Vivíamos en un mundo dominado por Estados Unidos pero que de cierto modo estaba organizado por tratados internacionales. Sin embargo, eso se está viniendo abajo.

Los países más poderosos están haciendo valer su potencial y cada vez más crean sus propias reglas.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por ejemplo, ha declarado en alguna ocasión que “rechaza la idea de la globalización”.

Controlar territorios es un concepto importante para los Estados más poderosos. Eso les brinda poder económico y apoyo militar.

Se trata de un juego geopolítico que ya vaticinó un geógrafo británico nacido en el siglo XIX llamado Halford John Mackinder.

Mackinder diseñó una teoría en 1904 que marcó profundamente la geopolítica durante décadas el siglo pasado y que ahora parece estar nuevamente de vuelta.

En aquella época, los océanos eran dominados por la marina británica, lo cual era crucial para que una isla como Gran Bretaña sostuviera su gran imperio.

Sin embargo, Mackinder pensó que esta situación se encontraba amenazada y fue ahí donde comenzó a profundizar sobre lo que él llamaba el “Heartland” (Corazón de la Tierra) de Eurasia.

Esta zona abarcaba las áreas agrícolas de la parte europea de Rusia, se extendía por vastos territorios hasta Asia central y llegaba hasta los bosques y las llanuras de Siberia, un territorio rico en recursos sin explotar como el carbón, la madera y otros minerales.

Mackinder pensó que un área tan extensa y rica, que a la vez podía ser recorrida con un sistema ferroviario, era una zona clave para los países con ansias de poder.

Advertencia

Quince años después, tras la Primera Guerra Mundial, los líderes se reunieron en una conferencia de paz en Versalles para rediseñar las fronteras del mundo, expandir la democracia y acabar la guerra para siempre.

Pero Mackinder pensó que para poder llevar eso a cabo había que afrontar la realidad geográfica y tomar ciertas precauciones. De lo contrario, temía, le dejarían la puerta abierta a Rusia o Alemania para dominar el Heartland y convertirlo en una base militar gigante.

Desde allí, el poder de Heartland podía construir una flota indestructible, derrotar a la poderosa narina británica y finalmente dominar Eurasia y África y convertirse en la “Isla del Mundo”.

Eso significaba que Europa y Rusia debían mantenerse divididas. Mackinder escribió esta teoría en un libro que llamó “Ideales democráticos y realidad”.

“Quien domina el este de Europa, domina Heartland, quien domina Heartland, reina en la ‘Isla del Mundo’, quien domina la ‘Isla del Mundo’, gobierna el mundo entero”, según la teoría de Mackinder.

Inspiración nazi

En Múnich, otro geógrafo y veterano de guerra llamado Karl Haushofer estaba estudiando los trabajos de Mackinder.

Haushofer temía y odiaba el victorioso Imperio británico, al que veía como un estrangulador mundial. Así que convirtió la Teoría Heartland de Mackinder en una estrategia.

Pensó que su país, humillado tras la gran guerra, podía formar una gran alianza con Rusia y Japón y así cortar los tentáculos del poder naval británico.

Esta teoría intrigó a uno de los estudiantes de Haushofer, Rudolf Hess, quien era miembro del nuevo partido nacional-socialista.

En 1923, intentaron tomar el poder, pero Hess terminó en la cárcel. Allí lo visitó Haushofer para ofrecerle tutorías tanto a él como a su compañero de prisión, el líder nazi Adolf Hitler.

En 1933, los nazis consiguieron llegar al poder. Y en 1939, el ministro de Exteriores nazi y su homólogo soviético sorprendieron al mundo firmando un pacto de no agresión.

Haushofer estaba feliz. Pensaba que se trataba del nacimiento del gran poder territorial entre Rusia y Alemania que había soñado.

Inmediatamente después de las noticias del pacto, la revista británica New Statesman publicó un artículo para demostrar cómo los nazis habían realizado sus planes geopolíticos a través de las ideas de Haushofer, a su vez inspiradas por Mackinder.

Fuera cierto o no, la idea de que Mackinder había inspirado el pacto se extendió por Estados Unidos. La revista Life desarrolló un gran reportaje mapeando las ideas de Mackinder y explicandos cómo sus conceptos estaba siendo usados por los nazis y cómo los estadounidenses debían estudiarlo.

Hollywood también se interesó por esta teoría, representando en un filme las reuniones entre Haushofer y Hess. En la cinta, presentaba a Haushofer como un genio malvado a cargo un gran Instituto de Geopolítica que supuestamente estaba detrás de los “planes de destrucción” nazis.

En Estados Unidos, “geopolítica” se convirtió en otra palabra para calificar el fanatismo germánico.

La propaganda de la industria cinematográfica estadounidense contó a su audiencia que la teoría de Mackinder era la base de la estrategia de Hitler.

La idea de que su teoría inspiró a los nazis perturbó a Mackinder. En 1943, la revista estadounidense Foreign Affairs se puso en contacto con él para preguntarle por su opinión geopolítica sobre el curso de la Segunda Guerra Mundial.

Durante la entrevista, Mackinder advirtió que “si la Unión Soviética salía de la contienda como conquistadora de Alemania, se convertiría en la gran potencia terrestre del mundo”.

En 1945, Alemania se hundió. El régimen nazi se rindió de forma incondicional y el país fue divido en dos zonas por los aliados.

El modelo de Mackinder pasó a presagiar el enfrentamiento Este-Oeste de la Guerra Fría. Occidente y la Unión Soviética se convirtieron en enemigos otra vez.

Después de que fuerzas prosoviéticas absorbieran Polonia, Hungría, Rumanía y otros países, el poder que dominaba el este de Europa y Heartland no era Alemania, sino la Unión Soviética.

En las universidades de la Liga Ivy de EE.UU., los académicos ya habían impulsado el estudio de los trabajos de Mackinder para confrontar el riesgo de que un país dominara la “Isla del Mundo”.

Ahora que los soviéticos se estaban expandiendo, las ideas de Mackinder llegaron al diplomático estadounidense George Kennan.

Kennan propuso que para prevenir que la URSS dominara la gran masa de tierra euroasiática, había que contenerla de algún modo.

“Amenaza soviética”

El 6 de marzo de 1947 murió Mackinder, pero sus ideas siguieron muy vivas.

Seis días después, el presidente Harry Truman dijo al Congreso de EE.UU. que debían contener a la URSS y ayudar a los países amenazados por la expansión comunista.

De esa forma, el occidente capitalista y el este soviético se enzarzaron en una Guerra Fría durante décadas. 

Estados Unidos estableció una serie de bases alrededor de los bloques dominados por los soviéticos, desde Alemania hasta Italia, Turquía, Corea del Sur y Japón.

Los críticos veían la contención norteamericana como parte de una agresiva e imperialista política exterior. Otros argumentaban que protegía la democracia.

En 1991, los pasos hacia la caída de la URSS habían desencadenado demandas independentistas en varias repúblicas soviéticas. Nada pudo detener la desintegración del bloque socialista del este.

Nuevo enfoque

Terminada la Guerra Fría, la teoría de Mackinder tomó otro matiz.

Tras el abandono del comunismo, la economía rusa estaba atrapada entre viejos y rotos sistemas soviéticos, y la repentina introducción del capitalismo occidental.

El contraste fue agresivo. Y para muchos rusos supuso un caos y una humillación. Entonces, nuevos pensadores políticos comenzaron a emerger.

Uno es un exdisidente de derechas llamado Aleksandr Dugin, quien se involucró profundamente en las ideas de Mackinder para presentar a Rusia como un país encerrado en medio de las ansias de poder de occidente.

En 1997, Dugin expresó sus ideas en un libro llamado The Foundations of Geopolitics, el cual se convirtió en un bestseller.

“En geopolítica, hay dos polos absolutos de poder. Está el poder naval, que pertenece a Occidente, y el poder terrestre, que es Rusia. Hay una pelea por controlar Heartland. Como decía Mackinder, quien controla el este de Europa, controla Heartland. Y quien controla Heartland, domina el mundo”, dijo en una conferencia en Shanghái.

A raíz de su liberación del dominio soviético, varios países del este de Europa hicieron fila para unirse a la OTAN y a la Unión Europea, temerosos de una futura agresión rusa.

Pero si el este de Europa se preocupó de Rusia, Rusia se preocupó de la OTAN.

Dugin utilizó la teoría de Mackinder para concluir que Rusia debía moverse hacia la dominación, una vez más, de las antiguas repúblicas soviéticas o “Eurasia”.

Algunos académicos han argumentado que las ideas de Dugin demostraron ser útiles para los líderes rusos que quieren mantenerse fuertes ante lo que consideran un dominio excesivo de occidente.

En 2011, el presidente Vladimir Putin propuso la formación de la Unión Económica Euroasiática. Y en 2014, en la ceremonia celebrada en Astaná, la capital de Kazajistán, se firmó un acuerdo entre este país, Bielorrusia y Rusia.

Pronto se unieron otras ex repúblicas soviéticas, pero la situación se agravaría en 2013.

Ese año, Ucrania estaba en conversaciones para integrarse en la Unión Europea, pero el presidente ucraniano de entonces, Víktor Yanukovich, se retiró del pacto bajo presión rusa.

Manifestantes proeuropeos ocuparon el centro de Kiev, y Yanukovich envió la policía armada y la situación degeneró un conflicto sangriento.

En el este de Ucrania se llevaron a cabo protestas prorrusas que al final se transformaron en una insurgencia apoyada por ese país.

Y en el sur de Ucrania, Rusia aprovechó la oportunidad para anexarse Crimea, la cual, como el este del país, tiene una alta población étnica rusa.

Un nuevo pretendiente

Aunque Rusia controle gran parte de Heartland, no significa que controle la “Isla del Mundo” en su totalidad.

El territorio euroasiático ha sido testigo del crecimiento de un nuevo poder, un nuevo pretendiente al control de la región.

Si Mackinder viviera hoy, quizás estaría preocupado de las extensas redes ferroviarias que China está construyendo a lo largo de todo el continente.

Las relaciones entre China y Rusia son buenas, pero dadas las experiencias del pasado, nada asegura que se mantendrán así en el futuro.

Más de un siglo después de Mackinder, surge la pregunta de si sus teorías forman parte del pasado o siguen vigentes en el presente.

Fuente: BBC en español

https://www.bbc.com/mundo/noticias-51066744?SThisFB

¿Puede el asesinato del general Qasem Soleimani provocar una conflicto armado global? La opinión de un especialista en política internacional

En el siglo 21, los conflictos bélicos tienen características muy diferentes de las que tenían en el 20. La última guerra tradicional que involucró directamente a una potencia occidental fue la segunda invasión a Irak por parte de George Bush hijo, en 2003, que con los años se ha transformado en un nuevo Vietnam para Estados Unidos. 

Si bien conocer los hechos del pasado es fundamental para entender el presente, es un error analizar los acontecimientos haciendo comparaciones históricas que no se condicen con la realidad actual.

El asesinato de Qasem Soleimani, ordenado por Donald Trump, no será comparado, en los libros de historia, con Gavrilo Princip jalando el gatillo contra Francisco Fernando en 1914.

El papel de China

La hegemonía por sobre el resto de los países del globo que pretende China no es necesariamente militar. El gigante asiático prefiere llamar a la prudencia y mirar “por arriba”, sin involucrarse demasiado, en cualquier tipo de conflicto bélico. 

Aunque ha demostrado tener un ejército que si se enfrentara con Estados Unidos podría llegar a provocar una destrucción mundial sin precedentes, es consciente de que su fuerte se encuentra en una dominación tanto comercial como tecnológica que al día de hoy se perfila prácticamente imbatible en el mediano plazo.

Por ello, Xi Jinping es uno de los principales interesados en arreglar cuanto antes cualquier tipo de controversias o, al menos, que pasen lo más lejos posible del patio trasero chino.

Un mundo diferente

Una tercera guerra mundial, entendida en los mismos términos de la Primera o de la Segunda, claramente capta la imaginación del público y de las redes sociales. 

Sin embargo, el mundo de hoy es completamente diferente del que existía en 1914 o en 1939. El derecho internacional, si bien muchas veces funcional a los países centrales, tiene una capacidad de contención con la que sólo podía soñar previo a la conformación de la Organización de Naciones Unidas.

Pero, más importante aún, los líderes mundiales comprenden sin dudar que una confrontación de este tipo podría terminar con “el fin de la civilización”, como declaró recientemente Vladimir Putin. 

El ruso explicó muy bien que desde 1945 sólo estallan conflictos regionales porque entre las principales potencias militares se ha establecido una “paridad estratégica” que, debido al miedo al “exterminio mutuo”, frena cualquier tipo de movimiento brusco entre ellas. Como si se tratase de una reedición de la “destrucción mutua asegurada” de los tiempos de la Guerra Fría.

Conflictos regionales

Por ello, como dice el papa Francisco, lo que vive el mundo desde hace ya varios años, quizás desde la invasión de Estados Unidos a Afganistán tras los atentados del 11 de septiembre, es una “tercera guerra mundial a pedazos”.

Una serie de conflictos regionales o parciales que se engloban dentro de un solo conflicto mundial o total. 

Una partida de ajedrez grupal que enfrenta a las principales potencias, y a jugadores secundarios, con los países restantes utilizados como campo de operaciones.

Por lo menos cuatro países de África se encuentran bajo cruentos conflictos armados: Libia, República Centroafricana, Sudán del Sur y Mali.

Los coletazos de la guerra en Siria perduran, mientras que la guerra civil en Yemen sigue causando una catástrofe humanitaria con pocos precedentes. El reclamo por un Kurdistán independiente quizás encuentre nueva fuerza y Estados Unidos aproveche para desestabilizar aún más a la zona de influencia iraní. 

No se sabe aún cómo responderá exactamente Irán al asesinato de uno de sus dirigentes más influyentes y queridos por su pueblo.

Por lo pronto, el tablero parece encenderse cada día un poco más. Y, como cualquier jugador de ajedrez sabe muy bien, las primeras bajas siempre son los peones.

GONZALO FIORE VIANI*

Analista Internacional y Miembro de Dossier Geopolitico

Publicado en la Voz del Interior Córdoba Argentina

https://www.lavoz.com.ar/mundo/iran-una-tercera-guerra-mundial-pero-en-pedazos

Gavrilo Princip https://es.wikipedia.org/wiki/Gavrilo_Princip 

Tensión en Medio Oriente: el Papa pidió “diálogo” y “autocontrol”

https://www.lavoz.com.ar/mundo/tension-en-medio-oriente-papa-pidio-dialogo-y-autocontrol

Atentado a las Torres Gemelas: publicaron un archivo con fotos inéditas del 11 de septiembre de 2001

https://www.lavoz.com.ar/mundo/atentado-torres-gemelas-publicaron-un-archivo-con-fotos-ineditas-del-11-de-septiembre-de-2001

Nuevas amenazas de Trump: aviso a Irak y mensaje a los iraníes

https://www.lavoz.com.ar/mundo/nuevas-amenazas-de-trump-aviso-a-irak-y-mensaje-a-iranies

Por Paul Krugman (1)

Las crisis internacionales, a menudo, conducen, al menos inicialmente, a un creciente apoyo para el liderazgo de un país. Y eso está sucediendo claramente ahora. Hace apenas unas semanas, el líder de la nación enfrentó un descontento público tan intenso que su control del poder parecía estar en riesgo. Ahora el asesinato de Qassim Suleimani ha transformado la situación, generando una ola de patriotismo que ha fortalecido enormemente a los responsables.

Desafortunadamente, esta manifestación patriótica alrededor de la bandera no está ocurriendo en los Estados Unidos, donde muchos (con buena razón) sospechan profundamente de los motivos de Donald Trump, sino en Irán.

En otras palabras, el último intento de Trump de intimidar a otro país ha fracasado, al igual que todos sus intentos anteriores.

Desde sus primeros días en el cargo, Trump ha actuado bajo la aparente creencia de que podría intimidar fácilmente a los gobiernos extranjeros, que se retirarían rápidamente y se dejarían humillar. Es decir, se imaginó que se enfrentaba a un mundo de Lindsey Grahams, (2) dispuesto a abandonar toda dignidad ante el primer indicio de un desafío.

Pero esta estrategia sigue fallando; los regímenes que amenaza se fortalecen en lugar de debilitarse, y Trump es quien termina haciendo concesiones humillantes.

¿Recuerdan, por ejemplo, cuando Trump prometió “fuego y furia” a menos de que Corea del Norte detuviera su programa de armas nucleares? Reclamó el triunfo después de una reunión cumbre de 2018 con Kim Jong-un, el líder de Corea del Norte. Pero Kim no hizo concesiones reales, y Corea del Norte anunció, recientemente, que podría reanudar las pruebas de armas nucleares y misiles de largo alcance.

O considere la guerra comercial con China que, supuestamente, pondría a los chinos de rodillas. Presuntamente se ha llegado a un acuerdo, aunque los detalles siguen siendo escasos; lo que está claro es que está muy lejos de los objetivos de los Estados Unidos y que los funcionarios chinos están contentos por su éxito al enfrentar a Trump.

¿Por qué la estrategia internacional de Trump, que podría describirse como ganar a través de la intimidación, sigue fallando? ¿Y por qué sigue haciéndolo de todos modos?

Sospecho que una respuesta es que, como muchos estadounidenses, a Trump le cuesta mucho comprender el hecho de que otros países son reales, es decir, que no somos el único país cuyos ciudadanos que prefieren pagar un precio muy alto, en dinero e incluso en sangre, en lugar de hacer lo que ven como concesiones humillantes.

Pregúntese, ¿cómo reaccionarían los estadounidenses si una potencia extranjera hubiera asesinado a Dick Cheney, alegando que tenía la sangre de cientos de miles de iraquíes en sus manos? No respondas que Suleimani fue peor. Eso no viene al caso. El punto es que no aceptamos el derecho de los gobiernos extranjeros a matar a nuestros funcionarios. ¿Por qué imaginar que otros países son diferentes?

Por supuesto, tenemos muchas personas en el cuerpo diplomático con un profundo conocimiento de otras naciones y sus motivaciones y que entienden los límites de la intimidación. Pero cualquiera con ese tipo de comprensión ha sido excluido del círculo íntimo de Trump.

Ahora, es cierto que durante muchos años, los Estados Unidos tuvo una posición de liderazgo especial, una que a veces implicaba jugar un papel en la remodelación de los sistemas políticos de otros países. Pero aquí es donde entra el segundo error de Trump: nunca ha mostrado ninguna señal de comprensión de por qué Estados Unidos solía ser especial.

Parte de la explicación, por supuesto, era el crudo poder económico y militar. Los Estados Unidos solía ser mucho más grande que todos los demás. Eso, sin embargo, ya no es cierto. Por ejemplo, según algunas medidas clave, la economía de China es significativamente más grande que la de los Estados Unidos.

Aún más importante, sin embargo, fue el hecho de que los Estados Unidos era algo más que un gran país por su peso. Siempre representamos algo más grande.

Eso no significa que siempre fuimos una fuerza para el bien. Los Estados Unidos hizo muchas cosas terribles durante su reinado como hegemón global. Pero, claramente, defendimos el estado de derecho global, un sistema que impuso reglas comunes a todos, incluidos nosotros mismos. Estados Unidos puede haber sido el socio dominante en alianzas como la OTAN y organismos como la Organización Mundial del Comercio, pero siempre tratamos de comportarnos como uno más,  el primero entre iguales.

Ah, y como estábamos comprometidos a hacer cumplir las reglas, también éramos relativamente confiables; una alianza con los Estados Unidos era significativa, porque no éramos el tipo de país que traicionaría a un aliado por conveniencia política a corto plazo.

Sin embargo, Trump le ha dado la espalda a todo lo que solía hacer grande a los Estados Unidos. Bajo su liderazgo, nos hemos convertido en nada más que en un gran matón egoísta, un matón con delirios de grandeza, que no es tan duro como él piensa. Abandonamos abruptamente a los aliados como los kurdos; honramos a los criminales de guerra; aplicamos aranceles punitivos a naciones amigas como Canadá sin una buena razón. Y, por supuesto, después de más de 15.000 mentiras, nada de lo que digan nuestro líder y sus secuaces puede ser confiable.

Los funcionarios de Trump parecen desconcertados por las consecuencias uniformemente negativas del asesinato de Suleimani: el régimen iraní está empoderado, Irak se ha vuelto hostil y nadie ha intensificado nuestro apoyo. Pero eso es lo que sucede cuando traicionas a todos tus amigos y malgastas toda tu credibilidad.

Traducción y notas: 

Cnel Carlos Pissolto Miembro de Dossier Geopolitico

Publicado en Espacio Estratégico el Blog del Cnel. Pissolito

https://espacioestrategico.blogspot.com/2020/01/trump-el-intimidador-falla-nuevamente.html

Notas:

(1) Paul Robin Krugman es un profesor de Economía yen la Universidad de Princeton. En el 2008 fue laureado con el Premio Nobel en Ciencias Económicas por sus contribuciones a la Nueva Teoría del Comercio y la Nueva Geografía Económica. 
(2) Lindsey Olin Graham es un senador norteamericano del partido republicano por el estado de Carolina del Sur. Es conocido por sus posiciones ideológicas conservadoras, en especial  en temas de defensa.

Por Andrew Korybko 

Global Research

Una de las opiniones más comunes que circulan en la comunidad Alt-Media después del asesinato del mayor general Soleimani es que Trump está provocando una guerra con Irán para ayudar a ganar su reelección, pero este no es el caso, ya que en primer lugar no lo hace. No creo que esté provocando nada (independientemente de las acciones de sus militares), y en segundo lugar, los costos inmediatos de tal conflicto podrían realmente volcar su intento de reelección.

Trump nunca ocultó su odio hacia el gobierno iraní, por lo que es fácil para muchos observadores estar de acuerdo con la opinión común que circula por la comunidad de Alt-Media después del asesinato del mayor general Soleimani de que el presidente está provocando una guerra con Irán para ayudar a ganar su reelección. Esta es la evaluación incorrecta que no se debe hacer, ya que el ejército de los EE. UU. que está dando la forma más directa al curso de los acontecimientos no cree que esté provocando nada (independientemente del hecho objetivo), por lo tanto, Trump tampoco lo cree. El Pentágono exuda la ideología del excepcionalismo estadounidense y está convencido de que tiene el derecho de utilizar todos los medios posibles para eliminar a Irán y sus milicias aliadas, incluido el Kataib Hezbollah de la Unidades de Movilización Popular (UMP) que está integrado en las Fuerzas Armadas  de Irak en interés de la ” seguridad nacionales” para lo cual él y su aliado” israelí “han bombardeado estas unidades varias veces durante el último mes. No importa si esta es la política “correcta” o “incorrecta”, sino simplemente que existe y es cómo las personas estadounidenses que toman las decisiones entienden esas acciones.

Dado que Estados Unidos cree que tiene el “derecho” a llevar a cabo tales ataques, por lo tanto, percibió que las posteriores protestas a gran escala  fuera de su embajada iraquí representaban una amenaza inminente para sus ciudadanos dentro de la instalación diplomática más grande del mundo. Dado que Kataib Hezbollah y el resto de la (UMP) en general tienen excelentes relaciones de trabajo con el IRGC de Irán, fue extremadamente fácil para los EE. UU. girar la narrativa de que “debe” haber una “mano iraní oculta” detrás de ese incidente de alto perfil, que inmediatamente recordó el momento de Benghazi de Obama y, por lo tanto, obligó a Trump a responder de manera completamente opuesta a su predecesor al duplicar las unidades militares de los Estados Unidos allí y jactarse con orgullo de que este es su momento “anti-Benghazi”. Para empeorar las cosas desde la perspectiva estadounidense (que es simplemente explicar su proceso de pensamiento y no disculparlo), el ayatolá Jamenei se burló de Trump al decir que “no puede hacer nada”, en respuesta al presidente que prometia que “Irán será tenido por completo responsable “y” pagaria un PRECIO MUY GRANDE “si los estadounidenses son asesinados”.

El general de división Soleimani ya estaba en la lista de asesinatos de “ataques de decapitación” de EE. UU. Incluso antes del asedio a la embajada, pero ese comentario podría haber sido la gota que colmó el vaso y convenció a Trump de que tenía que asesinar al brillante  táctico anti terrorista con el fin de demostrar el punto de que no tolerará que su enemigo lo “disuada”. Puede sonar insignificante para algunos y aterrador para otros, pero Trump se toma muy en serio su “carne de twitter”, tanto que demostró que está dispuesto a matar para defender su reputación internacional después de ser burlado públicamente. Irán calculó  erróneamente la respuesta de Trump al asedio a la embajada y la burla del ayatolá, pero hay que decir que el presidente no habría subido la escalada tan descaradamente como lo hizo si Irán no hubiera abandonado su “ambigüedad nuclear” después del Trato Obama Rouhani- 2015 . Irónicamente, debido a su predecesor, Trump pensó que los costos máximos que Irán podría infligir a los Estados Unidos en respuesta a ese asesinato podrían ser “manejables” o “aceptables”.

Como el autor escribió en su artículo anterior sobre el tema de cómo “El asesinato del mayor general Soleimani no va a comenzar la Tercera Guerra Mundial”, los EE. UU. podrían destruir por completo todos los activos fijos de Irán (ya sean bases, ciudades o lo que sea) si Trump tenía la voluntad política de hacerlo para “responder” a cualquier ataque convencional por parte de la República Islámica, ya sea “preventivamente” debido a la supuesta “inteligencia” de que estaba preparando un ataque con misiles, por ejemplo o “represalia” en el improbable caso de que lo mencionado ocurra realmente. Por lo tanto, Irán solo puede responder de manera asimétrica si no quiere cometer un suicidio nacional, con lo que Trump estaría más que feliz de ayudarlo si se trata de eso. No quiere hacer eso, pero creería que no tiene “ninguna opción” si Irán lanza una salva de misiles contra las bases regionales de su país, el CCG y / o “Israel”. Los costos militares de un “castigo” sin precedentes contra Irán son manejables porque la República Islámica no tiene armas nucleares, pero las políticas a corto plazo podrían costarle a Trump su intento de reelección.

No hay duda de que el escenario mencionado provocaría la muerte de innumerables personas, de las cuales seguramente se culparía a Trump, incluida la pérdida de vidas estadounidenses y especialmente “israelíes”. El caos regional a corto y mediano plazo que el colapso de la República Islámica generaría en los sentidos humanitario, geopolítico y económico crearía tal incertidumbre en todo el mundo que los demócratas podrían fácilmente retratarlo como aún más “malvado” de lo que ya lo hacen parecer y asustan a los estadounidenses para que no lo voten por segunda vez. Los propios Estados Unidos no se verían afectados directamente, ya que ya es bastante autosuficiente en energía, ya que es posible que las interrupciones en el Estrecho de Ormuz no lo afecten, aunque podrían paralizar la economía china dependiendo de cuánto tiempo ocurran. Por lo tanto, Estados Unidos está relativamente “aislado” de las consecuencias que podrían ocurrir en el “peor de los casos”, aunque Trump probablemente estaría sacrificando su futuro político si continuara con ese curso de eventos.

El estado de cosas es, por lo tanto, más complejo de lo que podría parecer a primera vista. Trump no quiere comenzar una guerra con Irán porque podría poner en peligro sus perspectivas de reelección, aunque no retrocederá si Irán responde de manera convencional, y tampoco evitará ordenar más “ataques de decapitación” si él puede afirmar que cualquiera de sus respuestas asimétricas supuestamente estaban vinculadas al país (independientemente de dónde supuestamente se organizaron). Sin embargo, Irán no puede dejar que este asesinato quede sin respuesta, por lo que seguramente habrá una escalada de algún tipo en el futuro próximo. Si los eventos suben rápidamente la escalera de la escalada, tanto Irán como posiblemente el mismo Trump podrían terminar siendo los perdedores, con solo los demócratas y el complejo militar-industrial de los EE. UU. emergiendo cínicamente como los “ganadores” ya que “Israel” podría ser eliminado por Irán antes de que se destruya la República Islámica. En retrospectiva, esto hace que uno se pregunte quién ordenó la eliminacion del militar de Irán en Irak en primer lugar y si fue un complot de “estado profundo” para atrapar a Trump provocando este mismo escenario.

Trump es totalmente responsable de sus propias acciones, pero él, al igual que el ayatolá, está siendo empujado en una dirección donde es imposible dar marcha atrás y aún “salvar la cara”. Ninguno de los hombres puede permitirse el lujo de hacerlo, lo que hace que sea probable que muchas más personas que solo el mayor general Soleimani estén a punto de morir. Sin embargo, para recordarle al lector una vez más, nada de esto sucedería si Irán no hubiera abandonado su “ambigüedad nuclear” al aceptar el acuerdo Rouhani-Obama de 2015, con ese evento en retrospectiva siendo el cable que provocó que el ejército estadounidense  intensifique sin motivo las tensiones con Irán (a pesar de creer que lo están haciendo en “defensa propia) porque se dieron cuenta de que los costos máximos que la República Islámica podría infligirle en respuesta a sus acciones podrían ser” manejables “. La lección que se debe aprender de todo esto es que la posesión de armas nucleares salvaguarda la soberanía de un país al permitirle infligir costos “ingobernables” o “inaceptables” a sus enemigos y así disuadir su agresión, fallando cuando líderes de ambos lados pueden ser manipulados en una grave crisis. 

Andrew Korybko es un analista político estadounidense con sede en Moscú que se especializa en la relación entre la estrategia estadounidense en Afro-Eurasia, la visión global de China One Belt One Road de la conectividad de la Nueva Ruta de la Seda y la Guerra Híbrida. Es colaborador frecuente de Global Research.

Fuente, Global Research : 

English Version

One of the most common opinions circulating around the Alt-Media Community after Major General Soleimani’s assassination is that Trump is provoking a war with Iran in order to help win re-election, but this isn’t the case since he first of all doesn’t believe that he’s provoking anything (irrespective of his military’s actions), and secondly, the immediate costs of such a conflict could actually capsize his re-election bid.

Trump never made any secret of his hatred for the Iranian government so it’s easy for many observers to agree with the common opinion circulating around the Alt-Media Community after Major General Soleimani‘s assassination that the President is provoking a war with Iran in order to help win re-election. This is the wrong assessment to make since the US military that’s most directly shaping the course of events doesn’t believe that it’s provoking anything (irrespective of objective fact), hence Trump doesn’t think so either. The Pentagon exudes the ideology of American Exceptionalism and is convinced that it has the right to use all means possible to remove Iran and its allied militias (including the PMU’s Kataib Hezbollah that’s integrated into the Iraqi Armed Forces) from Iraq in the interests of “national security”, to which end it and its “Israeli” ally have bombed these units several times over the past month. It doesn’t matter whether this is the “right” or “wrong” policy to have, but simply that it exists and is how such actions are understood by American decision makers.

Given that the US believes that it has the “right” to carry out such attacks, it therefore perceived the PMU’s subsequent large-scale protests outside of its Iraqi Embassy to pose an imminent threat to its citizens inside the world’s largest diplomatic facility. Since Kataib Hezbollah and the rest of the PMU more broadly have excellent working relations with Iran’s IRGC, it was extremely easy for the US to spin the narrative that there “must” have been a “hidden Iranian hand” behind that high-profile incident, which immediately called to mind Obama’s Benghazi moment and thus compelled Trump to respond in the complete opposite way as his predecessor by doubling down on the US’ military units there and proudly boasting that this is his “anti-Benghazi” moment. Making matters worse from the American perspective (which is simply to explain their thought process and not excuse it), the Ayatollah taunted Trump by saying that he “can’t do anything” in response to the President promising that “Iran will be held fully responsible” and “pay a very BIG PRICE” if Americans are killed.

Maj. Gen. Soleimani was certainly already on the US’ “decapitation strike” kill list even before the embassy siege, but that comment might have been the proverbial straw that broke the camel’s back and convinced Trump that he needed to assassinate the brilliant anti-terrorist tactician in order to prove the point that he will not tolerate being “talked down to” by his foe. It might sound petty to some and scary to others, but Trump takes his “twitter beef” real seriously, so much so that he just proved that he’s willing to kill in order to defend his international reputation after being publicly mocked. Iran totally miscalculated Trump’s response to the PMU’s embassy siege and the Ayatollah’s taunt, but it must be said that the President wouldn’t have climbed the escalation ladder as brazenly as he did had Iran not abandoned its “nuclear ambiguity” after the 2015 Rouhani-Obama deal. It was ironically because of his predecessor that Trump figured that the maximum costs that Iran could inflict on the US in response to that assassination could be “manageable”/”acceptable”.

As the author wrote in his earlier piece on the topic about how “Major General Soleimani’s Assassination Isn’t Going To Start World War III“, the US could utterly destroy every single one of Iran’s fixed assets (be they bases, cities, or whatever else) if Trump had the political will to do so in “responding” to any conventional tit-for-tat by the Islamic Republic, whether done so “preemptively” because of supposed “intelligence” that it was preparing a missile strike for example or “retaliatory” in the unlikely event that the aforesaid actually occurs. Iran can therefore only respond asymmetrically lest it wants to commit national suicide, which Trump would be more than happy to assist it with if it comes to that. He doesn’t want to do that, but would believe that he has “no choice” should Iran launch a missile salvo against his country’s regional bases, the GCC’s, and/or “Israel’s”. The military costs of such an unprecedented “punishment” against Iran are manageable because the Islamic Republic doesn’t have nuclear weapons, but the short-term political ones could cost Trump his re-election bid.

There’s no doubt that the aforementioned scenario would result in the deaths of countless people, which Trump would surely be blamed for, including the loss of American and especially “Israeli” lives. The short- and medium-term regional chaos that the collapse of the Islamic Republic would generate in the humanitarian, geopolitical, and economic senses would create such uncertainty across the world that the Democrats might easily be able to portray him as even more “evil” than they already make him out to be and thus scare Americans into not voting for him a second time. The US itself wouldn’t be too directly affected since it’s already pretty much energy self-sufficient as it is so possible disruptions in the Strait of Hormuz won’t affect it, though they could cripple the Chinese economy depending on how long they occur. America is therefore relatively “insulated” from the consequences that could transpire in the “worst-case scenario”, though Trump would probably be sacrificing his political future if he went through with that course of events.

The state of affairs is therefore more complex than it might appear at first glance. Trump doesn’t want to start a war with Iran because it could greatly jeopardize his re-election prospects, though he won’t back down if Iran responds conventionally, and he also won’t shy away from ordering more “decapitation strikes” if he can claim that any of its asymmetrical responses were somehow supposedly linked to the country (regardless of where they were allegedly organized). Iran, though, cannot let this assassination go unanswered, so there’s sure to be an escalation of some sort in the coming future. If events quickly climb the escalation ladder, then both Iran and possibly even Trump himself might end up the losers, with only the Democrats and the US’ military-industrial complex cynically emerging as the “winners” (since “Israel” might be wiped out by Iran before the Islamic Republic is destroyed). In hindsight, this makes one wonder who ordered Iran’s militant removal from Iraq in the first place and whether it was a “deep state” plot to entrap Trump by provoking this very scenario.

Trump is wholly responsible for his own actions, but he — just like the Ayatollah — is being pushed in a direction where it’s impossible to back down and still “save face”. Neither men can afford to do so, which makes it likely that a lot more people than just Maj. Gen. Soleimani might be about to die. To remind the reader once more, however, none of this would be happening had Iran not abandoned its “nuclear ambiguity” by agreeing to the 2015 Rouhani-Obama deal, with that event in hindsight being the tripwire that provoked the American military into wantonly escalating tensions with Iran (despite believing that they’re doing so in “self-defense) because they realized that the maximum costs that the Islamic Republic could inflict on it in response to their actions could be “manageable”. The lesson to be learned from all of this is that the possession of nuclear weapons safeguards a country’s sovereignty by enabling it to inflict “unmanageable”/”unacceptable” costs on its foes and thus deter their aggression, failing which leaders on both sides can be manipulated into a serious crisis.

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This article was originally published on OneWorld.

Andrew Korybko is an American Moscow-based political analyst specializing in the relationship between the US strategy in Afro-Eurasia, China’s One Belt One Road global vision of New Silk Road connectivity, and Hybrid Warfare. He is a frequent contributor to Global Research.

Análisis semanal de Geopolitica de Carlos Pereyra Mele para el equipo del Club de la Pluma, que conduce el Periodista Norberto Ganci por la Radio Web al Mundo

TEMAS:

Último programa de Dossier Geopolitico del 2019 para el Club de la Pluma – Balances y tendencias globales para el 2020

EUROPA ERA LA LLAVE; ASIA EL CERROJO” Jhon May secretario de estado de EEUU Presidencia Teodoro Roosevelt 

EUROPA

Inglaterra holgada victoria de los Conservadores, tremenda derrota Laborista la mayor desde 1935 BREXIT CONFIRMADO EN LAS URNAS (lo sostenemos desde hace años)

FIN de la era MERKEL debilitamiento alemán 

Crisis de la Unión Europea + conflicto en los países del este europeos -Ucrania- los negocios con Rusia

Una OTAN en crisis Macron: “La OTAN en muerte cerebral”

Crecimiento de los Nacionalismos Austria Hungría Polonia

EURASIA:

EEUU vs China continuará el conflicto que no es “comercial” es por el poder global: Politico Economico Tecnologico y Cientifico

Corea del Norte Vs EEUU se reducirá lentamente pero será siempre un conflicto

EEUU Vs Iran continuara el ataque de Trump por su campaña en contra para satisfacer a su electorado especialmente el ala dura de los israelíes norteamericanos (Trump en campaña electoral)

Rusia mejoró su relación con los países del ex espacio soviético Moldavia, Bielorrusia, con Ucrania y el nuevo presidente Zelenski se abre un nuevo periodo de negociación por el tema del Donbass

También mejorará la relación con la Europa post Merkel; Macron quiere abrir un nuevo espacio de acuerdos con Rusia y levantar las sanciones

China 

Sigue la larga marcha para alcanzar su posición de gran Poder global

Acuerdo  con los países del Sudeste asiático que se incorporan a la conducción del China antes el abandono de EEUU

Incrementara su poder tecnológico y científico en especial en la clave del Siglo XXI: “la Inteligencia Artificial”

Por primera vez regulará el Poder suave con el Poder Duro desarrolla a pasos acelerados la creación de un gigantesca flota de portaaviones (7 siete) la mayor en tiempo de Paz

MEDIO ORIENTE

EEUU se repliega solo sostendrá a su aliado estrategico Israel

La victoria Siria-rusa-Irani en la larga guerra en Siria marca un cambio geopolitico y realineamiento de los países del Golfo que ya negocian por separado con Irán junto a Arabia Saudita con la vigilancia de Rusia

BUEN 2020

AUDIO:


Por Claudio Fabián Guevara

Desde el sur del continente hasta la cuenca del Caribe, circula el fantasma de una guerra inducida en toda la región. Los contornos geográficos de la conflagración fueron anticipados hace 15 años en un mapa de la agenda globalista para reconfigurar el mundo.

“Estamos en el borde del nuevo ciclo de descolonización que va a correr por toda América del Sur. Parece que estamos entrando en una guerra civil continental”. Alexander Dugin 14/11/2019 

¿Comenzará una guerra en América Latina?

Bajo la impronta del Totalitarismo 2.0, que gobierna en casi todo el continente, un clima de guerra civil psicológica comienza a afectar a la población y a las instituciones en América Latina. Un estado de excepción se va configurando de la mano de decretos y leyes especiales, mientras que el lenguaje cotidiano de los medios glorifica la guerra y la represión.

Se instala una lógica de “amigos-enemigos” / “criminales-gente decente” que legitima la resolución de diferencias políticas por vías violentas en lugar del diálogo y el derecho.

El ambiente se va enrareciendo y los conflictos tienden a resolverse por actos bélicos. El lanzamiento de la operación multidimensional de guerra híbrida que derribó violentamente

al Gobierno del boliviano Evo Morales, y la explosión de un coche bomba en Colombia son dos de los hitos más recientes. El intento de magnicidio frustrado contra el presidente venezolano Nicolás Maduro y el ensayo de guerra híbrida en Nicaragua el año pasado se inscriben dentro de la misma agenda.

Hay muchos otros síntomas: la violencia paramilitar rampante en distintos países, la diplomacia beligerante de la OEA, la cacería de opositores mediante el lawfare y el blindaje mediático que oculta la matriz criminal de esta violencia sistémica contra los pueblos.

Cada uno de estos hechos aparece en la narrativa noticiosa como estrictamente local y desconectados entre sí. Sin embargo, la similitud de esta escalada de violencia con otro conjunto de eventos internacionales permite ver los patrones de un modus operandi que se ha ensayado en otros escenarios.

América Latina se aproxima a un periodo de violencia en base a odios externamente implantados. Para entender por qué, hace falta remontarse al tumor que representa la industria de la guerra en la principal economía del mundo.

Del imperialismo al pentagonismo

Hace casi 50 años, el dominicano Juan Bosch explicó las raíces del militarismo que tiene su apogeo en nuestros días en su libro El pentagonismo, sustituto del imperialismo. Allí postuló que la noción clásica de “imperialismo” había sido sustituida por otro fenómeno: la expansión permanente del poder de las corporaciones militares asociadas al Pentágono. Bosch denominó pentagonismo a este nuevo polo de poder, que nace de la súper productividad del capitalismo norteamericano, del cual es el principal beneficiario.

Desde los años 60, cuando Kennedy pasó a ocupar la presidencia de Estados Unidos, ya el poder militar era más fuerte que el civil en términos de presupuesto. Desde entonces, no para de crecer. En 2019 alcanzó los 733.000 millones como presupuesto básico.

Si se agregan otros rubros relacionados con las guerras, su fogoneo encubierto y sus consecuencias (Asuntos de Veteranos, Presupuesto de Seguridad Nacional, Asuntos Internacionales, Presupuesto de Inteligencia e intereses de la deuda), llega a 1,25 billones de dólares. En todos los casos, siempre se ubica por encima del 60% de los gastos generales del país y por tanto por encima del presupuesto del poder civil. Es, además, la mitad del presupuesto militar de todo el globo.

“Fue alrededor de esa disponibilidad de dinero cómo se formó el actual poder pentagonista”, afirmó Bosch en su libro. Estados Unidos acabaría siendo una nación con dos gobiernos: el gobierno civil para el interior y el gobierno militar para el exterior.

El pentagonismo se movió libremente en el campo internacional. Su actuación en el extranjero produciría miles de millones de dólares de ingreso para Estados Unidos a través de sus corporaciones armamentistas, lo cual a su vez reforzó el predominio del pentagonismo dentro del sistema político y económico de Estados Unidos.

En esa exportación forzosa de equipos militares, los industriales pentagonistas hallarían una fuente fabulosa de beneficios. De ahí se deriva que este poder tiene un proyecto propio: mantenerse constantemente en guerra en algún lugar del mundo. En suma, crear un mercado militar global a través de la guerra permanente.

La metrópolis que coloniza a su propio pueblo

Este nuevo tipo de capitalismo súper productivo superó el viejo esquema del imperialismo basado en el intercambio desigual (territorios dependientes produciendo materias primas baratas y consumiendo artículos manufacturados caros).

El capitalismo sobredesarrollado ha hallado en sí mismo la capacidad para elevar al cubo las tasas de ganancia que se ponían en juego en la etapa imperialista. Sus formidables instalaciones industriales, bajo condiciones creadas por la acumulación científica, pueden producir materias primas a partir de materias primas básicas y a costos bajísimos. El resultado final es una productividad altísima, nunca antes prevista en la historia del capitalismo.

El pentagonismo desarrolló una estructura más lucrativa que el viejo imperialismo. A la par que retiene la características más destructivas de la explotación de los territorios coloniales, explota también a su propio pueblo vía la confiscación del 60% del presupuesto público de esta metrópolis súper productiva con el pretexto de “gastos de defensa”.

Esto tiene un impacto decisivo en las relaciones metrópolis-colonias, ya que el gasto de la guerra en sí mismo es más lucrativo que el comercio internacional de mercancías. Bosch argumenta que la industria de la guerra ha cambiado sus objetivos.

“La guerra se hace para conquistar posiciones de poder en el país pentagonista, no en un territorio lejano. Lo que se busca no es un lugar donde invertir capitales sobrantes con ventajas; lo que se busca es tener acceso a los cuantiosos recursos económicos que se movilizan para la producción industrial de guerra; lo que se busca son beneficios donde se fabrican las armas, no donde se emplean, y esos beneficios se obtienen en la metrópoli pentagonista, no en el país atacado por él”, señala Bosch.

Objetivo estratégico: dividir el mundo en dos

El desarrollo natural de este súper poderío militar generó su propia ideología y programa de acción. Desde la década de los 80, los teóricos del Pentágono comenzaron a soñar con un mundo sumido en una guerra sin fin, con Estados Unidos como garante de la seguridad y el aprovisionamiento de recursos naturales de sus países asociados.

Este se resume en el nuevo mapa del Pentágono, atribuido a Adam Siegel y publicado por Thomas Barnett en un libro de su autoría El nuevo mapa del Pentágono: guerra y paz en el siglo XXI. Este mapa divide al mundo en dos grandes áreas: el “núcleo” y la “zona no integrada”.

El “núcleo” goza de los beneficios del sistema: comercio, comunicaciones, transporte y transacciones monetarias fluidas. Esta zona la comprenden América del Norte, Europa, Japón, Rusia, Sudáfrica, China, India, Australia y Nueva Zelanda, Brasil, Uruguay y parte de Argentina y Chile.

La zona “no integrada” está desacoplada del sistema, y vive sumida en un caos donde la población es incapaz de organizar su desarrollo colectivo y solo piensa en sobrevivir. Esta zona está compuesta por Oriente Medio (a excepción de Israel), casi toda África, algunos estados asiáticos y los países del norte de América del Sur y la cuenca del Caribe.

Desde la perspectiva de esta teoría, la zona no integrada es vista como un tanque de recursos, en la cual el Ejército de EEUU es la única fuerza capaz de proporcionar apoyo militar para “facilitar su integración”.

Para dotar de cierta organización social a estos territorios (y extraer recursos para las naciones del núcleo) hace falta una Fuerza de Administración de Sistemas dependiente del Ejército estadounidense, dice Thomas Barnett.

Este enfoque del Pentágono asume que grandes áreas del mundo serán convertidas en campo arrasado, completamente dependientes de fuerzas militares para resolver necesidades básicas y cuya vida cotidiana se caotizará por años o para siempre. Y que —en ausencia de un Estado organizado— los estados del núcleo dependerán necesariamente del Ejército de EEUU para explotar recursos naturales en esos territorios.

Como en una profecía autocumplida, este panorama ya es realidad en el presente. En este momento hay guerra, con movimientos de blindados y tropas regulares e irregulares, en Túnez, Libia, Egipto, Palestina, Líbano, Siria, Irak, Arabia Saudí, Bahréin, Yemen, Turquía y Afganistán.

Como en un proceso de destrucción controlada cuidadosamente planificado, agentes de inteligencia y escuadrones especiales de las potencias juegan un rol crucial, organizando atentados de falsa bandera, entrenando y financiando tropas irregulares y jugando cartas diplomáticas funcionales a la prolongación de los conflictos. Una combinación de revoluciones de colores, guerra híbrida e incursiones de ejércitos convencionales están sembrando la devastación en estas amplias zonas del mundo.

Todos los países envueltos en la guerra en curso están, en el nuevo mapa del Pentágono, dentro de las zonas no integradas.

Dentro del mapa, en América Latina figuran Cuba, Nicaragua y Venezuela, enemigos políticos de Washington. También Bolivia, un enemigo político, que ahora cayó dentro de su órbita gracias a un golpe multidimensional que combinó estrategias de guerra híbrida con cooptamiento del ejército local. 

Pero al mismo tiempo, se incluyen Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay y Centroamérica, zona bajo control de gobiernos pro-EEUU.

¿Por qué el Pentágono promovería la guerra y la destrucción en áreas bajo su control geopolítico?

El pentagonismo, etapa superior del imperialismo

En la distopía trazada por Barnett y otros ideólogos del Pentágono, el derrocamiento de un Gobierno no es seguido por un periodo de “paz y reconstrucción”, sino que se trata de crear amplios corredores de inestabilidad permanente. En su trabajo Interpretaciones divergentes en el campo antiimperialista, Thierry Meyssan sostiene que las intervenciones militares desde el 2001 en adelante han aplicado esta doctrina.

Tradicionalmente, el campo antimperialista estimaba que Estados Unidos agredía a otros países que se resistían a su imperialismo para controlar los recursos energéticos. “Los hechos han echado abajo ese razonamiento”, dice Meyssan. “El objetivo de Estados Unidos es destruir los Estados, hacer retroceder sus pueblos a los tiempos de la prehistoria”.

Enfatiza Meyssan: “El imperialismo contemporáneo ya no tiene como prioridad apoderarse de los recursos naturales. Hoy domina el mundo y lo saquea sin escrúpulos. Ahora apunta a aplastar a los pueblos y destruir las sociedades”.

De hecho, los derrocamientos de Saddam Hussein y Gadafi no dieron paso al restablecimiento de la paz; las guerras continúan a pesar de la instalación de gobiernos de ocupación y los conflictos se extienden sin fin a lo largo de toda la zona no integrada. El mismo destino le espera a Bolivia, la última pieza caída en este ajedrez geopolítico del caos inducido.

¿Por qué la destrucción de los Estados funciona para el pentagonismo?

Las 4 pilares lógicos de la política de destrucción

Asumiendo que la industria de la guerra es en sí misma más lucrativa que el comercio de mercancías, la inducción del caos y la violencia en amplias zonas del mundo rinde mayores beneficios a las élites del núcleo que la consolidación de gobiernos-cliente en las zonas no integradas.

1 Permite la creación de un mercado permanente para la industria bélica y es convergente con el establecimiento de un estado policial a nivel mundial. Los países del núcleo deben recurrir obligatoriamente a los servicios militares de EEUU para extraer los recursos del tanque. La explotación de recursos en la zona no integrada se organiza en torno a pequeñas ciudadelas fortificadas, aisladas del caos circundante, como en Irak y Libia.

2 La destrucción de los Estados de la zona no integrada impide a largo plazo cualquier intento de surgimiento de nuevos procesos de emancipación política, industrialización soberanista o insubordinación fundante —como lo definió Marcelo Gullo—. Es decir que el fomento de la inestabilidad dentro de la zona no integrada es funcional al mantenimiento del predominio de los estados del núcleo sobre el mundo. El deterioro permanente de las condiciones de vida en la zona “no integrada” facilita una drástica reducción del consumo y un recorte de facto de derechos. En suma, se economiza el mantenimiento de esas poblaciones marginales “no deseadas” y se facilita el despoblamiento del planeta (o al menos, el control demográfico), un objetivo necesario ante la crisis del modelo del crecimiento ilimitado.

3 La creación de grandes áreas de caos, con sus poblaciones desesperadas huyendo hacia los países estables, facilita la domesticación de las poblaciones en el núcleo, o en términos de Juan Bosch, la “colonización de la metrópolis”, es decir, la explotación de su propio pueblo por la metrópolis colonial. El progresivo endurecimiento de las barreras migratorias en los países del núcleo es una política preventiva frente a esta crisis siempre creciente.

Guerra en América Latina: una conflagración inducida

La estrategia del pentagonismo, al tiempo que sublima la opción militar en todos los terrenos y le asigna a EEUU un especial papel redentor, le imputa discretamente a los pueblos de las zonas no integradas la responsabilidad por su ruina.

Por eso la principal batalla de las fuerzas que inducen al caos en las regiones elegidas del mundo, se libra en las mentes de sus ciudadanos. Se trata de cultivar una percepción del mundo que fomenta el odio contra el prójimo, de responsabilizar al propio Gobierno por los padecimientos de la vida cotidiana y de volverse violentamente contra las instituciones y autoridades locales.

Es clave en esta estrategia la demolición del Estado de derecho y la deslegitimización de toda autoridad, la erosión de todo liderazgo genuino de los pueblos. Al mismo tiempo, la construcción artificiosa de líderes huecos, manipulables (Guaidó, Añez) que se irán desechando en forma periódica. No se plantea la consolidación de ciertos Gobiernos-títere, ni tampoco el descabezamiento de un sector de la sociedad para que gobierne otro. Más bien, se trata de sentar las bases para un desgobierno de tiempo indefinido.

Dice el analista Miguel Angel Barrios: “En las operaciones estadounidenses no solo se encuentra un objetivo de cambio de régimen, similar a los muchos que realizaron durante todo el siglo XX en nuestra América, sino también el objetivo es la creación de un caos regional, similar a los escenarios de Oriente Medio que provocaron la destrucción de Siria e Irak, así como Afganistán”.

Las señales de este proceso están a la vista. ¿Seremos capaces de superar colectivamente la ceguera?

Publicado en Sputnik: https://mundo.sputniknews.com/blogs/201912111089597655-guerra-en-america-latina-i-se-perfila-el-nuevo-mapa-del-pentagono/ 

por William S. Lind traditionalRIGHT

En los Estados Unidos, el número de tiroteos masivos continúa aumentando. En el Líbano, Irak, Hong Kong y Chile, los manifestantes llenan las calles durante semanas o meses. En Francia, esa cuna del desorden, los chalecos amarillos se han quedado en silencio por ahora, pero probablemente no por mucho tiempo. ¿Qué esta pasando? ¿Y qué tiene que ver, en todo caso, con las Guerras de la 4ta Generación?

Para abordar la última pregunta, debemos recordar que las Guerras de la 4ta Generación están enraizada en una crisis de legitimidad del Estado. A medida que las personas cambian su lealtad primaria del Estado a una amplia variedad de otras cosas, el Estado pierde su monopolio sobre la guerra y la organización social. Y a medida que esos monopolios desaparecen, el desorden se extiende.

Lo que estamos viendo en la propagación de un trastorno que no es una guerra de la 4ta Generación en sí. Pero es un fracaso del Estado. Como Martin van Creveld argumenta en The Rise and Decline of the State, el Estado surgió con un solo propósito: establecer y mantener el orden y la seguridad de las personas y la propiedad. Los Estados que no pueden hacer eso pierden su legitimidad.

Aquí es donde vemos una respuesta a nuestra primera pregunta, ¿qué está pasando? En más y más lugares, los Estados no logran mantener el orden, pero permanecen como vehículos de la Nueva Clase, del Establishment. El Establishment dirige el Estado, no para proporcionar seguridad a las personas y propiedades para todos, sino para su propio beneficio. Utiliza su control del Estado para darse puestos, dinero (mucho), poder, prestigio, etc. Luego, los emplea para eximirse de las consecuencias del fracaso del Estado; es decir, vive en comunidades cerradas, sus hijos van a escuelas privadas y sus trabajos no emigran al extranjero.

Una de las características interesantes del nuevo desorden mundial es que proviene principalmente de la clase media. Los chalecos amarillos son un ejemplo sorprendente. Pero los jóvenes que llenan las calles de Bagdad y Hong Kong también suelen ser de clase media. Son estudiantes universitarios o recién graduados universitarios. Están tomando las calles porque en todo el mundo, la clase media está bajo una presión cada vez mayor. Los títulos universitarios ya no traen buenos trabajos. Las pensiones y los cheques de sueldos ya no duran hasta fin de mes. Mantener incluso un vestigio de un nivel de vida de clase media requiere endeudarse aún más. El Estado surgió para proporcionar seguridad, pero ahora genera una creciente inseguridad para la clase media.

Hasta ahora, el desorden parece estar dirigido contra el Establishment que dirige el estado, no el estado en sí. Por eso no es la guerra de Cuarta Generación. Si se demuestra que es posible arrancar el establecimiento y reemplazarlo con gobernadores que sirven a la clase media en lugar de a sí mismos, es probable que el estado permanezca. Sin embargo, si el Establishment puede mantenerse en el poder a pesar de su fracaso en la gobernanza, entonces en algún momento es probable que las personas comiencen a renunciar al propio Estado. En ese momento estaremos viendo varias Guerras de 4ta Generación, muchas.

Uno de los pocos beneficios del circo que es la acusación del presidente Trump, es que ha obligado al Establishment de Washington, el Estado Profundo de los Estados Unidos, a manifestarse. Los “testigos” contra el Presidente (ninguno de los cuales parece haber presenciado realmente nada) están en puestos muy bien remunerados y de alto prestigio. Han tenido carreras distinguidas, desde las “escuelas correctas” en adelante. Todos están, profundamente, comprometidos con el orden mundial globalista. Y detestan al presidente porque él no es uno de ellos.

Si el Establishment logra expulsar al presidente Trump de su cargo, de una forma u otra, el mensaje a las personas que votaron por él será simple: usted no cuenta y nunca lo hará. En ese momento, muchos de esos votantes comenzarán a cuestionar el sistema en sí, si aún no lo están haciendo. Y ese sistema es el Estado.

Al final, los Estados no pueden seguir siendo un coto de caza privado para la Nueva Clase. Como Martin van Creveld me dijo hace años en mi oficina de Capitol Hill, todos pueden verlo, excepto las personas en las ciudades capitales.

Traducción: Carlos Pissolito

Publicado en Espacio Estrategico: https://espacioestrategico.blogspot.com/2019/12/la-difusion-de-los-desordenes-y-las.html 

Análisis semanal de Geopolitica de Carlos Pereyra Mele para el equipo del Club de la Pluma, que conduce el Periodista Norberto Ganci por la Radio Web al Mundo

Temas

Venezuela: un año de la aparición de Juan Guaido, Fracaso?

Ataques cibernéticos a las redes eléctricas, sanciones económicas fortísimas, el Show de Cúcuta, y el intento de invasión disfrazado de “ayuda humanitaria” 

Aniquilación de UNASUR por una NO organización llamada PROSUR

Un llamado de atención sobre como es la guerra híbrida del siglo XXI

México un año de AMLO y la violencia organizada de la narcopolítica y las implicancias de su corrupción y violencia, la derrota de las FFAA en Sinaloa cuando atacó las fuerzas del narco cuando se intentó detener al hijo del Chapo Guzmán. Un llamado de atención para toda iberoamérica

Cuba el aumento de las sanciones de EEUU al gobierno isleño para garantizar el voto de los republicanos exiliados cubanos en Miami para 

Crisis sistémico del sistema Neoliberal en suramerica que “sorprendió” a los políticos y empresarios que se habían beneficiado por años y que se expandió como un reguero de pólvora incendiada por el subcontinente, y de nuevo, el último recurso o ratio de este “modelo” con un retorno de la presencia militar en todos los estados en crisis empezando por: Ecuador, pasando por Perú, el Golpe en Bolivia (disfrazado de Motín)  y la mayor crisis que estalló en la “perla” del modelo presentado como panacea a la región el estallido: Chile

Argentina cambio de Poder retorna una versión ligh de peronismo con un panorama de tierra arrasada que deja el neoliberal Mauricio Macri, con una crisis económica política social judicial. Duro trabajo tendrá la administración de Alberto Fernández para recomponer la situación heredada

Nueva forma de intervencionismo global que ahora pasamos del derecho de ayuda humanitarias como se le aplicó a: Serbia y Libia, ahora se aplicaría para intervenir en los países que no respeten las normas sobre cambio climático  

AUDIO:


Las posibles consecuencias militares del Cambio Climático

por Carlos Pissolito

Los mecanismos para la seguridad colectiva del Mundo son una hecho que tuvo su inicio en la conformación de la ONU, tras la finalización de la 2da GM.

Inicialmente, se los pensó para colaborar en la solución de conflictos terminados, pero no cerrados, en los que era necesaria una intermediación para separar a las partes en conflicto, lo que, por lo general, eran Estados nacionales. Así nacieron las misiones militares de paz o “peacekeeping”. Un término que no estaba en la Carta de esa organización, pero que se creyó conveniente inventar.

En un principio, el particular sistema de veto de su Consejo de Seguridad hizo que éstas, fueran más bien escasas, ya que cada uno de los “Grandes” se encargaba de vetar las propuestas no aceptables para sus intereses. Aunque todo cambió a partir del colapso de la URSS, que permitió que éstas se multiplicaran en la década de los a los 90, pues Rusia dejó de oponerse por cerca de un a década.

Pero, no solo se incrementaron las operaciones militares de paz en su cantidad, también, cambiaron cualitativamente. Ya que pasaron de sencillas misiones de interposición para mantener una paz ya establecida con el consenso de las parte en conflicto; a  ser misiones de imposición de la paz, con o sin el consentimiento de las partes.

Pronto, un grupo de intelectuales de los denominados países desarrollados, pero no de las potencias (principalmente de Canadá y de los Países Nórdicos) comenzaron a hablar de la necesidad de intervenir en aquellos Estados en que se producían gruesas violaciones a los DDHH.

Si bien, la ONU no adhirió -formalmente- a esas doctrinas, convalidó con mandatos específicos, por ejemplo, las operaciones militares lideradas por los EEUU para los cambios de régimen en Serbia (1989) y en Libia (2011).

Actualmente, tal como lo señala la academia danesa para fuerzas de paz,  estas misiones deberían orientarse contra aquellos Estados que desafían las restricciones al cambio climático por considerarlo una amenaza a la paz y a la seguridad mundial.

Poco antes, casi anecdóticamente, una adolescente sueca había acusado a la Argentina, a Alemania, a Brasil, a Francia, y a Turquía por violar los protocolos ambientales y afectar a la infancia.

Muchos, erróneamente, sostienen que la ONU ha fracasado en su pretensión de ayudar a preservar la paz y la seguridad mundial. Probablemente, esto sea así. Lo que no se puede negar es el esfuerzo y los logros de esta organización para diseñar, solventar y apoyar operaciones militares a lo largo y ancho del Mundo en función de lo que ha considerado conveniente en cada oportunidad.

Tampoco, puede negarse la influencia intelectual que ejercen, mediante bien aceitados lobbies, los ya mencionados países desarrollados.  La que, en no pocas ocasiones, proveen a la ONU del justificativo moral para cruentas intervenciones militares de muy dudosa utilidad.

Es por ello, que Estados periféricos como el nuestro, que no solo carecen del poder de veto, también, del poder de influencia de otros;  debe estar atenta frente a estas movidas. Las que si bien se inician en cerrados cenáculos de pensamiento; pueden llegar a convertirse en el libreto para futuras intervenciones militares que nos tengan como blanco.

Una advertencia que tiene particularmente valor para un país como el nuestro, con una diplomacia siempre bien dispuesta a adherir y a comprar -llave en mano- tratados, resoluciones altisonantes de reconocimiento de derechos. Algunos de las cuales pueden presentar serias amenazas para nuestros intereses y para nuestra seguridad nacional.

Carlos Pissolito Coronel (R) Ejercito Argentino


INFORME DE NOVIEMBRE DEL 2019ESTADOS UNIDOS: INTERVENCIÓN EN EL BLOQUE LATINOAMERICANO

Por Natalia Arias

La situación de los regímenes políticos latinoamericanos, cada vez se vuelve más compleja, tanto a nivel interno como externo, y en el contexto internacional, podemos visualizar una Unión Europea un tanto debilitada a nivel de influencia, y una potencia asiática como lo es China, lo que hace propicio que la bandera de Estados Unidos se alce como el sol en el horizonte, poniendo fin a su política de “defensor de los derechos”. 

Es así que el retiro del Acuerdo de París por parte del gobierno norteamericano, establecido con relación al cambio climático y a la necesidad de reducir las emisiones de contaminación, pone en evidencia el descaro de quienes ejercen la mayor cantidad de emisiones de dióxido a nivel global, entre otros elementos contaminantes.

Es más, en un aspecto más inclinado a las alianzas, encontramos a un Estados Unidos que suelta la mano de sus aliados en un intento de presión para redirigir su política exterior e interna, que originalmente había partido -tal como a lo largo de su historia- como un defensor de la democracia.

Por otra parte, la reciente aprobación -el pasado 3 de Diciembre- sobre el accionar del TIAR en relación a Venezuela, hizo que quedaran sancionados 29 funcionarios cercanos al gobierno de Nicolás Maduro en materia de movilidad y financiera.

¿Cuál será la próxima jugada de la potencia norteamericana en Latinoamérica?

Desde mediados de Noviembre, posterior a las elecciones presidenciales en Argentina, podíamos observar la preocupación de Estados Unidos en la política exterior que adoptaría Alberto Fernández al asumir la presidencia. Aparentemente las relaciones y diálogos concluyeron de manera positiva entre el candidato elegido y Washington, más no fue sorpresa que por parte de Donald Trump, en un contexto todavía de conflicto comercial con China primado de intereses, se haya tomado la decisión de imponer aranceles -sobretodo al hierro y al acero- a sus países “amigos”: Ni más ni menos, a Brasil y Argentina. 

“Washington no va a dudar en imponer sanciones a cualquier país que devalúe su moneda, ya que cuanto más lo hagan, más baratos serán sus productos” anunció el secretario de Comercio de los Estados Unidos, Wilbur Ross, en un claro intento de imposición como potencia económica para con respecto a la latente posibilidad de una mejora en el sistema de exportaciones (y si se quiere profundizar más, una posible alianza con China)1

Si indagamos en estadísticas, Argentina exporta el 0,6% de acero hacia EEUU, y el 2,3% de aluminio. Brasil es el mayor importador de carbón siderúrgico de Estados Unidos, siendo el 80% de las exportaciones de acero brasileñas productos semiacabados, utilizados como materia prima por la industria siderúrgica estadounidense.

Ya la Cámara Argentina del Acero (CAA) ha manifestado su preocupación con la medida estadounidense, y piden que la problemática sea abordada en la siguiente Cumbre del Mercosur, con fecha base de 5 de diciembre.

La justificación de las sanciones de Donald Trump se inclina a la protección nacional de sus agricultores, más paralelamente la cuestión en el escenario internacional, se enmarca en la espera del cumplimiento de su rol hegemónico. Próximamente veremos nuevas reacciones de los pares ante este hecho que restringe aún más nuestra capacidad de producción y productividad.

         Ya sabemos de antemano que el poder norteamericano se ha visto ejercido y posicionado en el bloque latinoamericano, en base a la defensa y soporte de presidentes interinos, tal como fue el intento fallido en Venezuela con la figura polémica de Juan Guaidó -y aún así se le atribuye la culpa a Cuba como fomentador de las protestas latinoamericanas, y como obstáculo para el regreso hacia la democracia2. Es así que el nuevo intento alude a Bolivia, y el reconocimiento hacia la presidencia provisoria de Jeanine Áñez, quien en una sesión legislativa sin quórum, se proclamó presidente interina del Estado Plurinacional de Bolivia. El reconocimiento internacional incluye, por su puesto, a su “mano derecha” Jair Bolsonaro, quien reconoció y felicitó la asunción de Jeanine Áñez. 

         De todas formas, Donald Trump, ha dejado bien en claro su interés y su rol como fomentador de la democracia, advirtiendo que este acontecimiento ha sido una clara señal para “los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua”, confirmando que con la caída de Evo Morales, el continente americano “está a un paso más cerca” de ser “plenamente democrático, próspero y libre” 3

         Otro dato preocupante del “mayor ejemplo de la democracia en la historia” -citamos a Mike Pompeo4 -, fue su elogio al papel de las fuerzas militares, quienes “sugirieron” una retirada de la presidencia de Morales: “Estados Unidos aplaude al pueblo boliviano por exigir libertad, y a los militares bolivianos por acatar su juramento de proteger no solo a una sola persona”3

Las primeras tareas a concretar para el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos por parte del régimen interino de Bolivia, implicó el reciente nombramiento del embajador boliviano Walter Oscar Serrate en Estados Unidos, por primera vez en once años, luego de la expulsión de su predecesor Gustavo Guzmán en 2008. 

El interés del control latinoamericano por parte de Estados Unidos implica su participación en la situación en Nicaragua, quien se suma a la lista de revueltas internas junto con Cuba, Colombia, Chile, Bolivia, etc. Mike Pompeo, una vez más, ejerció presión al advertir posibles sanciones en contra del gobierno de Ortega, a quien ya previamente se ha sancionado. Sin embargo la justificación de Pompeo, tal como es característico del poder norteamericano, se basó en que “Estados Unidos está tomando acciones para restaurar la democracia en Nicaragua, y se continuará presionando al régimen de Ortega hasta que todas las libertades sean restauradas” Escribió el pasado 2 de Diciembre en su Twitter.

En otro orden de ideas los acuerdos arribados por el gobierno de Donald Trump, explicitan el interés en mantener el control -al menos- en algunos países de Centro América y Sudamérica.

En este sentido, recientemente se ha firmado un acuerdo de seguridad fronteriza con Ecuador, a través del sistema PISCES. El objetivo se inclina a proporcionar al Ecuador un sistema de “control de fronteras con tecnología biográfica y biométrica”; en otras palabras, permitirá verificar huellas digitales, rostros y documentos de los viajeros, identificando así a quienes puedan representar una amenaza para la seguridad pública. Dicho sistema funcionará en cuanto a la documentación de llegada y salida de viajeros internacionales en puertos y aeropuertos de Ecuador. 5

El problema de las migraciones ha sido un tópico polémico en cuanto a la dirección de la política exterior norteamericana, y recientemente se ha alistado un reglamento de acuerdos para con Honduras, el Salvador y Guatemala, preparándose para la aplicación del infame acuerdo de “Tercer País Seguro”. Inclusive en Guatemala, el pasado 21 de noviembre comenzó a llevarse a la práctica dicho acuerdo. Sin embargo, sigue en debate la conceptualización de qué considera el hegemón como país seguro.

Otro acuerdo de carácter comercial que debemos destacar, es el que involucra a Estados Unidos, México y Canadá, quienes ya desde el año pasado acordaron reemplazar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con un nuevo pacto; el T-MEC, que comparado con su predecesor, otorga a Estados Unidos un mayor acceso al mercado lácteo canadiense, incentiva la producción automotora, establece cláusulas medioambientales y laborales, y actualiza las protecciones de propiedad intelectual.

Finalmente para agregar, se va a establecer una serie de ejercicios, capacitaciones y simulacros en conjunto entre la seguridad de Panamá y Estados Unidos para lidiar con los desastres naturales, en el marco de la “Operación Mercurio”. El objetivo implica poner a prueba la habilidad de los participantes, y mejorar el tiempo de respuesta. Más la opinión pública comenzó a rechazar esta operación, debido a la cercanía geoestratégica de las bases improvisadas con respecto a la frontera con Colombia, y por los riesgos que la nación asume en el posible uso militar inadecuado por parte de la potencia extranjera6

A modo de conclusión, ha quedado en claro que la situación interna de los regímenes latinoamericanos se ve muy compleja. Estas revueltas en Chile, Bolivia, entre otros, sumadas a las elecciones en diferentes países como Argentina y Uruguay, han captado la atención prioritaria estadounidense.

Sin embargo, queda una pregunta pendiente a futuro. Ante la victoria de Alberto Fernández, quien ha dejado en claro el tipo de relaciones que desea tener con el país norteamericano a la hora de asumir la presidencia ¿Se sumará Uruguay, con un gobierno de derecha -tal como aspiraba Estados Unidos- a la lista de países estratégicos que brinden su apoyo en esta situación de desestabilización de alianzas para con Latinoamérica?

Por Natalia Arias Investigadora Junior de Dossier Geopolitico.-

Fuentes:

1https://www.infobae.com/economia/2019/12/02/eeuu-sobre-la-sancion-comercial-a-la-argentina-y-brasil-aun-nuestros-amigos-deben-vivir-segun-las-reglas-que-existen

2https://www.infobae.com/america/venezuela/2019/11/26/eeuu-incluyo-a-una-de-las-principales-empresas-de-cuba-en-su-lista-negra-por-vinculos-con-el-regimen-de-nicolas-maduro/

3https://www.infobae.com/america/america-latina/2019/11/13/estados-unidos-reconocio-a-jeanine-anez-como-presidenta-interina-de-bolivia/

4https://www.cnnchile.com/programas-completos/mike-pompeo-protestas-america-latina_20191202/

5https://www.elcomercio.com/actualidad/eeuu-ecuador-acuerdo-seguridad-frontera.html6https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=325731&SEO=rechazan-ejercicios-militares-de-ee.