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¡¡ 2023 HA SIDO EL MÁS TERRIBLE AÑO DE GENOCIDIOS Y GUERRAS PROXY DE TODO EL SIGLO XXI !!

Así lo afirma el director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, en su columna del Club de La Pluma, destacando la paradoja que este año que finaliza coincide con el período de mayor vigencia de organismos y de leyes internacionales que -supuestamente- deberían frenar, condenar y castigar semejantes atrocidades. Pero que por el contrario han vuelto a fracasar vergonzosamente. Con lo que se desnuda la fatal realidad de que si el imperio anglo sajón es el primer y activo promotor de estas desgracias motivadas por sus profundos intereses económicos y geopolíticos en el mundo, y es a la vez el que controla y maneja estos organismos mundiales, no es difícil deducir los motivos por los que los tan ineptos burócratas “de la paz mundial” opten siempre por el cero accionar, con la complicidad de los grandes medios.

Y en ese análisis del 2023, aborda Pereyra Mele el espantoso genocidio palestino a manos del Estado de Israel con la evidente complicidad de EEUU y Europa, también analiza la agonía de Ucrania y su catástrofe humanitaria, poblacional y generacional y cuya derrota ya la reconocen en Occidente, quién a su vez, fue instigador y promotor de tan ruinosa “guerra Proxy”. Nos da cuenta además de la nueva activación del ISIS por parte de la CIA para desestabilizar el Sahel Africano, de donde fueron expulsadas las corruptas empresas europeas con sus métodos esclavistas. Nos habla de la limpieza étnica de Azerbaiyán sobre Nagorno Karabaj, otra en Sudán del Sur con persecución de minorías tribales, el desalojo y exterminio de grupos étnicos en Etiopía y las acciones militares en El Congo contra grupos de tribus.

En cuanto a la actualidad, se refiere en primer lugar al año complicadísimo de Argentina, con su profundo cambio político que lo llevará al aislamiento internacional, tal cual lo demuestran las escasas figuras políticas de peso global que asistieron a la asunción del nuevo presidente, además de los terribles planes económicos anunciados que auguran una grave hecatombe social y humana. También nos habla de la intensa actividad de Putin, con su espectacular viaje a Arabia Saudita y Emiratos, luego de su reunión con el presidente de Irán y el encuentro con las autoridades de Omán, lo cual demuestra que ni Rusia ni Putin están aislados como cuenta el falso relato occidental. Todo ello para establecer nuevos lazos y nuevos acuerdos de índole militar y económico y sobre todo, para profundizar la estrategia sobre los recursos energéticos, teniendo como telón de fondo a los BRICS y su nueva etapa que se inicia el próximo 1º de Enero.

Y concluye el audio con que se continúan produciendo gigantescos cambios a nivel internacional y en el sur global, los cuales Occidente quiere ocultar, especialmente para no asumir la pendiente y el retroceso de los poderes atlantistas encabezados por el poder anglo norteamericano, que marcan el fin histórico de un ciclo imperial y que definen el nuevo ordenamiento mundial de la multipolaridad.

Eduardo Bonugli (Madrid, (10/12/24)

People are seen in front of clouds of black smoke from fires in the aftermath at the scene of an airstrike in Mekele, the capital of the Tigray region of northern Ethiopia. (AP Photo)

Republica Democratica del Congo

Por Peter Logghe

Donde la tierra y el mar se encuentran, hay lugar para la tensión geopolítica, especialmente cuando se trata de Estados competidores que bordean mares o lagos interiores. Esa tensión es obvia para todos alrededor del Canal de Suez, en el Océano Índico, en el Mar del Sur de China, con las numerosas disputas entre la superpotencia China y estados como Japón, Taiwán, Filipinas y otros.

Menos conocido es el Bósforo, en el Mar Negro, mientras que la invasión rusa de Ucrania pone cada vez más de relieve la importancia geopolítica de este estrecho turco. Basándose en la Convención de Montreux de 1936, Turquía ha jugado repetidamente sus bazas estratégicas. Debido a la globalización del comercio y, por tanto, al enorme aumento del transporte marítimo, Turquía ha desarrollado recientemente el proyecto del «Canal de Estambul», para aliviar parcialmente el Bósforo, pero sin beneficiarse menos del aumento del transporte marítimo.

Ana Pouvreau, doctora en estudios eslavos por la Universidad de París-IV Sorbona, diplomada en relaciones internacionales y estudios estratégicos por la Universidad de Boston, dedica un extenso artículo en la revista francesa Conflits (revista de geopolítica), nº 48 (noviembre-diciembre de 2023) a este estrecho marítimo que ha desempeñado y seguirá desempeñando un papel político-económico tan importante. Se trata de un estrecho de unos 30 kilómetros que conecta los continentes europeo y asiático.

Los otomanos se dieron cuenta de la importancia geopolítica de este tramo de mar hace mucho tiempo: en 1393 y 1451 construyeron fortificaciones en el Bósforo, lo que les permitió tomar Constantinopla en 1453. Sobre todo, se dieron cuenta de que, al hacerlo, controlaban el acceso de los barcos al Mar Negro y, por tanto, tenían el control sobre todo el Mar Negro y sus Estados. El Mar Negro se convirtió en un lago turco, en detrimento de Rusia. Esto obligó a los rusos durante siglos a pedir siempre permiso al sultán para navegar por el Bósforo. La balanza se inclinó en el siglo XVIII, cuando los rusos lograron conquistar la costa norte del Mar Negro y obtuvieron el derecho a navegar en el mar y a través del estrecho. Sin embargo, el Bósforo siguió provocando tensiones geopolíticas.

Importancia de la Convención de Montreux (20 de julio de 1936)

La autora Ana Pouvreau subraya acertadamente en Conflits la importancia de la Convención de Montreux, que sigue siendo válida. Ese acuerdo internacional garantiza el libre paso de los buques comerciales. El paso de los buques de guerra está sujeto a restricciones especiales. En particular, los Estados no ribereños del Mar Negro tienen que limitar el número de buques de guerra y su tonelaje. Turquía tiene la potestad de denegar el acceso al Bósforo a cualquier barco y de hacerlo a su discreción – en tiempos de guerra, Turquía recurrió a esto. El 27 de febrero de 2022, la guerra en Ucrania se registró como amenaza, lo que permitió a Turquía adoptar medidas restrictivas basadas en este convenio.

Si el Bósforo es una de las puertas de entrada a Rusia para Europa Occidental, los estrechos son el único acceso por agua posible al Mediterráneo para Rusia y, por tanto, un punto caliente geopolítico para la flota rusa en el Mar Negro. Gracias a la pertenencia de Turquía a la OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte controló durante décadas el acceso al Mar Negro, lo que no es poco. Con la desintegración de la Unión Soviética, afirma Ana Pouvreau, el espacio póntico se abrió aún más a la Alianza Atlántica. La tensión aumentó con la secesión de Transnistria, Abjasia y Osetia del Sur, que se unieron a Rusia. Para Igor Delanoë, experto en Rusia, esta zona sigue siendo «un polo militar póntico-caucásico», que Rusia ve como una oportunidad para responder a las políticas de contención estadounidenses, aumentando así la influencia rusa en la región. Ana Pouvreau, por ejemplo, se refiere al estallido de la guerra en Siria en 2011. Rusia creó entonces de inmediato una base de apoyo marítimo -también conocida como el Expreso de Siria- para hacer llegar ayuda militar (a través del Bósforo) al régimen de Assad sobre el terreno.  Los buques rusos atravesaron en masa los estrechos turcos.

El Mar Negro y el Mar de Azov son verdaderos centros de intercambios comerciales entre Rusia y el resto del mundo, especialmente a través del puerto de Novorossiysk, que se ha convertido silenciosamente en el puerto más importante de Rusia – de ahí de nuevo la importancia del Bósforo. Alrededor del 40% de la producción bruta de petróleo de Rusia pasa por el Bósforo. Rusia suministra a Turquía suficiente combustible – Turquía se opuso y se opone a las sanciones económicas contra Rusia. Rusia es además el primer exportador de grano y harina, y – a través del Bósforo – un actor global en la seguridad alimentaria mundial.

La globalización de la economía mundial ha incrementado enormemente los intercambios comerciales en el Bósforo y sus alrededores. Para los Estados ribereños de Turquía, Bulgaria, Rumanía, Ucrania, Rusia y Georgia, este estrecho reviste una importancia primordial. En 2019, según el autor de Conflits, 40.000 barcos atravesaron el Bósforo. Desde hace varios años, el tráfico incluso se ha saturado, obligando a los barcos a soportar largas esperas. Estambul creció junto con el comercio mundial y hoy es una de las principales metrópolis del mundo, con 15,84 millones de habitantes.

Además, desde la invasión rusa de Ucrania, Turquía se ha convertido en un centro energético y en un puerto de tránsito de petróleo y gas de Asia a Europa aún más importante de lo que ya era. Turquía, por su parte, lleva desde 2021 ejecutando sus planes para el llamado Canal de Estambul, que espera completar en 2027. Este canal, según el gobierno turco, debería reducir la presión sobre el Bósforo. El canal tendrá 45 km de largo y 275 metros de ancho. El paso será de pago, lo que, sin embargo, puede tener un coletazo jurídico, ya que comprometería la libertad de navegación. Rusia ve el proyecto con recelo, ya que este nuevo canal permitiría a la OTAN llevar sus tropas al Mar Negro con mayor rapidez.

Puede que el Bósforo sea menos conocido para el gran público, pero el lugar no es insignificante en las crecientes tensiones geopolíticas.

Conflits, Revue de Géopolitique, novembre-décembre 2023, n° 48, 32 rue du Faubourg Poissonnière, F-75010 Paris.

Fuente: Knooppunt Deltapers – Nieuwsbrief nº 184 – Noviembre de 2023

Traducción: Enric Ravello Barber publicado en Geopolitika.ru

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor/autora y no representan necesariamente la posición de DOSSIER GEOPOLITICO

El cristianismo ortodoxo, el islam moderado y varias corrientes del taoísmo/confucianismo pueden convertirse en las tres civilizaciones principales de una humanidad limpia.

Por Pepe Escobar para la Fundacion de la Cultura Estrategica

Se está redactando el Aviso de Desalojo. Y vendrá en cuatro idiomas. Ruso. farsi. Mandarín. Y por último pero no menos importante, el inglés.

Un placer muy apreciado por la escritura profesional es verse siempre enriquecido por lectores informados. Esta idea sobre el “desalojo” –que vale más que mil tratados geopolíticos– fue ofrecida por uno de mis lectores más sagaces al comentar en una columna.

De manera concisa, lo que tenemos aquí expresa un consenso profundamente sentido en todo el espectro, no sólo en Asia occidental sino también en la mayoría de las latitudes del Sur Global/Mayoría Global.

Lo impensable, en forma de genocidio llevado a cabo en vivo, en tiempo real en cada teléfono inteligente en la tercera década del milenio –que llamé los furiosos años veinte en un libro anterior– ha actuado como un acelerador de partículas, concentrando corazones y mentes.

Aquellos que optaron por incendiar Asia occidental ya se enfrentan a un desagradable revés. Y eso va mucho más allá de la diplomacia ejercida por los líderes del Sur Global.

Por primera vez en mucho tiempo, a través del presidente Xi Jinping, China ha sido más que explícita en términos geopolíticos (un verdadero soberano no puede protegerse cuando se trata de genocidio). La posición inequívoca de China sobre Palestina va mucho más allá de la rutina geoeconómica de promover los corredores comerciales y de transporte de la BRI.

Todo eso mientras el presidente Putin definió el envío de ayuda humanitaria a Gaza como un “deber sagrado”, que en el código ruso incluye, de manera crucial, el espectro militar.

A pesar de todas las maniobras y posturas ocasionales, a todos los efectos prácticos todo el mundo sabe que el actual acuerdo de la ONU está podrido sin posibilidad de reparación y es totalmente impotente cuando se trata de imponer negociaciones de paz significativas, sanciones o investigaciones de crímenes de guerra en serie.

La nueva ONU en ciernes es BRICS 11; en realidad, BRICS 10, considerando que el nuevo caballo de Troya Argentina en la práctica puede quedar relegado a un papel marginal, suponiendo que se incorpore el 1 de enero de 2024 .

Los BRICS 10, liderados por Rusia y China, ambos regulados por una fuerte brújula moral, mantienen su oído en el terreno y escuchan a las calles árabes y a las tierras del Islam. Especialmente su gente, mucho más que sus élites. Este será un elemento esencial en 2024 durante la presidencia rusa de los BRICS.

Incluso sin check out, tendrás que irte.

El orden del día actual en el Nuevo Gran Juego es organizar la expulsión de la Hegemonía de Asia Occidental, lo que constituye un desafío tanto técnico como civilizacional.

Tal como están las cosas, el continuo Washington-Tel Aviv ya es prisionero de su propio dispositivo. Esto no es ningún Hotel California; Es posible que no salgas cuando quieras, pero te verás obligado a marcharte.

Eso puede suceder de una manera relativamente suave (pensemos en Kabul como una remezcla de Saigón) o, si las cosas se ponen feas, puede implicar un Apocalipsis Ahora naval, con costosas bañeras de hierro convertidas en arrecifes de coral suboceánicos y la desaparición de CENTCOM y su proyección AFRICOM. .

El vector crucial desde el principio es cómo Irán –y Rusia– han jugado, año tras año, con infinita paciencia, la estrategia maestra ideada por el general Soleimani, cuyo asesinato en realidad inició los furiosos años veinte.

Una potencia hegemónica desarmada no puede derrotar al “nuevo eje del mal”, Rusia-Irán-China, no sólo en Asia occidental sino también en cualquier lugar de Eurasia, Asia-Pacífico y toda África. La participación directa/normalización del genocidio solo funcionó para acelerar la progresiva e inevitable exclusión de la Hegemonía de la mayor parte del Sur Global.

Todo eso mientras Rusia elabora meticulosamente la integración del Mar Negro, el Mar Caspio, el Mar Báltico (a pesar de la histeria finlandesa), el Ártico y el Mar del Pacífico Noroccidental y China impulsa la integración del Mar de China Meridional.

Xi y Putin son talentosos jugadores de ajedrez y se benefician de asesores estelares del calibre de Patrushev y Wang Yi. China jugar al go geopolítico es un ejercicio de no confrontación: todo lo que necesitas hacer es bloquear la capacidad de movimiento de tu oponente.

Chess and go , en un tándem diplomático, representa un juego en el que no interrumpes a tu oponente cuando se dispara repetidamente en las rodillas. Como beneficio adicional, conseguirás que tu oponente se enfade con más del 90% de la población mundial.

Todo eso conducirá al colapso de la economía de la hegemonía. Y luego puede ser derrotado por defecto.

“Valores” occidentales enterrados bajo los escombros

Mientras Rusia, especialmente a través de los esfuerzos de Lavrov, ofrece al Sur Global/Mayoría Global un proyecto de civilización, centrado en una multipolaridad mutuamente respetuosa, China, a través de Xi Jinping, ofrece la noción de “comunidad con un futuro compartido” y un conjunto de iniciativas, discutidas en detalle. en el Foro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) celebrado en Beijing en octubre, donde Rusia, no por casualidad, fue el invitado de honor.

Un grupo de académicos chinos enmarca de manera concisa el enfoque como China “creando/facilitando nodos globales para relacionarse/comunicarse y plataformas para colaboración/intercambios prácticos concretos. Los participantes siguen siendo soberanos, contribuyen al esfuerzo común (o simplemente a proyectos específicos) y reciben beneficios que los hacen dispuestos a continuar”.

Es como si Beijing estuviera actuando como una especie de estrella brillante y luz guía.

En marcado contraste, lo que queda de la civilización occidental –ciertamente sin mucho que ver con Montaigne,

Pico della Mirandola o Schopenhauer – se sumerge cada vez más en un Corazón de las Tinieblas autoconstruido (sin la grandeza literaria de Conrad), confrontando la verdadera e irremediablemente horrible cara del individualismo conformista y servil.

Bienvenidos al Nuevo Medievalismo, precipitado por las “aplicaciones asesinas” del racismo occidental, como se argumenta en un brillante libro, Cosmopolitanismo chino , del académico Shuchen Xiang, profesor de Filosofía en la Universidad de Xidan.

Las “aplicaciones asesinas” del racismo occidental, escribe el profesor Xiang, son el miedo al cambio; la ontología del dualismo bivalente; la invención del «bárbaro» como el Otro racial; la metafísica del colonialismo; y la naturaleza insaciable de esta psicología racista. Todas estas “aplicaciones” están ahora explotando, en tiempo real, en Asia occidental. La consecuencia clave es que la construcción de “valores” occidentales ya ha perecido, enterrada bajo los escombros de Gaza.

Ahora, un rayo de luz: se puede argumentar –y volveremos a ello– que el cristianismo ortodoxo, el islam moderado y varias corrientes del taoísmo/confucianismo pueden abrazar el futuro como las tres principales civilizaciones de una humanidad limpia.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor/autora y no representan necesariamente la posición de Dossier Geopolitico

John DugardCambridge University Press

Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por María Valdés

El 2 de junio de 2022, el presidente Biden publicó un artículo de opinión en el New York Times titulado «Cómo está dispuesto Estados Unidos a ayudar a Ucrania» en el que declaraba que la acción de Rusia en Ucrania «podría marcar el fin del orden internacional basado en reglas y abrir la puerta a la agresión en otros lugares, con consecuencias catastróficas en todo el mundo».(1) No se menciona el derecho internacional. Posteriormente, en una conferencia de prensa al concluir la Cumbre de la OTAN de junio de 2022 en Madrid, advirtió tanto a Rusia como a China que las democracias del mundo «defenderían el orden basado en reglas» (OBR).(2) Una vez más, no se menciona el derecho internacional. El 12 de octubre de 2022, el presidente de los Estados Unidos publicó una Estrategia de Seguridad Nacional que hace repetidas referencias al OBR como la «base de la paz y la prosperidad globales»(3) con sólo una referencia pasajera al derecho internacional.(4) El término «orden basado en reglas» es utilizado con tanta frecuencia por líderes políticos estadounidenses, como el presidente Biden y el secretario de Estado Antony Blinken, que, según el profesor Stephen Walt de la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard, «parece haberse convertido en un requisito laboral para un alto puesto en el aparato de política exterior de Estados Unidos”.(5) La conclusión clara que se puede extraer de esto es que el hecho de que Estados Unidos no invoque el derecho internacional y en su lugar apele en la mayoría de las ocasiones a un «orden internacional basado en reglas» es algo considerado y deliberado.(6)

Otros líderes occidentales también han invocado el «orden internacional basado en reglas» para criticar a los Estados no occidentales, en particular a Rusia y China, por su mala conducta internacional (7) pero tales referencias han sido inconsistentes (8) o usarse indistintamente con el derecho internacional. Un buen ejemplo de esto lo proporciona la Declaración emitida por los Jefes de Estado al concluir la Cumbre de la OTAN en Madrid de 2022, en la que se afirmó que «nos adherimos al derecho internacional y a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas». Naciones. Estamos comprometidos a defender el orden internacional basado en reglas”.(9) El Primer Ministro de los Países Bajos ha ido aún más lejos al combinar los dos términos en una sola frase al referirse al «orden jurídico internacional basado en reglas».(10) Esto sugiere que otros líderes occidentales, particularmente de la UE, tienen una actitud ambivalente hacia el orden internacional basado en reglas. Si bien están dispuestos a aceptar el lenguaje preferido de Estados Unidos en declaraciones conjuntas con Estados Unidos, insisten, no obstante, en que las relaciones internacionales se rigen por el derecho internacional. Esto quedó claro en una declaración emitida por la UE en las Naciones Unidas cuando Rusia invadió Ucrania.(11) El Reino Unido, por otra parte, invoca con frecuencia el orden internacional basado en reglas.(12)

¿Qué es esta criatura, el «orden internacional basado en reglas», que los líderes políticos estadounidenses han invocado cada vez más desde el final de la Guerra Fría en lugar del derecho internacional? ¿Es un sinónimo inofensivo de derecho internacional, como sugieren los líderes europeos? ¿O es algo más, un sistema destinado a reemplazar el derecho internacional que ha regido el comportamiento de los Estados durante más de 500 años?

En este editorial deseo compartir algunas reflexiones sobre este nuevo fenómeno, en un intento de responder a esta pregunta.

Una búsqueda en los índices de los principales libros de texto de derecho internacional no ayuda. No se menciona el «orden internacional basado en reglas» en una selección aleatoria de tales libros.(13) El relativo silencio de los académicos y profesionales del derecho internacional sobre este tema posiblemente pueda explicarse porque los abogados ven el OBR como el término político para el derecho internacional o como una retórica política inofensiva. Sin embargo, esto es desafortunado ya que ha permitido a los políticos invocar el OBR sin dar una explicación de lo que quieren decir.

1.Dos maneras de ver el ’orden basado en reglas’

Por un lado, puede verse como un concepto desarrollado por politólogos y políticos que pretende ser más o menos sinónimo de derecho internacional. (14) Fundado en un orden internacional liberal, está «basado en principios de gobernanza democrática, la protección de los derechos individuales, la apertura económica y el estado de derecho»(15) y se caracteriza por la igualdad, los derechos humanos, la libertad, el multilateralismo, la libre circulación de mercancías y la seguridad colectiva.(16) En su contenido, va más allá de la estrecha percepción positivista del derecho internacional para incluir el derecho indicativo, incluidas las normas y recomendaciones de las organizaciones internacionales de normalización (17) y conferencias y reglas elaboradas por actores no estatales.

Según este punto de vista, el OBR se basa en principios que constituyen los fundamentos del derecho internacional y además tiene en cuenta las fuentes más amplias del derecho internacional contemporáneo defendidas por muchos académicos. Al igual que el derecho internacional, se basa en los valores de la comunidad internacional consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, en tratados multilaterales y normas consuetudinarias que dan efecto a esos valores.

Sin embargo, existe otra perspectiva de lel OBR que requiere consideración.

Los teóricos y comentaristas políticos han tomado la iniciativa en el examen del OBR pero, aparte de aquellos que han criticado al OBR, (18) han prestado escasa atención a la relación con el derecho internacional. Por ejemplo, si bien han anunciado la importancia de los derechos humanos, la autodeterminación, la integridad territorial, la cooperación económica y los principios maternales del derecho internacional, no han considerado el contenido de estos principios en referencia a tratados multilaterales o normas consuetudinarias. o los mecanismos para su aplicación. Están satisfechos con la exposición de valores que no están definidos sin tener en cuenta su fuerza vinculante o aplicabilidad. En resumen, no son reglas tal como las entienden los abogados. Para empeorar las cosas, no han considerado la cuestión de si el OBR y el derecho internacional son compatibles entre sí o si un orden es superior al otro.

La naturaleza indeterminada e indefinida de las «reglas» del OBR y la falta de consideración de su relación con el derecho internacional ha llevado a cuestionar el motivo del recurso al OBR por parte de Estados Unidos. La manera en que Estados Unidos ha justificado aparentes violaciones del derecho internacional por parte de sus propias fuerzas o de sus amigos cercanos ha resultado inevitablemente en una explicación cínica, aunque plausible, de la preferencia de Estados Unidos por el OBR.

Según este punto de vista, el orden internacional basado en normas puede verse como la alternativa de los Estados Unidos al derecho internacional, un orden que resume el derecho internacional tal como lo interpretan los Estados Unidos de acuerdo con sus intereses nacionales, «una quimera, es decir, cualquiera que sea el Estados Unidos y sus seguidores quieren que signifique en un momento dado’. (19) Partiendo de la premisa de que «los propios Estados Unidos están dispuestos a ignorar, evadir o reescribir las reglas siempre que parezcan inconvenientes», (20) se considera que el OBR es amplia, abierta a la manipulación política y a dobles raseros. Según el profesor Stefan Talmon, el OBR «parece permitir reglas especiales en casos especiales -sui generis-«. (21)

2.La razón detrás de la referencia a un «orden internacional basado en reglas»

Hay varias razones que pueden explicar por qué Estados Unidos prefiere invocar un «orden internacional basado en reglas» y no el derecho internacional.

En primer lugar, Estados Unidos no es parte en varios tratados multilaterales importantes que constituyen una característica esencial del derecho internacional. No es parte de la Convención sobre el Derecho del Mar, lo que significa que está obligado a reprender a China por amenazar el «orden internacional basado en reglas» en el Mar Meridional de China en lugar del derecho internacional. (22) No es parte de una serie de tratados fundamentales que rigen el derecho internacional humanitario, incluidos los Protocolos de las Convenciones de Ginebra de 1977 sobre el derecho de la guerra, el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, la Convención sobre Municiones en Racimo y la Convención Antipersonal. Convención sobre la prohibición de las minas. Tampoco es parte de la Convención sobre los Derechos del Niño ni de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Inevitablemente, esto dificulta que Estados Unidos responsabilice a los Estados por violaciones del derecho internacional humanitario y del derecho de derechos humanos en la medida en que Estados Unidos no considere que estas normas formen parte del derecho internacional consuetudinario.

En segundo lugar, Estados Unidos ha colocado interpretaciones del derecho internacional que justifican el uso de la fuerza (23) y la violación del derecho internacional humanitario que son controvertidos y cuestionados. Su interpretación del derecho de legítima defensa para permitir ataques preventivos (24) y el uso de la fuerza contra insurgentes/militantes caracterizados como terroristas son ampliamente discutidos. (25) El recurso al uso de la fuerza como especie de intervención humanitaria en el bombardeo de Belgrado en 1999, llevado a cabo bajo los auspicios de la OTAN, (26) también está en disputa. Las interpretaciones dadas a las resoluciones del Consejo de Seguridad por parte de Estados Unidos y el Reino Unido para autorizar el uso de la fuerza en Irak en 2003 (27) y Libia en 2011 (28) han sido muy criticados como pretextos ilegales para un cambio de régimen. La denegación del estatuto de prisioneros de guerra a los soldados talibanes detenidos en la Bahía de Guantánamo tras la invasión estadounidense de Afganistán en 2002 ha sido cuestionada porque viola el artículo 4 de la Convención relativa al tratamiento de los prisioneros de guerra. (29) El uso de drones en Afganistán, Irak y Yemen para matar a militantes/terroristas hostiles, que Estados Unidos ha justificado como autodefensa permisible, ha sido criticado como una violación del derecho internacional humanitario y del derecho de los derechos humanos. (30) Parece que Estados Unidos considera más conveniente –y posible– defender interpretaciones impugnadas del derecho internacional de este tipo bajo las ’reglas’ amplias de la RBO que justificarlas bajo las reglas más estrictas del derecho internacional. (31)

En tercer lugar, Estados Unidos no está dispuesto a responsabilizar a algunos Estados, como Israel, por violaciones del derecho internacional. Se tratan como casos sui generis en los que el interés nacional excluye la rendición de cuentas. Este excepcionalismo con respecto a Israel fue explicado detalladamente por Estados Unidos en su declaración conjunta con Israel con motivo de la visita del presidente Biden a Israel en julio de 2022 (32) que reafirma «los vínculos inquebrantables entre nuestros dos países y el compromiso duradero de los Estados Unidos con la seguridad de Israel» y la determinación de los dos estados «de combatir todos los esfuerzos para boicotear o deslegitimar a Israel, negar su derecho a la autosuficiencia» defensa, o señalarlo en cualquier foro, incluidas las Naciones Unidas o la Corte Penal Internacional». Este compromiso explica la negativa constante de Estados Unidos a responsabilizar a Israel por sus repetidas violaciones del derecho humanitario, apoyar el procesamiento de los autores de crímenes internacionales ante la Corte Penal Internacional, condenar sus ataques a Gaza – mejor retratados como una aplicación excesiva de la ocupación de Gaza y no la autodefensa como sostienen los Estados Unidos – (33), insisten en que Israel procese a los asesinos de un ciudadano estadounidense (Shireen Abu Akleh), critican su violación de los derechos humanos según lo establecido tanto por el Consejo de Derechos Humanos como por la Asamblea General, aceptan que Israel aplica una política de apartheid en el Territorio Palestino Ocupado, (34) y oponerse a su anexión de Jerusalén Este. (35) Y, por supuesto, está la negativa de Estados Unidos a reconocer la existencia del arsenal nuclear de Israel o permitir cualquier discusión sobre él en el contexto de la proliferación nuclear en el Medio Oriente. (36) Es posible que tales medidas por parte de Israel se consideren consistentes con el “orden internacional basado en reglas”, incluso si violan reglas básicas del derecho internacional.

Por supuesto, los dobles raseros, el excepcionalismo y la hipocresía son características de las políticas exteriores de los estados que aceptan el derecho internacional y no favorecen al OBR. Semejante conducta debe ser condenada, ya que socava la noción de responsabilidad de todos los Estados, independientemente de su posición y de sus amigos en la comunidad internacional. Las «reglas» amorfas del OBR, sin embargo, hacen que sea más fácil para un estado brindar un trato especial a otro estado y tolerar sus violaciones del derecho internacional. Estados Unidos puede justificar su negativa a responsabilizar a Israel por sus violaciones del derecho internacional argumentando que el derecho internacional tal como lo interpreta Estados Unidos –el OBR– permite ataques a Gaza como autodefensa contra el terrorismo y el asesinato de militantes terroristas mediante drones, la aplicación del apartheid, la anexión de territorio y la continuación de una ocupación que se considera ampliamente ilegal.

Estas explicaciones sobre la invocación preferida de Estados Unidos del OBR no se aplican consistentemente a otros estados de la alianza occidental. La mayoría son partes en la mayoría de los tratados multilaterales. Sólo el Reino Unido participó en todas las controvertidas intervenciones militares mencionadas anteriormente, aunque algunas se llevaron a cabo bajo el paraguas de la OTAN. Y la mayoría de los Estados occidentales han estado dispuestos a responsabilizar a Israel por sus violaciones del derecho internacional, aunque sólo de palabra. Esto probablemente explica por qué los líderes occidentales han utilizado el término OBR indistintamente con el derecho internacional y parecen tratar ambos órdenes como sinónimos. Esto significa que el OBR es en gran medida una orden defendida por Estados Unidos.

3.El debate jurisprudencial entre Rusia, China y Occidente sobre el OBR

Occidente ha utilizado el OBR para juzgar a Rusia y, más recientemente, a China. Esto ha llevado a lo que podría denominarse un debate jurisprudencial entre Rusia y Occidente, en el que Rusia condena a Occidente por abandonar el respeto al derecho internacional en su afirmación del OBR, y Estados Unidos se atiene a su evaluación de la mala conducta de Rusia en términos del OBR.

Sergey Lavrov, el Ministro de Asuntos Exteriores ruso, ha criticado sistemáticamente a Occidente por su recurso a un orden internacional basado en normas. En 2020 declaró que Occidente abogaba por un «orden basado en reglas centrado en Occidente como alternativa al derecho internacional». (37) con el propósito de reemplazar el derecho internacional con métodos no consensuales para resolver disputas internacionales eludiendo el derecho internacional. (38) Explicó que «este término fue acuñado recientemente para camuflar un esfuerzo por inventar reglas en función de los cambios en la situación política para poder presionar a Estados desagradables e incluso a los aliados». (39)

El presidente Putin se ha hecho eco de esta opinión. El 25 de mayo de 2022, el Ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, con motivo del Día de África, leyó una declaración del Presidente Putin en la que, en el contexto de la acción de Rusia en Ucrania, declaraba que: “El principal problema es que un pequeño grupo de países occidentales liderados por Estados Unidos sigue intentando imponer el concepto de un orden mundial basado en reglas a la comunidad internacional. Utilizan esta bandera para promover, sin dudarlo, un modelo unipolar de orden mundial donde hay países excepcionales y todos los demás que deben obedecer al club de los elegidos”. (40)

En 2019, un grupo de académicos rusos produjo un artículo académico en el que concluyen que: “Por lo tanto, hay razones suficientes para pensar que el concepto moderno de “orden basado en reglas” tiene una connotación política, ante todo antirrusa, que se suma a las actuales armas políticas de Occidente… En pocas palabras, el concepto presenta una herramienta para universalizar un proyecto occidental unilateral de orden mundial”. (41)

La guerra de palabras entre Occidente y Rusia sobre el OBR ha entrado ahora en la retórica de la invasión de Ucrania.

Rusia ha violado los principios más fundamentales del derecho internacional y el derecho de la Carta de las Naciones Unidas en su brutal ataque a Ucrania y su igualmente brutal ocupación del país. Ha violado la prohibición del uso de la fuerza, la obligación de respetar la integridad territorial de otro Estado soberano y las normas del derecho de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Pese a ello, Estados Unidos ha preferido condenar a Rusia por violar el OBR indefinido cuyas reglas aún no se han enunciado. (42)

Por su parte, Rusia ha criticado a Occidente por actuar de acuerdo con el OBR. Como se muestra arriba, el presidente Putin se quejó de la dependencia de Occidente del OBR en su declaración en el Día de África, el 25 de mayo de 2022. (43) Los precedentes sentados por la generosa interpretación de Occidente de sus obligaciones en virtud del OBR también fueron evidentes en la declaración del presidente Putin de una operación militar especial (es decir, guerra) contra Ucrania el 24 de febrero de 2022. (44) En esta declaración se refirió al bombardeo de Belgrado por parte de la OTAN en 1999, la invasión de Irak en 2003, la intervención en Libia en 2011 y la acción de Estados Unidos en Siria, todos los cuales se basaron en interpretaciones dudosas y controvertidas del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. (45) La implicación clara era que Estados Unidos, Occidente y la OTAN habían pretendido actuar de acuerdo con el orden internacional basado en reglas y no con el derecho internacional en estas ocasiones.(46)

Los Estados utilizan con frecuencia el tu quoque o «qué pasa» para desviar las críticas a su propia conducta. La Unión Soviética y ahora la Federación Rusa han utilizado esta defensa contra Estados Unidos durante muchos años. Por ejemplo, ha acusado a Estados Unidos de linchar a afroamericanos, practicar la discriminación racial y apoyar a los Contras en Nicaragua en respuesta a las críticas a su propio historial de derechos humanos. Aunque tu quoque puede ser una estrategia política útil, no es una defensa aceptada en el derecho internacional. Por otro lado, no hay duda de que los precedentes de conducta ilegal serán invocados como una licencia para la legalidad por parte de un Estado delincuente, particularmente cuando se justifican en interpretaciones controvertidas de la ley perteneciente al orden internacional basado en reglas. Según Chatham House, las recientes violaciones del derecho internacional por parte de Estados Unidos han «proyectado una larga sombra sobre la pretensión de Estados Unidos de ser el principal defensor de un sistema internacional basado en reglas». (47)

China también ha afirmado su oposición a un orden basado en reglas. En mayo de 2021, en un debate virtual del Consejo de Seguridad sobre multilateralismo, el Ministro de Relaciones Exteriores Wang Yi declaró que: “Las normas internacionales deben basarse en el derecho internacional y deben ser escritas por todos. No son una patente ni un privilegio de unos pocos. Deben ser aplicables a todos los países y no debe haber lugar para el excepcionalismo ni para dobles raseros”.(48)

En una línea similar, en 2021, Yang Jiechi, director de la Oficina de la Comisión Central de Asuntos Exteriores, afirmó que China defiende el sistema centrado en las Naciones Unidas y el orden internacional respaldado por el derecho internacional y no el «llamado orden internacional basado en reglas» defendido por un pequeño número de países. (49)

4.Las reglas que componen el OBR

A la luz de la acusación tanto de los académicos occidentales como de los líderes políticos de Rusia y China de que Occidente ha propuesto el orden internacional basado en reglas como una alternativa al derecho internacional, no se puede aceptar sin examinar que el OBR es idéntica con el derecho internacional y que este es simplemente un nombre para el derecho internacional preferido por los teóricos y practicantes políticos.

Las reglas que componen el «orden internacional basado en reglas» todavía están por definirse. Hasta el momento no hay indicios de que tomarán la forma de convenciones internacionales generales o particulares según lo entiende el Artículo 38(1)(a) del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia. Además, no sabemos cuál es la naturaleza de estas reglas. Se ha sugerido que «no tienen una cualidad positiva». Más bien, su valor depende de la medida en que sirvan a los intereses y valores de los Estados que los sostienen”.(50) Si existen reglas, el método para su creación sigue siendo un misterio.(51) No sabemos «quién establece en última instancia estas reglas y determina su contenido»,(52) no sabemos si los estados deben dar su consentimiento a estas reglas y, de ser así, cuáles estados. Ciertamente, la Comisión de Derecho Internacional y la Sexta Comisión de la ONU no participan en este proceso. Caritativamente, parece que las reglas son acuerdos tácitos entre un puñado de estados occidentales para los cuales no ha habido un consentimiento claro. Pero el consentimiento es la base del derecho internacional. Según Stefan Talmon, el orden basado en reglas se ha utilizado para exigir a ciertos Estados que cumplan las normas jurídicas internacionales existentes, a las que en realidad no han dado su consentimiento y, por tanto, no están obligados. El término «orden basado en reglas» desdibuja la distinción entre reglas vinculantes y no vinculantes, dando la impresión de que todos los estados y actores internacionales están sujetos a este orden, independientemente de si han dado su consentimiento o no a estas reglas.(53)

El acuerdo judicial no figura en el idioma de la RBO.(54) La Corte Internacional de Justicia probablemente no tendría competencia para conocer de una disputa basada en una ’regla’ del OBR conforme al Artículo 38(1), ya que tales ’reglas’ carecen de contenido y no pueden identificarse como pertenecientes a ninguna fuente reconocida, pero podría hacerlo conforme al Artículo 38(2) si los Estados remitiran una controversia a la Corte para decidir un caso ex aequo et bono.

Las críticas al OBR por no ser considerado una fuente formal de derecho internacional según el artículo 38 del Estatuto de la CIJ pueden cuestionarse por no tener en cuenta los métodos de elaboración de leyes que han ampliado las fuentes de derecho. ley internacional. Como resultado, adopta un enfoque altamente formalista del derecho internacional contemporáneo. Hay sustancia en esta crítica. La manera en que los estados invocan resoluciones no vinculantes de las Naciones Unidas y otras instituciones intergubernamentales, las decisiones de conferencias internacionales y otros organismos normativos y lo que hoy se conoce como «derecho indicativo» deja claro que los estados ven el derecho internacional como un orden fluido y flexible que se ocupa tanto de las normas que generan expectativas como de las reglas y principios reconocidos por el artículo 38. Si se acepta esto, se puede argumentar, el OBR simplemente reconoce la existencia de un orden jurídico contemporáneo libre del formalismo jurídico.

La dificultad de la crítica anterior es que presupone que las «reglas» del «orden basado en reglas» tienen un contenido conocido y van más allá de la afirmación de valores amplios. El respeto de los derechos humanos, la autodeterminación, la integridad territorial, la libertad de navegación, la gobernanza democrática, la libre circulación de mercancías, la apertura económica, etc. son valores importantes que un tribunal puede invocar para ayudarle a interpretar las normas jurídicas, pero no son no normas de derecho tal como se entienden comúnmente. Carecen de definición o contenido. No hay indicios de que estas normas sean vinculantes o aplicables (y, de ser así, cómo), de si pueden restringirse o de si todas las naciones y pueblos las disfrutan. En resumen, el OBR no hace ningún intento de proclamar un orden legal con reglas definidas y procedimientos de elaboración de leyes y solución de disputas.

El OBR es algo más que el derecho internacional. Es un régimen alternativo fuera de la disciplina del derecho internacional que inevitablemente desafía y amenaza el derecho internacional. Caritativamente puede verse como un orden que comprende valores de orden liberal. De manera menos caritativa, puede verse como un orden competitivo defendido por algunos estados occidentales, particularmente Estados Unidos, que busca imponer la interpretación del derecho internacional que mejor promueve los intereses de Occidente, particularmente los de Estados Unidos. A diferencia del derecho internacional, no parece ser un orden universal. Más bien, es un orden empleado por Occidente, de nuevo particularmente por Estados Unidos, para asegurar su dominio.

5.Observaciones finales

Volver a la guerra en Ucrania. En su invasión de Ucrania, la Federación de Rusia ha violado principios fundamentales del derecho internacional, que van desde el uso ilegal de la fuerza y ​​la violación de la integridad territorial de otro Estado soberano hasta violaciones brutales del derecho internacional humanitario y del derecho de los derechos humanos. Estas violaciones del derecho internacional se juzgan mejor por un orden jurídico aceptado y comprendido por todas las naciones del mundo que por un régimen amorfo defendido por una de las partes en conflicto. La declaración emitida por la UE condenando la invasión rusa de Ucrania como una violación del Artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, un crimen de agresión según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional y una violación de normas imperativas del derecho internacional (55) tiene más peso que la afirmación del presidente Biden de que la invasión viola el orden internacional basado en reglas.(56)

Una última razón para descartar el orden internacional basado en reglas como medio para juzgar el comportamiento de los Estados es que es un obstáculo innecesario y perjudicial para los intentos de llegar a un acuerdo sobre el derecho internacional como un orden universal que gobierne a todos los Estados. Todos los estados tienen sus propias idiosincrasias en lo que respecta a la aplicación del derecho internacional, pero rara vez amenazan la universalidad del derecho internacional. Sin embargo, en la actualidad existen varias divisiones importantes entre los Estados sobre las características y principios cardinales del derecho internacional.

El más notable de ellos es el que existe entre Occidente, por un lado, y Rusia y China, por el otro. Mientras Occidente enfatiza la gobernabilidad democrática, los derechos humanos, el ambientalismo y la globalización, Rusia y China enfatizan la igualdad soberana de los estados, la no intervención en los asuntos internos de los estados, la solución de disputas mediante mecanismos que los estados hayan consentido, la inmunidad de los estados y sus funcionarios, y la condena del doble rasero en el trato a los estados. Este enfoque chino-ruso del derecho internacional quedó detallado en 2016 en la Declaración de la Federación de Rusia y la República Popular China sobre la Promoción del Derecho Internacional.(57)

La adhesión de Occidente tanto a un orden internacional basado en reglas como al derecho internacional socava los esfuerzos por acordar un sistema universal de derecho internacional basado en las mismas reglas, principios y valores fundamentales. Un orden internacional fundado en la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional tal como ha evolucionado desde el final de la Segunda Guerra Mundial es una receta más sólida para la paz que el orden internacional amorfo y discriminatorio basado en normas.

Referencias

(1) J. R. Biden Jr., ‘How the US is Willing to Help Ukraine’, New York Times International Edition, 2 June 2022, 1, at 11.

(2) The White House Briefing Room, ‘Remarks by President Biden in Press Conference (Madrid, Spain)’, The White House, 30 June 2022, available at www.whitehouse.gov/briefing-room/speeches-remarks/2022/06/30/remarks-by-president-biden-in-press-conference-madrid-spain.

(3) The White House, ‘National Security Strategy’, The White House, October 2022, at Introduction, 8, 18, 42, available at www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2022/10/Biden-Harris-Administrations-National-Security-Strategy-10.2022.pdf.

(4) Ibid., at 18, 45.

(5) S. Walt, ‘China Wants a “Rules Based International Order,” Too’, Foreign Policy, 31 March 2021, available at www.belfercenter.org/publication/china-wants-rules-based-international-order-too. See also A. Tuygan, ‘The Rules-based International Order’, Diplomatic Opinion, 10 May 2021, available at www.diplomaticopinion.com/2021/05/10/the-rules-based-international-order/.

(6) Further evidence of President Biden’s determination to avoid reference to international law is provided by an article he wrote shortly after becoming president: J. R. Biden, Jr., ‘Rescuing US Foreign Policy after Trump’, (2020) 99 Foreign Affairs 64. In this wide-ranging account of his proposed foreign policy, there is no mention of international law or the United Nations. NATO does, however, feature prominently in the article.

(7) See the statement of the German Foreign Minister, Annalena Baerbock after the 2022 G20 meeting of foreign ministers where she referred to a shared commitment to the rules-based international order: Außenministerin Annalena Baerbock [@Abaerbock], ‘Liebe @AyorkorBotchwey, @DrAlfredMutua & @mnsanzabaganwa, ich freue mich sehr, mit Ihnen drei starke Partner*innen für die Verteidigung der regelbasierten internationalen Ordnung beim #G7-Treffen in Münster willkommen zu heißen!’, Twitter, 4 November 2022, available at twitter.com/ABaerbock/status/1588503709440700417. See further, R. Falk, ‘“Rule-based International-Order”: A New Metaphor for US Geo-Political Primacy’, Eurasia Review, 1 June 2021, available at www.eurasiareview.com; G. Cross, ‘Rules-based Order: Hypocrisy Masquerading as Principle’, China Daily, 3 May 2022, available at www.chinadailyhk.com/article/269894#Rules-based-order-masquerading-as-principle.

(8) The statements of Australian leaders are interesting. While the former Prime Minister, Scott Morrison, repeatedly used the term ‘rules-based order’ and not ‘international law’, the present Foreign Minister, Penny Wong, refers to international law. See her statement on the occasion of the 2022 G20 meeting of foreign ministers: Sen. The Hon P. Wong, ‘Doorstop Following G20 Foreign Ministers’ Meeting’, Minister for Foreign Affairs, 8 July 2022, available at www.foreignminister.gov.au.

(9) NATO Heads of State and Government, Madrid Summit Declaration, Press Release 095 (2022), available at www.nato.int>cps>natohq>official_texts_196951. For a similar statement see the communique issued after the meeting of foreign ministers of the G7 at St Malo on 6 April 2019: G7 Foreign Ministers, ‘Statement on the Situation in the West of Libya’, G7 France Biarritz, 5 April 2019, available at www.elysee.fr/admin/upload/default/0001/04/fa9bd64d1ab7fc32e4c9508650b83222b0c1a267.pdf.

(10) Prime Minister M. Rutte, ‘Statement by Prime Minister Rutte for the 80th Anniversary of Bilateral Relations between the Netherlands and Australia’, Government of the Netherlands, 16 April 2022, available at www.government.nl/documents/speeches/2022/04/16/statement-prime-minister-rutte-80-year-anniversary-of-bilateral-relations-between-australia-and-the-netherlands.

(11) S. Popan, Statement on behalf of the EU and its Member States at the 76th Session of the General Assembly Special Committee on the Charter of the United Nations and the Strengthening of the Role of the Organization, 3 November 2021, available at www.eeas.europa.eu/delegations/un-new-york/eu-statement-%E2%80%93-united-nations-6th-committee-report-special-committee-un_en?s=63.

(12) See, for example, the statements by Jeremy Hunt, Secretary of State for Foreign and Commonwealth Affairs, in Parliament on 2 April 2019 in the debate in Parliament on the Rules-based International Order: J. Hunt (Secretary of State for Foreign and Commonwealth Affairs), ‘Rules-Based International Order: Debate’, UK Parliament, Hansard, Oral Answers to Questions on Rules-based International order, volume 657, 2 April 2019, column 916, available at https://hansard.parliament.uk>2019-04-02debates. See also British Embassy of Manila, ‘UK Foreign Office Minister Mark Field Visits Philippines, 15–17 August’, British Embassy Manila, 28 August 2018, available at www.gov.uk/government/news/uk-foreign-office-minister-mark-field-visits-philippines-15-17-august.

(13) See, for example, J. Crawford (ed.), Brownlie’s Principles of Public International Law (2018); M. Shaw, International Law (2021); M. Evans (ed.), International Law (2018); J. Crawford, Chance, Order, Change: The Course of International Law (2014); A. Roberts, Is International Law International? (2017).

(14) For an example of a scholarly work that draws no clear distinction between international law and the rules—based order see S. Bashfield and E. Katselli Proukaki, ‘The Rules-based Order, International Law and the British Indian Ocean Territory. Do as I Say, Not as I Do’, (2022) 23 German Law Journal 713.

(15) M. Jorgensen, ‘The Jurisprudence of the Rules-Based Order: The Power of Rules Consistent with but not Binding under International Law’, (2022) 22 Melbourne Journal of International Law 221.

(16) D. Lake, L. Martin and T. Rice, ‘Challenges to the Liberal Order: Reflections on International Organization’, (2021) 75 International Organization 225. See also N. Wright, ‘The UK and the International Rules-Based-System’, Foreign Policy Centre, 8 September 2020, available at www.fpc.org.uk/the-uk-and-the-international-rules-based-system. The October 2022 National Security Strategy of the United States likewise stresses these values as part of its international strategy and by implication associates them with the RBO: supra note 3, particularly at 6, 18.

(17) See the statement by Antony Blinken at the virtual meeting of the Security Council Open Debate on Multilateralism on 7 May 2021, in which he stated that the rules-based order included the commitments of states under international law, the UN Charter and ‘the rules and standards agreed to under the auspices of the WTO and numerous standard-setting organizations’: A. J. Blinken, ‘Secretary Antony J. Blinken Virtual Remarks at the UN Security Council Open Debate on Multilateralism’, U.S. Department of State, 7 May 2021, available at www.state.gov/secretary-antony-j-blinken-virtual-remarks-at-the-un-security-council-open-debate-on-multilateralism/.

(18) See Walt and Tuygan, supra note 5; see Falk and Cross, supra note 7.

(19) Cross, supra note 7. See also R. Mullerson: the rules-based order is ‘based on rules of Washington and not related to international law’, cited in A. N. Vylegzhanin et al., ‘The Term “Rules-Based Order in International Legal Discourse”’, (2021) 2 Moscow Journal of International Law 35.

(20) See Walt, supra note 5.

(21) S. Talmon, ‘Rules-based Order v International Law?’, German Practice in International Law, 20 January 2019, available at www.gpil.jura.uni-bonn.de/2019/01/rules-based-order-v-international-law.

(22) Agence France-Presse, ‘Antony Blinken Warns China to Stop “Aggressive Actions” in Asia-Pacific’, Guardian, 13 December 2021.

(23) According to Richard Falk, ‘[t]he United States has projected more force outside its borders than has any State in the course of the past 75 years’, supra note 7.

(24) In 2002, in the wake of 9/11, President George Bush issued a National Security Strategy approving the use of force in pre-emptive self-defence: The White House, The National Security Strategy of the United States of America, 41 ILM 1478 (2002). For criticism of this doctrine see W. M. Reisman and A. A. Armstrong, ‘The Past and Future of the Claim of Preemptive Self-Defence in International Law’, (2006) 100 AJIL 525. See also the decisions of the International Court of Justice that cast serious doubt on the validity of pre-emptive self-defence: Legal Consequences of the Construction of a Wall in the Occupied Palestinian Territory, Advisory Opinion of 9 July 2004, [2004] ICJ Rep. 136, para. 139; Case Concerning the Armed Activities in the Territory of the Congo (Democratic Republic of the Congo v. Uganda), Judgment of 19 December 2005, [2005] ICJ Rep. 168, paras. 143, 148.

(25) For a full coverage of this argument and the objections to it see D. Tladi and J. Dugard, ‘The Use of Force by States’, in J. Dugard et al. (eds.), Dugard’s International Law: A South African Perspective (2018), 730, at 759.

(26) NATO’s invocation of the doctrine of humanitarian intervention to justify its action was seriously questioned by scholars. See L. Henkin, ‘Editorial Comments: NATO’s Humanitarian Intervention’, (1999) 93 AJIL 824.

(27) United Nations Security Council, Resolution 1441, Un Doc. S/RES/ 1441 (2002); United Nations Security Council, Resolution 678, Un Doc. S/RES/ 678 (1990); United Nations Security Council, Resolution 687, Un Doc. S/RES/ 687 (1991) were invoked creatively by the United States and the United Kingdom to justify the invasion of Iraq and regime change. Critics agree that the United States and the United Kingdom acted unlawfully. See V. Lowe, ‘The Iraq Crisis: What Now?’, (2003) 52 ICLQ 859; P. Sands, Lawless World: America and the Making and Breaking of Global Rules-From FDR’s Atlantic Charter to George Bush’s Illegal War (2005).

(28) United Nations Security Council, Resolution 1973, Un Doc. S/RES/1973 (2011) imposed a no-fly zone and authorized states to take ‘all necessary measures protect civilians’ but was used as a justification for regime change by NATO. See R. Higgins et al., Oppenheim’s International Law: United Nations (2017), 1023, paras. 26, 120.

(29) G. Aldrich, ‘The Taliban, Al Quaeda, and the Determination of Illegal Combatants’, (2002) 96 AJIL 891.

(30) C. Jones, The War Lawyers. The United States, Israel and Juridical Warfare (2020), 193–6; United Nations General Assembly, Report of the Special Rapporteur on Extrajudicial, Summary or Arbitrary Executions, Philip Alston, UN Doc. A/HRC/14/24/Ad 6 (2010); M. Boyle, The Legal and Ethical Implications of Drone Warfare (2017).

(31) According to Ben Scott, ‘Although the US shaped the UN and much of international law, its relationship with these institutions has become increasingly vexed, especially since the 2003 invasion of Iraq. That’s partly why it has fallen back on the rules-based order’: B. Scott, ‘The Trouble with Washington’s Rules-Based Order Gambit’, The Diplomat, 3 August 2021, available at www.thediplomat.com/2021/08/the-trouble-with-washingtons-rules-based-order-gambit.

(32) The White House Briefing Room, ‘The Jerusalem US-Israel Strategic Partnership Joint Declaration’, The White House, 14 July 2022, available at www.whitehouse.gov/briefing-room/statements-releases/2022/07/14/the-jerusalem-u-s-israel-strategic-partnership-joint-declaration/. See also Biden’s statement on the ‘need to sustain our ironclad commitment to Israel’s security’ in his 2020 article in Foreign Affairs, supra note 6, at 73.

(33) See J. Dugard, ‘Legal Consequences of the Construction of a Wall in the Occupied Palestinian Territory’, in E. Bjorge and C. Miles (eds.), Landmark Cases in Public International Law (2017), 539, at 556–7.

(34) B. Samuels, ‘The US State Department Rejects Amnesty’s Apartheid Claim against Israel’, Haaretz, 1 February 2022.

(35) See Falk, supra note 7.

(36) V. Gilinsky and H. Sokolski, ‘Biden Should End US Hypocrisy on Israeli Nukes’, Foreign Policy, 19 February 2022.

(37) Cited in Vylegzhanin et al., supra note 19, at 39.

(38) Ibid., at 51.

(39) Ibid., at 39.

(40) K. K. Klomegah, ‘Russia Renews its Support to Mark Africa Day’, Modern Diplomacy, 27 May 2022, available at www.moderndiplomacy.eu/2022/05/27/russia-renews-its-support-to-mark-africa-day/. See also the statement by President Putin cited by A. Roberts, Is International Law International? (2017), 297.

(41) See Vylegzhanin et al., supra note 19, at 51.

(42) See note 1, supra. As early as 2021 the G7 complained that Russia’s behaviour threatened the RBO: see Vylegzhanin et al., ibid., at 39.

(43) See note 40, supra.

(44) See the text of President Putin’s speech: ‘Full text: Putin’s Declaration of War on Ukraine’, The Spectator, 24 February 2022, available at www.spectator.co.uk/article/full-text-putin-s-declaration-of-war-on-ukraine/.

(45) For an analysis of President Putin’s legal justifications for the Ukraine war see M. Milanovic, ‘What Is Russia’s Legal Justification for Using Force against Ukraine?’, EJIL:Talk!, 24 February 2022, available at www.ejiltalk.org.

(46) See further, Roberts, supra note 13, at 282.

(47) The London Conference, ‘Challenges to the Rules-Based International Order’, Chatham House: The Royal Institute of International Affairs, 2015, available at www.chathamhouse.org/sites/default/files/London%20Conference%202015%20-%20Background%20Papers.pdf.

(48) State Councilor and Foreign Minister W. Yi, ‘Remarks by State Councilor and Foreign Minister Wang Yi at the United Nations Security Council High-level Meeting on the Theme “Maintenance of International Peace and Security: Upholding Multilateralism and the United Nations-centered International System”’, Ministry of Foreign Affairs of the People’s Republic of China, 8 May 2021, available at www.fmprc.gov.cn/mfa_eng/wjdt_665385/zyjh_665391/202105/t20210508_9170544.html.

(49) See Scott, supra note 31.

(50) M. Chalmers, ‘Which Rules, Why there is No Single Rules-based International System’, Occasional Paper, Royal United Services Institute, April 2019.

(51) The October 2022 US National Security Strategy declares that the RBO ‘provides all nations that sign up to the principles an opportunity to participate in and have a role in shaping the rules’, supra note 3. Unfortunately, there is no indication of how this ‘signing up’ may be done.

(52) See Talmon, supra note 21.

(53) See Talmon, ibid.

(54) The US National Security Strategy of October 2022 makes no mention of the International Court of Justice, supra note 3.

(55) See note 11, supra.

(56) See note 1, supra.

(57) Ministry of Foreign Affairs of the Russian Federation, ‘The Declaration of the Russian Federation and the People’s Republic of China on the Promotion of International Law’, 25 June 2016, available at www.fmprc.gov.cn>201608. For a detailed analysis of this Declaration see Roberts, supra note 13, at 290–9.

CEPRID

A punto de comenzar el año electoral 2024, la división de la opinión pública sobre el apoyo a la invasión israelí en Gaza influye con fuerza sobre la competencia interpartidaria.

Por Eduardo J Vior Analista Internacional Agencia TELAM el autor autoriza su publicacion en Dossier Geopolitica

El pueblo norteamericano habitualmente no se informa ni se interesa mucho por los temas de la política exterior, pero la gran excepción se da, cuando algún conflicto tiene que ver con Israel. Desde 1967 el lobby judeoamericano ha ido aumentando su influencia, de modo que los avatares de la política mediooriental son vividos en Washington como propios. Este año no es diferente: por un lado, los aspirantes a la candidatura presidencial republicana han puesto unificadamente la solidaridad con Israel en el centro de su enfrentamiento con los demócratas. Éstos, por el contrario, se han dividido entre los sostenedores de Israel, aunque contrarios a Benyamin Netanyahu, y los simpatizantes de la causa palestina. La guerra en Gaza y la campaña electoral en ciernes se mezclan en las pantallas estadounidenses.Las calles de EE.UU. van a decidir gran parte de la actitud de Washington hacia la guerra y van a influir sobre el perfil de los candidatospresidenciales para la compulsa de noviembre de 2024 y sus plataformas.

Durante el debate entre los precandidatos republicanos a la presidencia, organizado por NBC News en Miami el pasado miércoles 8, los líderes compitieron entre sí por mostrar el mayor apoyo a Israel, trazar la línea más dura hacia Irán y hablar más agresivamente sobre el antisemitismo. Los cinco precandidatos dijeron que apoyaban plenamente la campaña militar de
Tel Aviv contra Hamás y que no harían nada para frenar su bombardeo a Gaza. “Yo le diría a Bibi, termina el trabajo con estos carniceros de una vez por todas”, dijo DeSantis, refiriéndose al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.

“Acaben con ellos, acaben con ellos”, exhortó, por su parte, la ex embajadora ante las Naciones Unidas Nikki Haley refiriéndose a Hamás. “Borren a Hamás del mapa”, dijo, a su vez, el senador por Carolina del Sur Tim Scott. A su turno, el ex gobernador de Nueva Jersey Chris Christie anunció que diría a Netanyahu que “Estados Unidos está dispuesto, no importa lo que necesites”.
Finalmente, el empresario Vivek Ramaswamy, recién llegado a la lid política, declaró que «yo le diría a Bibi que Israel tiene el derecho y la responsabilidad de protegerse”.

La militancia republicana por Israel no responde sólo a motivos ideológicos o estratégicos, sino que,   en   gran   medida,   tiene   un   impulso   religioso.   En   particular,   algunos   evangélicos estadounidenses, conocidos como sionistas cristianos, ven el apoyo a Israel como una obligación para la realización de las profecías apocalípticas. Aunque la mayoría de los cristianos evangélicos apoya al Partido Republicano y, como el evangelismo está tan arraigado en la política exterior estadounidense, ni siquiera los demócratas pueden ignorar sus demandas. 

El evangelismo es un movimiento surgido dentro del protestantismo después de la guerra civil norteamericana (1861-65) que desde el inicio proclamó la creación de un Estado judío en Palestina, es decir, incluso mucho antes del surgimiento del sionismo judío en 1896. Si bien el apoyo de los evangélicos a Israel no era tan manifiesto al principio, tras la victoria israelí en la
Guerra de los Seis Días (1967), que ellos consideraron un milagro y la actualización de la profecía bíblica, la defensa de Israel se convirtió en su máxima prioridad. El lobby judío empezó entonces   a   colaborar   con   estas   iglesias   y   comunidades,   para   influir   sobre   los   políticos estadounidenses.

Según una encuesta del Pew Research Center, el 67% de los evangélicos tiene una opinión positiva de Israel, el 80% cree que el Estado de Israel es el cumplimiento de la profecía bíblica y el 45% afirma que la Biblia influye en sus opiniones sobre Israel. Como los evangélicos son el mayor bloque político de Estados Unidos, sus demandas no son ignoradas. Los grupos de presión
judíos también los animan a movilizarse y presionar al gobierno.

El apoyo evangélico a Israel no se corresponde con el de los propios judíos norteamericanos. Incluso antes del 7 de octubre ya estaba disminuyendo su apoyo a Israel. Ya una encuesta reciente mostraba que, aunque la mayoría de los judíos considera que para su identidad judía es importante   preocuparse   por   Israel,   más   de   la   mitad   desaprueba   el   gobierno   de   derecha-
ultraderecha de ese país. Según otro relevamiento, una cuarta parte de los judíos estadounidenses está de acuerdo en que Israel es un “Estado de apartheid” y una quinta parte de los menores de 40 años no cree que el Estado de Israel tenga derecho a existir.
Estos cambios han venido acompañados por un crecimiento de las organizaciones judías de izquierda como IfNotNow (¿Cuándo si no ahora?) y Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz), que condenan desde hace tiempo el trato de Israel a los palestinos.

Estas agrupaciones se ubican en la vanguardia de los llamamientos a un alto el fuego y al fin del apoyo estadounidense
a la guerra de Israel contra Gaza. Desde que comenzó el actual conflicto, en tanto, activistas judíos han cerrado la estación Grand Central de Nueva York y han sido detenidos por acciones como ocupar los pasillos del Congreso y concentrarse frente a la casa del líder de la mayoría del Senado, Chuck Schumer, que también es judío. 

Lógicamente, aún más fuerte que la judía es la crítica de la comunidad musulmana: “el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha ignorado a nuestro pueblo durante la actual crisis de Gaza y nosotros vamos a ignorarlo en las elecciones presidenciales del próximo año”, ha afirmado el presidente del Consejo de Relaciones Islámico-Estadounidenses (CAIR, por su nombre en inglés)
Nihad Awad. “Le dijimos directamente a título personal que, si no pide un alto el fuego inmediato, no obtendrá nuestros votos en 2024”, declaró el dirigente en una entrevista con la agencia estatal de noticias turca Anadolu. Las declaraciones de Awad se produjeron poco después de que Biden, respondiendo a una pregunta, mientras partía para un viaje al estado de Illinois,
dijera que “no hay ninguna posibilidad” de un alto el fuego en la Franja de Gaza.

Este debate público expresa sólo en parte la profunda incidencia de la guerra sobre el estado de ánimo de la población. En una encuesta realizada en agosto pasado sólo el 32% de los estadounidenses describía a Israel como un aliado que comparte los intereses y valores de Estados Unidos. Sin embargo, esa cifra aumentó al 44% en la última encuesta, realizada tras los
atentados del 7 de octubre. Sin embargo, sólo el 36% dijo que es extremadamente o muy importante proporcionar ayuda al ejército de Israel en su lucha contra Hamás y el 40% afirmó que la respuesta militar de Israel en la Franja de Gaza ha ido demasiado lejos. Todavía, el 38% de los encuestados opinó que la respuesta de Israel ha sido más o menos correcta y sólo el 18% dijo
que no ha ido lo suficientemente lejos.

La situación se complica por el interés de los estadounidenses en equilibrar varios objetivos de política exterior. Alrededor de 6 de cada 10 creen que es extremadamente importante o muy importante que Estados Unidos ayude a recuperar a los rehenes retenidos por Hamás en Gaza, mientras que aproximadamente la mitad dijo que es preciso evitar daños a los civiles palestinos o
proporcionar ayuda humanitaria en el territorio.

Entre tanto, según una nueva encuesta de The Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research dada a conocer el domingo 5, el 50% de los demócratas aprueba la forma en que Biden ha gestionado el conflicto, mientras que el 46% la desaprueba y los dos grupos divergen sustancialmente en sus opiniones sobre el apoyo de Estados Unidos a Israel. El apoyo de los demócratas a Biden en esta cuestión ha descendido ligeramente desde agosto, cuando una encuesta de AP-NORC reveló que el 57% de los demócratas aprobaba su gestión del conflicto y el 40% la desaprobaba.

La división entre los demócratas se manifiesta también en la Cámara de Representantes. Más de 20 representantes de ese partido votaron el martes 7 a favor de censurar a la representante Rashida Tlaib, la única estadounidense de origen palestino en el Congreso, por sus críticas a Israel y por haber dicho que quiere un alto el fuego en Gaza y haber pedido una “coexistencia
pacífica” entre israelíes y palestinos.

Manifestantes propalestinos piden el alto el fuego Foto AFP
Manifestantes propalestinos piden el alto el fuego / Foto: AFP.

Mientras tanto, las protestas contra la guerra se extienden por todo EE.UU. Manifestantes propalestinos ocuparon el jueves 9 el vestíbulo de The New York Times, exigiendo un alto el fuego inmediato en Gaza y acusando a los medios de comunicación de mostrar parcialidad hacia Israel en su cobertura de la guerra entre Israel y Hamás. Como casi todas las noches desde el 7 de
octubre, miles de personas marcharon anoche por el centro de Manhattan para protestar por los ataques de Israel contra Gaza.

Ya el sábado pasado decenas de miles de personas se congregaron en Washington, para exigir un alto el fuego en Gaza. Los manifestantes dirigieron su ira contra el presidente estadounidense, Joe Biden, acusándole de permitir el genocidio contra los palestinos. “Biden, Biden, you can’t hide; we charge you with genocide,” (“Biden, Biden, no podés esconderte; te acusamos de genocidio”), coreaban los movilizados.

A pesar de las negociaciones en curso, la guerra no tiene todavía visos de terminar y ya se van encendiendo las primeras luminarias para la campaña electoral 2024 que comienza oficialmente en enero próximo con las asambleas ciudadanas en Iowa. La cerrada toma de partido por Israel del Partido Republicano puede servirle para movilizar el voto cristiano sionista, pero no le
agregará nuevos votos en el resto de la población. Por su parte, la división entre los demócratas puede restar puntos a su partido, si no aparece en escena nuevamente Donald Trump y cimenta la unidad de la variopinta coalición hoy mayoritaria.

Si se llegara rápidamente a un cese del fuego en Gaza, muy probablemente el conflicto desaparecerá de las pantallas norteamericanas. Por el contrario, si los enfrentamientos en Asia Occidental se prolongan algunas semanas, influirán fuertemente en los debates políticos al comienzo de la campaña electoral. Con seguridad, la crisis política que sobrevendrá en Israel,
apenas callen las armas, echará una sombra muy pesada sobre la selección de prioridades en política exterior y éste no es un capítulo que vaya a terminar muy rápidamente. Viceversa, el curso de éstas dependerá de los avatares electorales en Washington. Estados Unidos e Israel están demasiado imbricados. como para que uno pueda estornudar sin que el otro se resfríe

FUENTE:

https://www.telam.com.ar/notas/202311/646209-la-guerra-en-asia-occidental-tambien-se-libra-en-eeuu.html

¡¡ LA DESESPERACIÓN DOMINA AL BLOQUE OCCIDENTAL, A MENOS DE DOS MESES DE LA PUESTA EN MARCHA DE LOS BRICS 11 !! Es la alerta del director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, en su columna del Club de La Pluma, quién agrega que el bloque occidental tiene como única alternativa el implementar el caos y la violencia para impedir el irremediable avance del Sur Global. Y que el gigantesco despliegue militar de EEUU en Oriente Medio, incitando a una reacción del mundo árabe por el genocidio palestino, más la elección de Milei con la ruptura de relaciones de Argentina con Brasil y China, son las dos estrategias inmediatas del imperio para evitar que los BRICS tengan el control sobre sus recursos naturales. Además del temor de los anglosajones, a que el acercamiento del nuevo bloque a la OPEP, les haga perder el poder histórico sobre el gas y el petróleo.

AUDIO:

Y muy sentidamente hace un llamado a no interiorizar ni naturalizar la barbarie en directo de Israel contra Palestina, mucho menos la de esos 4.000 niños asesinados salvajemente. Pidiendo que el estupor y la reacción se impongan a la rutina y que nadie olvide que “todo niño es un legado de la humanidad”

Además, y a lo largo del audio, desenmascara el ridículo argumento de que la flota norteamericana y su impresionante logística militar, está en la zona para ayudar al régimen sionista de Tel Aviv “ante una milicia que apenas usa cohetes artesanales”. También, que la extensión del conflicto buscada por Occidente, traería consecuencias catastróficas y terribles para la región, afectando a la potestad de esos países sobre el aprovechamiento de sus propios recursos naturales. Que el divorcio entre Argentina y Brasil rompería el eje políticamente duro en América del Sur entre los dos principales países industrializados de la región, además de ser los mayores productores de alimentos, como los más desarrollados tecnológicamente, lo que imposibilitaría el funcionamiento de uno sin el otro. En tanto que la ruptura con China sería el último y definitivo suicidio económico de Argentina.

Sobre el candidato Milei nos dice que este personaje siniestro y desequilibrado es otra apuesta desesperada de los grupos del poder global occidental, quienes al incentivar su voto, solo procuran instalar en el país un clima de caos y destrucción económica y social, por lo que es necesario convocar a un último esfuerzo para que las urnas derroten a esta falsa opción. Lo que implica que la elección del 19 de Noviembre es trascendental.

Finalmente asegura que el uno de enero del 2024 será el punto de partida de los BRICS 11, con la incorporación de Arabia Saudí, Irán, Egipto, Argentina, Etiopía y Emiratos Árabes Unidos, lo que profundizará el cambio tectónico del nuevo mundo unipolar, por lo que hay que evitar entrar en el juego violento que propone Occidente, con su única y peligrosa estrategia de guerra y muerte.

Eduardo Bonugli (Madrid, 12/11/23)

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein especial para Dossier Geopolitico

Mientras en Palestina se produce un genocidio en vivo y en directo que ya dura más de un mes, auspiciado y alimentado militarmente por Estados Unidos, Ucrania,..

…la otra hija putativa de Washington se debate en el olvido. Noviembre ha hecho públicas una serie de declaraciones que dan cuenta del estado putrefacto y en fase terminal en que se encuentra Kiev, solo esperando por una extremaunción que sin dudarlo, tendrá repercusiones más allá de sus fronteras.

El primer día de este mes, el jefe del Pentágono, general Lloyd Austin al intervenir en la audiencia del Senado sobre los fondos adicionales afirmó con extraordinaria contundencia que Ucrania no podría ganar el conflicto con Rusia sin el apoyo de Washington. De esta manera se hizo patente algo sabido por los militares desde hace mucho tiempo que los líderes políticos occidentales han pretendido ocultar. Dicho en pocas palabras, el esfuerzo militar de Ucrania depende casi exclusivamente del aporte que haga Estados Unidos para sostenerlo.

Para hacer más evidente la aseveración y tal vez pensando en que podría haber algunas dudas al respecto, solo tres días después, el 4 de noviembre, la secretaria de prensa de la Casa Blanca Karine Jean-Pierre, advirtió que el gobierno de Estados Unidos  “se está quedando sin fondos para financiar los envíos de armas a Ucrania”. En algo que podría parecer risible si no estuvieran en juego miles de vidas humanas,  la vocera afirmó que van a comenzar a entregar “paquetes más pequeños de ayuda”  para ampliar la capacidad de apoyo al régimen de Kiev “durante el mayor tiempo posible”.

Vale recordar que el 20 de octubre, la Casa Blanca pidió al Congreso un nuevo paquete de ayuda para Kiev por un valor de 60.000 millones de dólares. Sin embargo, el pasado jueves 2, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley que prevé más de 14.000 millones de dólares en ayuda de emergencia para Israel, pero en el que no se menciona a Ucrania. La explicación vino del congresista republicano Mike Johnson, nuevo líder de la Cámara de Representantes quien destacó que las necesidades de Israel son más “urgentes” que las de Ucrania.

Todo esto ocurre cuando el ministro de Finanzas de Ucrania Serguéi Marchenko informara a la opinión pública que su país se enfrenta a un déficit de 29 mil millones de dólares para 2024 por lo que sin la ayuda de sus aliados occidentales, difícilmente podrá ser superado tal escollo. Marchenko aseguró que veía mucho “cansancio” y “debilidad” entre los socios de Ucrania agregando que a los funcionarios occidentales “les gustaría olvidarse” de las acciones militares, aunque las hostilidades “siguen en curso, a gran escala”.

Agregando datos para avalar la situación, el propio comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, general Valeri Zaluzhny admitió en una entrevista para la revista británica The Economist, que Rusia estaba en una mejor posición en el conflicto armado, describiendo la situación actual en el frente como “un punto muerto” en términos del nivel de tecnología. 

La entrevista de Zaluzhny causó no solo descontento y desmoralización en Ucrania, también terror generalizado entre algunos de sus aliados. En sentido contrario, el presidente Zelenski aseveró que su país no estaba en un punto muerto respecto de Rusia. Afirmó que lo que ocurría era que Moscú tenía una total superioridad aérea que los obligaba a cuidar a sus militares. A continuación esbozó una propuesta para superar tal situación, a partir de la entrega por parte de Occidente delos aviones caza polivalentes F-16 prometidos.

Echándole “más leña al fuego”, al día siguiente, 5 de noviembre el exasesor del jefe de la Oficina Presidencial de Ucrania, Alexéi Arestóvich señaló su conformidad con Zaluzhny al afirmar que Ucrania no podía –en las condiciones actuales- derrotar a Rusia en el campo de batalla. Argumentando a favor de su idea,

Arestóvich aseguró que: “El enemigo es más poderoso en términos económicos, militares, de movilización y de organización, y nuestros socios, de los que dependemos, no están interesados en derrotar a la Federación Rusa».

Lo interesante de esta declaración es que por una parte, fue la primera vez que se refuta públicamente desde Ucrania la idea de que el fracaso de las operaciones depende exclusivamente del aporte de Occidente en armamento y recursos financieros, al incorporar los grandes déficit en materia de recursos humanos y organización en los que la ayuda externa no tiene mayor influencia. Por otro lado, en esta declaración es explícita la dependencia de Occidente para sostener las acciones,  como ya lo había señalado el general Austin.

Este debate que cubre la noticia informativa interna del país, se inserta en una dinámica electoral de cara a los comicios presidenciales del próximo año. Pero Zelenski cerró cualquier posibilidad al respecto al decir que no se pueden hacer elecciones en una situación en la que impera la Ley Marcial.

Aunque se rumoró que el nuevo ministro de defensa Rustem Umérov, vinculado al expresidente Piotr Poroshenko habría presentado una solicitud para destituir a Zaluzhny, tal información fue desmentida por el asesor de la Oficina Presidencial Serguéi Leschenko, quien la caracterizó como una «noticia falsa». No obstante, el mal ya estaba hecho cuando se hizo patente que un sector de la sociedad desea que Zaluzhny se vaya.

Al respecto, la Oficina Presidencial emitió una dura crítica pública a Zaluzhny, pero el presidente no tomó la decisión de destituirlo. Zelenski debe haber tomado nota de las excelentes relaciones de Zaluzhny con los mandos militares de la OTAN y en especial con el secretario de defensa de Estados Unidos. No obstante, hay que entender la dimensión negativa de lo que significa para cualquier país que el jefe de Estado y el jefe de las fuerzas armadas emitan opiniones contradictorias públicamente en particular al referirse a la situación del conflicto en su aspecto bélico. El New York Times señaló que tal situación es expresión de “una brecha emergente entre el liderazgo militar y civil en un momento ya difícil para Ucrania» sobre todo porque “la fisura [entre Zelenski y Zaluzhny] se produce mientras Ucrania está luchando en su esfuerzo de guerra, militar y diplomáticamente».

Esta controversia, fue una vez más motivo para la intervención de Arestóvich a fin de continuar “echando sal en la herida”. Para nadie es un secreto que el exasesor ha manifestado su aspiración a la presidencia. De alguna manera, eso explica su permanente aparición en los medios y en las redes sociales. En este contexto se explica su aparente interés en mediar en la reyerta que evidentemente atenta contra el espíritu de combate de las fuerzas armadas. Arestóvich ha hecho un llamado a Zelenski para que “muestre sensatez” y dirima sus discordias con Zaluzhny. Así mismo le ha hecho saber que está en sus manos “la clave para cambiar la postura de la oposición, de los estadounidenses, de todo el mundo, del Ejército y de la sociedad» aprovechando de decirle que no son los que lo critican y lo instan a hacer las elecciones , los que generan inestabilidad en el país «sino usted mismo, con sus políticas ineficaces que socavan la fe de los ciudadanos en la victoria, los sentimientos en el Ejército, la confianza de los socios y aliados”.

A esta polémica se han ido incorporando algunos de los más influyentes medios de comunicación occidentales. Por ejemplo,…

…la revista “Time”, que ahora se ha tornado -sin tapujos- en fuerte detractora del gobierno de Ucrania, publicó un artículo en el que califica a Zelenski como una persona que vive al margen de la realidad. La aseveración resulta sorprendente sabiendo que este medio informativo está fuertemente ligado a la CIA, principal agencia de inteligencia exterior de Estados Unidos.  

A este respecto, el periodista y expresentador de “Fox News”, Clayton Morris se preguntó: “¿Por qué una revista respaldada por la CIA decide de repente mostrar el verdadero y sombrío panorama de la situación en Ucrania? ¿Para conseguir su apoyo o [para] sentar las bases de algo menos agradable?» Morris afirmó que para escribir el artículo, “Time” consiguió acceder al círculo íntimo de Zelenski y como resultado de ello, se le pudo retratar como un «líder mentalmente inestable y no realizado». 

El artículo, publicado el pasado 30 de octubre hace comentarios sobre Zelenski y su entorno, señalando que el excesivo optimismo fuera de la realidad del presidente ucraniano, incluso a pesar de los fracasos en las operaciones de combate, “obstaculiza los intentos de su equipo de realizar nuevas estrategias e ideas”.

Con extrema dureza, la publicación asegura que Ucrania ya no podrá contar con el recurso humano necesario para utilizar todo el armamento que Occidente le ha prometido. Al mismo tiempo afirma que también conspira contra ello que los funcionarios locales «roban como si no hubiera un mañana».

En el trasfondo de esta disputa  se manifiesta el desacuerdo entre Zaluzhny y Zelenski en la apreciación que cada uno tiene de la situación en el frente ante el fracaso de la contraofensiva. Sobre este asunto, el New York Times llegó a decir que las operaciones de los militares ucranianos no lograron tener «ningún avance» provocando -por el contrario- un gran número de víctimas agregando que «Ucrania está enfrentando ataques intensivos rusos en el este», mientras que el escepticismo en Europa y el partido Republicano de Estados Unidos ha crecido.

Desde el 4 de junio (fecha de inicio de la “contraofensiva”), las fuerzas armadas de Ucrania han tenido 90 mil bajas (entre muertos y heridos graves irrecuperables) así como 557 tanques y 1.900 vehículos blindados destruidos. Para que se tenga una idea del significado de esta cifra baste decir que hasta el momento Occidente ha enviado a Ucrania 595 tanques (de los 830 comprometidos) y 1.550 vehículos blindados.

Rusia por su parte, está realizando operaciones de defensa activa que significa la ejecución de acciones ofensivas a pequeña escala en algunos sectores, centrando sus ataques a través de golpes contra los medios aéreos, los lugares de concentración de tropas y la logística. Debe recordarse que -desde el punto de vista bélico- para Rusia este conflicto tiene básicamente las características de una guerra de desgaste que ya rebasó las posibilidades de Ucrania,  afectando también a Estados Unidos y sobre todo a Europa. 

En este contexto se comienzan a apreciar manifestaciones de desesperación en la élite ucraniana.

Así, se ha comenzado a verificar un llamado a la “comprensión” de Occidente porque según Zelenski las tropas ucranianas están defendiendo «valores comunes» como la democracia, atacados hoy por la autocracia rusa. En el imaginario colectivo se trata de instalar una nueva bipolaridad “democracia vs. autocracia”. El desasosiego de Zelenski invoca a Occidente a luchar contra el peligro ruso que podría “matar a todos” con lo cual le quedaría la puerta abierta para atacar a los países de la OTAN, en cuyo caso “…ustedes enviarán a sus hijos e hijas [a la guerra]. Y el precio será más alto. Es muy importante no perder la voluntad, no perder esta fuerte posición, y no perder su democracia». 

En el colmo de su frustración, el pasado lunes 6 de noviembre el agobiado presidente ucraniano solicitó a “Estados Unidos, la Unión Europea y los países asiáticos” enviar a su país sistemas de defensa aérea o “al menos alquilarlos durante el invierno”.

Lo cierto es que la tal “contraofensiva”  de las Fuerzas Armadas de Ucrania no estuvo a la altura de las esperanzas de Occidente y probablemente haya sido la última oportunidad para Ucrania porque ya no tiene recursos para realizar una operación de envergadura importante en el frente.

Toda esta situación está colocando sobre el tapete la posibilidad de una salida negociada al conflicto si es que la hubiera a estas alturas. El propio Washington Post ha señalado que hubo una posibilidad de resolver diplomáticamente el conflicto ucraniano, pero ya ha desaparecido, toda vez que Rusia tiene una ventaja en el frente y es poco probable que se congele.

Aunque Zelenski se niegue a tal idea, la misma se ha ido extendiendo cada vez más. Por ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores y Europeos de Eslovaquia, Juraj Blanar afirmó sin ambages que el conflicto en Ucrania no tiene solución militar.

Hasta Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y sempiterno belicista, ha tenido que reconocer que la crisis en Asia Occidental ha tenido fuerte impacto en la política hacia Ucrania. En un arranque inusual de honestidad, Borrell afirmó: «Seamos francos, la crisis de Oriente Medio ya está teniendo un impacto duradero en nuestra política en Ucrania». Borrell llamó a buscar una solución al conflicto en Oriente Medio pero no olvidarse de Ucrania porque: » Si Ucrania pierde, nosotros perdemos. Tenemos que mantener nuestra unanimidad y nuestra unidad en el apoyo a Ucrania”.

Como ha dicho el diplomático y analista político internacional indio MK Bhadrahumar: “La guerra de Ucrania está en piloto automático”.  Lo argumenta afirmando que los objetivos estratégicos fijados por el Presidente Vladimir Putin en febrero del año pasado se mantienen incólumes. Pero ahora, “Rusia siente que ha tomado la delantera en la guerra y que eso es irreversible”. 

Aunque Rusia no ha iniciado una gran ofensiva, la preparación para ella es ostensible. Sin embargo, desde hace un mes lo que ocurra en Ucrania estará irremediablemente amarrado al conflicto en Asia Occidental. Esta situación no podrá estar ausente de las apreciaciones políticas y militares. La simultaneidad en el tiempo de ambos acontecimientos y muchos otros que están ocurriendo en variados rincones del planeta, dicen relación con la crisis de Occidente y de Estados Unidos y la incapacidad de mantener su hegemonía unilateral en el globo. 

Parece difícil que Estados Unidos logre lidiar con los dos conflictos al mismo tiempo, sobre todo porque no son los únicos. En paralelo, debe contender con China en el plano económico, manejar su propia crisis interna, sostener el poder colonial que hoy se tambalea en África y generar respuestas a la rebelión silenciosa que se comienza a manifestar de diferentes formas en América Latina y el Caribe sobre todo porque Cuba, Nicaragua y Venezuela han sido capaces de resistir y mantener en alto sus banderas.

Por lo pronto, pareciera extenderse en Estados Unidos la convicción de que Ucrania no le va a ganar la guerra a Rusia, el pesimismo cunde y el pánico inunda los intersticios del poder imperial. No lo sabemos aún, pero tal vez, Ucrania sea la primera batalla ganada en el mundo que está naciendo.

X:@sergioro0701

POR MK BHADRAKUMAR

Casi cuatro semanas después del ataque de Hamás contra Israel, Rusia no tiene prisa por explotar el dilema de la administración Biden sobre el colapso de la seguridad en Oriente Medio. Los medios occidentales fueron unánimes en que Rusia estaba esperando entre bastidores para aprovechar la oportunidad una vez que Estados Unidos dejara de prestar atención a Ucrania. Sin embargo, tal cosa no sucedió. 

La guerra de Ucrania está en piloto automático. Se ha fijado la brújula, se han echado los dados y los cálculos se mantienen firmes con respecto a los objetivos estratégicos fijados por el Presidente Vladimir Putin en febrero del año pasado. Rusia siente que ha tomado la delantera en la guerra y que eso es irreversible. 

La contraofensiva de Ucrania ha fracasado y los combates actualmente están restringidos a dos sectores de la línea del frente, mientras las fuerzas rusas fortalecen la seguridad de la región de Donetsk y buscan recuperar el control de los territorios al norte en las zonas fronterizas de Donbass y la región de Kharkov, de donde se retiraron para fines tácticos. razones en septiembre y octubre pasados.

Sin embargo, Moscú no ha comenzado su gran ofensiva, como muchos habían predicho. Una explicación plausible es que Moscú está observando la vorágine que se extiende por Oriente Medio. Moscú es particularmente sensible a cualquier efecto de contagio en Siria. 

Con la mirada puesta en el formidable fortalecimiento naval estadounidense en el Mediterráneo oriental con el despliegue de dos grupos de portaaviones, el presidente Vladimir Putin ha hecho público que aviones rusos equipados con misiles hipersónicos Kinzhal deambulan por los cielos sobre el Mar Negro, que pueden atacar objetivos a 1.000 kilómetros de distancia a una velocidad de Mach 9, que ningún sistema de defensa antimisiles existente puede interceptar. Basta decir que la guerra en Ucrania sigue siendo de desgaste. 

Curiosamente, Rusia llevó a cabo un ataque nuclear simulado en un simulacro el miércoles supervisado por Putin, horas después de que el parlamento ruso votara a favor de rescindir la ratificación por parte del país del tratado de prohibición global de ensayos nucleares (TPCE). El ejercicio debe verse en el contexto más amplio de la estabilidad estratégica global. Una declaración del Kremlin decía: «El propósito del ejercicio de entrenamiento era verificar el nivel de preparación de los órganos de mando militar, así como la habilidad de los líderes y el personal operativo en el manejo de las tropas (fuerzas) bajo su mando». Todo, sin embargo, suma en estos tiempos extraordinarios. 

En su nivel más obvio, el conflicto palestino-israelí es una manifestación del creciente desequilibrio en el sistema existente de relaciones internacionales. Están surgiendo nuevas guerras; Los conflictos de larga data están mutando (por ejemplo, Nagorno-Karabaj). La semana pasada, Pakistán colocó a Palestina y Cachemira entre los asuntos pendientes de la ONU en la era poscolonial. Corea del Norte e Irán son focos de tensión que no tienen solución militar. 

En los próximos meses, sin duda, Washington seguirá brindando a Israel apoyo militar y diplomático, pero una operación israelí prolongada que dure meses en Gaza significará la dispersión de recursos estadounidenses que podrían ser necesarios en otros teatros. El conflicto en Gaza subraya el imperativo de repensar las nociones de hegemonía global de Estados Unidos. El hecho es que Estados Unidos, a pesar de su autoproclamada condición de “Nación Indispensable” (Madeline Albright) y garante de un “orden basado en reglas”, no logró impedir el último estallido de conflicto en Medio Oriente. 

Por lo tanto, podría decirse que la última propuesta estadounidense de reanudar sistemáticamente el diálogo estratégico con Rusia puede verse como una señal de pensamiento positivo. No sorprende que Moscú haya mostrado una estudiada indiferencia ante la propuesta estadounidense. Pero no es necesario tomar esa como la última palabra. Históricamente, el diálogo estratégico soviético-estadounidense incluyó en la agenda todos los temas importantes y la mayoría de los temas menores que afectan la seguridad internacional. 

La gran pregunta, por tanto, es el momento de la propuesta estadounidense. En el contexto de las tormentas que se avecinan en Medio Oriente, la Administración Biden probablemente busque calmar los nervios proponiendo conversaciones con Rusia sobre el equilibrio estratégico global, dado que las barreras en el control de armas ya no existen. Esto es una cosa. 

En cualquier caso, la “neutralidad” de Rusia en un conflicto de Medio Oriente también podría ser una consideración. Del mismo modo, los dirigentes occidentales entienden que la guerra contra Rusia está prácticamente perdida (aunque no lo admitirán públicamente) y que se necesita un compromiso con Rusia.   

Una vez más, aunque Estados Unidos ha proporcionado a Israel un importante apoyo militar y diplomático y sigue influyendo en este último para que no intensifique el conflicto, hay variables en la situación y cualquier gran conflagración en Oriente Medio requerirá una concentración masiva de recursos materiales y financieros que son limitados incluso para una superpotencia, ya que también hay otros problemas sin resolver en el mundo.

La ruptura de la confianza en los vínculos ruso-estadounidenses perjudica los intereses estadounidenses. Fundamentalmente, también debe entenderse que lo que Moscú busca incluso hoy, después de casi 20 meses de luchar contra la OTAN y Estados Unidos en los campos de exterminio de Ucrania, es un compromiso sostenido con Washington y la voluntad de dar cabida a los intereses mutuos. 

Por su parte, Rusia se comporta como una potencia responsable ante la crisis en Gaza. No hay ni la más mínima prueba que demuestre que Rusia haya actuado como “saboteador”. Por el contrario, Moscú ha estado proyectando sus credenciales como potencial pacificador que disfruta de buenas relaciones con todos los actores clave: Israel, Hamás, Irán y otros estados de la región por igual. 

De hecho, los recientes comentarios del presidente Biden sobre la situación en Gaza acercan bastante la posición de Estados Unidos a la de Rusia. Biden leyó lo siguiente de un texto preparado en una conferencia de prensa conjunta con el Primer Ministro Anthony Albanese de Australia: 

“Israel tiene el derecho y, yo añadiría, la responsabilidad de responder a la matanza de su pueblo. Y nos aseguraremos de que Israel tenga lo que necesita para defenderse de estos terroristas. Eso es una garantía… 

“Pero eso no disminuye la necesidad de – para operar y alinearse con las leyes de la guerra para Israel – tiene que hacer todo lo que esté en su poder – Israel tiene que hacer todo lo que esté en su poder, por difícil que sea, para proteger a civiles inocentes. . Y es difícil. También quiero tomarme un momento para mirar hacia el futuro que buscamos. 

“Los israelíes y los palestinos merecen por igual vivir uno al lado del otro en seguridad, dignidad y paz. Y no hay vuelta atrás al status quo tal como estaba el 6 de octubre. Eso significa garantizar que Hamás ya no pueda aterrorizar a Israel y utilizar a civiles palestinos como escudos humanos.

“También significa que cuando esta crisis termine, tiene que haber una visión de lo que vendrá después. Y en nuestra opinión, tiene que ser una solución de dos Estados”. 

Putin no podría haber expresado esto de otra manera . En Moscú existe la expectativa de que, en las condiciones emergentes en materia de seguridad regional, Estados Unidos y sus aliados “reconsiderarán sus nociones de derrotar a Rusia en el conflicto de Ucrania a cualquier costo”, como escribió un grupo de expertos del establishment en el informe financiado por el Kremlin . RT la semana pasada. 

Falta confianza, concluyó, “es difícil alcanzar compromisos sin la plena consideración de los intereses rusos”, pero “una etapa crucial en el orden (mundial)… está tomando forma ante nuestros ojos”. 

FUENTE: www-indianpunchline-com

El conflicto inicialmente trajo ganancias tácticas para los EE. UU., pero ahora ha llevado a pérdidas estratégicas crecientes.

Por  Ivan Timofeev, director de programas del Club Valdai.

Los últimos acontecimientos en el conflicto palestino-israelí son una indicación del creciente desequilibrio en el sistema existente de relaciones internacionales. Esto se caracteriza por el surgimiento de nuevas guerras, la reanudación de enfrentamientos de larga data con considerables pérdidas humanas y el riesgo de una mayor escalada. Al reclamar el liderazgo internacional y el papel de garante del orden internacional existente, Estados Unidos una vez más no ha logrado evitar la explosión de otro punto de inflamación. Todavía existe la posibilidad de que la nueva crisis quede aislada y se evite que desemboque en un combate armado entre los principales actores regionales. Pero el hecho mismo de que esté surgiendo tal situación sugiere que el tejido del orden posterior a la Guerra Fría se está desgarrando cada vez más frecuentemente sobre los restos del sistema bipolar, alguna vez dirigido por Moscú y Washington. Estos acontecimientos son cada vez más difíciles de corregir. 

Los acontecimientos en Oriente Medio han empujado las hostilidades en Ucrania a un segundo plano de la agenda de los medios. Mientras tanto, incluso allí la situación difícilmente respalda la permanencia del antiguo status quo. Las cosas serían diferentes si Rusia hubiera regresado a la condición de potencia derrotada y Kiev y sus patrocinadores occidentales hubieran finalmente consolidado los resultados del colapso de la Unión Soviética.

Pero los hechos cuentan una historia diferente. La costosa y costosa contraofensiva del ejército ucraniano no ha logrado sus objetivos. El ejército ruso está aumentando lenta pero inevitablemente la presión en el frente. Las sanciones económicas no han provocado el colapso de la economía del país. A pesar de los graves daños, se está adaptando rápidamente a las nuevas condiciones. Los intentos de aislar políticamente a Moscú tampoco han funcionado. Para los socios occidentales de las autoridades de Kiev, el conflicto resulta cada vez más caro. El precio podría aumentar a medida que las Fuerzas Armadas de Ucrania se vean despojadas de equipos de fabricación soviética y crezca la necesidad de nuevos suministros. La economía de Ucrania también necesita inyecciones de efectivo externas ante las pérdidas militares, el fracaso demográfico y los persistentes problemas de gobernabilidad, incluida la corrupción.

Si el conflicto ucraniano fuera el único desafío de Estados Unidos para controlar el orden posbipolar, podría haber menos riesgos. Los aliados occidentales podrían centrar todos sus esfuerzos en contrarrestar a Moscú. Pero su difusión en otras direcciones complica seriamente el problema. Habrá que dispersar recursos no sólo para contener a China sino también para apagar incendios donde no deberían haber comenzado. Con toda probabilidad, Washington podrá brindar a Israel un importante apoyo militar y diplomático, limitando así el estallido de otro conflicto. Pero cualquier conflagración de este tipo requiere una concentración de recursos materiales y financieros que son limitadas incluso para una potencia como Estados Unidos. Esto es tanto más cierto cuanto que hay otros problemas sin resolver.

Años de esfuerzos para impedir que Corea del Norte (la RPDC) creciera militarmente han fracasado. Pyongyang ahora tiene armas nucleares y los medios para lanzarlas. La crisis en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia ofrece a la RPDC una ventana de oportunidad: un posible aumento de la cooperación con Rusia iría en contra de los objetivos de Estados Unidos. En cambio, en este ámbito, Moscú solía ser un problema mucho menor para Washington. La situación con Irán es similar. La retirada de Estados Unidos del JCPOA en 2018 no llevó a Irán a abandonar sus posiciones sobre su programa de misiles y su política en Oriente Medio. En cambio, creó las condiciones para que Teherán regresara a su desarrollo nuclear. Tanto en el caso de la RPDC como en el de Irán, una solución militar al problema no es óptima.

Otros incendios latentes persisten. Afganistán ha sido en gran medida olvidado, pero las fuerzas hostiles a Estados Unidos y Occidente se están fortaleciendo allí. En Siria, el gobierno del presidente Bashar Assad sigue en el poder a pesar de las sanciones y los intentos de aislamiento. En África, los aliados de Estados Unidos están perdiendo influencia. Los terroristas, los narcotraficantes y las redes criminales transnacionales no han desaparecido. Ha sido posible combatirlos en estrecha coordinación con otros actores importantes y coordinar políticas con ellos sobre la base del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero el antiguo nivel de confianza se ha visto socavado. Y en las condiciones actuales de “guerra híbrida” con Rusia y crecientes contradicciones con China, será más difícil abordar eficazmente estos problemas.

Al mismo tiempo, el conflicto ucraniano parece ser la clave del orden posbipolar. El inicio de la ofensiva rusa en 2022 dio a Estados Unidos varias ventajas tácticas inmediatas. Washington tiene una poderosa palanca de influencia sobre sus aliados en Europa. La OTAN ha recibido una nueva oportunidad y el proceso de ampliación del bloque está en marcha. La prolongada resistencia de los principales países de Europa occidental a las persistentes demandas estadounidenses de aumentar su gasto en defensa y sus compras de armas finalmente se ha roto. Por tanto, la militarización de Europa avanzará a un ritmo rápido. Pero los países europeos tendrán que pagarlo ellos mismos, desviando recursos de las prioridades civiles. Las condiciones están dadas para que los estadounidenses se apoderen de al menos parte del mercado energético europeo; Lo que el expresidente estadounidense Donald Trump sólo podía soñar se ha logrado casi de la noche a la mañana.

Otro éxito táctico crítico ha sido el control total sobre Kiev. Estados Unidos determina en gran medida la capacidad de llevar a cabo operaciones militares y sostener la economía. El control de Ucrania, o de una parte importante de ella, destruye las perspectivas de un resurgimiento del «imperio soviético», al menos en el teatro europeo.

Sin embargo, desde el punto de vista estratégico, el conflicto ha creado graves problemas para Estados Unidos. El principal es la pérdida de Rusia como posible aliado, o al menos como potencia que no interfiere con Washington. A principios del siglo XX y XXI, se daban todas las condiciones para tal vínculo con Moscú. Además, la propia Rusia estaba dispuesta a mantener relaciones de asociación equitativas con Estados Unidos, siempre que se tuvieran en cuenta sus intereses, especialmente en el espacio postsoviético. Moscú no se ha fijado el objetivo de “revivir la URSS” ni ha intentado reformatear la ex URSS. En todos los temas clave de la agenda global, Rusia ha cooperado con Estados Unidos o se ha abstenido de oponerse activamente durante mucho tiempo. Se puede discutir quién es el culpable de la creciente confrontación mutua, pero las posiciones de las partes son diametralmente opuestas. Lo que importa son los resultados: Estados Unidos ha terminado con una potencia importante entre sus implacables oponentes: Rusia.

Moscú está construyendo estrechos vínculos con China, que Washington considera una amenaza a largo plazo. El costo del conflicto con Rusia para Estados Unidos se medirá no sólo por su apoyo a Ucrania sino también por el enorme precio que implica contener el tándem ruso-chino y abordar problemas en los que Rusia puede dañar con entusiasmo a Estados Unidos. El hecho de que la propia Rusia también salga perdiendo, en parte, no mejora la situación para Washington. 

En resumen, los logros tácticos del conflicto en Ucrania resultaron combinarse con una importante derrota diplomática para Washington en forma de una multiplicación de adversarios influyentes cuando estaban dadas todas las condiciones para evitarla. Para la UE, los costos estratégicos son aún más significativos. La proximidad geográfica de los combates y los mayores riesgos para la seguridad de un choque militar intencionado o no con Rusia juegan un papel aquí. China, por otra parte, está fortaleciendo su posición. Beijing ha ganado tranquilidad en sus vastas fronteras norteñas, un gran mercado ruso y la dispersión de los recursos estadounidenses. 

No se puede descartar que, en tales condiciones, Estados Unidos y sus aliados reconsideren sus nociones de derrotar a Rusia en el conflicto de Ucrania a cualquier precio. La gran pregunta es si Moscú cambiará su enfoque. Rusia está decidida a luchar por sus intereses a largo plazo. La confianza en cualquier propuesta occidental es cercana a cero. La quema del liderazgo estadounidense en la estufa de la cocina política mundial reduce aún más la motivación para apoyar cualquier compromiso sin la plena consideración de los intereses rusos. El resultado del conflicto ucraniano, cuando llegue, será una etapa fundamental en el orden que está tomando forma ante nuestros ojos.

¡EL IMPERIO OCCIDENTAL CRUJE Y MUERE SANGRIENTAMENTE! dice el director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, en su columna del Club de La Pluma, y agrega que los conflictos de hoy día son parte del ajuste de cuentas de su propio sistema, a causa de los asuntos mal y falsamente cerrados entre los bandos vencedores de la Segunda Guerra Mundial, y luego ocultados mientras mantuvieron la supremacía mundial. Asuntos que vuelven al tapete ante el cambio total de un escenario que no tiene ninguna igualdad con aquella circunstancia. Y que por ello, la evidente crisis terminal de su imperio, que fue importante durante 5 siglos y dominante en los últimos 200 años, lo sentencia a sufrir las consecuencias del viejo proverbio: DE AQUELLOS BARROS, ESTOS LODOS. Semejante derrota estratégica arrastra hoy a los anglosajones y a los europeos, a una cruel, desesperada y fragmentada guerra híbrida global contra el  mundo ascendente del Sur Global, que le va ganando la batalla por la primacía del poder mundial.

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Y enfatiza que esa es la verdadera razón -la de esconder tan histórico fracaso- por la que quieren hacernos creer que la guerra de Ucrania empezó en febrero del 2022, o que el holocausto palestino nació este 7 de octubre, o que la tensión en Taiwán es de apenas unos años, o que los conflictos de Oriente Medio son recientes, o que los levantamientos africanos contra Francia son una novedad, etc. Por el contrario, Pereyra Mele profundiza con datos y verdades demostradas, de que todas estas terribles tragedias son causas y consecuencias del histórico colonialismo depredador y totalitario del Imperialismo Occidental. Quién ahora, en su desesperada decadencia, pone a la humanidad frente a un futuro complicado y peligroso, precisamente porque si bien Occidente posee armas de destrucción masiva, la gran novedad -y la gran diferencia con el pasado- es que el Sur global también dispone de las mismas armas. Lo que nos obliga a no olvidar que las guerras son las principales parturientas de la historia.

Finalmente reitera que son aquellos barros los que hoy están transformando la historia, los que determinan el fin del ciclo de la dominación occidental y los que producen el gran cambio tectónico global, donde también entramos los latinoamericanos y fundamentalmente los americanos del Sur. Y que por lo tanto, es tiempo de asumirlo, de entenderlo y de participar en el mismo.

Eduardo Bonugli (Madrid, 29/10/23)