El Multipolarismo ya ganó la Guerra Económica   – Por Wim Dierckxsens <> Walter Formento, Colaboracion de los autores para DOSSIER GEOPOLITICO      

Introducción: ¿Hay futuro multipolar para Alemania? 

La guerra en Ucrania de algún modo hizo público que Rusia y Ucrania representan el 14 % de la producción mundial de cereales y hasta el 29 % de las exportaciones mundiales de cereales. Reveló, además, que aportan el 17% de las exportaciones de maíz y el 14% de la cebada. Mientras occidente fue en busca del tesoro ruso, otros se dieron cuenta que el 76% de los productos de girasol del mundo provienen de estos dos estados. Rusia, además, domina el mercado de los fertilizantes, con una participación global de más del 50%, lo que explica por qué el bloqueo ha causado profundos problemas agrícolas en lugares tan lejanos como Brasil.

La guerra afectó no solo a los sectores del petróleo y el gas, sino también al del níquel. Rusia, sede de Nornickel, un gigante del sector, produjo 195.000 toneladas de níquel en 2021, o el 7,2 % de la producción mundial. La invasión, combinada con una mayor demanda de níquel utilizado en líneas eléctricas y vehículos eléctricos, hizo que los precios se dispararan. La industria global de superconductores, que produce calculadoras y chips para computadoras, se vio golpeada con ello.

La industria siderúrgica rusa envía gas neón a Ucrania, donde se purifica para su uso en procesos litográficos como la inscripción de microcircuitos en placas de silicio. Los centros de producción más importantes son Odessa y Mariupol (de ahí la cruenta lucha por estas áreas). Ucrania proporciona el 70 % del gas neón del mundo, así como el 40 % de su criptón y el 30 % de su xenón y sus principales clientes incluyen a todos los países que estan en desarrollo de componentes de microelectrónica claves en Alemania, Estados Unidos, China y Corea del Sur.

Otros metales de interés en la crisis incluyen titanio, escandio y paladio. El titanio es estratégico para las aplicaciones aeroespaciales y de defensa, y Rusia es el tercer mayor productor mundial de esponja de titanio, la aplicación específica que es fundamental para el titanio metálico. Utilizado ampliamente en los sectores aeroespacial y de defensa, el escandio es otro metal clave del que Rusia es uno de los tres mayores productores mundiales. 

El paladio es de los minerales críticos más notables afectados por la crisis de Ucrania porque es un insumo fundamental para las industrias automotriz y también de semiconductores, donde Rusia suministra casi el 37 por ciento de la producción mundial. El paladio ruso ilustra una de las características geopolíticas clave de los minerales críticos: los suministros alternativos a menudo se encuentran en mercados igualmente desafiantes. Por ello es que, a cada paso que da la crisis mundial, emergen nuevas dificultades para desvincular a Rusia de la economía mundial.

Han habido al menos seis conjuntos de sanciones sucesivas, cada una más “agresiva” que la anterior: la eliminación de Rusia del sistema financiero internacional operado por el SWIFT bajo control de la Banca Financiera Globalista; la congelación de las reservas de divisas del Banco Central de Rusia, que ascendían a unos 630.000 millones de dólares; la congelación de $600 millones depositados por Rusia en bancos estadounidenses y la negativa a aceptar estos fondos como parte de pago de la deuda externa de Rusia; la exclusión de los bancos más importantes de Rusia de la City de Londres; y la restricción de depósitos rusos en bancos británicos.

Rusia ha respondido prohibiendo la exportación de más de 200 productos, exigiendo pagos en rublos por las exportaciones de petróleo y gas. Llamativamente, ciertas sanciones han fortalecido más bien a Moscú.                           El embargo sobre el petróleo y el gas ha aumentado los ingresos de Rusia, debido a las subidas de precios que ha provocado que se suma al incremento de precios anterior a la Guerra en Ucrania. En 2021, se necesitaban 70 rublos para comprar un dólar. Desde el 18 de julio 2022 solo se necesitan 57, es decir se ha fortalecido el poder de compra internacional de la moneda de Rusia.

Por lo tanto, cuanto tiempo funcionara el “nuevo Telón de Acero” que se intenta imponer desde la OTAN. Alemania ha buscado construir economías mutuamente interdependientes, desde hace 1991, que ya equivalen esencialmente a un solo sistema económico. Esta agrupación económica tiene un componente occidental (Austria, Suiza, Países Bajos y Bélgica) y uno oriental (República Checa, Eslovaquia, Hungría, Polonia y Eslovenia). Los Países Bajos actúan como plataforma global y centro de transporte; la República Checa y Eslovaquia como sedes de la industria del automóvil; Austria y Suiza como productores de tecnología avanzada, y así sucesivamente. Alemania es el centro motor y hegemónico de este bloque. Por lo cual, es clave tener en claro la visión de su papel geopolítico y significado global. 

En conjunto, el bloque tiene 196 millones de habitantes de los cuales 83 millones aporta Alemania y un PIB de 7,7 billones de dólares donde Alemania aporta 3,8 billones (49,3%). Esto la convierte en la tercera potencia económica del mundo, más pequeña que EEUU y China, pero más grande que Japón. Esta red de relaciones es especialmente visible cuando observamos el comercio. Las exportaciones alemanas a Austria y Suiza, que tienen una población combinada de 17 millones, ascienden a 132000 millones Euros, en comparación con 122 000 millones Euros a EEUU y 102000 millones Euros a Francia. 

En lo que respecta al comercio total con Alemania, Francia (con una población de 67 millones) está detrás de los Países Bajos (con solo 17 millones): 164 000 millones de euros a 206 000 millones de euros. Italia, por su parte, tiene una participación relativa menor que Polonia, a pesar de tener una población mayor (60 millones a 38 millones) y una renta per cápita casi el doble. Dos actores claves estratégicamente en la UE, como Francia e Italia junto a Alemania, tienen grados de participación económica relativa menor en relación al gran motor Alemania.

¿Qué ha ocurrido? Alemania ha profundizado el bloque UE, tomando distancia cualitativa de otros socios europeos a partir de conformar y potenciar su propio bloque económico. Sosteniendo otro vínculo con Italia y Francia que son actores con peso y dinámica propia a la vez que conjunta. Todo esto se despliega en el marco de un hecho clave, Pekín ha convertido en el principal socio comercial a Alemania, con una relación valuada en 246.000 millones de euros. 

China también desarrolla una política económica de modo que los otros miembros del bloque alemán también han visto un marcado aumento del comercio con China. Tomando el año clave de 2005 como ´referencia´, el año inmediatamente posterior a la entrada de los países de Europa del Este en la UE, el valor en dólares de las exportaciones mundiales de bienes de Alemania aumentó, en un 67%, en el periodo 2005/2021, mientras que su comercio con China se multiplicó por más de cuatro (+ de 400%). En el mismo período (2005-2021), casi se triplicaron las exportaciones francesas e italianas a China, mostrando el peso propio de éstos dos actores claves de la UE y un ritmo de crecimiento muy inferior al del comercio alemán. Lo estratégico común y lo económico diferente.

Para los estados del bloque alemán, la integración con Alemania ha generado una verdadera explosión de exportaciones a China, con Alemania no solo allanando el camino para estos estados, sino también estableciendo lazos entre sectores y empresas individuales que a su vez estimulan sus exportaciones locales.

Las exportaciones directas de los Países Bajos a China crecieron al menos cinco veces -500%- desde 2005, mientras que las de Suiza se multiplicaron por 12, convirtiéndolo en el segundo mayor exportador europeo a China. Estas tendencias han estado mucho más contenidas en Bélgica y Austria. Por otro lado, las exportaciones de Polonia a China se multiplicaron por 6, para Hungría por alrededor de 10, para la República Checa por casi 21. Dando cuenta de un nuevo y concreto tejido de red de relaciones económicas, que son también culturales y políticas.

La consecuencia estratégica de este proceso fue la formación de una zona económica euroasiática, un objetivo real para China tanto por su necesidad de materias primas rusas como por los crecientes nodos de infraestructura ferroviaria que cruzan Rusia, Kazajstán y Ucrania. En la última década 2010-2020, los primeros convoyes de trenes de mercancías partieron de China con destino a Dortmund (Alemania) y Rotterdam (Países Bajos). 

Los alemanes tenían, al menos en los círculos industriales, la intención de crear sinergias entre China, Rusia, Kazajstán, Ucrania y, por lo tanto, Europa y Alemania. El objetivo era integrar estados que reunieran zonas logísticas, productivas y exportadoras de energía (Rusia, Ucrania, Kazajistán) e importadoras de bienes industriales tanto de China como de Alemania. El equivalente alemán de las nuevas Rutas de la Seda, o Iniciativa de la Franja y la Ruta, lanzada por Xi Jinping en 2013. De hecho, el objetivo final del bloque alemán parece ser la creación de un frente continental euroasiático con Alemania y China como sus dos extremos y Rusia como conector indispensable. 

Esto explica la persistencia con la que Alemania ha empujado –en contra de los intereses de Washington y la OTAN- por el gasoducto Nordstream 2. Por ello, la Guerra de Ucrania 2014-2022 podría tener como uno de sus objetivos principales la clausura de este proyecto Euroasiático, que integra al Bloque Alemán y lo articula con la China multipolar. La guerra habrá acabado efectivamente con los objetivos de un espacio euroasiático común, solo si lograse que Alemania debilite o corte sus lazos con China y cierre el canal ruso de comunicación entre ellos.

En lugar de un Gran Espacio, Rusia se ha convertido en la única opción para lograr salvar el puente geopolítico estratégico entre Rusia/China y el bloque que constituye la Gran Alemania´. Y la OTAN, instrumentada por Davos/FEM/BlackRock, en el gran obstáculo que ha afectado esta integración euro-asiática, por los intereses en conflicto que fortalecen y motorizan en sus diferentes países componentes.

En mayo de este año 2022, la balanza comercial mensual de Alemania se inclinó hacia el rojo por primera vez desde 1991. No fue mucho (solo alrededor de $ 1 mil millones), pero es un déficit comercial impensado hasta hace poco. En el marco de la Guerra programada por la OTAN en Ucrania desde antes, que se activa a partir de 2014, existe el escenario de una posible derrota de la nueva estrategia alemana multipolar, la Gran Alemania multipolar interconectada económica, tecnológica, cultural y estratégicamente en el Proyecto Multipolarismo Pluriversal. Una pregunta que nos hacemos: Las fuerzas globalistas han logrado subordinar los dirigentes de los países europeos y, ¿qué pasará si dichos líderes políticos pierden el control sobre su población?

Una nueva guerra globalista: el hambre 

Líderes políticos, mega bancos y corporaciones transnacionales globalistas con sus sistemas de desinformación e incomunicación están emitiendo advertencias simultáneas acerca de una «escasez mundial de alimentos» y la amenaza de hambrunas en el mundo. Quieren “hacer entender” que el conflicto en Ucrania es lo que impide que el trigo de ese país no esté llegando al mercado mundial y que esto es responsabilidad de Rusia. Instituciones como FMI, el Banco Mundial, el BIS y la Casa Blanca afirman en primera línea que podemos esperar malas cosechas de trigo no solo en Ucrania sino también en Francia y EEUU y por extensión en el mundo entero. El solo hecho de poder comunicarlo ya hizo disparar los precios de los granos. Luego, los pocos consorcios que dominan el mercado ya pueden manipular la oferta, de manera tal que cada vez mayores sectores de la población mundial sufran hambre.

Por ello es preciso saber, en primer lugar, que la inflación o aumento de precios al consumidor comenzó bien antes del conflicto en Ucrania y se debe en primer lugar a la expansión monetaria –emisión sin respaldo- de los bancos centrales como la Fed, el BCE y el banco central de Japón –BOJ-. La forma en que miden el IPC además es sesgada y refleja aproximadamente la mitad de la tasa real. Para ese efecto se puede consultar Shadowstats de John Williams, donde la inflación se calcula según la metodología utilizada en los años 80. Con ese método el índice alcanzaría 17,3% en vez de 8.6% oficial. La inflación provocada a partir de 2021, debido a la expansión monetaria o impresión de dinero sin respaldo de la Reserva Federal en primer lugar, ha sido suficiente para causar un daño increíble a muchas economías nacionales. Es preciso saber que los precios de los insumos agrícolas como fertilizantes, abonos, etc. están por las nubes debido a las sanciones económicas de los países de la OTAN a Rusia. Si a ello se agrega la sequía extrema y no solo en Europa las malas cosechas junto con las obstrucciones en su acceso al mercado, el hambre estaría tocando muchas puertas y la situación podrá tornarse dramática en países del Sur global que es cada vez más pluriversal. 

Llama la atención que Rusia y China y con ello los BRICS+, se encuentran fuera de ese panorama negativo y se enfocan en la producción y así también en la producción de trigo como recurso estratégico en tiempos de crisis. Como pueden ver en la figura 1 son precisamente Rusia y China los países que esperan cosechas mayores que la media anual.

Figura 1: Cosechas de trigo esperadas en 2022, países seleccionados 

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Rusia exporta, en 2022, más productos básicos incluyendo el trigo y tiene mayores ventas de petróleo que nunca. Ucrania espera una cosecha que se encuentra 24% por debajo de la media, lo que significa en términos absolutos una pérdida de 6.6 millones de toneladas. A partir de ese dato los medios nos informan que habrá hambruna en el mundo. Si observamos los datos de figura 1 queda claro que dicha pérdida se ve compensa por los 5.1 millones de toneladas que Rusia espera cosechar extra este año, junto con otro millón de toneladas por encima de la media en China. El Multipolarismo está en condiciones de amortiguar una hambruna en África con lo que también van a perder los globalistas esta guerra. China cuenta además con unas reservas extraordinarias de trigo, como señalamos en un artículo anterior nuestro. Ante los ojos del mundo el Multipolarismo ofrecerá soluciones a la crisis alimentaria que el Unipolarismo globalista está fomentando. En semejante entorno muchos países de África buscarán afiliación a los BRICS+. 

Las Élites Financieras Globales y, su brazo armado, la OTAN ya han perdido la guerra económica con Rusia/China/etc. A pesar de las amplias sanciones y prohibiciones de importación, el vasto sector energético de Rusia continúa prosperando, el país logró exportar casi mil millones de dólares en combustibles fósiles por día en los primeros 100 días desde el inicio de la confrontación directa en Ucrania. De hecho, los precios más altos del petróleo crudo y el combustible han permitido que los ingresos por el petróleo y el gas de Rusia aumenten, incluso después de que las sanciones obligaran a disminuir los volúmenes de exportación. Es más, a pesar las sanciones, Rusia sigue exportando en los primeros 100 días del conflicto en Ucrania tanto energía fósil a Alemania como a China, que ocupan el primer y segundo lugar de importadores. En tercer y cuarto lugar aparecen Países Bajos (Netherlands) e Italia (Ver gráfico 1).

Gráfico 1: Importaciones de energía fósil de Rusia por países

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Frente a la derrota en la guerra económica con Rusia, las Élites Globales en los gobiernos, las corporaciones transnacionales y sus CEO´s, bien representados en el Foro Económico –Financiero- Mundial (FEM) de Davos, están presionando para impulsar el desmantelamiento de la producción agrícola existente bajo el pretexto del ´Cambio Climático´, del cual muchos CEO´s esperan beneficiarse financieramente, más aun cuando el Senado de EEUU acaba de aprobar un presupuesto multimillonario para ese efecto y que de seguro pasará también por la cámara baja. En el mundo y específicamente también en Occidente, las políticas gubernamentales alineadas con los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas (ONU) por diferentes medios están presionando a los granjeros y a los pequeños y medianos productores independientes, para que dejen el oficio y vendan sus tierras, ya que no van a poder cumplir con la nueva regulación ambiental y los controles que implican. 

La desarticulación mundial de la oferta agrícola: El hambre provocado

Una nueva guerra aparece en nuestras pantallas: una guerra contra los campesinos granjeros. La desarticulación de la mediana y ´pequeña propiedad´ agrícola. Es otra modalidad más para desarticular la “oferta agrícola” generando escasez y aumentos de precios, causando inseguridad alimentaria incluso en los llamados “países centrales”. Este otoño en el hemisferio norte, el tema no es solo el encarecimiento de la energía sino también la desarticulación de la oferta agrícola y la inflación que implica. El otoño comienza a fines de setiembre y con ello, los fríos en Europa. Será una época en la que muchas familias se enfrentaran de repente a la terrible elección de pagar la factura de la calefacción, que se ha disparado o comprar comida que escasea, y cuyos precios no dejan de aumentar (Vea gráfico 2). 

Entre los formuladores de estas políticas agrícolas están los principales intereses corporativos, incluidos BlackRock, Conagra, State Street, Vanguard. Es a partir de este cuartel que se diseña una guerra contra los granjeros independientes. BlackRock es la empresa globalista más fuerte y arquitecto clave para imponer metas ambientales, sociales a los gobiernos a fin de aplicarlos no solo en la Unión Europea y EEUU sino también en el Sur como ya pudimos observar en Sri Lanka.

La guerra de la OTAN con Rusia en Ucrania con Rusia ya está perdida y así también la guerra económica contra este país. Para lograr aún el Gran Reinicio (Economic Reset) el Foro Económico Mundial de Davos procura desarticular hoy el suministro de alimentos. Esta agenda ambiental no es salvar el clima, sino transformar el planeta y centralizar el control sobre su población y la mejor forma de lograrlo es a través de hambrunas. El que controla la comida y causa miedo del hambre reinará en el mundo es el lema. Con la fuerte inflación en la energía ya batallan hasta los granjeros en los países centrales y con nuevas disposiciones para ´salvar el planeta´ muchos granjeros irá a la quiebra. Los gobiernos operan en connivencia con los CEO´s delas grandes corporaciones que obtienen las tierras a precio de ganga como es el caso del señor neo-feudal Bill Gates.

Gráfico 2 

Alemania evolución tarifa de electricidad: megawatt/ hora 2008-2022 

Euros alemanes de electricidad de carga base a 1 año por megavatio hora

La guerra contra los granjeros (medianos y pequeños propietarios agrarios) es parte de una agenda más amplia para despojar a las personas de su libertad. Un puñado de Corporaciones domina la industria mundial de alimentos y bebidas, así como su mercado. Al obtener derecho exclusivo de la producción, obtendrán no solo el control total sobre la tierra y su producto sino también el poder de fomentar el hambre. A partir del miedo por el hambre lograrían tomar el control sobre la población mundial. La gente que sufre hambre experimenta un miedo existencial, tal como se esperaba lograr de hecho con la “pandemia” Covid-19. El Covid-19, en tanto modo de guerra biológica, no les dio el resultado esperado a los señores neo-feudales financieros de Davos-OTAN-FEM. Por ello, que la hambruna va ser su ´nueva epidemia´. En la mente de los globalistas, ahora, consideran factible subyugar a toda la población mundial con el miedo a la hambruna, al hambre masivo. No contaban en primer lugar, con que en el Mundo Multipolar el bienestar esté en ascenso y que, muy probablemente, cada vez más un número mayor de países del Sur global se resistirán en principio a participar de este proyecto y que, muy probablemente, pasen a una defensa estratégica aguerrida de sus derechos y necesidades como seres humanos. Como ya se puede atisbar a partir de las movidas contra la OTAN, sus capacidades instaladas de laboratorios biológicos-bacteriológicos-y-nucleares en Kazajistán y Ucrania.

Desde que “comenzó” o se dio inicio a la pandemia mundial de Covid-19, las estimaciones sobre el acceso a los alimentos muestran que la inseguridad alimentaria probablemente se ha  duplicado, si no triplicado en algunos lugares del mundo. Las personas hambrientas que se rebelan en países como Sri Lanka, Haití, Armenia o Panamá constituyen apenas la punta del iceberg. Los pueblos han abierto sus ojos ante los mandatos y las políticas coercitivas del cambio climático. La despoblación y el control sobre la reproducción de la humanidad están en la agenda de las élites globales hace ya décadas, lo nuevo hoy es que ya está provocando un momento que llega a su punto crítico y potencialmente insurreccional, como ya se observó en Sri Lanka. 

El Foro Económico Mundial y la Agenda 2030

La campaña para desarticular la oferta agrícola y el ataque directo a los productores agrícolas está estrechamente relacionada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la «Agenda 2030», impulsada por el Foro Económico Mundial (FEM-Davos) en las Naciones Unidas. De hecho, buena cantidad de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU (Cambio Climático) implican políticas que directamente afectan a los productores agrícolas, ganaderos, avicultores, etc. y, por ende, la oferta y el suministro de alimentos en el mundo. 

El plan de la ONU exige la redistribución de la riqueza nacional e internacional en el Objetivo 10, así como lograr “cambios fundamentales en la forma en que nuestras sociedades producen y consumen bienes y servicios”. Usar a los gobiernos para transformar toda la actividad económica es una parte fundamental de los ODS, y para ello el Objetivo 12 exige «patrones de consumo y producción sostenibles», sea lo que sea (ej.: hasta recomiendan comer insectos). Quizás lo más importante es que el documento exige a los gobiernos “una gestión ambiental racional de los productos químicos y de todos los desechos a lo largo de su ciclo de vida, de conformidad con los marcos internacionales acordados”. 

La ONU pide restricciones drásticas en el uso de fertilizantes, pesticidas, emisiones y agua en el sector agrícola. La FAO declara en este contexto que “el uso excesivo de fertilizantes nitrogenados es una de las principales causas de la contaminación del agua y de las emisiones de gases de efecto invernadero”. El Objetivo 6 exige una «gestión sostenible del agua», que incluye varios objetivos relacionados con el uso agrícola del agua y la escorrentía. El Objetivo 15, aborda el uso sostenible de los ecosistemas terrestres y tiene múltiples normas en torno a la agricultura y la producción de alimentos. En concreto: los granjeros (pequeños y medianos propietarios productores) deben “reducir de manera significativa su contaminación del aire, agua y suelo para reducir al mínimo sus impactos adversos en la salud humana y el medio ambiente”. En muchas partes del mundo, los gobiernos nacionales y regionales están trabajando con las agencias de la ONU para implementar estos objetivos de sostenibilidad en la agricultura y otros sectores.

La Secretaría del Centro de Innovación Alimentaria de Davos

En los Países Bajos se encuentra la Secretaría del “Centro de Innovación Alimentaria” del Foro Económico Mundial –FEM- de Davos. Las autoridades y el primer ministro Rutte, en primera línea, están imponiendo políticas de nitrógeno que se espera diezmen al sector agrícola altamente productivo, comenzando por su propia nación. Los planes también incluyen la expropiación generalizada de granjas. “Los planes de expropiación del gabinete son una franca declaración de guerra al sector agrícola”, dijo el parlamentario neerlandés Gideon van Meijeren: “Bajo falsos pretextos, a los agricultores se les está robando sus tierras, se están demoliendo granjas centenarias y las familias de los granjeros están siendo totalmente destruidas”. Una disminución significativa de los granjeros neerlandeses tendrá repercusiones en la cadena mundial de suministro de alimentos, ya que los Países Bajos es el segundo mayor exportador agrícola del mundo después de Estados Unidos (importa muchos productos agropecuarios para reexportarlos con valor agregado). 

En ningún comunicado los políticos neerlandeses han considerado los efectos de su política, ya que irrespetan un objetivo más importante en el acuerdo de la ONU:  terminar con el hambre, la inseguridad alimentaria y la desnutrición en 2030 . El 10 de agosto dos catedráticos neerlandeses de la Universidad de Wageningen  especializados en nitrógeno llegaron con un plan de cómo salvar al stock de ganado y a todos los granjeros. En esencia plantean que es preciso agregar algunos productos naturales (como aminoácido y follaje de hoja de remolacha de azúcar) al alimento para bajar la contaminación por nitrógeno. El documento es un respaldo grande para la lucha de los granjeros. La ciencia está del lado de los campesinos y deja a la administración Rutte  arrinconada. 

En EEUU, la administración Biden, también está tratando de imponer cierres de granjas. Las asociaciones agrícolas y más de 100 miembros del Congreso argumentan que el plan llevaría a la bancarrota a los propietarios de granjas pequeñas y medianas que no pueden cumplir con los requisitos de informes climáticos para hacer negocios con megaempresas ´públicas´, y esto sucede justo cuando el mundo avanza hacia una escasez generalizada de alimentos. Para imponer la política en los EEUU no solo trabajan con normas y regulaciones, sino que han llegado a destruir más de un centenar de granjas y plantas de procesamiento de alimentos. El 28 de junio se presentó la lista de cien plantas y granjas destruidas en el curso del año. Tratase de plantas de procesamiento de alimentos de carne destruidos por incendios y granjas con millones de aves  destruidas por incendios o destrucción violenta. Los pocos casos restantes cerraron ante las  amenazas recibidas. Aquí ya hay un ambiente de tomar las armas. 

Para poder controlar cualquier protesta, los globalistas están en el proceso de introducir una criptomoneda digital. Con ello lograrían estar en la posibilidad de aplicar el castigo de dejar a las ´personas rebeldes´ fuera del sistema monetario, al poder ser consideradas «terroristas domésticos». Es una elección entre tiranía y soberanía; libertad o servidumbre con sometimiento.  Los globalistas quieren dar un golpe de Estado global en medio del caos y de la hambruna, para instaurar su sistema totalitario. Los banqueros centrales ignoraran la constitución, robarán todas las cuentas rebeldes y todos sus activos, incluso la tierra. ¿Cómo evitarlo? Es ilustrativo conocer lo que acaba de pasar en Irlanda: Intentaron imponer condiciones de cuentas completamente digitales, pero parte importante del pueblo cancelo sus cuentas. Los banqueros tuvieron que retroceder. 

En este contexto, sería un golpe al unipolarismo globalista que China, como líder del Mundo Multipolar, haya roto su compromiso con el proyecto del ´Cambio Climático´ a raíz de la “visita” o apoyo concreto de Nancy Pelossi (Presidente de la Cámara Baja del Congreso de EEUU) a la Isla de Taiwán. Uno de los motivos centrales del acercamiento a Taiwan fue cortar el abastecimiento a China de microchips o semiconductores. La República Popular no solo ha  detenido, hasta cierto punto, el comercio con Taiwán sino ha parado las exportaciones de un recurso esencial para la fabricación de semiconductores. La prohibición de exportar ´arena´ podría convertirse en factor que exacerbe la actual escasez de chips. 

Estados Unidos, Japón, Alemania y Australia, en este orden tienen mayor comercio con Taiwán y dependen de esos chips. Incluso, China ha logrado desarrollar un microchip más avanzado de menos de 7 nanómetros, tamaño que EEUU consideraba el límite tecnológico posible. EEUU pensaba que China estaba perdiendo esta guerra tecnológica al tener chips  inferiores de entre 14 y 20 nanómetros. Con este último salto tecnológico, China gana la guerra económica con EEUU.  Esta es una clara derrota para los señores neo-feudales de Davos y una invitación para que los países del Sur Global cada vez más pluriversal avancen en seguir el ejemplo multipolar de China: Defender confrontando el oponente unipolar globalista

De este modo, el Multipolarismo no solo a partir de Rusia, sino también desde China, ha logrado avanzar y triunfar sobre Unipolarismo globalista de Davos, incluso el terreno de la guerra económica. Esta guerra de hecho es entre la abrumadora mayoría de la población humana y la minoritaria élite financiera globalista, improductiva y parasitaria que busca paralizar para controlar la población mundial, con amenazas de hambrunas. Que seguramente podrían llegar costarle la vida al menos 10% de la población mundial. 

China, al abandonar el proyecto de Cambio Climático, orienta la lucha popular en contra de este Neo-Feudalismo Financiero Global donde, sino rendimos tributo a los Señores del Dinero nos condenan a la exclusión de todo. Es también un serio revés para la guerra de desinformación de los gobiernos y los sistemas de comunicación globales, apoyados por “expertos” ecologistas a sueldo que, de hecho, actúan como ecofascistas.  

El Fin de la división entre izquierda/derecha podría acabar con el globalismo 

A partir del otoño del hemisferio norte, a fines de septiembre entraremos, particularmente en la Unión Europea, en una época en la que muchas familias se enfrentaran a la terrible elección de pagar la factura del gas y electricidad o comprar comida. No son pocos los de la clase media que se verán forzadas de dejar y/o vender su casa amplia para buscar algo más modesto, a fin de poder pagar la cuenta de energía y poder comer. La rebeldía ya no solo es un asunto de campesinos sino también de  ciudadanos, es decir, del pueblo. Con un invierno duro la rebelión podría alcanzar incluso una dimensión insurreccional, sobre todo si Rusia corta todo flujo de gas con nuevas sanciones. 

El desastre de Sri Lanka que conllevó a una insurrección popular ofrece una vista previa de lo que bien podría suceder, incluso en Europa.   Por haber tomado en serio las ideas de la ´sostenibilidad´ del FEM-Soros y la ONU, el presidente de Sri Lanka, Gotabaya Rajapaksa, fue derrocado en Junio-Julio de 2022 al prohibir su gobierno el uso de los fertilizantes y pesticidas químicos, causando hambruna. No solo los granjeros ven con agrado que el primer ministro de Países Bajos tenga la misma suerte que tuvo el presidente de Sri Lanka. Las malas cosechas por el verano más seco en muchas décadas, seguido por un otoño a partir de fines de septiembre cuando el frío entra en muchas casas y al no poder pagar sus cuentas, el pueblo estará en la calle y ya no será solo estiércol lo que rodea las casas de los políticos. 

Ningún político electo por sí solo se arriesgaría a destruir la energía o la seguridad alimentaria de su propio país, con elecciones a menudo a la vista. Pero sus conexiones FEM/Davos han cambiado esa “lógica”. El FEM se asegura que no sea elegido ningún líder occidental que no sea miembro de su exclusivo club.  La clase política probó un poder que antes no tenía y se dejó llevar. La paciencia del pueblo con sus políticos se está acabando. Pero los políticos argumentan:  Nosotros tenemos que ganar en Ucrania primero. El pueblo observa que ya perdimos en Ucrania. Que deberíamos estar haciendo las paces con Rusia. Porque ¡Queremos comida y energía! La rebelión popular está a las puertas del otoño boreal. 

En Reino Unido el movimiento ´Don’t Pay UK´ estima que 6,3 millones de hogares del país se verán empujados a la pobreza por las facturas de energía este invierno, y millones más sentirán el estrés de la inflación fuera de control. Don’t Pay UK cuenta 75.000 que encabeza la batalla para que más de un millón de británicos boicoteen el pago de su factura de energía antes del 1 de octubre. En dicha fecha, el hogar promedio pagará casi £300 al mes ($4.300 al año) solo por energía eléctrica. Esto excluye los elevados precios de la vivienda, de los alimentos y la gasolina. Este otoño millones lucharán por mantener las luces encendidas, la calefacción caliente y tener comida en la mesa. 

En esta coyuntura es hora de desechar la  ya obsoleta división entre izquierda/derecha,   que nos han mantenido divididos y gobernados por gobiernos elitistas financieras globalistas durante tanto tiempo. El resultado al fin de cuentas, ha sido que acabaron con la democracia y la soberanía nacional. En Francia, por ejemplo, la derecha populista y la izquierda populista  unieron fuerzas recientemente para derrotar el pasaporte de viaje COVID del país. Creemos que es importante recordar cómo surgió un movimiento populista en Francia en 2018, con ciudadanos que se pusieron los chalecos-amarillos que la ley francesa exige a los conductores que tengan en su automóvil y que usen durante situaciones de emergencia. Estos salieron a las calles, semana tras otra, en una serie creciente de protestas que amenazaban con derrocar al gobierno de Macron.  Las protestas originales eran contra los impuestos al carbono. En concreto, el Ministerio para la Transición Ecológica de Francia (cosa que existe para complacencia del FEM) decidió en su ´infinita sabiduría´ que el «impuesto ecológico» sobre la gasolina y el diésel era demasiado bajo, así  que lo subieron.  Y, como era de esperar, nació un nuevo movimiento de protesta a nivel nacional que tenía mayor potencia, pero fue interrumpido por los bloqueos que impuso la pandemia Covid-19 en 2020. 

Hacia la Perestroika en Occidente

La derecha en Europa trata de retratar la democracia vigente como antidemocrática y procura así salvar la soberanía, ante las imposiciones autocráticas de Bruselas. Ya no hay democracia y sólo el pueblo de cada nación sabe lo que es verdaderamente democracia. En Inglaterra también habrá cambio de gobierno, lo que significa una nueva crisis al interior del proyecto globalista. 

En septiembre también habrá elecciones en Italia, donde la llamada derecha euroescéptica y anti Bruselas (anti gobierno de la UE) parece dirigirse a una victoria. Italia es la tercera economía en importancia de la UE y bien podría ser un factor decisivo para una división, fractura o cambio cualitativo en la propia Unión Europea. Es un hecho que la credibilidad o legitimidad de los partidos políticos existentes está gravemente dañada o licuada. En Italia, con la dimisión de Mario Draghi después de que La Liga, Forza Italia (FI) y el Movimiento Cinco Estrellas (M5S), dejaron claro que no querían seguir apoyando a la coalición de gobierno. Según diferentes sondeos, un bloque liderado por los Hermanos de Italia de Giorgia Meloni, que incluye la Liga de Matteo Salvini y Forza Italia de Silvio Berlusconi, podría obtener en las elecciones de fines de setiembre hasta 271 escaños de 400 en la cámara baja y 131 de 200 en el Senado. Con ello, Europa se prepara para el gobierno más radical en la historia republicana de Italia (con fuerzas políticas de la vieja derecha italiana) con un fuerte trasfondo populista y euroescéptico (anti globalista). 

El dato clave es que este hecho se da en un momento donde los líderes de la UE buscan mantener la cohesión del bloque de 27 naciones en guerra económica contra Rusia. Guerra económica que ya han perdido, pero que aún no se dan por derrotados por las necesidades estratégicas de la OTAN-Globalista. El cierre completo del gasoducto NordStream-1 (que ya funciona al 20%) haría que Alemania quede en una recesión profunda. 

Con Italia la unidad europea podría quebrarse a partir de este otoño boreal (septiembre-octubre) de 2022. Bruselas (el gobierno central de la UE) ya ha estado lidiando con gobiernos anti-globalistas o de “derechas” en Hungría y Polonia, los que ya vienen desafiando la legitimidad de la Comisión Europea (Órgano ejecutivo de la UE).  Si Italia, con su peso cualitativo, se agrega a este bloque podría ser la gota que rebase el vaso, que produzca un “cambio” cualitativo social y político. Una posible fragmentación o quiebre de la UE no estaría lejos de ser probable, lo que significaría a la vez una derrota para la OTAN y, por lo tanto, la aceleración de la Perestroika en Occidente, que ya hemos descripto.

En noviembre de 2022 habrá elecciones de medio término en EEUU. Clima electoral que ya comenzó a hacerse sentir. Una encuesta de Gallup, de fines de julio de 2022, encontró que la población estadounidense señala como uno de los principales problemas en EEUU, en primer lugar, la mala administración Demócrata y de Biden que, junto con el mal manejo de la economía y la inflación, suma el 46% de las opiniones. El 8% ve la cuestión del aborto como problema importante y tan solo el 1% de los estadounidenses ven a Rusia como un problema importante. Este es el tema central y sobresaliente de la comunicación globalista. 

Es una señal no solo de la poca credibilidad que tiene la actual administración Globalista de Biden/Pelosi/Harris en EEUU, sino también de la nula confianza que el pueblo norteamericano tiene ya en sus sistemas de comunicación masiva. Está muy claro que estos son indicadores de la crisis integral o perestroika en la que encuentran los EEUU. Por otro lado, está claro que la llamada derecha estadounidense, los republicanos antiglobalistas junto a los Trumpistas nacionalistas, estarían en condiciones para poder ganar ambas cámaras en noviembre 2022. Lo que sería un contundente revés para el proyecto del Gran Reinicio Globalista -Great Reset- y la Oligarquía Financiera que comanda Davos-FEM. Se vislumbra que los globalistas tendrán su nueva pandemia para el otoño para boicotear unas elecciones normales. El pueblo ya no crea en los dirigentes de la salud. Toda esta crisis sistémica es lo que podría expresarse y hacer de las calles un vasto, complejo y diverso campo de batalla. Hasta la Perestroika en Estados Unidos ya en desarrollo, podría profundizarse hacia fines de septiembre, impregnando con su signo al inicio de la primavera boreal del año 2022.>>

A modo de conclusión

El conflicto de la OTAN globalista en Ucrania contra Rusia y la Unión EuroAsiática es todo un fracaso. Que solo logro revelar la enorme dependencia de la ´Gran Alemania´ del gas y petróleo rusos, mostrando como sus economías estan ya integradas y se paralizan sin ellos. Además, también pone en peligro su ya posible integración al proyecto de la Nueva Ruta de la Seda desde China hasta las costas del Atlántico. Y que la Gran Alemania depende en elevado grado del comercio con China y con el resto de Unión Económico Euroasiática. Es probable que Rusia termine siendo parte con Turquía del control del Mar Negro. Incluso probablemente no solo del granero de Ucrania sino también de su parte económica más dinámica.

Las poblaciones de Alemania, Países Bajos, Suiza, Francia, Italia, Polonia, etc.  entran en la temporada de gobiernos enrarecidos. Con el otoño se anuncian los fríos y, con los precios de energía y de los alimentos por las nubes, los ciudadanos se levantarán contra los locos dictados del Foro Económico Mundial (WEF). Dictados Globalistas para reducir la ganadería y cerrar la agricultura, declarando de hecho que la producción de alimentos es un peligro ambiental inaceptable.

En este contexto particularmente es que, en Alemania y en buen número de otros países, se darán cuenta de manera concluyente que su política de «energía verde» fue un fracaso total. Sus gabinetes, así como en otros países, caerán por este punto y/o por la lucha popular. Que se plantea como objetivos el acceso a alimentos más baratos y en la defensa de los granjeros y campesinos que los producen. Los títeres globalistas, implantados en muchos países, probablemente serán derrocados. Podemos imaginar incluso un escenario en el que la OTAN y la Unión Europea se disolverán. Sería la derrota estructural del Globalismo financiero unipolar. Y, se abre con ello un espacio de renegociación con Oriente, incluyendo a Rusia y, rompiendo con el sometimiento a EEUU y la Elite financiera globalista, es decir, renunciando a la OTAN, a Davos y al FEM. El camino de la ´Gran Alemania´ hacia el Multipolarismo no está cerrado por completo.

ANEXOS:

1 ¿Quién es el dueño del mundo? https://www.climaterra.org/post/qui%C3%A9n-es-el-due%C3%B1o-del-mundo-blackrock-y-vanguard.  Conagra Brands CAG, https://feedingourselvesthirsty.ceres.org/company-scorecards/conagra-brands 

2

  El fracaso de la política globalista de “agenda climática” o “verde” es un hecho de características significativas, que implica el no avance por el mapa de poder trazado por el Globalismo en 1999-2021 y el no regreso al mapa de poder delineado ya por el Continentalismo estadunidense y su fase posterior Tricontinentalista en 1966-2001.

La puja de poder entre la OTAN y la OCS, que asumen la forma de enfrentamiento entre OTAN vs Rusia en la frontera de Ucrania-Bielorrusia y en la frontera interna Kiev-Donbás en Ucrania marca los límites de la OTAN pos Afganistán 2021 para resolver a su favor los conflictos que plantea y que se le plantean. Para la administración globalista, desde la administración Obama a la de Biden, a través de la OTAN, la crisis en Ucrania es el instrumento para evitar por todos los medios que la UE –Europa- consolide su articulación en el proyecto del Mundo Multipolar. Y, por lo tanto, la recuperación de la unidad estratégica de Europa. Para ello, en primer lugar, el Globalismo a través de la OTAN con base de apoyo en Polonia y Ucrania, busca sabotear con “todos los medios” la puesta en marcha concreta del Gasoducto Nordstream-2, que conectaría de modo directo Rusia-y-Alemania. La Iniciativa Globalista llamada “Crisis Climática” o “Alternativa Verde” ha entrado en un momento de crisis terminal, porque los actores (e intereses) que las promovían han perdido la iniciativa, se han dispersado sus “fuerzas” e incluso están en desarrollo conflictos internos que adquieren cada vez mayor relevancia. Esto, por otro lado, se manifiesta como un regreso de las naciones del sur global a una agenda industrial y energética con iniciativa propia en el marco del multipolarismo ascendente. Por ello, las “paradas” de suministro de energías fósiles en Europa, que ya está expuesta a las primeras olas de frio, se transforman en fuerzas que movilizan, bloquean y generan nuevas situaciones y escenarios, donde emergen y se consolidan estos actores ascendentes e incluso incluyendo nuevos. ¿La Crisis del Globalismo puede dar paso a una revolución mundo?, Multipolarismo y el regreso del Reino Medio, Wim Dierckxsens y Walter Formento, Publicado el 17/12/2021, Centro de Investigaciones en Política y Economía (CIEPE) https://ciepe.com.ar/la-crisis-del-globalismo-puede-dar-paso-a-una-revolucion-mundo/ 

3  Levantamiento en Sri Lanka obliga a dimitir al presidente y al primer ministro https://www.wsws.org/es/articles/2022/07/12/sri2-j12.htm l; https://www.anred.org/2022/07/10/revolucion-en-sri-lanka-los-trabajadores-deben-tomar-el-poder-y-poner-fin-a-la-barbarie/ ; https://viacampesina.org/es/solidaridad-con-el-pueblo-de-sri-lanka-permitir-las-protestas-pacificas-cancelar-toda-la-deuda-ya/ ;

4  El entrecomillado plantea qué implicaría significaría en una época de Globalismo – Multipolarismo los conceptos políticos históricos (1790-2000) de Derechas e Izquierdas. Las comillas alertan que esos conceptos ya no describen lo necesario para aprehender los fenómenos u hechos histórico-políticos que están sucediéndose a partir de 1999-2000.

5 La Comisión Europea es el órgano ejecutivo, políticamente independiente, de la UE. Es la única instancia responsable de elaborar propuestas de nueva legislación europea y de aplicar las decisiones del Parlamento Europeo y del Consejo de la UE. 

6 La Perestroika en Estados Unidos: Réquiem para la civilización occidental. Wim Dierckxsens, Walter Formento, 08/12/2021 https://mail.alainet.org/es/articulo/214542?language=es 

Por Andréi Uvarov

Cuando comenzaron las conversaciones de que Polonia estaba comenzando a desarrollar activamente el territorio ucraniano, a muchos les pareció demasiado. Sin embargo, los acontecimientos comenzaron a tener lugar a un ritmo tan rápido que el peligro de una «anexión blanda» ya es evidente para los habitantes de Banderstadt (Oeste de Ucrania). Y tal vez no solo Banderstadt.

Mire: Duda y Zelensky han afirmado repetidamente que no debería haber una frontera entre los dos países. La eliminación de fronteras entre dos estados es su fusión o absorción de un estado por otro.

Luego hubo información de que las autoridades polacas estaban presionando activamente a Zelensky para que les transfiriera el control de las funciones estatales más importantes de Ucrania. Con el consentimiento de Kyiv, los polacos albergan un centro de procesamiento de datos de respaldo del Servicio Estatal de Impuestos de Ucrania (GNSU), supuestamente para aumentar la eficiencia de este departamento. “La tarea principal de instalar el equipo GNSU en Polonia estuvo a cargo de la empresa de tecnología SILTEC afiliada a los servicios de inteligencia locales, y las corporaciones estadounidenses Dell, IBM y Cisco brindarán apoyo”.

Es decir, Polonia y los Estados Unidos obtienen acceso a información de importancia nacional, incluida información sobre los contribuyentes y, como resultado, sobre la situación financiera real de Ucrania.

No hay fin para hablar de que las reservas de oro y divisas de Kyiv ya están en Varsovia.

Y finalmente, Zelensky anunció un “estatus legal especial” para los polacos en Ucrania, y la Rada apoyó esta extraña idea. Entre los derechos especiales se encuentran la participación en las elecciones locales, el nombramiento para los puestos más altos en las empresas, la oportunidad de convertirse en jueces, la equiparación de los poderes de los servicios de policía de Ucrania y Polonia, etc.

Lo más desagradable para los residentes de Ucrania fueron las declaraciones sobre la posibilidad de que las fuerzas del contingente polaco y, probablemente, las unidades de la OTAN transfirieran a Polonia algún tipo de misión de mantenimiento de la paz u operación policial en las regiones occidentales.

Además, los mercenarios polacos cruzan la frontera en grandes grupos y participan en las hostilidades en el este de Ucrania. Fuentes polacas afirman que más de 2 mil zholnezhs contratados ya están luchando.

La anexión, que Duda niega públicamente, es reconocida por los propios polacos. “Ocupación de Ucrania. Los soldados polacos están robando Kharkiv”: artículos en los medios polacos aparecen con tales titulares.

Autores polacos escriben: “La condición principal para brindar asistencia militar a Ucrania fue el consentimiento de Zelensky para transferir parte del territorio a Polonia”. También se indica: “¡Las quejas de los residentes sobre los ocupantes polacos están comenzando a llegar a la administración de Jarkov! Los polacos roban en Kharkov. Varias empresas en Kharkov fueron transferidas a mercenarios polacos sin el consentimiento de los propietarios… Es una pena que los ucranianos aún no hayan entendido quiénes son los verdaderos ocupantes”.

Fue la actividad en materia de absorción de territorios ucranianos lo que provocó las protestas de junio de la izquierda y la derecha polacas con respecto a la prevención de, como dijeron, «la creación de Ukropoliya».

La ofensiva polaca también avanza de manera suave. El otro día, los usuarios de las redes sociales en Ternopil y Lviv notaron de repente que los precios en las tiendas comenzaron a indicarse en dos monedas: en hryvnias y en zlotys polacos. «¡Eso es todo, nosotros en Ucrania ya nos hemos entregado completamente a los polacos!» — dicen los residentes en las redes sociales, sugiriendo que pronto se convertirán en parte de alguna provincia polaca.

En las etiquetas de precios de Ucrania, la hryvnia se encuentra junto al zloty

En los puntos de venta, tal facturación se explica por la mítica «afluencia de polacos», pero la opción de pago en dos monedas no se explica de ninguna manera.

También hay formas más leves de polonización, porque según la propaganda tanto de Varsovia como de Kyiv, Polonia hoy es el estado más ucranófilo, que “en realidad salvó a millones de ucranianos”. No son sólo los medios de comunicación los que plantean esto. Recientemente, en las ciudades de Polonia y el oeste de Ucrania, comenzaron a aparecer calcomanías que mostraban a un niño polaco tocando a una niña ucraniana, bajo la inscripción: “Polonia — Ucrania. No te abandonaré».

O, digamos, en la Baja Silesia (suroeste de Polonia) comenzaron a aceptar solicitudes de ucranianos que venían a Polonia para entregarles hasta 200 computadoras portátiles, y el principal requisito es el conocimiento del idioma polaco. Como escriben los expertos polacos, el camino hacia la asimilación de los refugiados no es más que la liberación de las tierras ucranianas de la población ucraniana. Teniendo en cuenta que, según los últimos datos de la Unión de Megaciudades Polacas (UMP), 3,37 millones de ciudadanos ucranianos viven en el país, la “liberación de Ucrania de los ucranianos” avanza a buen ritmo.

Se cree que la anexión polaca es bienvenida en el oeste de Ucrania, aunque esto no es del todo cierto. Basta ya de los que no quieren y tienen miedo. Hay suficientes motivos para temer: los polacos han planteado repetidamente el tema de la restitución, y muchos incluso indicaron la propiedad de sus antepasados, y los occidentales saben en quién se convertirán cuando se conviertan en parte de Polonia. Como ejemplo, citan el acuerdo supuestamente “cerrado” entre Duda y Zelya sobre el suministro de información a Kyiv por parte de Varsovia sobre hombres ucranianos que están sujetos a movilización y se esconden en Polonia. Los testigos lo confirman: en la frontera, fue precisamente “para entrar en Ucrania” que los polacos comenzaron a controlar a los hombres con particular meticulosidad. Duda entiende que al apoyar la guerra, proporcionar armas y facilitar el envío de ucranianos al frente, también está «liberando» de la población los territorios que los polacos han puesto sus ojos durante mucho tiempo.

Fuente GEOESTRATEGIA.ES: http://www.geoestrategia.es/index.php/noticias/historico-de-noticias/38435-2022-08-01-18-15-13

Territorios que pretende ya inicio parte del controlpor Polonia del actual espacio Ucraniano, como tambien si es derrotado Zelensky; Hungaros, Moldavos, Bielorusos, Rumanos, Eslovaquia, seguramente querran su parte historica y quedara despedazada Ucrania

La Revista del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Federación Rusa «The International Affairs» entrevista al presidente de Vision & Global Trends Instituto Internacional de Análisis Global Prof. Dr. Tiberio Graziani. sobre la situación política Italiana tras la caída del régimen de Draghi y cuáles serían las consecuencia de las posibles nuevas administraciones italianas y las relaciones con la Federación Rusa. El Dr. Graziani es un colaborador estrecho de Dossier Geopolitico.

  1. ¿Cuál es la conexión entre la creciente tensión social en la sociedad italiana y la política exterior del Gabinete de Mario Draghi? ¿Qué hay detrás de la posición consistentemente antirrusa que el ex primer ministro decidió adoptar?

La tensión social que invade Italia, principalmente de carácter económico pero también político, tiene causas remotas. Comencemos con este último.

En resumen, podemos decir que la crisis política italiana parte del derrumbe de la llamada Primera República (1946-1994) y se ve afectada por el terremoto geopolítico originado por la caída del Muro de Berlín, el posterior derrumbe de la Unión Soviética y la advenimiento de los EE.UU. como una hiperpotencia global. Italia, desde 1994 hasta hoy, ha luchado por dotarse de una nueva clase dominante adecuada a los desafíos de la nueva realidad geopolítica; sobre todo, ha encontrado dificultades para redefinir su identidad nacional y cómo valorar -en el marco de intereses nacionales específicos- sus factores de poder a la luz del nuevo horizonte internacional. En cuanto a su posicionamiento internacional, la lógica del interés «occidental» prevaleció entre casi todos los políticos italianos más que el intento de aumentar uno. s grados de libertad de acción en el nuevo escenario global. Además, en lo que se refiere a los asuntos internos, los gobiernos de la Segunda República no han logrado implementar una política industrial, económica y fiscal acorde con las necesidades y expectativas de la población y el tejido económico-productivo del país. Esta debilidad ha permitido -en el marco de la reestructuración de la economía mundial que subyace al proceso de la llamada globalización- su adaptación acrítica a las políticas liberales (por otra parte condicionada, a nivel internacional, por «restricciones externas», es decir , por el atlantismo y la ‘Unión Europea] al proceder torpemente a la liberalización del mercado interior, la venta de activos estratégicos para el país, el fomento de políticas de deslocalización, la deconstrucción del sistema nacional de pensiones y también del sistema de salud. Con este giro democrático liberal, Italia, o mejor dicho, los distintos gobiernos que se han sucedido en los últimos 28 años han roto la tradición de «solidaridad» que caracterizó la política de la Primera República. El debate político interno se ha centrado progresivamente en cuestiones coyunturales, aunque oscurecidas por el creciente protagonismo de algunos líderes que, al interpretar la política (es decir, la gestión de lares publica ) en términos personalistas- han polarizado la atención de los ciudadanos en el choque entre ellos más que en sus puntos de vista políticos aparentemente conflictivos.

A pesar de ello, al menos hasta 2007, desde el punto de vista económico y social, Italia ha mantenido, entre altibajos, un aceptable nivel de bienestar, aunque con una elevada deuda pública y con una progresiva ampliación de la brecha social. Y aquí empezamos a tratar, siempre brevemente, el tema de la crisis económica y social.

La contradicción entre el aceptable nivel de bienestar y la elevada deuda pública se convirtió, en ese período, en uno de los blancos favoritos de la City de Londres, cuya prensa no dudó en incluir a Italia en el grupo de los llamados países PIGS ( Portugal, Italia, Grecia y España). Con la crisis sistémica de 2007 y 2008, Italia se convirtió paulatinamente en el blanco de las políticas de austeridad impulsadas por la Unión Europea. A la crisis político-institucional, rasgo que caracteriza la primera fase de la Segunda República, se une ahora la crisis socioeconómica. En el ámbito internacional, la situación se agrava con el surgimiento, entre finales de 2010 y 2012, de la «primavera árabe»: la destrucción de Libia por parte de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos privará a Roma, al menos hasta ahora, de una real y su propia política mediterránea.

La crisis pandémica de 2020 agrava el nivel de criticidad socioeconómica tanto en Italia como en varios países de la Unión Europea. A nivel político-institucional, la pandemia acelera el proceso de cambio de paradigma de una «sociedad solidaria» a una «sociedad liberal democrática» en Italia; además, la emergencia parece ser un motor también para una transición informal inadvertida de de un régimen parlamentario a uno que parece tener rasgos semipresidencialistas, este último rasgo parece evidenciarse con la llegada al gobierno de Mario Draghi, el expresidente del BCE, que, por mandato del presidente Mattarella, presidirá un gobierno de unidad nacional.

La crisis internacional entre Ucrania y la Federación Rusa, en realidad una crisis entre Occidente liderado por Estados Unidos y la Federación, es percibida por el gobierno como otra emergencia (además de la provocada por la pandemia) que debe abordarse. También en este caso, el gobierno italiano favorece el uso de los decretos leyes del Primer Ministro, limitando efectivamente el debate parlamentario.

La adhesión total y orgánica del gobierno y el Parlamento italianos al frente occidental, en particular el envío de armas a uno de los contendientes, se produce sin un verdadero debate en el seno de la sociedad civil: es una decisión que se toma dentro de las «salas de poder «. Un debate serio y detallado habría permitido identificar otras opciones más sensibles a la política tradicional italiana en materia de conflictos. La decisión de ser de hecho un país cobeligerante excluye a Italia de presentarse como mediador.

El hecho de que esto sucediera con Draghi al frente del Gobierno reabre un interrogante sobre la relación entre los Gobiernos nacionales de los países miembros de la Unión Europea y la OTAN por un lado y la tecnoburocracia de Bruselas, la secretaría general del Atlántico. Alliance, la presidencia del BCE, la administración estadounidense y el Pentágono por el otro.

Hay una narrativa particular en Italia y Europa con respecto al ex presidente del BCE. Mario Draghi no es un político, elegido a través de la disputa pública, sino un economista de alto perfil, cuya autoridad tan mediatizada en Italia y en el extranjero, sin embargo, se ha ganado en los círculos exclusivos y restringidos nacionales y globales de la economía y las finanzas. En esencia, se trata de una «autoridad» autorreferencial que los medios de comunicación nacionales e internacionales, vinculados a los centros de decisión de la City de Londres, Wall Street, Bruselas y Washington, han inflado astutamente para presentarlo (y por tanto darle un encanto popular – el Super Mario de la prensa occidental) como un hombre de salvación para Italia y para la democracia occidental. Es básicamente un tecnócrata. Su gobierno lo ha demostrado con creces, como lo demuestra su relación con las instituciones italianas, en primer lugar con el Parlamento, pero también con la Presidencia de la República. Es evidente que su relación con los distintos centros de poder europeos e internacionales ha sido y es una relación privilegiada, si se compara con los presidentes del consejo que le precedieron. Esta relación privilegiada se explica porque Draghi es sin duda un exponente de esos centros, en lugar de aprovechar esta oportunidad en aras de los intereses y la dignidad nacional, decidió trabajar por el interés de las clases dominantes y burocracias de occidente lideradas por EE.UU. Por ejemplo, si, con respecto a la crisis entre Rusia y Ucrania, Emmanuel Macron y Olaf Scholz,

  1. ¿Continuará el gabinete italiano con la política antirrusa, como el gabinete de M. Draghi, o intentarán los ministros al menos parecer libres de prejuicios y reconocer la prioridad de abordar una variedad de cuestiones políticas en casa y reducir retórica anti-rusa en la escena internacional?

Actualmente se está llevando a cabo en Italia una campaña electoral para la renovación del Parlamento. Esta campaña electoral está muy polarizada entre los dos campos de centro-derecha y centro-izquierda. El rasgo que une los dos lados del espectro político italiano está representado precisamente por la continuidad con la política exterior de Draghi en referencia a la Federación Rusa. 

De hecho, si alguien espera un apaciguamiento con respecto a Rusia de partidos como la Lega (líder Matteo Salvini), Fratelli d’Italia (líder Giorgia Meloni) y Forza Italia (líder Silvio Berlusconi), está muy equivocado. 

Paradójicamente, precisamente los partidos que se han considerado asociados, con razón o sin ella, en el contexto de la dialéctica política italiana, con el Kremlin, reiteran en distintos tonos -pero de forma continuada- su apoyo al alineamiento euroatlántico. Esto no debería sorprender: quien vaya al gobierno tras las elecciones del 25 de septiembre debe ser del agrado de los centros de poder de la zona euroatlántica. Por lo tanto, no habrá lugar para aquellos políticos que se atrevan a vincular el empeoramiento de la crisis económica con la adhesión de Italia al régimen sancionador.

  1. ¿Seguirá Roma brindando apoyo, incluso militar, al régimen político de Vladimir Zelensky en Ucrania, agravando así las relaciones con Moscú? Si opta por cortar o reducir el apoyo militar, como se ha informado en más de una ocasión, ¿qué tipo de asistencia se prestará entonces y de qué forma?

En cuanto al apoyo a Kiev, Roma seguirá la estela del gobierno de Draghi. Con referencia al tema específico del envío de armas, creo que se hará una evaluación y se tomarán decisiones que podrían limitar, o incluso suspender, el envío. Sin embargo, esto sólo puede ocurrir de acuerdo con los centros de decisión euroatlánticos o con acuerdos específicos con algunos países de la Unión Europea. Es poco probable que Roma pueda tomar una decisión unilateral por sí sola, que es tan importante para la coalición euroatlántica. Si se cumple la hipótesis de una suspensión del envío de armas, por causas políticas, económicas o técnicas, Italia apoyará a Ucrania por otros medios, dada su lealtad a las políticas euroatlánticas: pienso en la sanidad, la protección civil,

  1. ¿Qué puede decir sobre las perspectivas políticas de la UE?

Las dos crisis externas -la de la pandemia y el conflicto actual entre Occidente y la Federación Rusa- parecen haber acelerado la evolución de la Unión Europea hacia una súper tecnoburocracia autorreferencial. 

En los últimos tres años, la clase ejecutiva de la Unión se ha caracterizado cada vez más como una verdadera oligarquía. Frente a una retórica democrática, la Europa de Ursula von der Leyen aparece cada vez más distante a los ojos del ciudadano europeo; Las decisiones tomadas por Bruselas son cada vez más incomprensibles y alejadas de los intereses de los europeos. Incluso la gestión del propio aparato tecnoburocrático parece a menudo opaca, de lo que son testigos directos los interlocutores responsables de las diversas regiones europeas que gestionan o se benefician de los programas de la Unión.

En el frente de la defensa, Bruselas, encaramada sobre sí misma, se ve obligada a compartir opciones de seguridad colectiva y su compromiso con la OTAN. En los últimos meses, todos los observadores han podido detectar el paso del paradigma de la llamada «autonomía estratégica», es decir, la formación de un ejército europeo, aunque anclado en el sistema de seguridad atlántico, al fortalecimiento -con la aprobación de Washington y Londres- de la OTAN y la subordinación de los arreglos de defensa europeos a la Secretaría General de la Organización del Tratado Atlántico. Como prueba de que la Unión está dirigida por una súper tecnoburocracia autorreferencial, vinculada a los centros de poder euroatlánticos, Bruselas no ha tenido en cuenta la opción de la neutralidad que sin duda habría fortalecido la «autonomía estratégica». proyecto y,

En un plano más estrictamente político, o más bien geopolítico, la Unión Europea constituye actualmente una piedra angular del polo conservador geopolítico encabezado por EE.UU. decidido a prolongar la hegemonía de Washington sobre todo el planeta, sin tener en cuenta las oportunidades que una nueva arquitectura multipolar, ya que se basa en una distribución más equitativa y amplia del poder mundial, podría ofrecer a la Unión.

  1. ¿Qué sentimientos prevalecen actualmente en la sociedad italiana?

Hay una brecha entre la clase política y la población. Los propios líderes son conscientes de esto en primer lugar. La desafección con la «política» también ha aumentado en esa porción del electorado que votó en 2018 por los llamados partidos soberanos y populistas como la Lega y el Movimiento 5 Estrellas.

Según las encuestas, la población italiana parece muy escéptica a la hora de apoyar a Ucrania mediante el envío de armas. Sin embargo, ahora, las preocupaciones de los italianos se polarizan por la campaña electoral y el recrudecimiento de la crisis económica.

Presidente de Vision & Global Trends Instituto Internacional de Análisis Global Prof. Dr. Tiberio Graziani

Ante el avance diplomático y militar de Rusia y el agravamiento de la crisis en Occidente los actores de menor nivel van dejando el ring libre para la pelea de fondo entre las superpotencias.

Por Eduardo VIOR TELAM

Mientras Vladimir Putin explotaba el éxito de su encuentro con los presidentes de Irán y Turquía en Teherán, Serguei Lavrov respondía a los ataques ucranianos contra objetivos civiles dentro de Rusia anunciando la extensión de la “Operación Militar Especial” a toda Ucrania. Mientras que Rusia se consolida política, económica y militarmente, el gobierno ucraniano se desmorona, obligando a los miembros de la OTAN a involucrarse cada vez más directamente en la guerra. Al mismo tiempo, se profundiza la crisis política y económica de los países europeos. Sus elites se fragmentan y los radicales toman el mando. Los actores de segunda clase son crecientemente desplazados por la polarización del conflicto. El momento del choque entre las superpotencias se acerca peligrosamente.

“La idea de la dominación total de los ‘mil millones de oro’ es racista y neocolonial y divide a los pueblos en primera y segunda categoría”, dijo el miércoles el presidente ruso Vladimir Putin en su intervención en el foro “Ideas Fuertes para un Nuevo Tiempo” que se celebró en Moscú organizado por la ONG Agencia de Iniciativas Estratégicas. Estos encuentros tienen lugar cada dos años, para tratar propuestas de innovación gubernativa presentadas por ciudadanos de toda la Federación.

«Este modelo es racista y neocolonial en su esencia, mientras que la ideología globalista y pseudoliberal que subyace se parece cada vez más al totalitarismo», subrayó el presidente ruso. A continuación sostuvo que “se avecina una nueva era y una nueva etapa en la historia del mundo. Sólo los Estados auténticamente soberanos están en condiciones de garantizar una dinámica de alto crecimiento y convertirse en un modelo para los demás.” Y agregó que “la soberanía tiene que ver con la libertad de desarrollo nacional y, por tanto, con el desarrollo de cada individuo.”

Al mismo tiempo, no escatimó críticas al funcionamiento de la democracia rusa: “estoy convencido de que, para ser fuertes, independientes y competitivos, debemos mejorar los mecanismos de participación del pueblo en la vida del país y hacerlos más abiertos y justos.”

Desafecto a enunciar grandes relatos, ésta es probablemente la primera ocasión en la que el presidente ruso propone tan claramente un frente del 80% de la humanidad contra el 20% más rico. No es una casualidad ni un delirio de grandeza: Vladimir Putin viene de haber alcanzado un resonante triunfo en la reunión que tuvo en Teherán con sus colegas de Irán, Ebrahim Raisi, y de Turquía, Tayik Recep Erdoğan, y lo explota políticamente con un mensaje ecuménico.

La reunión en Teherán se realizó en el marco del llamado Proceso de Paz de Astaná (capital de Kazajistán), iniciado en 2017 para alcanzar la paz en Siria. Discutieron la situación actual en el país árabe y subrayaron su compromiso con la integridad territorial del mismo, así como con la Carta de la ONU. Este compromiso es tanto más importante cuanto que Turquía hasta hace pocos días tenía previsto invadir el norte del país árabe para ocupar una faja fronteriza de unos 30 km de ancho y así combatir mejor a las milicias kurdas. Como contrapartida a su concesión, Erdoğan consiguió vía libre para operar contra las milicias kurdas en el norte de Irak. Irán, por su parte, acordó la venta a Rusia de drones de largo alcance y con Turquía un importante acuerdo gasífero. Todos salieron ganando y felices.

El éxito de la cumbre de Teherán hizo posible que este viernes 22 se firmaran en Estanbul dos documentos idénticos entre la ONU, Turquía y Ucrania, por un lado, y entre la ONU, Turquía y Rusia, por el otro, para que Kiev desmine sus puertos y Rusia le permita exportar trigo y girasol por el Mar Negro. El gobierno de Zelensky festeja, porque podrá sacar sus granos por vía marítima (ya lo hace por el Danubio), pero mucho más ganaron Turquía y Rusia. Al encargarse de la seguridad de los envíos, ambas se reparten el control sobre el Mar Negro.

Las dos participan también junto con Ucrania en la comisión de control con sede en Estanbul que vigilará que los barcos que crucen el Bósforo de ida, para ir a cargar el trigo ucraniano, lo hagan vacíos (sin armas). Erdoğan, en tanto, quedó como prestigioso árbitro, consiguió un descuento del 25% para comprar trigo ruso y Rusia obtuvo de la ONU la autorización para exportar por esa vía cereales y fertilizantes, lo que obligará a muchos países a derogar sus sanciones. A cambio Moscú se comprometió a no atacar Odessa y otros dos puertos por un lapso renovable de 120 días. La postergación de la “Operación Militar Especial” no la cancela, sólo la prolonga.

La guerra es ventajosa para los estadounidenses y los britnicos porque estn al otro lado del ocano estn lejos dijo Lavrov Foto AFP
«(La guerra) es ventajosa para los estadounidenses y los británicos, porque están al otro lado del océano, están lejos», dijo Lavrov / Foto: AFP.

El discurso programático de Vladimir Putin y la cumbre de Teherán coincidieron con la ampliación de los objetivos geográficos de la “Operación Militar Especial” por el ministro ruso de Asuntos Exteriores Serguéi Lavrov en una entrevista con la redactora jefa de RT, Margarita Simonián. «[La guerra] es ventajosa para los estadounidenses y los británicos, porque están al otro lado del océano, están lejos», dijo Lavrov. Según el canciller ruso, las estadísticas muestran que la Unión Europea asumió el 40% de los daños económicos derivados de las sanciones, mientras que a EE.UU. le corresponde menos de un 1%. Según Lavrov, precisamente ese es el motivo principal por el que los países occidentales impiden a Ucrania acordar con Rusia.

También señaló que el actual alcance geográfico del operativo ruso es ya diferente al previsto hace tres meses. «No se trata solo de Donetsk y de Lugansk, sino también de las provincias de Jersón y de Zaporozhie y algunos otros territorios», enfatizó el ministro. Lavrov explicó que la decisión se debe a que Occidente sigue llenando Ucrania con armas de cada vez mayor alcance. «No podemos permitir que en la parte ucraniana que controle Zelenski o quien lo releve se despliegue un armamento que nos amenace directamente», defendió.

No obstante, recalcó que Rusia sigue sosteniendo que se debe impedir la guerra nuclear.

Comentando la crisis energética actual en Europa, el ministro manifestó que “no podemos alegrarnos de que la gente en Europa se congele, viva mal», y recalcó que fue decisión de los políticos europeos «romper los vínculos naturales y ventajosos» con Rusia.

En suma, Putin y Lavrov trasmiten el claro mensaje de que no habrá negociaciones políticas, mientras los occidentales continúen abasteciendo al gobierno ucraniano con armas de cada vez mayor alcance, capaces de afectar el territorio ruso. Por esa amenaza Rusia se considera forzada a continuar y profundizar la guerra hasta la aniquilación de todo foco de resistencia ucraniano que -en su percepción- pueda amenazar a la población rusohablante.

Tras la derrota de las fuerzas ucranianas en el este y la ampliación por Rusia de sus objetivos de guerra la conflagración se agudiza. El ejército ucraniano se está desmoronando a ojos vista y los “asesores” occidentales tienen cada día un rol mayor. Según un informe no confirmado de la Agencia de Inteligencia Exterior (AW, por su nombre en polaco) de Polonia, Kiev está enviando al Donbass formaciones no preparadas, el nivel profesional de los oficiales es débil y el mando es a menudo ejercido por combatientes nacionalistas. Desde mayo de este año el control y la conducción de las operaciones han sido asumidas por “asesores” de EE.UU., Gran Bretaña y Canadá. El intervencionismo occidental y el sometimiento ucraniano a él son cada vez mayores.

Sin embargo, según cuenta Philip Giraldi, un ex agente de inteligencia norteamericano que hoy preside una fundación para la reorientación de la política exterior de su país, la Casa Blanca sigue negando la intervención de soldados estadounidenses en la guerra de Ucrania. En la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid el 29 de junio pasado Biden informó que el Vº Cuerpo del US Army establecerá un cuartel general permanente en Polonia, que el Pentágono mantendrá una brigada adicional en Rumanía y reforzará sus fuerzas en los estados bálticos. Asimismo, se incrementará el número de tropas estadounidenses en Europa.

Giraldi comenta asimismo que el 25 de junio pasado el New York Times publicó un informe titulado «Una red de comandos coordina el flujo de armas en Ucrania, según [informan] las autoridades: La operación secreta en la que participan fuerzas de operaciones especiales de EE.UU. indica la magnitud del esfuerzo para ayudar a los militares ucranianos todavía en desventaja.» También, continúa el analista, se ha informado que comandos del SAS británico están custodiando al presidente Volodymyr Zelensky. El NYT aclara que los soldados y oficiales de la CIA no están en el frente con las tropas ucranianas. A pesar del ocultamiento, Rusia y otros servicios de inteligencia conocen sobradamente la operación. Según el ex espía, Biden no admitirá la intervención, por lo menos hasta que algunos de estos soldados sean asesinados o, peor aún, capturados y ante las cámaras empiecen a hablar de su papel.

A continuación cita a la teniente coronel retirada de las US Air Force Karen Kwiatkowski, antigua analista del Departamento de Defensa, quien observa que el despliegue de personal no uniformado «es completamente típico de las etapas iniciales de una guerra larga de Estados Unidos».

Sin dudas, Rusia violó el Derecho Internacional al invadir Ucrania en febrero pasado, pero en los últimos ocho años todas las instituciones custodias de dicho Derecho fallaron. Nadie tuvo la voluntad o la fuerza para obligar a Ucrania a cumplir con los acuerdos de Minsk y cesar su hostigamiento contra la población civil de la cuenca del Don. Al mismo tiempo, la OTAN acercó más y más efectivos y armamentos a las fronteras de Rusia. El año pasado se sumaron la amenaza de Zelensky de incorporar su país a la OTAN y su anuncio de que Ucrania volvería a tener armas atómicas. Finalmente, EE.UU. y la OTAN desestimaron sendas ofertas de negociación de Rusia.

Los aliados occidentales indujeron a Rusia a entrar en la guerra suponiendo que sus fuerzas armadas serían incapaces de combatir eficazmente, que la economía rusa se desmoronaría ante las primeras sanciones y que la imagen de Putin se derrumbaría, dando lugar a alzamientos populares que permitirían a Occidente impulsar un golpe de estado y el cambio del régimen político. Al contrario, con un golpe de timón el gobierno ruso restañó las pérdidas económicas y financieras, reorientó el comercio exterior, sustituyó las importaciones occidentales y remplazó a las empresas de ese origen por competidoras rusas. La balanza de pagos de Rusia ha alcanzado en lo que va del año un superávit histórico. Como al mismo tiempo Moscú sólo ha empleado en Ucrania el 10% de sus efectivos militares y está incrementando las reservas con voluntarios, pudo prescindir del reclutamiento forzoso. Por consiguiente, la guerra no ha influido en la vida cotidiana de la sociedad rusa. Consecuentemente, el índice de apoyo al presidente, que en febrero estaba en el 70%, hoy ha subido a casi el 79%.

La presidenta del BCE Christine Lagarde anunci el jueves 21 la suba de las tasas de inters en la zona euro Foto Archivo
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, anunció el jueves 21 la suba de las tasas de interés en la zona euro / Foto: Archivo.

Todo lo contrario sucede en Europa y Estados Unidos. El Banco Central Europeo (BCE) anunció este jueves 21 que elevaba los tipos de interés en 50 puntos básicos, para frenar la inflación en zona euro. La subida, la primera en once años, duplica lo estimado previamente por la propia entidad financiera. La inflación interanual en la eurozona alcanzó en junio el 8,6% anual frente al 8,1% registrado en mayo. El alza está impulsada principalmente por los precios de la energía, que aumentaron un 42% en junio. Durante las últimas semanas, la divisa europea también ha pasado por su peor período en veinte años en medio de crecientes temores a una recesión.

El Viejo Continente enfrenta también el riesgo de una crisis desatada por los países más endeudados del bloque como Italia (donde la deuda externa alcanza 150% de su PBI) y Grecia. Si bien la crisis occidental comenzó ya durante la pandemia, el gigantesco endeudamiento público y privado dejó a los países europeos sin resto para soportar el rebote de las sanciones contra Rusia. Sometidos a los grandes bancos y fondos de inversión, los gobiernos occidentales carecen de iniciativa. En consecuencia, Macron y Scholz se han debilitado, cayó Draghi y Liz Truss se posiciona como eventual primera ministra del Reino Unido. Después de la elección de noviembre probablemente el gobierno de Biden sólo sea un títere en las manos de un Congreso mayoritariamente republicano.

Esta falta de conceptos y de liderazgo induce a los dirigentes occidentales a seguir el automatismo de la guerra: cuanto mayores son las victorias rusas, más armas y efectivos mete la OTAN. Pronto llegará el día en que los Spetnaz cacen a un general de la alianza y lo presenten ante las cámaras. ¿Asumirá entonces Joe Biden su responsabilidad, retirará a las tropas, cancelará el suministro de armas a Kiev y forzará a Zelensky a buscar la paz? ¿O, por el contrario, ordenará el envío de más efectivos e irá al choque frontal con las fuerzas rusas?

El tiempo de los moderados e indecisos se acerca a su fin. Comienza la pelea de fondo. ¡Segundos afuera!

España en guerra Por Eduardo Luque – El Viejo Topo

España está en guerra. No es una frase exagerada ni un ejercicio retórico. El suministro de armas a Ucrania para combatir a terceros (las milicias del Dombass y el ejército ruso) nos pone en la mira de los misiles y armas rusas. No ha habido declaración de guerra formal ni siquiera debate parlamentario. El gobierno del PSOE sabía que contaba, si hubiera sido necesario, con el apoyo de la derecha y la ultraderecha; los grupos de izquierda, sin rumbo, sin propuesta alternativa, apabullados por la campaña publicitaria y temerosos de perder su espacio institucional, lanzan frases hueras o simplemente callan como hizo Yolanda Díaz y dan por buena la situación. El añorado Domenico Losurdo hablaría de esa “izquierda ausente”.

La población española sigue ajena a las nubes de tormenta que se alzan en el horizonte. Las decisiones tomadas en la cumbre de la OTAN en Madrid (atizar aún más las guerras en África) no han merecido atención. La prensa nos entretiene con banalidades: los grandes temas de la reunión fueron las indumentarias y los menús de los invitados. Lo anecdótico oculta las graves decisiones que se toman. Pocas cosas han trascendido a la opinión pública. El movimiento anti-OTAN aunque ha conseguido movilizarse ha estado plagado, como casi siempre, de sectarismos y divisiones. La llamada “izquierda institucional” ha intentado controlar y amordazar la protesta. El peso de los cargos en el ejecutivo hace ser muy circunspectos a esos dirigentes políticos, antaño muy críticos con la OTAN y que hoy la justifican como mal menor. El desarme ideológico de la izquierda es en parte responsable de la actual situación de confusión en la ciudadanía.

El conflicto ucraniano no acabará con la tensión OTAN-Rusia; será, cuando acabe esta guerra, un episodio más al que seguirán otros. No volveremos a la situación anterior al 24 de febrero.

La sumisión del actual gobierno “progresista” a los dictados de EEUU nos debería avergonzar como país; tanto es así que el presidente Biden sólo informó al ejecutivo español de que iba a ampliar la base de Rota para dar cabida a dos nuevos destructores. Insisto, sólo informó. UP afirmó que el presidente español ni los había consultado. Pedro Sánchez ha utilizado la cumbre de la OTAN en Madrid como plataforma política personal; se trataba de ofrecerse para otros cargos si llegaba la ocasión. Nos quiso vender que  Ceuta y Melilla quedarían bajo el amparo de la organización a través del artículo 5; Jens Stoltenberg, el Secretario General de la organización atlántica, lo corrigió rápidamente, aclarando que la supuesta intervención no sería automática sino que estaría en función de los acuerdos políticos entre países (es decir de los intereses de EEUU).

En ese contexto se entiende la posición de sumisión promovida por Pedro Sánchez y su ministro de Exteriores José Manuel Albares y las acciones posteriores, es así como se explica la traición perpetrada por este gobierno al Pueblo Saharaui. Y por si no fuera poco el ministro de exteriores se ha encargado, con sus declaraciones, de acentuar la enemistad con Argel. El penúltimo exabrupto del diplomático ha sido acusar a Rusia de la “agresión que habíamos recibido por parte de Argelia”. Pero hay más: la toma de posición a favor de la monarquía alauita nos arrastrará a una guerra más que probable en el Sahel. La tensión argelino-marroquí ha subido de tono desde la última cumbre de la OTAN.

El Sahel africano será el nuevo escenario bélico en los próximos meses. La visita del ministro de exteriores a Rabat a comienzos del mes de julio apunta a definir el apoyo de España en caso de conflicto. Si hace pocas semanas fueron las tropas de la OTAN las que hicieron maniobras militares en el reino de Marruecos con la participación de Israel (las denominadas African Lion 22), ahora son las tropas rusas las que anuncian ejercicios militares conjuntos con Argel. Para detener el ansia belicista marroquí que cree que su posición es de fuerza, Argel corresponde con un enorme desfile militar, mostrando su armamento más sofisticado. Mientras, la prensa fantasea con la posibilidad de que Rusia esté interesada en una base naval en Oran. Es evidente que la tensión en la frontera se ha agudizado desde que Argel y Marruecos rompieron sus relaciones diplomáticas el año pasado. En este momento el control militar está sellando zonas fronterizas donde el contrabando entre los dos países era una forma de vida.

Las inadmisibles declaraciones del presidente de Gobierno sobre la matanza de inmigrantes en Melilla muestran, por si quedaban dudas, nuestra sumisión a los intereses de EEUU. Marruecos es la potencia  regional en la zona a expensas de nuestro país. Las declaraciones de Pedro Sánchez, defendiendo a la gendarmería marroquí, han provocado un profundo rechazo en el conjunto de la sociedad española. No es, como se ha pretendido justificar después, un problema de interpretación.

El actual gobierno muestra los límites de su “progresismo” y, parafraseando al poeta, el gobierno PSOE-UP se afana en ser “blando con las espuelas y duro con las espigas”. La apuesta decidida por la guerra (incrementando en 1000 millones de aquí al final de año el presupuesto en Defensa), el abandono de la reforma fiscal, el recorte las pensiones mediante la privatización y el posible pacto de rentas dibujan los límites de la acción de gobierno. Pedro Sánchez se muestra incapaz de arbitrar soluciones factibles a la crisis social que se avecina. La devastación social en la izquierda, provocada por una política que quiere paliar con gestos lo que son políticas neoliberales, abre camino a la futura victoria de la derecha. Pedro Sánchez ya asume que su destino personal no es renovar mandato en el palacio de la Moncloa sino, tal vez, ocupar los despachos de la OTAN en Bruselas.

Mientras, el ministro Albares nos muestra que es un triste hombre, aunque ignoro si es un hombre triste. Olvidado en la cumbre Atlántica de hace unas semanas, (obviamente su jefe lo eclipsó) nadie parece haber prestado atención a las declaraciones del ínclito ministro de exteriores español. Nadie prestó atención al señor Albares porque nuestra posición de vasallaje nos invisibiliza en el concierto internacional.  Para hacerse notar y, como si la situación no fuera ya suficientemente explosiva, nuestro jefe de embajadores se permite echar más gasolina al fuego. La arrogancia del personaje es inversamente proporcional al peso específico que tiene como diplomático. Hace pocos días nos enemistaba con Mali con unas declaraciones amenazantes. En plena cumbre de la OTAN en Madrid (claro anuncio de la orientación de las futuras relaciones con el Sahel), amenazó con la intervención militar en ese país. Sus palabras, recogidas por las agencias, son enormemente imprudentes. Afirmó que «no se descarta una intervención de la OTAN en Mali si fuera necesario», «Si es necesario y la situación constituye una amenaza para nuestra seguridad, lo haremos«. Queda solo una duda, si se refería a los grupos yihadistas, (por cierto, financiados como sabemos por Occidente) o a los militares rusos de la compañía privada Wagner. Sin duda estará satisfecho; alguien lo tiene en cuenta. Nuestro ministro se comporta, si me permiten la comparación, como esos pequeños perrichuelos que suplen su falta de talla con sus ladridos. Las declaraciones no son casuales: coinciden con la adopción por parte de la Alianza Atlántica del nuevo concepto que considera al Sahel como zona de “interés estratégico”. No ha sido sólo una baladronada de Albares. El actual incidente se enmarca en el deterioro creciente de las relaciones diplomáticas españolas con los países del Sahel y el Norte de África.

Mali llamó inmediatamente a consultas al embajador español en Bamako.  El hombre fuerte del país ha puesto al ministro en su sitio. El coronel Assimi Goïta denunció públicamente que, desde la intervención de la OTAN en Libia en 2011, el terrorismo ha ido expandiéndose por toda la zona. Se puede apreciar, desde esa perspectiva, que hay una relación de causa efecto entre las intervenciones militares de Occidente y el desarrollo de grupos terroristas. La aparición de estas organizaciones, como en el caso de Siria, es la excusa perfecta para invocar la necesidad de las guerras humanitarias. Es un recurso ampliamente utilizado en las últimas décadas: primero invadir un país para imponer la “democracia” y eliminar al “dictador” de turno que molesta; después quedarse para defender al país de los terroristas que los “defensores” han creado, al tiempo que se lo depreda. Es el caso de Irak, Siria o Libia.

Malí es un ejemplo. Los grupos terroristas, afincados durante décadas en zonas cada vez más amplias del territorio, han contado con armamento superior al del ejército. Unas fuerzas armadas con graves problemas de corrupción que han sido apoyadas por las potencias coloniales, en este caso Francia. Mali, como otras antiguas colonias francesas, sigue en un estado de postración social y económica que sólo se explica porque la antigua metrópoli sigue parasitando la riqueza de esta nación.

El ejército francés, que había desplegado durante décadas unos 5500 efectivos, comenzó a retirarse del país el 31 de enero. Acababa para los franceses la operación Takuba Task Force, entre grandes muestras de alegría por parte de la población. Su hueco ha sido ocupado por unos 2500 soldados de la compañía rusa Wagner que conjuntamente con el ejército maliense han conseguido muy buenos resultados en la lucha contra los yihadistas. El enfado francés es mayúsculo. Emmanuel Macron y el presidente de Senegal, hace pocas fechas, pedían la retirada de los Wagners de la zona.  La marcha del ejército francés provocará, a su vez, el fin de la operación europea EUTM-MALI, donde España. Alemania y otros países mantenían una fuerte presencia militar (nuestro país tiene unos 600 militares en la zona).  También el programa Minusma diseñado por la ONU para estabilizar políticamente el país y que contaba con 13289 militares y 1920 policías fenecerá a medio plazo.

La intervención de la ONU, tal y como se ha llevado a cabo hasta el momento, supeditaba los intereses del país africano, como ocurre en otros muchos, a los designios de las antiguas potencias coloniales. Nuestro gobierno, por otra parte, nos implica en más conflictos sirviendo a los intereses de terceros países. Nuestro papel en los nuevos escenarios es un triste papel. Así nos va.

Por Alberto Senante para: Hffingtonpost.es/

Análisis del aumento del gasto militar entre los estados miembros

Hasta la pasada cumbre, la OTAN venía a ser una cuadrilla de amigos más o menos bien avenida, pero con sueldos, gustos e intereses muy diferentes. En esos encuentros, uno ellos, el líder, siempre se lamentaba y les pedía a los demás quedar con más frecuencia, y sobre todo, gastar más dinero en los planes que hacían juntos.

Así, según los datos de la propia organización de marzo de este año, de los 29 países miembro, sólo ocho cumplían con la directriz -no obligatoria- de destinar el 2% del presupuesto nacional a gasto militar, y de ellos únicamente Estados Unidos y Reino Unido son de los principales actores en cuanto a gasto total. El resto de los que “cumplen” eran Grecia, Polonia, Croacia y los tres países bálticos. Mientras que Francia, Rumanía, Eslovaquia, Noruega estarían a menos de 3 décimas de llegar a esa línea que se propuso en 2014 para ser alcanzada en diez años.

Detrás de ellos, les siguen por orden Montenegro, Bulgaria, Turquía, Portugal, Italia, Macedonia, Alemania, Países Bajos, Albania, Dinamarca, República Checa, Canadá, Eslovenia y Bélgica. En penúltima posición se situaría España, que a pesar de un reciente incremento llega al 1,03%, solo por delante de Luxemburgo (0,54%).

El informe también señala que ocho países destinan menos del 20% del gasto militar a equipos de armamento, o que en los últimos cinco años Estados Unidos ha incrementado su parte en el total de gasto militar que realizan los países miembros. Ahora éste gasta 726.000 millones de dólares, mientras que entre todos los demás “apenas” llegan a los 324.000. Por eso también Washington suele decidir dónde y cuándo se reúnen.

Y después de Madrid, ¿qué?

Ya en los meses previos a la cumbre de Madrid, tras la invasión rusa en Ucrania, varios países como España o Alemania habían anunciado que se encaminarían a superar ese listón del 2% del PIB nacional que plantean desde la OTAN y que en el caso español no se alcanza desde 1995. Tras la reunión, además de la adhesión de Suecia y Finlandia como nuevos miembros, se hizo evidente que los países apostaban por un aumento del gasto militar como forma de enfrentarse al enemigo ruso. “El 2% [del PIB] se considera cada vez más el suelo, no el techo”, afirmó el secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg.

El Gobierno español anunció ayer un crédito extra de 1.000 millones de euros en defensa. Pero llegar a ese 2%, según los datos de la OTAN, supondría casi duplicar los 13.000 millones de dólares anuales más. Los expertos coinciden en que casi todos los países miembro, incluido España, cumplirán en los próximos años con ese porcentaje a menos que alguno se encuentre con una fuerte oposición interna.

Las disputas en la coalición

En nuestro país queda por ver cuánto consigue Unidas Podemos limitar ese incremento de gasto dentro del Gobierno. Pero cuesta además que otros apoyos parlamentarios del Gobierno como ERC, Bildu o Compromís, vayan a aprobar los presupuestos de 2023 con un aumento sustancial en la partida militar. El hecho de que Yolanda Díaz no sólo haya afeado las formas por la aprobación del crédito suplementario, sino que además haya pedido la convocatoria urgente de la mesa de seguimiento de la coalición con el PSOE, algo que no sucedía desde el pasado octubre, evidencia hasta qué punto este tema provoca una división total dentro del Ejecutivo. Las declaraciones sobre este tema se han lanzado como cuchillos. “No podemos vivir anclados en el pasado, en una realidad de flores y de paz que ya no existe”, afirmó por ejemplo en una entrevista a La Sexta la ministra de Defensa, Margarita Robles, en clara referencia a sus socios de Gobierno.

En qué se empleará ese posible incremento es otra de las claves. “Lo más fácil será comprar material nuevo, y una vez más, el que sale ganando es Estados Unidos que es el principal suministrador de Europa”, apunta Jesús Núñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), quien echa en falta un debate sobre qué intereses y qué amenazas reales tiene nuestro país y de acuerdo a ese diagnóstico determinar cuánto y en qué debe ser destinado el gasto en defensa.

Parece lógico que las siguientes compras en el club de la OTAN serán para reponer la munición y los dispositivos que se han donado a Ucrania para su resistencia ante Rusia. Fuentes de Defensa aseguraron a la agencia EFE que España tendrá que gastar más en “preparar y adiestrar a sus militares para tener más efectivos disponibles” a raíz de la decisión de la OTAN de pasar de 40.000 a 300.000 los soldados de “alta disponibilidad”. Para Alberto Estévez, analista en comercio de armas, el grueso del gasto se destinará a grandes planes de armamento para renovar la flota de submarinos, tanques, y aviones Eurofighter. “Será repetir lo que se hizo en los 90 y que aún estamos pagando hoy”.

Por su parte, Jordi Calvé, coordinador del Centro Delas, cree que la mayor parte del gasto responderá “no tanto a una lógica de defensa como de control militar global”, en especial para garantizar la presencia en la zona del Pacífico y en todas las rutas de suministro de materias primas y energía. Según este investigador, el tipo de gasto militar sigue muy condicionado por la oferta de la industria armamentística que ya tiene nuevos tipos de buques, aviones y sistemas que vender. Al mismo tiempo, señala que el gasto militar en España no sólo viene del presupuesto del Ministerio de Defensa, ya que hay partidas en otros como el de Industria o Exteriores, que harían llegar el porcentaje real de ese gasto a una horquilla entre el 1,6 y el 1,9% del PIB.

¿Así estaremos más seguros?

Los países de la OTAN han justificado el incremento del gasto ante las amenazas crecientes que suponen Rusia y China.

Pedro Sánchez apuntaba en el 40 aniversario de la Alianza Atlántica que la invasión a Ucrania había “abierto los ojos” a las sociedades de España y Europa de que “necesitan imperiosamente la seguridad” para seguir disfrutando de democracia y prosperidad.

En 2021, aún en plena pandemia y antes del conflicto en Ucrania, el gasto militar global ya suponía un récord histórico, superando por primera vez los 2 billones de dólares. ¿Un mayor gasto hará que estemos más seguros? Estévez subraya que aunque cuesta mucho romper con esa inercia de pensamiento “un mayor rearme no significan más seguridad”, y apunta como ejemplo a regiones como el Sahel o Centroamérica con mucha presencia militar pero donde la población está desprotegida.

Por el contrario, ante la misma cuestión, Núñez apunta que “en principio cabría responder que sí”, pero inmediatamente después puntualiza que ante amenazas como el terrorismo no sirve únicamente una respuesta militar, por lo que “no necesariamente un mayor gasto de defensa da más de seguridad si no se atienden también las causas estructurales [de la inseguridad]”.

Mientras que para el investigador del Centro Delás, este rearme “no cambiará mucho, sino que “reforzará una situación existente” de control militar protagonizado por Estados Unidos. Según sus cálculos, el gasto militar de los miembros de la OTAN y algunos de sus aliados como Japón o Corea del Sur ya supone más del 80% del total. Según Calvé, la Unión Europea ha optado por mantener su seguridad subordinada a los intereses de Estados Unidos, lo cual sí resultará perjudicial a largo plazo, ya que las necesidades de Europa y Rusia tienen muchos puntos en común. “Esta decisión supondrá más inseguridad energética, alimentaria, de suministros y económica”.

En abril de 2021, antes de todos estos incrementos previstos, la ONG Oxfam Intermón calculaba que la suma que el conjunto de países se gastaba en presupuesto militar en poco más de un día, 5.000 millones de euros, era la cifra que pedía la ONU para atender los casos de hambruna más graves en todo el mundo.

FUENTE: https://www.huffingtonpost.es/entry/radiografia-de-la-otan-cuanto-gasta-cada-pais-en-defensa-y-para-que-servira_es_62c44b99e4b0f612572c3eac?utm_source=Sailthru&utm_medium=email&utm_campaign=Spain0672022&utm_term=es-daily-brief

Serguei Lavrov suele comparar a Occidente con una fiera herida. Y estima que es mejor ‎no provocarlo para evitar que destroce todo en un ataque de locura. Es mejor ‎guiarlo en paz hacia el cementerio. Pero Occidente no lo ve de la misma manera. ‎Washington y Londres están embarcados en una cruzada contra Moscú y Pekín. ‎Rugen constantemente y parecen dispuestos a todo. Pero, ¿qué pueden hacer ‎en realidad?‎

Biden-Johnson G7

La cumbre del G7 en Baviera y la de la OTAN en Madrid iban a anunciar el castigo de Occidente ‎contra el Kremlin por su «operación militar especial en Ucrania». Pero, aunque la imagen que ‎se ha resaltado ha sido la de una unidad entre las potencias occidentales, la realidad muestra ‎que esas potencias están desconectadas… de las realidades, que han perdido audiencia en el mundo entero y que, ‎en definitiva, están ante el fin de su hegemonía. ‎

Mientras los occidentales se convencen a sí mismos de que lo que está en juego es Ucrania, ‎el mundo los ve atrapados en la «trampa de Tucídides» 1. ‎‎¿Seguirán las relaciones internacionales organizándose alrededor de ellos o acabarán siendo ‎finalmente multipolares? ¿Se liberarán los pueblos hasta ahora sometidos y alcanzarán la ‎soberanía? ¿Será posible pensar de una manera que no sea en términos de dominación global y ‎dedicarnos todos al desarrollo de todos?‎

Los occidentales han imaginado, alrededor de la «operación militar especial» rusa en Ucrania, ‎una narrativa que no menciona lo que ellos mismos han hecho desde la disolución de la Unión ‎Soviética. Prefieren olvidar que sus países firmaron la Carta de Seguridad Europea –también ‎conocida como la Declaración de Estambul de la OSCE. Prefieren olvidar también que ‎ellos mismos violaron lo estipulado en ese documento metiendo uno a uno en la OTAN a todos ‎los ex miembros del Pacto de Varsovia y a varios de los nuevos Estados postsoviéticos. Tampoco quieren recordar que ellos mismos derrocaron el gobierno ucraniano en 2004, ni el golpe ‎de Estado mediante el cual instauraron en Kiev un régimen de nacionalistas banderistas, ‎en 2014. Sin hablar de todo ese pasado, atribuyen todos los males a Rusia y se niegan a ‎cuestionar lo que ellos mismos hicieron anteriormente, consideran que sólo “aprovecharon” ‎ciertas coyunturas y estiman que sus victorias pasadas les confieren derechos. ‎

Para sostener esa narrativa imaginaria, los occidentales recurren a la censura de los ‎medios rusos en sus propios países. En otras palabras, los occidentales se venden como «demócratas»… pero ‎más vale censurar las voces discordantes que tener que mentir. ‎

Todas las potencias occidentales abordan, unánimemente, el conflicto ucraniano convenciéndose ‎a sí mismas de que tienen el deber de juzgar, condenar y sancionar a Rusia. Han chantajeado a los ‎países más pequeños para imponer en la Asamblea General de la ONU un texto que parece darles ‎la razón. Y ahora planean desmantelar Rusia, como antes lo hicieron con Yugoslavia y como ya ‎han tratado de hacerlo con Irak, Libia, Siria y Yemen, mediante la estrategia Rumsfeld-Cebrowski ‎‎ [2].‎

Para lograr ese objetivo han comenzado a aislar a Rusia de la finanza internacional y del comercio ‎mundial, le han cortado el acceso al sistema SWIFT y a Lloyds, impidiéndole no sólo comprar y ‎vender sino también garantizar el transporte de sus mercancías. Están tratando de provocar el ‎derrumbe económico de la Federación Rusa. De hecho, el 27 de junio pasado, la agencia Moody’s ‎declaró a Rusia en default (impago) [3]. ‎

Pero nada de eso ha tenido el efecto esperado… porque todo el mundo sabe que las arcas del Banco ‎Central ruso están llenas de divisas y de oro. En realidad, Rusia pagó los 100 millones que tenía ‎que pagar pero no pudo transferirlos a Occidente… por causa de las sanciones occidentales. ‎Así que Moscú puso ese dinero en una cuenta en espera de que los acreedores busquen ‎la manera de tener acceso a esos fondos. ‎

Mientras tanto, la Federación Rusa, que ya no recibe pagos de los occidentales, ha comenzado a ‎vender sus productos, específicamente sus hidrocarburos, a otros compradores, principalmente ‎a China. Como los pagos ya no pueden efectuarse en dólares, Moscú está cobrando en otras ‎monedas. Por consiguiente, los dólares que los clientes de Rusia utilizaban antes para pagar los ‎productos rusos están regresando a Estados Unidos.

Ese proceso ya estaba en marcha desde ‎hace años pero las sanciones unilaterales occidentales lo han acelerado bruscamente. La enorme ‎cantidad de dólares que están regresando a Estados Unidos –y acumulándose allí– está desatando ‎una imponente alza de precios en suelo estadounidense. La Reserva Federal trata de hacer todo ‎lo posible por desviar una parte del alza de precios hacia los países de la eurozona. Resultado: el ‎alza de precios se propaga a toda velocidad por todo el oeste de Europa. ‎

A todas estas, el Banco Central Europeo (BCE) no es una entidad concebida para favorecer el ‎desarrollo económico. Su misión primordial consiste en manejar la inflación dentro de la Unión ‎Europea. Al comprobar que no tiene como frenar el brusco aumento de los precios en Europa, el ‎BCE trata de utilizar esa tendencia para reducir su propia deuda. Así que el Banco Central ‎Europeo está invitando los Estados miembros de la Unión Europea a compensar, mediante ‎reducciones de impuestos y subvenciones, el repentino derrumbe del poder adquisitivo de sus ‎‎“ciudadanos europeos”. Pero eso es caer en un círculo vicioso: al ayudar a sus ciudadanos, ‎los países miembros de la Unión Europea se entregan –atados de pies y manos– al Banco ‎Central Europeo, se encadenan todavía más a las deudas de Estados Unidos y se empobrecen ‎aún más. ‎

Esta espiral inflacionista no tiene puerta de salida. Es la primera vez que Occidente se ve ‎obligado a “tragarse” los dólares que Washington ha venido imprimiendo alegremente durante ‎décadas. El alza de precios en Occidente corresponde al costo de los gastos del imperio yanqui ‎durante al menos los últimos 30 años. Es ahora cuando Occidente se ve obligado a pagar ‎lo que costaron sus guerras contra Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria y Yemen. ‎

Hasta ahora, Estados Unidos mataba a todo aquel que amenazaba la supremacía del dólar. ‎Colgaron a Saddam Hussein y saquearon el Banco Central iraquí. Torturaron y lincharon a ‎Muammar el-Kadhafi –quien estaba preparando el lanzamiento de una moneda única panafricana– ‎y saquearon el Banco Central libio. Las enormes reservas que esos Estados petroleros habían ‎acumulado durante años “desaparecieron” sin dejar rastro. Sólo se vio algunos militares ‎estadounidenses partir con decenas de miles de dólares, a menudo envueltos en sacos plásticos ‎usualmente destinados a envolver la basura. Al excluir a Rusia de los intercambios en dólares, ‎Washington no ha hecho otra cosa que provocar lo que tanto temía: el dólar estadounidense ‎ha dejado de ser la divisa de referencia internacional. ‎

La mayoría del resto del mundo no es ciega. Viendo lo que sucede muchos corrieron a participar ‎en el Foro Económico de San Petersburgo y después trataron de inscribirse en la cumbre virtual ‎de los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica). Esa mayoría se da cuenta ahora –‎un poco tarde– de que Rusia inició la «Asociación de Eurasia Ampliada» en 2016 y de que ‎el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, hizo el anuncio en ese sentido, ante la Asamblea ‎General de la ONU, en septiembre de 2018 [4]. ‎

Durante 4 años, se han construido muchos kilómetros de carreteras y de vías férreas para ‎integrar a Rusia en las nuevas «rutas de la seda» concebidas por China. Eso ha permitido ‎redireccionar –en sólo meses– los flujos de mercancías. ‎

El reflujo de los dólares estadounidenses y el redireccionamiento de los flujos de mercancías están ‎acentuando además el alza de los precios de la energía. Rusia, uno de los primeros exportadores ‎de hidrocarburos de todo el mundo, está viendo sus ingresos aumentar considerablemente en ‎ese sector. La moneda rusa –el rublo– goza de mejor salud que nunca. En un esfuerzo por ‎revertir esa tendencia, el G7 acaba de fijar un precio tope para el gas ruso y para el petróleo ‎ruso. En otras palabras, el G7 acaba de ordenar a la «comunidad internacional» que no acepte ‎pagar más caro por los hidrocarburos que necesita desesperadamente. ‎

Pero es evidente que Rusia no piensa permitir que Occidente fije los precios de los productos ‎rusos. Quien no quiera pagarlos al precio del mercado… sencillamente no podrá obtenerlos y ‎parece muy poco probable los clientes potenciales se priven de lo que necesitan ‎sólo para complacer a Occidente. ‎

El G7 trata de organizar su supremacía, al menos en el plano intelectual [5]. Pero eso ya no funciona. El viento sopla ahora en otra dirección. Se han ‎acabado los cuatro siglos de hegemonía occidental. ‎

Desesperado, el G7 se ha comprometido a resolver la crisis mundial de los alimentos… que es ‎resultado de su propia política. Los países afectados saben perfectamente lo que valen los ‎‎“compromisos” del G7. Todavía están esperando por el famoso gran plan de desarrollo para ‎África, entre otras muchas promesas occidentales. Esos países saben que Occidente simplemente ‎no puede garantizarles fertilizantes nitrogenados o potásicos, pero se empeña en impedir Rusia los venda. Las famosas ayudas del G7 –tan útiles como una venda en una pierna plástica– no tienen otro ‎objetivo que hacerlos esperar y tratar de evitar que se cuestionen los sagrados principios del ‎libre comercio. ‎

La cumbre de la OTAN en Madrid quiso ser una demostración de unidad y poderío. Pero ‎los países miembros de esa alianza bélica sólo fueron convocados para firmar lo que ‎Washington y Londres ya habían decidido… sin consultarlos. La unidad mostrada en Madrid ‎fue en realidad otra demostración de ese vasallaje que muchos quisieran dejar atrás.‎

La única opción posible para mantener la dominación occidental es la guerra. La OTAN tendría ‎que lograr destruir Rusia, como Roma cuando arrasó Cartago. Pero, ya es tarde para eso. ‎Las fuerzas armadas de la Federación Rusa disponen de sistemas de armas mucho más ‎sofisticados que Occidente. Y ya los pusieron a prueba en Siria, desde 2014. Rusia tiene ‎lo necesario para aplastar a sus enemigos en cualquier momento. En 2018, el presidente ‎Vladimir Putin mostró a los parlamentarios rusos los sorprendentes progresos de su industria ‎bélica [6].‎

La cumbre de la OTAN en Madrid fue una linda operación de comunicación [7]. Pero probablemente fue también el canto del cisne. Los 32 miembros de la OTAN ‎proclamaron su unidad con la desesperación de quienes temen a la muerte. Como si nada, ‎adoptaron primero una estrategia para dominar el mundo durante los 10 próximos años, ‎señalando el «crecimiento» de China como una fuente de preocupación [8], lo cual equivale a ‎confesar que el objetivo de la OTAN no es garantizar la seguridad de sus miembros sino ‎más bien dominar el mundo. Seguidamente, abrieron el proceso de adhesión de Suecia y ‎Finlandia y se plantearon además la posibilidad de acercarse a las fronteras de China, con una ‎eventual adhesión de Japón. ‎

El único incidente, rápidamente puesto bajo relativo control, fue la presión turca que obligó a ‎Finlandia y Suecia a condenar el PKK [9]. Incapaz de enfrentar la presión ‎de Turquía, Estados Unidos abandonó a sus aliados –los mercenarios kurdos en Siria y sus líderes ‎en el extranjero. ‎

También se decidió multiplicar por 7,5 la Fuerza de Acción Rápida de la OTAN, haciéndola pasar ‎de 40 000 a 300 000 efectivos, y estacionarla en la frontera con Rusia. Con esa decisión, los ‎miembros de la OTAN vuelven a violar los compromisos ya contraídos y estipulados en la Carta de ‎Seguridad Europea ya que amenazan directamente a Rusia. ‎

Mientras tanto, el Pentágono ya está haciendo mapas sobre el desmantelamiento de Rusia que ‎espera concretar. ‎

El ex embajador de Rusia ante la OTAN y actual director de Roscosmos, Dimitri Rogozin, ‎respondió a esas elucubraciones publicando en su cuenta de Telegram, las coordenadas de tiro ‎de los centros de decisión de la OTAN –incluyendo las del centro de convenciones de Madrid ‎donde estaban reunidos los jefes de Estado y/o de gobierno de esa alianza militar [10]. ‎

No hay que olvidar que Rusia ya dispone de vectores hipersónicos, actualmente imposibles de ‎interceptar, capaces de poner en sólo minutos una o más cargas nucleares encima de la sede de ‎la OTAN, en Bruselas, e incluso en el Pentágono, en Washington. Y, para que nadie se ‎equivoque, Serguei Lavrov, precisó –refiriéndose a los discípulos de Leo Strauss, sólidamente ‎posicionados en la cúpula de Washington– que las decisiones militares de Occidente ni siquiera ‎son cosa de los militares sino que se toman en el Departamento de Estado estadounidense, ‎lo cual implica que ese pudiera ser el primer blanco. ‎

Se imponen entonces varias interrogantes. ¿Están dispuestos los dirigentes occidentales a jugarse ‎el todo por el todo? ¿Asumirán el riesgo de desatar una Tercera Guerra Mundial –sabiéndola ‎perdida de antemano– únicamente para no hundirse solos?‎

Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: De la impostura del 11 de septiembre a Donald Trump. Ante nuestros ojos la gran farsa de las «primaveras árabes» (2017).

[1Destined For War: Can America ‎and China escape Thucydides’s Trap?, Graham T. Allison y Houghton Mifflin Harcourt, 2017.

[2] ‎«El proyecto militar de Estados Unidos para el ‎mundo» y «La doctrina Rumsfeld-Cebrowski», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 22 ‎de ‎agosto ‎de 2017 y 25 de mayo de 2021.‎

[3] “Government of Russia: Missed coupon payment ‎constitutes a default”, Moody’s, 27 de junio de 2022.

[4] “Remarks by Sergey Lavrov to the 73rd Session of ‎the United Nations General Assembly”, por Serguei Lavrov, Voltaire ‎Network, 28 de septiembre de 2018; «ONU, nacimiento del mundo postoccidental», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 2 de octubre de 2018.

[5] «Communiqué des ‎chefs d’Etat et de gouvernement du G7 d’Elmau», Réseau Voltaire, 28 de ‎junio de 2022.

[6] “Vladimir Putin Address to the Russian Federal Assembly” por ‎Vladimir Putin, Voltaire Network, 1º de marzo de 2018; «El nuevo arsenal nuclear ruso restaura la bipolaridad del mundo», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 6 de ‎marzo de 2018.

[7] «Los elementos claves de la Cumbre de la OTAN de 2022 en Madrid», Red Voltaire, 29 de junio ‎de 2022.

[8] «OTAN 2022 Concept ‎Stratégique», Réseau Voltaire, 29 de junio de 2022.

[9] “Turkiye, Sweden, Finland Memorandum”, Voltaire Network, 28 de junio de 2022.

[10] «Rusia amenaza los centros de decisión ‎de Occidente», Red Voltaire, 28 de junio ‎de 2022.

FUENTE VOLTAIRE NET https://www.voltairenet.org/article217562.html

Europa en un paréntesis veraniego, como en 1914 por Alastair Crooke*

Mientras Occidente piensa que la crisis ucraniana se está convirtiendo en algo parecido a la Guerra Fría, las circunstancias históricas y materiales dicen lo contrario : el mundo está al borde de un acontecimiento de la magnitud de la Primera Guerra Mundial.

La narrativa común es que Occidente ha entrado en una Guerra Fría similar a la que se libró contra la Unión Soviética y que, al igual que en aquella lucha anterior, su resultado debe ser la reafirmación primordial del modelo económico, político y civilizatorio estadounidense.

Sin embargo, una analogía mucho mejor sería considerar una época anterior que no terminó con un triunfo de la Guerra Fría, sino con un tsunami de guerra caliente que desempoderó al mundo entero. Fue un periodo en el que los responsables políticos (y los mercados) no apreciaron el creciente peligro que se acumulaba durante el letargo veraniego entre el asesinato del archiduque Francisco Fernando a finales de junio de 1914 y el estallido de la guerra cinco semanas después.

Es cierto que entonces se tenía la sensación de que dos alianzas fuertemente armadas estaban en curso de colisión. Pero ya se habían producido episodios de guerra de desgaste, y fue el fracaso de estos episodios lo que creó la sensación de que el statu quo podía -y debía- continuar indefinidamente. La opinión estaba influenciada por el bestseller de 1909 de Norman Angell, «La gran ilusión«, que argumentaba que la guerra se había vuelto imposible porque el comercio mundial y los flujos de capital estaban demasiado vinculados.

Lo que no se apreció del todo en aquel momento fue que Gran Bretaña había estado observando sigilosamente, con indignada ira, la inminente amenaza que suponía para su imperio la floreciente ambición de Alemania de adquirir su propio imperio rival. Gran Bretaña llevaba tiempo preparándose para arrebatar esta «chutzpah» [audacia] alemana. La Guerra de los Bóers de 1899-1902 tenía como objetivo principal permitir a Gran Bretaña adquirir la riqueza financiera de Sudáfrica para financiar su rearme.

Las circunstancias de mediados de 1914 (el momento de Sarajevo) parecían muy propicias, tanto para las aspiraciones de imperio de Alemania como para la creencia británica de que era una oportunidad para aplastarla por completo. Al igual que Moscú ve ahora a Ucrania como la bisagra de una arquitectura global diferente, Washington ve un atolladero ucraniano como un feliz accidente para su deseo de aplastar las aspiraciones rusas y chinas que ahora amenazan con desalojar el imperio estadounidense «basado en reglas».

La Guerra de los Balcanes de 1912-1913 arrastró a Austria-Hungría, aliada inconstante de Alemania, a la lucha contra Rusia. Al igual que hoy, la guerra de Ucrania de Biden ha logrado involucrar a la (veleidosa) Europa en el puro objetivo estadounidense de neutralizar a Rusia.

El conflicto ucraniano, que ahora pende de un pivote ante una cada vez más probable victoria rusa, es metafóricamente el «momento Sarajevo» de hoy. Estamos atrapados en el interregno de la ilusión, mientras los complacientes líderes europeos apuestan a que Biden seguramente ganará y se restablecerá la «normalidad».

Hay que recordar que Gran Bretaña inició su operación de fragmentación de Alemania a principios del siglo XX intentando desmantelar las líneas de abastecimiento del mundo -para preservar las suyas- e impedir que Alemania accediera a sus enlaces exteriores.

Como parte de esta operación, Gran Bretaña estableció un bloqueo naval que tuvo el efecto involuntario de canalizar las resurgentes ambiciones alemanas hacia el este, a través de la llanura europea, y finalmente hacia Rusia.

Todos sabemos que esta concatenación de acontecimientos terminó en dos guerras mundiales y la subsiguiente devastación económica de Europa, allanando el camino al siglo americano.

¿Cómo explicar el segundo episodio contemporáneo de somnolencia e imprudencia política de Europa en cien años ? La herramienta de Gran Bretaña para preparar el espacio de batalla contra Alemania en el siglo pasado fue la diplomacia a la antigua. Gran Bretaña construyó una alianza diplomática contra Alemania. Pero Estados Unidos aportó una nueva herramienta para preparar el espacio de batalla europeo : su inversión de la tesis de Antonio Gramsci de que la esfera cultural es el ámbito más productivo para la lucha política.

Así, en lugar de que la cultura sea el lugar de la acción revolucionaria contra una élite (según Gramsci), las plataformas sociales y los medios de comunicación estadounidenses y europeos, libres de rivales no occidentales, se han convertido precisamente en el lugar en el que el «sistema» -la élite- puede reafirmarse, neutralizando la posibilidad de resistencia política a través del dominio de la esfera cultural : La demonización de China y Rusia por los algoritmos de las principales plataformas y medios de comunicación.

Así es como una Europa en gran parte resistente a la guerra puede volverse contra China y Rusia, con las élites europeas acompañando, en nombre de la promoción de sus valores liberales «universales«.

Lo que es diferente hoy es también lo más preocupante. La suposición inicial parece haber sido que utilizar el poder financiero y comercial de Estados Unidos -mientras éste siga siendo dominante- para colapsar la economía de Rusia, contener a China y someter a Europa a un vasallaje tecnológico, sería en sí mismo suficiente para contener el riesgo de guerra caliente.

Pero está ocurriendo lo contrario. El vergonzoso fracaso de la guerra financiera ha obligado a Biden a lanzar una maniobra de distracción para encubrir este fracaso, que no sólo no ha conseguido derribar a Rusia, sino que ahora corre el riesgo de colapsar la economía europea, lo que supone un gran riesgo colateral para el propio sistema financiero estadounidense.

Por ejemplo, Biden dijo que EE.UU. intervendría en Taiwán si China lo atacaba, cerrando así el eje China-Rusia. En Ucrania, Estados Unidos y la OTAN se acercan cada vez más a un enfrentamiento directo con las fuerzas militares rusas. Alrededor de Ucrania, la CIA está encendiendo una serie de incendios de maleza en la periferia ucraniana, desde Moldavia hasta Kazajistán (reavivando viejas tensiones). Biden hace la vista gorda ante el intento de Polonia de anexionarse discretamente sus antiguas reivindicaciones territoriales en el oeste de Ucrania o se confabula con ella (amenazando con abrir una serie de viejas heridas de Europa del Este).

En Asia Oriental, Estados Unidos ha encendido fuegos en Pakistán ; lo está intentando en Afganistán y con los kurdos ; y lo más importante, está practicando un ataque militar conjunto con Israel contra Irán.

Y la administración Biden ha facilitado -mientras Europa observa con creciente preocupación- una Alemania que está iniciando un nuevo intento de transición -que se hace eco de las anteriores aspiraciones de la «Gran Alemania», recordando precisamente el marco europeo anterior a la Primera Guerra Mundial- con sus élites apuntando de nuevo a Rusia. La militarización completa de la sociedad alemana está, una vez más, en marcha. Alemania y Estados Unidos ya colaboran estrechamente en Ucrania y en las acciones de la OTAN contra Rusia.

La gravedad de este cambio se puede plasmar en lo que podría parecer una nota esotérica a pie de página de una declaración diplomática ; de hecho, es todo lo contrario. En la declaración conjunta ruso-china de septiembre de 2020, un vector clave fue la «verdad histórica» sobre la Segunda Guerra Mundial. En pocas palabras, ambos estados argumentan que en una campaña occidental aparentemente inocua, se están falsificando sistemáticamente los hechos históricos (en países como Polonia y los Estados Bálticos), a menudo con el sutil estímulo de Estados Unidos. La narrativa se transforma para presentar la Segunda Guerra Mundial como una en la que la «familia europea» se unió para luchar contra Rusia.

El objetivo es claro. Su importación (una Alemania dominante militarizada) es explosiva para Europa. (¿Es éste el objetivo secundario de Washington ?) Lo que parece tan perverso es que todo este juego con fuego se supone que ayudará a Biden a no perder demasiado en las elecciones de noviembre.
¿Incendio provocado para apoyar una causa perdida ?

Alastai Crooke* para Al Mayadeen

Original : Europa en un somnoliento paréntesis veraniego – como en 1914  ». Al Mayadeen, Beirut, 5 de junio de 2022.

[*Alastair Crooke, diplomático británico, fundador y director del Conflicts Forum . Fue una figura destacada de la inteligencia militar británica, la Sección 6 (MI6) y de la diplomacia de la Unión Europea. Se le concedió la d(istinguida Orden de San Miguel y San Jorge (CMG), una orden de caballería británica fundada en 1818.)]

Traducción del inglés por y para : El Correo de la Diáspora.


Ucrania no estaba en la OTAN, pero la OTAN estaba en Ucrania desde 2014. Tres meses después de su inicio, comprendemos mejor el cúmulo de irresponsabilidades multilaterales que han desembocado en esta guerra. Por Rafael Poch

Emplazamientos de la OTAN en Ucrania (amarillo y azul): Instalaciones no oficiales de la OTAN (solo en azul) Instalaciones oficiales de la OTAN) –Polígono 242 del ejército regular de Goncharovski, región de Chernigov. –Polígono 233 del ejército regular del pueblo Málaya Liubasha, región de Rovno -Centro internacional de mantenimiento de la paz y la seguridad de Yavoriv, región de Lviv. –Base de la flota británica de Yuzni, región de Odesa. –Base de mando operativo de la flota de EE.UU de Ochakov, región de Nikolayev. –Centro de observación y escucha de la isla Zmeiny. –Centro 235 de preparación, pueblo Mijailovka, región de Nikolayev. -Polígono 241 del ejército regular de Aleshki, región de Jerson. -Centro de entrenamiento de tiradores de precisión de Mariupol, región de Donetsk. –Campamento militar de la OTAN de Shostka, región de Sumy. -Campamento de la OTAN, Sumy.

Cuando el 24 de febrero Rusia invadió Ucrania desconocíamos muchos detalles de esa criminal y desgraciada aventura. Hoy, cuando los peligros de una escalada militar entre Occidente y Rusia se incrementan con las semanas hasta producir vértigo en un diario belicista de Nueva York, sabemos con certeza que aunque Ucrania no estaba en la OTAN, la OTAN estaba en Ucrania. Desde hace años. Lo que eso significaba y significa en la práctica lo sabemos, no a través de informaciones y propagandas justificatorias rusas, sino por fuentes de Estados Unidos: por declaraciones de sus personalidades e informes de sus medios de comunicación.

El rearme atlantista de Ucrania comenzó inmediatamente después de la revuelta popular y operación de cambio de régimen del invierno de 2014. Las fuerzas nacionalistas antirusas que no representaban ni a la mitad del país (obviamente ahora el panorama ha cambiado radicalmente), se hicieron entonces definitivamente con el poder en Kiev. Al derogar el precepto de no alineamiento de la Constitución ucraniana y optar abiertamente por una decidida disciplina occidental, esas fuerzas rompieron el delicado equilibrio plural entre las regiones del Oeste y el Este sobre el que reposaba la integridad territorial del país, desencadenaron una guerra civil en Donbas y también la anexión de Crimea, una reacción rusa de consolación a la debacle que los intereses de Moscú habían sufrido en Kíev y que la administración Obama leyó como un intolerable desafío militar merecedor de ejemplarizante castigo.

Según el Instituto Internacional de Investigaciones sobre la Paz de Estocolmo (SIPRI), desde entonces y hasta 2021, Ucrania incrementó su gasto militar un 142% (Rusia un 11%).

A partir de 2015, Estados Unidos se gastó 5000 millones de dólares en armas a Ucrania. En ese mismo periodo se formaron “por lo menos 10.000 hombres de las fuerzas armadas ucranianas al año “durante más de ocho años” en el cuadro de la OTAN, informó el 13 de abril The Wall Street Journal en un artículo titulado; El secreto del éxito militar de Ucrania: años de entrenamiento de la OTAN.

Muchos de esos, por lo menos, 80.000 hombres, fueron formados en los “estándares militares occidentales” y “tácticas modernas de combate” en la base de Yavoriv (Yavorov), cerca de Lviv.

Yavoriv es un enorme campo de entrenamiento de 200 kilómetros cuadrados de extensión (tres veces el área metropolitana de París), que fue objeto de un sonado ataque de misiles ruso el 13 de marzo. Al principio allí se formaban unidades de la Guardia Nacional y luego del ejército regular. Cuando empezó la guerra, “por lo menos ocho países de la OTAN” estaban formando en Yavoriv a militares ucranianos. Lo aprendido con esa dilatada labor de formación y modernización, “ha tenido un impacto significativo” en el curso de la guerra, ha dicho el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

La CIA formó también unidades de élite y de inteligencia ucranianas en territorio de Estados Unidos. El programa tuvo problemas, porque se sospechaba que el contingente estaba infiltrado por informantes rusos, lo que exigió restricciones de información y filtrados de seguridad, informaba en enero el corresponsal para asuntos de seguridad Zach Dorfman. Los rusos estaban al día de esa labor de la CIA. El jefe de operaciones especiales de la inteligencia ucraniana, Coronel Maksim Shapoval, vinculado a ese programa, murió el 27 de junio de 2017 en Kiev, en un atentado con bomba lapa colocada bajo su coche. El atentado fue atribuido a los servicios secretos rusos y considerado respuesta a otros atentados cometidos por Shapoval en Donbas.

Mientras sucedía todo eso, paralelamente tenían lugar dos procesos fundamentales. El primero, el rechazo activo de Estados Unidos, y como consecuencia de los ucranianos, a los “Acuerdos de Minsk”, la fórmula de paz firmada entre Rusia y Ucrania, y arbitrada por Francia y Alemania que estos dos países dejaron languidecer. El segundo, la retirada unilateral de Estados Unidos, en 2019, del acuerdo de prohibición de armas nucleares de alcance intermedio (INF), firmado en 1987 por Reagan y Gorbachov y que fue un hito para el fin de la guerra fría en Europa.

Tras escuchar durante años que la ampliación de la OTAN hacia el Este no era contra Rusia y que las baterías de misiles desplegadas en Rumanía y Polonia eran “contra Irán”, (que carecía, y carece, de misiles de tan largo alcance), los rusos asistieron con doble irritación a las explicaciones que el Consejero de Seguridad Nacional de Trump, el demente John Bolton, ofreció en Moscú en octubre de 2018: la retirada del INF no va contra Rusia, les dijo Bolton, sino contra China, para poder desplegar esas armas nucleares tácticas en Asia. Que Bolton dijera que ya no consideraban a Rusia “una amenaza” y que lo que importaba en Washington era China, no hizo más que herir el acomplejado orgullo de gran potencia venida a menos de los dirigentes rusos.

En marzo de 2021, Ucrania aprobó una nueva estrategia militar en la que se apunta directamente a la reconquista militar de Crimea y Donbas, lo que desde el punto de vista del derecho internacional era completamente legítimo, puesto que ambas regiones eran territorio ucraniano, pero que a efectos prácticos equivalía a un anuncio de preparativos de guerra contra Rusia.

En septiembre del mismo año, Estados Unidos y Ucrania firmaron un acuerdo por el que Washington prometía ayuda militar para restablecer la “integridad territorial” de Ucrania, tal como anunciaba el propósito de la nueva doctrina militar de Kíev.

En febrero comienza la guerra, después de que EE.UU no reaccionara a la propuesta diplomática de Moscú (neutralidad de Ucrania, retirada de infraestructuras militares de la OTAN del entorno de Rusia, entre otros aspectos) y de que el Presidente Ucraniano declarara en la Conferencia de Seguridad de Munich su derecho a disponer de armas nucleares en el futuro.

Tres meses antes del inicio de la invasión rusa, en noviembre de 2021, el director de la CIA, William Burns, había visitado Moscú con un claro mensaje. Putin estaba en su residencia de Sochi, en el Mar Negro, pero Burns advirtió que si los preparativos de invasión detectados en Washington se ejecutaban, habría una reacción occidental fuerte. Desde Moscú, Burns habló por teléfono con Putin. Sin molestarse en desmentir las sospechas de invasión de Washington, el Presidente ruso “le recitó pausadamente una lista de agravios sobre cómo Estados Unidos había ignorado durante años los intereses rusos de seguridad”. Respecto a Ucrania, Putin le dijo que “no era un verdadero país” (WSJ, 1 de abril), es decir la idea que el Presidente ruso ha defendido en diversas ocasiones y que merece una pequeña explicación.

Según una visión bastante común en Rusia, una Ucrania hostil a Rusia que niega su pluralismo etnolingüístico, cultural y religioso interno, no tiene derecho a la existencia en sus actuales fronteras. Tal país, considerado traidor, puede ser desmembrado, con su parte oriental vinculada a Rusia de una u otra forma, un trozo occidental de la Rutenia subcarpática incorporado a Hungría (escenario que, seguramente, Putin ha transmitido a Orban en la última visita de éste a Moscú), otro a Polonia, y el resto, si queda algo, para un estado ucraniano hostil pero inofensivo, sin acceso al mar y desatado, pero geográficamente aislado, en su irremediable rusofobia. Todo esto ya estaba implícito en 1994 cuando Aleksandr Solzhenitsyn mencionaba las “falsas fronteras leninistas de Ucrania”, injustificables porque “rompen millones de vínculos de familia y amistad”, en su opúsculo “La cuestión rusa en el final del siglo XX”.

En condiciones normales esa mentalidad se habría disuelto con el tiempo, o habría sido patrimonio de sectores radicales políticamente marginales en Moscú, pero la ruptura de 2014 en Kíev con su afirmación de una Ucrania “traidora” a ojos de Moscú y decididamente hostil a Rusia, así como los propios problemas internos de Rusia, la colocaron en el centro del poder moscovita…

Volviendo al director de la CIA, a mediados de enero Burns viajó en secreto a Kíev para exponerle al Presidente Zelenski lo que sabían del inminente ataque ruso, con un avance rápido hacia Kíev desde Bielorrusia. Los rusos iban a ocupar el aeropuerto Antónov de Hostomel, cerca de Kíev, con tropas especiales aerotransportadas, con el fin de utilizarlo para desembarcar allí fuerzas para tomar la capital. También se dio a los ucranianos información sobre los objetivos de la primera ola de misiles rusos para destruir la aviación y la defensa antiaérea ucraniana en los primeras horas. Esos informes permitieron salvar algunos recursos cambiando su emplazamiento, y desbaratar la operación de Hostomel.

Desde el primer momento, la OTAN puso los ojos (información de satélites) y los oídos (interceptación de transmisiones) al ejército ucraniano, con un intenso fluido de información a tiempo real.

“La inteligencia de Estados Unidos ha compartido información detallada desde antes de que comenzara la invasión (…) y ahora está trabajando estrechamente junto con la de otros socios para rechazar la invasión rusa”, explicaba el domingo el Wall Street Journal. La cadena de televisión NBC informó el 26 de abril de que gracias a ello se derribó un avión de transporte ruso repleto de fuerzas especiales en los primeros días de la invasión. A finales de ese mismo mes, The Washington Post reveló que se habían facilitado las coordenadas para hundir con misiles, el 14 de abril, el crucero “Moskvá”, buque insignia de la flota rusa del Mar Negro, hecho que los rusos no atribuyen a un ataque sino a un “accidente” para no perder la cara. The New York Times informó poco después de que la elevada mortandad de altos mandos rusos en la campaña, doce generales en apenas tres meses según el diario, se debía a la información sobre coordenadas de puestos de mandos y horarios en los que se conocía la presencia de altos mandos en ellos.

Todo esto no lo sabíamos el 24 de febrero, llevaba en marcha muchos años y da mayor plausibilidad a los argumentos rusos sobre los motivos de la invasión como “guerra preventiva”.

En su discurso del 9 de mayo con motivo del día de la victoria, Putin repitió los argumentos ya formulados la madrugada del 24 de febrero cuando dijo que un ataque contra Rusia “era solo una cuestión de tiempo”:

En diciembre propusimos firmar un acuerdo sobre garantías de seguridad (…) que tuviera en cuenta los intereses de unos y otros. Todo en vano. (…) Se estaba preparando otra operación punitiva en Donbas, una invasión de nuestras tierras históricas, incluida Crimea. Kiev declaró que podía hacerse con armas nucleares. El bloque de la OTAN llevaba a cabo un activo fortalecimiento militar junto a nuestras fronteras. Se estaba creando una amenaza inadmisible. Teníamos todas las evidencias de que era inevitable un enfrentamiento con los neonazis y banderistas apoyados por Estados Unidos y sus vasallos. Veíamos cómo se incrementaban las infraestructuras militares con centenares de consejeros extranjeros y envíos regulares de armas modernas por parte de países de la OTAN. La amenaza aumentaba con los días. Rusia lanzó un ataque preventivo contra esta agresión. Fue una decisión impuesta, correcta por parte de un país independiente, fuerte y soberano”.

Sea como sea, la “decisión correcta” ha costado la vida o terribles heridas a miles de soldados y civiles, 13 millones de desplazados y la estimación de que una tercera parte de las infraestructuras del país hayan sido destruidas. Eso sin contar con el efecto de las sanciones en Rusia y en la Unión Europea, la sumisión de ésta a la OTAN, el aislamiento internacional de Rusia (únicamente matizado por la posibilidad de desarrollo de un bloque antioccidental en el mundo a medio y largo plazo, incierto consuelo) y los problemas de hambre e inseguridad alimentaria que se anuncian en África y Oriente Medio. Y como gran cuestión, la guerra entre imperios combatientes tomando definitivamente el relevo a la necesaria concertación contra el cambio climático en las prioridades de los gobernantes de las grandes potencias. En resumen: una catástrofe planetaria en toda regla con años, sino décadas, apartados de prioridades y objetivos fundamentales para el conjunto de la humanidad.

A 1 de mayo, el Congreso de Estados Unidos había destinado un total de 13.670 millones de dólares en ayuda a Ucrania en los primeros dos meses. A eso se suman los dineros para armas de Inglaterra y la Unión Europea, así como el desastre y los riesgos, para unos y otros, que se desprenden del demencial objetivo declarado de las sanciones europeas formulado en mayo por la insensata Presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen: “arrasar, paso a paso, la base industrial de Rusia”.

Sobre este panorama, se suceden desde hace meses las declaraciones y reconocimientos por parte de personalidades occidentales sobre la verdadera naturaleza de esta guerra. Preguntado el pasado marzo sobre si en Ucrania Estados Unidos y Rusia se encontraban en una guerra por país interpuesto (proxy war), el ex director de la CIA, León Panetta, respondía en una entrevista televisada: “podemos decirlo o no, pero se trata de eso”.

En su visita a Kiev del 24 de abril, el secretario de defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, un hombre de la industria armamentística, también lo confirmó al explicar a sus interlocutores ucranianos que, “el cometido de nuestra reunión es hablar sobre lo que nos permitirá ganar esta guerra”. El uso de la primera persona del plural despeja toda duda sobre quién está librando tal guerra. Por aquellas mismas fechas, el editorial de The New York Times, explicaba que el objetivo de la guerra “es poner a Rusia de rodillas” y mientras tanto el Congreso ya ha aprobado 40.000 millones de dólares más de ayuda a Ucrania, de ellos 23.000 para ayuda militar. Sumados a los 13.670 millones de la primera fase, la ayuda asciende a 53.000 millones, casi a la par con el presupuesto militar de Rusia. Nunca un país había recibido tanta ayuda de Estados Unidos en los últimos veinte años.

La conclusión de todo esto es evidente: no es solo una guerra atroz e injustificable de Rusia contra Ucrania, es, además y sobre todo, una guerra de la OTAN contra Rusia de momento en territorio de Ucrania y con Ucrania como víctima e instrumento. ¿Por qué “de momento” en territorio de Ucrania?

“En el entorno del Presidente Zelenski se dice que habrá una contraofensiva militar ucraniana a mediados de junio”, capaz de ampliarse a territorio ruso, explica el consejero presidencial Olexij Arestovich, al diario alemán Die Welt. “Para entonces los ucranianos tendrán más armas recibidas del extranjero. Antes es poco probable”, dice.

“La contraofensiva ucraniana necesita sistemas de misiles de alcance medio y largo, artillería de gran calibre y aviación”, explicaba el domingo al Wall Street Journal el General Kyrylo Budanov, el jovencito de 36 años de edad, que dirige la inteligencia militar ucraniana.

En las redes sociales y medios de comunicación, triunfa una estupidez incapaz de medir los riesgos y consecuencias de lo que se propone. En la tele rusa periodistas y analistas energúmenos frivolizan con la capacidad de “eliminar Gran Bretaña” de un solo misil nuclear ruso “Sarmat”. En el campo opuesto, el delirio de los liberal-estalinistas rusos opuestos a Putin, muchos de ellos en el exilio y trabajando para organizaciones atlantistas, no conoce límites al llamar al desmantelamiento de su propio país, incluso al riesgo de una guerra nuclear. Es un nuevo ejemplo del tipo de oposición que los regímenes autocráticos siempre han generado en Rusia.

Regresan con sus nefastos consejos asesores occidentales de la “terapia de choque” de los noventa en Rusia como el fanático incompetente Anders Aslund: “mi humilde consejo a la OTAN sería: 1-Dar cuanto antes el máximo de armas posible a Ucrania, 2-Abrir los puertos del Mar Negro a la navegación 3- Bombardear preventivamente las ciudades rusas más importantes para garantizar que Putin no usará armas químicas o nucleares”, dice.

“Estados Unidos debería mostrar que puede ganar una guerra nuclear”, escribe Seth Cropsy, Presidente del Yorktown Institute en el Wall Street Journal.

Ante este espectáculo hasta el belicista New York Times siente el vértigo de las consecuencias de aquel “poner a Rusia de rodillas” proclamado en su editorial de abril como objetivo de la guerra. Con la vista puesta en la inflación y el desastre demócrata que se anuncia para las elecciones “midterm” de noviembre, el diario constata en su editorial del 19 de mayo, que “el conflicto puede tomar una trayectoria mas imprevisible y de potencial escalada”, se pregunta si eso va “en interés de Estados Unidos”, estima que “una victoria decisiva de Ucrania sobre Rusia en la que se recupera todo el territorio arrebatado por Rusia desde 2014 no es un objetivo realista”, aconseja a Biden que debería “explicarle los límites” a Zelenski, y recuerda finalmente que el adversario, “todavía es una superpotencia nuclear”.

Tres meses después de su inicio, comprendemos mejor el cúmulo de irresponsabilidades multilaterales que han desembocado en esta guerra.

Fuente Blog de Rafael Poch https://rafaelpoch.com/2022/05/24/lo-que-nos-van-explicando-sobre-la-guerra/

Tan difícil es imaginar Occidente como un espacio subalterno en el contexto mundial como imaginarlo en una relación igualitaria y pacífica con otros espacios geopolíticos.

Por Boaventura de Sousa Santos

Lo que los occidentales llaman Occidente o civilización occidental es un espacio geopolítico que surgió en el siglo XVI y se expandió de manera continuada hasta el siglo XX. En vísperas de la Primera Guerra Mundial, alrededor del 90% del globo terrestre era occidental o estaba dominado por Occidente: Europa, Rusia, las Américas, África, Oceanía y gran parte de Asia (con excepciones parciales de Japón y China). A partir de entonces Occidente comenzó a contraerse: primero con la Revolución rusa de 1917 y el surgimiento del bloque soviético; luego, a partir de mediados de siglo, con la Revolución china y los movimientos de descolonización. El espacio terrestre (y poco después, el extraterrestre) se convirtió en un campo de intensa disputa. Entretanto, lo que los occidentales entendían por Occidente se fue modificando.

Comenzó como cristianismo, colonialismo, luego capitalismo e imperialismo, para irse metamorfoseando en democracia, derechos humanos, descolonización, autodeterminación, “relaciones internacionales basadas en reglas” –siempre dejando claro que las reglas las establecía Occidente y solo se cumplían cuando servían a sus intereses– y, finalmente, en globalización.

A mediados del siglo pasado, Occidente se había reducido tanto que un conjunto de países recién independizados tomó la decisión de no alinearse ni con Occidente ni con el bloque que había surgido como su rival, el bloque soviético. Así, de 1955 a 1961, se creó el Movimiento de Países No Alineados. Con el fin del bloque soviético en 1991, Occidente pareció atravesar un periodo de entusiasta expansión. Fue el tiempo de Gorbachov y su deseo de que Rusia pasara a formar parte de la “casa común” de Europa, con el apoyo del presidente Bush padre, un deseo reafirmado por Putin cuando asumió el poder. Fue un periodo histórico corto, y los acontecimientos recientes muestran que, sin embargo, el “tamaño” de Occidente ha sufrido una drástica contracción. A raíz de la guerra de Ucrania, Occidente, por iniciativa propia, decidió que solo serían occidentales quienes aplicaran sanciones a Rusia. Actualmente son alrededor del 21% de los países miembros de la ONU, que es menos del 15% de la población mundial. Si continúa por este camino, Occidente podría incluso desaparecer. Surgen varias preguntas.

¿La contracción es decadencia? Se puede pensar que la contracción de Occidente le favorece porque le permite centrarse en objetivos más realistas con más intensidad. Una lectura atenta de los estrategas del país hegemónico de Occidente, Estados Unidos, muestra, por el contrario, que, sin darse cuenta aparentemente de la flagrante contracción, manifiesta una ambición ilimitada. Con la misma facilidad con la que esperan poder reducir a Rusia (la mayor potencia nuclear) a una ruina o a un Estado vasallo, esperan neutralizar a China (en camino de ser la primera economía mundial) y provocar pronto una guerra en Taiwán (similar a la de Ucrania) con ese propósito. Por otro lado, la historia de los imperios muestra que la contracción va de la mano con la decadencia y que esta es irreversible e implica mucho sufrimiento humano.

En la etapa actual, las manifestaciones de debilidad son paralelas a las de la fuerza, lo que vuelve el análisis muy difícil. Dos ejemplos en contraste. Estados Unidos es la mayor potencia militar mundial (aunque no ha ganado ninguna guerra desde 1945), con bases militares en, al menos, 80 países.  Un caso extremo de dominación es su presencia en Ghana donde, por acuerdos establecidos en 2018, Estados Unidos utiliza el aeropuerto de Acra sin ningún tipo de control o inspección, los soldados estadounidenses ni siquiera necesitan pasaporte para entrar en el país y gozan de inmunidad extraterritorial, es decir, si cometieran algún crimen, por grave que sea, no pueden ser juzgados por los tribunales de Ghana. Por el contrario, las miles de sanciones a Rusia están, por ahora, haciendo más daño en el mundo occidental que en el espacio geopolítico que Occidente está construyendo como no occidental. Las monedas de los que parecen estar ganando la guerra son las que están más devaluadas. La inflación y la recesión que se avecina llevan al CEO de JP Morgan Chase, Jamie Dimon, a decir que se aproxima un huracán.

¿Es la contracción una pérdida de cohesión interna? La contracción en realidad puede significar más cohesión, y esto es claramente visible. El liderazgo de la Unión Europea, es decir, la Comisión, ha estado en los últimos veinte años mucho más alineado con los Estados Unidos que los países que forman la Unión. Se vio con el giro neoliberal y el apoyo entusiasta a la invasión de Irak por parte de Durão Barroso y lo vemos ahora con Ursula von der Leyen transformada en subsecretaria de defensa de Estados Unidos. Lo cierto es que esta cohesión, si es eficaz en la producción de políticas, puede ser desastrosa en la gestión de sus consecuencias. Europa es un espacio geopolítico que desde el siglo XVI vive de los recursos de otros países que directa o indirectamente domina y a los que impone un intercambio desigual. Nada de esto es posible cuando el socio es Estados Unidos o sus aliados. Además, la cohesión está hecha de incoherencias: al fin y al cabo, ¿Rusia es el país con un PIB inferior al de muchos países europeos, o es una potencia que quiere invadir Europa, una amenaza global que solo se puede frenar con una inversión que ya ronda los 10 mil millones de dólares en armas y seguridad por parte de Estados Unidos en un país lejano del cual quedará poco si la guerra continúa por mucho tiempo?

¿La contracción ocurre por razones internas o externas? La literatura sobre la decadencia y el fin de los imperios muestra que, salvo casos excepcionales en los que los imperios son destruidos por fuerzas externas –como los imperios azteca e inca con la llegada de los conquistadores españoles–, generalmente dominan los factores internos, aunque el declive pueda ser precipitado por factores externos. Es difícil desentrañar lo interno de lo externo, y la identificación específica es siempre más ideológica que otra cosa. Por ejemplo, en 1964 el conocido filósofo conservador estadounidense James Burnham publicó un libro titulado El suicidio de Occidente. Según él, el liberalismo, entonces dominante en Estados Unidos, fue la ideología de este declive. Para los liberales de la época, el liberalismo era, por el contrario, la ideología que permitiría una nueva hegemonía mundial a Occidente, más pacífica y más justa. Hoy, el liberalismo murió en Estados Unidos (domina el neoliberalismo, que es su opuesto) e incluso los conservadores de la vieja guardia han sido totalmente superados por los neoconservadores. Es por eso que Henry Kissinger (para muchos, un criminal de guerra) incomodó a los prosélitos antirrusos al pedir conversaciones de paz en Davos.

Sea como fuere, la guerra de Ucrania es el gran acelerador de la contracción de Occidente.

Está surgiendo una nueva generación de países no alineados, de hecho alineados con la potencia que Occidente quiere aislar: China. Los BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái, el Foro Económico Euroasiático son, entre otras, las nuevas caras de no-Occidente.

¿Qué viene después? No lo sabemos. Tan difícil es imaginar Occidente como un espacio subalterno en el contexto mundial como imaginarlo en una relación igualitaria y pacífica con otros espacios geopolíticos. Sólo sabemos que para quienes gobiernan Occidente cualquiera de estas hipótesis es imposible o, si cabe, apocalíptica. Por ello se han multiplicado las reuniones en los últimos meses, desde el Foro Económico de Davos (mayo) hasta la más reciente reunión del grupo Bilderberg (junio). En esta última, de los 14 temas, siete tuvieron que ver directamente con los rivales de Occidente. Descubriremos lo que discutieron y decidieron siguiendo de cerca las portadas de The Economist durante los próximos meses. 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez. Texto publicado en Other News enviado por la oficina del autor

Fuente OPINA SUR https://opinionsur.org.ar/wp/la-contraccion-de-occidente/