional cambiante y complejo, que nos está brindando oportunidades impensadas a la Argentina. Si nuestras dirigencias no perciben y entienden este momento del mundo y tratan de insertar a nuestro país en él inteligentemente para evitar que se nos caiga encima, habremos perdido una oportunidad histórica que no estará disponible para siempre. No es posible pensar hoy un modelo de país, si no pensamos dentro de este nuevo mundo que está emergiendo. Perón maestro y estadista nos enseñaba que la política internacional es la política en grande, seria y que la política nacional son asuntos de entrecasa; tan invertido esta esté orden de la cosa hoy, que prácticamente la política ha desaparecido sepultada por la anti política que es el reino de la no idea y su práctica es el vuelo gallináceo y gana el que mejor lo practica. Los argentinos debemos darnos a la tarea de recuperar la política como la más alta expresión de la ética humana puesta al servicio del bien común. como un acto de servicio hacia los demás, para superar nuestra viciosa «politización» y conquistar una «cultura política» como nos enseñaba Perón. Laboriosa empresa, pero necesaria para poder volver a pensar en grande y poder recuperar la grandeza. Dr. Antonio Mitre Colaborador de Dossier Geopolitico

POLITICA INTERNACIONAL

Los EEUU luego de su retiro y abandono de Afganistán y del Asia Central, está reformulando su presencia y su rol en el Asia Occidental para preocupación de sus aliados regionales, en particular Israel. Los estados de la región deberán readaptarse a esta nueva situación. Con el telón de fondo de la debilidad y decadencia progresiva, la nueva administración estadounidense, se enfoca en los intereses vitales de los EEUU.

EEUU está buscando un nuevo lugar en el mundo que emerge, tratará de adaptarse a él y para ello hará los cambios necesarios y posibles. Entre otras cosas no se empantanará en conflictos abiertos en ninguna región.

APARECE LA DOCTRINA BIDEN EL GOLFO PÉRSICO

Por M.K.Bhadrakumar 13 de setiembre

Los signos incipientes de una reducción de Estados Unidos en Arabia Saudita han aparecido en una serie de movimientos en las últimas dos o tres semanas. En una vía paralela, la Administración Biden tiene en cuenta que el nuevo gobierno iraní está regresando a la mesa de negociaciones en Viena sobre cuestiones nucleares.

Las maniobras interconectadas se basan, indirectamente al menos en este punto, en un alivio esperado de las tensiones entre Estados Unidos e Irán en un futuro concebible.

Sin duda, la Administración Biden acaba de hacer una gran declaración en sus estrategias regionales en Asia occidental al eliminar el sistema de defensa antimisiles más avanzado de EE. UU. y las baterías Patriot desplegadas en Arabia Saudita para contrarrestar a Irán y enfrentar los ataques aéreos de los rebeldes hutíes de Yemen. 

Riad ya mostró su disgusto al cancelar abruptamente una visita programada al reino del secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin. 

El Pentágono citó «problemas de programación» como la razón, pero el aplazamiento se produjo cuando Austin ya estaba en la región en ruta a Arabia Saudita después de visitar Qatar, Bahrein y Kuwait. 

La agencia de noticias oficial de Irán, IRNA, se ha apresurado a concentrarse en nuevos movimientos de Estados Unidos en Arabia Saudita. Un comentario de IRNA el domingo se titula ¿Tiene la intención de EE.UU. retirar 20 mil soldados de Arabia Saudita? 

Mientras tanto , en una intrigante coincidencia el viernes, la Administración Biden desclasificó un informe del FBI de 16 páginas que vinculaba a los secuestradores del 11 de septiembre con ciudadanos saudíes que vivían en Estados Unidos. La NPR ha comentado: 

«El informe parcialmente redactado muestra una relación más estrecha de la que se conocía anteriormente entre dos saudíes en particular, incluido uno con estatus diplomático, y algunos de los secuestradores … Si bien la Comisión fue en gran medida incapaz de vincular a los hombres saudíes con los secuestradores, el documento del FBI describe múltiples conexiones y llamadas telefónicas   Aunque el documento del FBI no establece ningún vínculo directo entre los secuestradores del 11 de septiembre y el gobierno de Arabia Saudita en su conjunto, valida los argumentos en esa dirección y, junto con la evidencia pública recopilada hasta la fecha, proporciona un modelo de cómo Al Qaeda operaba dentro de los EE. UU. con el apoyo activo y consciente del gobierno saudí. Lee mas

Curiosamente, secciones muy influyentes de los medios de comunicación iraníes también han informado que Estados Unidos ha evacuado tres de las 13 bases militares estadounidenses en Siria en las últimas semanas.

Por supuesto, estos son los primeros días, pero si la retirada de las tropas continúa, los principales perdedores serán los kurdos sirios, pero los estados regionales también serán llamados a adaptarse a las nuevas realidades en Siria. 

Teherán seguirá de cerca los desarrollos posteriores. En pocas palabras, en este complejo telón de fondo regional, el nuevo gobierno del presidente Ebrahim Raisi ha demostrado una notable flexibilidad para resolver el desacuerdo sobre el retraso en el mantenimiento del equipo de monitoreo en el sitio nuclear de Natanz por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica [OIEA]. 

La declaración conjunta emitida en Teherán el domingo después de una visita del Director General del OIEA, Rafael Grossi, dice: “Los inspectores del OIEA pueden reparar el equipo identificado y reemplazar sus medios de almacenamiento que se mantendrán bajo los sellos conjuntos del OIEA y AEOI en la República Islámica. de Irán. La forma y el momento los acuerdan las dos partes «. 

Esto puede parecer un paso de bebé incipiente, pero la discordia amenazó con convertirse en una bola de nieve en un enfrentamiento en la Junta de Gobernadores de 35 naciones de la AIEA esta semana en el que las potencias occidentales amenazaban con buscar una resolución que criticara a Irán por obstaculizar al organismo de control de la ONU. (El tono optimista de los comentarios públicos de Grossi en Teherán fue evidente).

De hecho, también tiene un significado más profundo, ya que no solo es la primera decisión importante de política nuclear adoptada por Raisi, sino que transmite una actitud constructiva. De hecho, Teherán se está preparando para la demorada séptima ronda de negociaciones nucleares en Viena. 

Lo que hace que esto sea aún más significativo es que Rusia se está coordinando con Estados Unidos para instar a Irán a avanzar en esta dirección. El viceministro de Relaciones Exteriores, Sergey Ryabkov, dijo en Moscú el jueves que las formas de reanudar las negociaciones en Viena se discutieron durante las conversaciones con el enviado especial de Estados Unidos para Irán, Robert Malley, del 8 al 9 de septiembre. Él dijo,

«Es importante destacar que compartimos con los estadounidenses un entendimiento sobre la necesidad de seguir avanzando en las negociaciones, que deben reanudarse desde el punto en que las partes se detuvieron en junio, cuando se interrumpieron las negociaciones».  

Rusia, por supuesto, va a la liga extra para navegar las conversaciones nucleares. En un gesto significativo hacia el gobierno de Raisi, Rusia ha asignado un préstamo de $ 5 mil millones a Irán para el desarrollo de la planta de energía nuclear de Bushehr y algunos otros proyectos. 

Curiosamente, estos proyectos incluyen la implementación del ferrocarril Incheboron-Zahedan, que se espera que conecte la red ferroviaria rusa con los puertos iraníes de Bandar Abbas y Chabahar. 

Sin duda, Rusia está ayudando a que los planes de Irán emerjan como un centro de conectividad regional entre el Golfo Pérsico, África y Asia del Sur con Afganistán y Asia Central y Eurasia en general.  

Es una estimación realista de que Moscú está en el proceso de mejorar la trayectoria de la cooperación económica ruso-iraní a la espera del levantamiento de las sanciones contra Irán.  El presidente Putin no aspirará a ser el nuevo alguacil en Asia occidental ni se complacerá con la grandilocuencia, pero Moscú tampoco dejará de notar que la retirada de Estados Unidos de Arabia Saudita y un acuerdo nuclear entre Estados Unidos e Irán pueden abrir nuevas vías para promover los intereses rusos. . 

Por lo tanto, si bien una forma de ver el nuevo acuerdo de cooperación militar ruso-saudí firmado en Moscú el 24 de agosto podría ser que Riad está mostrando su voluntad de diversificar sus relaciones de defensa más allá de su enfoque desde hace mucho tiempo en los EE. UU., Sin lugar a dudas, también sirve como un signo de crecimiento entre el Kremlin y el reino.

El acuerdo fue firmado por el viceministro de Defensa de Arabia Saudita, el príncipe Khalid Bin Salman, que también es el hermano menor del poderoso príncipe heredero Mohammed bin Salman.   

Todos estos sucesos sucesivos a lo largo de las últimas dos semanas «posteriores a Afganistán», tomados en conjunto, presagian vientos de cambio que soplan en la región del Golfo. 

Parece que la Doctrina Biden está fuera de la mesa de dibujo, una característica clave es el enfoque en los intereses nacionales vitales de Estados Unidos. 

Fundamentalmente, el patrón que está surgiendo en el llamado Gran Medio Oriente es que Estados Unidos está buscando un nuevo lugar en el mundo y no se empantanará en conflictos abiertos en ninguna región. 

Dicho de otra manera, aparte de las perspectivas para la conclusión de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán sobre el tema nuclear claramente mirando hacia arriba, está apareciendo en el horizonte todo un espectro de opciones estratégicas. 

Los informes de Teherán sugieren que el nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Hossein Amir-Abdollahian, planea visitar Nueva York a finales de este mes para asistir a la Asamblea General anual de la ONU. Tradicionalmente, es una ocasión en la que la diplomacia de Irán dispara todos los cilindros.

Amir-Abdollahian no es ajeno a los funcionarios estadounidenses.  Es un diplomático experimentado que trabajó para el Ministerio de Relaciones Exteriores de 2005 a 2016. Había participado en las conversaciones con Estados Unidos en 2007 en Bagdad, lo que lo llevó a uno de esos raros momentos en los que las dos partes pudieron desarrollar un terreno común y una relación de trabajo pragmática en Irak basada en la convergencia de intereses.

Por qué los Estados Unidos fracasaron en Afganistán Por Henry Kissinger

La toma del TALIBÁN de Afganistán centra la preocupación inmediata en la salida de decenas de miles de estadounidenses, aliados y afganos varados por todo el país. Su rescate debe ser nuestra prioridad urgente. La preocupación más fundamental, sin embargo, es cómo los Estados Unidos se vio obligado a retirarse en una decisión tomada sin mucha advertencia o consulta con los aliados o las personas más directamente involucradas en 20 años de sacrificio. Y por qué el desafío básico en Afganistán se ha concebido y presentado al público como una opción entre el control total de Afganistán o la retirada completa.

Un problema subyacente ha perseguido nuestros esfuerzos de contrainsurgencia desde Vietnam hasta Irak durante más de una generación. Cuando los Estados Unidos arriesga la vida de sus militares, pone en juego su prestigio e involucra a otros países, debe hacerlo sobre la base de una combinación de objetivos estratégicos y políticos. Estratégico, para dejar claras las circunstancias por las que luchamos; político, para definir el marco de gobierno para sustentar el resultado tanto dentro del país en cuestión como a nivel internacional.

Los Estados Unidos se ha desgarrado en sus esfuerzos contrainsurgentes debido a su incapacidad para definir metas alcanzables y vincularlas de una manera que sea sostenible para el proceso político estadounidense. Los objetivos militares han sido demasiado absolutos e inalcanzables y los políticos demasiado abstractos y esquivos. El hecho de no vincularlos entre sí ha involucrado a los Estados Unidos en conflictos sin puntos terminales definibles y ha provocado que internamente disolvamos el propósito unificado en un pantano de controversias domésticas.

Entramos en Afganistán en medio de un amplio apoyo público en respuesta al ataque de al-Qaeda contra los Estados Unidos lanzado desde el Afganistán controlado por los talibanes. La campaña militar inicial se impuso con gran efectividad. Los talibanes sobrevivieron, fundamentalmente, en santuarios paquistaníes, desde los que llevaron a cabo la insurgencia en Afganistán con la ayuda de algunas autoridades paquistaníes.

Pero mientras los talibanes huían del país, perdimos el enfoque estratégico. Nos convencimos de que, en última instancia, el restablecimiento de las bases terroristas sólo podría evitarse transformando a Afganistán en un Estado moderno con instituciones democráticas y un gobierno que gobernara constitucionalmente. Tal empresa no podría tener un calendario conciliable con los procesos políticos estadounidenses. En 2010, en un artículo de opinión en respuesta a un aumento de tropas, advertí contra un proceso tan prolongado y entrometido como para poner incluso a los afganos no yihadistas en contra de todo ese esfuerzo.

Porque Afganistán nunca ha sido un Estado moderno. La estadidad presupone un sentido de obligación común y centralización de la autoridad. El suelo afgano, rico en muchos elementos, carece de estos. La construcción de un Estado democrático moderno en Afganistán donde el mandato del gobierno se ejecute uniformemente en todo el país implica un período de tiempo de muchos años, de hecho décadas; esto va en contra de la esencia geográfica y etnorreligiosa del país. Fue, precisamente, la fragilidad, la inaccesibilidad y la ausencia de una autoridad central en Afganistán lo que lo convirtió en una base atractiva para las redes terroristas en primer lugar.

Aunque una entidad afgana distinta se remonta al siglo XVIII, sus pueblos constituyentes siempre se han resistido ferozmente a la centralización. La consolidación política y especialmente militar en Afganistán se ha desarrollado a lo largo de líneas étnicas y de clanes, en una estructura básicamente feudal donde los agentes decisivos del poder son los organizadores de las fuerzas de defensa de los clanes. Por lo general, en un conflicto latente entre ellos, estos caudillos se unen en amplias coaliciones, principalmente, cuando alguna fuerza externa, como el ejército británico que invadió en 1839 y las fuerzas armadas soviéticas que ocuparon Afganistán en 1979, busca imponer centralización y coherencia.

Tanto la calamitosa retirada británica de Kabul en 1842, en la que sólo un europeo escapó de la muerte o el cautiverio, como la trascendental retirada soviética de Afganistán en 1989 fueron provocadas por una movilización temporal entre los clanes. El argumento contemporáneo de que el pueblo afgano no está dispuesto a luchar por sí mismo no está respaldado por la historia. Han sido feroces luchadores por sus clanes y por su autonomía tribal.

Con el tiempo, la guerra adquirió la característica ilimitada de campañas de contrainsurgencia anteriores en las que el apoyo interno estadounidense se debilitó progresivamente con el paso del tiempo. Básicamente, se logró la destrucción de las bases de los talibanes. Pero la construcción de una nación en un país devastado por la guerra absorbió fuerzas militares sustanciales. Los talibanes podrían ser contenidos pero no eliminados. Y la introducción de formas de gobierno desconocidas debilitó el compromiso político y aumentó la corrupción ya generalizada.

Afganistán repitió así patrones previos de controversias domésticas estadounidenses. Lo que el lado contrainsurgente del debate definió como progreso, el político lo trató como un desastre. Los dos grupos tendieron a paralizarse mutuamente durante las sucesivas administraciones de ambos partidos. Un ejemplo es la decisión de 2009 de acoplar un aumento de tropas en Afganistán con un anuncio simultáneo de que comenzarían a retirarse en 18 meses.

Lo que se había descuidado era una alternativa concebible que combinara objetivos alcanzables. La contrainsurgencia podría haberse reducido a la contención, más que a la destrucción, de los talibanes. Y el curso político-diplomático podría haber explorado uno de los aspectos especiales de la realidad afgana: que los vecinos del país, incluso cuando se oponen entre sí y, ocasionalmente, contra nosotros, se sienten profundamente amenazados por el potencial terrorista de Afganistán.

¿Habría sido posible coordinar algunos esfuerzos comunes de contrainsurgencia? Sin duda, India, China, Rusia y Pakistán a menudo tienen intereses divergentes. Una diplomacia creativa podría haber destilado medidas comunes para superar el terrorismo en Afganistán. Esta estrategia es la forma en que Gran Bretaña defendió los accesos terrestres a la India en todo el Medio Oriente durante un siglo sin bases permanentes; pero con una disposición permanente para defender sus intereses, junto con partidarios regionales ad hoc.

Pero esta alternativa nunca se exploró. Habiendo hecho campaña contra la guerra, los presidentes Donald Trump y Joe Biden emprendieron negociaciones de paz con los talibanes a cuya extirpación nos habíamos comprometido e indujeron a los aliados a ayudar, por  20 años. Estos, ahora, han culminado en lo que equivale a una retirada estadounidense incondicional por parte de la administración Biden.

Describir la evolución no elimina la insensibilidad y, sobre todo, la brusquedad de la decisión de retirada. Los Estados Unidos no puede escapar de ser un componente clave del orden internacional debido a sus capacidades y valores históricos. No puede evitarlo retirándose. La forma de combatir, limitar y superar el terrorismo, potenciada y apoyada por países con una tecnología cada vez más sofisticada y que se amplía a sí misma, seguirá siendo un desafío mundial. Debe ser resistido por intereses estratégicos nacionales junto con cualquier estructura internacional que podamos crear mediante una diplomacia acorde.

Debemos reconocer que no hay disponible ningún movimiento estratégico dramático en el futuro inmediato para contrarrestar este revés autoinfligido, como hacer nuevos compromisos formales en otras regiones. La imprudencia estadounidense agravaría la decepción entre los aliados, alentaría a los adversarios y sembraría confusión entre los observadores.

La administración de Biden, aún, se encuentra en sus primeras etapas. Debería tener la oportunidad de desarrollar y mantener una estrategia integral compatible con las necesidades nacionales e internacionales. Las democracias evolucionan en un conflicto de facciones. Alcanzan la grandeza por sus reconciliaciones.

Henry Kissinger es un exsecretario de estado estadounidense y asesor de seguridad nacional.

https://www.economist.com/by-invitation/2021/08/25/henry-kissinger-on-why-america-failed-in-afghanistan

El ascenso de China significa la caída de Estados Unidos Por Paul Kennedy

Nada ha consumido más a los pensadores de la política exterior a lo largo de los años que la cuestión de si Estados Unidos está en un declive irreversible como potencia mundial. Los recientes acontecimientos en Afganistán, que marcan otra retirada estadounidense de Asia, sin duda, alimentan ese sentimiento.

Pero un problema a más largo plazo para los políticos estadounidenses es el aumento constante del poder chino. ¿Está el país a punto de superar a los Estados Unidos y cuáles son los mejores criterios económicos y militares para medir tal transición en los asuntos mundiales? ¿No está China plagada de problemas internos, sólo parcialmente disfrazados por las inteligentes relaciones públicas de un estado autoritario? ¿O acabó la era de Pax Americana, para ser reemplazada por el siglo asiático?

Probablemente no sea prudente apresurarse a un «sí» inmediato a la última pregunta. Gran parte de los Estados Unidos y el mundo sigue igual que en la década de 1980 cuando escribía “El ascenso y la caída de las grandes potencias” (Random House, 1987). También es cierto que hubo períodos en los últimos 40 años en los que la posición relativa de los Estados Unidos pareció haberse recuperado nuevamente, a mediados de la década de 1990, después del colapso de la Unión Soviética y en 2003, después del aplastamiento de Saddam Hussein, el líder de Irak. Sin embargo, esas recuperaciones siempre fueron de corta duración, en comparación con varias cosas importantes que han cambiado, y no en beneficio de los Estados Unidos. Considere tres cambios significativos de más largo plazo: en las relaciones internacionales, en la fuerza militar y en el poder económico.

La primera es que la constelación de fuerzas político-estratégicas ha cambiado desde el mundo bipolar de la guerra fría de hace medio siglo, cuando los Estados Unidos se enfrentaban solo a una Unión Soviética en declive. El sistema internacional, ahora, comprende cuatro o quizás cinco Estados muy grandes. Ninguno de ellos puede, ni a través del poder duro ni del poder blando, obligar a los demás a hacer lo que no quieren hacer.

Ya había evidencia de este cambio hacia un mundo multipolar cuando estaba redactando el último capítulo de “Rise and Fall” a mediados de la década de 1980. Pero ahora, en la tercera década de este siglo, el panorama global parece mucho más variado, con varios Estados-Nación grandes en la cima (China, Estados Unidos, India y Rusia), seguidos por la Unión Europea y Japón, e incluso por Indonesia e Irán.

Esto marca una redistribución muy significativa del poder mundial, por lo que simplemente no es suficiente afirmar, si es correcto, que los Estados Unidos sigue siendo el número uno: porque incluso si es el gorila más grande de la jungla, es solo uno más en un montón de gorilas! Y es irrelevante para el argumento decir que la posición de Rusia se ha encogido incluso más que la de Estados Unidos, cuando ambos han perdido terreno relativamente, que es, después de todo, de lo que trata la teoría realista de las grandes potencias.

El segundo cambio es que las fuerzas armadas de los Estados Unidos son considerablemente más pequeñas y más antiguas que en la década de 1980. ¿Cuánto tiempo, en realidad, puede la Fuerza Aérea seguir remendando y volando sus notables bombarderos B-52 de 70 años, que son más viejos que todos sus oficiales en actividad? ¿Y cuánto tiempo puede la Marina seguir renovando sus destructores Arleigh Burke de 30 años de antigüedad? Incluso si fue solo una vergüenza temporal tener al Pacífico occidental despojado de portaaviones en mayo pasado cuando el grupo del USS Eisenhower estaba cubriendo el inicio de la retirada afgana, el hecho es que la Armada tiene hoy menos portaaviones operativos de los que tenía 40 años atrás.

Como el Pentágono despliega regularmente sus barcos en diferentes regiones, es posible que el país simplemente no tenga suficientes para cumplir con sus numerosos compromisos globales. Para el historiador, entonces, los Estados Unidos se parece bastante al antiguo modelo de los Habsburgo, con unas fuerzas armadas grandes, aunque fatigadas, repartidas en demasiadas regiones. Y la derrota de los Estados Unidos en Afganistán, que dejó equipo militar esparcido por gran parte de ese país, también se parece a los Habsburgo.

Mientras tanto, China parece estar mostrando sus músculos en todas partes. Y detrás de la cuestión del tamaño de las fuerzas armadas de los Estados Unidos se esconde un problema mayor: si la era de las armas como los aviones tripulados y los buques de guerra de gran superficie no está pasando y puede haber desaparecido para el 2040. Uno tiene la corazonada de que con algunos drones dominando el campo de batalla o el océano se los podrá controlar en el futuro, las probabilidades entre los Estados Unidos y adversarios como China, Rusia o Irán pueden cambiar porque la ventaja de sus propios soldados mejor entrenados desaparecerá. Las revoluciones militares del pasado tendieron a beneficiar a los Estados Unidos; la siguiente puede que no.

¿Pueden los Estados Unidos pagar el precio de mantenerse a la cabeza? Debe preguntarse con franqueza qué porcentaje de su producto interno bruto se necesitaría para tener un ejército que cumpla con las muchas obligaciones del país (actualmente gasta alrededor del 3,5%). Incluso el 4% del PIB no sería suficiente y, si bien el 6% podría hacerlo, sería un precio tan enorme que se puede escuchar gritar tanto a los economistas como al Congreso.

Pero, ¿qué más podría hacer una futura administración estadounidense si —una idea desagradable, apenas discutida— China decidiera gastar mucho, mucho más? ¿Qué pasaría si su líder autocrático, Xi Jinping, decidiera que ha  llegado el momento de que China destinara el 5% o más de su PIB en aumento a sus fuerzas armadas? Este es un escenario que, simplemente, no estaba presente hace medio siglo, y nadie en Washington parece querer hablar de ello.

Esto plantea el tercer cambio y un factor crítico de poder: la fuerza económica relativa. La mayor transformación global desde la década de 1980 se ha producido en el tamaño de la economía china actual en comparación con la de los Estados Unidos. Cualesquiera que sean las preguntas válidas que se puedan plantear sobre el poder económico de China, como sus estadísticas poco fiables, una fuerza laboral futura cada vez más reducida, etc., el hecho es que todavía crece a un ritmo más rápido, tanto antes como después del Covid-19. Su economía, medida en términos de PIB ajustado por paridad de poder adquisitivo, ya es tan grande como la de los Estados Unidos.

Esta es una estadística asombrosa y apunta a una condición que no existía desde la década de 1880, cuando la economía estadounidense superó a la británica. Durante todo el siglo XX, la economía estadounidense fue, aproximadamente, de dos a cuatro veces mayor que la de cualquiera de las otras grandes potencias. Los Estados Unidos era, aproximadamente, diez veces más grande que Japón cuando Pearl Harbor fue atacado y tres veces más grande que Alemania cuando Hitler le declaró la guerra precipitadamente.

Esa condición única está terminando y se está produciendo un cambio asombroso en los asuntos mundiales debido a la combinación del tamaño demográfico y de la prosperidad creciente de China. Con una población de 1.400 millones en comparación con los 330 millones de los Estados Unidos, sus ciudadanos solo necesitan obtener la mitad de los ingresos del estadounidense promedio para que su economía total sea el doble. Eso le daría a China una enorme cantidad de fondos para futuros gastos de defensa. Ni un presidente demócrata ni republicano podrían hacer mucho al respecto.

Aquí, como venganza, sería un episodio más de “El ascenso y la caída de las grandes potencias”. Quizás todo lo que el presidente Xi necesita hacer, imitando a Deng, es evitar errores y dejar que la economía y la capacidad militar de China crezcan, década tras década. Esto presentaría el mayor desafío que los Estados Unidos pueda enfrentar: otro tipo en la cuadra tan grande como él mismo.

Paul Kennedy es profesor de historia en la Universidad de Yale y autor o editor de 19 libros. Actualmente está trabajando en una nueva edición de “El ascenso y la caída de los grandes poderes”.

https://ucpnz.co.nz/2021/09/01/paul-kennedy-on-whether-chinas-rise-means-americas-fall/?lang=en

Traducción de ambos artículos: Carlos Pissolito
Fuente: https://espacioestrategico.blogspot.com/2021/09/afganistan-que-dicen-los-expertos.html