Por Pepe Escobar que autoriza su publicacion en Dossier Geopolitico

El Astana Club está ahora firmemente establecido como una reunión anual indispensable entre Oriente y Occidente en el Heartland. El foro de este año, que se celebrará a -32 grados Celsius en la capital kazaja, no podría haber sido programado en un punto de inflexión geopolítica más incandescente.

Se organizaron varias mesas redondas para examinar el espectro completo del “megaciclo de agitación” en el que todos estamos inmersos, que genera enormes desafíos para una Eurasia en constante integración, hogar de ¾ de la población mundial y más del 60% del PIB global.

La mesa redonda al estilo de Star Wars reunió a una mezcla de atlantistas variados, en su mayoría estadounidenses y británicos, y especialistas de toda Eurasia de China, Rusia, India, Turkiye y Azerbaiyán. Ahora entremos directamente en la acción.

Cuando se trata de “dónde estamos ahora y hacia dónde nos dirigimos”, era difícil pasar por alto tonterías occidentales como la adquisición de lebensraum por parte de Rusia y la trampa de Tucídides. Además, la mesa no conciliaba exactamente el hecho de que, en medio de toda la exageración de la “desglobalización”, Singapur sigue siendo muy atractivo para las elites occidentales, cuando sigue siendo una autocracia de facto.
El siempre entretenido Edward Luttwak, que asesoró y asesora a todos y a su vecino en el Estado Profundo estadounidense, acuñó hitos como el “turbocapitalismo”, imprimió la noción de geoeconomía y cría vacas en la selva boliviana, desarrolló una vez más su Obsesión china. Fue inflexible: el Consejo de Seguridad de la ONU es una pérdida de tiempo; “todos los países cercanos a China son anti-China”, lo cual es evidentemente falso; y «no hay simetría entre Estados Unidos y China».

Al hablar sobre “el mundo al borde del abismo”, Charles Kupchan, del Consejo de Relaciones Exteriores, reflexionó por videoconferencia sobre la “derrota estratégica” de Rusia antes de pedir un “cese del derramamiento de sangre”, cuando nunca hubo tal. llamadas antes de la muy elogiada y fallida contraofensiva ucraniana.

Zhao Long, del Instituto de Estudios Internacionales de Shanghai, prefirió centrarse en la “paciencia estratégica” de China, un enfoque holístico, así como en China como una de las principales víctimas de la guerra por poderes en Ucrania. Zhao Huasheng, de la Universidad de Fudan, añadió que una “guerra a domicilio” sólo aumenta la “inseguridad a domicilio”.

Sobre la amenaza de fragmentación de la economía mundial, Sergey Afontsev, de la Academia de Ciencias de Rusia, destacó cómo Moscú reestructuró el comercio exterior en menos de seis meses y cómo todo el mecanismo de exportación de petróleo a la India se puso en marcha en sólo unos pocos meses. meses.

Un hilo clave en todas las discusiones fue la “titulización de todo” –y cómo esta peligrosa interdependencia sólo exacerba los riesgos de seguridad. Evan Feigenbaum, del Carnegie Endowment for International Peace, propone que estamos inmersos en un choque entre la integración económica y la fragmentación de la seguridad.

Una revisión de la realidad sobre las sanciones

Damjan Krnjevic-Miskovic, de la Universidad ADA de Bakú, hizo una excelente presentación sobre la interconexión lenta pero segura entre la Gran Asia Central y Afganistán, centrándose en la conectividad a través de lo que en realidad es el espacio de la Ruta de la Seda.
Está en vigor un puente continental: China construye ferrocarriles hacia Kazajstán, Kirguistán y Uzbekistán.

Las ventajas del Corredor Medio multimodal -o Transcaspio, que une China con Europa a través de Asia Central, el Caspio y el Cáucaso Sur- seguramente se superpondrán con el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC), cuyos principales actores son Rusia, Irán e India.

Idealmente, eso permitirá la integración sinérgica del Cáucaso Meridional, Asia Occidental, Asia Central y Asia Meridional, congregando a actores clave desde la OCS hasta la BRI, y con Afganistán como pivote: todo el espacio, enfatizó Krnjevic-Miskovic, está “en la misma dirección”. la cúspide de convertirse en un actor autónomo en el orden internacional”.

Una “verificación de la realidad” sobre las sanciones desató un debate sobre la utilización del dólar estadounidense como arma, en el que Afontsev reexaminó la reestructuración del comercio exterior de Rusia y su éxito en términos de estabilidad macroeconómica y “no permitió que aumentaran las presiones internas”. Consecuencias: Moscú logró “reunir a los ciudadanos rusos contra Occidente” y hubo “una mayor oferta de mano de obra a la Federación Rusa”.

Zhou Bo, con quien sostuve fascinantes intercambios al margen del foro, volvió a enfatizar que para los estadounidenses, la amistad entre los vecinos China y Rusia “tiene que ser limitada”.

En medio de todo el alboroto de desacoplamiento y reducción de riesgos, observó Bo, los estadounidenses todavía se aferran a la ficción de persuadir a China para que no trabaje contra Occidente, cuando Beijing nunca abrigó tal intención. China se enorgullece sobre todo de ser miembro del Sur Global, centrado en la expansión de los BRICS: una organización no occidental comprometida con el comercio de monedas nacionales.

Al final, dijo Bo, lo que tenemos, por ejemplo, en el Mar de China Meridional son continuas provocaciones estadounidenses que hacen al EPL cada vez más fuerte.

En un debate bastante animado sobre la IA, Thomas Cellucci, asesor clave en comercialización de ciencia y tecnología de las administraciones Bush II y Obama, enfatizó la “IA ética”; transparencia en los algoritmos de IA; y, sobre todo, que la ciencia y la tecnología no deberían involucrarse en la política.

Zhou Bo, por su parte, enfatizó las restricciones estadounidenses a la IA china, incluso cuando la Universidad de Tsinghua está trabajando conjuntamente con Brookings en investigaciones sobre la IA militar y aspectos cruciales del comando y control nuclear. En cuanto a la UE, Bo destacó correctamente que está más interesada en “regular la IA” que en “crearla”.


Moderé un debate sobre la “era del bloqueo”, que al final fue bastante productivo, ya que sólo hubo dos presentaciones de expertos: la de James Lindsay del Consejo de Relaciones Exteriores y, una vez más, Zhou Bo. Eso dejó mucho tiempo para la palabra. Esencialmente, hubo cierto acuerdo en que la Tercera Guerra Mundial no está a la vuelta de la esquina… todavía; Washington se resistirá por todos los medios a un G-2 bipolar entre Estados Unidos y China; y el camino será largo para que el yuan desplace al dólar estadounidense en toda Eurasia.
Es posible que haya habido dos cuestiones problemáticas en el Astana Club de este año: no hubo suficiente discusión centrada específicamente en los “stans” del Heartland y de Asia Central; y no hay suficiente discusión sobre las consecuencias de que la UEEA y los BRICS pronto elaboren una hoja de ruta viable para la desdolarización del comercio en toda Eurasia.

Las tensiones finalmente salen a la superficie

La última sesión plenaria se centró en “una nueva fórmula para la paz” y fue inaugurada por el primer presidente de Kazajstán, Nursultan Nazarbayev, cuyas memorias acaban de publicarse en ruso (y próximamente en inglés).
Nazarbayev se encargó de recordar un punto crucial: él fue responsable de la desnuclearización de Kazajstán, desmantelando lo que en ese momento era el cuarto arsenal nuclear más grande del mundo, luego transferido a Rusia en 1995.

Destacó “el colapso del antiguo orden mundial”; renovó su apoyo al desarrollo sostenible; y elogió la “transformación más radical de Eurasia en 100 años”.

Eso preparó el escenario para el debate final. El ex presidente español José Luis Zapatero hizo un apasionado llamamiento a favor de un alto el fuego humanitario en Gaza. Y el legendario periodista ruso Vladimir Pozner, de casi 90 años, que entre otras cosas fue presentador de un popular programa político de televisión en el Canal Uno durante 14 años, ofreció su interpretación del conflicto en Ucrania.
Y fue entonces cuando finalmente explotó la tensión apenas contenida que burbujeaba debajo del foro. El catalizador tuvo que ser Ucrania.
Un atlantista le faltó el respeto a Pozner con un ataque ad hominem barato. Me vi obligado a intervenir delante de todos. El debate que siguió fue crudo: de un lado, dos rusos y yo. Del otro lado, la supremacía angloamericana.

Eso sólo confirmó, una vez más, que la actual humillación cósmica entre Estados Unidos y la OTAN en la guerra por poderes en Ucrania será para los atlantistas una herida dolorosa que nunca sanará. El mérito es del Club Astana por hacerlo, una vez más, bastante gráfico, en medio de un debate mayoritariamente civilizado sobre todos los aspectos de nuestra actual y tóxica situación geopolítica.
Y no, no encontramos una “nueva fórmula para la paz”.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor/autora y no representan necesariamente la posición de Dossier Geopolitico

FUENTE: https://sputnikglobe.com/20231215/pepe-escobar-clash-of-civilizations-in-kazakhstan-1115599377.html

Está decidido. El presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha anunciado que volverá a postularse a la reelección en los próximos comicios de 2024. Putin dio a conocer su decisión en una ceremonia celebrada en el Kremlin, al responder a una pregunta de Artiom Zhoga, portavoz del Parlamento de la República Popular de Donetsk.

Javier Benitez entrevista a Carlos Pereyra Mele para Radio Sputnik

AUDIO DE LA ENTREVISTA

Cuestión existencial

Zhoga, padre del fallecido comandante del batallón de reconocimiento Esparta, pidió personalmente a Putin que participe en las presidenciales, alegando que todavía queda mucho trabajo por hacer. «Usted es nuestro presidente, nosotros somos su equipo, lo necesitamos, Rusia lo necesita», afirmó Zhoga, a lo que el jefe del Kremlin respondió: «Sí, lo haré». «Vivimos en una época en que hay que tomar decisiones», dijo Putin, al aseverar que no abandonará al pueblo y se postulará.

Para el director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, se trata de «una reacción lógica la de Vladímir Putin la de presentarse nuevamente para seguir conduciendo férreamente el Estado de la Federación de Rusia, viendo el entorno en que se está desenvolviendo el conflicto».

El analista detalló: «Nosotros tenemos un dicho criollo muy importante, que dice: ‘No se puede cambiar de caballo a mitad del río’. Y esto hace referencia a una situación que es lógica, y creo que viene muy bien esta ‘imagen’ para hablar de esto, ya que [está] en pleno desarrollo de un conflicto fundamental en el que está inmersa la Federación de Rusia, que es un conflicto existencial: no es un conflicto más, como podría ser quizá un conflicto […] en algún otro de menor envergadura, o aún en una lucha antiterrorista, etc. Acá lo que estamos viviendo es algo existencial, y [Putin es] quien está conduciendo el conflicto, con un objetivo claro y concreto que es la supervivencia del Estado de la Federación de Rusia tal como lo conocemos, y el fortalecimiento del mismo, requiere que la conducción siga estando centralizada en la misma persona que hasta ahora está llevando adelante este desenvolvimiento del conflicto», señala el experto.

«Si uno ve estos últimos 23 años, Putin parece que es el hombre del destino que ha tenido Rusia, y que la ha sacado del deterioro y de la catástrofe que vivió luego del paso del tsunami neoliberal y el desmantelamiento del Estado ruso», concluye Pereyra Mele.

Por Peter Logghe

Donde la tierra y el mar se encuentran, hay lugar para la tensión geopolítica, especialmente cuando se trata de Estados competidores que bordean mares o lagos interiores. Esa tensión es obvia para todos alrededor del Canal de Suez, en el Océano Índico, en el Mar del Sur de China, con las numerosas disputas entre la superpotencia China y estados como Japón, Taiwán, Filipinas y otros.

Menos conocido es el Bósforo, en el Mar Negro, mientras que la invasión rusa de Ucrania pone cada vez más de relieve la importancia geopolítica de este estrecho turco. Basándose en la Convención de Montreux de 1936, Turquía ha jugado repetidamente sus bazas estratégicas. Debido a la globalización del comercio y, por tanto, al enorme aumento del transporte marítimo, Turquía ha desarrollado recientemente el proyecto del «Canal de Estambul», para aliviar parcialmente el Bósforo, pero sin beneficiarse menos del aumento del transporte marítimo.

Ana Pouvreau, doctora en estudios eslavos por la Universidad de París-IV Sorbona, diplomada en relaciones internacionales y estudios estratégicos por la Universidad de Boston, dedica un extenso artículo en la revista francesa Conflits (revista de geopolítica), nº 48 (noviembre-diciembre de 2023) a este estrecho marítimo que ha desempeñado y seguirá desempeñando un papel político-económico tan importante. Se trata de un estrecho de unos 30 kilómetros que conecta los continentes europeo y asiático.

Los otomanos se dieron cuenta de la importancia geopolítica de este tramo de mar hace mucho tiempo: en 1393 y 1451 construyeron fortificaciones en el Bósforo, lo que les permitió tomar Constantinopla en 1453. Sobre todo, se dieron cuenta de que, al hacerlo, controlaban el acceso de los barcos al Mar Negro y, por tanto, tenían el control sobre todo el Mar Negro y sus Estados. El Mar Negro se convirtió en un lago turco, en detrimento de Rusia. Esto obligó a los rusos durante siglos a pedir siempre permiso al sultán para navegar por el Bósforo. La balanza se inclinó en el siglo XVIII, cuando los rusos lograron conquistar la costa norte del Mar Negro y obtuvieron el derecho a navegar en el mar y a través del estrecho. Sin embargo, el Bósforo siguió provocando tensiones geopolíticas.

Importancia de la Convención de Montreux (20 de julio de 1936)

La autora Ana Pouvreau subraya acertadamente en Conflits la importancia de la Convención de Montreux, que sigue siendo válida. Ese acuerdo internacional garantiza el libre paso de los buques comerciales. El paso de los buques de guerra está sujeto a restricciones especiales. En particular, los Estados no ribereños del Mar Negro tienen que limitar el número de buques de guerra y su tonelaje. Turquía tiene la potestad de denegar el acceso al Bósforo a cualquier barco y de hacerlo a su discreción – en tiempos de guerra, Turquía recurrió a esto. El 27 de febrero de 2022, la guerra en Ucrania se registró como amenaza, lo que permitió a Turquía adoptar medidas restrictivas basadas en este convenio.

Si el Bósforo es una de las puertas de entrada a Rusia para Europa Occidental, los estrechos son el único acceso por agua posible al Mediterráneo para Rusia y, por tanto, un punto caliente geopolítico para la flota rusa en el Mar Negro. Gracias a la pertenencia de Turquía a la OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte controló durante décadas el acceso al Mar Negro, lo que no es poco. Con la desintegración de la Unión Soviética, afirma Ana Pouvreau, el espacio póntico se abrió aún más a la Alianza Atlántica. La tensión aumentó con la secesión de Transnistria, Abjasia y Osetia del Sur, que se unieron a Rusia. Para Igor Delanoë, experto en Rusia, esta zona sigue siendo «un polo militar póntico-caucásico», que Rusia ve como una oportunidad para responder a las políticas de contención estadounidenses, aumentando así la influencia rusa en la región. Ana Pouvreau, por ejemplo, se refiere al estallido de la guerra en Siria en 2011. Rusia creó entonces de inmediato una base de apoyo marítimo -también conocida como el Expreso de Siria- para hacer llegar ayuda militar (a través del Bósforo) al régimen de Assad sobre el terreno.  Los buques rusos atravesaron en masa los estrechos turcos.

El Mar Negro y el Mar de Azov son verdaderos centros de intercambios comerciales entre Rusia y el resto del mundo, especialmente a través del puerto de Novorossiysk, que se ha convertido silenciosamente en el puerto más importante de Rusia – de ahí de nuevo la importancia del Bósforo. Alrededor del 40% de la producción bruta de petróleo de Rusia pasa por el Bósforo. Rusia suministra a Turquía suficiente combustible – Turquía se opuso y se opone a las sanciones económicas contra Rusia. Rusia es además el primer exportador de grano y harina, y – a través del Bósforo – un actor global en la seguridad alimentaria mundial.

La globalización de la economía mundial ha incrementado enormemente los intercambios comerciales en el Bósforo y sus alrededores. Para los Estados ribereños de Turquía, Bulgaria, Rumanía, Ucrania, Rusia y Georgia, este estrecho reviste una importancia primordial. En 2019, según el autor de Conflits, 40.000 barcos atravesaron el Bósforo. Desde hace varios años, el tráfico incluso se ha saturado, obligando a los barcos a soportar largas esperas. Estambul creció junto con el comercio mundial y hoy es una de las principales metrópolis del mundo, con 15,84 millones de habitantes.

Además, desde la invasión rusa de Ucrania, Turquía se ha convertido en un centro energético y en un puerto de tránsito de petróleo y gas de Asia a Europa aún más importante de lo que ya era. Turquía, por su parte, lleva desde 2021 ejecutando sus planes para el llamado Canal de Estambul, que espera completar en 2027. Este canal, según el gobierno turco, debería reducir la presión sobre el Bósforo. El canal tendrá 45 km de largo y 275 metros de ancho. El paso será de pago, lo que, sin embargo, puede tener un coletazo jurídico, ya que comprometería la libertad de navegación. Rusia ve el proyecto con recelo, ya que este nuevo canal permitiría a la OTAN llevar sus tropas al Mar Negro con mayor rapidez.

Puede que el Bósforo sea menos conocido para el gran público, pero el lugar no es insignificante en las crecientes tensiones geopolíticas.

Conflits, Revue de Géopolitique, novembre-décembre 2023, n° 48, 32 rue du Faubourg Poissonnière, F-75010 Paris.

Fuente: Knooppunt Deltapers – Nieuwsbrief nº 184 – Noviembre de 2023

Traducción: Enric Ravello Barber publicado en Geopolitika.ru

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor/autora y no representan necesariamente la posición de DOSSIER GEOPOLITICO

POR MK BHADRAKUMAR

Ceremonia de presentación de las medallas de la Estrella de Oro a los Héroes de Rusia, St George Hall, Kremlin, Moscú, 8 de diciembre de 2023 

El anuncio del viernes del presidente ruso Vladimir Putin de que buscará la reelección para un quinto mandato no fue una sorpresa. Es sorprendente que haya elegido la ocasión de una ceremonia en el Kremlin en la que se conferían las medallas de Héroe de Rusia a los militares que habían participado en la operación militar rusa contra Ucrania para hacer el anuncio. 

Putin fue encontrado respondiendo a una exhortación del Héroe de la República Popular de Donetsk Artyom Zhoga, comandante del famoso Batallón Esparta (que sucedió a su hijo Vladimir, que murió a la edad de 28 años en 2022 y recibió póstumamente el título de “Héroe de Rusia”). ”) que a todo el Donbass le gustaría que participara en las elecciones. No hay duda de que el coronel Zhoga expresó un deseo colectivo del pueblo ruso. 

La guerra de Ucrania ha resultado ser un acontecimiento decisivo en la vida política de Putin. Inicialmente, cuando comenzó la operación militar especial a finales de febrero de 2022, hubo un error de cálculo al pensar que sería un asunto de corta duración y que el presidente Vladimir Zelensky aceptaría la oferta rusa de negociar. Pero en lo que Moscú se equivocó terriblemente fue en que Estados Unidos no entraría en una guerra por poderes con ellos con tanto entusiasmo y manipularía a Zelensky para que no buscara la paz.   (Vea un excelente relato, en inglés, del sabotaje de Estados Unidos al Acuerdo de Estambul, titulado Paz para Ucrania  , escrito por una distinguida troika alemana formada por un diplomático, un historiador y un general.) 

De hecho, Putin finalmente logró sacar del peligro la tentativa operación militar especial al realizar una retirada táctica de tropas en los sectores del norte, lo que permitió una gran movilización de tropas para llevar a cabo una guerra de desgaste y ordenó una fortificación efectiva en múltiples niveles de la línea del frente. En retrospectiva, sus decisiones militares cambiaron el rumbo de la guerra y el armamento y la tecnología militar rusos superaron a los que Estados Unidos y la OTAN suministraron a Kiev. 

A partir de ahora, las fuerzas rusas están avanzando a lo largo de los 900 kilómetros de línea del frente y el impulso podría llevarlas lejos incluso a través del Dnieper. Crimea y el Mar Negro no corren ningún peligro grave; Los cuatro nuevos territorios son ricos en recursos y Rusia controla todos los puertos en el estratégico Mar de Azov, que es una importante ruta de acceso para Asia Central desde el Mar Caspio a través del Canal Volga-Don. 

Sin embargo, aunque Estados Unidos no logró una victoria militar en Ucrania, la Administración Biden intentará prolongar el conflicto el mayor tiempo posible hasta 2024 con la esperanza de desangrar a Rusia en una lucha extenuante como la de Afganistán en los años ochenta. Pero es una esperanza vana. 

Sergey Naryshkin, jefe del servicio de inteligencia exterior de Rusia, escribió la semana pasada en la revista de la agencia Razvedchik (El Operativo de Inteligencia) que «existe una alta probabilidad de que un mayor apoyo a la junta de Kiev, especialmente dada la creciente ‘toxicidad’ del tema ucraniano para los asuntos transatlánticos La unidad y la sociedad occidental en su conjunto acelerarán el declive de la autoridad internacional de Occidente.

«La propia Ucrania se convertirá en un ‘agujero negro’ que absorberá recursos materiales y humanos a medida que avance», continuó. «Al final, Estados Unidos corre el riesgo de crear ‘otro Vietnam’, con el que cada nueva administración estadounidense tendrá que lidiar hasta que alguna persona sensata que tenga el coraje y la determinación de romper este círculo vicioso asuma el poder en Washington».

Ucrania seguirá siendo una cuestión prioritaria para Rusia y esa es una de las principales razones por las que la elite rusa y la nación en general quieren que Putin permanezca en el poder hasta 2030. El quid de la cuestión es que Putin también modificó brillantemente las políticas económicas y sociales para secuestrar la vida de los rusos comunes y corrientes de las privaciones habituales características de una «economía de guerra». La vida continúa y la ‘nueva normalidad’ está funcionando bien. 

Putin ha desperdiciado el objetivo de Estados Unidos de atrapar a Rusia en un aparente atolladero (haciendo que la economía rusa caiga en picada y avivando el descontento social y creando condiciones para una insurrección contra el régimen) para debilitar a Rusia y sacarla del escenario global como un país cada vez más eficaz. contrapunto a la hegemonía occidental al alimentar tendencias escindidas que amenazan la unidad y la integridad de la Federación Rusa. 

En realidad, los logros de Putin son un trabajo en progreso y su permanencia en el poder sigue siendo un requisito previo para el resurgimiento de Rusia como una «superpotencia» que supere incluso a la Unión Soviética en algunos aspectos, en circunstancias que son tan desafiantes como que ofrecen oportunidades que deben aprovecharse creativamente en un entorno mundial volátil y en transición histórica. 

Putin probó el terreno y ha puesto a Rusia en el lado correcto de la historia, por así decirlo, lo que presenta un estudio en contraste con el desorden, la falta de convicción y el liderazgo mediocre en Estados Unidos y el sistema transatlántico en su conjunto. 

Si se toma como punto de referencia el ensayo de Naryshkin antes mencionado (titulado 2024 es el año del despertar geopolítico ), se puede esperar que el mundo en transición tenga una trayectoria en las siguientes líneas: 

  • Un conflicto fundamental entre el «viejo» y el «nuevo» mundo, que ha ido madurando bajo la superficie durante las tres décadas transcurridas desde el fin de la guerra fría, ha «pasado a una fase abierta» con el comienzo de la operación militar especial de Rusia. y ha “adquirido un carácter geográficamente abarcador” en el último año. 
  • Un número cada vez mayor de países que “comparten las ideas de multipolaridad y se adhieren a una visión del mundo tradicional” están haciendo retroceder la agenda globalista y antihumanista de Occidente.
  • En consecuencia, se multiplican los riesgos de inestabilidad, lo que conduce a “un aumento del carácter caótico de los procesos que tienen lugar en el ámbito de la política exterior”. La situación emergente exige “notable moderación y previsión” por parte de los líderes mundiales. 
  • En resumen, la situación actual “recuerda cada vez más a una situación revolucionaria de clase, cuando las ‘clases altas’, frente al debilitamiento de Estados Unidos, ya no pueden proporcionar su propio liderazgo, y las ‘clases bajas’, como lo hacen los anglosajones. la elite se refiere a todos los demás países, ya no quiere obedecer los dictados occidentales”. 
  • Para preservar su hegemonía global, la elite euroatlántica seguirá el camino ya trillado de crear un caos controlado: desestabilizar la situación en regiones clave enfrentando a algunos estados «recalcitrantes» contra otros y «formando un subsistema en torno a ellos como coaliciones operativas y tácticas controladas por Occidente”. 
  • Sin embargo, «los actores mundiales responsables, especialmente Rusia, China e India y algunos otros, demuestran su disposición a resistir resueltamente las amenazas externas e implementar de forma independiente una gestión de crisis». Incluso los aliados más cercanos de Estados Unidos se esfuerzan por diversificar las relaciones exteriores ante la falta de confianza en Estados Unidos como proveedor de seguridad. El estallido del conflicto entre Israel y Palestina es “un ejemplo aleccionador” para muchos políticos occidentales.
  • En ese contexto, “el escenario mundial estará marcado por una mayor intensificación de la confrontación entre los dos principios geopolíticos, es decir, el principio anglosajón o insular de ‘divide y vencerás’ y el principio continental de ‘unir y gobernar’. llevar» directamente en contradicción con él. Las manifestaciones de este feroz enfrentamiento en el próximo año se observarán incluso en las regiones más remotas del mundo”.

Curiosamente, según el pronóstico de Naryshkin, no es el Indo-Pacífico sino el mundo árabe el que seguirá siendo “el escenario clave de la lucha por un nuevo orden mundial” en 2024. Por cierto, el ensayo apareció en vísperas del viaje de un día de Putin. a los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita el miércoles, donde recibió una bienvenida de héroe. En una extraordinaria cortesía de los países anfitriones, el avión presidencial de Putin estuvo flanqueado por cuatro aviones de combate polivalentes armados Su-35 de 4ª + + generación, destacados por su gran poder de combate, alta velocidad y alcance de vuelo incomparable. 

FUETE indian punch line-com

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Por Tiberio Graziani colaborador de Dossier Geopolitico

«Hay suficiente en la tierra para las necesidades de todos, pero no para la codicia de unos pocos».

Mohandas K. Gandhi

«El estatus de potencia de segunda clase, que una comunidad internacional todopoderosa concede a muchas naciones […], ya no puede aplicarse a la India del siglo XXI».

Olivier Guillard

«Como resultado de la estrategia global de Estados Unidos y de su búsqueda de hegemonía, India y China están sometidas a una presión significativa. Son las naciones más pobladas del mundo y no pueden ser fácilmente influenciadas y controladas.»

A.S. Hasan

El crecimiento económico de la India

Al igual que China, aunque a un ritmo más lento (en torno al 6% anual), India también ha registrado una tasa de crecimiento económico tan elevada en los últimos quince años que puede incluirse entre las cuatro economías más importantes del planeta en las proyecciones para 2020 realizadas por el Banco Mundial y el FMI. Otro dato relevante, que siempre debe tenerse en cuenta cuando se analizan naciones caracterizadas por una masa demográfica masiva (1.028.610.328 habitantes en el caso de la República de Bhārat, según el censo de 2001), es también su porcentaje de crecimiento anual, que, aunque no es elevado, de hecho sólo ronda el 1,6% (1998-2003), constituye un parámetro de evaluación importante e indispensable cuando se trata de comprender el papel y el peso que India adquirirá a nivel mundial en las próximas décadas.

Pasar del 11º puesto en la clasificación de las mayores economías del mundo al 4º es el objetivo tanto del gobierno de Manmohan Singh, padre de las reformas «liberalistas» y exponente de la coalición liderada por el Partido del Congreso, como de la oposición compuesta, nacional y antiliberal, que ve como aliados objetivos al Partido Popular (Partido Bharatiya Janata), considerado de derechas según los esquemas occidentales, al Partido Comunista de la India y al Partido Comunista Marxista-Leninista de la India.

La adopción de un modelo particular de «desarrollo», que favorece una especialización considerable en el sector terciario avanzado y un interés específico por la investigación científica y tecnológica, ha permitido a la India ganarse para sí, dentro de la economía mundial, el papel de «atractor global» de los sectores de servicios e investigación científica, con especial referencia a ámbitos económicamente «sensibles» como el farmacéutico y el de la tecnología de la información, que siempre han estado vigilados por EE.UU. y el Reino Unido. Esto ha causado una gran preocupación en estos países y ha dado lugar a normas y reglamentos defensivos; recientemente (2005), por poner sólo un ejemplo, el Senado estadounidense aprobó una medida para excluir de las compras gubernamentales a las empresas que hayan subcontratado (aunque sólo sea 50 puestos de trabajo) en los últimos cinco años.

Los gobiernos indios de la última década, además de apoyar el crecimiento económico del país y facilitar su participación gradual en la economía mundial mediante una diplomacia pragmática, han puesto en marcha amplios programas para modernizar las infraestructuras viarias, ferroviarias, portuarias y aeroportuarias del país, así como la red de suministro energético. Estos programas, sin embargo, tienen dificultades para llegar a buen puerto debido a las tensiones internas generadas por el enfrentamiento entre la tendencia profundamente «liberalista» del actual gobierno y la oposición.

Una estrategia multipolar

India, al igual que el otro coloso asiático, China, intenta sacar provecho de su reciente auge económico también en el ámbito internacional, dándose a conocer y siendo reconocida no sólo como «socio» ocasional y teóricamente «estratégico», sino también, y sobre todo, como potencia nuclear y miembro constituyente de un nuevo orden planetario.

De hecho, a partir del análisis de sus acciones de política exterior, India parece haber comprendido plenamente el momento histórico actual, que se caracteriza por ser un periodo de transición entre el anterior sistema bipolar y un futuro sistema multipolar en formación. Un periodo histórico de transición, nos gustaría subrayar, en el que el grado de ruptura parece haber alcanzado su clímax, ya que la incierta «regencia unipolar» de la hiperpotencia estadounidense muestra cada vez más signos de su declive, entre los que mencionamos: el «atolladero» iraquí, la aceptación a regañadientes de la política nuclear india, la cooperación ruso-china en el ámbito militar, las relaciones «especiales» entre algunos países sudamericanos, principalmente Brasil y Venezuela, con China, India y Rusia.

La conciencia, metabolizada por la India, de que se encuentra en un proceso de transición hacia un nuevo orden mundial y la experiencia que ha adquirido como potencia regional desde el día de su independencia (15 de agosto de 1947) hasta principios de los años 90, subrayada simbólicamente en varias ocasiones (en 1955, con ocasión de la Conferencia de Bandung de los «países no alineados», en 1974, con los primeros experimentos nucleares), la obligan a asumir una responsabilidad no sólo regional, sino mundial.

Una responsabilidad que se deriva precisamente del papel geopolítico que Nueva Delhi desempeñó durante la segunda mitad del siglo pasado. La Unión India, de hecho, mucho antes que China y otras naciones importantes de lo que se llamaba, en la publicidad de la época, el «tercer mundo», se dio cuenta de que el sistema bipolar se encontraba en un equilibrio precario y, por ello, se convirtió en la madrina del movimiento de los países no alineados y en la «correctora» de la brecha entre Estados Unidos y el «bloque soviético», adhiriéndose a acuerdos de amistad con este último. Hay que recordar que la amistad con la Unión Soviética también se vio reforzada por las fricciones entre Pekín y Nueva Delhi, que desembocaron, como sabemos, en los enfrentamientos armados de 1962-63 y, sobre todo, con la elección china de formar parte del acuerdo nixoniano Washington-Islamabad-Pekín.

El papel de «intermediario» que la India asumió en el marco del sistema geopolítico anterior le permite, sin embargo, reforzar esta vez sus lazos con Moscú sobre la base de la paridad y de una mayor autonomía, mientras que su participación en el movimiento de los no alineados la convierte en candidata a ser, junto con Rusia y China, uno de los países rectores de un hipotético sistema multipolar. Para confirmar esta estrategia, cabe mencionar los recientes acuerdos firmados con China sobre los conflictos fronterizos y la colaboración tecnológica y científica en el campo de la energía.

El establecimiento de un eje Moscú-Pekín-Nueva Delhi parece, pues, un hecho establecido. A este acuerdo, geopolíticamente relevante para la autonomía de la masa continental euroasiática de la tutela estadounidense, le falta un colgante vital e insustituible, el que la emanciparía por completo, del Atlántico al Pacífico, y haría posible una pax euroasiática: el eje europeo París-Berlín-Moscú.

Para no frustrar la labor de los gobiernos de Moscú, Pekín y Nueva Delhi en la construcción de un nuevo sistema que tenga en cuenta las peculiaridades y aspiraciones nacionales, y para tener, sobre todo, un papel equitativo en la futura configuración multipolar, corresponde a los responsables europeos hacer una elección funcional del campo en interés de sus propios pueblos y del continente euroasiático.

FUENTE Geopolitika.ru

El cristianismo ortodoxo, el islam moderado y varias corrientes del taoísmo/confucianismo pueden convertirse en las tres civilizaciones principales de una humanidad limpia.

Por Pepe Escobar para la Fundacion de la Cultura Estrategica

Se está redactando el Aviso de Desalojo. Y vendrá en cuatro idiomas. Ruso. farsi. Mandarín. Y por último pero no menos importante, el inglés.

Un placer muy apreciado por la escritura profesional es verse siempre enriquecido por lectores informados. Esta idea sobre el “desalojo” –que vale más que mil tratados geopolíticos– fue ofrecida por uno de mis lectores más sagaces al comentar en una columna.

De manera concisa, lo que tenemos aquí expresa un consenso profundamente sentido en todo el espectro, no sólo en Asia occidental sino también en la mayoría de las latitudes del Sur Global/Mayoría Global.

Lo impensable, en forma de genocidio llevado a cabo en vivo, en tiempo real en cada teléfono inteligente en la tercera década del milenio –que llamé los furiosos años veinte en un libro anterior– ha actuado como un acelerador de partículas, concentrando corazones y mentes.

Aquellos que optaron por incendiar Asia occidental ya se enfrentan a un desagradable revés. Y eso va mucho más allá de la diplomacia ejercida por los líderes del Sur Global.

Por primera vez en mucho tiempo, a través del presidente Xi Jinping, China ha sido más que explícita en términos geopolíticos (un verdadero soberano no puede protegerse cuando se trata de genocidio). La posición inequívoca de China sobre Palestina va mucho más allá de la rutina geoeconómica de promover los corredores comerciales y de transporte de la BRI.

Todo eso mientras el presidente Putin definió el envío de ayuda humanitaria a Gaza como un “deber sagrado”, que en el código ruso incluye, de manera crucial, el espectro militar.

A pesar de todas las maniobras y posturas ocasionales, a todos los efectos prácticos todo el mundo sabe que el actual acuerdo de la ONU está podrido sin posibilidad de reparación y es totalmente impotente cuando se trata de imponer negociaciones de paz significativas, sanciones o investigaciones de crímenes de guerra en serie.

La nueva ONU en ciernes es BRICS 11; en realidad, BRICS 10, considerando que el nuevo caballo de Troya Argentina en la práctica puede quedar relegado a un papel marginal, suponiendo que se incorpore el 1 de enero de 2024 .

Los BRICS 10, liderados por Rusia y China, ambos regulados por una fuerte brújula moral, mantienen su oído en el terreno y escuchan a las calles árabes y a las tierras del Islam. Especialmente su gente, mucho más que sus élites. Este será un elemento esencial en 2024 durante la presidencia rusa de los BRICS.

Incluso sin check out, tendrás que irte.

El orden del día actual en el Nuevo Gran Juego es organizar la expulsión de la Hegemonía de Asia Occidental, lo que constituye un desafío tanto técnico como civilizacional.

Tal como están las cosas, el continuo Washington-Tel Aviv ya es prisionero de su propio dispositivo. Esto no es ningún Hotel California; Es posible que no salgas cuando quieras, pero te verás obligado a marcharte.

Eso puede suceder de una manera relativamente suave (pensemos en Kabul como una remezcla de Saigón) o, si las cosas se ponen feas, puede implicar un Apocalipsis Ahora naval, con costosas bañeras de hierro convertidas en arrecifes de coral suboceánicos y la desaparición de CENTCOM y su proyección AFRICOM. .

El vector crucial desde el principio es cómo Irán –y Rusia– han jugado, año tras año, con infinita paciencia, la estrategia maestra ideada por el general Soleimani, cuyo asesinato en realidad inició los furiosos años veinte.

Una potencia hegemónica desarmada no puede derrotar al “nuevo eje del mal”, Rusia-Irán-China, no sólo en Asia occidental sino también en cualquier lugar de Eurasia, Asia-Pacífico y toda África. La participación directa/normalización del genocidio solo funcionó para acelerar la progresiva e inevitable exclusión de la Hegemonía de la mayor parte del Sur Global.

Todo eso mientras Rusia elabora meticulosamente la integración del Mar Negro, el Mar Caspio, el Mar Báltico (a pesar de la histeria finlandesa), el Ártico y el Mar del Pacífico Noroccidental y China impulsa la integración del Mar de China Meridional.

Xi y Putin son talentosos jugadores de ajedrez y se benefician de asesores estelares del calibre de Patrushev y Wang Yi. China jugar al go geopolítico es un ejercicio de no confrontación: todo lo que necesitas hacer es bloquear la capacidad de movimiento de tu oponente.

Chess and go , en un tándem diplomático, representa un juego en el que no interrumpes a tu oponente cuando se dispara repetidamente en las rodillas. Como beneficio adicional, conseguirás que tu oponente se enfade con más del 90% de la población mundial.

Todo eso conducirá al colapso de la economía de la hegemonía. Y luego puede ser derrotado por defecto.

“Valores” occidentales enterrados bajo los escombros

Mientras Rusia, especialmente a través de los esfuerzos de Lavrov, ofrece al Sur Global/Mayoría Global un proyecto de civilización, centrado en una multipolaridad mutuamente respetuosa, China, a través de Xi Jinping, ofrece la noción de “comunidad con un futuro compartido” y un conjunto de iniciativas, discutidas en detalle. en el Foro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) celebrado en Beijing en octubre, donde Rusia, no por casualidad, fue el invitado de honor.

Un grupo de académicos chinos enmarca de manera concisa el enfoque como China “creando/facilitando nodos globales para relacionarse/comunicarse y plataformas para colaboración/intercambios prácticos concretos. Los participantes siguen siendo soberanos, contribuyen al esfuerzo común (o simplemente a proyectos específicos) y reciben beneficios que los hacen dispuestos a continuar”.

Es como si Beijing estuviera actuando como una especie de estrella brillante y luz guía.

En marcado contraste, lo que queda de la civilización occidental –ciertamente sin mucho que ver con Montaigne,

Pico della Mirandola o Schopenhauer – se sumerge cada vez más en un Corazón de las Tinieblas autoconstruido (sin la grandeza literaria de Conrad), confrontando la verdadera e irremediablemente horrible cara del individualismo conformista y servil.

Bienvenidos al Nuevo Medievalismo, precipitado por las “aplicaciones asesinas” del racismo occidental, como se argumenta en un brillante libro, Cosmopolitanismo chino , del académico Shuchen Xiang, profesor de Filosofía en la Universidad de Xidan.

Las “aplicaciones asesinas” del racismo occidental, escribe el profesor Xiang, son el miedo al cambio; la ontología del dualismo bivalente; la invención del «bárbaro» como el Otro racial; la metafísica del colonialismo; y la naturaleza insaciable de esta psicología racista. Todas estas “aplicaciones” están ahora explotando, en tiempo real, en Asia occidental. La consecuencia clave es que la construcción de “valores” occidentales ya ha perecido, enterrada bajo los escombros de Gaza.

Ahora, un rayo de luz: se puede argumentar –y volveremos a ello– que el cristianismo ortodoxo, el islam moderado y varias corrientes del taoísmo/confucianismo pueden abrazar el futuro como las tres principales civilizaciones de una humanidad limpia.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor/autora y no representan necesariamente la posición de Dossier Geopolitico

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein especial para Dossier Geopolitico

Mientras en Palestina se produce un genocidio en vivo y en directo que ya dura más de un mes, auspiciado y alimentado militarmente por Estados Unidos, Ucrania,..

…la otra hija putativa de Washington se debate en el olvido. Noviembre ha hecho públicas una serie de declaraciones que dan cuenta del estado putrefacto y en fase terminal en que se encuentra Kiev, solo esperando por una extremaunción que sin dudarlo, tendrá repercusiones más allá de sus fronteras.

El primer día de este mes, el jefe del Pentágono, general Lloyd Austin al intervenir en la audiencia del Senado sobre los fondos adicionales afirmó con extraordinaria contundencia que Ucrania no podría ganar el conflicto con Rusia sin el apoyo de Washington. De esta manera se hizo patente algo sabido por los militares desde hace mucho tiempo que los líderes políticos occidentales han pretendido ocultar. Dicho en pocas palabras, el esfuerzo militar de Ucrania depende casi exclusivamente del aporte que haga Estados Unidos para sostenerlo.

Para hacer más evidente la aseveración y tal vez pensando en que podría haber algunas dudas al respecto, solo tres días después, el 4 de noviembre, la secretaria de prensa de la Casa Blanca Karine Jean-Pierre, advirtió que el gobierno de Estados Unidos  “se está quedando sin fondos para financiar los envíos de armas a Ucrania”. En algo que podría parecer risible si no estuvieran en juego miles de vidas humanas,  la vocera afirmó que van a comenzar a entregar “paquetes más pequeños de ayuda”  para ampliar la capacidad de apoyo al régimen de Kiev “durante el mayor tiempo posible”.

Vale recordar que el 20 de octubre, la Casa Blanca pidió al Congreso un nuevo paquete de ayuda para Kiev por un valor de 60.000 millones de dólares. Sin embargo, el pasado jueves 2, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley que prevé más de 14.000 millones de dólares en ayuda de emergencia para Israel, pero en el que no se menciona a Ucrania. La explicación vino del congresista republicano Mike Johnson, nuevo líder de la Cámara de Representantes quien destacó que las necesidades de Israel son más “urgentes” que las de Ucrania.

Todo esto ocurre cuando el ministro de Finanzas de Ucrania Serguéi Marchenko informara a la opinión pública que su país se enfrenta a un déficit de 29 mil millones de dólares para 2024 por lo que sin la ayuda de sus aliados occidentales, difícilmente podrá ser superado tal escollo. Marchenko aseguró que veía mucho “cansancio” y “debilidad” entre los socios de Ucrania agregando que a los funcionarios occidentales “les gustaría olvidarse” de las acciones militares, aunque las hostilidades “siguen en curso, a gran escala”.

Agregando datos para avalar la situación, el propio comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, general Valeri Zaluzhny admitió en una entrevista para la revista británica The Economist, que Rusia estaba en una mejor posición en el conflicto armado, describiendo la situación actual en el frente como “un punto muerto” en términos del nivel de tecnología. 

La entrevista de Zaluzhny causó no solo descontento y desmoralización en Ucrania, también terror generalizado entre algunos de sus aliados. En sentido contrario, el presidente Zelenski aseveró que su país no estaba en un punto muerto respecto de Rusia. Afirmó que lo que ocurría era que Moscú tenía una total superioridad aérea que los obligaba a cuidar a sus militares. A continuación esbozó una propuesta para superar tal situación, a partir de la entrega por parte de Occidente delos aviones caza polivalentes F-16 prometidos.

Echándole “más leña al fuego”, al día siguiente, 5 de noviembre el exasesor del jefe de la Oficina Presidencial de Ucrania, Alexéi Arestóvich señaló su conformidad con Zaluzhny al afirmar que Ucrania no podía –en las condiciones actuales- derrotar a Rusia en el campo de batalla. Argumentando a favor de su idea,

Arestóvich aseguró que: “El enemigo es más poderoso en términos económicos, militares, de movilización y de organización, y nuestros socios, de los que dependemos, no están interesados en derrotar a la Federación Rusa».

Lo interesante de esta declaración es que por una parte, fue la primera vez que se refuta públicamente desde Ucrania la idea de que el fracaso de las operaciones depende exclusivamente del aporte de Occidente en armamento y recursos financieros, al incorporar los grandes déficit en materia de recursos humanos y organización en los que la ayuda externa no tiene mayor influencia. Por otro lado, en esta declaración es explícita la dependencia de Occidente para sostener las acciones,  como ya lo había señalado el general Austin.

Este debate que cubre la noticia informativa interna del país, se inserta en una dinámica electoral de cara a los comicios presidenciales del próximo año. Pero Zelenski cerró cualquier posibilidad al respecto al decir que no se pueden hacer elecciones en una situación en la que impera la Ley Marcial.

Aunque se rumoró que el nuevo ministro de defensa Rustem Umérov, vinculado al expresidente Piotr Poroshenko habría presentado una solicitud para destituir a Zaluzhny, tal información fue desmentida por el asesor de la Oficina Presidencial Serguéi Leschenko, quien la caracterizó como una «noticia falsa». No obstante, el mal ya estaba hecho cuando se hizo patente que un sector de la sociedad desea que Zaluzhny se vaya.

Al respecto, la Oficina Presidencial emitió una dura crítica pública a Zaluzhny, pero el presidente no tomó la decisión de destituirlo. Zelenski debe haber tomado nota de las excelentes relaciones de Zaluzhny con los mandos militares de la OTAN y en especial con el secretario de defensa de Estados Unidos. No obstante, hay que entender la dimensión negativa de lo que significa para cualquier país que el jefe de Estado y el jefe de las fuerzas armadas emitan opiniones contradictorias públicamente en particular al referirse a la situación del conflicto en su aspecto bélico. El New York Times señaló que tal situación es expresión de “una brecha emergente entre el liderazgo militar y civil en un momento ya difícil para Ucrania» sobre todo porque “la fisura [entre Zelenski y Zaluzhny] se produce mientras Ucrania está luchando en su esfuerzo de guerra, militar y diplomáticamente».

Esta controversia, fue una vez más motivo para la intervención de Arestóvich a fin de continuar “echando sal en la herida”. Para nadie es un secreto que el exasesor ha manifestado su aspiración a la presidencia. De alguna manera, eso explica su permanente aparición en los medios y en las redes sociales. En este contexto se explica su aparente interés en mediar en la reyerta que evidentemente atenta contra el espíritu de combate de las fuerzas armadas. Arestóvich ha hecho un llamado a Zelenski para que “muestre sensatez” y dirima sus discordias con Zaluzhny. Así mismo le ha hecho saber que está en sus manos “la clave para cambiar la postura de la oposición, de los estadounidenses, de todo el mundo, del Ejército y de la sociedad» aprovechando de decirle que no son los que lo critican y lo instan a hacer las elecciones , los que generan inestabilidad en el país «sino usted mismo, con sus políticas ineficaces que socavan la fe de los ciudadanos en la victoria, los sentimientos en el Ejército, la confianza de los socios y aliados”.

A esta polémica se han ido incorporando algunos de los más influyentes medios de comunicación occidentales. Por ejemplo,…

…la revista “Time”, que ahora se ha tornado -sin tapujos- en fuerte detractora del gobierno de Ucrania, publicó un artículo en el que califica a Zelenski como una persona que vive al margen de la realidad. La aseveración resulta sorprendente sabiendo que este medio informativo está fuertemente ligado a la CIA, principal agencia de inteligencia exterior de Estados Unidos.  

A este respecto, el periodista y expresentador de “Fox News”, Clayton Morris se preguntó: “¿Por qué una revista respaldada por la CIA decide de repente mostrar el verdadero y sombrío panorama de la situación en Ucrania? ¿Para conseguir su apoyo o [para] sentar las bases de algo menos agradable?» Morris afirmó que para escribir el artículo, “Time” consiguió acceder al círculo íntimo de Zelenski y como resultado de ello, se le pudo retratar como un «líder mentalmente inestable y no realizado». 

El artículo, publicado el pasado 30 de octubre hace comentarios sobre Zelenski y su entorno, señalando que el excesivo optimismo fuera de la realidad del presidente ucraniano, incluso a pesar de los fracasos en las operaciones de combate, “obstaculiza los intentos de su equipo de realizar nuevas estrategias e ideas”.

Con extrema dureza, la publicación asegura que Ucrania ya no podrá contar con el recurso humano necesario para utilizar todo el armamento que Occidente le ha prometido. Al mismo tiempo afirma que también conspira contra ello que los funcionarios locales «roban como si no hubiera un mañana».

En el trasfondo de esta disputa  se manifiesta el desacuerdo entre Zaluzhny y Zelenski en la apreciación que cada uno tiene de la situación en el frente ante el fracaso de la contraofensiva. Sobre este asunto, el New York Times llegó a decir que las operaciones de los militares ucranianos no lograron tener «ningún avance» provocando -por el contrario- un gran número de víctimas agregando que «Ucrania está enfrentando ataques intensivos rusos en el este», mientras que el escepticismo en Europa y el partido Republicano de Estados Unidos ha crecido.

Desde el 4 de junio (fecha de inicio de la “contraofensiva”), las fuerzas armadas de Ucrania han tenido 90 mil bajas (entre muertos y heridos graves irrecuperables) así como 557 tanques y 1.900 vehículos blindados destruidos. Para que se tenga una idea del significado de esta cifra baste decir que hasta el momento Occidente ha enviado a Ucrania 595 tanques (de los 830 comprometidos) y 1.550 vehículos blindados.

Rusia por su parte, está realizando operaciones de defensa activa que significa la ejecución de acciones ofensivas a pequeña escala en algunos sectores, centrando sus ataques a través de golpes contra los medios aéreos, los lugares de concentración de tropas y la logística. Debe recordarse que -desde el punto de vista bélico- para Rusia este conflicto tiene básicamente las características de una guerra de desgaste que ya rebasó las posibilidades de Ucrania,  afectando también a Estados Unidos y sobre todo a Europa. 

En este contexto se comienzan a apreciar manifestaciones de desesperación en la élite ucraniana.

Así, se ha comenzado a verificar un llamado a la “comprensión” de Occidente porque según Zelenski las tropas ucranianas están defendiendo «valores comunes» como la democracia, atacados hoy por la autocracia rusa. En el imaginario colectivo se trata de instalar una nueva bipolaridad “democracia vs. autocracia”. El desasosiego de Zelenski invoca a Occidente a luchar contra el peligro ruso que podría “matar a todos” con lo cual le quedaría la puerta abierta para atacar a los países de la OTAN, en cuyo caso “…ustedes enviarán a sus hijos e hijas [a la guerra]. Y el precio será más alto. Es muy importante no perder la voluntad, no perder esta fuerte posición, y no perder su democracia». 

En el colmo de su frustración, el pasado lunes 6 de noviembre el agobiado presidente ucraniano solicitó a “Estados Unidos, la Unión Europea y los países asiáticos” enviar a su país sistemas de defensa aérea o “al menos alquilarlos durante el invierno”.

Lo cierto es que la tal “contraofensiva”  de las Fuerzas Armadas de Ucrania no estuvo a la altura de las esperanzas de Occidente y probablemente haya sido la última oportunidad para Ucrania porque ya no tiene recursos para realizar una operación de envergadura importante en el frente.

Toda esta situación está colocando sobre el tapete la posibilidad de una salida negociada al conflicto si es que la hubiera a estas alturas. El propio Washington Post ha señalado que hubo una posibilidad de resolver diplomáticamente el conflicto ucraniano, pero ya ha desaparecido, toda vez que Rusia tiene una ventaja en el frente y es poco probable que se congele.

Aunque Zelenski se niegue a tal idea, la misma se ha ido extendiendo cada vez más. Por ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores y Europeos de Eslovaquia, Juraj Blanar afirmó sin ambages que el conflicto en Ucrania no tiene solución militar.

Hasta Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y sempiterno belicista, ha tenido que reconocer que la crisis en Asia Occidental ha tenido fuerte impacto en la política hacia Ucrania. En un arranque inusual de honestidad, Borrell afirmó: «Seamos francos, la crisis de Oriente Medio ya está teniendo un impacto duradero en nuestra política en Ucrania». Borrell llamó a buscar una solución al conflicto en Oriente Medio pero no olvidarse de Ucrania porque: » Si Ucrania pierde, nosotros perdemos. Tenemos que mantener nuestra unanimidad y nuestra unidad en el apoyo a Ucrania”.

Como ha dicho el diplomático y analista político internacional indio MK Bhadrahumar: “La guerra de Ucrania está en piloto automático”.  Lo argumenta afirmando que los objetivos estratégicos fijados por el Presidente Vladimir Putin en febrero del año pasado se mantienen incólumes. Pero ahora, “Rusia siente que ha tomado la delantera en la guerra y que eso es irreversible”. 

Aunque Rusia no ha iniciado una gran ofensiva, la preparación para ella es ostensible. Sin embargo, desde hace un mes lo que ocurra en Ucrania estará irremediablemente amarrado al conflicto en Asia Occidental. Esta situación no podrá estar ausente de las apreciaciones políticas y militares. La simultaneidad en el tiempo de ambos acontecimientos y muchos otros que están ocurriendo en variados rincones del planeta, dicen relación con la crisis de Occidente y de Estados Unidos y la incapacidad de mantener su hegemonía unilateral en el globo. 

Parece difícil que Estados Unidos logre lidiar con los dos conflictos al mismo tiempo, sobre todo porque no son los únicos. En paralelo, debe contender con China en el plano económico, manejar su propia crisis interna, sostener el poder colonial que hoy se tambalea en África y generar respuestas a la rebelión silenciosa que se comienza a manifestar de diferentes formas en América Latina y el Caribe sobre todo porque Cuba, Nicaragua y Venezuela han sido capaces de resistir y mantener en alto sus banderas.

Por lo pronto, pareciera extenderse en Estados Unidos la convicción de que Ucrania no le va a ganar la guerra a Rusia, el pesimismo cunde y el pánico inunda los intersticios del poder imperial. No lo sabemos aún, pero tal vez, Ucrania sea la primera batalla ganada en el mundo que está naciendo.

X:@sergioro0701

El conflicto inicialmente trajo ganancias tácticas para los EE. UU., pero ahora ha llevado a pérdidas estratégicas crecientes.

Por  Ivan Timofeev, director de programas del Club Valdai.

Los últimos acontecimientos en el conflicto palestino-israelí son una indicación del creciente desequilibrio en el sistema existente de relaciones internacionales. Esto se caracteriza por el surgimiento de nuevas guerras, la reanudación de enfrentamientos de larga data con considerables pérdidas humanas y el riesgo de una mayor escalada. Al reclamar el liderazgo internacional y el papel de garante del orden internacional existente, Estados Unidos una vez más no ha logrado evitar la explosión de otro punto de inflamación. Todavía existe la posibilidad de que la nueva crisis quede aislada y se evite que desemboque en un combate armado entre los principales actores regionales. Pero el hecho mismo de que esté surgiendo tal situación sugiere que el tejido del orden posterior a la Guerra Fría se está desgarrando cada vez más frecuentemente sobre los restos del sistema bipolar, alguna vez dirigido por Moscú y Washington. Estos acontecimientos son cada vez más difíciles de corregir. 

Los acontecimientos en Oriente Medio han empujado las hostilidades en Ucrania a un segundo plano de la agenda de los medios. Mientras tanto, incluso allí la situación difícilmente respalda la permanencia del antiguo status quo. Las cosas serían diferentes si Rusia hubiera regresado a la condición de potencia derrotada y Kiev y sus patrocinadores occidentales hubieran finalmente consolidado los resultados del colapso de la Unión Soviética.

Pero los hechos cuentan una historia diferente. La costosa y costosa contraofensiva del ejército ucraniano no ha logrado sus objetivos. El ejército ruso está aumentando lenta pero inevitablemente la presión en el frente. Las sanciones económicas no han provocado el colapso de la economía del país. A pesar de los graves daños, se está adaptando rápidamente a las nuevas condiciones. Los intentos de aislar políticamente a Moscú tampoco han funcionado. Para los socios occidentales de las autoridades de Kiev, el conflicto resulta cada vez más caro. El precio podría aumentar a medida que las Fuerzas Armadas de Ucrania se vean despojadas de equipos de fabricación soviética y crezca la necesidad de nuevos suministros. La economía de Ucrania también necesita inyecciones de efectivo externas ante las pérdidas militares, el fracaso demográfico y los persistentes problemas de gobernabilidad, incluida la corrupción.

Si el conflicto ucraniano fuera el único desafío de Estados Unidos para controlar el orden posbipolar, podría haber menos riesgos. Los aliados occidentales podrían centrar todos sus esfuerzos en contrarrestar a Moscú. Pero su difusión en otras direcciones complica seriamente el problema. Habrá que dispersar recursos no sólo para contener a China sino también para apagar incendios donde no deberían haber comenzado. Con toda probabilidad, Washington podrá brindar a Israel un importante apoyo militar y diplomático, limitando así el estallido de otro conflicto. Pero cualquier conflagración de este tipo requiere una concentración de recursos materiales y financieros que son limitadas incluso para una potencia como Estados Unidos. Esto es tanto más cierto cuanto que hay otros problemas sin resolver.

Años de esfuerzos para impedir que Corea del Norte (la RPDC) creciera militarmente han fracasado. Pyongyang ahora tiene armas nucleares y los medios para lanzarlas. La crisis en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia ofrece a la RPDC una ventana de oportunidad: un posible aumento de la cooperación con Rusia iría en contra de los objetivos de Estados Unidos. En cambio, en este ámbito, Moscú solía ser un problema mucho menor para Washington. La situación con Irán es similar. La retirada de Estados Unidos del JCPOA en 2018 no llevó a Irán a abandonar sus posiciones sobre su programa de misiles y su política en Oriente Medio. En cambio, creó las condiciones para que Teherán regresara a su desarrollo nuclear. Tanto en el caso de la RPDC como en el de Irán, una solución militar al problema no es óptima.

Otros incendios latentes persisten. Afganistán ha sido en gran medida olvidado, pero las fuerzas hostiles a Estados Unidos y Occidente se están fortaleciendo allí. En Siria, el gobierno del presidente Bashar Assad sigue en el poder a pesar de las sanciones y los intentos de aislamiento. En África, los aliados de Estados Unidos están perdiendo influencia. Los terroristas, los narcotraficantes y las redes criminales transnacionales no han desaparecido. Ha sido posible combatirlos en estrecha coordinación con otros actores importantes y coordinar políticas con ellos sobre la base del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero el antiguo nivel de confianza se ha visto socavado. Y en las condiciones actuales de “guerra híbrida” con Rusia y crecientes contradicciones con China, será más difícil abordar eficazmente estos problemas.

Al mismo tiempo, el conflicto ucraniano parece ser la clave del orden posbipolar. El inicio de la ofensiva rusa en 2022 dio a Estados Unidos varias ventajas tácticas inmediatas. Washington tiene una poderosa palanca de influencia sobre sus aliados en Europa. La OTAN ha recibido una nueva oportunidad y el proceso de ampliación del bloque está en marcha. La prolongada resistencia de los principales países de Europa occidental a las persistentes demandas estadounidenses de aumentar su gasto en defensa y sus compras de armas finalmente se ha roto. Por tanto, la militarización de Europa avanzará a un ritmo rápido. Pero los países europeos tendrán que pagarlo ellos mismos, desviando recursos de las prioridades civiles. Las condiciones están dadas para que los estadounidenses se apoderen de al menos parte del mercado energético europeo; Lo que el expresidente estadounidense Donald Trump sólo podía soñar se ha logrado casi de la noche a la mañana.

Otro éxito táctico crítico ha sido el control total sobre Kiev. Estados Unidos determina en gran medida la capacidad de llevar a cabo operaciones militares y sostener la economía. El control de Ucrania, o de una parte importante de ella, destruye las perspectivas de un resurgimiento del «imperio soviético», al menos en el teatro europeo.

Sin embargo, desde el punto de vista estratégico, el conflicto ha creado graves problemas para Estados Unidos. El principal es la pérdida de Rusia como posible aliado, o al menos como potencia que no interfiere con Washington. A principios del siglo XX y XXI, se daban todas las condiciones para tal vínculo con Moscú. Además, la propia Rusia estaba dispuesta a mantener relaciones de asociación equitativas con Estados Unidos, siempre que se tuvieran en cuenta sus intereses, especialmente en el espacio postsoviético. Moscú no se ha fijado el objetivo de “revivir la URSS” ni ha intentado reformatear la ex URSS. En todos los temas clave de la agenda global, Rusia ha cooperado con Estados Unidos o se ha abstenido de oponerse activamente durante mucho tiempo. Se puede discutir quién es el culpable de la creciente confrontación mutua, pero las posiciones de las partes son diametralmente opuestas. Lo que importa son los resultados: Estados Unidos ha terminado con una potencia importante entre sus implacables oponentes: Rusia.

Moscú está construyendo estrechos vínculos con China, que Washington considera una amenaza a largo plazo. El costo del conflicto con Rusia para Estados Unidos se medirá no sólo por su apoyo a Ucrania sino también por el enorme precio que implica contener el tándem ruso-chino y abordar problemas en los que Rusia puede dañar con entusiasmo a Estados Unidos. El hecho de que la propia Rusia también salga perdiendo, en parte, no mejora la situación para Washington. 

En resumen, los logros tácticos del conflicto en Ucrania resultaron combinarse con una importante derrota diplomática para Washington en forma de una multiplicación de adversarios influyentes cuando estaban dadas todas las condiciones para evitarla. Para la UE, los costos estratégicos son aún más significativos. La proximidad geográfica de los combates y los mayores riesgos para la seguridad de un choque militar intencionado o no con Rusia juegan un papel aquí. China, por otra parte, está fortaleciendo su posición. Beijing ha ganado tranquilidad en sus vastas fronteras norteñas, un gran mercado ruso y la dispersión de los recursos estadounidenses. 

No se puede descartar que, en tales condiciones, Estados Unidos y sus aliados reconsideren sus nociones de derrotar a Rusia en el conflicto de Ucrania a cualquier precio. La gran pregunta es si Moscú cambiará su enfoque. Rusia está decidida a luchar por sus intereses a largo plazo. La confianza en cualquier propuesta occidental es cercana a cero. La quema del liderazgo estadounidense en la estufa de la cocina política mundial reduce aún más la motivación para apoyar cualquier compromiso sin la plena consideración de los intereses rusos. El resultado del conflicto ucraniano, cuando llegue, será una etapa fundamental en el orden que está tomando forma ante nuestros ojos.

El tablero Geopolítico se estremece con los conflictos de Europa del este y Asia sudoccidental, otra master class de nuestro colega Francisco Javier Martinez para el galardonado programa Detrás de la razón? que conduce el prestigioso periodista mexicano Roberto de la Madrid

Carlos Pereyra Mele Director de Dossier Geopolitico

Erdogan da golpe de timón
¿Cómo reacciona Putin y cómo la OTAN tendría más poder?
¿Esto beneficia a EEUU?
¿Cómo el espionaje por su parte hace lo suyo?
¿Y cómo el Ártico deshiela la guerra?
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El único país que podría distraer a Occidente de Ucrania es Israel. Pero Estados Unidos y sus aliados están cayendo en una trampa existencial si creen que será más fácil obtener una victoria en Asia occidental que en Europa.

Pepe Escobar publicado en The Cradle y autoriza su publicacion en Dossier Geopolitico

La asociación estratégica Rusia-Irán, con China entre bastidores, está tendiendo una trampa elaborada, teñida de Sun Tzu, para la hegemonía en Asia occidental. 

Aparte de Israel, no hay ninguna entidad en el planeta capaz de desviar la atención, en un instante, de la espectacular debacle de Occidente en Ucrania. 

Los belicistas a cargo de la política exterior estadounidense, no exactamente incondicionales bismarckianos, creen que si el Proyecto Ucrania es inalcanzable, el Proyecto Solución Final en Palestina podría ser, en cambio, pan comido (limpieza étnica). 

Sin embargo, un escenario más plausible es que Irán-Rusia –y el nuevo “eje del mal” Rusia-China-Irán- tengan todo lo necesario para arrastrar a la Hegemonía a un segundo atolladero. Se trata de utilizar los movimientos propios y desconcertados del enemigo para desequilibrarlo y desorientarlo hasta el olvido.

Las ilusiones de la Casa Blanca de que las Guerras Eternas en Ucrania e Israel están inscritas en el mismo noble impulso de la “democracia” y son esenciales para los intereses nacionales de Estados Unidos, ya han resultado contraproducentes, incluso entre la opinión pública estadounidense. 

Eso no impide  que gritos y susurros a lo largo de la circunvalación revelen que los neoconservadores estadounidenses, aliados de Israel, están aumentando el ritmo para provocar a Irán, mediante una proverbial bandera falsa que conduciría a un ataque estadounidense. Ese escenario de Armagedón encaja perfectamente con la psicopatía bíblica del Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu. 

Los vasallos se verían obligados a obedecer dócilmente. Los jefes de Estado de la OTAN se han dirigido directamente a visitar Israel para demostrar su apoyo incondicional a Tel Aviv, incluidos Kyriakos Mitsotakis de Grecia,Giorgia Meloni de Italia , Rishi Sunak de Gran Bretaña, Olaf Scholz de Alemania, el inquilino senil de la Casa Blanca y Emmanuel Macron de Francia. 

Vengar el “siglo de la humillación” árabe 

Hasta ahora, el movimiento de resistencia libanés Hezbollah ha mostrado una moderación extraordinaria al no morder ningún anzuelo. Hezbolá apoya a la resistencia palestina en su conjunto y hasta hace unos años tuvo serios problemas con Hamás, con quien chocó en Siria. Por cierto, Hamás, aunque parcialmente financiado por Irán, no está dirigido a Irán. Por mucho que Teherán apoye la causa palestina, los grupos de resistencia palestinos toman sus propias decisiones. 

La gran noticia es que todos estos problemas se están disolviendo ahora. Tanto Hamás como la Jihad Islámica Palestina (YIP) viajaron al Líbano para visitar en persona al secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, esta semana. Eso explica la unidad de propósito –o lo que el Eje de Resistencia de la región llama la “Unidad de Frentes”.   

Aún más reveladora fue la visita de Hamás a Moscú esta semana, que fue recibida con impotente furia israelí. La delegación de Hamás estuvo encabezada por un miembro de su Politburó, Abu Marzouk. El Viceministro de Asuntos Exteriores iraní, Ali Bagheri, vino especialmente desde Teherán y se reunió con dos de los adjuntos clave del Ministro de Asuntos Exteriores ruso, Lavrov, Sergei Ryabkov y Mikhail Galuzin.  

Eso significa que Hamás, Irán y Rusia están negociando en la misma mesa. 

Hamás ha llamado a unirse a los millones de palestinos en la diáspora, así como a todo el mundo árabe y a todas las tierras del Islam. De manera lenta pero segura, se puede discernir un patrón: ¿podría el mundo árabe –y grandes sectores del Islam- estar a punto de unirse significativamente para vengar su propio “siglo de humillación” – tal como lo hicieron los chinos después de la Segunda Guerra Mundial con Mao Zedong y Deng? ¿ Xiaoping ? 

Beijing, a través de su sofisticada diplomacia, ciertamente lo está insinuando a actores clave, incluso antes de que se alcanzara a principios de este año el innovador acercamiento entre Irán y Arabia Saudita, mediado por Rusia y China. 

Eso por sí solo no frustrará la perpetua obsesión neoconservadora de Estados Unidos por bombardear infraestructura crítica en Irán. Con un valor inferior a cero cuando se trata de ciencia militar, estos neoconservadores ignoran cómo las represalias iraníes atacarían -con precisión- a todas y cada una de las bases estadounidenses en Irak y Siria, siendo el Golfo Pérsico un caso abierto. 

El incomparable analista militar ruso Andrei Martyanov ha demostrado lo que podría pasar con esas costosas bañeras de hierro estadounidenses en el Mediterráneo oriental en caso de un ataque israelí contra Irán.   

Además, hay al menos  1.000 soldados estadounidenses en el norte de Siria robando el petróleo del país, lo que también se convertiría en un objetivo instantáneo. 

Ali Fadavi ,  comandante en jefe adjunto del CGRI, fue al grano: “Tenemos tecnologías en el campo militar que nadie conoce, y los estadounidenses las sabrán cuando las usemos”.

Un ejemplo de esto son los misiles hipersónicos Fattah iraníes, primos del Khinzal y el DF-27, que viajan a Mach 15 y son capaces de alcanzar cualquier objetivo en Israel en 400 segundos.  

Y añádase a esto la sofisticada guerra electrónica rusa (EW). Como se confirmó en Moscú hace seis meses, en lo que respecta a la interconexión militar, los iraníes dijeron a los rusos en la misma mesa: «Todo lo que necesiten, sólo pídanlo». Lo mismo se aplica a la inversa, porque el enemigo mutuo es el mismo.

Se trata del Estrecho de Ormuz 

El meollo de la cuestión en cualquier estrategia ruso-iraní es el Estrecho de Ormuz, por el que transita al menos el 20 por ciento del petróleo mundial (casi 17 millones de barriles diarios) más el 18 por ciento del gas natural licuado (GNL), lo que equivale a al menos 3.5 mil millones de pies cúbicos por día.  

Irán es capaz de bloquear el Estrecho de Ormuz en un instante. Para empezar, eso sería una especie de retribución de justicia poética para Israel que pretende engullir, ilegalmente, todo el gas natural multimillonario  descubierto frente a las costas de Gaza : ésta es, dicho sea de paso, una de las razones absolutamente claves de la limpieza étnica de Palestina. 

Sin embargo, el verdadero problema será derribar la estructura de derivados de 618 billones de dólares diseñada por Wall Street , como lo han confirmado durante años los analistas de Goldman Sachs y JP Morgan, así como los operadores independientes de energía del Golfo Pérsico. 

Entonces, cuando las cosas se pongan feas – y mucho más allá de la defensa de Palestina y en un escenario de Guerra Total – no sólo Rusia e Irán sino también actores clave del mundo árabe a punto de convertirse en miembros de BRICS 11 – como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos – tienen lo necesario para derribar el sistema financiero estadounidense en cualquier momento que quieran.  

Como subraya un Estado profundo de la vieja escuela, ahora en negocios en Europa Central: 

“Las naciones islámicas tienen la ventaja económica. Pueden hacer estallar el sistema financiero internacional cortando el petróleo. No tienen que disparar ni un solo tiro. Irán y Arabia Saudita se están aliando. La crisis de 2008 requirió 29 billones de dólares para resolverse, pero ésta, si ocurriera, no podría resolverse ni siquiera con 100 billones de dólares en instrumentos fiduciarios”.

Como me dijeron los comerciantes del Golfo Pérsico, un escenario posible es que la OPEP comience a sancionar a Europa, primero desde Kuwait y luego extendiéndose de un país de la OPEP a otro y a todos los países que están tratando al mundo musulmán como enemigos y carne de guerra. 

El Primer Ministro iraquí, Mohammed Shia al-Sudani, ya ha advertido que el envío de petróleo a los mercados occidentales podría retrasarse debido a lo que Israel está perpetrando en Gaza. El Ministro de Asuntos Exteriores iraní, Hossein Amir-Abdollahian, ya ha pedido, oficialmente, un embargo total de petróleo y gas por parte de los países islámicos contra las naciones –esencialmente vasallas de la OTAN– que apoyan a Israel.

De modo que los sionistas cristianos en Estados Unidos, aliados con el activo neoconservador Netanyahu, que amenaza con atacar a Irán, tienen el potencial de derribar todo el sistema financiero mundial.

Guerra eterna contra Siria, remezclada  

Bajo el volcán actual, la  asociación estratégica Rusia-China ha sido extremadamente cautelosa. Para el mundo exterior, su posición oficial mutua es la de negarse a ponerse del lado de Palestina o de Israel; pedir un alto el fuego por motivos humanitarios; pedir una solución de dos Estados; y respetar el derecho internacional. Todas sus iniciativas en la ONU han sido debidamente saboteadas por el Hegemón. 

Tal como están las cosas, Washington ha rechazado luz verde para la invasión terrestre israelí de Gaza. La razón principal es la prioridad inmediata de Estados Unidos: ganar algo de tiempo para expandir la guerra a Siria, “acusada” de ser el punto de tránsito clave de las armas iraníes hacia Hezbollah. Esto también significa reabrir el mismo viejo frente de guerra contra Rusia. 

En Moscú no hay ilusiones. El aparato de inteligencia sabe bien que agentes israelíes del Mossad han estado asesorando a Kiev mientras Tel Aviv suministraba armas a Ucrania bajo serias presiones estadounidenses. Esto enfureció a los  siloviki y pudo haber constituido un error fatal de Israel.

Los neoconservadores, por su parte, nunca paran. Están lanzando una amenaza paralela: si  Hezbolá ataca a Israel con algo más que unos pocos cohetes –y eso simplemente no sucederá– la base aérea rusa Hmeimim en Latakia será “eliminada” como una “advertencia” a Irán.

Esto ni siquiera se considera niños jugando en el arenero. Después de los ataques israelíes en serie contra los aeropuertos civiles de Damasco y Alepo, Moscú ni siquiera pestañeó antes de ofrecer sus instalaciones de Hmeimim a Siria, con autorización para los vuelos de carga del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), según algunas fuentes de inteligencia rusas. Netanyahu no albergará exactamente un deseo de muerte bombardeando una base aérea rusa totalmente A2/AD (anti-acceso/denegación de área).  

Moscú también ve claramente lo que podrían estar haciendo esas costosas bañeras de hierro estadounidenses en el Mediterráneo oriental. La respuesta ha sido rápida: los Mig-31K están patrullando el espacio aéreo neutral sobre el Mar Negro las 24 horas del día, los 7 días de la semana, equipados con Khinzals hipersónicos, que sólo tardarían seis minutos en visitar el Mediterráneo.   

En medio de toda esta locura neoconservadora, con el Pentágono desplegando una formidable variedad de armamento y activos “no revelados” en el Mediterráneo oriental, ya sea que el objetivo sea Hezbollah, Siria, Irán, Rusia o todos los anteriores, tanto China como Corea del Norte . –parte del nuevo “eje del mal” inventado por Estados Unidos- han indicado que no serán meros espectadores. 

La Armada china está, a todos los efectos prácticos, protegiendo a Irán a distancia. Sin embargo, aún más contundente ha sido una declaración del primer ministro Li Qiang, algo inusualmente contundente y poco común en la diplomacia china: 

«China seguirá apoyando firmemente a Irán en la salvaguardia de su soberanía nacional, integridad territorial y dignidad nacional, y se opondrá firmemente a cualquier fuerza externa que interfiera en los asuntos internos de Irán».

Nunca olvidemos que China e Irán están unidos por una asociación estratégica integral. Mientras tanto, el primer ministro ruso, Mikhail Mishustin, reforzó la asociación estratégica entre Rusia e Irán en una reunión con el primer vicepresidente de Irán, Mohammad Mokhber.

Recuerda a esos comedores de arroz de Corea. 

Las milicias pro-Irán a lo largo del Eje de Resistencia mantienen un grado cuidadosamente moderado de confrontación contra Israel, cercano al ataque y fuga de la guerrilla. Todavía no participarán en ataques masivos. Pero todas las apuestas están canceladas si Israel invade Gaza. Está claro que el mundo árabe, a pesar de todas sus enormes contradicciones internas, simplemente no tolerará la masacre de civiles. 

Sin rodeos, en la incendiaria coyuntura actual, la potencia hegemónica ha  encontrado la salida a su humillación del Proyecto Ucrania. Creen erróneamente que la misma vieja Guerra Eterna reavivada en Asia occidental puede ser “modulada” a voluntad. Y si dos guerras se convierten en un inmenso lastre político, como sucederá, ¿qué más hay de nuevo? Simplemente iniciarán una nueva guerra en el “Indo-Pacífico”. 

Nada de eso engaña a Rusia-Irán y su gélido seguimiento del agitado Hegemón en cada paso del camino. Es esclarecedor recordar lo que  ya predecía Malcolm X en 1964 :

“Unos comedores de arroz lo echaron de Corea. Sí, lo echaron de Corea. Comedores de arroz con nada más que zapatos deportivos, un rifle y un plato de arroz lo tomaron a él, sus tanques y su napalm, y todas esas otras acciones que se supone que debe realizar y lo hicieron cruzar el Yalu. ¿Por qué? Porque ya pasó el día en que pueda ganar en el terreno”. 

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente las de The Cradle y Dossier Geopolitico