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Por Riccardo Rosati

Desde hace bastante tiempo creemos no ser los únicos en reconocer un abuso patente, a saber, debido a una difusión «pandémica» – esto es real y no sólo fruto de la manipulación mediática – del término «Geopolítica», especialmente por parte de líderes de opinión más o menos competentes, que se dirigen al público en la Red. Seamos claros, no es que lo que muestre la llamada televisión general sea mejor; al contrario, creemos que la información que transmite no es simplemente el resultado de un desconocimiento del tema en cuestión, como ocurre normalmente en Internet, sino de auténticas mentiras, propagadas sin rubor.

Trazar los contornos de la disciplina

Una herramienta útil para orientarse mejor en este particular campo de investigación es el fácil, pero muy completo libro sobre el tema de Prospettive geopolitiche (2019) de Claudio Mutti. De hecho, este volumen constituye la mejor introducción para adentrarse en lo que llamamos una exégesis «académica» de la Geopolítica, frente a otra mucho más extendida, de sesgo meramente cronístico/periodístico y basada casi exclusivamente en el relato de los hechos – cuando se tiene la suerte de que sean veraces –, sin apenas referencia a las diversas teorías elaboradas por los estudiosos de los que hablaremos en este artículo.

Entre todos ellos destaca el profesor y general Karl Ernst Haushofer (1869 – 1946), fundador de la geopolítica europea, con su idea sobre el significado espacial de las decisiones. Junto con el británico Halford John Mackinder (1861 – 1947), se le considera uno de los padres de la llamada teoría «continentalista» o «binaria» (8), que se erige como la teoría central de la Geopolítica «clásica». Sin embargo, Mackinder y Haushofer son representantes de dos posiciones totalmente antagónicas: el alemán esta del lado de la telurocracia, mientras que el anglosajón, por obvias razones, se interesó por el concepto de talasocracia. Esto nos devuelve a la infausta actualidad (el conflicto de Ucrania), con las mistificaciones difundidas por las «potencias marítimas», a las que Haushofer llamaba en realidad «piratas», justificado desde un punto de vista histórico, y que tienden por todos los medios a socavar a las potencias terrestres, ya que para Mackinder para lograr el dominio de las potencias marítimas: «[…] es necesario interponer entre Alemania y Rusia, como un diafragma, una Europa Central y Oriental garantizada por la Sociedad de Naciones» (9). Esperamos que nos disculpen el lenguaje contundente, ¡pero más claro!

Quien esto escribe, perteneciente a la Escuela Haushoferiana, está profundamente convencido de que la Geopolítica estudia los fenómenos desde una perspectiva constantemente «espacial», es decir, geográfica. Por ello, desde el surgimiento de las primeras civilizaciones desarrolladas, naturalmente inclinadas a la expansión, surgió la cuestión, tomando prestadas las categorías queridas por el erudito bávaro, del Großraum («Gran Espacio»), posteriormente mejor elaborada por el jurista constitucionalista y politólogo, igualmente alemán, Carl Schmitt (1888 – 1985); la citada concepción periodística de la disciplina hablaría en este caso concreto de «esferas de influencia». Un ejemplo históricamente significativo y explicativo es la famosa «Doctrina Monroe» de 1823 (de James Monroe [1758 – 1831], el quinto presidente estadounidense), que preveía un control, encubierto o manifiesto, de los estadounidenses sobre toda América Central y del Sur; las últimas declaraciones grandilocuentes por parte de Donald John Trump en su regreso a la Casa Blanca sobre la recuperación de Panamá no son más que la prueba de que este afán de dominación nunca ha cesado y de que las teorías expuestas en su día por Monroe siguen siendo válidas en la actualidad. Por otra parte, Schmitt, nos recuerda Mutti, hablaba de las tesis geopolíticas como de «conceptos teológicos secularizados».

En el libro se nota el trabajo que el autor realizó como profesor de lenguas clásicas en institutos: el libro hace uso frecuente de términos latinos y griegos. Además, a diferencia de muchos otros estudiosos del Pensamiento Tradicional, Mutti, y esto no puede sino complacernos, muestra decididamente más interés y respeto por el cristianismo. A este respecto, y en aras de la sinceridad, no podemos permanecer callados ante las derivas neopaganas de muchos exégetas de esta corriente filosófica, especialmente en lo que se refiere a la figura de Julius Evola (1898-1974); postura que nosotros, precisamente por ser estudiosos de este pensador, sentimos que debemos rechazar enérgicamente. Evidentemente, no negamos en absoluto que muchos de los escritos de Evola propugnen visiones abiertamente neopaganas; lo que queremos decir es que preferimos centrarnos en las obras que juzgamos de mayor sobriedad especulativa surgidas del filósofo italiano.

El mundo anglosajón, ¿el eterno enemigo?

Cerrada esta mínima, pero oportuna, observación polémica, volvamos al trabajo de Mutti, en el que recuerda la génesis del término «anglosfera»; es decir, ese bloque de naciones unidas por una lengua y por una percepción de la sociedad de carácter protestante, que ha sido la causa de los principales desequilibrios en las relaciones entre los pueblos durante casi doscientos años. Este concepto parece haber sido introducida en el lenguaje especializado bastante recientemente; precisamente en el año 2000 por el estadounidense James C. Bennett, en su escrito: The Anglosphere Challenge. Why the English-Speaking Nations Will Lead the Way in the Twenty-First Century (Lanham [MD], Rowman & Littlefield Publishers, 2004). Lo cierto es que el concepto de «anglosfera», aunque no se utilice y conozca tanto hoy, ha estado presente en el razonamiento de los geopolitólogos desde hace mucho tiempo, incluso antes de que se hablara de globalización. Por ejemplo, Schmitt comprendió que la hegemonía anglosajona suprimiría toda distinción y pluralidad espacial, unificando el mundo mediante la tecnología y una prodigiosa forma de economía transnacional. A esta perspectiva nefasta para la Humanidad, que se había vuelto uniforme e indiferenciada, contrapuso los conceptos de Ordnung (‘orden’) y Ortung (‘lugar’): un orden mundial sano no puede lograrse sin una adscripción geográfica precisa.

La unión de los pueblos de habla inglesa, caracterizada – siempre según Schmitt – por «una marca anticrística», se ha revelado a los ojos de miles de años de historia occidental como una «siniestra parodia del Imperio» (19). Después de todo, no es peregrino considerar todo el asunto del colonialismo británico primero y del imperialismo mercantil y cultural estadounidense después como un grotesco afán de imitar la grandeza de Roma. Esto se hizo por medio del mar, como sostenía el contralmirante estadounidense Alfred Thayer Mahan (1840 – 1914), hegemonizando Alemania y Japón, para contener al bloque ruso-chino y, en consecuencia, dominar el mundo (10). Nos gustaría subrayar de nuevo que ésta no era sólo la política exterior estadounidense del pasado, sino que es la política exterior estadounidense de hoy; no ha cambiado en absoluto.

Volviendo a la mencionada conexión intelectual de Mutti con el Clasicismo, vuelve a proponer la perspectiva de Homero sobre una forma de dominación basada en el agua, lo que conocemos precisamente como talasocracia: «El mar, masa fluida e informe, variable, sin determinaciones, es la imagen de la sustancia universal […]; es el símbolo de ese devenir que es mutabilidad, corruptibilidad, ilusión» (23). En efecto, en esta reflexión no es difícil identificar ese Occidente oscuro estigmatizado en la «Geografía sagrada» de Guénon (cf. René Guénon, Simboli della Scienza sacra, Milán, Adelphi, 1975, p. 96).

El lenguaje es poder

Quizá se deba a nuestro interés personal, pero el capítulo del libro que consideramos de mayor valor, además de originalidad, es el titulado: La geopolítica de las lenguas (35-45), donde se aborda con agudeza el papel del factor lingüístico en la relación entre el espacio físico y el político, partiendo de la influencia ejercida por Roma a través del latín. También cabe destacar cómo la gran relevancia y difusión del francés fue en cierto modo un episodio histórico peculiar, teniendo en cuenta el número relativamente bajo de hablantes (38).

También hay que aplaudir a Mutti cuando denuncia la embarazosa paradoja lingüística que caracteriza a la Unión Europea, y lo hace citando las palabras de Alain de Benoist: «El inglés avanza en detrimento del francés porque Estados Unidos sigue siendo actualmente más poderoso que los países europeos, que aceptan que una lengua que no pertenece a ningún país de la Europa continental sea consagrada como lengua internacional» (Alain de Benoist, Non à l’hégémonie de l’anglais d’aéroport, voxnr. com, 27 de mayo de 2013). A partir de estas observaciones, aprovechamos para señalar que todo ello beneficia exclusivamente a Estados Unidos y no a los británicos, ya que el inglés de la «Pérfida Albión» ha sido considerado durante décadas anticuado y clasista, una mera floritura de una nación que fue poderosa y que desde la Segunda Guerra Mundial ha sido un censurable, si se tiene en cuenta su notable pasado, vasallo de Estados Unidos. Sobre este tema, el texto de Nicholas Ostler The Last Lingua Franca. English Until the Return of Babel (Londres, Allen Lane, 2010).

Sea como fuere, el autor hace bien en reproducir las palabras expresadas por Sir Winston Churchill (1874 – 1965) el 6 de septiembre de 1943, cuando el entonces Primer Ministro británico afirmó sin rodeos: «El poder de dominar la lengua de un pueblo ofrece ganancias mucho mayores que arrebatarle sus provincias y territorios o aplastarlo mediante la explotación. Los imperios del futuro son los de la mente» (41). Esta afirmación es un epítome cristalino de una concepción prepotente de la difusión de la lengua/cultura, típica de los anglosajones, y al mismo tiempo un inequívoco impulso colonialista.

Perspectivas probablemente irreconciliables

Teniendo en cuenta el perfil de Mutti, no es de extrañar que se detenga en la génesis del término «Eurasia» (fue introducido por el matemático y cartógrafo germano Karl Gustav Reuschle [1812 – 1875] en 1858), enumerando los rasgos más destacados de las dos principales y complejas escuelas geopolíticas, la alemana y la rusa (47-48). Para la primera, esta zona es identificada con las masas continentales rodeadas por los mares Ártico y Mediterráneo y los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. Muy diferente es la interpretación de la segunda, que retoma los supuestos del pensador paneslavo Nikolai Jakovlevič Danilevsky (1822-1885), que más tarde los perfeccionó en el marco de una entidad económica, étnica y geográfica separada tanto de Asia como de Europa propiamente dichas. Quisiéramos añadir que la falta de comprensión de esta especificidad es la causa principal de la desconfianza hacia Eurasia, que a menudo se traduce en hostilidad, ya que no estamos hablando simplemente de un punto central de paso entre dos polos, sino de un tercer polo, con todas sus connotaciones y legítimas reivindicaciones. Por lo tanto, acogemos con gran satisfacción la valorización que hace Mutti del legado geopolítico de Carlo Terracciano (1948-2005, cf. Carlo Terracciano, «Europa-Russia-Eurasia: una geopolitica “orizzontale”», Eurasia, 2, abril-junio de 2005, pp. 181-197), especialmente sobre la urgencia de una integración (económica, política y militar) sólida y sistemática entre Europa y Rusia (52-53). De lo contrario, explica Terracciano, el Viejo Continente será utilizado por los norteamericanos «como una pistola apuntando a Moscú», y la actual guerra ruso-ucraniana confirma irrefutablemente lo acertado de tales predicciones.

Hacia la conclusión, el volumen se aproxima a temas contemporáneos, recordando el «peligro amarillo» (81-82) temido por Mackinder varios años atrás, durante una conferencia que pronunció ante la Royal Geographical Society de Londres el 25 de enero de 1904, en la que expresaba su temor de que una China mejor organizada que la de su época desbancara en el futuro a la Rusia zarista de su papel de país hegemónico de la «región pivote» (su conocida definición en inglés es para ser precisos Pivot Area), abriendo a las telurocracias un frente oceánico que podría haber resultado fatal para los anglosajones. No dudamos en definir el escrito de Mackinder, por muy en contra de nuestra muy personal orientación, entre las aportaciones teóricas nodales en la evolución de la Geopolítica, y fue sabiamente publicado en versión italiana en el número 2 (2018, 29-50) de Eurasia, revista de la que Mutti es fundador y Director.

La valoración de un texto como Perspectivas Geopolíticas no puede ser sino sustancialmente positiva: en no muchas páginas se han proporcionado todas las coordenadas necesarias para acercarse y comprender esta articulada disciplina; no falta nada de lo que es necesario saber. También nos ha parecido muy sugerente remontarlo todo a algo «atávico», a un eterno conflicto entre tierra y mar, ya presente en el mito griego con la disputa entre Atenea y Poseidón (23), por el dominio espiritual de Atenas, para ser venerada en la ciudad-estado como la primera entre las Deidades del Olimpo.

Tal dualismo espacial quedará quizá eternamente sin resolver, o desembocará en la derrota definitiva de una de las dos entidades. Por ahora, podemos contentarnos con darnos cuenta de que el planeta está dividido en facciones antitéticas y, al fin y al cabo, para eso sirve el razonamiento geopolítico, para desarrollar «una lectura puramente geográfica de los problemas», como nos enseñó Karl Haushofer.

FUENTE: https://geoestrategia.eu/noticia/44166/geoestrategia/la-perspectiva-geopolitica-con-haushofer-entre-la-tierra-y-el-mar.html

Por Fabrizio Bertolami Publicado en Geopolitika de Rusia

Los llamamientos de Biden al G7, a Europa y a la OTAN se hacen eco de los temores expresados hace casi 120 años por uno de los padres de la geopolítica: Sir Harford Mackinder. Su teoría ha vuelto a ponerse de moda en la última década porque explica, mejor que otras, la actual situación de oposición entre China y Rusia, por un lado, y Estados Unidos, Europa y Gran Bretaña, por otro. Lo que sigue es un resumen de su obra y de su pensamiento estratégico, de gran perspicacia en su época, de inspiración para otros autores modernos (Brzezinski sobre todo), válido desde hace un siglo y aún de gran actualidad.

Halford Mackinder: El pivote geográfico de la Historia

La creciente competencia tecnológica por la apropiación del espacio estaba clara para Sir Halford Mackinder (1861 – 1947) cuando en 1904, en su discurso El pivote geográfico de la Historia, argumentó que las potencias marítimas estaban en declive frente a las continentales debido precisamente a la llegada del ferrocarril. El geógrafo de Su Majestad argumentó que se podía identificar una zona conocida como el Heartland que se convertiría en el centro del poder mundial, ya que controlándolo era posible controlar el Mundo Insular y, por tanto, el Globo.

Alemania, gracias al ferrocarril, tenía un acceso más rápido a esta zona y, por tanto, una ventaja en la carrera por la hegemonía sobre sus competidores marítimos. La zona del Heartland corresponde, en la teoría de Mackinder, a la masa continental asiática que se extiende desde el Pacífico hasta Hungría en dirección este-oeste y desde el Círculo Polar Ártico hasta Irán en dirección norte-sur. El control de esta zona garantizaba el control del llamado Mundo Insular, que incluye Europa y Oriente Próximo, determinando así el control de África y, por tanto, del Mundo. El pivote o pivote geográfico se define en el discurso de 1904 como :

«[…] esa vasta zona de Eurasia, inaccesible a los barcos pero recorrida en la antigüedad por nómadas a caballo, que ahora está siendo cubierta por una densa red de ferrocarriles […]. Aquí se han dado y se siguen dando las condiciones para una movilidad de gran alcance del poder militar y económico» (1).

El pivote geográfico según Mackinder

La potencia que ocupaba el Heartland en aquel momento era Rusia, aunque era Alemania, en fuerte ascendencia militar sobre todo, la que se mencionaba entre líneas. La preocupación de Mackinder era que estas dos potencias no se unieran más estrechamente, ya que ello permitiría a Rusia introducirse en el espacio europeo y alterar progresivamente el equilibrio de poder entre las potencias marítimas y terrestres. Obviamente, pensaba que era deber de la potencia británica hacer todo lo posible para que esto no ocurriera.

Mackinder era entonces no sólo profesor de la Royal Geographical Society, una institución muy escuchada por los responsables políticos británicos, sino también director de la «London School of Economics». Fundamental en su teoría era el énfasis en el carácter determinante de la ubicación y las condiciones medioambientales de las naciones. Creía que los Estados situados en el borde de las masas de tierra continentales poseían ventajas inherentes sobre los Estados de la masa de tierra euroasiática. Esto se debía al acceso marítimo y sólo la llegada del ferrocarril podría desafiar este dominio. De hecho, el mar no proporcionaba las fronteras que las mercancías por tierra tenían que cruzar, pero los acuerdos interestatales para la construcción de ferrocarriles estaban a punto de hacer que la ruta terrestre volviera a ser competitiva para el tráfico de mercancías.

Mackinder utilizó las condiciones físico-geográficas de los territorios para predecir el curso y las perspectivas de la política mundial. Su modelo geopolítico del poder marítimo frente al poder continental también estaba pensado, de hecho, para épocas futuras. Era de hecho un determinista aunque se proclamaba reacio a ello (2). Su teoría, considerada en sus componentes fundamentales, es decir, los conceptos de Heartland, pivote y la dicotomía potencias marítimas/potencias terrestres, es la base de la llamada geopolítica «continentalista» aún vigente hoy en día.

Reconoció que el desarrollo de la actividad naval europea había creado las condiciones para una inversión de la relación histórica entre Asia y Europa. En efecto, esta última siempre se había sentido amenazada o invadida por pueblos procedentes del este y aplastada por el océano Atlántico al oeste. Gracias a su dominio sobre las tierras descubiertas después de 1492, había logrado por fin la hazaña de rodear a la primera y obligarla a ponerse a la defensiva (3).

 «[…].el efecto político más amplio fue dar un vuelco a las relaciones de Europa y Asia, ya que hasta la Edad Media Europa estaba encerrada entre un desierto impenetrable al sur, un océano desconocido al oeste, extensiones heladas o cubiertas de bosques fríos al norte y al noreste. En el este y el sureste se veía constantemente amenazada por la superior movilidad de jinetes y camelleros, pero ahora emerge al Mundo, multiplicando por más de treinta veces la superficie de mar y tierras costeras a las que tiene acceso, y envolviendo con su influencia a la potencia terrestre euroasiática y amenazando así su propia existencia. […]» (4).

La Primera Guerra Mundial había establecido la clara supremacía de las fuerzas marítimas sobre las terrestres. Sin embargo, Mackinder seguía viendo peligros en esta situación, ya que el control europeo del Heartland no se había materializado y la relación entre eslavos y alemanes creaba una zona de posible contacto/conflicto plagada de nuevos problemas. En Ideales democráticos y realidad de 1919 Mackinder señalaba a Europa Central como la nueva aguja en la balanza del poder mundial. El libro fue escrito en los días de los Acuerdos de Paz de Versalles y del rediseño del orden europeo. Su famoso lema cambió y se convirtió en

«Quien controla Europa del Este, manda en el Heartland, quien manda en el Heartland manda en el Mundo Insular, quien manda en el Mundo Insular manda en el Mundo» (5).

De hecho, Mackinder estaba convencido de que si Alemania en el 14 hubiera dirigido todas sus fuerzas hacia Rusia, permaneciendo a la defensiva en el frente francés, habría conquistado el Heartland y con ello el dominio del continente (6). Enmarcó tanto a Alemania como al Imperio de los Habsburgo como potencias orientales e identificó como eje una zona entre Rusia y Europa que se extendía desde el mar Báltico hasta el Adriático, es decir, casi exactamente lo que un día ocuparía el «Telón de Acero».

Ese espacio geográfico entre Europa y Rusia debía separar a las dos potencias e impedir simultáneamente un renacimiento alemán. La resolución de la cuestión entre alemanes y eslavos era, para Mackinder, un requisito esencial para una paz duradera, al que había que añadir una reducción adecuada del territorio alemán. También era necesario que no se creara ningún espacio económico para Alemania en esa zona, ya que la fuerza económica alemana se impondría inmediatamente allí en detrimento de las potencias marítimas y, por tanto, de la paz. A pesar del crecimiento de Alemania, Rusia seguía siendo el principal oponente de la superpotencia británica en el «Gran Juego» euroasiático.

Rusia, que era soviética desde hacía dos años, seguía ocupando el primer lugar entre las preocupaciones de Mackinder, ya que ahora podía propagar su fuerza en alas de la revolución y la lucha de clases gracias a su ideología marxista-leninista. Su oposición al comunismo era clara y su apoyo a la naciente Sociedad de Naciones, una institución capaz de propagar la democracia y el liberalismo por todo el mundo, era firme (7). Sin embargo, reconocía que la propaganda marxista era un arma poderosa en manos de Rusia, ya que era capaz de traspasar fronteras y llevar a Occidente el espíritu de la Revolución que podía socavar las democracias europeas desde dentro.

La «Europa real» según Mackinder

Concedió gran importancia a la distribución de los continentes y los océanos más que a las características raciales o climáticas, afirmando una especie de «determinismo espacial» (8). La característica crucial de su geografía política era que permitía la coexistencia de dos aspectos contrastados del Imperio británico: su condición de imperio de comercio impulsado únicamente por el poder marítimo británico y su aspecto transnacional y multirracial contemporáneo, fundado en una jerarquía racial y social. Mackinder describió esta unidad sobre una base geográfica, y marítima en particular, pudiendo así eludir la necesidad de describir el imperio como una comunidad de destino, una posición insostenible puesto que no había nada común subyacente que pudiera mantener unidos a pueblos y culturas tan diversos (9). Pero en última instancia Mackinder veía el imperio como un medio de mantener la base económica de Gran Bretaña a través del poder militar para garantizar la supervivencia nacional. El modelo imaginado por Mackinder puede seguir considerándose válido hoy en día.

Las ideas de Mackinder, y en particular su concepto de pivote y su división del mundo en telurocracias y talasocracias, sacan el análisis geopolítico del ámbito de la Historia para llevarlo al del determinismo geográfico: la geografía triunfa sobre la Historia (10) .

Nicholas Spykman: el Rimland, el anillo más preciado.

Especular a la teoría de Mackinder fue la de Nicholas Spykman (1893-1943), quien en la década de 1930 postuló la existencia de una zona llamada Rimland formada por todos los Estados ribereños alrededor del Heartland. En su opinión, éste era el verdadero pivote geográfico. Su control por las potencias terrestres haría al Heartland autosuficiente e inexpugnable.

Según su tesis, este anillo alrededor de la masa continental asiática era de mayor importancia que el Heartland precisamente por su capacidad de conectar el mar con la masa continental. Se trataba, pues, de la parte de la masa continental necesaria para el comercio mundial y que incluía Suez, Ormuz, India, Malaca, el mar de la China Meridional y Japón en Asia.

Toda Europa estaba incluida en el esquema, así como la zona de Oriente Próximo. Spykman elaboró sus tesis con una fuerte orientación geográfica al considerar todo el globo en su análisis geoestratégico también a la luz de la evolución del transporte aéreo y de la supremacía naval estadounidense entre los años 1930 y 1940. Al contrario que Mackinder, Spykman consideraba que la posición de Estados Unidos era importante desde el punto de vista estratégico, ya que podía influir tanto en los asuntos asiáticos como en los europeos.

Coincidiendo con la tesis del almirante Mahan, identificó el océano Índico como una zona focal de control geográfico desde una perspectiva militar y a la India como un puesto avanzado clave, como había hecho Mackinder antes que él. Definió el «Mediterráneo asiático» como la zona marítima que comprendía Japón, China e India y el «Mediterráneo caribeño» como el espacio entre Florida, México, Venezuela y Cuba. En esta zona, la supremacía seguía estando garantizada por la Doctrina Monroe, mientras que en la zona asiática podía ser conquistada debido a la escasa capacidad de penetración de la marina soviética.

Sugirió enérgicamente que Estados Unidos abandonara su postura defensiva y aislacionista y adoptara en su lugar una política más realista y asertiva. El concepto de «excepcionalismo americano» y el utopismo wilsoniano en uso en la época fundaron una visión extrema del determinismo medioambiental entre los geógrafos estadounidenses, a la que Spykman se opuso demostrando en sus tesis excelentes dosis de realismo (11).

Desde la revolución americana, la ideología política de ese país hizo hincapié en dos diferencias particulares entre Europa y Estados Unidos, a saber, el fuerte énfasis en el libre comercio y el ideal de una nación pacífica (conceptos antitéticos al extendido estatalismo europeo), y la visión de EEUU como un experimento social (12). El propio Wilson se adhirió a esta visión y fue partidario de una misión civilizadora estadounidense en el mundo, aunque la opinión pública norteamericana se inclinaba fuertemente por el aislacionismo en política exterior. Sus palabras:

«Cuantas más democracias haya en el mundo, más se extenderá la hegemonía ideológica estadounidense» (13).

Sin embargo, la preocupación de Spykman seguía siendo evitar la dominación alemana o rusa de la masa continental euroasiática, aunque reconocía la necesidad de mantener una fuerte Alemania antirrusa en todo el Este (14). La Rusia soviética ocupó sin cesar la masa continental euroasiática y se expandió desde Vladivostock y Port Arthur, arrebatados a China, hasta Bakú con la vista puesta en Irán y Pakistán (que en la época de Spykman, fallecido en 1943, aún no existían). En Europa dominaba ahora el mar Báltico y potencialmente el Adriático, mientras que sus fronteras terrestres abarcaban la mitad de Alemania y todo el antiguo imperio de los Habsburgo, esa Mitteleuropa que Mackinder había señalado como el nuevo pivote en 1919. Spykman murió en 1943 sin poder ver cómo se desarrollaban los resultados de la guerra, pero fue capaz de predecir con lucidez las tendencias futuras.

En primer lugar, comprendió que el desarrollo del transporte aéreo y marítimo permitiría a Estados Unidos desplegar su potencial militar prácticamente en cualquier lugar y en muy poco tiempo, convirtiendo así la geopolítica en global.
Afirmó que el periodo de posguerra sería testigo de una descentralización regional del poder, no tanto en términos militares como económicos y políticos. Previó la futura política de contención (enunciada más tarde por George Kennan) señalando Oriente Próximo, Europa Occidental y el océano Índico como los teatros de operaciones para contrarrestar a la URSS. Sin embargo, Spykman seguía considerando a Europa como el centro de la dominación global estadounidense y no estaba en absoluto a favor de una mayor integración europea (15).

En él, Mackinder veía la posibilidad de que una Europa unida con su propio ejército pudiera obviar la necesidad de una presencia estadounidense en la masa continental euroasiática, condenando a EEUU a la expulsión de la península europea. La conquista militar y el mantenimiento de la presencia estadounidense era la única forma de garantizar con certeza la detención del avance de la URSS y, por tanto, del comunismo en el globo. La contención de la Unión Soviética en el lado europeo, que se convertiría en la doctrina dominante en Estados Unidos durante los 30 años siguientes, debía basarse en supuestos geográficos y no en elementos culturales compartidos como el liberalismo o la democracia.

Notas:

1. H. Mackinder, El pivote geográfico de la historia en The Geopolitical Reader, editado por Gearóid Ó Tuathail, Simon Dalby,Paul Routledge, Routledge, Nueva York 1998, p. 30.

2. Harford Mackinder,The Geographical Pivot of History in The Geopolitical Reader, editado por Gearóid Ó Tuathail, Simon Dalby,Paul Routledge,Routledge,Nueva York, 1998,p. 30

3. Ibid .

4. Ibid, p.29

5. H. Mackinder, Democratic Ideals and Reality, National Defence University Press 1996, p.106.

6. Ibid, .

7. Ibid, p.144.

8. Ibid p.90.

9. Ibid p. 91.

10. Ibid p. 90.

11. C. Jean, Geopolítica del mundo contemporáneo, Editori Laterza, Roma-Bari 2012, p. 28.

12. J.Agnew, Fare Geografia Politica,FrancoAngeli, Milano, 2008 p.94

13. Ibidem p.95

14. R. Kaplan, La venganza de la geografía, Random House, Nueva York 2013,p.99.

15. Ibidem.

Fuente: https://www.ariannaeditrice.it/articoli/mare-contro-terra-la-storia-infinita 

https://comedonchisciotte.org/mare-contro-terra-la-storia-infinita/

Traducción: Enric Ravello Barber

PRIMERA COLUMNA DE GEOPOLITICA DEL AÑO 2020 

Análisis semanal de Geopolitica de Carlos Pereyra Mele para el equipo del Club de la Pluma, que conduce el Periodista Norberto Ganci por la Radio Web al Mundo

Club de la Pluma: Arte, Ciencia, Cultura, Derechos Humanos, Geopolítica, Deuda Externa, Relatos, Cuentos, Educación, Opinión, Editorial, Efemérides, Comunidades Originarias, Filosofía Y Mucho Más…

TEMAS:

Crisis Sistémica se profundiza – La Teoría Geopolitica de Mackinder un geógrafo inglés del S XIX se consolida en el S XXI – 

EEUU entre su frente interno Elecciones Presidenciales y Juicio Político a Trump y sus dificultades en Medio Oriente priorizando lo “táctico” sobre lo “estratégico”, muy especialmente luego del asesinato del Gral Irani: Qassen Solemaini, contra ataque asimetrico de Iran, la desaparición del jefe de operaciones secretas, de la CIa para Iran y Afganistan, que sería uno de los tripulantes del avión derribado por los talibanes en Afganistán – El acuerdo del Siglo presentado por Trump y Netanyahu, sobre Israel y Palestina, tiene una fuerte resistencia.

Europa en su laberinto – desde Febrero se aplica el BREXIT (Gran Bretaña y sus idea se ser el centro financiero de los países asiáticos productivos y transformarse en un Paraíso Fiscal, como la Gran singapur financiera)

Hispanoamérica: Crisis sin solución política y consecuencias económicas y sociales:

Crisis boliviana Crisis Chilena crisis Peruana Crisis Colombiana Argentina Tierra de disputa de atlantistas globalistas y Continentalistas emergentes

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Las causas de la nueva doctrina Monroe y la multipolaridad global

Siguiendo con nuestras notas y mi actividad en la República Islámica de Irán, el día 4 estuve en la Facultad de Relaciones Internacionales y Diplomacia del Ministerio de Relaciones, dictando un Seminario para los futuros Diplomáticos, que optaron el área de América Latina dentro de la carrera diplomática.


Me sorprendió la organización académica por áreas globales, y la carrera dura cuatro años. Un tronco común dos años y los otros dos, el área de especialización que eligen.
El becario tiene la obligación de poseer un título de posgrado y a diferencia de las Academias o Institutos Diplomáticos de nuestros países, en realidad es una Facultad de la Universidad de la Cancillería.


Yendo al tema específico que diserte y luego con un nivel de gran debate, desarrolle la hipótesis, que la derrota de EEUU en Siria y del engendro terrorista del Estado Islámico ocasionado por Siria, Rusia e Irán más la diplomacia multipolar activa del Papa Francisco, nace un «orden» multipolar .
EEUU en la necesidad geopolitica de controlar la isla mundial -Eurasia- en la visión geopolitica de Mackinder, y tal como lo establece su Estrategia de Seguridad Nacional desde el 2016, de centrarse en el Asia-Pacífico contra China y Rusia, pretende realizar una nueva cartografía para Medio Oriente.
El ISIS o Estado Islámico, justamente no era ni un Estado ni era Islámico, y era un engendro terrorista apoyado desde los EEUU y sus aliados, como se desprende de los cables diplomáticos desclasificados por Julián Assange en wikileaks.
El objetivo era aniquilar Irán, en su carácter de Estado región de un núcleo unificador cultural Islámico, pero fracasó en Siria,como dijimos.
Esto es el germen del nacimiento del «orden» multipolar y el fracaso de un imperio global norteamericano.

 

Y también es la causa principal del nacimiento de la nueva doctrina Monroe que venimos denunciando,que está basada en tres pilares:

  • Un pilar judicial direccionado en base a la denuncia por «corrupción» de todos aquellos factores perturbadores. El caso Lula es un ejemplo paradigmático y el rol del juez Moro, que pasó a ser Ministro de Bolsonaro.

  • La guerra comercial con China , para no perder el «patio trasero»

  • Norteamericanizado la seguridad de América del sur a través de anillos militares en búsqueda de los recursos naturales y la activación de cambios de gobierno,con el nuevo brazo diplomático que no es la OEA sino el Grupo de Lima.


Por eso, el caso Venezuela no se reduce a la figura de Maduro porque sería una trampa, sino es una invasión original e inédita a un país soberano. Una guerra híbrida o de cambio de régimen latinoamericano, que aún no se entiende o no se quiere entender, para especular y estar alineado al imperio.
La República Islámica de Irán jugó un rol central en la derrota del ISIS, porque Putin fue vital con el poder aéreo, pero los voluntarios iraníes pelearon cara a cara junto a los sirios contra los terroristas. Y las guerras las sigue definiendo la infantería.

 

Prof.Dr Miguel Ángel Barrios-Argentina
Dr en Educación
Dr en Ciencia Política

Director Académico de Dossier Geopolitico  DG
Autor de numerosas obras de política internacional y latinoamericana