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Por Eduardo VIOR TELAM

Lejos de alinearse contra Rusia, como exige Estados Unidos, el gobierno de Narendra Modi se beneficia de la confrontación entre Washington y Moscú incentivando su rol como actor global

Acosado por la crisis política en su país, Boris Johnson llegó este jueves 21 a Nueva Delhi, para forzar la adhesión de su excolonia a la coalición antirrusa. Arribó tres semanas después de la exitosa visita del canciller ruso, Serguei Lavrov, quien a principios de abril cerró en la capital india acuerdos provechosos para ambas partes y un mes tras la visita de su colega chino, Wang Yi, que distendió las relaciones entre ambos gigantes, muy tensionadas desde los choques en la frontera del Himalaya el año pasado. India quiere aprovechar la confrontación entre EE.UU. y Rusia, para proyectarse hacia la primera liga de la política mundial, pero el camino está plagado de escollos y su elite deberá hacer gala de suma prudencia para no pelearse con tirios ni troyanos.

Johnson llegó el jueves a India en visita de dos días y el viernes por la mañana fue recibido en la residencia presidencial de Rashtrapati Bhavan. Más tarde debía reunirse con el ministro de Relaciones Exteriores, Subrahmanyam Jaishankar, y con el primer ministro Narendra Modi. La relación entre Nueva Delhi y Londres fue elevada a Asociación Estratégica Integral durante una cumbre virtual el año pasado y el intercambio comercial entre ambos países se situó en 15.450 millones de dólares en 2019-20, con ventaja para la nación asiática. El Reino Unido es el sexto mayor inversor en India. Según funcionarios británicos, Boris Johnson aprovechará su estancia para impulsar el Tratado de Libre Comercio que vienen negociando desde principios de este año.

Durante su primera visita a India el primer ministro británico ofrecerá ayudar a su anfitrión a reducir su dependencia del petróleo y los equipos de defensa rusos y fortalecer la cooperación en materia de seguridad, tecnología y salud. Sin embargo, Gran Bretaña no tiene suficiente petróleo ni el tipo de equipamiento militar adecuado para vender a India. El Reino Unido era el tercer socio comercial del país asiático a principios de este siglo, pero el año pasado descendió al puesto 17 y no parece en condiciones de recuperar posiciones. Los mayores socios comerciales de India son Estados Unidos, China y los Emiratos Árabes Unidos.
Por las dudas, el portavoz del primer ministro británico ya avisó que Johnson se abstendrá de aleccionar a su colega indio. Las elites y las masas de ese país reciben mal los intentos moralizantes de los occidentales que ven como resabios de una mentalidad colonialista. No obstante, tratan a sus interlocutores con suma paciencia, porque necesitan las buenas relaciones con Estados Unidos, China y Rusia.

De los tres, Estados Unidos es el país más joven y poderoso. Las relaciones entre ambos países han oscilado a lo largo de la historia entre choques y acercamientos. Al atacar EE.UU. a Afganistán en 2001, la complicidad paquistaní con los talibanes llevó a Washington a estrechar sus vínculos con Nueva Delhi. Desde entonces las relaciones indio-estadounidenses se han desarrollado de forma bastante constante. Sin embargo, el pasado 11 de abril, cuando el secretario de Estado Antony J. Blinken y el de Defensa Lloyd J. Austin recibieron en Washington al ministro de Asuntos Exteriores de India, Subrahmanyam Jaishankar, y a su colega de Defensa, Rajnath Singh, Antony Blinken cuestionó la situación de los derechos humanos en India. Jaishankar respondió inmediatamente que su país también vigila la situación de los derechos humanos en Estados Unidos. Aunque Nueva Delhi ya había dejado en claro que su política exterior se basa en el interés nacional y Washington dice entenderlo, evidentemente la ideología puede más que el interés.

De Estados Unidos los indios necesitan dinero, tecnología y armas. Los estadounidenses, en tanto, quieren que India se convierta en un baluarte contra China, sin tener que invertir ellos fondos ni recursos. Para conseguirlo, intentan regularmente obligar a Nueva Delhi a pagar por el apoyo que le dan, a abrir totalmente su mercado a los productos y servicios norteamericanos, a participar en las iniciativas antichinas y a transformar su modelo de democracia, para adaptarlo a los estándares estadounidenses. Pero, cuanto más presionan, más se resiste India.

Por el contrario, tal como lo ve la elite del gigante surasiático, su país es ya por su propia existencia un contrapeso de China, por lo cual no tiene interés en complicarse la vida entrando en alianzas comprometedoras. El nacionalismo indio no quiere convertirse en un bastión antichino ni en un vasallo estadounidense, sino erigir un fuerte centro de poder asiático y mundial.

Si India se relaciona con Estados Unidos buscando el mutuo beneficio, su trato con China es mucho más complicado. Después de la independencia de India (1947) y de la liberación de China (1949) ambas potencias podrían haberse puesto de acuerdo, pero chocaron por un conflicto sobre el límite trazado por los británicos en 1911, librando en 1962 una guerra que India perdió. En los últimos 60 años indios y chinos no han resuelto la cuestión fronteriza ni superado el sentimiento de desconfianza mutua, pero han aprendido a comerciar con éxito. El año pasado el comercio bilateral entre ambos alcanzó un récord de más de 125.000 millones de dólares. Las exportaciones procedentes de Pekín aumentaron un 46,2%, hasta los 97.520 millones de dólares, mientras que los envíos en sentido inverso crecieron un 34,2%, hasta los 28.140 millones de dólares. O sea que el déficit comercial de India con China aumentó en 69.380 millones de dólares en 2021.

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India no busca derrotar a China ni recuperar los territorios perdidos en 1962, sino que Pekín la reconozca como centro de poder paritario. Esto, a su vez, implicaría que China acepte que India tiene una esfera de intereses regionales propia donde China no debe inmiscuirse. Sin embargo, hasta ahora, parece que Pekín no presta suficiente atención a su vecino del sur.

El comercio de Rusia con India es bastante modesto: apenas supera los 10.000 millones de dólares. Sin embargo, Moscú sigue siendo uno de los principales socios de Nueva Delhi. Esto se debe a tres factores: la antigua amistad, la cooperación en industrias críticas y las perspectivas futuras.

La Unión Soviética ayudó en la década de 1960 a India a llevar a cabo un programa de industrialización y a construir una potente industria pesada. Las centrales eléctricas diseñadas por ingenieros soviéticos e indios dieron energía a esta industria, las personas que estudiaron de los libros soviéticos se convirtieron en su reserva de personal y las armas suministradas por la URSS garantizaron su seguridad. La URSS fue neutral en la guerra chino-india de 1962 y apoyó a India en su guerra contra Paquistán en 1971. Estos viejos vínculos están todavía muy presentes en la consciencia nacional india. Durante décadas fue la principal abastecedora de armas del país asiático.

En el ámbito económico, Rusia mantiene sus posiciones en la esfera de la energía nuclear, pero va perdiendo terreno en el campo de la investigación espacial y la cooperación técnico-militar. En parte, las élites indias están tratando de diversificar los vínculos en áreas sensibles, para no repetir la situación de principios de los noventa, cuando tras el colapso de la URSS, India se quedó sin fuente de suministro de componentes para equipos ya adquiridos. Sin embargo, también hay que considerar la incapacidad de Rusia para ofrecer la tecnología y el equipo que India necesita y el creciente retraso del complejo militar-industrial ruso. No obstante, si se ponen en marcha determinados proyectos conjuntos (vehículos aéreos no tripulados, vehículos submarinos, aviación naval), la situación sólo podría revertirse.

No obstante las dificultades, en el proyecto indio de futuro, Rusia aparece como uno de los centros de poder amigos tanto como India en las construcciones geopolíticas de los dirigentes rusos. Ahora que el país eslavo ha perdido acceso a las inversiones y los mercados occidentales, India puede convertirse en punto de transbordo para las inversiones y los bienes occidentales que van a Rusia así como en un mercado para los bienes y la tecnología rusa. En este camino, hace tres semanas ambos países acordaron la venta de 3 millones de barriles de petróleo ruso diarios pagaderos en rublos y rupias. Después de Estados Unidos y China, India es el tercer consumidor mundial de petróleo, del que importa más del 80%. En 2021 compró a Rusia unos 12 millones de barriles de los Urales, lo que hace sólo alrededor del 2% de sus importaciones totales. En realidad, los mayores suministros del año pasado procedieron de Oriente Medio, de EE.UU. y de Nigeria.

Ahora, tras la invasión de Ucrania, hay menos compradores para el crudo ruso de los Urales y su precio ha caído. Aprovechando la coyuntura, entonces, la nación surasiática ha comprado tanto el emblemático Ural, que se embarca desde puertos del oeste, como un raro cargamento de ESPO del Lejano Oriente, habitualmente favorecido por China.

Ambas naciones han acordado asimismo la venta de carbón ruso. En marzo Nueva Delhi compró 1,04 millones de toneladas de las cuales dos tercios procedían de Siberia Oriental. Rusia es el sexto proveedor de carbón coquizable y térmico de India. En tanto, a finales de marzo el ministro del Acero de India, Ramchandra Prasad Singh, anunció que su país tiene previsto duplicar sus importaciones de carbón de coque ruso, un ingrediente clave en la producción de acero. Dijo que India estaba comprando hasta 4,5 millones de toneladas, pero no especificó a qué período se refería. En comparación, en 2021 la UE compró a Rusia 48,7 millones de toneladas de carbón térmico y coquizable, aumentando su volumen de suministro a 5 millones de toneladas al mes en el último tiempo antes de la guerra en Ucrania. Por lo tanto, el intercambio de carbón es muy provechoso para India, pero para Rusia sólo remplaza mínimamente las perdidas exportaciones a Europa.

En las últimas décadas las élites políticas indias han dominado el sutil arte de balancearse entre varios polos, aprendiendo a convertir las diferencias de otras grandes potencias en su beneficio. Si la actual confrontación por Ucrania continúa, empero, India va a tener serios problemas para compatibilizar su entendimiento con Rusia en el manejo de la turbulenta política de Asia Central con su alianza con Estados Unidos y Australia para vigilar el Océano Índico. Además, si Washington se recuesta en el gobierno surgido del reciente golpe de estado parlamentario en Paquistán e India continúa desarrollando su marina al paso actual, India se acercará aún más a Rusia e intentará remplazar a EE.UU. en el Índico. La guerra en Ucrania puede convertir a India en una potencia asiática de primer rango y en una firme aspirante a sentarse a la mesa del poder mundial, pero debe ser paciente y prudente.

#DossierGeopolitico: Esta información destaca todo lo que vimos y afirmamos, en nuestro Diccionario de Seguridad y Geopolítica Latinoamericana -2008-, sobre: 1 Eurasianismo; 2 Asoc. Cooperación de Shangai y la Doctrina Putin. x Miguel Barrios Director, Carlos Pereyra Mele coautor.:

La Entende Ruso/China pasa a Alianza y la incorporación de India son claves Luego de haber visitado Rusia y observado in situ su realidad, creo que, o: «EEUU acuerda un Yalta nuevo con gran detrimento para su poderío global, o tendrá que recurrir a la fuerza para tratar de sostenerse en el podio.» Ahora América latina deberá estar presente unida o desaparece

Carlos Pereyra Mele Director de Dossier Geopolitico DG

Modi se adentra en el eurasianismo

La Declaración de Bishkek, emitida después de la reunión cumbre (14 y 15 de junio) de la Organización de Cooperación de Shanghái, dedica una frase alabando la Iniciativa de Cinturón y la Carretera de China: «La República de Kazajstán, la República Kirguisa, la República Islámica de Pakistán, la Federación de Rusia, «La República de Tayikistán y la República de Uzbekistán reafirman su apoyo a la Iniciativa de Cinturones y Carreteras de China y elogian los resultados del Segundo Foro de Cinturones y Carreteras para la Cooperación Internacional (que se celebró el 26 de abril)».

India se mantuvo al margen. ¿Alguna sorpresa aquí? De ningún modo. A plena luz del día, la India había estado gritando y gritando desde la azotea que el BRI no era bueno, que había llevado a la «trampa de la deuda». La condena de la India a la BRI fue tan descortés que bordeaba la grosería  en la era anterior a Wuhan con el entonces Secretario de Relaciones Exteriores S. Jaishankar, una vez incluso llamó al presidente chino Xi Jinping por su nombre en una conferencia internacional en Nueva Delhi y le aconsejó cómo hacerlo. ejecutando su proyecto mascota.

Pero los tiempos han cambiado. India tampoco bloqueó la Declaración de Bishkek ni otros países miembros intentaron empujar el proyecto chino en la garganta de la India. Ni siquiera tuvieron que aceptar estar en desacuerdo. El hecho del asunto es que la condena de la India al BRI se atenuó a las críticas con el tiempo y se suavizó gradualmente a un silencio ensordecedor durante el año pasado. El primer ministro Narendra Modi no prestó atención al BRI en su discurso en la cumbre de la OCS.

En lugar de eso, Modi prefirió trabajar en el «Espíritu de Wuhan», transmitiendo a Xi Jinping en su reunión «extremadamente fructífera» en Bishkek el 13 de junio, que en el período desde abril del año pasado, la comunicación estratégica entre los dos países ha «mejorado» a todos los niveles. y en ese contexto solo algunos de los temas pendientes desde hace mucho tiempo, como la designación de Masood Azhar como terrorista global, podrían resolverse.

Curiosamente, cuando los medios de comunicación de la India insisten en que son los omnipresentes estadounidenses quienes cambiaron la designación de Azhar para la India al criticar a Pekín, ¡Modi le da crédito a la comunicación estratégica entre la India y China! Los vientos de cambio son palpables. Para citar al Secretario de Relaciones Exteriores Vijay Gokhale, «Entonces vemos esto (reunión de Modi-Xi en Bishkek) como el comienzo de un proceso después de la formación del gobierno en India, para tratar ahora las relaciones India-China de ambos lados en un contexto más amplio del siglo XXI y de nuestro papel en la región de Asia y el Pacífico en este sentido «.

La cumbre de la OCS ha sido una revelación. Modi tenía dos reuniones «bilaterales» sobresalientes, con Xi Jinping y el presidente ruso Vladimir Putin, respectivamente, y resaltan que las relaciones de la India con estos dos países se han puesto en una alta trayectoria. Modi y Xi se reunirán tres veces solo durante los seis meses restantes del año. Además, por supuesto, la cumbre informal esperada de Xi con Modi en algún momento del otoño (¿en Varanasi?).

Igualmente, Modi aceptó la invitación de Putin para ser el invitado principal en el Foro Económico del Este en Vladivostok a principios de septiembre y los dos líderes también se reunirán en Osaka en la Cumbre del G20 y en la Cumbre del BRICS. De hecho, Putin también debe visitar India este año para la cumbre anual y también hay algunas conversaciones en el aire con respecto a otra cumbre «informal».

Sin lugar a dudas, la viñeta poco notada de la cumbre de la OCS es que los líderes de Rusia, India y China acordaron celebrar una reunión trilateral dentro del formato RIC, junto con sus cumbres en la vía bilateral. Y, el lugar será Osaka, al margen de la cumbre del G20 (a la que asistirá el presidente Trump y donde se espera una galaxia de líderes occidentales).

Si la diplomacia internacional se entrega al simbolismo, este debe ser uno de los más conmovedores de la política mundial en los últimos tiempos.

El RIC siempre ha sido un trapo rojo para los EE. UU., desde que el gran pensador estratégico soviético y estadista del Kremlin Yevgeny Maksimovich Primakov propuso por primera vez la tentadora idea en 1999. El profundo simbolismo no puede perderse en Trump lo que India está organizando con las dos “potencias” en el planeta, Rusia y Chinaque, según los EE. UU., están trabajando para conseguir un poder en el escenario mundial.

La cumbre de la OCS en Bishkek se convierte en un momento decisivo en la política exterior de la India. Modi se ha mojado los dedos de los pies en el eurasianismo. Su desencanto con la «asociación definitoria» con los EE. UU. solo puede explicarlo en parte. El quid de la cuestión es que Modi está alejando a la diplomacia india de su obsesión con la geopolítica y convirtiéndola en una sirvienta de sus políticas nacionales. Tanto Xi como Putin sienten esto.

El informe de Xinhua sobre la reunión de Xi con Modi versa sobre geoeconomía. Igualmente, uno de los aspectos más destacados de la reunión de Putin-Modi es la invitación rusa a la India para participar en la cooperación en el Ártico. Ahora, China también es un país socio clave para que Rusia cree una «Ruta de la Seda Polar» en el Mar Ártico. Beijing ha anunciado que China buscará inversiones a través de la Ruta del Ártico para fomentar el transporte comercial a través de la Ruta del Mar del Norte de Rusia como parte de la Iniciativa Belt and Road.

De hecho, se trata de una empresa masiva que involucra programas de inversión por valor de billones de dólares, que se destinarán a conectar Asia y Europa por mar para promover un mayor comercio entre los continentes. El Wall Street Journal informó la semana pasada que «China está entrando en el transporte del Ártico a través de una empresa conjunta entre el mayor transportista marítimo del país, Cosco Shipping Holdings Co., y su homólogo ruso PAO Sovcomflot para trasladar el gas natural desde Siberia a los mercados occidentales y asiáticos.

El informe agrega: “La nueva empresa enviará gas natural licuado desde el gigantesco proyecto Yamal LNG de Siberia, en el centro norte de Siberia, a una larga lista de destinos que incluyen el norte de Europa, Japón, Corea del Sur y China. La iniciativa comenzará con una flota de una docena de barcos cisterna para romper el hielo y, según se informa, China Shipping LNG Investment Co. de Cosco operará otros nueve petroleros «

El secretario de Relaciones Exteriores, Gokhale, reveló en su reunión informativa en Bishkek que Modi decidió que India debería comprometerse con Rusia en la región del Ártico de petróleo y gas «y ya hemos comenzado ese compromiso. Una delegación del Ministerio de Petróleo y Gas Natural ya tuvo una discusión con la parte rusa el mes pasado y esto es algo que los líderes consideraron que debemos seguir adelante «. El Viceprimer Ministro ruso y el Representante Especial del Presidente Putin para la región del Ártico, Yury Trutnev llegará a la India el 18 de junio para las conversaciones al respecto. El Diálogo Estratégico Indio-Ruso, que desde nuestro lado está encabezado por el Vicepresidente del NITI Aayog, tendrá lugar en julio.

Basta con decir que el panorama general que surge de todo esto es que Modi está conectando los puntos y creando una sinergia entre la comunicación estratégica de la India con China y Rusia, respectivamente. Es una estrategia audaz pero tiene infinitas posibilidades. Considera lo siguiente.

La entente china-rusa se está convirtiendo rápidamente en una cuasi alianza. Por otro lado, las relaciones de la India con Rusia no solo se han recuperado del abandono de la era de la AUP, sino que están floreciendo en una asociación verdaderamente estratégica en sintonía con el siglo XXI, gracias a la cálida amistad entre Modi y Putin. En pocas palabras, Rusia ocupa una posición única para ayudar a fortalecer los signos incipientes del espíritu de Wuhan que se está convirtiendo en un entendimiento estratégico perdurable entre India y China como dos potencias emergentes con muchos intereses comunes.

El hecho de que Modi y Xi exudaran confianza para acelerar las negociaciones de un acuerdo fronterizo solo subraya que el triángulo Rusia-India-China se ha vuelto muy dinámico. En verdad, la cumbre de RIC en Osaka proporciona el apoyo para el concierto de las tres potencias asiáticas. Sin duda, a Occidente no le gustará lo que está sucediendo

Fuente: https://indianpunchline.com/modi-wades-into-eurasianism/

Publicado el 17 de junio de 2019 por M. K. BHADRAKUMAR