Con su “Global Britain”, lanza programas de defensa de Norte a Sur que no puede financiar.

Por Eduardo Vior analista internacional miembro de Dossier Geopolitico

Antes de fin de 2024 se realizarán en Gran Bretaña elecciones generales en las que, después de 14 años, muy probablemente el Laborismo volverá al gobierno. La última encuesta de YouGov da al actual partido opositor 468 diputados contra 98 que retendría el Partido Conservador. Dado el reciente giro del Partido Laborista hacia el centro, empero, el cambio de gobierno no implica necesariamente que vaya a haber fuertes modificaciones en todas las políticas públicas, como por ejemplo en la política exterior y de defensa. Los dos partidos coinciden en mantener el rol del Reino Unido como una de las grandes potencias mundiales. Para ello deben financiar el despliegue mundial de su Marina de Guerra, que abarca hasta la Argentina, y reforzar el potencial de su intervención militar en Europa Oriental, aunque la debilidad de su economía y el rechazo de su población les juegue en contra.

Aunque no lo propició abiertamente, el Partido Conservador aceptó la decisión del referéndum de 2016 sobre el Brexit y llevó adelante las negociaciones con la Unión Europea hasta la salida definitiva en 2020. En ese momento, el entonces primer ministro Boris Johnson se comprometió a negociar un tratado con el bloque europeo que después postergó indefinidamente. Los vínculos entre ambas partes quedaron en el limbo. Por el contrario, los laboristas quieren una relación mucho más estrecha con la UE, particularmente con Francia y Alemania, y muy especialmente en materia de defensa. 

La política exterior de un eventual gobierno laborista se caracterizaría por su fuerte acentuación ideológica. Para Labour, la contradicción principal de la política mundial se da entre democracias y dictaduras. Entre las últimas, su líder, Keir Starmer, cuenta a Rusia, Azerbaiyán (por su ataque a Armenia), Irán, China y Corea del Norte. Consecuentemente, aboga por la inmediata incorporación de Ucrania a la OTAN, lo que habilitaría –lo dice explícitamente– la imposición de una zona de exclusión aérea para impedir a la aviación rusa bombardear Ucrania y el envío de tropas para defender a Kiev. Al mismo tiempo, el líder laborista insiste en denunciar la complicidad de los conservadores con oligarcas rusos y el financiamiento del Brexit con fondos de Moscú.

No obstante el fragor de la campaña electoral que ya se anuncia, la mayoría de los británicos no ve ninguna diferencia en el apoyo de ambos partidos a la política israelí hacia la Franja de Gaza así como en la política de defensa en general. Los dos coinciden en equilibrar la relación con China, en el desarrollo de la economía mundial, la alianza transatlántica y el apoyo continuado a Ucrania. También se asemejan en su falta de alternativas para el caso de que las elecciones parlamentarias europeas de este junio conduzcan a la formación de un fuerte bloque antieuropeista, o de que en noviembre próximo Donald Trump recupere la presidencia de Estados Unidos.

Por cierto, existen algunas diferencias entre las visiones de política exterior de los partidos. La más notable es la “seguroeconomía” de la eventual canciller laborista Rachel Reeves, que centra la política exterior en la protección de las cadenas de suministro y desalienta la deslocalización de industrias críticas. La formalización de la cooperación en materia de seguridad con la UE y una mayor atención a la lucha contra las finanzas ilícitas son otras notas peculiares de la política exterior laborista. 

Los dos partidos intentan, con todo, equilibrar la necesidad de mantener relaciones con China, cuyas acciones en materia de cambio climático, pobreza mundial y tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial, serán importantes para el Reino Unido, con el cuestionamiento que hacen de  su historial en derechos humanos. Sobre todo, ambos quieren proteger los activos, las infraestructuras y las cadenas de suministro británicas de una excesiva dependencia de China.

El Indo-Pacífico

En un principio, los laboristas se mostraron reticentes al plan del actual gobierno para un mayor despliegue diplomático y militar en el Indo-Pacífico, pero más recientemente el eventual ministro de Defensa laborista, John Healey, se ha comprometido a aprovechar la inclinación hacia la región y a hacer que funcione el pacto AUKUS con Australia y Estados Unidos. 

La reorientación del Reino Unido hacia el Indo-Pacífico ha aumentado la importancia de Gran Bretaña en la región. A medida que se aleja la espumosa retórica post-Brexit de la Global Britain (Gran Bretaña Global), Londres está buscando cómo desarrollar más sólidamente su reinserción en la vasta región entre el Océano Índico y el Pacífico. No altera su Concepto Operativo Integrado (IOC, por su nombre en inglés) de 2021, que daba un enorme relieve al softpower, pero desplaza el peso de los factores hacia el poder duro.

Para ello, el instrumento principal es la expansión y desarrollo tecnológico de la Royal Navy. En medio de la escalada de tensiones en Asia Occidental, el Reino Unido reforzó su presencia naval en la región del Golfo y el secretario de Defensa del gobierno de Rishi Sunak, Grant Shapps, subrayó la importancia de hacerlo.

Al mismo tiempo, una fuerza operativa de ocho países dirigida por el Reino Unido inició a fines de 2023 patrullas desde el Canal de la Mancha hasta el Mar Báltico. El objetivo de esta iniciativa es proteger de posibles amenazas los cables submarinos vitales para Europa. Con una media diaria de 50 grandes buques mercantes atravesando el estrecho de Bab-el-Mandeb y el doble de ellos pasando por el estrecho de Ormuz, la protección de estos activos submarinos críticos es asimismo primordial. El bloqueo del movimiento yemenita Ansar Alá al pasaje por el estrecho de Bab el Mandeb de buques hacia Israel, así como el corte del cable de Internet submarino en ese mismo lugar, muestran la vulnerabilidad de las líneas de suministro occidentales.

El rearme naval británico

En su discurso ante la Conferencia sobre Poder Naval (Sea Power Conference), celebrada en Londres el 17 de mayo de 2023, el jefe de la Marina Real Británica, Ben Key, resumía así el programa de construcción naval en marcha: “Hace poco más de un año hablé en Rosyth, donde se están construyendo nuestras fragatas de tipo 31, y lancé un llamamiento a la industria para que no se limitara a ser contratista, sino que se asociara a nuestro viaje en el desarrollo de la flota del futuro. Han respondido y en la actualidad tenemos encargados o en construcción 16 buques y 6 submarinos y eso sólo representa los principales programas de capital. Las inversiones en la Royal Navy –continuó–, incluso en los últimos 12 meses, han sido significativas: tres nuevos buques de Apoyo Sólido a la Flota, otros cinco Tipo 26 han sido encargados. El SSN-AUKUS está en fase de diseño. El HMS Anson se ha unido a la Flota. Muy pronto entrarán en servicio el RFA Proteus y el RFA Stirling Castle”. Este programa se continuó hasta la actualidad.

A largo plazo, la Royal Navy podría modernizar su persistente presencia en la región con patrulleras de altura de la clase River, para convertirlas en fragatas de Tipo 31, más aptas para el combate. Estos nuevos despliegues complementan la presencia regional del Reino Unido, que ya incluye destacamentos permanentes en Brunei y Singapur. Una red ampliada de agregados de defensa está siendo asimismo coordinada en el Sudeste Asiático y Oceanía y se espera que un próximo acuerdo con Mauricio permita al Reino Unido y a Estados Unidos seguir utilizando la base militar de Diego García.

Cualquier papel del Reino Unido en una crisis o conflicto real en el Indo-Pacífico tendría que calibrarse teniendo en cuenta la situación de seguridad europea. Un apoyo en Europa o la provisión de seguridad marítima que libere fuerzas estadounidenses podría ser tan valioso como cualquier contribución militar directa en el Indo-Pacífico. Aun así, la presencia cada vez más visible del Reino Unido en el Índico y el Pacífico, coordinada hasta cierto punto con Francia y otros países europeos, debería tener un efecto disuasorio para cualquier adversario.

Una vez tenidos en cuenta los compromisos con Ucrania, los arsenales de municiones y las contingencias por exceso de gasto en la disuasión nuclear, el presupuesto de defensa del Reino Unido debería aumentar un 1,8% en términos reales durante este ejercicio, manteniendo el gasto por encima del 2% del producto interior bruto. 

Al exponer la visión laborista de una Britain Reconnected (Gran Bretaña reconectada), el probable futuro ministro de Asuntos Exteriores, David Lammy, abogó por aliarse con Australia y otros países para enfrentar el “giro autoritario” del líder chino Xi Jinping. Sin embargo, los laboristas parecen más escépticos que los conservadores sobre la inseparabilidad de la seguridad europea y la indopacífica. En Britain Reconnected, Lammy aceptó el AUKUS, pero advirtió que los compromisos del Reino Unido con el Indo-Pacífico “no pueden ir en detrimento de nuestros compromisos de seguridad en Europa”.

Parte del escepticismo laborista probablemente refleje preocupaciones más amplias sobre la sobrecarga de Estados Unidos y las prioridades de un posible segundo gobierno de Trump. La “gran estrategia” del Reino Unido se cimenta sobre la alianza con EE.UU. que, a su vez, se complementa con los Cinco Ojos (Five Eyes), la coalición de inteligencia y seguridad de EE.UU. con el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Canadá, con AUKUS y con Quad (EE.UU., India, Gran Bretaña y Asutralia). El concepto de defensa colectiva se ha transformado así en un elemento central de la estrategia mundial británica. La posibilidad de responder unilateralmente a un adversario parece estar fuera de discusión. 

Malvinas y otras áreas de patrullaje

A estos teatros principales de operaciones se añaden los patrullajes de rutina en el Atlántico Sur. Ello incluye obviamente las Islas Malvinas, visitadas recientemente por David Cameron, el expremier conservador y hoy secretario de Estado para Asuntos Exteriores en el gobierno de Sunak, y otras islas argentinas como Georgias del Sur, toda una zona donde Londres ha ampliado unilteralmente una zona de exclusión pesquera y avanza en un puerto a favor de los kelpers y de la defensa británica. La cancillería argentina llamó la atención de la embajadora Kirsty Hayes en Buenos Aires por estas acciones, pero para Gran Bretaña todo es cordialidad por parte del nuevo gobierno argentino, cuyo presidente Javier Milei mantuvo un encuentro con Cameron en Davos hace dos meses, acompañado por su canciller Diana Mondino.

Los patrullajes también incluyen al Océano Antártico (yuxtapuesto con las áreas reclamadas por Argentina y Chile), el Atlántico Norte, el Océano Índico y el Pacífico Sur. 

El área de despliegue de la Marina Real Británica es inmensa y supera completamente las posibilidades reales de su fuerza naval, que ésta intenta compensar con su programa de construcciones. Sin embargo, éste debería continuarse durante décadas, para satisfacer las ambiciones de poder del reino.

Sin el apoyo de Estados Unidos, Gran Bretaña no puede sostener duraderamente su presencia mundial. Si Donald Trump vuelve al gobierno y concentra las menguadas fuerzas de su país en la confrontación con China, Gran Bretaña se va a ver desprovista de apoyo en el teatro europeo, el Atlántico Sur y el Antártico. Si, además, una importante minoría antieuropeista en el Parlamento Europeo obstruye los planes de defensa de los partidos hoy dominantes, Gran Bretaña estará obligada a emprender un esfuerzo adicional para enfrentar a Rusia.

La alta coincidencia de ambos partidos británicos en política exterior y de defensa implica asumir costos que la economía británica no puede solventar y su sociedad no está dispuesta a acompañar. Si, como parece, los laboristas acceden al gobierno antes de fin de año, tendrán que calibrar muy bien entre mantener su base electoral o continuar las aventuras de sus predecesores.

El Departamento de Defensa de EEUU. ha abierto las puertas a una serie de pequeñas empresas desde finales de 2022, cuando decidió crear una nueva estructura: la Oficina de Capital Estratégico (Office of Strategic Capital).

Por Leonid Savin(*)

Como también fue anunciado (1) en su creación, la nueva administración para ello tuvo que superar al llamado “Valle de la Muerte”, que durante mucho tiempo impidió al Pentágono introducir nuevas tecnologías.

El “Valle de la muerte” es, en esencia, un fenómeno burocrático en el que las nuevas oportunidades asociadas con las tecnologías innovadoras que son financiadas por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, no se materializan debido a la brecha existente entre los desarrolladores de los productos y sus implementadores.

Sin lugar a dudas, la razón de este problema fue el fracaso de la “Tercera Estrategia de Compensación” (2) (o compensación) que había sido anunciada por el ex Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Ash Carter, en 2015. Ahora, el creciente poderío militar de China, unido a sus innovaciones tecnológicas y luego la experiencia del conflicto ucraniano, ha estimulado a la comunidad militar de los Estados Unidos a revisar su política de defensa, incluido el trabajo con contratistas.

Durante más de un año, la oficina ha estado investigando los problemas relacionados con la brecha antes mencionada y parece haber encontrado cómo resolverlos. El 9 de marzo de 2024, el Pentágono emitió oficialmente una nueva estrategia (3) de inversión, que se relaciona directamente con la Oficina del Capital Estratégico.

En la misma se señala que la oficina presta especial atención a la financiación de inversiones para aumentar el capital disponible, en lugar de utilizar instrumentos basados en adquisiciones, como contratos o subvenciones, para incrementar el gasto público directo en innovación y aumentar las oportunidades. La oficina complementa las visiones existentes del Departamento de Defensa para aumentar la innovación tecnológica.

De tal manera, las organizaciones innovadoras existentes dentro del Departamento de Defensa deberán utilizar las subvenciones y contratos de creación de prototipos. Por el contrario, la oficina se enfoca en programas de inversión de capital tanto para inversionistas como para compañías que utilizan instrumentos financieros tipo préstamos y garantías de crédito en asociación con otros departamentos o agencias federales. A su vez, estos programas de inversión de capital atraen y amplían el capital privado que se va a invertir en tecnologías críticas…, la oficina se apresta a utilizar las mejores prácticas de entre los más de 100 programas federales de crédito existentes.

Esto significa que el Pentágono se está convirtiendo en una suerte de entidad bancaria que emite bonos y préstamos para ser invertidos en el sector que a ellos les interesa. Obviamente, no se trata de una industria establecida que compite con los gigantes del complejo militar-industrial de los Estados Unidos: compañías como Lockheed Martin, Boeing, RTX (anteriormente Raytheon), General Dynamics, Northrop Grumman, L3Harris Technologies LHX, etc., que tienen un poderoso lobby en la Casa Blanca, el Departamento de Estado y en el propio Pentágono y ocupan el nicho principal en la creación de sistemas y plataformas de armamentos. Con ellos continuará la cooperación según el modelo establecido.

En este caso se trata de un grupo de lo que se conoce como “capital de riesgo” y que está vinculado, principalmente, a Silicón Valley, que es donde se realizan algunas de las tecnologías de vanguardia que luego se concretan en las mega corporaciones.

Pero ahora, en un contexto signado por ciertos problemas con la financiación debido a la ruptura de la cadena de suministro con la base industrial, el escenario se presenta como una buena oportunidad para confiar en los militares. Aunque el dinero, basado en los datos de la nueva estrategia, se tomará, principalmente, de los bolsillos de los contribuyentes.

La Estrategia describe el siguiente algoritmo de acción:

1. El Departamento o agencia correspondiente proporciona fondos para cubrir los costos derivados del cálculo del riesgo para el programa de inversión (especificado como cinco por ciento).

2. El tesoro proporciona al beneficiario del préstamo el saldo de los fondos, que se muestra aquí como el 95 por ciento restante no cubierto por el cálculo de riesgo del cinco por ciento del programa del departamento o agencia respectivo.

3. Para los programas que involucran compañías de inversión de pequeñas empresas, se requiere que los proveedores de capital privado recauden fondos de inversión adicionales, lo que se muestra en la estrategia como una duplicación del monto del préstamo otorgado por el gobierno de los EEUU.

En total, hay 14 áreas en las que se capta activamente el capital para necesidades militares. Estos son los nano materiales y los meta materiales; la biotecnología; la bioenergía; las tecnologías 5G y las redes de radio abiertas; los soporte de sensores; la microelectrónica; las tecnologías de ensamblaje; la ciencia cuántica: computación, seguridad y sensores; baterías, y tecnología espacial.

Aparentemente, la decisión de crear tales mecanismos de financiación en interés del Pentágono ha sido precedida por la experiencia de años anteriores.

Silicón Valley

Como escriben ciertos autores en un artículo (4): “Cómo Silicón Valley aprendió a amar a Estados Unidos, los drones y la fama”, publicado en el Washington post; entre 2021 y 2023, los inversionistas colocaron 108 mil millones de dólares en compañías de tecnología militar, con esos fondos crearon una serie de herramientas avanzadas, incluidos misiles hipersónicos, dispositivos portátiles que mejoran el rendimiento y sistemas de vigilancia satelital. Según Pitch Book, el mercado de las tecnologías de defensa crecerá hasta los 184,7 mil millones de dólares para 2027.

El texto menciona compañías innovadoras como Andreessen Horowitz, Anduril, Shield AI, Skydio, que están interesadas en trabajar para la industria de defensa estadounidense, y otras como Apollo Defense (5), las que atraen a talentos jóvenes e incluso, estimulan a los estudiantes a crear sus propios proyectos en el campo de la tecnología de defensa o a trabajar en una de ellas.

Por cierto, la rotación del sector militar en el campo de las tecnologías de punta y viceversa es una práctica típica de los Estados Unidos. Podemos recordar a Regina Duncan, quien desde 1996 trabajó en la agencia de tecnología de defensa avanzada DARPA, y en 2012 se trasladó a Google. Y el ex subdirector general de Apple, Tim Cook, quien fue nombrado para dirigir la división de innovación de defensa, informando directamente al Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Lloyd Austin.

Bien parecido es lo que ocurrió con el contrato del Pentágono (6) con la compañía SpaceX de Elon Musk para proporcionar a las fuerzas armadas de Ucrania los terminales Starlink de comunicaciones, que resultó ser solo la punta del iceberg. Al final se conoció que existía un “contrato secreto” (7) por 1,8 mil millones de dólares con la oficina nacional de inteligencia espacial militar, dependiente del Pentágono. Según las fuentes, los satélites son capaces de rastrear objetivos en la tierra “casi en cualquier parte del mundo” y transmitir instantáneamente los datos a los exploradores y militares.

En el contexto de ciertos planes previamente anunciados para poner próximamente en la órbita baja de la tierra cientos de satélites, este “doble fondo” en la compañía de Musk parece otra expansión de los tentáculos del Pentágono a través de las compañías de Inteligencia Artificial (IA), como anteriormente lo hicieron con Google, Amazon y Facebook, atrayéndolos como contratistas en una serie de temas específicos, desde la realización de operaciones de información y psicológicas hasta el desarrollo de programas informáticos y aplicaciones especiales.

Pero teniendo en cuenta toda la historia de la toma de decisiones políticas en los Estados Unidos y la base misma del sistema político conocido como el “triángulo de hierro”, es decir, la relación entre los miembros del Congreso, la burocracia y los grupos de interés, se puede concluir que esta nueva simbiosis se creó más bien en interés del propio capital de riesgo. Y todavía queda por verse si el Pentágono puede asumir estas innovaciones dentro de sus propias reglas y restricciones, o si tal vez se convertirá en rehén de un nuevo modelo de relaciones.

En cualquier caso, tal cooperación conducirá a la militarización de la conciencia de cientos de pequeñas empresas y empresas que verán esto como una oportunidad para maximizar sus ganancias. Y, como en el caso de SpaceX, siempre quedará una sospecha: ¿no es otra compañía innovadora que promete mejorar la vida de los ciudadanos comunes, o será un contratista del Departamento de Defensa de los Estados Unidos que trabaja, en primer lugar, para la máquina de guerra estadounidense?

(Traducción del ruso: Oscar Julián Villar Barroso. Doctor en Ciencias Históricas y Profesor Titular de la Universidad de La Habana)
rmh/ls

(1) https://govciomedia.com/new-office-to-help-pentagon-address-innovation-valley-of-death/

(2) https://www.realcleardefense.com/articles/2015/02/23/ash_carter_invest_in_the_offset_strategy__107654.html

(3)https://media.defense.gov/2024/Mar/09/2003409961/-1/-1/0/FY24-INVESTMENT-STRATEGY-FOR-THE-OFFICE-OF-STRATEGIC-CAPITAL-DISTRIBUTION-STATEMENT-A-%20APPROVED-FOR-PUBLIC-RELEASE.PDF

(4)https://www.google.com/url?sa=D&q=https://www.washingtonpost.com/technology/2024/02/17/silicon-valley-military-tech-defense-contractors/&ust=1711029480000000&usg=AOvVaw1WQKGNrQ5akhhZNI7iQPXW&hl=es-419&source=gmail

(5) https://www.apollodefense.group

(6) https://defensescoop.com/2023/06/01/pentagon-contracting-with-spacexs-starlink-to-provide-satellite-communication-capabilities-for-ukraine/

(7) https://www.forbes.ru/tekhnologii/508273-reuters-uznal-o-sekretnom-kontrakte-spacex-s-pentagonom-po-zapusku-sputnikov-spionov

(*) Leonid Savin Director de la Fundación Fidel Castro para el desarrollo de las relaciones ruso-cubanas, con sede en Moscú; investigador científico asociado de la Universidad de Rusia de la Amistad con los Pueblos (RUDN); miembro de la sociedad científica militar del Ministerio de Defensa de Rusia; autor de numerosos libros sobre temas vinculados con conflictos, la geopolítica y las relaciones internacionales, publicados en inglés, español, italiano, portugués y persa.

”El atentado terrorista de Moscú lleva el sello de “los de siempre”, es parte de la guerra híbrida global fragmentada y demuestra la derrota y el fracaso de la OTAN en Ucrania“.

Alrededor de este concepto, el director de Dossier Geopolítico Carlos Pereyra Mele plantea su columna del Club de La Pluma, al abordar la matanza en el Crocus City Hall de Moscú, el pasado 22 de Marzo. También tiene palabras, “en este doloroso domingo de Pascua”, para miles y miles de trabajadores estatales argentinos, despedidos sin justa causa y en una acción inhumana de salvajismo político del gobierno de Milei.

Sobre el asesinato en Rusia de más de 140 civiles y centenares de heridos, primero desmenuza algunos puntos claves del tema como:

  • Que todo atentado terrorista se realiza con fines políticos.
  • Que desde el éxito que tuvo EEUU en los 80 al adiestrar y armar Talibanes en su guerra contra la ex Unión Soviética, Occidente siempre recurre al expediente del terrorismo como forma de intervención planetaria para desestabilizar países incómodos y para luego someterlos con el argumento de combatir ese mismo mal.
  • Que no existe un terrorismo internacional organizado sin un poder estatal internacional y orgánico que lo respalde y le dé la suficiente capacidad criminal en cualquier rincón del mundo.
  • Que desde luego, EEUU tiene esa capacidad.
  • Que el ISIS fue una “creación propia” de los servicios secretos occidentales, tal cual lo reconocen Hillary Clinton, Macron, Trump o Boris Jonson, asegurando que “… se equivocaron con sus rebeldes moderados que no pudieron controlar” al darle formación, equipamiento, financiación y armamento.
  • Que el ISIS, como terrorismo internacional yihadista, fundamentalista y de supuesto fundamento musulmán nunca atentó contra Israel, el verdugo de su propio mundo
  • Que el terrorismo fue utilizado por Occidente para poder incrementar el control social, la quita de libertades individuales y los derechos de sus propios ciudadanos.

En cuanto al atentado de Moscú, Pereyra Mele también plantea más preguntas que respuestas:

  • ¿A quién beneficia el atentado, producido a pocos días de la estruendosa victoria de Putin, que tanto irrita a la prensa anglosajona?
  • ¿Por qué rechazan las investigaciones de Moscú, cuando está confirmado que los asesinos entraron por la frontera de Turquía y trataron de huir por la de Ucrania demostrando un enorme respaldo logístico?
  • ¿Qué tipo de fanáticos islamistas son éstos, que huyen en lugar de suicidarse, que actúan por dinero y no por Alá, y que matan durante el Ramadán?
  • ¿Por qué Estados Unidos y sus socios desligaron a Ucrania del operativo de inmediato y faltando aún información?
  • ¿Qué credibilidad tiene que Ucrania no se responsabilizara del atentado, igual que negó la destrucción de los gasoductos del Báltico o el asesinato de la hija del filósofo ruso Duguin y de otros actos terroristas de su evidente autoría?

Y cerrando el tema, nuestro director conjetura sobre la terrible hipótesis que Rusia hubiese reaccionado como Netanyahu cuando el ataque de Hamás en Israel, que desencadenó el horrible genocidio palestino. Desde luego ello no ocurrió gracias a la mesura del gobierno ruso, aunque queda latente la siniestra posibilidad de que esa haya sido la intención de la barbarie, mientras la OTAN sucumbe en Ucrania y sus líderes -como Macrón- levantan vientos de guerra como preludio de un holocausto nuclear.

Eduardo Bonugli (Madrid, (31/03/24)

ANEXOS SOBRE LOS RESPONSABLES DEL TERRORISMO INTERNACIONAL

1 Cómo Estados Unidos creó a Estado Islámico

Donald Trump anunció la muerte de Abu Bakr Al Baghdadi, autoproclamado Califa del Estado Islámico, un grupo terrorista que EE.UU. ayudó a crear con su torpeza en Medio Oriente.

https://www.perfil.com/noticias/columnistas/como-estados-unidos-creo-a-estado-islamico.phtml

2 Las guerras de Hillary Clinton

Como Secretaria de Estado Clinton cerró la mayor exportación de armas de la historia de EE.UU, gran parte destinada al Golfo, y en concreto a Arabia Saudí

https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/guerras-hillary-clinton_129_3746396.html

3 Hillary Clinton y el brutal asesinato de Gadafi

El 20 de octubre de 2011 el presidente de Libia, Muammar al-Gadafi fue brutalmente asesinado por una turba de la OTAN respaldada por los «rebeldes», luego de ser golpeado y violado de la manera más brutal. La historia hoy no deja ninguna duda de aquel día no sólo asesinaron al líder libio, sino también a la propia Libia.

4 Impunidad de las potencias: Los financistas del terrorismo en Siria.

Dar armas a terroristas sale muy barato cuando estás en el bando correcto. Durante años y con la excusa de apoyar a los ‘rebeldes moderados’ contra Bashar al-Assad, Estados Unidos, Arabia Saudí, Qatar, Francia, Reino Unido y más países han entregado armas y dinero a auténticos integristas de la órbita de organizaciones como al-Qaeda e incluso el grupo terrorista ISIS antes de 2014. Y todavía hoy no se ha pedido la cabeza de los responsables.

https://www.annurtv.com/news-53832-impunidad-de-las-potencias-los-financistas-del-terrorismo-en-siria

Javier Benitez entrevista al Director de Dossier Geopolitico Carlos Pereyra Mele

En su conflicto con Rusia, Ucrania ha apostado por una táctica que ha enfurecido a EEUU porque le creará serios problemas económicos. Se trata de los ataques sistemáticos que Kiev viene ejecutando desde hace algunas semanas contra refinerías de petróleo rusas, y que están sacando de quicio a Washington por las graves consecuencias que desatarán.

AUDIO:

No es el primer aviso

Anteriormente, EEUU ya le había dado un toque de atención a Ucrania: lo hizo en pasados ataques de Kiev contra infraestructura petrolera rusa. Pero lejos de hacerle caso a su amo, Kiev ha decidido morderle la mano, que es la que le da de comer, al ser el país que lo patrocina desde hace muchísimos años.

Así las cosas, Washington ha instado a Kiev a detener los ataques a la infraestructura energética de Rusia, avisando que los ataques con aviones no tripulados corren el riesgo de hacer subir los precios mundiales del petróleo y provocar represalias, según personas familiarizadas con el asunto.

Las repetidas advertencias de Washington fueron entregadas a altos funcionarios del servicio de seguridad estatal de Ucrania, el SBU, y su dirección de inteligencia militar, conocida como GUR, refirieron las fuentes al Financial Times.

Al respecto, el Dr. Carlos Pereyra Mele, director de Dossier Geopolítico, apunta que este conflicto en territorio de Ucrania –donde desde 2014 están presente EEUU, Inglaterra, y posteriormente la OTAN– ha derivado en estas circunstancias.

«Es evidente que el accionar de estos ataques en territorio ruso realizados por fuerzas ucranianas, siempre han contado con la complicidad de Occidente. No nos debemos equivocar: Ucrania carece de satélites internacionales que permitan tener una visión clara de los objetivos sobre Rusia. Por lo tanto, esa información satelital viene de algún lado«, sostiene Pereyra Mele.

Por Vladimir Castillo Soto

La Unión Europea (UE) es una organización relativamente joven, apenas 30 años han pasado desde la entrada en vigencia de los Acuerdos de Maastricht, sin embargo piensa y actúa como lo que realmente es, una anciana con artritis, anquilosada y heredera de una historia de abusos, robos y guerras, lo cual no podrá cambiar ni con la magia del cine ni con la falsificación de la historia. Con esta pesada realidad encima es increíble que la UE pretenda ser ejemplo ético o moral para el resto del mundo. Su capacidad para interpretar, registrar y transmitir la historia con su óptica sesgada debe ser combatida de manera tenaz, eficiente y permanente.

Con toda esta carga negativa que arrastra la UE es imposible que sea realmente apreciada por los países fuera del subcontinente europeo, muchos de los cuales han sufrido en carne propia su colonialismo e imperialismo. Los países del sur, entre ellos los de Latinoamérica, saben por experiencia que en las relaciones con la UE y el resto de occidente siempre está presente una alta dosis de neo-colonialismo, expresado abiertamente, entre muchas otras cosas, en:

  • Los convenios de libre comercio que siempre buscan la manera de continuar extrayendo los recursos de la jungla ventajosamente para sus empresas e intereses;
  • Los acuerdos con organismos multilaterales e iniciativas como el “Global Gateway” cuyas condiciones financieras suelen ser muy desfavorables para los países receptores del sur global y que además imponen condiciones de ajuste muy duras para sus pueblos;
  • El colonialismo real que continúan ejerciendo el Reino Unido, Francia, Dinamarca, Holanda en Martinica, Guadalupe, Guyana francesa, Polinesia francesa, Curazao, Aruba, San Eustaquio, Groenlandia, Isla Malvinas, Sandwich y Georgias del sur, Santa Helena y otros muchos territorios a lo largo y ancho del mundo;
  • Las cobardes guerras de agresión de los Estados Unidos y la OTAN, a la que pertenece prácticamente toda la UE, en contra de países que ejercen su soberanía y no se subordinan al imperialismo;
  • Las írritas, espurias e ilegales sanciones coercitivas unilaterales, violatorias de la Carta Fundacional de las Naciones Unidas, contra Cuba, Venezuela, Nicaragua, Rusia, Irán, China, Corea del Norte, Siria, Bielorrusia, Zimbabue, República Democrática del Congo y muchos otros países, entre ellas destaca el robo descarado de las reservas monetarias y otros activos, evidenciándose con esto lo poco confiables que son como socios económicos;
  • El doble rasero presente en áreas como derechos humanos, justicia, democracia, economía y otros, siendo el peor de los últimos tiempos la postura asumida ante el genocidio que contra el pueblo palestino lleva a cabo el perverso Estado sionista, contra el cual no ha surgido una sola sanción, sino por el contrario se mantiene normal el intercambio comercial, incluso incrementando el de material bélico para continuar el asesinato masivo, principalmente de niños y mujeres palestinas.
  • A través de sus ONGs – Instituto Cervantes, Real Instituto El Cano, Fundación Conrad Adenauer, Fundación Friedrich Ebert, Alianza Francesa y tantas otras – que sirven como instrumento para la intervención en los más variados asuntos internos de los países anfitriones y como entes alienantes y transculturizantes.

Por otra parte, si revisamos algunas de las realidades y políticas que se viven a lo interno de la UE nos encontramos que si de democracia hablamos, todos los altos funcionarios de las estructuras de la UE, quienes toman las decisiones y definen las políticas, son designados “a dedo” por los gobiernos de los Estados integrantes y los lobbys presentes en Bruselas, la mayoría de los cuales representan intereses privados. Solo se eligen directamente los eurodiputados, quienes no suelen tener vínculos reales con los ciudadanos que los eligieron, con las consabidas excepciones que confirman la regla.

Si de libertades hablamos, podemos determinar que la población de la UE ha perdido buena parte las suyas sin darse cuenta o por lo menos sin defenderlas. En cuanto a la libertad de expresión es casi nula, ya que los ciudadanos no tienen acceso a los medios de comunicación, los cuales están muy concentrados, al servicio del gran capital y los gobiernos. Si a las redes sociales nos referimos, encontramos que también son manipuladas por grandes empresas que pueden imponer tendencias y viralizar noticias a su antojo, que venden y compran los datos personales de los ciudadanos y con algoritmos especiales son capaces de influir en la formación de la opinión de los usuarios.

Si se revisa la libertad de recibir información vemos como ha sido cercenada sin ninguna vergüenza después del inicio de la operación militar especial de Rusia en Ucrania, impidiendo a sus ciudadanos tener acceso a las fuentes de información rusas, como Sputnik y RT. Además observamos como acá también afecta la concentración, anteriormente mencionada, de los medios de comunicación masiva, las editoriales y de la industria cultural, los cuales al unísono mal informan, desinforman, tergiversan la realidad y crean matrices de información con el único fin de mantener al jardín en la senda de la conformidad controlada.

Por otro lado la sobrevaluación del euro, la crisis económica iniciada en 2008-2009, los efectos de las sanciones contra Rusia a partir de febrero de 2022 hace que la situación económica de la UE no sea nada halagüeña para la clase trabajadora, que va perdiendo las migajas del estado del bienestar, y a quienes los aumentos de alimentos, servicios, hipotecas y cánones de arrendamiento le afectan negativamente su devenir diario y su futuro, mientras del otro lado, por ejemplo, Rheinmetall, empresa armamentística de la burguesía alemana se ha enriquecido brutalmente desde el 2022, producto de mantener artificialmente viva la guerra en Ucrania hasta el último ucraniano y el apoyo a los genocidas sionistas.

La UE aparenta ser lo que no es. Aunque no se reconozca públicamente se sabe que desde el final de la II Guerra Mundial Europa renunció a su soberanía y anda a la cola de los Estados Unidos, en lo económico, político y militar, y le acompaña con gusto en sus agresiones imperiales

Lamentablemente para todo el mundo los gobernantes occidentales y sus estructuras de poder, entre ellas la UE, siguen comportándose con la prepotencia y arrogancia que les ha caracterizado. Están a punto de provocar una muy peligrosa conflagración mundial, por no querer aceptar que el mundo ha cambiado y que la brutal etapa colonial e imperial occidental está descomponiéndose aceleradamente. Un mundo multipolar indetenible está surgiendo para bien de la humanidad y no lo pondrá detener ni la UE con la OTAN, ni nadie.

Los pueblos europeos tienen el deber de impedir que hombres y mujeres como Macron, Jhonson, Kallas o Von der Leyen y muchos otros del mismo o peor talante logren lanzar al mundo por un despeñadero que parece no tener fondo. Deben luchar por un cambio en su cosmovisión y por la real democratización de la UE y sus estructuras, poniéndolas al servicio verdadero de los ciudadanos.

¡Solo el pueblo salva al pueblo!

Referencias:

  • Chevénement, Jean-Pierre. 2013. 1914-2014, Europa, ¿Fuera de la historia?. Editorial El Viejo Topo, España.
  • Ferrero, Ángel / Böröcz, József / Tulbure, Corina / Suso, Roger. 2014. El último europeo. Editorial La oveja roja, Madrid, España.

FUENTE «REBELION»: https://rebelion.org/la-union-europea-una-vision-desde-la-jungla/

GABRIEL MERINO, JULIÁN BILMES Y AMANDA BARRENENGOA

El Dr. Gabriel Merino autoriza su difusion en el sitio de Dossier Geopolitico

Publicado en: The Tricontinental.org


El siguiente trabajo aborda la última de las tendencias presentadas en una serie de cuadernos en los que se trabajaron distintas dimensiones de los procesos de crisis de hegemonía y transición histórico-espacial en curso, con particular foco en el ascenso de China. Nos proponemos culminarlos enfocándonos en las condiciones emergentes y en las perspectivas que se abren para Nuestra América y el conjunto del Sur Global en medio de estas transiciones y procesos de carácter estructural. La transición histórico-espacial a la que asistimos hoy abre un conjunto de reconfiguraciones y, con estas, posibilidades y nuevos desafíos que a continuación se busca abordar. Se trata de una transformación del propio sistema mundial y así debe entenderse el ascenso de China, inmenso país que hace sólo 70 años era uno de los más pobres del planeta luego del “siglo de humillación”.  Consideramos el escenario actual como una oportunidad histórica para los pueblos del Sur Global,  para volver a construir y fortalecer un proyecto nacional latinoamericano de soberanía, autonomía y justicia social. ARRIBA

Introducción

Como señalamos en los cuadernos anteriores, la referencia al ascenso de China en relación con el declive de EE.UU. como potencia unipolar ha sido el marco general a partir del cual estudiamos la transición histórico-espacial actual. En medio de estos procesos es que situamos la disyuntiva y tensión que recorre nuestra región, entre la profundización de la condición periférica, dependiente y “subdesarrollada” de nuestros países, o la posibilidad para recuperar la apuesta por la autonomía, la integración, la soberanía y la justicia social. Ambas se erigen en posiciones y construcciones opuestas que vienen generando distintas problemáticas, desafíos y oportunidades para los pueblos del Sur Global.

A continuación, estructuramos tres ejes para pensar, desde Nuestra América, la relación entre el declive del poder angloamericano -con centro en EE.UU.- y el avance de China como centro emergente de expansión de las fuerzas productivas y su estrategia alternativa para proyectarse a nivel mundial. En primer lugar, proponemos una reflexión general sobre las transiciones de poder -o hegemónicas- del capitalismo histórico y las oportunidades que abrieron para las periferias y semiperiferias del sistema mundial. 

En segundo lugar, como parte de la transición actual, nos adentramos en las reconfiguraciones que produce el ascenso chino en el Sur Global -antiguo Tercer Mundo-, en general, y con la región latinoamericana y caribeña, en particular. Se indaga en los instrumentos económicos, financieros y diplomáticos que son parte de la estrategia china de acercamiento a la región, qué discusiones, tensiones y posibilidades abren y cómo situamos a China en el marco de las heterogeneidades que coexisten en el Sur Global hoy. Por último, finalizamos planteando una lectura de las oportunidades, tensiones y desafíos que la actual etapa inaugura para nuestra región en términos geopolíticos y geoeconómicos.ARRIBA

La transición como oportunidad histórica

Una primera tesis a plantear aquí —a modo de “lección histórica”— es que las transiciones hegemónicas o del poder mundial abren condiciones para levantamientos, insurrecciones o insubordinaciones de los pueblos y naciones oprimidos. Son las etapas en donde se extienden en el sistema mundial las revoluciones y contrarrevoluciones. Claro está, no se trata de fenómenos mecánicos, sino que estas transformaciones adquieren sus singularidades en cada país y región, a la vez que se producen tanto flujos como reflujos de la luchas nacionales y sociales.

Siguiendo a Giovanni Arrighi, se pueden observar sucesivos ciclos sistémicos de acumulación del capitalismo mundial, desde sus inicios hacia el siglo XVI, cada uno de los cuales fue liderado por agencias estatales que definieron una hegemonía: España y Portugal junto con las ciudades-estado italianas capitalistas encabezadas por Génova, Holanda y las Provincias Unidas, Gran Bretaña y luego Estados Unidos. Es sólo a partir del ciclo británico en el siglo XIX, con la conquista de la India, la subordinación y declive de China como gran centro económico mundial y el reparto de África, que el sistema-mundo capitalista con centro en el Occidente geopolítico se vuelve mundial.  

Se puede rastrear en ese recorrido el tránsito del dinero como del poder político-militar, a la par que las transformaciones en las relaciones sociales de producción, usufructuando la acumulación originaria producto de la conquista de América: es sólo a partir de esa conquista que Europa occidental puede salir de su condición de periferia en Eurasia durante 1000 años. En esta dimensión económica y tecnológica fueron decisivas también las sucesivas revoluciones industriales, desde los siglos XVIII-XIX hasta la actual transformación del paradigma tecno-económico, pregonada como una “cuarta revolución industrial” (cuyo auge y disputa abordamos en el cuaderno anterior). 

De la mano de estas sucesivas reconfiguraciones en el poder mundial, los cambios políticos, tecnológicos y productivos impactan en las periferias y semiperiferias mediante distintos tipos de modernizaciones, en diferentes ámbitos: económico, productivo, comercial, político, institucional, social, etc. Ello transforma las sociedades periféricas al generar el movimiento de nuevos actores y clases sociales.

Para recuperar algunos ejemplos históricos, ello se puede ver en el marco de la transición hegemónica de 1790-1820, con el auge del movimiento independentista suramericano, frente a la crisis del imperio español desencadenada por la guerra interimperialista entre Francia y Reino Unido, siendo esta última potencia quien lograría instaurarse como potencia hegemónica del sistema mundo moderno-colonial y capitalista. Luego, más cerca en el tiempo, se puede observar con la transición producida hacia 1911-1945, ante el declive británico y el ascenso de sus más próximos competidores, EE.UU., Alemania y Japón, siendo estos dos últimos derrotados en las dos guerras mundiales y saliendo la potencia norteamericana anglosajona como vencedora de esta puja interimperialista. 

Como hemos señalado en un cuaderno previo, en esa transición se produjeron múltiples luchas de liberación nacional y social en las periferias y semiperiferias, como la Revolución Mexicana en 1910, la Revolución Rusa en 1917, la diversidad de expresiones nacional-populares en América Latina por esos años, la independencia en India de 1947, o la particularidad del proceso revolucionario chino, que comienza en 1911 con la “Revolución de Xinhai” y se corona en 1949 con la fundación de la República Popular, bajo el liderazgo del Partido Comunista Chino. Esta oleada emancipatoria o “despertar” de los pueblos del Sur se institucionalizó luego en el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) a raíz de la Conferencia de Bandung de 1955.

Ahora bien, ante la actual transición de este siglo, que se abre hacia fines de siglo XX y principios del XXI y que hemos ido abordando desde sus principales dimensiones a lo largo de estos cuadernos, se produce también un proceso de reemergencia de las naciones y pueblos del Sur. En efecto, en un proceso que inicia en 1998, a medida que comenzaban a manifestarse los primeros síntomas de la crisis de hegemonía del proyecto financiero neoliberal y unipolar dominante, entraron en crisis los neoliberalismos periféricos en Nuestra América a la par que se producían grandes luchas sociales. Como resultado del ascenso de las fuerzas nacionales y populares, la reaparición de sectores neodesarrollistas en los grupos dominantes y un nuevo equilibrio de poder, llegan al gobierno importantes líderes como Hugo Chávez en Venezuela, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina y Evo Morales en Bolivia. También se produce en ese marco el resurgimiento de Rusia, de la mano de Putin, buscando volver a instituirse como polo de poder, y se produce el acercamiento estratégico con China que se cristaliza en la creación de la Organización de Cooperación de Shanghái en 2001.

Como se viene afirmando, el momento actual vuelve a inaugurar condiciones para la reemergencia de nuevos grupos, clases  sociales, que se articulan como fuerzas sociales y políticas, con las singularidades que este momento histórico presenta, y con las peculiaridades de quienes son parte de dichas dinámicas.ARRIBA

El Sur Global y China en el siglo XXI

Pensamos al Sur Global como un espacio integrado por distintas regiones y zonas del mundo que fueron periferializadas por el colonialismo-imperialismo europeo entre fines del siglo XV, con la conquista de América, hasta el s.XIX, con la conquista de las grandes civilizaciones asiáticas y África. Las potencias del Occidente geopolítico llegaron a controlar el 84% del mundo, hecho clave que explica su ascenso y lo que lleva al propio estadounidense Samuel Huntington a afirmar en su libro “Choque de Civilizaciones” que “Occidente conquistó el mundo, no por la superioridad de sus ideas, valores o religión (a las que se convirtieron pocos miembros de otras civilizaciones) sino más bien por su superioridad en la aplicación de la violencia organizada. Los occidentales a menudo olvidan este hecho; los no occidentales, nunca” . 

El Sur Global no es una categoría geográfica sino política y simbólica, aludiendo a los históricos clivajes Norte-Sur, centro-periferia, que estructuraron desigualmente el sistema mundial. Si bien la propaganda occidental incluiría también aquí el tándem desarrollo-subdesarrollo, el auge en curso de ciertas periferias y semiperiferias, en particular con el ascenso de China y las regiones de Asia-Pacífico y Eurasia, pone en tensión esa visión. 

El sistema mundial capitalista, en su fase de globalización y financiarización, ha profundizado el desarrollo desigual y combinado del proceso de acumulación de riqueza y poder, delineando, a la par, diferentes situaciones a lo interno de las periferias históricas —hoy devenidas en Sur Global—. En ese marco, el Sur Global también contiene en su interior heterogeneidades y jerarquías, entre las que se destaca el rol peculiar de la República Popular China. Como abordamos en el segundo cuaderno, a comienzos del siglo XX, China se encontraba ocupada por distintos imperialismos, con lo cual, se asumía como una “hiper-colonia”, según la definición de Sun Yat-sen. Ya triunfante la Revolución de 1949, Mao incluyó a su país como parte del Tercer Mundo, y China fue uno de los principales impulsores del MNOAL, proponiendo cinco principios para ello que fueron formulados por Zhou Enlai en 1964: respeto mutuo a la soberanía e integridad territorial, no agresión, no intervención de un país en los asuntos internos de otro, igualdad y beneficio mutuo, y coexistencia pacífica. 

En el presente, existe una doble condición paradojal: un país que proviene del Tercer Mundo —devenido Sur Global— resulta la mayor potencia emergente, y ha llegado a disputar las principales dimensiones del poder mundial. Por ello, el caso chino amerita un abordaje particular por los rasgos distintivos de su ascenso, además del modo en el que se materializa su auge en distintas escalas. De hecho, su propia reemergencia está modificando estructuralmente la jerarquía centro-periferia de la economía mundial. 

Como hemos señalado en un cuaderno anterior, luego de la crisis financiera global de 2008 resurgen con fuerza los polos de poder emergentes que se nuclean en los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) e impulsan una reconfiguración del orden mundial de signo multipolar y multilateral. Si bien el acrónimo había sido creado a principios de siglo por un analista del banco Goldman Sachs, en aras de promover nuevos mercados de inversión para la expansión del capital transnacional del Norte Global, estos países asumen ese agrupamiento en plena crisis mundial para avanzar con un proyecto estratégico propio. De este modo, mediante el desarrollo de capacidades estructurales y de fuerzas político-sociales que los respalden, estos nuevos poderes emergentes comenzaron a plantear la redistribución del poder y la riqueza mundial. Así, los BRICS devinieron en actor geopolítico, con base en el ascenso de China y Asia oriental y del sur, el establecimiento de alianzas euroasiáticas con tendencias contrahegemónicas, con un papel muy relevante de la Federación Rusa, y una creciente insubordinación del Sur Global. En aquel cuaderno nos referíamos a  la serie de nuevas instituciones multilaterales y compromisos Sur-Sur globales y regionales que se fueron creando en este sentido con el nuevo siglo.

Luego de 2011, con el recrudecimiento de la contradicción entre polos centrales y emergentes, se profundizan estas iniciativas díscolas, y en 2014 el foro de los BRICS lanza una nueva arquitectura financiera y productiva mundial en su 7° Cumbre, en Brasil, mediante la creación del Nuevo Banco de Desarrollo y el Fondo de Reservas de Contingencia. Si bien en años posteriores la iniciativa del bloque mermó, producto de ciertos cambios políticos de sus miembros (como la asunción de Michel Temer y luego Jair Bolsonaro en Brasil, luego del golpe a Dilma Rousseff en 2016), China volvió a la carga para revigorizar el bloque en 2017 mediante la idea de “BRICS+”. Desde entonces, la apertura a nuevos miembros ha concitado el interés de numerosos países “emergentes” (periféricos o semiperiféricos) provenientes del Sur Global. En la actualidad, ya han sido invitados 6 nuevos miembros para sumarse a partir del 1º de enero de 2024: Arabia Saudita, Argentina, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán. Además, hay unos 14 países que aparecen como “candidatos” para integrarse, sea al bloque en su conjunto o a algunas de sus instituciones en particular, como el Nuevo Banco de Desarrollo, precedido por Brasil mediante la figura de la ex Presidenta Rousseff desde el mes de abril de 2023. 

En términos geopolíticos hay que destacar que la ampliación de seis países a los BRICS significa la incorporación de cuatro de ‘Medio Oriente’ —o de la región centro de Afro-Eurasia—, un lugar clave de la disputa política y estratégica mundial, donde predomina la cultura y religión islámica. Además, tres países son actores centrales de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Por otro lado, de confirmarse el proceso, a partir del próximo año serían parte de los BRICS+ tres países africanos y dos sudamericanos, ampliando la representación del Sur Global en dos continentes en disputa y fortaleciendo el proceso de insubordinación tricontinental, que en el caso de América del Sur implica fortalecer la conformación de un polo de poder desde el cual participar con voz propia o mayor autonomía en un escenario multipolar.

China, en particular, ha impulsado con fuerza este proceso, lo cual se aprecia en que, durante su presidencia del bloque en 2022, organizó más de un centenar de eventos con el logo de “BRICS Plus” y atrajo la participación de más de 50 países no pertenecientes al bloque. Según nuestra perspectiva, los BRICS constituyen el puntapié de una nueva institucionalidad multipolar multilateral a partir de la cual delinear un nuevo orden mundial. Allí pueden articularse y converger distintos polos de poder, Estados continentales que vertebren sus propios proyectos nacionales de desarrollo.

Como se viene afirmando, resulta auspicioso para los pueblos y naciones del Sur Global un escenario futuro de alianza de múltiples Estados continentales, en tanto articulación más democrática de los grandes espacios culturales y en pos de una nueva propuesta civilizatoria, máxime en una era de riesgos y amenazas globales y de gran incertidumbre para la humanidad producto del desarrollo desenfrenado del sistema mundial capitalista, moderno y colonial desde el siglo XVI.

En torno a lo anterior, se debe considerar que China viene anunciando en los últimos años un conjunto de Iniciativas: de Desarrollo Global, de Seguridad Global y de Civilización Global, en el marco de su propuesta de Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad, todo lo cual se articula y monta sobre la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR, popularmente llamada “nueva ruta de la seda”). No se trata de afirmar aquí que China expresa el liderazgo de la liberación de los pueblos, sino de prestar atención a las perspectivas que se abren para ello ante la actual crisis de hegemonía estadounidense-británica y occidental, el ascenso de China y la transición histórico-espacial del sistema mundial. A la par que, también, pensar estos procesos de manera relacional para las condiciones emergentes para el Sur Global.

En los últimos años, China se ha convertido en el primer socio comercial de la mayoría de los países del mundo, como se puede ver en el gráfico a continuación, y ello se articula con su avance exponencial en materia de inversión (ítem en donde sobresale la IFR y su andamiaje empresarial y bancario asociado) y adquisiciones.

A su vez, la tendencia de la última década de las exportaciones de China para el Sur Global es de claro crecimiento, a la par que disminuye su orientación para EE.UU., Europa y Japón, llegando en la actualidad casi a duplicarse, como se puede apreciar en el siguiente gráfico (aquí se puede consultar su fuente):

En este marco, toma cada vez más fuerza la discusión sobre el carácter de China y lo que implica su ascenso para los pueblos y naciones del Sur Global. Tanto por izquierda como por derecha se acusa a la potencia oriental de ser un nuevo imperialismo y de comportarse de tal modo en su crecientes vínculos con África y América Latina. 

Desde una perspectiva latinoamericana, y coincidiendo con Claudio Katz en torno a correrse de la idealización y/o demonización de China, la estrategia de esta para con la región se corresponde con un proceso sostenido y veloz con distintas propuestas de grandes volúmenes de inversión en áreas estratégicas: tecnología, infraestructura (puertos, corredores bioceánicos, puentes carreteros, etc), petróleo, gas, minería, metales; además de préstamos financieros. Como parte de su “astucia geopolítica”, una diferencia sustancial con Estados Unidos radica en el terreno militar: en lugar de subordinar a los gobiernos latinoamericanos a sus reglas y hacerlo por la fuerza, China ha sabido captar las necesidades locales a partir de toda una batería de propuestas que conforman su estrategia de acercamiento, sin uso de la fuerza militar o presiones políticas. La condición que sí sostiene es romper relaciones con Taiwán (parte de su territorio en conflicto desde la revolución de 1949), lo cual muestra que el modo de hacer negocios de China no va de la mano con lo que Katz considera una “norma imperial”, es decir, no es a través de la imposición forzosa ni del instalamiento de bases militares o tropas que se desarrolla su estrategia de negocios con América Latina. Como señala el autor, es aquí donde radica una distinción fundamental que hace al concepto mismo de imperialismo, el cual conlleva el uso de la fuerza para la imposición en un territorio. Algo diferente de ello es la crítica en torno a la dependencia económica que los acuerdos con China pueden generar para nuestra región, por ello es preciso remarcarlo. 

De esta manera, los distintos actores económicos y empresariales, y los propios Estados de la región vienen aprovechando el nuevo momento, lo cual abre otro conjunto de discusiones en torno a cuál va a ser la estrategia propia para negociar con China. Se trata de un desafío para el Sur Global, en torno a la posibilidad de establecer las propias condiciones para que las relaciones con China puedan contribuir en la promoción de estructuras productivas e institucionales con un padrón inclusivo en términos sociales, y que busque reducir las asimetrías espaciales.   

Nos centraremos con más detenimiento en el próximo apartado sobre lo que hace a nuestra región, pero primero viene bien considerar el caso africano, prestando atención al rol de China en ese territorio. 

Por un lado, medios y analistas occidentales repiten la idea de una diplomacia china de “trampa de la deuda”. Sin embargo, China anunció recientemente su decisión de renunciar al cobro de al menos 23 préstamos que habían sido otorgados a 17 países africanos, a la par que redirigió alrededor de 10 mil millones de dólares que mantenía en sus reservas del Fondo Monetario Internacional (FMI) al continente africano. Por otro lado, líderes europeos han “retado” a sus pares africanos por sus crecientes vínculos con China y Rusia, y recibieron fuertes desplantes de sus contrapartes, quienes denunciaron la doble moral y discurso de la propaganda occidental y su enmascaramiento del histórico saqueo imperial colonial europeo en sus territorios. Por último, ante la creciente competencia entre las fuerzas del occidente geopolítico y las fuerzas emergentes con centro en Eurasia por la influencia económica y política en África, los líderes del continente encuentran en los últimos años distinto tipo de ofertas de cooperación: de índole estratégico militar y de seguridad por parte de Rusia (ahora con un auge de actividad en el Sahel), como también en materia de inversiones en desarrollo de hidrocarburos, minería, abastecimiento de granos y proyectos de energía nuclear; de inversión en infraestructura, créditos blandos y tecnología de punta por parte de China, deseosa de energía y materias primas; y las viejas recetas neoliberales de empréstito que ofrecen EE.UU. y Europa, históricamente ligadas al intervencionismo político, social y militar.

Por ello, en el entramado heterogéneo que compone el Sur Global, y teniendo en cuenta su historia, lo que emerge a partir del ascenso de China es una plataforma material de desarrollo que compite con el viejo esquema conducido y sostenido hegemónicamente desde el unipolarismo angloestadounidense. En dicha estrategia, el Sur Global es interpelado como actor y parte fundamental, que ha sido periferializado y fragmentado como consecuencia de un tipo de desarrollo desigual. En el actual contexto de transiciones, interpretamos el momento que atravesamos como clave en términos de posibilidades de diseñar una estrategia propia ante la presente crisis, que tenga a la autonomía como un vector central.ARRIBA

El ascenso chino y los desafíos actuales para Nuestra América

Por último, nos abocamos ahora a detenernos con mayor profundidad en cómo impacta el ascenso de China y las reconfiguraciones dentro del Sur Global a las que hemos hecho referencia para la situación particular de Nuestra América. Nos preguntamos por las lógicas, mecanismos y actores que privilegian la estrategia china y el impacto que ello tiene para el desarrollo de los países de nuestra región. También, si producto de dicha asociación, las históricas asimetrías entre Norte y Sur, centro y periferia, se verán transformadas.

En primer lugar, retomamos someramente la siguiente periodización para lo que fue el giro nacional-popular acontecido en Suramérica con el nuevo siglo, aprovechando la “crisis en las alturas” para la reemergencia de un proyecto propio en la región. Con sus contradicciones y vaivenes, se inicia un proceso de auge nacional popular, con sus características particulares en cada país de la región.

Este proceso se inaugura con las primeras expresiones de la crisis de la hegemonía del proyecto financiero neoliberal y unipolar entre 1999 y 2002, luego de décadas de sostenerse y generar fuertes transformaciones en las sociedades latinoamericanas y caribeñas, produciendo un proceso de periferialización de Nuestra América desde fines de los años 70’ y principios de los 80’. Como marca de época, y como respuesta a la insistencia del Eje Atlántico por predominar y seguir avanzando en nuestra región, se rechaza el proyecto de Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), lo que sintetiza años de resistencias y contrapropuestas que aglutinan fuerzas y actores sociales en 2005. 

En tercer lugar, se desarrolla entre 2005 y 2011 el avance del nacionalismo popular latinoamericano —con sus rasgos específicos— en los distintos países, logrando distintos avances en materia de integración regional sudamericana y latinoamericana. Es también en 2011 que se lanza la Alianza del Pacífico como expresión de un nuevo intento de ofensiva del regionalismo abierto y subordinado a las fuerzas globalistas del Occidente geopolítico. Esto coincide con las primeras señales de freno y límite al regionalismo autónomo y su debilitamiento hacia 2015, luego de la proliferación de distintas iniciativas de integración como la Alianza Bolivariana de los Pueblos (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Con sus matices, se trató de distintos intentos por construir una unidad regional con ciertos grados de institucionalidad que persistiera en el tiempo, desde la autonomía y la defensa de instrumentos regionales ante las consecuencias de la hegemonía neoliberal en la región.

En quinto lugar, una contraofensiva del proyecto neoliberal, unipolar y de carácter financiero, que se profundiza desde entonces hasta los momentos previos a la pandemia en 2020. Quedan en este período en suspenso y desarticulados no sólo los ejes centrales sino las propias fuerzas nacionales y populares que venían haciendo pie en los Estados latinoamericanos, sufriendo un fuerte revés, lo que caracteriza el período a partir de la oscilación entre procesos de integración autónoma y desintegración, signados por pugnas y tensiones constantes que ponen un límite a los intentos de profundización. 

Este breve raconto nos sirve para retomar a partir de nuestras propias limitaciones y oscilaciones, y así poder pensar en proyectos nacionales y regionales de desarrollo autónomo, de modo de efectivizar la oportunidad histórica que implica la transición histórico-espacial en curso. Desde ahí podemos indagar el tipo de vínculo que entabla nuestra región y sus países con China, entendiendo que Nuestra América ha ganado un lugar de creciente peso en el ascenso mundial del gigante asiático y otros polos emergentes. Ello se plasmó institucionalmente con la publicación de los Libros Blancos que elaboró China para sus relaciones con nuestra región, en 2008 y 2016. 

Como se señala en el trabajo “El ascenso de China y el ingreso de la Argentina a la Iniciativa de la Franja y la Ruta”, en tanto gran taller industrial del mundo y enorme mercado de consumo en plena expansión (que ya cuenta con 400 millones de personas con ingresos reales equivalentes a los europeos y podría duplicar esa cifra en la próxima década), China es el gran importador mundial de materias primas. Ya hacia 2017, China consumía el 59% del cemento mundial, 56% del níquel, 50% del cobre, 47% del aluminio, 50% del carbón, 50% del hierro, 47% de la carne de cerdo, 31% del arroz, 27% de la soja, 23% del maíz y 14% del petróleo. En este sentido, la relación con América del Sur, gran productora de materias primas, resulta estructural. En otras palabras, la “super-expansión” material de China, tanto de su mercado interno como a nivel mundial, tiene como consecuencia una transformación sistémica que necesariamente impacta en múltiples dimensiones en América Latina, en tanto China deviene (junto a Asia Pacífico) en el principal polo mundial de desarrollo de las fuerzas productivas, bajo una combinación de modos de producción que se sintetiza en la fórmula “socialismo de mercado” y da lugar a otro modo de “globalización” que coexiste con el viejo proyecto en crisis. Esto se traduce en números: el volumen de comercio entre China y América Latina aumentó 35 veces en este siglo, de $14.000 millones en el 2000 a $500.000 mil millones en 2022. 

Los puntos claves del interés económico chino en nuestra región se pueden sintetizar en energía -en sus distintas formas-, materias primas y recursos naturales estratégicos, y, ligados a ello, obras -y corredores- de infraestructura que permitan y potencien la provisión de estos bienes, así como también consoliden a Beijing como el centro impulsor del desarrollo de infraestructura a nivel mundial. En esto último juega un rol clave la IFR o “nueva ruta de la seda”, la mayor apuesta a nivel mundial de conexión del comercio y los transportes, por tierra y mar, primero pensada para Eurasia pero que se fue ampliando e incorporó a nuestra región hacia 2017-2018. Ya se han sumado 22 países de América Latina a dicha iniciativa. A la par, desde 2009 China se ha convertido en el primer o segundo socio comercial, inversor y acreedor extranjero de la mayoría de los países de la región, y esta constituye, luego de Asia, la segunda en importancia como destino de la inversión china. Entre 2005 y 2019, la inversión extranjera directa (IED) de China en América Latina representó $ 130 mil millones de dólares. 

Este profundo acercamiento y asociación de China con la región —que en términos más amplios cuenta con asociaciones de cooperación en múltiples áreas y la firmas de acuerdos estratégicos con varios países— ha desequilibrado en términos geoeconómicos el histórico poder unipolar estadounidense y “occidental” sobre el continente y, al mismo tiempo, ha generado nuevos conflictos que también impactan en nuestros países reconfigurando las agendas de política interna y externa.

En esta relación juegan un rol de creciente importancia los proyectos de infraestructura. Se trata de una cantidad enorme de proyectos ya realizados, en ejecución o en perspectiva, de puertos, caminos, ferrocarriles, y corredores bioceánicos. También desarrollos en materia energética, ductos y redes. América Latina ya es el segundo mayor destino de ese tipo de obras, que se expanden a un ritmo galopante, debido a la ingente necesidad de inversiones de la región en este aspecto. Incluso van más lento de lo que podrían avanzar por las presiones de Washington en nombre de su “seguridad nacional”. Vinculados también con los objetivos de ampliar el comercio entre América Latina y el Caribe y Asia Pacífico, estas megaobras tienen como característica central la planificación a largo plazo, las inversiones por parte de bancos chinos y la articulación con empresas también chinas. En estos procesos, va también en aumento la internacionalización de las empresas no sólo constructoras, sino también tecnológicas, científicas, de energía, etc; de sus bancos; y de su moneda. Asimismo, los intercambios de monedas entre Bancos Centrales de países como Brasil y Argentina con China, vienen signando la relación en estos tiempos. 

Este tipo de acuerdos financieros permite “aliviar” las delicadas situaciones en las que se encuentran las economías de la región. Ya sea debido a coyunturas de   de restricción externa por caída de las exportaciones, fuga de capitales, o bien a causa de los los condicionamientos impuestos por los organismos multilaterales del Norte Global . Al igual que en el contexto 1999-2001, la dolarización vuelve al debate público en países como Argentina, ante lo cual la asistencia de China para que Argentina le pague al FMI con yuanes y enfrente una situación muy delicada de desplome de las exportaciones por una fuerte sequía y falta de divisas (que hubiera llevado a una mega devaluación y enorme ajuste, como quería el FMI), marca las transformaciones que viene habiendo a nivel también económico financiero (terreno en el que también EE.UU. y China compiten).

A la par de lo anterior, la expansión material china (en términos económico comerciales, financieros, en infraestructura y tecnología) ha ido acompañada de herramientas diplomáticas que contribuyen en la búsqueda de una posición geopolítica de relevancia global. Ejemplo de ello es la conformación en 2014 del Foro China-CELAC (en referencia a la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños, el organismo de integración regional de mayor escala, reuniendo a los 33 países latinoamericanos y caribeños, impulsada por Chávez y los líderes nacional populares nuestroamericanos hacia 2010). 

Como hemos señalado desde los inicios de este equipo de investigación, aparece como un dato de relevancia que China haya sostenido a la CELAC en pleno embate de restauración conservadora neoliberal que se produjo en los años posteriores en Nuestra América y que desarticuló, debilitó y/o paralizó la UNASUR, el Mercosur y la concepción autónoma de la integración regional, reduciendo la misma a un mero agrupamiento para complacer los objetivos geopolíticos estadounidenses y occidentales en la región (como el Foro Prosur o el Grupo de Lima). Es que la potencia asiática ve útil un organismo que reúna a toda la región y con el cual poder entablar proyectos y asociaciones conjuntas a mediano y largo plazo, lo cual constituye una particularidad del accionar chino a lo interno y a lo externo. Para nuestra región resultó algo muy importante, habiendo retomado la conducción estratégica de la CELAC y el regionalismo autónomo desde 2018 de la mano de López Obrador en México y los nuevos gobiernos de la “segunda ola” progresista -y tímidamente nacional-popular, por lo general- en la que nos encontramos en la actualidad.

China genera grandes desafíos para nuestra región, cuya presencia conlleva también importantes tensiones, y por momentos, oscilaciones. Por un lado, aparece como un socio en materia geopolítica, como parte fundamental de las fuerzas  y el creciente mundo multipolar, en pos de ampliar los márgenes de maniobra y autonomía. Tanto las nuevas alianzas internacionales, la inclusión en los BRICS y su banco de desarrollo, la IFR y el BAII, pueden aportar a diversificar fuentes de financiamiento e inversiones, e incluso también cierta eventual cooperación y transferencia tecnológica (en tensión y no de manera lineal). Pero por otro lado, en términos económicos, los tipos de vínculos comerciales entablados reproducen el perfil primario de nuestras exportaciones (con bajo componente de valor agregado – trabajo en origen). Sumada a esta situación —que se corresponde con un proceso de desindustrialización desde el quiebre de los años 70’, que sólo se frenó en parte en los años 2000s—, el ascenso de los vínculos comerciales de China con países de la región, ha ido en detrimento del comercio intrarregional, del cual el MERCOSUR es un ejemplo. 

En este sentido es que se ha planteado la existencia de una “geoeconomía híbrida” de China en Suramérica, que presenta una cooperación paradójica, cuyos beneficios pueden ser también dañinos, implicando tanto desarrollo como dependencia (o desarrollo del subdesarrollo, al decir de Gunder Frank). Es que, en caso de proseguir un tipo de vínculo así con China, aparecen riesgos económicos ciertos de profundizar un perfil primario exportador sin valor agregado en origen, desindustrialización y pérdida de complejidad económica para nuestra matrices productivas. Y al mismo tiempo, se trata de un socio estratégico de gran potencial para superar esta condición periférica, “subdesarrollada” y dependiente de nuestras economías. 

Ahora bien, para superar esta especie de paradoja, hace falta un proyecto nacional y regional de desarrollo sostenido desde nuestro lado, con visión y planificación estratégica, densidad nacional, capacidades estructurales y enraizamiento social popular. Se trata aún de una tarea pendiente, algo a diseñarse, construirse y consolidarse en el tiempo más allá de los vaivenes. Es decir, la relación con China y el mundo emergente con centro en Asia Pacífico va a depender del proyecto que definamos nosotros y nosotras en nuestros propios países y en nuestra propia región. Beijing no posee un patrón de desarrollo imperialista o de tipo “occidental”, por el cual los procesos de acumulación se garantizan y refuerzan mediante la fuerza política y militar. Pero tampoco va a liberar a Nuestra América de la dependencia, del lugar que ocupa en la división internacional del trabajo y en las jerarquías interestatales. Pretender eso es reproducir la mentalidad colonial. Sólo los pueblos pueden liberarse a sí mismos y encontrar sus mejores caminos al desarrollo; en todo caso, en ese camino pueden encontrar mejores oportunidades y socios que le ayuden. Eso significa China para nuestra región y de ahí que la paradoja deba interpelarnos, ante todo, a nosotros mismos. 

Ante la ausencia de un proyecto de integración regional consistente, junto con las crónicas crisis económicas, políticas y sociales que enfrentan nuestros países, el vínculo con China es visto como una posible “solución” o salvación para nuestros problemas. En esta salida intermedia, suelen perderse de vista las consecuencias aún vigentes del hecho de no contar con una perspectiva propia, soberana y autónoma acerca del desarrollo en el mediano y largo plazo. Es decir, cómo prever un desarrollo que coincida con la demanda de productos chinos pero que, a la vez, permita diversificar y multiplicar el comercio intrarregional. Es decir, un tipo de articulación que priorice la complementariedad para un desarrollo autónomo, y que pueda revertir el carácter deficitario y primarizado del vínculo comercial con la potencia asiática. Por ello, la relación con China trae aparejados debates y decisiones estratégicas en dirección a priorizar nuestra soberanía y proponer caminos concretos para ello. En estos, la planificación estatal resulta central para el diseño de políticas que puedan sostenerse en el tiempo en la construcción de una agenda conjunta, para lo cual se puede aprender la misma experiencia china al respecto. 

Por ello, en el marco del ascenso chino en el mapa de poder mundial, es crucial la definición en torno al rol que van a tener los Estados latinoamericanos y caribeños en el nuevo esquema de transición histórico-espacial. Como hemos planteado en cuadernos previos, nos encontramos en lo que podría denominarse como un trilema en Nuestra América: 1) avanzar en una mayor periferialización regional atados y subordinados en términos políticos y estratégicos al  polo de poder angloestadounidense en declive y a un mundo en crisis; 2) ir hacia una neodependencia económica con China, combinada con una subordinación estratégica al establishment occidental (con sus distintas fracciones en pugna), para garantizar el “desarrollo del subdesarrollo” en la fórmula de André Gunder Frank: es decir, otorgar alguna viabilidad a los proyectos de factorías primario-exportadoras de los viejos grupos dominantes; 3) aprovechar el escenario de crisis mundial y multipolaridad relativa, así como las implicancias del ascenso de China y las profundas transformaciones del sistema mundial -en donde aumentan las presiones por democratizar la riqueza y el poder- para resolver las tareas de la segunda independencia.

En otro sentido, los desafíos se vinculan con el diseño de políticas públicas regionales en áreas estratégicas a partir de las cuales pensar el desarrollo de la región, en un mundo en transición que tiene muy presente la riqueza de nuestros territorios: recursos estratégicos que están en el medio de lo que ha sido denominado como un “nuevo ALCA” (Alimentos, Litio, Combustibles y Agua), dado el manifiesto interés de EE.UU. por asegurarse tales recursos en nuestra región, ante su creciente disputa con China y sus aliados. Si los organismos internacionales se aprestan a promocionar en nuestros países las “ventanas de oportunidad” que representan los cambios tecno-productivos en curso, es importante notar ese exponencial aumento de la desigualdad entre posiciones de centro y de periferia a lo largo del globo. 

Sin embargo, esa ventana de oportunidad puede efectivamente construirse, en tanto opción geopolítica, bajo un proyecto de desarrollo autónomo y soberano. Aparecen, pues, verdaderos desafíos y oportunidades para nuestros países, en determinadas áreas y sectores industriales y tecno-científicos, siempre y cuando se apunte a fortalecer las propias capacidades socio-estatales, el empleo y la producción nacional-regional. La experiencia de China, que se inicia como proceso revolucionario nacional y social a partir de 1911 y tiene como puntos centrales la victoria de las fuerzas del PCCh en 1949 y las reformas de fines de los años 70’,  representa un importante ejemplo, no para copiar pero sí para extraer lecciones al respecto. Sus 14 planes quinquenales, su capacidad para absorber con autonomía el desarrollo científico-técnico del Norte Global o su capacidad para dar enormes saltos tecnológicos en los últimos años a partir de la exitosa planificación estratégica estatal aportan enormes enseñanzas para los pueblos del Sur Global. A la par, puede ser un buen aliado en un camino de este tipo, como demuestran los acuerdos entre instituciones y empresas de países como Argentina y Bolivia para la industrialización y agregado de valor en origen en recursos en auge como el caso del litio.

En nuestro propio contexto latinoamericano, resulta clave para ello la identificación de los sectores productivos con potencialidad para aprovechar las eventuales ventanas de oportunidad, en base a las historias, trayectorias y capacidades construidas en las economías de nuestros países. Esto es, definir en los acuerdos con China y nuestros preciados recursos en auge y disputa, los rubros, sectores, cadenas y/o segmentos donde poner en juego fuerza de trabajo, insumos, empresas y tecnologías, fomentando el aprendizaje, escalamiento e innovación. Resulta clave también poder blindar los objetivos estratégicos que hacen a un proyecto de desarrollo autónomo frente a los consabidos vaivenes político-electorales, mediante una amplia participación popular y el disciplinamiento de actores empresarios concentrados que usufructúan la dependencia. Se trata, en fin, de pensar en un proyecto nacional latinoamericano soberano y autónomo, en tiempos de fuerte reacción neofascista, pero también de crisis y oportunidades.

FUENTE: https://thetricontinental.org/es/argentina/chinacuaderno6/

Como en 1914 y 1939 el gobierno norteamericano deja que sus aliados transatlánticos se involucren en una gran conflagración, para después forzar a su propio pueblo a seguirlos

Por Eduardo J. Vior analista internacional especial para Dossier Geopolitico

Las versiones sobre el ingreso de tropas francesas, alemanas y polacas en Ucrania y el sangriento atentado en Moscú de indudable factura ucraniana, en el que fueron asesinadas 143 personas, indican que EE.UU. está dispuesto a todas costas a prolongar y escalar la guerra en el este de Europa, sin importarle las consecuencias. En efecto, ni uno ni otro pueden suceder sin, al menos, la aprobación de Washington. 

Ante la demora del Congreso norteamericano en enviar nuevas ayudas a Kiev…

Joe Biden parece estar repitiendo la receta de sus antecesores Woodrow Wilson en 1914 y Franklin D. Roosevelt en 1939: con suculentas ganancias para la industria armamentista estadounidense, empuja a sus aliados europeos a escalar la guerra en el Dniéper, para después convencer a su pueblo de la necesidad de intervenir directamente….

…De esta dinámica no se podría escapar ni siquiera un eventual presidente Donald Trump. Mientras tanto, la militarización de la economía europea sirve a EE.UU., para aumentar las ventas de armamento norteamericano y para azuzar la competencia entre Francia y Alemania y así someterlas más fácilmente. 

El supuesto básico de esta estrategia es que en Ucrania se pueda prolongar la guerra indefinidamente. ¿Y si no?

Este jueves y viernes se reunió en Bruselas el Consejo Europeo compuesto por su presidente, Charles Michel, la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y los jefes de Estado y de gobierno de los 27 estados miembros de la Unión Europea (UE). Además de comenzar las negociaciones con Bosnia-Hercegovina para su ingreso en la Unión Europea (UE), la cumbre de los Veintisiete decidió intensificar la compra conjunta de municiones a fabricantes europeos para su entrega a Kiev. También aprobaron un plan checo para la compra colectiva de municiones fuera de la UE (es decir, en EE.UU.), destinado a satisfacer la demanda de los Estados miembros ante la incapacidad de la propia industria para hacerlo. Sólo Hungría y Eslovaquia se oponen a esta carrera hacia la guerra.

La cumbre reclamó asimismo un alto el fuego en Gaza y prometió un paquete de ayuda para los agricultores europeos, pero terminó este viernes sin ponerse de acuerdo sobre la política migratoria. 

Aunque los 27 Estados miembros están aún lejos de un acuerdo, ya no descartan endeudarse juntos para financiar su industria de defensa y entregar armas a Ucrania, como hicieron para contener los estragos económicos de la pandemia del Covid-19. 

El cónclave de la UE decidió también destinar los intereses devengados por los 300 mil millones de dólares rusos congelados desde 2022 para ayudar a Ucrania. La incautación de los intereses de dichos activos va a afectar seriamente la confianza de los mercados en la seriedad de Europa como plaza bancaria. ¿Quién invierte tranquilo en un país o conjunto de ellos que en algún momento pueden incautarse los depósitos?


El Consejo Europeo se reunió en Bruselas

Desde el fin de la Guerra Fría todos los gobiernos norteamericanos y muchos líderes europeos vienen machacando sobre la necesidad de que Europa aumente sus gastos en defensa. Sin embargo, el reclamo de que el continente se reconvierta hacia una economía de guerra es de reciente data. Desde la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero pasado los más altos dirigentes europeos coinciden en que hay que prepararse para la eventualidad de una guerra directa contra Rusia. Entre los líderes de la UE cunde la inquietud ante la posibilidad de que Estados Unidos deje de sostener a Kiev y más aún, de que Donald Trump llegue a la Casa Blanca y reduzca la protección de Washington a sus aliados transatlánticos. En ese escenario, los Veintisiete llaman a proponer “acciones para reforzar la preparación y la respuesta a las crisis” con un enfoque abarcador que les sirve de plataforma para afrontar la próxima elección del Parlamento Europeo. 

Del 6 al 9 de junio próximo 370 millones de votantes están convocados a las urnas para elegir a los 705 diputados que representan a 448,4 millones de habitantes de la Unión Europea

El contexto es sumamente preocupante: la Comisión Europea (CE) prevé un crecimiento del PBI continental de sólo el 0,9% y el Banco de Inglaterra, tras dos años de estancamiento, pronostica un crecimiento británico del 0,25%. Casi todos los países europeos están afectados por el alto costo de la energía, las elevadas tasas de interés, la inflación, el desempleo y la inmigración creciente.

Como consecuencia, las huelgas y las protestas sociales se multiplican y los movimientos nacionalistas y antieuropeistas ganan cada vez más fuerza electoral. Para salir de esta crisis, entonces, la mayoría de los partidos europeos buscan la panacea en la militarización de sus economías y pretenden hacerla aceptable agitando la vieja “amenaza rusa”. 

Particularmente Alemania se ha visto golpeada por la pandemia de Covid19 y la posterior fractura de Europa. La economía germana se contrajo un 0,4% en el último trimestre de 2023 y se espera que se reduzca otro 0,1% en 2024. Ya durante la pandemia la industria alemana sufrió la ruptura de sus cadenas mundiales de suministro y distribución, pero este proceso se aceleró desde 2022 por el bloqueo de la OTAN contra Rusia y la posterior voladura de los gasoductos Nord Stream I y II. El sideral aumento en los precios de la energía que se dio entonces (41%) afectó sus costos de producción y distribución y demolió el mercado interno alemán. La gran industria, entonces, comenzó a deslocarse hacia otros continentes. 

Al principio de la intervención rusa en Ucrania Berlín adoptó una postura moderada, pero el ala más pronorteamericano de su gobierno acabó imponiéndose bajo el liderazgo de los ministros de Relaciones Exteriores Annalena Baerbock (Alianza 90/Los Verdes) y de Defensa Boris Pistorius (Partido Socialdemócrata, SPD) quienes actuaron en estrecha coordinación con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que había sido ministra de Defensa de Alemania entre 2013 y 2019. Tras ello, el primer ministro socialdemócrata Olaf Scholz se declaró partidario de la “plena cooperación alemana con Estados Unidos” y Alemania se convirtió en el segundo mayor proveedor de armas a Ucrania. El gobierno alemán creó entonces un Fondo de Emergencia de 100.000 millones de euros para la adquisición de armamentos y en noviembre de 2023 el ministro de Defensa dio a conocer las “Nuevas directrices de la política de defensa alemana” que proponen que la Bundeswehr se convierta en la “columna vertebral de la disuasión y la defensa colectiva de toda Europa”. Pistorius, además, anunció el aumento del gasto militar alemán al 2% del PBI en 2024 y al 3% y 3,5% en 2025 y 2026, respectivamente. 

Este anuncio se realizó en total sintonía con la presidenta de la Comisión, quien proclamó su candidatura a la reelección prometiendo “gastar más, gastar mejor y gastar sobre todo en armamento producido en la propia Europa”. Por último, el 12 de febrero pasado el Canciller Olaf Scholz declaró a AFP que el plan de su gobierno era superar la crisis económica y asumir el liderazgo militar de Europa. Para ello, dijo, Alemania debe “abandonar su industria manufacturera, para concentrarse en la producción de armas a gran escala”.

Bruselas reaccionó a los planes armamentistas alemanes otorgando generosos subsidios. Las empresas germanas de armamento y productos químicos recibirán una gran parte de los nuevos fondos de la UE para el desarrollo de la producción europea de municiones y carrocerías de aeronaves. Según anunció el viernes 15 de marzo la Comisión Europea, más de 130 millones de euros del total de 500 millones se pondrán a disposición de proyectos alemanes. 

El discurso belicista del Canciller Scholz y los desembolsos de la Comisión Europea coinciden con las plataformas de los principales partidos alemanes para las elecciones europeas del próximo 6 al 9 de junio. Tanto los coalicionarios (Partido Socialdemócrata –SPD-, la Alianza90/Los verdes –B90/Die Grünen- y el Partido Demócrata Liberal –FDP-) como la opositora Unión Demócrata Cristiana/Unión Socialcristiana de Baviera han puesto la militarización de la economía alemana en el tope de sus programas para la elección parlamentaria europea.

Sin embargo, los sondeos de opinión indican que el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AFD, por su nombre en alemán) cuenta ya con el apoyo del 19% de los votantes y podría convertirse en el segundo partido de Alemania. Paradójicamente, aunque cuenta con una fuerte presencia de sectores neonazis, es la única fuerza relevante que reclama el fin de la guerra en Ucrania, el restablecimiento de las relaciones pacíficas con Rusia y la reanudación de los vínculos económicos con China.

A pesar de la hegemonía estadounidense, la sólida alianza franco-alemana permitió desde la década de 1950 desarrollar la integración de Europa Occidental con cambiantes grados de autonomía. Sin embargo, después de que Nicholas Sarkozy (2007-12) sucedió a Jacques Chirac (1995-2007) las diferencias de posiciones fueron en aumento. Angela Merkel (2005-21) hizo malabares, para mantener el equilibrio entre EE.UU., Francia, Gran Bretaña y Polonia, pero tras  su partida ambas diplomacias maximizaron sus apuestas.

No obstante, el endurecimiento de la retórica de Macron no es realista. Personalidades políticas francesas publicaron la semana pasada un manifiesto contra el plan del presidente de enviar tropas a Ucrania. De ellas, ocho son generales del ejército. Es evidente que la plana mayor del arma se opone al presidente. Sabe que su armamento es anticuado e insuficiente y que la doctrina militar francesa combina la disuasión nuclear con intervenciones puntuales en África y Asia, pero no prevé el enfrentamiento entre ejércitos regulares de masas, como sucede en Ucrania. 

Este viernes 22 circuló en las redes la información de que a Kiev habría arribado un numeroso contingente trinacional franco-germano-polaco y parece confirmada la participación de efectivos galos en diversos combates en los que, por otra parte, ya habrían sufrido cuantiosas bajas. El involucramiento europeo en la guerra en el este continúa en aumento.

Los datos públicos disponibles permiten colegir que está en marcha una gigantesca maniobra estratégica, para convertir la economía europea a la producción de armamentos, aumentar la exportación de material bélico desde EE.UU., persuadir a la opinión pública europea de la necesidad de la guerra e ir mandando tropas, hasta que Rusia las arrase y los líderes occidentales puedan justificar una intervención norteamericana. Es el modelo de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Entonces EE.UU. no provocó las guerras, pero las dejó estallar y escalar. Ahora está más urgido.

Esta estrategia ha sido ideada por el gobierno de Joe Biden, pero debe mantenerse incluso en caso de una victoria de Donald Trump. Si ganan los demócratas, EE.UU. insistirá para arrastrar a Rusia a una guerra contra toda Europa que justifique la intervención que su pueblo y su Congreso hoy le niegan. Así se aseguraría el control de Europa, su desindustrialización y dependencia financiera. Si, en cambio, vence el republicano, cual Nixon en 1969, se encontrará con una guerra en marcha que le costará parar. 

El cálculo de la OTAN se basa en el supuesto de que Ucrania aguantará el embate ruso lo suficiente, como para desplegar las tropas europeas allí. 

¿Qué pasa si el régimen de Kiev se derrumba antes de tiempo? Que todos tendrán que repartir las cartas nuevamente. La estrategia occidental supone la permanencia de las condiciones actuales, pero nadie puede garantizarlas. En tiempos de guerra los acontecimientos prevalecen sobre los planes. 

Nos aproximamos a una definición histórica, pero no sabemos cuál será.

!! HAITÍ: EL TRÁGICO PRECIO DE SER LIBRE !!

Una terrible verdad que sintetiza el contenido de esta columna del Club de La Pluma, del director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, en el día del 48º aniversario del inicio de “la larga y sangrienta noche argentina” por aquella tiranía cívico, militar y eclesiástica de 1976 que masacró al pueblo, que arruinó al país y que dejó montada una poderosa tenaza de poderes fácticos que anula su soberanía y le impide desarrollar sus potencialidades de acuerdo a su capacidad, su historia, sus dotes humanas, su tecnología, su ciencia y los gigantescos recursos naturales de este rico territorio, que es el octavo de tamaño en el mundo. Y que  coincide con el regreso al poder de los herederos de aquellos depredadores empresariales y financieros, siempre al servicio del imperio anglosajón, que están instalando otra dictadura “blanda” neoliberal y colocando a la Argentina en el bando perdedor de la guerra híbrida global fragmentada, que está destituyendo a Occidente del poder absoluto y global de los últimos 500 años.

En este audio históricamente desolador, se escalonan los dolorosos hechos que conformaron el destino trágico de Haití y de su pueblo a lo largo de sus 220 años de independencia, siempre sometido por las potencias blancas, occidentales, coloniales e imperiales, que en nombre del “mundo libre y democrático”, jamás le perdonaron haber sido el primer país independiente de Latinoamérica, ni el primero en declarar el fin de la esclavitud. Dos decisiones que ofendieron la ideología central y “los valores” del colonialismo, quién nunca perdonó semejante agravio y por lo que le condenó para siempre y con toda su maldad imperial a un destino terrible, agravado además por terribles desastres naturales.

De ser “La Perla de la Grandeur Francesa” gracias a la esclavitud y el expolio y bajo las banderas de la Libertad, Igualdad y Fraternidad, hasta los gobiernos títeres de EEUU y su doctrina del Caribe como su “Mare Nostrum”, Haití fue sometido a todas las vejaciones inimaginables de “La Civilización Occidental”. Primero con la alianza de las potencias en su contra que le hizo perder dos tercios de su población, con la imposición de una deuda externa a cañonazos, con el asalto de los marines para robarles oro por  500 millones de dólares, con la imposición de la dictadura financiera bajo la marca del City Group y con la continuidad de la política imperial blanca y colonialista, más la posterior geopolítica anglosajona, que en los últimos cien años ha sometido a América Central, imponiendo gobiernos y saqueando su economía, siempre con la complicidad de las oligarquías locales, que son igual de traidoras y entreguistas en todo el subcontinente.

También destaca el rayo de esperanza que significó, ya en este siglo, la presencia de las Fuerzas de Paz de la ONU, con excelentes profesionales militares argentinos, brasileros y uruguayos, que pusieron algo de orden, restituyendo algunas instituciones y abriendo alternativas de futuro. Pero que duro poco, ya que ninguna potencia quiere hacerse cargo del estado fallido que ellos provocaron. Por lo que siguieron más gobiernos títeres que desmantelaron las frágiles Fuerzas Armadas, profundizando una crisis terminal de todo tipo y que sintetiza EL TRÁGICO PRECIO DE HAITÍ POR SER LIBRE

Eduardo Bonugli (Madrid, (24/03/24)

Haití: una historia atravesada por la violencia y el intervencionismo extranjero

https://www.pagina12.com.ar/353928-haiti-una-historia-atravesada-por-la-violencia-y-el-interven

Hambre, terror y vudú: el Haití de Papa Doc

https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20210421/6979024/haiti-duvalier-pais-vudu-pobreza.html

Por Pepe Escobar

Se acabó el juego de sombras. Ahora es a cara descubierta. Sin restricciones.

Prueba 1: Viernes, 22 de marzo de 2024. Es la guerra. El Kremlin, a través de Peskov, finalmente lo admite, en el registro.

La cita del dinero:

«Rusia no puede permitir la existencia en sus fronteras de un Estado que tiene la intención documentada de utilizar cualquier método para arrebatarle Crimea, por no hablar del territorio de nuevas regiones».

Traducción: el chucho de Kiev construido por el Hegemón está condenado, de una forma u otra. La señal del Kremlin: «Ni siquiera hemos empezado» comienza ahora.

Prueba 2: viernes por la tarde, unas horas después de Peskov. Confirmado por una fuente europea seria -no rusa-. La primera contra-señal.

Tropas regulares de Francia, Alemania y Polonia han llegado, por ferrocarril y aire, a Cherkassy, al sur de Kiev. Una fuerza sustancial. No se ha filtrado el número. Están siendo alojados en escuelas. A efectos prácticos, se trata de una fuerza de la OTAN.

Eso significa: «Que empiecen los juegos». Desde el punto de vista ruso, las tarjetas de visita del Sr. Khinzal van a estar muy solicitadas.

Prueba 3: Viernes por la noche. Ataque terrorista en Crocus City, un local de música al noroeste de Moscú. Un comando fuertemente entrenado dispara a sangre fría, a quemarropa, a la gente que tiene a la vista, y luego prende fuego a la sala de conciertos. La contra-señal definitiva: colapsado el campo de batalla, sólo queda el terrorismo en Moscú.

Y justo cuando el terror golpeaba Moscú, Estados Unidos y el Reino Unido, en el suroeste de Asia, bombardeaban Saná, la capital yemení, con al menos cinco ataques.

Una coordinación ingeniosa. Yemen acaba de cerrar en Omán un acuerdo estratégico con Rusia y China para la navegación sin trabas en el Mar Rojo, y figura entre los principales candidatos a la expansión de los BRICS+ en la cumbre de Kazán del próximo octubre.

Los hutíes no sólo están derrotando de forma espectacular a la talasocracia, sino que tienen de su lado la asociación estratégica Rusia-China. Asegurar a China y Rusia que sus barcos pueden navegar por el Bab-al-Mandeb, el Mar Rojo y el Golfo de Adén sin problemas se intercambia con el total apoyo político de Pekín y Moscú.

Los patrocinadores siguen siendo los mismos

En lo más profundo de la noche en Moscú, antes del amanecer del sábado 23. Prácticamente nadie duerme. Los rumores bailan como derviches en innumerables pantallas. Por supuesto, aún no se ha confirmado nada. Sólo el FSB tendrá respuestas. Se está llevando a cabo una investigación a gran escala.

El momento de la masacre del Crocus es bastante intrigante. Un viernes durante el Ramadán. Los verdaderos musulmanes ni siquiera pensarían en perpetrar un asesinato en masa de civiles desarmados en una ocasión tan sagrada. Compárelo con la carta de ISIS que los sospechosos habituales están marcando frenéticamente.

Hagamos pop. Citando a Talking Heads: «Esto no es una fiesta/ esto no es una discoteca/ esto no es ninguna tontería». No, es más bien una operación psicológica americana. ISIS son mercenarios / matones de dibujos animados. No musulmanes de verdad. Y todo el mundo sabe quién los financia y los arma.

Eso nos lleva al escenario más posible, antes de que el FSB intervenga: matones del ISIS importados del campo de batalla de Siria -tal como están las cosas, probablemente tayikos- entrenados por la CIA y el MI6, trabajando en nombre del SBU ucraniano. Varios testigos en Crocus se refirieron a los «wahabíes», ya que los comandos asesinos no parecían eslavos.

Le tocó al serbio Aleksandar Vucic ir al grano. Relacionó directamente las «advertencias» de principios de marzo de las embajadas estadounidense y británica a sus ciudadanos para que no visitaran lugares públicos en Moscú con el hecho de que los servicios de inteligencia de la CIA/MI6 tuvieran información privilegiada sobre posible terrorismo y no la revelaran a Moscú.

La trama se complica cuando se establece que Crocus es propiedad de los Agalarov: una familia multimillonaria azerí-rusa, muy amiga de…

… Donald Trump.

Hablando de un objetivo señalado por el Estado Profundo.

Escisión del ISIS o banderistas: los patrocinadores siguen siendo los mismos. El payaso secretario del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania, Oleksiy Danilov, fue lo suficientemente tonto como para confirmar virtual e indirectamente que lo hicieron, diciendo en la televisión ucraniana: «les daremos [a los rusos] este tipo de diversión más a menudo».

Pero le tocó a Sergei Goncharov, veterano de la unidad antiterrorista rusa de élite «Alfa», acercarse a desenmarañar el enigma: dijo a Sputnik que el autor intelectual más factible es Kyrylo Budanov, jefe de la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa ucraniano.

El «jefe de los espías» que resulta ser el principal activo de la CIA en Kiev.

Tienen que ir hasta el último ucraniano

Las tres pruebas anteriores complementan lo que el jefe del comité militar de la OTAN militar de la OTAN, Rob Bauer, dijo anteriormente en un foro de seguridad en Kiev: «Se necesita algo más que granadas: se necesita gente para reemplazar a los muertos y heridos. Y esto significa movilización».

Traducción: La OTAN deletrea que esto es una guerra hasta el último ucraniano.

Y los «dirigentes» de Kiev siguen sin entenderlo. El ex ministro de Infraestructuras Omelyan: «Si ganamos, pagaremos con petróleo, gas, diamantes y pieles rusas. Si perdemos, no se hablará de dinero: Occidente pensará en cómo sobrevivir».

Paralelamente, el enclenque «jardinero y selvático» Borrell admitió que sería «difícil» para la UE encontrar 50.000 millones de euros extra para Kiev si Washington se tira del carro. La cúpula de la sudadera sudada de cocaína cree realmente que Washington no «ayuda» en forma de préstamos, sino de regalos gratuitos. Y lo mismo puede decirse de la UE.

El Teatro del Absurdo es inigualable. El canciller alemán de las salchichas de hígado cree realmente que los ingresos de los activos rusos robados «no pertenecen a nadie», por lo que pueden utilizarse para financiar el armamento adicional de Kiev.

Todo el mundo con cerebro sabe que el uso de los intereses de los activos rusos «congelados», en realidad robados, para armar a Ucrania es un callejón sin salida, a menos que roben todos los activos de Rusia, aproximadamente 200.000 millones de dólares, en su mayoría estacionados en Bélgica y Suiza: eso hundiría el euro para siempre, y toda la economía de la UE para el caso.

Será mejor que los eurócratas escuchen a la principal «perturbadora» (terminología estadounidense) del Banco Central de Rusia, Elvira Nabiullina: El Banco de Rusia tomará «medidas apropiadas» si la UE hace algo sobre los activos rusos «congelados»/robados.

Ni que decir tiene que las tres exposiciones anteriores anulan por completo el circo de «La Cage aux Folles» promovido por el enclenque Petit Roi, ahora conocido en todos sus dominios franceses como Macronapoleón.

Prácticamente todo el planeta, incluido el Norte Global anglófono, ya se había estado burlando de las «hazañas» de su Ejército Can Can Moulin Rouge.

Así que soldados franceses, alemanes y polacos, como parte de la OTAN, ya están en el sur de Kiev. Lo más probable es que se mantengan lejos, muy lejos de los frentes, aunque rastreables por las actividades comerciales del Sr. Khinzal.

Incluso antes de que este nuevo lote de la OTAN llegara al sur de Kiev, Polonia -que casualmente sirve como principal corredor de tránsito para las tropas de Kiev- había confirmado que las tropas occidentales ya están sobre el terreno.

Así que ya no se trata de mercenarios. Francia, por cierto, sólo ocupa el séptimo lugar en cuanto a mercenarios sobre el terreno, muy por detrás de Polonia, Estados Unidos y Georgia, por ejemplo. El Ministerio de Defensa ruso tiene todos los registros precisos.

En pocas palabras: ahora la guerra se ha trasladado de Donetsk, Avdeyevka y Belgorod a Moscú. Más adelante, puede que no sólo se detenga en Kiev. Puede que sólo se detenga en Lviv. El Sr. 87%, que goza de una casi unanimidad nacional masiva, tiene ahora el mandato de llegar hasta el final. Especialmente después de Crocus.

Hay muchas posibilidades de que las tácticas de terror de los matones de Kiev lleven finalmente a Rusia a devolver a Ucrania a sus fronteras originales del siglo XVII, sin salida al mar: Privada del Mar Negro, y con Polonia, Rumanía y Hungría reclamando sus antiguos territorios.

Los ucranianos que queden empezarán a preguntarse seriamente qué les llevó a luchar -literalmente hasta la muerte- en nombre del Estado Profundo estadounidense, el complejo militar y BlackRock.

Tal y como están las cosas, la picadora de carne Highway to Hell está destinada a alcanzar la máxima velocidad.

FUENTE:

Las elecciones presidenciales rusas han puesto de manifiesto claramente las fallas en la política internacional de una manera que rara vez ocurre. Esto se debe a que la personalidad política del presidente Vladimir Putin llena hoy el escenario mundial como un coloso. El grado al que Occidente ha llegado a demonizarlo muestra cuán morbosa se ha convertido esto para ellos. 

POR MK BHADRAKUMAR

En retrospectiva, la agenda occidental de un solo punto giraba esencialmente en torno a Putin, cuyo papel histórico para regenerar y resucitar a la Rusia «postsoviética» y devolverla al centro del escenario de los asuntos globales como potencia de clase mundial sigue siendo un giro imperdonable en la historia actual. 

Si la expansión de la OTAN tiene que ver con la perpetuación de la hegemonía estadounidense y la desdolarización tiene que ver con el entierro del sistema financiero occidental que sustenta esa hegemonía, Putin está desempeñando un papel fundamental en ese proceso histórico. Si Putin permanece en el poder hasta 2030 y cumple al menos la mitad del ambicioso plan de programa social y económico para Rusia que esbozó en su histórico discurso en la Asamblea Federal del parlamento, el equilibrio estratégico global habrá cambiado irrevocablemente y habrá cimentado una situación multipolar. El orden mundial como puntal de la política del siglo XXI. 

Occidente lo sabe, el pueblo ruso lo sabe, la gran mayoría de las naciones lo saben. Dicho esto, hay que entender también que esto no es sólo la victoria de Putin personalmente sino también una consolidación de la sociedad rusa a su alrededor. Y eso explica que las elecciones de la semana pasada se hayan convertido en un asunto de alto riesgo.   

El frenesí en la mente occidental alcanzó un crescendo por la victoria de Putin. Las fotos del presidente francés Emmanuel Macron, publicadas en Instagram el martes por su fotógrafo oficial, Soazig de la Moissonnière, coloreadas en malhumorado blanco y negro, y que muestran al diminuto líder con los dientes apretados y los bíceps abultados mientras hace ejercicio, están siendo interpretadas como una acto torpe para mostrar sus habilidades deportivas frente al presidente ruso Vladimir Putin, quien por supuesto ganó un cinturón negro en judo y es conocido por ser un fanático del fitness cuya forma preferida de relajarse después de un duro día de trabajo es jugar al hockey sobre hielo. . 

Con un índice de popularidad que constantemente superó el 80% en los años más recientes, especialmente cuando una victoria rusa en la guerra de Ucrania comenzó a parecer una realidad plausible, el resultado de las elecciones del fin de semana pasado era una conclusión inevitable. De hecho, la estimación de la enorme popularidad de Putin se atribuye a una organización encuestadora financiada por el gobierno estadounidense conocida como Centro Levada. 

De ahí las operaciones encubiertas y los actos terroristas para crear condiciones de perturbación dentro de Rusia y desacreditar o socavar el proceso electoral. Cientos de drones fueron disparados desde Ucrania contra objetivos dentro de Rusia en las últimas semanas, algunos dirigidos a Moscú y otros a San Petersburgo, principalmente contra centrales eléctricas y algunos aeródromos, incluido Domodedovo, ubicado al sur de Moscú y el segundo aeropuerto más transitado de Rusia. 

El mediodía llegó cuando una fuerza de ataque de 1.500 efectivos que incluía a hablantes de ruso en una unidad especial, un gran número de combatientes extranjeros, apoyados por tanques y vehículos blindados de transporte de personal (incluidos los vehículos de combate de infantería Bradley), y unidades de élite ucranianas intentaron en vano una hace quince días para invadir territorio ruso en una operación que duró cuatro días. Desde entonces, el jefe de inteligencia militar de Ucrania, Kyrylo Budanov, supuestamente le dijo al presidente Vlodomyr Zelensky que la planificación de la operación estaba comprometida por un traidor, o eso creía.

¡Los líderes ucranianos y sus partidarios en la OTAN calcularon que una invasión funcionaría y de alguna manera las elecciones rusas quedarían desacreditadas! Pero resultó ser una fantasía. Parece que las agencias de seguridad rusas, curtidas en la batalla, estaban en todo momento un paso por delante de la inteligencia ucraniana y sus mentores occidentales. 

Baste decir que Putin se sintió obligado a expresar personalmente su aprecio y “gratitud” a este respecto en una reunión ampliada de la Junta del Servicio Federal de Seguridad el martes. Putin dijo que “el personal del Servicio demostró competencia y eficiencia en todas las esferas de su operación, reafirmando el alto estatus y prestigio del Servicio como elemento clave para garantizar la seguridad nacional y la soberanía de Rusia… Me gustaría expresar mi gratitud al FSB personal por su profesionalismo y valentía y por todo lo que han hecho por nuestra Patria durante el complicado y extremadamente responsable período que estamos examinando”. 

El FSB tiene una amplia experiencia en sus operaciones de contrainteligencia, dada la larga historia de interferencia de las agencias de inteligencia occidentales en las elecciones rusas. El ejemplo más evidente fue cómo el equipo de Bill Clinton le robó la victoria electoral de 1996 al líder del Partido Comunista, Gennady Zhuganov, y se la entregó a Boris Yeltsin para un segundo mandato. (¡Irónicamente, Yeltsin llevó a Putin de San Petersburgo a la política del Kremlin y el resto es historia!) 

Tan pronto como se anunció la aplastante victoria de Putin en Moscú, el Occidente colectivo intentó desechar el resultado como “amañado”, “manejado”, una “elección presidencial con sello de goma”, “predeterminado”, etc. Se ha ignorado por completo el hecho de que Putin es de hecho un líder inmensamente popular, ampliamente apoyado y muy respetado entre el público ruso. 

Curiosamente, el Centro Analítico Yuri Levada, la franquicia del Centro Levada en Moscú, que recibe financiación del gobierno estadounidense a través del Fondo Nacional para la Democracia, y afirma ser “una agencia encuestadora independiente que es bien conocida por sus encuestas sobre cuestiones sociopolíticas tanto dentro de Rusia como En todo el mundo” había estimado que el índice de aprobación de Putin en febrero de 2024 era del 86%. 

Claramente, el apoyo del 87,3% que Putin obtuvo en la encuesta del fin de semana coincide más o menos con el índice de aprobación del 86% del Centro Levada para Putin en 2024 (que, dicho sea de paso, está sólo marginalmente por encima de su índice de aprobación del 85% en 2023). 

Lo que surge es que las elecciones actuales reflejaron el sentimiento del público ruso, que incluso las encuestas financiadas por el gobierno de Estados Unidos confirmaron. No es de extrañar que, aparte del mundo occidental, la mayoría global haya felicitado a Putin, ignorando la campaña de desprestigio colectiva orquestada por Occidente. El teatro del absurdo llegó a tal punto que la ministra de Asuntos Exteriores alemana, Annalena Baerbock,   aparentemente decidió que ya no se referiría a Putin como el presidente legítimo de Rusia. 

Pero esta tonta campaña está condenada a tener una vida útil corta. El mundo sigue adelante. Estados Unidos no quiere verse atrapado en una farsa tan inútil como la del líder verde Baerbock. En el tango ruso-estadounidense tradicionalmente el perdedor mantenía la cabeza debajo del parapeto para lamer las heridas y volver a participar otro día. 

Además, la gran paradoja de la política exterior estadounidense actual es que su máxima prioridad tal vez ni siquiera sea manchar la victoria electoral de Putin, que ahora es una realidad geopolítica. 

La nueva fijación tiene que ver con el derrocamiento del intransigente primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y un   ‘cambio de régimen’ hacia un cálculo de poder de queja en Tel Aviv; todo esto debe garantizarse en tiempo real para navegar de manera óptima la candidatura a la reelección del presidente Biden durante las elecciones de noviembre. . 

FUENTE indianpunchline