Por Níkolas Stolpkin

Todo esto no se trata de Ucrania; todo esto se trata de frenar el desarrollo de un mundo multipolar, el cual señala la decadencia del actual mundo unipolar y sus estructuras.

Ucrania simplemente ha sido el vehículo utilizado por las grandes potencias occidentales, para buscar frenar el creciente ascenso de un mundo multipolar en desarrollo. EE.UU. y sus aliados vasallos han emprendido una dura resistencia por frenar el mundo que amenaza con desplazar su cetro de dominio. Ucrania era el país clave. EE.UU. y sus aliados de la OTAN debían generar las condiciones en Ucrania para que Rusia se viera obligada a intervenir. 2014 fue el año clave para empezar a generar significativamente esas condiciones. Rusia estaría al tanto. Y el pasado 24 de febrero (inicio de la Operación Militar Especial rusa sobre Ucrania) fue la fecha esperada para proceder y deshacerse de la influencia rusa en Europa con las múltiples sanciones aplicadas.

Nunca habíamos sido testigos de semejante lluvia de sanciones por parte de un conjunto de países, muy obedientes al imperio de EE.UU., hacia un solo país (Rusia). Ni siquiera se imaginó la salida en masa de grandes empresas capitalistas de Occidente en suelo ruso.

El nivel de ruptura con Rusia es tal que pareciera ser total. Pero lo curioso es que ese mundo acostumbrado a llevar las banderas de la «democracia» y la «libertad» por el mundo, no han tenido más alternativa que incrementar el fuego abrasador de la guerra que podría desparramarse a nivel mundial.

Pero… ¿Qué fue lo primero que se ha hecho a partir de la entrada en escena de Rusia en Ucrania? Pues no se ha hecho más que incrementar la ayuda militar a Ucrania, dizque para «ayudar al pueblo ucraniano». Lo que habla de un mundo unipolar desesperado por no querer convivir con un mundo multipolar.

Al incremento de la ayuda militar, EE.UU. y aliados al unísono han impuesto medidas draconianas contra Rusia como si de un gran muro de contención se tratara. La idea es que Rusia y su influencia no puedan entrar de ninguna forma en el «amenazado» mundo unipolar.

Pero ¿por qué empezar con Rusia? Para nadie era ajeno que Rusia en estos últimos tiempos estaba forjando, y con buenas intenciones, grandes proyectos con Alemania, en cuanto a energía. Eso a EE.UU. no le gustó para nada, ya que su zona de influencia (en Europa) podía hacerse más dependiente de los recursos energéticos de Rusia. Pero además Rusia era (es) el principal socio estratégico de China, potencia mundial que tiene muy preocupados a EE.UU.

Ucrania ha sido una pieza clave para buscar frenar y debilitar a un actor protagonista del mundo multipolar, pero no significa mucho. Simplemente sirve (Ucrania) de instrumento a los intereses de EE.UU. para intentar salvar su mundo unipolar.

Ciertamente estamos viviendo un momento histórico que podría desembocar en una conflagración mundial o en una Nueva Guerra Fría entre los que defienden el mundo unipolar y los que defienden un mundo multipolar.

Desconocemos hacia dónde se inclinará este momento histórico, pero surgen muchas interrogantes a partir de las consecuencias que hoy estamos observando. No sabemos qué habrá de pasar con la globalización y el dólar; no sabemos cómo habrá de perjudicar internamente a Europa de proseguir las hostilidades hacia Rusia; no sabemos qué habrá de pasar con estructuras como la OTAN, el FMI, BM, ONU…; no sabemos si China caerá en el mismo saco junto a Rusia, etc.

EE.UU. junto a sus aliados están jugando casi todas las cartas por detener el ascenso del mundo multipolar. Por lo que no nos debiéramos sorprender si EE.UU. estuviera hoy madurando las condiciones necesarias en Taiwán para que China, ante las provocaciones, también pudiera intervenir militarmente y sufriera medidas tan draconianas como hoy Rusia está siendo víctima.

Si China cayera en el mismo saco que ha caído Rusia, ¿qué habría de pasar con los vigentes tratados comerciales que hoy mantiene China con países europeos y Latinoamericanos? ¿Los inversionistas estadounidenses también saldrán en masa de China?

El peor escenario sería una conflagración mundial. ¿EE.UU. y aliados están preparados para ello? O mejor: ¿EE.UU. y sus aliados vasallos están dispuestos a aislarse y no acoplarse a un mundo multipolar en desarrollo?

Lo cierto es que el destino de Ucrania es incierto, todo indica que habrá de terminar muy mal y por la tozudez de un comediante (Zelensky), títere del imperio estadounidense. Lo más probable es que Ucrania pierda más de lo que pudo en un principio llegar a un acuerdo con Rusia.

Níkolas Stolpkin. Analista político nacional e internacional – Political Analyst – Crítico de política y Cultura Contemporánea.

Fuente CEPRID https://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article2703

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