Hace décadas China puso en marcha una estrategia conocida como “tecnonacionalismo”: el Estado planifica la inversión en investigación y desarrollo junto con sus grandes empresas tecnológicas para depender menos del extranjero. Ese vínculo entre los sectores público y privado, unido a un plan para influir en los mercados internacionales, ha permitido un gran crecimiento tecnológico en el país. Ahora el liderazgo del gigante asiático en tecnologías como el 5G sorprende e inquieta a sus competidores.

Los dirigentes chinos llevan considerando la tecnología como una prioridad nacional al menos desde los años setenta. Han buscado aunar esfuerzos entre el Estado y el sector empresarial para convertirse en una potencia tecnocientífica e impulsar así su rendimiento económico. La tecnología es esencial para aumentar la productividad y las exportaciones de un país. Pero para China, además, se ha vuelto un medidor de su poder e influencia en el extranjero y un frente clave en el pulso de los últimos años con Estados Unidos.

Washington ha respondido con ataques, sanciones y barreras comerciales contra China y sus grandes empresas tecnológicas. La balanza comercial entre las dos potencias se inclinaba hacia China, y el presidente Donald Trump intentó revertirla durante todo su mandato, centrándose en reducir las importaciones de sus productos, en especial de este sector. Ahora, el presidente chino, Xi Jinping, pretende que el gigante asiático hable frente a frente con sus competidores en los futuros sectores tecnológicos estratégicos con el proyecto Made in China 2025.

Componentes de una estrategia tecnonacionalista

China es uno de los principales exportadores de tecnología en el mundo. Desde finales de los años setenta ha seguido una estrategia tecnonacionalista: inversión en investigación y desarrollo, planificada desde el Estado en conjunto con sus campeones tecnológicos, para reducir su dependencia de tecnologías extranjeras. Este proceso ha combinado un proteccionismo tecnológico y económico cada vez mayor junto con un intervencionismo fuerte que han logrado, entre otras, que la empresa china Huawei lidere el desarrollo de la red 5G.

Potencias como China o Estados Unidos han crecido de la mano de sus campeones en los sectores digital y de las telecomunicaciones. La innovación en este ámbito es crucial, pues también brinda la oportunidad a los países pioneros de establecer los estándares tecnológicos que tendrán que seguir el resto. Una vez se fijan estos estándares, los países receptores de nuevas tecnologías ven frenado su desarrollo porque son relegados a un rol de compradores y se alejan de la producción, lo que genera influencias y dependencias que son fuente de rivalidades políticas. 

Un ejemplo son los protocolos de la comunicación inalámbrica local o Wi-Fi, concebidos en Estados Unidos. Con la formación de la Wi-Fi Alliance en 1999, estos protocolos se convirtieron en los estándares mundiales de la conectividad local (WLAN). Después de que el Instituto de Ingeniería Eléctrica y Electrónica de Estados Unidos estableciera el estándar WLAN en 2001, China alegó motivos de seguridad para diseñar uno propio, WAPI. Pero la seguridad no era la principal preocupación de Pekín. La motivación era más bien económica: el Gobierno chino pretendía obligar a empresas estadounidenses que quisieran vender sus productos en China, como Intel, a equiparlos con este protocolo, pagando por ello a las empresas chinas. WAPI, sin embargo, no se aceptó como estándar internacional y China perdió la batalla contra Intel, que amenazó con parar la venta de los chips necesarios para fabricar la mayoría de ordenadores portátiles chinos.

Con todo, China no es el único país con una estrategia tecnonacionalita. Estados Unidos, Japón y los tigres asiáticos —Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán— han implementado programas similares desde mediados del siglo XX con inversión en tecnología propia para depender menos de las importaciones. En estos países, el Estado puede financiar el desarrollo tecnológico y mitigar el coste de cualquier fracaso a las empresas que operan en su territorio. Muchas de las corporaciones punteras en el sector tecnológico han tenido fuertes lazos con el aparato estatal y su industria militar. Es el caso de Silicon Valley, en California, la sede de empresas tecnológicas como Apple, Google o Facebook, producto de la unión de capital público y privado estadounidense, o de algunas empresas de la ciudad china de Shenzen, como Huawei, que tiene vínculos con el Ejército chino.

Japón y Corea del Sur también se han beneficiado de una planificación tecnonacionalista de la economía apoyando a sus empresas estratégicas desde la segunda mitad del siglo XX. Los nipones tenían limitado el gasto militar desde el final de la Segunda Guerra Mundial, lo que liberó una importante cantidad de capital que se pudo destinar a financiar tecnologías estratégicas. Durante una guerra comercial que enfrentó a Japón y Estados Unidos entre 1970 y casi entrados los 2000 —pese a ser aliados—, el Gobierno japonés impuso aranceles a las importaciones de productos clave de Estados Unidos para proteger su propio mercado. Entre ellos destacan los semiconductores, componentes básicos de los aparatos electrónicos. Por su parte, Corea del Sur experimentó un crecimiento económico sin igual entre 1970 y 1990 en gran parte gracias a que el Estado financió proyectos de innovación empresarial. Sin embargo, el país más adelantado de la región gracias a la doctrina tecnonacionalista es China.

Del escepticismo de Mao a la apertura de Deng

No fue fácil encarrilar el desarrollo tecnológico en la República Popular China. Después de su fundación en 1949, una élite de científicos y técnicos cercana al Partido Comunista Chino (PCCh) tomó consciencia de la importancia de tener una industria tecnológica propia y apostó por la planificación estatal del desarrollo científico. De esta iniciativa nació el “Plan a largo plazo para el desarrollo de la ciencia y la tecnología” entre 1956 y 1967, que, entre otras, puso los cimientos para el programa nuclear chino y la construcción de una fábrica de semiconductores en la ciudad de Wuxi, cerca de Shanghái. Sin embargo, la relación entre esta élite con el entonces líder del PCCh, Mao Zedong, y el funcionariado del partido no era del todo buena. Mao no apoyó el desarrollo tecnológico con fines comerciales: lo tachó de antirrevolucionario y criticó a la tecnocracia china y soviética, de las que se desvinculó.

El PCCh de los primeros años desconfiaba de los científicos chinos, que habían estudiado en Estados Unidos y Europa gracias a la Academia Sínica, una institución fundada en 1927 durante la etapa de la China nacionalista y trasladada a Taiwán tras la guerra civil china (1945-1949). Mao, además, priorizaba la ciencia de cara a las masas, como la industria ligera y la agricultura, y no para el crecimiento económico. Su postura se agudizó entre 1966 y 1976 con la Revolución Cultural, que ralentizó el progreso tecnológico, provocando el retraso actual en sectores como los semiconductores, en el que China va por detrás de Estados Unidos o Japón.

Pero China cambió de rumbo después de la muerte de Mao en 1976 y con la llegada al poder de Deng Xiaoping en 1978, que se centró en modernizar la economía y abrir el mercado chino. Consciente del poder de la tecnología y sus beneficios económicos, Deng creó zonas económicas especiales en 1980 con un régimen fiscal liviano para atraer inversión y técnicos extranjeros. La mayoría de ellas están en la provincia de Cantón, en la costa sureste, incluida la ciudad de Shenzhen, sede de Huawei y otras grandes empresas tecnológicas como Tencent o ZTE.

Deng también liberalizó la esfera social, permitiendo que las costumbres populares y religiosas del pueblo chino pudieran volver a expresarse con mayor libertad. Así, el vacío de valores que dejó el fin de la autarquía marxista de Mao, unido a la creciente influencia de Occidente en el ámbito tecnológico, se compensaron con la vuelta de la tradición confuciana, reprimida por reaccionaria durante la Revolución Cultural. Otros países confucianos, como Japón o Corea del Sur, se han valido de una estrategia similar para preservar su identidad colectiva por encima de la ética individualista occidental pero sin dejar de fijarse en su desarrollo tecnológico.

Los tres presidentes ingenieros y la consolidación del tecnonacionalismo

El interés por la investigación científica y tecnológica ha sido constante durante el mandato de los líderes que sucedieron a Deng: Jiang Zemin, Hu Jintao y Xi Jinping, los tres con formación de ingenieros. El primero, Jiang, que había recibido ataques del PCCh durante la Revolución Cultural por su trabajo como científico, mostró gran interés por establecer vínculos internacionales de cooperación científica para propulsar el comercio y globalizar la economía. Su Gobierno (1989-2002) también invitó a investigadores extranjeros a trabajar en China. Durante su mandato descendió la ocupación en el sector primario y aumentó mucho en el sector servicios, una tendencia que se consolidó con la llegada de Hu. Este mismo trasvase se refleja en el éxodo rural entre 1989 y 2008, en el que la migración interna ascendió de 30 millones a más de 140 millones de trabajadores.

Jiang Zemin no fue tecnonacionalista del todo, pero impulsó algunas políticas en ese sentido. En los años noventa China dependía en exceso de empresas estadounidenses como Microsoft, IBM o Intel para importar tecnologías de la información, y el PCCh sabía que eso era insostenible. Además, el partido sospechaba que otros países podían acceder a la información de estos productos de forma remota, por lo que empezó a interesarse en los sistemas de encriptación para cifrar sus contenidos y que ningún tercero tuviera acceso a ellos. El Gobierno de Jiang intentó aprobar en 1999 una ley que obligaba a instalar un sistema de encriptación en los dispositivos destinados a su mercado. Las empresas estadounidenses vieron en esta reforma una maniobra china para acceder al código de sus equipos y robar su propiedad intelectual, y obligaron a Washington a intervenir en su defensa. La ley finalmente no se aprobó, pero después otra similar sí.

El mandato de Hu Jintao, que sucedió en el cargo a Jiang en 2002, anunció definitivamente el giro tecnonacionalista. Hu quería continuar el proyecto chino de desarrollo tecnológico, pero mientras sus predecesores habían apostado por producir manufacturas de bajo valor añadido, el nuevo líder comenzó a proveer a China de una industria tecnológica soberana y cada vez más independiente de Occidente. Esta estrategia, bautizada Sociedad Armoniosa y lanzada  alrededor de 2007, pretendía fomentar el consumo interno, redistribuir la riqueza que había generado el crecimiento exorbitado de los años anteriores y convertir a China en una potencia tecnológica mundial. El sucesor de Hu, Xi Jinping, ha consolidado este rumbo tecnonacionalista.

Xi, el proteccionismo tecnonacionalista

La China que Deng Xiaoping había liderado en los años ochenta no poseía una industria autónoma propia y dependía del extranjero. Treinta años después China se había convertido en la segunda economía mundial y recelaba de sus competidores, lo que llevó a Xi Jinping a cerrar al país en sí mismo cuando llegó al poder en 2012. Xi ha buscado aumentar el crecimiento e independencia tecnológica de China a través de proyectos como el Made in China 2025 o el XIV Plan Quinquenal (2021-2025). La apuesta de ambos planes es convertir al país en el líder autónomo de las tecnologías estratégicas del futuro: inteligencia artificial (IA), almacenamiento en la nube, big data, 5G y uno de sus derivados, el internet de las cosas.

El poderío tecnológico de la China de Xi se asienta en varias empresas tecnológicas punteras: Baidu, Alibaba, Tencent, Xiaomi y Huawei, conocidas por el acrónimo BATX(H). La primera es un motor de búsqueda, Alibaba es una plataforma de comercio en línea, Tencent incluye comercio en línea y posee Qzone, una red social parecida a Facebook, y las dos últimas se dedican sobre todo a fabricar terminales y a las telecomunicaciones. Estas empresas son la alternativa china a las estadounidenses GAFAM: Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft. Su auge ha contribuido a que el sector servicios haya representado en 2019 el 53,9% del PIB chino, mientras que al inicio del mandato de Xi era del 45,5%. Las BATX(H) crecen alrededor de un 50% cada año y han sido clave para transformar la economía china, que ha pasado de estar basada en la exportación de materias primas y productos de bajo valor añadido a exportar productos finales de alto valor añadido.  

Baidu, Alibaba y Tencent han aumentado el consumo a nivel interno en China y han reactivado la economía de muchas zonas rurales en los últimos años, uno de los objetivos que se marcó Hu Jintao. Aparte, acumulan capital virtual en forma de big data extraído de la digitalización de numerosos ámbitos de la vida cotidiana de los ciudadanos chinos. A través del WeChat de Tencent, que mezcla red social y mensajería instantánea, o de Alipay, el sistema de pago de Alibaba, estas firmas acumulan datos que luego les permiten desarrollar potentes algoritmos de inteligencia artificial. La IA de Alibaba, por ejemplo, se usa para regular el tráfico en ciudades chinas con altos niveles de contaminación o en la lucha contra la covid-19, en colaboración con el Estado. Por su parte, Baidu cuenta con financiación del Ejército chino para diseñar el China Brain (‘Cerebro Chino’), un proyecto de investigación también centrado en el big data y la interacción humano-máquina.  

El tecnonacionalismo de Xi mezcla intervencionismo y proteccionismo. China limita las inversiones extranjeras en sus empresas para tener el mayor control posible y así conservar la toma de decisiones en el país. En ese sentido, una ley de junio de 2017 permite al Estado acceder a los datos de las empresas chinas en el extranjero. Esta política, sin embargo, frena la segunda fase de la estrategia tecnonacionalista del gigante asiático: su proyección global. Aunque refuerza los vínculos con sus campeones tecnológicos e impide a los competidores acceder a su mercado interno, genera hostilidad en otros países. Distintos Gobiernos desconfían cada vez más de las empresas chinas que operan en su territorio debido al posible acceso del Gobierno chino a datos sensibles con los que trabajan. La actitud de China, por tanto, muestra las tensiones entre una política soberanista en el plano tecnológico y los principios de libre mercado.

El principal hostigador del tecnonacionalismo chino ha sido la Administración Trump, que en especial a finales de su mandato impuso sanciones y restricciones comerciales a las empresas chinas con más proyección, como la plataforma de vídeo Tiktok o Huawei. Esta última ya lidera la investigación del 5G; si su dominio sigue creciendo, las aplicaciones del internet de alta velocidad tendrán que adaptarse a su su estándar. Para evitar este duro golpe para Estados Unidos, Donald Trump hizo lo posible para que Huawei quebrara, inaugurando una política tecnológica proteccionista. El nuevo presidente, Joe Biden, quiere continuarla, lo que reducirá la proyección global de China y retrasará el despliegue del 5G.

La contrapartida del tecnonacionalismo

El objetivo de un estándar es fijar un canon que la comunidad científica, empresas, Gobiernos y consumidores a nivel global puedan utilizar. Pero las potencias en innovación, como Estados Unidos o China, no fijan los estándares de forma desinteresada, sino que buscan beneficio económico y garantías de  ciberseguridad. China tomó consciencia de ello y ahora comprueba cómo su política de subvenciones a los sectores estratégicos da frutos, adelantando al tímido intervencionismo occidental en tecnologías como el 5G. 

Si la rivalidad en el campo de la innovación crece aún más, se corre el riesgo de que aparezcan tecnologías incompatibles entre sí, para perjuicio de toda la sociedad internacional. No obstante, si la interdependencia tecnológica y económica se reduce, puede hacerlo también la tensión entre países, que controlarían más sus propios recursos tecnológicos. El tecnonacionalismo ha hecho de China un polo alternativo al estadounidense y cada vez más independiente de las cadenas de valor internacionales, y Pekín parece estar dispuesta a llegar hasta el final con esta política.

Publicado por El Orden Mundial https://elordenmundial.com/tecnonacionalismo-estrategia-china-potencia-tecnologica-gepolitica/?utm_medium=email&_hsmi=113270504&_hsenc=p2ANqtz–OOmD5SBdpmtaGnIRDHBiEj3bbm3FtdXSV4E1JGOuHAxxRwsqEiSY4OR-Zk3s9o93VbgPVhUMLXmW7_B4h8qa_1kiCrw&utm_content=113270504&utm_source=hs_email

15 años promoviendo semanalmente la Geopolitica; Análisis Radial Semanal de Geopolitica de Carlos Pereyra Mele para el Programa: el Club de la Pluma, que conduce el Periodista Norberto Ganci por la Radio Web al Mundo

TEMAS:

Sigue profundizandose el conflicto entre Atlantistas (EEUU y socios) y Continentalistas (China y sus socios) conflicto que conduce a un mundo Bipolar nuevamente

AUDIO:

La columna dominical de geopolítica para el Club de la Pluma de este domingo, que presenta Carlos Pereyra Mele, director de Dossier Geopolítico, y que se emite desde hace más de 15 años, comienza esta vez por Ecuador y con preguntas muy preocupantes:

¿Habrá elecciones libres en Ecuador?

¿Serán limpias o amañadas?

¿La Comisión Nacional Electoral es parte del fraude denunciado?

¿EEUU permitirá un cambio de política en ese país? 

Luego, el analista viaja a Asia para destacar la firmeza de Irán en la reactivación de su Acuerdo Nuclear firmado con Obama y roto por Trump y su exigencia del levantamiento de las sanciones de EEUU. 

Siguiendo en Asia, nos habla del regreso de Washington a las acciones bélicas, con los bombardeos de Biden en el norte de Siria, que provocaría el reinicio de la guerra y el resurgir del terrorismo internacional, razona porqué EEUU es un invasor y ocupante ilegal en Irak, y nos explica que la estrategia norteamericana allí es “mantener la llama del caos para provocar el conflicto permanente.” 

Luego, el licenciado Pereyra Mele entra de lleno en la Geopolítica de las Vacunas, denunciado el bochornoso propósito económico de las farmacéuticas, que ha alcanzado ya niveles escandalosos. Como Pfizer, que exige al Tercer Mundo, pagos y garantías con activos soberanos. Y recuerda la negativa del gobierno argentino y el silencio cómplice de la oposición, cuando la multinacional pretendió además, los derechos sobre el agua dulce del país. 

También nos explica los detalles de la expulsión de Venezuela del representante de la UE, como respuesta a la política de Bruselas de secundar a EEUU en sus acosos y sanciones a los países que no le son afines. 

Y seguidamente, el experto en geopolítica, aborda el tema central de la columna de hoy, un tema que la prensa generalista no quiere tomar en cuenta: LA DISPUTA MUNDIAL POR EL ATLÁNTICO SUR Y LA ANTÁRTIDA  

Un asunto central, fundamental y complejo de la política mundial de hoy, que tiene  tantas facetas, aristas e interpretaciones que resulta imprescindible escuchar las explicaciones de nuestro director, para entenderlo y formarse una opinión, tratando de componer un rompecabezas con muchos intereses en juego. Un escenario, que guste o no, involucra a Argentina como protagonista central. 

Por ejemplo:

-La presencia de buques de guerra y submarinos nucleares estadounidenses en nuestras aguas.

-El despliegue militar del Comando Sur para tutelar las aguas del entrono y sus maniobras amenazantes.

-La ofensiva de EEUU contra la pesca ilegal, señalando únicamente a China como “ilegal”, y no al resto de flotas “amigas” de Washington.

-La obsesión de Washington por la presencia y el papel de China en su patio trasero.

-El avance de la flota inglesa sobre el continente antártico. 

Estos y otros aspectos que conforman la nueva Doctrina Monroe del siglo XXI que sentencia ”América para los norteamericanos”

Una doctrina adelantada hace tiempo por Dossier Geopolítico, por la cual EEUU, en su evidente declive, necesita acaparar TODO para sí, a la vez que no tiene NADA para ofrecer. Salvo el cansino y gastado relato de sus “valores democráticos” o de una lucha contra la corrupción siempre, supeditada a sus intereses políticos. 

Finalmente, nos habla del anuncio de una Base Rusa de GPS en Argentina, lo que ha provocado la alarma de los analfabetos locuaces de siempre, que se rasgan las vestiduras por una supuesta entrega de soberanía. 

Y como siempre, Carlos Pereyra Mele cierra la columna semanal con una reflexión:

”Estar alertas para no ser sorprendidos en la vorágine de conflictos externos. Y… estar vigilante en nuestra soberanía y en nuestro Interes Nacional” 

Eduardo Bonugli

Tradicionales Columnas de Política Internacional:

De los días Viernes del Director de Dossier Geopolitico, por Radio Belgrano AM 650 de Buenos Aires en el Programa “Ayer y Hoy de Miguel de Renzis; Hoy, entre otros temas, nos habla acerca de los Bombardeos ordenados por el flamante Presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, sobre territorio Sirio.

AUDIO: https://radiocut.fm/audiocut/politica-internacional-con-carlos-alberto-pereyra-mele-1850/#.YDjd-DBKfFw.whatsapp 

Columna de los viernes de Política Internacional en la Televisión por Cablevisión Canal C de Córdoba en el programa “Con Sentido Común” de Alfredo Guruceta; Hoy, entre otros temas: hablamos de la geopolítica de las vacunas el caso Pfizer y los centros financieros globales y el incremento del conflicto bélico de la administración Biden en Irak/Siria a días de la visita de S.S. Francisco a Irak en un nuevo lazo entre el mundo religioso Cristiano Catolico y el islamico Chií, que será un nuevo capitulo de la geopolitica de las Religiones y su importancia en el Nuevo Orden Mundial

POR JUAN GABRIEL TOKATLIAN

Quien no está en busca de amigos es enemigo de sí mismo, escribió Shota Rustaveli, poeta medieval de origen georgiano, en el siglo XII. Para un país como la Argentina que perdió, en 1982, una guerra ante una potencia occidental que ha contado con varios aliados; que ha decidido, por distintos motivos, tener presupuestos de defensa módicos; y que se ciñe constitucionalmente a la recuperación pacífica del territorio en disputa, es un objetivo clave en la estrategia integral hacia las Islas Malvinas ampliar el número de amigos a su legítima causa. Como también lo es lograr que Gran Bretaña tenga cada vez menos acompañamiento y respaldo de la comunidad internacional. En otras palabras, la Argentina debe sumar amigos, entre ellos las grandes potencias y los poderes emergentes y debe procurar que Gran Bretaña los pierda. Y simultáneamente debe preservar el consenso socio-político interno respecto a Malvinas—a pesar de los vaivenes que han ocurrido desde 1983 a la fecha—y aprovechar mejor las fisuras existentes en el Reino Unido respecto a las islas.

La estrategia del victorioso, en este caso, Gran Bretaña, es la que usualmente despliegan los vencedores: asegurar su triunfo con una mayor presencia y control en el territorio disputado; mantener una postura intransigente para así fortalecer sus propios intereses estratégicos; y dilatar lo máximo posible una eventual solución. No es que los británicos sean malvados, es que es así se comportan los victoriosos. En especial si han manejado un vasto imperio.

Y, ¿cuál es la estrategia del perdedor? La historia ofrece lecciones. Hay naciones que, con un gran esfuerzo, firmeza, paciencia y talento, han conseguido recuperar la soberanía. Hechos traumáticos para naciones que bajo distintas circunstancias padecieron pérdidas territoriales pudieron revertirse. En ese sentido, es pertinente recordar lo que señala Robert Putnam sobre la lógica de los juegos de doble tablero—el interno y el externo—en los que se produce una influencia recíproca en lo doméstico y lo internacional y sobre cómo reconciliar los imperativos en esos dos frentes. Subraya que la posición del “halcón” que solo busca satisfacer a los actores y objetivos del tablero interno no necesariamente culmina en logros efectivos, al tiempo que la posición de la “paloma” que se interesa por satisfacer más a actores y objetivos de las contra-partes tampoco obtiene, por lo general, dividendos concretos. En pocas palabras, lo esencial es evitar las posturas extremas y tener preciso un mapa de ruta; una estrategia, que permita avanzar en pos de la recuperación cierta de las islas. 

Por una diplomacia de equidistancia 

En esa dirección, es indispensable poseer un diagnóstico certero del entorno global, así como de la rivalidad creciente entre Estados Unidos y China expresada, en particular, en el terreno de la competencia naval. Bajo ese marco de referencia, por primera vez desde la década de los 80, Londres se ha auto-infligido un error no forzado a raíz del Brexit. Cualquiera sea la interpretación del origen y del alcance de esa decisión refrendada por el voto, Gran Bretaña tiene hoy, al menos temporalmente, menos amistades e influencias en la Unión Europea, al tiempo que produjo una sensación de abandono y frustración entre los isleños en Malvinas, actuando según las preferencias e intereses de Londres (ni siquiera del Reino Unido en su conjunto).

Es muy probable que ello la lleve a acercarse militarmente más a Estados Unidos para asegurar la desequilibrada “relación especial” con Washington que se ha debilitado debido, entre otras cosas, a que Londres ha deteriorado su interlocución con Bruselas. De hecho, desde hace tiempo la relación británico-estadounidense está desbalanceada por la pérdida de poder relativo del Reino Unido que intentará compensar mediante un vínculo más decidido en el campo de la seguridad y la defensa. En el plano naval es muy posible que se estrechen aún más los lazos entre los dos países. Y habrá que ver cómo evolucionan en los hechos esos lazos. Esto tendría que ser una misión central de la inteligencia estratégica de la Argentina, que debiera proponerse el incremento de la cantidad y calidad de los apoyos mundiales y regionales a favor de una solución negociada en torno a la soberanía de las islas.

En otro orden de cosas, he sugerido para América Latina—y retomo el asunto para el caso argentino—el despliegue de la diplomacia de equidistancia frente a Washington y Beijing. Este tipo de diplomacia apunta a disponer de los medios para establecer con la mayor independencia posible las propias prioridades y, a su vez, impedir ser el epicentro de un juego de suma-cero. Esto último demanda mitigar los costos derivados de las respectivas estrategias de proyección de poder en la región de Estados Unidos y de China. Ello no supone una política de confrontación ni de sumisión hacia Estados Unidos y China, sino que se inclina por la prudente cercanía a distancia segura. Por lo anterior, resulta crucial identificar con suficiente precisión las condiciones que pueden habilitar o inhibir el ejercicio de una diplomacia equidistante. Ello significa evaluar los fenómenos, fuerzas y factores internacionales, continentales, regionales (en especial, respecto a Brasil en el contexto de América Latina) y nacionales que pueden hacer viable o inviable tal diplomacia. Se espera que la misma genere beneficios y reduzca los riesgos para un país: por lo tanto, la diplomacia de equidistancia no significa un acto voluntarista carente de cálculo. En el tema de Malvinas, a mi entender esa diplomacia equidistante encontrará un test importante. 

Mirando a Estados Unidos 

En ese sentido, es bueno analizar brevemente la política naval de Estados Unidos y China en torno al Océano Atlántico. Varios documentos e informes durante la administración del Presidente Donald Trump son puntos de referencia ineludibles. En diciembre de 2017 se publicó la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, que abandonó el énfasis en las amenazas no estatales (Al Qaeda se mencionó en 9 ocasiones) y se concentró en la competencia inter-estatal (nombró a China 33 veces). Una enfoque similar caracterizó la Estrategia de Defensa Nacional de enero de 2018. En diciembre de ese año el Departamento de Defensa presentó un balance de la expansión china remarcando cómo Beijing venía ampliado sus operaciones militares más allá de la vecindad.

En noviembre de 2019 la US-China Economic and Security Review Commission hizo público el informe anual sobre China, en el que se recalcaron las ambiciones globales de Beijing y su voluntad de moldear el escenario internacional, y se señaló que China tenía cierta capacidad de llevar a cabo incursiones expedicionarias en el Océano Atlántico. Cabe subrayar que en este informe, anterior a la asunción del Presidente Alberto Fernández, la Argentina se menciona más veces (26) que la suma de Venezuela (17) y Brasil (7).

En mayo de 2020 la Casa Blanca emitió un informe sobre la aproximación estratégica que se implementaría hacia China. Allí, entre otras cosas, se acusa a Beijing de desplegar “prácticas económicas predatorias”, de tener una “conducta maligna” y de ocupar “el primer lugar en el mundo” en materia de pesca ilegal. En septiembre de ese año el Departamento de Defensa presentó su informe anual sobre China destacando el creciente despliegue naval chino. Tiempo después, en noviembre, el Departamento de Estado difundió otro informe sobre China donde sobresalía la preocupación respecto a Beijing por cuanto “su influencia geopolítica (en América Latina) se expande en el patio trasero de Estados Unidos”. En diciembre de 2020 la US-China Economic and Security Review Commission elevó al Congreso un nuevo informe anual sobre las relaciones bilaterales: allí se mencionaron, en referencia a Beijing, 194 veces el sustantivo amenaza y el verbo amenazar, al tiempo que se indicó el reto que significaba que China tuviera “la capacidad de proyectar poder en el Atlántico Sur. Y en ese mismo mes, la Armada, el Cuerpo de Marines y la Guardia Costera presentaron conjuntamente un informe en el que afirmaron su “alarma ante el creciente poder naval de la República Popular de China”; lo cual hace de Beijing la “más apremiante amenaza estratégica de largo plazo”. El documento enfatizó que China ya no centra su despliegue marítimo en el Pacífico, sino que ha extendido su proyección naval a los Océanos Índico y Atlántic,  al Ártico y a la Antártida. En ese sentido, un investigador (James Jay Carafano) del think-tank conservador The Heritage Foundation, un ex alto consejero (Kiron Skinner) del Secretario de Estado Mike Pompeo y un ex director interino (David Shedd) de la Defense Intelligence Agency reclamaron en el mes final de la administración Trump el diseño de una estrategia para “el patio trasero” estadounidense: la región del Atlántico (de norte a sur) cada vez más disputada. En buena medida ese reclamo pone en evidencia que Estados Unidos no ha podido impedir el acceso de China a ese Océano. No debe sorprender entonces que en su alocución en el Pentágono del 10 de febrero de 2021, el Presidente Joe Biden se refiriera a una nueva Task Force sobre China.

Por lo general las superpotencias modifican poco y lentamente los pilares de su política exterior y de defensa: en el caso de la rivalidad entre Estados Unidos y China es muy probable que haya más continuidad que cambio; una continuidad que posiblemente lleve a exacerbar las tensiones bilaterales. Conviene recordar que Biden como vicepresidente acompañó al Presidente Barack Obama en la idea de que China era más que un competidor temporal y parsimonioso. Entre 2011 y 2012 el mandatario adoptó un conjunto de medidas para “re-equilibrar” la política exterior y de defensa en lo que se conoció como la “estrategia pivote”: una iniciativa diplomática, económica y militar orientada a re-balancear la proyección de Estados Unidos en el Sudeste Asiático, acompañada de una política dirigida a cercar gradualmente a China y limitar su capacidad de acción internacional. Cabe recordar que en la administración inaugurada el 20 de enero de 2021 el Secretario de Estado, Antony Blinken, y la Subsecretaria de Defensa, Kathleen Hicks, fueron arquitectos de aquella estrategia, al tiempo que la Representante Comercial estadounidense, Katherine Tai, ha sido una fuerte crítica de China. En la audiencia de confirmación de Janet Yellen como Secretaria de Tesoro anunció una amplia gama de acciones e instrumentos para frenar las prácticas comerciales abusivas de Beijing, mientras que la Embajadora ante Naciones Unidas, Linda Thomas-Greefield afirmó en la audiencia de confirmación que se comprometía a trabajar “agresivamente contra los esfuerzos malignos de China” en la ONU.

Lo mencionado se refleja de modo distinto y con variado alcance en el Sur global. En lo que hace a América Latina, y como bien expresa un texto elaborado en noviembre de 2020 para los y las congresistas estadounidenses sin distinción partidista, la transformación ha sido considerable. Según el mismo, durante los gobiernos de George W. Bush y Barack Obama, los funcionarios tenían cierta inquietud y reserva respecto a las relaciones entre China y América Latina. Sin embargo, apreciaban de modo relativamente positivo los vínculos económicos. Como parte del seguimiento de esos lazos, entre 2006 y 2015 Washington y Beijing tuvieron 6 rondas de consultas sobre América Latina. Con la llegada al poder de Donald Trump, las fricciones entre Estados Unidos y China fueron creciendo y el tema de Latinoamérica se ubicó en un triángulo más complejo. En ese nuevo marco aumentó la presión de Washington sobre la región bajo la lógica de quienes están con o contra Estados Unidos. Una vez más, como en la Guerra Fría, Washington recurrió a un enfoque agresivo de suma cero. Sin embargo, la Casa Blanca se enfrentó con dos obstáculos: por una parte, la exigencia de acatamiento venía acompañada de una clara ausencia de recursos materiales como compensación. Por otra, en la mayoría de los países del área no había actores poderosos (civiles, militares, empresariales, políticos, partidistas, religiosos) con capacidad de vetar el avance comercial y financiero de Beijing en América Latina. Pero no hay que confundirse, Joe Biden, con estilo y tono distintos a los de Trump, buscará más adhesión a Estados Unidos, mientras Xi Jinping hará sentir el ascenso cada vez más afirmativo de Beijing. 

Mirando al Comando Sur 

Desde hace lustros Washington ha estado reforzando la relevancia y proyección de su Armada como parte de la gran estrategia de preservar su preponderancia. Históricamente el Atlántico Sur ha sido una zona segura y de prioridad secundaria. Eso se ha venido transformando en la medida en que Washington fue identificando una concatenación de diversas amenazas estatales y no estatales en materia de seguridad en el área. En su manifestación regional se puede observar en lo siguiente:

  • desde su creación formal en 1963, el Comando Sur ha sido dirigido por comandantes del Ejército (solo en tres ocasiones lo fue por Marines y una por la Fuerza Aérea);
  • de los últimos cinco comandantes, tres han sido de la Armada. El Almirante James Stavridis (2006-2009), quien reactivó la Cuarta Flota (localizada en Florida) disuelta en 1950 y robusteció la relación con la Escuela Naval de Entrenamiento e Instrucción Técnica de Lanchas Patrulleras (localizada en Mississippi); el Almirante Kurt Tidd (2016-2018) quien destacó que la principal amenaza de China al momento era más económica que militar pero que Estados Unidos debía incrementar la vigilancia y presencia en la región; y el Almirante Craig Faller (2018-a la fecha) quien considera a China (y a Rusia) “actor maligno” que debe ser repelido ante el aumento de su influencia regional.
Almirantes Stavridis, Tidd y Faller, sucesivos jefes del Comando Sur. La hora del poder naval

En síntesis, el Southcom es más que en otros momentos un comando naval. No al azar el teniente de la Armada, Andrew Kramer, reclamaba en un artículo en Proceedings, la publicación emblemática del US Naval Institute, que el precio de la negligencia ante el avance de China en América Latina sería muy caro y que, en consecuencia, era urgente una nueva Doctrina Monroe. En ese contexto, en septiembre de 2020 la Guardia Costera estadounidense presentó la estrategia frente a la pesca ilícita, particularmente orientada contra China. En noviembre de 2020 Estados Unidos señalaba su disposición a colaborar con Chile, Perú, Ecuador y Colombia en su esfuerzo combinado para enfrentar la pesca ilegal china en el Pacífico Sur. En noviembre también, el Vice-Almirante, Don Gabrielson, junto al General Phillip Frietze al frente del US Marine Corps Forces South, presentó el Plan de Apoyo a la Campaña Marítima con el propósito, entre otros, de responder “al resurgimiento de la competencia de largo plazo de China y Rusia”.

Un mes después se inició, con el respaldo del Comando Sur, la Operación Cruz del Sur (Operation Southern Cross); una operación dirigida al combate de la pesca ilegal china en el Atlántico Sur; fenómeno que afecta seriamente a la Argentina. En palabras del Vice-Almirante Steven Poulin, al frente de la Guardia Costera en el área del Atlántico, ese tipo de pesca constituye un “asunto global” que demanda una acción conjunta para su superación. A esto hay que agregar los dichos del Almirante Faller en el sentido de que el objetivo de Estados Unidos es expandir el espacio de competencia en América Latina, en clara referencia a China; en especial.

En resumen, después de finalizada la Guerra Fría el Southcom encontró en las “nuevas amenazas”—en particular, en la “guerra contra las drogas”—una misión que significó, a su vez, un nicho de financiamiento para un comando usualmente inferior en capacidad, poderío e incidencia. El gradual desafío de China para Estados Unidos a nivel global y la proyección económica de Beijing en América Latina en medio de un debilitamiento relativo de los lazos materiales entre Washington y la región le permitieron al Comando Sur ampliar el repertorio de sus misiones y con ello se tornó más relevante la dimensión naval. Paradójicamente, mientras estallaba la Gran Recesión de 2008 en ese mismo año se relanzaba la Cuarta Flota. De ahí en más, y aún con presupuestos austeros, los jefes del Comando Sur fueron localizando en China una de las graves amenazas. La valoración del Atlántico creció también en la medida en que la presencia de Rusia en el Océano fue en aumento. En diciembre de 2020 el Secretario de la Armada, Kenneth Braithwaite, anunció el retorno del US Atlantic Fleet. Cabe destacar que la Fuerza Submarina de la Flota del Atlántico está compuesta de 32 submarinos. En su medida, el Southcom, con la Guardia Costera y el Cuerpo de Marines, procuran un mayor despliegue en el Atlántico como parte de una respuesta de perfil más alto frente a China y en el marco de una competencia geopolítica en franco aumento.

Adicionalmente es relevante tomar en consideración el hecho de que en relación al Océano Atlántico la proyección naval de Rusia es de singular importancia. Tanto los documentos e informes del Pentágono como los del Comando Sur apuntan en esa dirección. Y en ese sentido, es prioritario tener en claro el tipo de vínculo concreto entre Beijing y Moscú: ¿se trata de

  • una amistad estrecha en el campo de la seguridad,
  • un matrimonio de conveniencia temporal,
  • una coalición temática y pragmática,
  • un acercamiento integral,
  • una alianza en gestación,
  • un pacto estratégico?

Discernir eso para la Argentina es y será esencial.

Mirando a China

El ascenso chino es indiscutible. Los datos económicos, sociales, diplomáticos y tecnológicos son elocuentes. En el terreno militar el auge de China no ha implicado una modificación de su política nuclear: su arsenal de ojivas llega a  350, ha sido bastante estable y está por debajo de las cabezas nucleares de Rusia y Estados Unidos. Lo que sí resulta evidente y revelador es su proceso de modernización naval que se intensificó con la llegada al poder del Presidente Xi Jinping en 2013. Es bueno recordar que en noviembre de 2012 el Presidente Hu Jintao había señalado que China debía convertirse en una “potencia marítima”. Ello pudo desarrollarse en el marco de presupuestos de defensa que fueron creciendo por encima del 10% desde 2000 hasta 2016.

En 2015 ese acento naval ganó ímpetu en buena medida como producto de una profunda reestructuración de las fuerzas armadas. Y en ese contexto hubo una doble referencia a la Argentina. Por un lado, US-China Economic and Security Review Commission publicó un informe sobre las relaciones militares entre Buenos Aires y Beijing y sus implicaciones para Estados Unidos. Es importante señalar que dicha comisión no ha hecho ningún estudio sobre Brasil, Venezuela o Cuba y su impacto en la relación entre Estados Unidos y China. Allí el tema central era (y sigue siendo) la Estación de Espacio Lejano ubicada en Neuquén, que fue acordada durante el gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, aprobada por el Congreso y ratificada y terminada durante la administración del Presidente Mauricio Macri.

Ya en 2015, una marcada preocupación

Por el otro, en marzo de aquel año el republicano Robert O’Brien, quien fuera después Consejero de Seguridad Nacional (septiembre 2018-enero 2021) en la administración de Donald Trump, escribió una nota sobre una posible base china en el Atlántico Sur . Su argumento se centraba en dos posibles alternativas facilitadas por Namibia o por la Argentina. En los dos casos sobresalía un hecho: en ambos países China había logrado localizar sendas estaciones espaciales (la de seguimiento, telemetría y comando de Swakopmund, Namibia es más pequeña y fue construida en 2001). La especulación de O’Brien—que nunca se concretó—era que Namibia le fuera a facilitar a China el puerto de Walvis Bay y que la Argentina retomara, aunque lo consideraba altamente improbable, las Islas Malvinas. El asunto era (y es) relevante pues mientras Estados Unidos tiene unas 800 bases alrededor del mundo, China tiene solo una en Djibouti. Y para los estrategas civiles y militares estadounidenses la creciente proyección de poder e influencia de China necesitará asegurarse el control de puertos y el manejo de bases. Washington se aproxima a Beijing como si fuera su espejo en materia de comportamiento de superpotencia sobreestimando eventuales acciones y medidas como la búsqueda y consolidación de un conjunto de bases en el mundo.

Hacia 2017 China fue configurando una estrategia específica para el Atlántico en el marco del anuncio por parte de Xi Jinping de que el país debía transformase en un “líder global” en 2050 para lo cual la capacidad militar resulta fundamental. En esa dirección, para 2019 Beijing se mostraba dispuesta a patrullar el Océano Atlántico. Sin embargo, sus operaciones se concentraron en el lado africano mas que en el latinoamericano del Atlántico Sur: sus puertos de visita se ubican en África occidental. En breve, China se ha ido convirtiendo en un actor naval de paulatina importancia en ese Océano, aunque es exagerado hablar de China como una potencia marítima en el Atlántico: su presencia efectiva es aún modesta. El despliegue de Beijing no puede ser ignorado pero tampoco sobredimensionado.

Paralelamente, es relevante analizar la evolución de las actividades de China en la Antártida donde posee cuatro estaciones y una quinta por completar en 2022 . A su vez, tanto Beijing como Moscú han incrementado en años recientes su presencia y proyección en el polo Sur. Eso, a su turno, llevó a la administración Trump a anunciar en junio de 2020 un memorándum para salvaguardar los intereses nacionales de Estados Unidos en la Antártida. La dinámica de competencia antártica entre las grandes potencias debiera ser un punto de atención para un país como la Argentina en el que se entrecruzan las Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida.

Un rompehielos chino en la Antártida

Sin duda, todo lo dicho pone de manifiesto el poderío alcanzado por la Armada china y su proyección global. Sin embargo, el poderío militar estadounidense sigue siendo superior y aún en el terreno naval las ventajas de Washington son elocuentes. Esto último se continúa reflejando  con creces en el Océano Atlántico.

Breve reflexión final

La Argentina necesita robustecer un consenso práctico y tener la suficiente calma y creatividad para desplegar una estrategia razonable en torno a Malvinas. Es vital establecer una mucho mejor coordinación respecto a las islas entre la Cancillería, los Ministerios de Defensa y Seguridad y la Agencia Federal de Inteligencia. La descoordinación será cada día más disfuncional para los intereses nacionales del país. Es el momento de una sintonía muy fina.

En el plano internacional es clave acumular amigos, aliados y acompañantes a la causa argentina. Para esto resulta indispensable ubicar la política hacia las islas en el marco de la diplomacia de equidistancia; diplomacia que rechaza la lógica binaria en el sentido de que una política exterior debe ser o ideológica o pragmática. Lo ideológico y lo pragmático siempre informan a la política exterior de un país. La presencia de la ideología (entendida como un conjunto de ideas y creencias) no es necesariamente censurable, ni el pragmatismo (entendido como una preferencia por lo práctico) es inexorablemente virtuoso. El real problema en política exterior es el dogmatismo por lo que la diplomacia de equidistancia es, esencialmente, anti-dogmática. Y en esa dirección sería un error garrafal para el país el dejarse ubicar en medio de la contienda entre Estados Unidos y China, en general, y respecto al Atlántico Sur, en particular, con sus consecuencias imprevisibles para el tema Malvinas. No es hora de internalizar una nueva Guerra Fría sino de procurar un uso estratégico y promisorio de la transición de poder en marcha.

Vicerrector, Universidad Torcuato Di Tella

PUBLICADO EN: https://www.elcohetealaluna.com/el-comando-sur-china-y-las-malvinas/

15 años promoviendo semanalmente la Geopolitica, en este Programa

Análisis Radial Semanal de Geopolitica de Carlos Pereyra Mele para el Programa: el Club de la Pluma, que conduce el Periodista Norberto Ganci por la Radio Web al Mundo. 

TEMAS:

Sigue profundizandose el conflicto entre Atlantistas (EEUU y socios) y Continentalistas (China y sus socios) conflicto que conduce a un mundo Bipolar nuevamente

AUDIO:

La columna dominical de geopolítica para el Club de la Pluma de este domingo, que presenta *Carlos Pereyra Mele,* director de Dossier Geopolítico, comienza con el foco en Sudamérica y sobre todo en Ecuador, donde otra vez la OEA y EEUU están interviniendo y manipulando en la sombra y desde dos frentes

Por un lado, creando confusión con un recuento de votos ilegal para definir la segunda posición entre un banquero y un “seudo” indigenista, y por el otro con un relato armado por la fiscalía de Colombia, que pretende involucrar a Arauz con la guerrilla.

El politólogo nos alerta que el objetivo último de estas maniobras, sería privar el triunfo al candidato “corresísta”. Pretensión que surge de la obsesión de los anglosajones por el avance comercial de China en la región. Todo un complicado nudo de intereses, perfectamente explicado y desentrañado por nuestro director.

Luego se adentra en Chile, hablando de la violencia de los Carabineros, de las próximas elecciones constituyentes y de una suerte de movidas externas que se ciernen sobre la tensa vida política del país trasandino.

Continúa en su ronda por Perú para analizar los recurrentes casos de favoritismo con las vacunas hacia políticos desaprensivos, *situación que se repite tristemente por todo Occidente.* Sigue con un crudo análisis sobre la absoluta falta de representatividad de los partidos políticos, del múltiple fraccionamiento del espacio electoral, de la gran incertidumbre para las próximas elecciones presidenciales y de las injerencias de los grupos transnacionales.

Y termina el bloque con la buena noticia de que Bolivia ha devuelto

el crédito que el FMI otorgó a  la dictadura, en apoyo al golpe de estado de Jeanine Añez en 2019

A seguir, ataca con el plato fuerte de la semana, que no es otro que los primeros pasos de la administración estadounidense. Nos detalla el primer traspié del gobierno con la absolución de Trump y las múltiples consecuencias que se derivan de la misma.

También nos brinda datos sobre la dura pérdida de EEUU de la primera posición como socio de UE, a manos de China.

Luego, Carlos Pereyra Mele se introduce en la geopolítica mundial con la trascendental postura de Macron sobre la OTAN que, de acuerdo a su sólido análisis, avizora una nueva época para Europa y evidentes problemas para EEUU.

Sigue su audio, entrando en las dificultades del “mundo anglófero” por las contradicciones de sus socios en el Pacífico Sur, que están acorralados entre su histórica alianza militar con Washington y los inevitables acuerdos comerciales con China, para mantener vivas sus economías. Un difícil juego entre Dios o El Diablo. Entre armas o negocios.

Y va cerrando la columna con la estrategia internacional del nuevo gobierno norteamericano que confirma sus intenciones de crear conflictividad mundial, en la búsqueda imposible de una hegemonía ya perdida.

Como prueba de ello, los nuevos altos cargos de la Secretaría de Estado (Cancillería), como Anthony Blinken y Victoria Nuland, cuentan con una clara trayectoria en las administraciones de Obama, Bush y Clinton, todos ellos de claros perfiles bélicos y muy activos en alentar vientos de guerra.

Y nos avisa que pasaremos del ¡¡AMÉRICA PRIMERO!! de Trump, al ¡¡AMÉRICA SOBRE EL MUNDO!! de Biden.

Finalmente, nuestro director se despide con una semblanza que ya es una lección de respeto y soberanía para todos:

”América no es solo Estados Unidos. AMÉRICA SOMOS TODOS”

Eduardo Bonugli 

       

Especial para Dossier Geopolitico Por Miguel A. Barrios(*)

El Presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, enfatizó el viernes 19 de febrero en su primer gran discurso internacional desde que llegó a la Casa Blanca el retorno a la cooperación con Europa tras el giro aislacionista de la Administración de Donald Trump.

 “Estados Unidos ha vuelto”, proclamó en la Conferencia de Seguridad de Múnich virtual que lo reunió con líderes europeos. Llamó también a enfrentarse a los riesgos que se ciernen sobre las democracias y a combatir los “abusos económicos y la coerción” de China.

 El cambio de rumbo de la era de Biden respecto a la de Trump en política exterior puede resumirse en algunas frases; el paso del “América primero”, al “América ha vuelto”. “La alianza trasatlántica ha vuelto y no vamos a volver la pista atrás”, resaltó Biden ante el Presidente francés Macrón y la Canciller  alemana Ángela Merkel. “Estados Unidos, insistió Biden está “totalmente comprometido con la OTAN”. De esta crisis estructural, que tiene como retos a la pandemia y la cuarta revolución industrial, los países se hallan en un “punto de inflexión”, entre quienes creen “que la autocracia es el mejor camino” para seguir adelante y quienes creen por el contrario piensan que “la democracia es la mejor manera de afrontar los desafíos”.(https://elpais.com/internacional/2021-02-19/joe-biden-en-su-primera-cumbre-internacional-estados-unidos-ha-vuelto.html).

China se encuentra en una posición central en los desafíos que Estados Unidos identifica y también apuntó hacia Moscú “Putin busca erosionar nuestra alianza trasatlántica porque para el Kremlin es mucho más fácil atacar y amenazar a los países de forma individual, que negociar con una alianza unida”. 

Anunció una política de multilateralismo pero los enemigos de Estados Unidos siguen siendo China, Rusia e Irán. 

 Sobre Irán dijo que su país está dispuesto a “negociar el acuerdo nuclear de 2015, pero también significa responsabilidades”. El Presidente Biden habló también de la crisis climática y del regreso de su país al Acuerdo de París e hizo un llamamiento para que haya energía limpia. 

La Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC) es una Conferencia anual sobre políticas de seguridad internacional que ha tenido lugar en la ciudad alemana de Munich desde 1963. Cada año reúne a unas 350 figuras de alto nivel de más de 70 países para participar en un intenso debate sobre los desafíos de la seguridad actual y futuro. 

En este año por primera vez se desarrolló en una sola jornada y de forma virtual teniendo que sortear el reto de la pandemia. El objetivo de este año es unificar esfuerzos y compromisos en asuntos globales como el clima, la pandemia, y el terrorismo. Por supuesto que es una Conferencia que tiene una marcada tendencia occidental. “Este es un evento estadounidense y europeo” expresó Wolfgang Ischinger, director de la MSC. (https://www.dw.com/es/as%C3%AD-se-celebra-la-conferencia-de-seguridad-de-m%C3%BAnich-en-plena-pandemia/a-56630121).

Lo interesante de lo ocurrido en la Conferencia es la quiebra que se está produciendo del consenso estratégico occidental que estuvo vigente en la guerra fría y posguerra fría. 

A diferencia de los propuesto por Biden, el Presidente francés Emmanuel Macrón, señaló que si bien apreciaba la lista de “desafíos comunes” Europa tiene “una agenda que es única”. En su discurso en la Conferencia el Presidente francés hizo hincapié en la “autonomía estratégica” de Europa y sugirió que el nuevo plan de la OTAN debería incluir “un dialogo con Rusia”. En una referencia a su concepto del ejército de la Unión Europea, Macrón comentó que “Es hora de que Europa asuma mucho más la carga de nuestra protección”. (https://sputniknews.com/military/202011221081243098-historic-allies-not-vassals-debate-continues-on-contentious-issue-of-european-army-us-reliance/ ).

La canciller alemana, Ángela Merkel, sin hablar con el estilo directo del francés dejó en claro que “los intereses europeos y estadounidenses no siempre convergerán”.  Alemania sigue siendo uno de los pocos Estados europeos que resiste la presión de Washington con respecto a sus programas que involucran tecnología 5G y el proyecto Nord Strem 2, (nombre con que se conoce un gasoducto que conectará Rusia con Alemania y Europa Central y del Este a través de 1.200 kilómetros por el mar Báltico). (https://sputniknews.com/us/202102211082143247-msc-2021-us-of-today-no-longer-the-one-of-the-cavalry-is-coming-in-europes-eyes-analysts-say/). 

El geopolítico Italiano Tiberio Graziani, director de Visión and Global (https://www.vision-gt.eu/tag/tiberio-graziani/), plantea que los líderes europeos comprendieron “la importancia de la especificidad de su propia identidad y función en la nueva construcción del nuevo sistema mundial”. 

La Conferencia de Seguridad de Múnich ha dejado una serie de interrogantes que como podemos ver pasa por la crisis de las relaciones trasatlánticas y la evolución que pueda tener en el sistema mundial, lo que nos obliga a los sudamericanos a estar atentos ante semejante tensión estratégica. 

(*) Prof. Dr. Miguel Ángel Barrios – Dr. en Educación – Dr. en Ciencia Política

Autor de más de 15 obras de Historia y Políticas Latinoamericana. Director de Dossier Geopolitico

Uno se vislumbra en el posicionamiento de las élites financieras globales y algunos líderes de países occidentales, el otro lo perfilan en sus discursos los líderes de las potencias anti hegemónicas Xi Jinping y Vladimir Putin. Davos entre distopías y esperanzas

POR GUILLERMO WIERZBA FEB 7, 2021 

El Foro Económico Mundial que se reúne anualmente en Davos tiene el objetivo de reunir a grandes empresarios, personas que poseen la concentración más alta de riqueza en el mundo desigual del presente, líderes de las grandes potencias mundiales y gobernantes de países periféricos. La composición de los encuentros de Davos refleja con nitidez el sentido intelectual de los mismos y el tipo de intereses e ideas que resultan hegemónicos.

El Foro de 2021 se realizó con conexión remota y sin presencialidad debido a la pandemia. Así, el tema de la peste constituyó una cuestión dominante del debate. Lo discutido en Davos confirmó que los intelectuales, dirigentes sociales y políticos están visualizando la alta probabilidad de cambios en el funcionamiento de la economía mundial para la pospandemia. Su dirección y profundidad aparece expresada en distintas opiniones, encuentros y manifestaciones que se realizan. Hay quienes hacen postulaciones de cambios radicales, a partir de la exposición desnuda que el despliegue de Covid-19 hizo de un mundo injusto, desigual y con una concentración opulenta de la riqueza conviviendo en sociedades con multitudes humanas sumergidas en la miseria. Otros temen por la caída de los fundamentos de un régimen que los privilegia, y postulan versiones gatopardistas para que cambie algo en función de que nada modifique las relaciones de poder que permitieron las obscenas diferencias con las que las minorías acomodadas y las mayorías oprimidas y excluidas enfrentaron la pandemia. No resulta ocioso señalar que el Summit del G20 en Londres, durante la “crisis de las hipotecas” de 2008, produjo un documento final que se hacía eco del clima de crisis del paradigma neoliberal y asumía la necesidad de cambios que redujeran la desigualdad y la pobreza, promovía mayores regulaciones financieras y criticaba las condiciones previas de la economía mundial. Sin embargo, cuando las aguas se calmaron emergió una lógica de correctivo continuismo de lo preexistente, en la que predominaron planes de consolidación fiscal que hundieron a muchas de las economías periféricas o con mayor debilidad.

Una de las diferencias que aparecieron en los discursos de Davos fue que algunos adherían a la caracterización de que se transitaba la entrada a un período de pospandemia,  mientras otros, como Xi Jinping, subrayaron que proseguían los tiempos de pandemia y que las preocupaciones sobre las características y las políticas necesarias para enfrentarla constituían la cuestión sustantiva de la época. En referencia a las diferentes miradas sobre la post-peste, es imperioso ver que en tiempos de Covid las desigualdades se profundizaron en lugar de mitigarse y no se debe pasar por alto que esta tendencia podría no ser ajena a la sociedad pospandémica.

El capitalismo de los stakeholders 

Esta propuesta debatida en Davos revela una fuerte crisis de ideas e imposibilidad de cambios del capitalismo de la financiarización, en el cual predomina la lógica de maximización de ganancias y el predominio de las remuneraciones a los fondos de inversión financiera por sobre la tasa de beneficios del capital productivo.

La ingenuidad y falta de solvencia académica y teórica del cambio en el capitalismo promovido por los líderes de la mayoría de los países centrales acompañado por las “ideas innovadoras” sobre la sociedad de los empresarios multimillonarios, quedaron expuestas en la propuesta del capitalismo de stakeholders. Su denominación españolizada es “capitalismo de las partes interesadas”, y su axioma clave postula que las empresas desempeñen el papel director de las economías, pero sujetas a una serie de condiciones éticas que incluyen consideraciones respecto de la justicia social, la mitigación de la desigualdad y una actitud activa en el cuidado del medioambiente. Estaría basado en un cambio de la conducta empresaria. Una transformación de carácter “moral” que modificaría el móvil de la empresa capitalista. Consiste en llevar al centro de la escena a lo que dio en llamarse “responsabilidad social empresaria”.

Más que una propuesta realista, los “buenos” promotores del Foro Económico Mundial parecen predicadores de una religión laica. Realizan un llamado a un comportamiento empresarial que mejore el bienestar social. Pretenden ese comportamiento de los poderosos protagonistas de la financiarización. En la lista de ponentes que incluyó el encuentro virtual de hace unos días estaba Larry Fink, el CEO del principal fondo de inversión de Wall Street, Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, y Marc Benioff, director ejecutivo de Salesforce.com.

En dos cosas el poder hegemónico de Davos resulta taxativo:

  1. El capitalismo resulta indiscutible, y
  2. El sector público no debe manejar la economía. O sea que los paradigmas previos a la contrarrevolución neoconservadora deben quedar bien enterrados.

Hubo una prédica insistente desde la conducción del Foro y sus hegemónicos líderes occidentales respecto a la promoción de la “economía verde”, la urgente reducción de las emanaciones de carbono y la utilización de energías limpias. Pero sin discriminar los deberes de los países desarrollados respecto de los dependientes en esa tarea. También se propugnó la colaboración público-privada para la intensificación de la innovación tecnológica, especialmente de la economía digital. Hubo referencias a mejorar condiciones sociales, como la disminución de la desigualdad y la limitación a la concentración de la economía. El pilar para sostener todo esto sería la empresa privada, pero imbuida de responsabilidad social. No hicieron referencias para terminar con la promoción de la flexibilización laboral, ni para construir sociedades sin desempleo. Sólo un apunte de Angela Merkel planteando que los sectores digitales fueron beneficiados por la pandemia, y los de servicios, perjudicados.

El gran ausente de esta edición del Foro fue el gobierno norteamericano, seguramente por la traumática transición política. Pero fue evidente en el conjunto de las exposiciones la bienvenida a Biden y al final del gobierno del ultraderechista Trump. El motivo, la coincidencia en la restauración del multilateralismo previo a la llegada de este último al poder.

La pospandemia en la mirada de los líderes occidentales

Merkel reconoció que el sistema de salud en Alemania es de carácter individual y no contempla la atención primaria comunitaria. En cambio, reivindicó como una fortaleza de la sociedad alemana el sentimiento de solidaridad. Sentenció que la concentración de la economía debe detenerse. Pero, a la hora de formular una propuesta de organización de la economía posterior a la crisis, la líder conservadora recurre al viejo slogan liberal de la “economía social de mercado” que popularizó Ludwig Erhard, miembro de la sociedad Mont Pellerin –cuna del neoliberalismo— y que fuera pregonado en nuestro país por Álvaro Alsogaray. Merkel le agrega “la responsabilidad social empresaria”, para estar a tono con el eje propuesto por la convocatoria al Foro. Hace algunos diagnósticos progresistas, que revelan una lectura atenta de la realidad, y propuestas gatopardistas,  cuya debilidad refleja la incapacidad, desorientación e imposibilidad para construir un futuro diferente para el capitalismo financiarizado.

Emmanuel Macron hizo una intervención apologética de las décadas de neoliberalismo. Sostuvo que durante ese período accionistas y consumidores se beneficiaron como nunca y elogió los cambios tecnológicos y la modernización productiva durante ese período. Su intervención revela un alto nivel intelectual que no permite presumir como una omisión involuntaria, la no mención de las virtudes que pudo haber tenido la llamada época del “capitalismo de oro”, con su modelo del Estado de bienestar. El Presidente francés es, sin duda, un entusiasta de la economía de libremercado. Pero luego debe situarse en el clima de época de la peste, y señala que el modelo del apogeo del liberalismo neo no es replicable para el futuro, pasando a enunciar consecuencias no menores (asimilables a efectos no deseados o colaterales) del liberalismo neo: la financiarización —cuando asigna sobreremuneración a una facción social—, la pérdida de empleos, el deterioro de los salarios, la externalización del empeoramiento climático. Tampoco ahorró la mención de una amenazante crisis de la desigualdad, de la demanda y climática. Pero en relación a su propuesta de sistema pospandemia, Macron resulta taxativo y coincidente con Merkel en la salida gatopardista.

El Presidente francés hace suya la propuesta del “capitalismo de las partes interesadas”, una definición con pretensiones más académicas que la de “responsabilidad social empresaria”. El gobernante galo advierte que el activismo estatal no puede, ni deber, ser la única –ni la predominante— respuesta para detener las externalidades negativas. Los Presidentes de las naciones hegemónicas de la Unión Europea coinciden en predicar la necesidad de disminuir el gasto fiscal incrementado durante la pandemia y en la vocación de poner un límite a la intervención del Estado. El enunciado de Macron de que no se puede pensar la economía sin lo humano va de la mano con la convocatoria a un cambio de la actitud empresarial que corrija las plagas neoliberales. Ningún cambio de rumbo. Una manifestación de deseos ingenua, o tal vez cínica.

La ministra de Relaciones Exteriores española se pronunció contra el “nacionalismo sanitario” y por una justa distribución de las vacunas a los países pobres. Advirtió sobre la inadmisibilidad del incumplimiento de contratos por parte de los laboratorios respecto a la entrega de esas vacunas para enfrentar la pandemia. También pregonó reglas del juego justas para el mundo digital. Sin embargo, repitió como conceptos de valor estratégico la confianza y la transparencia, una música ligada a la crítica de lo público y la valoración de la iniciativa privada. Cuestión que reforzó con su posición promotora de la alianza-público privada para la investigación y promoción de las medicinas de prevención y atención del virus. 

Continuismo explícito

Los posicionamientos más derechistas y sin revisionismos respecto al neoliberalismo fueron los del presidente israelí Benjamín Netanyahu y el canciller brasileño Ernesto Araujo. El primero reivindicó la continuidad de la desregulación económica, la desburocratización de las reglas y la educación y el mercado libre como pilares del desarrollo económico. Hizo la analogía de las vacunas contra Covid con las municiones para la guerra. Pero exhibió el liderazgo que su país adquirió en la cantidad de vacunados, adjudicándolo a la flexibilidad que tuvo respecto del precio a pagar por las vacunas. El brasileño se refirió a la importancia que tiene el reconocimiento a los Estados Unidos como la superpotencia de la libertad, “porque esa es la garantía para impulsar ese valor en el mundo y en el continente”.  Araujo sentenció que su país recupera, con el gobierno de Bolsonaro, la democracia y la libertad. Propició la dinamización de la OMC como política para promover la apertura económica y la democracia, categorías que emergieron en su discurso como indisolublemente unidas. 

Contrahegemónicos

Xi Jinping afirmó que la “historia avanza y no se vuelve atrás”. Hizo un aporte crítico del tono general del encuentro. Expresó que “no todos los países tienen el mismo sistema social” y que era necesaria la coexistencia pacífica entre los países de distintos regímenes de organización social. Afirmó que sin la comprensión de esa diversidad no habrá progreso social. Llamó a reducir la brecha de desarrollo entre países y advirtió que la pandemia agudiza la polarización entre países ricos y pobres. Se pronunció contra la lógica de la Guerra Fría, y enunció los valores de: paz, desarrollo, igualdad, justicia y libertad. Promovió un sistema internacional en donde no se use la potencia del más fuerte para imponerse frente a los países más chicos en la resolución de diferencias. Manifestó que hoy sigue siendo más importante atender la pandemia como problema clave, expresando que estamos en épocas de seguir pensando la peste, contrastando con las reflexiones centradas en suponer que estamos en tiempos de salida de la pandemia. Reivindicó un multilateralismo de iguales. 

Señaló que China erradicó recientemente la pobreza extrema y definió a su país como de un sistema socialista moderno.

Putin dijo que existe una crisis política mundial, con enfrentamientos violentos y conflictos regionales crecientes. Criticó la concentración de ingresos y la estratificación social en los países más desarrollados. Rechazó el Consenso de Washington, cuyo modelo de crecimiento económico, sostuvo, estuvo basado en el crédito, la deuda y la desregulación. Planteó la necesidad de intervención del Estado para proteger los puestos de trabajo, concibiendo la economía futura con un paradigma de personas viviendo en un entorno de seguridad, con empleo, jubilación, educación y salud. Reivindicó los estímulos fiscales para el desarrollo y reclamó la reducción de la brecha entre países. Hizo una crítica explícita a los Estados Unidos por su política de construcción de enemigos internos y externos. Realizó un llamado explícito a democratizar la disposición de vacunas, advirtiendo sobre la desventaja africana.

Publicado en: El Cohete a la Luna: https://www.elcohetealaluna.com/entre-distopias-y-esperanzas/ 

El 15/2/2012 fui entrevistado por el Programa «Detrás de la Razón», que conduce el Periodista mexicano Roberto de la Madrid, junto al Dr. Eduardo J. Vior, dos argentinos, analizando el futuro de Trump y la situación política interna de USA. que por supuesto tendrá efectos externos dado el rol de República Imperial que asumió luego de la Segunda Guerra Mundial y mas aún después de la desaparición de la Unión Soviética. 

Dossier Geopolitico Tanque de Ideas suramericano, cada dia tiene mas presencias en medios globales de habla hispana

¿Perdió o ganó? ¿O qué pierde y qué gana EEUU? El impeachment contra Donald Trump del cual se desprende que es dos veces inocente cuando lo acusan de villano violador de la Constitución, se volvió un show de cámaras y micrófonos que mostró lo que menos importa para analizar la situación estadounidense tanto social, económica como política. Si bien el impeachment que fue presentado como un acto necesario ante un acto grave el cual tenía que ser castigado según los demócratas, lejos de entrar en el si Trump fue culpable o no, si de verdad movió mentes Trump para que asaltaran el Capitolio o no, sí representa el estado esencial de la relación entre pueblo y política y entre pueblo y pueblo en sus diferentes aristas dentro de los EEUU. Ese el punto que analizaremos en este capítulo para ver la conformación de poder para los próximos 8 años, vitales para el reacomodo geopolítico. ¿Quién defiende a Trump que no lo pueden sentenciar o no es más que un reflejo de lo que pasa en lo más profundo del devenir de ese país? ¿Qué sigue para Biden, qué propone y cómo enfrentará al nuevo padrino de los republicanos que ya tiene oficina electoral virtual en el club de golf Mar-a-Lago?

15 años promoviendo semanalmente la Geopolitica, en este Programa

Análisis Radial Semanal de Geopolitica de Carlos Pereyra Mele para el Programa: el Club de la Pluma, que conduce el Periodista Norberto Ganci por la Radio Web al Mundo. 

TEMAS:

Sigue profundizandose el conflicto entre Atlantistas (EEUU y socios) y Continentalistas (China y sus socios) conflicto que conduce a un mundo Bipolar nuevamente

AUDIO:

La columna dominical de geopolítica para el Club de la Pluma de este domingo, que presenta Carlos Pereyra Mele, director de Dossier Geopolítico, nos trae dos temas centrales y de gran actualidad: Las  Elecciones en Ecuador y Los despliegues de barcos de guerra en nuestro Atlántico Sur. Y en ambos casos, la presencia de EEUU es determinante, tanto con maniobras militares como políticas.

Pero el análisis de esta semana es más variado y también muy importante. Por lo que comienza con EEUU y su lucha interna y sigue con su política exterior que al parecer no va a variar. Por el contrario, que se estaría reforzando la idea de la confrontación.

Y asegura que: ¡¡EEUU ya está decidido: Los enemigos son China y Rusia y cualquier otro posible aliado!!

También nos avisa que el choque entre Atlantistas y Continentalistas se extiende por todo el mundo y ya llega a Sudamérica.

Luego nos adelanta que China avanza en la ruta de la Seda con trascendentales acercamientos con Europa Central y Oriental y también con Bruselas para profundizar las relaciones comerciales. Movimientos estos que agudizan fracturas internas entre los diferentes intereses y potestades de los miembros de la UE. Mientras la prensa del viejo continente nada informa al respecto.

Más adelante se refiere al conflicto diplomático de la UE con Rusia, con Borrell y Navalni como primeros actores. Y pone especial foco en que Rusia puede romper relaciones con Bruselas, si ésta insiste en hacer seguidísimo de EEUU y ser funcional a la OTAN.

Sobre Italia, desgrana los tópicos del nuevo gobierno tecnócrata y genuflexo de Mario Drahgui, que se inclina sumiso ante el Atlantismo de EEUU y se pregunta sobre la reacción de Merkell y Macron a tal actitud de sometimiento, cuando estos dirigentes intentan abrir horizontes hacia Rusia y China.

Y a seguir, aborda en profundidad uno de los tema centrales de la semana: Las Elecciones en Ecuador.

Repasa los resultados de la primera vuelta. El triunfo claro del “Correísta” Araoz. El empate técnico por la segunda vuelta entre la derecha financiera y los “supuestos indigenistas”. Alerta de la maniobra para ensuciar el triunfo de Araoz con alusiones de fraude. Habla de un muy extraño recuento de votos ordenado por la Comisión Nacional Electoral, que solo atiende y escucha a los dos partidos contrarios a Araoz. Nos cuenta de la intranquilidad por este abuso de la autoridad electoral. Y pone encima de la mesa la madre de todas la maniobras de EEUU: ¡¡UN PACTO PARA LA SEGUNDA VUELTA ENTRE EL PARTIDO DE LOS BANQUEROS Y EL DE LOS INDIGENISTAS!! Y termina el tema repasando las posibilidades de Araoz en la segunda vuelta.

Pereyra Mele continúa su columna por Brasil y nos explica que ésta semana se ha reconocido oficialmente que el famoso caso del “Lava Jato” fue creado para destituir a Dilma Rousseff y encarcelar a Lula. Además habla de la confesión del anterior jefe del ejército sobre que presionaron y lograron que justicia negara al ex-presidente el Habeas Corpus y sus derechos a ser candidato. Y finalmente desentraña la maniobra fáctica que llevó al poder a Jair Bolsonaro. 

Y cierra el programa en nuestro país con otro tema de candente actualidad. LOS MARES DEL SUR ARGENTINO.

Y se sumerge en submarinos nucleares, con un tweet secreto (pero público y amenazante) de la armada estadounidense. Navega por las Islas Malvinas entre las patrullas anglo americanas. Nos recuerda el reciente rechazo argentino al atraque en el puerto de Mar del Plata de un buque de guerra de EEUU. Y habla del enfado de Washington por esa negativa.

Y denuncia la estrategia en marcha de Inglaterra y EEUU para cercar y cerrar el perímetro marítimo de América del Sur, tanto del Atlántico como del Pacífico.

Así, Pereyra Mele nos desglosa impresionantes informaciones y argumentos, como si fuese una película de guerra sigilosa, pero que es real y verídica. Una disputa que ya se está librando en este momento, con un gran botín en juego, que es nada más y nada menos, que nuestra reserva marina. 

Un electrizante relato. Duro. Impactante. Preocupante. Pero necesario para comprender por qué Argentina también es un centro de codicia de los imperios mundiales. 

Eduardo Bonugli

Pereyra Mele

Lo dijo el presidente de China, Xi Jinping, al inaugurar el Foro Económico Mundial de Davos: tras la pandemia, «el mundo no volverá a ser como era». Y esta constatación cobra una gran relevancia, no sólo por venir de quien viene, sino además en un contexto de pandemia en que precisamente el gigante asiático fue el único país que creció en 2020.

AUDIO:

https://mundo.sputniknews.com/20210212/davos-2021-preludio-de-una-rusia-y-europa-unidas-1101790457.html

La sentencia

La sentencia del mandatario chino tiene sustento y sustancia, si tenemos en cuenta las principales conclusiones a las que arribaron economistas jefes consultados por el Foro y hechas públicas el día del puntapié inicial del evento.De acuerdo al dossier, pero también a los últimos acontecimientos, exacerbados con las últimas elecciones de EEUU, la actual crisis derivada de la pandemia acarreará una aceleración en la posición de dominio de las grandes tecnológicas y el trabajo a distancia, y por ende, las desigualdades económicas.Esto, y siempre según el informe, originará una nueva era en cuanto a políticas fiscales, monetarias y de competencia, y sorprendentemente, una mayor presencia del sector público en la economía.

El coronavirus vino a acelerar procesos que ya estaban en marcha», señala el director del think tank Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, al indicar que hace años que se estaba procesando un cambio sustancial en el mundo, en las transferencias de áreas de poder y de distintas potencialidades.

«Esa transferencia de poder de unos hacia otros, como bien ha dicho Xi Jinping y también Vladímir Putin en su discurso ante Davos, se ha acelerado», abunda el analista.En sus anteriores jornadas anuales «la ideología globalista que se aplicó desde Davos fue un centro de poder hegemónico —EEUU de Norteamérica—, que difundía principios y valores a cumplir a rajatabla sin que nadie le cuestionara esas indicaciones o directivas, por aquello del famoso consenso de Washington, que poco tenía de consenso, y mucho más de dictado sobre lo que tenían que hacer los países subdesarrollados o subordinados a los poderes globales centrales. Ahí es donde hay que encontrar la letra de lo que ha traslucido el presidente de China Xi Jinping, donde habla de que hay que reestructurar esta globalización», explica Mele.

¿De Lisboa a Vladivostok?

En otro tono, y tal vez sabedora de su fecha de caducidad inminente en la vida política, no sólo a nivel global, sino también a nivel doméstico, la canciller alemana, Angela Merkel, actuó en modo ‘Para lo que me queda en el convento…’. Desde ese lugar lanzó dardos contra China, y de paso contra la OMS [Organización Mundial de la Salud] por lo que considera una gestión opaca de la crisis del coronavirus.Sin embargo, se ungió como defensora de un multilateralismos real, desdeñando las relaciones multilaterales de bloques que son las que reinan en la actualidad. Clamó por una Europa fuerte y unida para enfrentar los retos de proporciones que se vienen por delante.En este sentido, es donde cobra, si cabe, una mayor relevancia unos conceptos vertidos por el presidente de Rusia, Vladímir Putin, durante su intervención en el cónclave, una situación que tuvo lugar luego de una pausa de unos años. Afirmó que Rusia y Europa forman una misma civilización y que tienen mucho en común, sobre todo desde el punto de vista geográfico, cultural, económico, científico y tecnológico, pero matizó que ahora mismo las relaciones entre ambos «no son normales».InternacionalMerkel defiende el papel de la OMC ante el creciente proteccionismo26 Enero, 14:39Así, Putin llamó a Europa a dejar de utilizar todos los problemas de siglos pasados en la política interna y mirar hacia el futuro. «Estamos preparados para hacerlo, lo queremos y lo buscamos , pero el amor es imposible si se declara solo por una parte, debe ser mutuo», subrayó.»Las declaraciones de Putin son más que claras: es tenderle la mano a una Europa que se autoimagina como unida, pero en el fondo sabemos perfectamente que hay una gigantesca diferenciación por áreas, por regiones, y por países», señala Mele.Para ilustrar sus afirmaciones, el analista menciona la gestión que han hecho de la pandemia los distintos países del bloque comunitario, mientras entre unos y otros actuaban de manera mezquina. «No logran ni siquiera en un área de emergencia mundial, ponerse de acuerdo. Los mismo ha ocurrido con su política exterior que es errática, y más después del Brexit«.»El escenario que se ha presentado en Davos nos da un panorama más claro y comprendemos mucho más qué es lo que entienden Rusia y China sobre la globalización, y cómo la entiende EEUU», concluye Carlos Pereyra Mele.