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En su columna del Club de La Pluma, el director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, aborda LAS TENDENCIAS GEOPOLÍTICAS DEL SIGLO XXI y para ello se abstrae de la vorágine mediática diaria de los conflictos bélicos y se sumerge en analizar las tendencias que marcarán el futuro global, no solo escrutando el devenir de los estados, sino también en la acción de los nuevos “pesos pesados” del poder occidental, como las poderosas plataformas de las redes sociales, los grandes grupos empresariales y los líderes de la inteligencia artificial, cuyos multimillonarios tecnológicos -libres de toda regulación supraestatal-ganan influencia e interconexiones en el nuevo “gobierno trumpista”. 

Y en un momento en que la geopolítica atraviesa un punto de inflexión dentro en un mundo menos previsible, ultra impulsivo y más caótico, marcado por “el crujir” del imperio norteamericano, en tanto que la Multipolaridad se impone implacable, siendo China y Eurasia quienes marcan el rumbo hacia ese nuevo orden. Dejando obsoletas y en patética inutilidad a aquellos organismos y entidades internacionales impuestos por los vencedores de la 2da. Guerra Mundial, siempre dóciles y funcionales al dominio anglosajón. Y relegando a actores tradicionales no estatales, como ONG, movimientos sociales, asociaciones pseudo culturales y hasta formaciones terroristas.

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También pondera cómo Rusia y Asia han roto el monopolio norteamericano en las redes cuando Internet se acerca a los cinco mil millones de usuarios. Resalta el poder infinito de la Big Data (acopio de datos personales de los ciudadanos). La transformación de las conflagraciones tradicionales en guerras híbridas, la desestabilización política y la disrupción económica. La desinformación, el ciberespionaje, la compraventa de empresas o la imposición de sanciones económicas. Los riesgos y amenazas por la hiperinflación o la falta de recursos energéticos. Los problemas medioambientales. El cambio climático. Los vertidos tóxicos. El colapso de países como “el programado” en Siria. Las grandes migraciones forzosas, las crisis alimentarías y las  epidemias. Además de estar a las puertas de una imprevisible guerra económica entre EEUU y China de efectos planetarios.

Además hace especial hincapié en cómo la “supuestamente democrática” Unión Europea intenta aterrorizar a su población con un Kit de Supervivencia para imponer un gasto público de 800.000 millones de euros y cómo se ha normalizado sin gran repercusión las terribles matanzas diarias de Israel en Palestina.

Y focaliza la violencia instalada en Latinoamérica de manos del narcotráfico y en medio de una sociedad desigual, agrietada y sufriendo la crisis de legitimidad de los modelos políticos y económicos, profundizada por el fracaso de la partidocracia pusilánime del eje de derecha y de izquierda y nos insta a entender el nuevo escenario y a desarrollar políticas y estrategias que nos permita insertarnos en el nuevo orden internacional que viene.

Eduardo Bonugli (Madrid, 30/03/25)

¡¡ LA LUCHA GLOBAL ES ENTRE ATLANTISTAS Y CONTINENTALISTAS !! 

Lo afirma una vez más el director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, en su columna del Club de La Pluma, ante los interrogantes que se abren con las cumbres telefónicas de Putin y Trump, y de las que sobresale “el buen feeling” entre ellos. En tanto que considera que la guerra de Ucrania sigue y que no se va a detener sólo por dos conversaciones a distancia. Mientras que define a los Continentalistas como el “Triángulo de Hierro” entre Rusia, China e Irán -sólidamente aliados- más la posible incorporación de la India, mientras que el Atlantismo Occidental -radicalizado y en caótica desconexión- se atrinchera desesperado en Europa para continuar la guerra como sea, con unos líderes sin legitimidad, con personajes monstruosos como Zelensky y con una burócrata que nadie eligió, como Úrsula Von der Layen, que ha impuesto dictatorialmente un rearme de 80 mil millones de euros que liquidarán el “estado del bienestar”, que hundirán el avance tecnológico de los países miembros y todo ello, sin que Europa pueda llegar a ser una potencia militar global.

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En el audio también destaca que:

• Que Trump, con sus cabildeos, estaría haciendo un control de daños ante el evidente derrumbe del imperio estadounidense.

• Que se confirma el suicidio militar de Zelenski en Kurks, que es palmario que NO manda y SÍ obedece a Inglaterra y que ha tratado de “bastardear” las conversaciones de paz, atacando en simultáneo a instalaciones energéticas rusas.

• Qué Putin no aceptará fuerzas de la OTAN en Ucrania, como fantasea Francia y Reino Unido, y que no permitirá una agresión directa Irán, en tanto que se burló -con datos del PIB- de la debilidad económica del G7.

• Que es inmutable la alianza entre Rusia y China, a pesar de las de la prensa imperial, y que el Continentalismo crece regionalmente en África a pesar del terrorismo anglosajón y que hasta en América del Sur se “cuecen las habas” por el auge y éxito de los Brics.

• Que ésta locura belicista global fue instaurada tanto por los demócratas como por los republicanos estadounidenses, con la complicidad de Europa, para intentar mantener inútilmente la hegemonía anglosajona, cuya debacle comenzó en el 2005.

Y reflexiona con que en estos tiempos borrascosos de niebla guerrera, hay que entender al mundo desde la realidad geográfica -como lo establece la ciencia de la geopolítica- y más en ésta transición histórica con cambios tectónicos, en que el ejemplo del desarrollo imparable de nueva Ruta de La Seda confirma el liderazgo global asiático, el del  Sur Global y el los BRICS hacia un nuevo mundo multipolar, a pesar del belicismo, del terrorismo y de la desestabilización desesperada impuesta por Imperio Atlantista que naufraga en sus propias aguas. 

Eduardo Bonugli (Madrid, (23/03/25)

La Ruta de la seda terrestre y maritima para salir del encierro que durante siglos impusieron los Atlantistas (G7) a los Continentalistas BRICS+

Javier Benitez entrevista al Director de Dossier Geopolitico Carlos Pereyra Mele 

La Unión Europea está fundida, y el ‘plan Kallas’ lo dejó al desnudo. La iniciativa de la guerrerista jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, pretendía regar a Ucrania con 40.000 millones de euros. Cuando naufragó, bajó sus pretensiones a 5.000 millones, y tampoco cuajó. Ahora, las dádivas serán a voluntad, para lo que Francia pasa la gorra.

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Misión: pasar la gorra

El ‘mendigo de Kiev’ Volodímir Zelenski se desesperó, cuando el pasado 20 de marzo en la cumbre en Bruselas, vio que los 40.000 millones de euros que, a pedido de Kallas, esperaba como a una mensualidad, se le escurrían como agua entre las manos. Entonces, la ideóloga lanzó a los líderes europeos una contraoferta a la baja: 5.000 millones de euros so pretexto de adquirir 2 millones de cartuchos de munición a corto plazo.

Zelenski pidió de todas las formas posibles a sus socios europeos –hasta con señales de humo– que le dieran la venia, pero Francia, Italia y España, aparte de la habitual Hungría, no lo vieron tan claro y dieron carpetazo al asunto.

Y como no hay dos sin tres, el documento final de la cumbre señala que la Unión Europea está dispuesta a brindar ayuda militar a Ucrania de manera voluntaria, pero acorde a las competencias y capacidades de cada país miembro del bloque.

En este escenario, el primer ministro de Hungría, Viktor Orban, lanzó un mensaje demoledor. «La UE no tiene ni un céntimo; ha gastado todo su dinero. Cuando habla de querer seguir armando a Ucrania, mantener el Ejército ucraniano, financiar el funcionamiento del Estado ucraniano en general o reconstruir Ucrania, lo hace de tal manera que, al sacar la bolsa, no encontrará ni una moneda», aseveró Orban durante una entrevista con un medio local.

Y por si alguien duda de la verdad de las palabras de líder húngaro, la miseria se deja ver en Francia. De los creadores del ‘mendigo de Kiev’, ahora llega ‘el mendigo de París’. Y es que Francia creó cuentas bancarias especiales para los ciudadanos que quieran «invertir sus ahorros en financiar los esfuerzos bélicos» del país, según el ministro de Economía francés, Eric Lombard. Traducido: Francia no tiene ni un céntimo para armas y ha empezado a mendigar dinero haciendo una colecta entre sus ciudadanos. Parece que los sablazos que el Gobierno galo ya les propina a base de impuestos no son suficientes para París.

El Dr. Carlos Pereyra Mele, director de Dossier Geopolítico, entiende que es evidente que hay una falta concreta de proyecto y de plan político de la Unión Europea. «Porque fue rechazado el paquete de esta señora Kallas […] quien quiere arrastrar a todo el continente europeo a un conflicto […] Ahora estamos viendo la realidad. Lo que está haciendo Francia, no solamente es pasar la gorra, sino que es mostrar la zanahoria delante del burro, para que siga tirando del carro. Lamentablemente, todos sabemos que es un gasto improductivo el de la producción de armamentos porque si se usan, hay que producir más, pero si no se usan, también es improductivo. El área de armamentismo es de pérdidas, de la que únicamente se pueden dar el lujo las superpotencias económicas para sostener su seguridad y su defensa», sostiene el analista.

Ante este panorama, las así llamadas potencias militares europeas dicen que están preparando un plan que busca reemplazar el rol de EEUU en la OTAN en un lapso de 5 a 10 años, según afirmaron a Financial Times varios funcionarios familiarizados con el asunto. La pregunta que surge es: ¿con qué dinero?

«El principal escollo que tiene todo esto es una cosa que se llama ‘dinero, dinero y más dinero’. Entonces, ¿de dónde sale el dinero? Y va a salir de la expoliación de los países y de su reducción del Estado del bienestar a estándares mínimos y los europeos van a verse degradados en su calidad de vida, como ya lo vienen siendo», concluye Pereyra Mele.

Fuente: https://noticiaslatam.lat/20250323/europa-no-tiene-ni-para-cerillas-del-mendigo-de-kiev-al-mendigo-de-paris–1161682923.html 

Síntesis de la disertación del Director de Dossier Geopolitico, en la CGT Historia de Córdoba sobre el Conflicto de Europa del este Guerra de la OTAN vs Fed. Rusa, desarrollado en el Taller de Actualidad Internacional, juntos a destacados disertantes de Córdoba y nacionales organizado por el Ateneo del Pensamiento Peronista -APP- el dia 13 de Marzo del 2025

Tema de Carlos Pereyra Mele: Guerra entre Rusia, la OTAN y Ucrania.

Cuando la Unión Soviética se disolvió en 1991, se firmó un acuerdo entre Mijail Gorvachov y George Bush que establecía la obligación para la OTAN de no expandirse más al este.

En 1994, Clinton decidió unilateralmente desechar ese acuerdo de no expansión de la OTAN, y en 1999 la OTAN se expandió a Hungría, Polonia y República Checa.

La Rusia de Boris Yeltsin protestó formalmente pero nadie en Occidente reparó en la violación del acuerdo, y Rusia no quiso escalar bélicamente porque esos países están lejos de la frontera rusa.

Luego en 2004 la OTAN siguió expandiéndose violando el acuerdo de 1994, incorporando a Estonia, Letonia, Lituania, Bulgaria, Rumania, Eslovenia y Eslovaquia.

Empezó la reacción Rusia: En 2007 Putin dijo «basta, paren, suficiente», pero la diplomacia de Occidente decidió ignorar.

Luego en 2008 la OTAN decidió iniciar las tratadistas para la incorporación de Ucrania y Georgia, países limítrofes con Rusia.

Rusia volvió a protestar formalmente señalando que si ellos decidieron tener bases en Canadá o México, EEUU iniciaría una guerra inmediatamente. Occidente siguió ignorando.

Rusia decidió entonces declarar la guerra a Georgia por tal motivo (casus belli), como todos conocemos y Georgia quedó pulverizada. La guerra terminó con un cese al fuego impulsado por Rusia, que estableció una fuerza de paz mixta y dejó dividida a Osetia del Sur en dos autoridades rivales. Osetia del Sur se convierte de facto en independiente, pero internacionalmente reconocida como parte de Georgia.

En 2010 EEUU instaló misiles en Polonia y Rumania, violando de nuevo el acuerdo de 1994.

Ese mismo año 2010, el pueblo ucraniano eligió de Presidente a Viktor Yanukovic, bajo un programa de gobierno que prometía neutralidad entre Rusia y la OTAN.

En 2014 Rusia y Ucrania firmaron un acuerdo en que Rusia buscaba el arriendo de Sebastopol por 25 años. No había ninguna intención de anexar Crimea ni Donbas.

Pero en 2014 EEUU operó para derrocar a Yanukovic, evento probado con la famosa y escandalosa llamada que se filtró entre Victoria Nuland y el embajador americano en Ucrania, Geoffrey Pyatt.

Luego llegaron los Tratados de Minsk I y  Minsk II (este último estableció autonomía para las regiones rusoparlantes del este de Ucrania. Este acuerdo fue apoyado de forma unánime por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Pero EEUU y la nueva Ucrania intervenida decidieron que no sería obligatorio 

Ucrania masacró a varios miles de ciudadanos rusoparlantes en el Donbass con Zelensky como autor intelectual y principal organizador de las riadas genocidas.

Luego en 2022 EEUU reclamó el derecho de poner misiles «dondequiera» en Ucrania, y Blinken le dijo a Lavrov que EEUU pondría sistemas de misiles en cualquier lugar de Europa y no solo en Ucrania.

Y ese fue el casus belli por el que Rusia decide declarar la guerra a Ucrania: hacer respetar la obligación de la OTAN de no expandirse al este. Ni más ni menos.

La intención de Putin con la guerra es detener el avance de la OTAN (obligada desde 1994 a no expandirse) y obligar a Zelensky a firmar la neutralidad.

Zelensky estaba listo al séptimo día de iniciada la guerra para firmar la neutralidad con Putin. Pero a último minuto Zelensky decidió declinar la firma por directa solicitud de Joe Biden.

La idea era incorporar a Ucrania, Rumania, Bulgaria, Turquía y Georgia en un anillo de bloqueo a Rusia al Mar Negro.

La guerra continúa hasta hoy. Y debido a la decisión de Biden y Zelensky, más de 1 millón de ucranianos han muerto en una guerra sin sentido.

Esta es toda la verdad histórica, ni más ni menos, de los acontecimientos entre Rusia, Ucrania y la OTAN. 

Y como vemos NO se trató de que NO se respetara las normas y las reglas, mas el derecho internacional, pero la angloesfera le importa poco y nada respetar esas posiciones y su alternativa es solo la guerra y el caos.

Todo lo demás es confusión instrumentada por analfabetos locuaces bien pagados (llamados periodistas especializados o Grupos de interés que usan sus ONGs o Think Tank para imponer un relato falso favorable a los agentes del atlantismo) y que con la censura mediática y de redes instaló férreamente  “democráticamente” La Unión Europea lo que hace que sus poblaciones no entienden una pizca de todo lo que pasa en esa zona del mundo y que consumen la amarga hiel de la propaganda belicista de la OTAN/UE y hasta Biden en EEUU se seguía con el libreto, sin mayor pensamiento crítico.  Hasta el reciente cambio en la administración de USA con Donald Trump, que pareciera encauzar el diálogo con las potencia y poner a EEUU en pie ante tanto deterioro causado por las administraciones demócratas y de las que él también ha tenido responsabilidad en su primer mandato, pronto veremos si esto se encamina a terminar con un Tratado de Paz concreto duradero o se transforma en un conflicto de largo tiempo 

Carlos Pereyra Mele Analista geopolitico

Director Dossier Geopolitico

¡¡ TIEMPOS BORRASCOSOS PARA LA REPÚBLICA IMPERIAL !! pronostica el director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele en su columna del Club de La Pluma, ante la lucha intestina de las élites occidentales entre los triunfalistas de Trump contra los globalistas derrotados, que se han atrincherado en Europa tras el falso símil de aquel pacto del siglo XIX, de “La Entente Cordiale Franco Británica”, buscando una unidad imposible en el viejo continente, para continuar una guerra contra Rusia que ya han perdido, en tanto que Trump exige darla por acabada con un acuerdo de paz directo con Putin, que sellaría el fracaso definitivo de la estrategia imperial en destruir a Rusia para luego cercar a China. A lo que Europa responde abrazándose a un acabado Zelensky -símbolo y peón de la catástrofe- y con exigencias cercanas al ridículo, obviamente rechazadas por Moscú.

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A lo largo del audio, aborda y analiza la secuencia de los últimos acontecimientos tales como:

• El enfrentamiento verbal en la Casa Blanca, que no fue un show ni una trampa, y sí mostró la realidad del “personaje Zelensky” que sabe que el fin de la guerra será su propio final.

• La encerrona previa de Macron y Starmer a Trump, con un “tratado de paz” que solo sería un alto el fuego por 30 días para transformar a Ucrania en una especie de las “2 Coreas” y el despliegue de tropas europeas en Ucrania. Hipótesis tan fantasiosas para Europa como inaceptables para Rusia.

• Que la NO firma del tratado por los recursos minerales y tierras raras fue porque Ucrania exigía que EEUU fuera el “garante de seguridad” contra Rusia. Condición también descartada de plano por la administración Trump.

• La sobreactuada reacción de los europeos con “sus cumbres” repletas de rispideces y elucubrando con unas fuerzas armadas propias en tanto que alientan el conflicto a pesar de que aumenta el rechazo a mandar tropas a Ucrania y a las dudas sobre el esfuerzo económico anunciado.

• Que en este momento la guerra continúa, perdiendo Ucrania más territorios y más vidas, mientras que Moscú no tiene prisas por negociar una paz que no sea concreta, real, y factible de cumplir, además de que reconozca todos sus objetivos.

• Que Inglaterra, que encabeza con Francia el grupo de países europeos “rebeldes” a Trump, no seguirá ese rumbo de choque contra EEUU porque pesan más sus lealtades anglosajones y porque la UE es garantía de divisiones y conflictos internos.

Finalmente, Pereyra Mele reflexiona que en estos momentos es crucial tanto la neutralidad del Sur global, cómo el NO castigar a Rusia y el fortalecer las bases de los BRICS+ para tener un sitio en la futura mesa de negociaciones del nuevo orden mundial, en tanto que se aproxima la guerra comercial del gobierno de Trump a nivel global por lo que habría que pensar en grande y vislumbrar correctamente todos los escenarios, más allá de los TIEMPOS BORRASCOSOS EN LA REPÚBLICA IMPERIAL

Eduardo Bonugli (Madrid, (09/03/25)

Por Sergio Pintado de Sputnik que entrevista a Silvina Romano y a Carlos Pereyra Mele

Luego de 10 años, Luis Almagro culmina un ciclo al frente de la OEA marcado por la «sumisión total a Washington», el apoyo a un golpe de Estado en Bolivia y la amenaza de una invasión a Venezuela. Dos analistas consultados por Sputnik reflexionaron sobre cómo Almagro «llevó al límite» a la OEA como herramienta de EEUU contra los «díscolos».

Con la inminente elección de un nuevo secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro se encamina a abandonar el puesto que ocupó durante una década y que lo tuvo como uno de los principales portavoces de las presiones de Washington contra los países latinoamericanos, incrementando el descrédito de una organización cada vez menos confiable.

Si bien Almagro llegó a la OEA impulsado, entre otros, por el Gobierno uruguayo de José Mujica (2010-2025) del que había sido canciller, pronto demostró su frecuente coincidencia con la política exterior estadounidense y, particularmente, con la agenda de Donald Trump, que alcanzó la Casa Blanca por primera vez poco después.

«Durante la gestión de Almagro se consolidaron algunas tendencias históricas de la OEA como la sumisión a EEUU, el principal ‘accionista’ de la organización. Pero, además, Almagro construyó una marca propia, muy personalista y en la línea del primer Gobierno de Trump y con el núcleo de republicanos afines a Trump en Miami», afirmó a Sputnik la politóloga argentina Silvina Romano.

La experta, una de las autoras del libro La OEA en tiempos de Almagro, admitió que la OEA siempre fue, desde su creación en 1948, un instrumento a través del cual Washington buscó imponer al resto del continente «su noción de la democracia y el desarrollo» y el american way of life. Aun así, consideró que el organismo aún era visto por algunos países como un instrumento «de diplomacia» que podía servir para la solución de controversias.

América Latina Bolivia preside el Consejo Permanente de la OEA para implementar una «reforma impostergable»

Romano subrayó que Almagro «eliminó esa característica del organismo y en vez de hacer diplomacia ejerció el intervencionismo directo en la política interna de los países y generó discordia», lo que en definitiva es «todo lo contrario a lo que debería esperarse de un organismo interamericano».

Para la analista, el episodio «más bochornoso» de la gestión de Almagro se dio con el apoyo de la OEA al golpe de Estado en Bolivia en 2019, cuando el propio secretario general acusó al entonces presidente boliviano Evo Morales (2006-2019) de fraude electoral, sin datos fehacientes que sustentaran esa hipótesis.

«Almagro profundizó la inestabilidad y propició un golpe de Estado convencional puro y duro en Bolivia, con un legado de violencia, muertes y desinstitucionalización muy fuerte. La OEA es responsable de eso y todos esperábamos que Almagro tuviera que rendir cuentas, pero parece que se irá impune», afirmó Romano.

La analista también apuntó como otro de los puntos oscuros de la gestión Almagro el apoyo explícito a una posible intervención armada en Venezuela en 2018, con el objetivo de derrocar al presidente Nicolás Maduro. «Se plegó a EEUU en esa amenaza que prácticamente planteó una situación de guerra que hacía mucho no se veía en la región«, recordó.

¿Por qué la OEA no funciona?

También en diálogo con Sputnik, el analista geopolítico Carlos Pereyra Mele definió al período de Almagro al frente de la OEA como una época de «sumisión total a las directivas de Washington» pero contextualizó esto dentro de la historia de una organización que nunca se apartó demasiado de ese camino.

Para el experto, el organismo tiene un problema desde su origen, cuando EEUU se aseguró el control sobre esa plataforma al financiarla y asegurar que su sede estuviera en la capital estadounidense. El debilitamiento se acentuó, de acuerdo al experto, cuando se incorporaron las excolonias europeas en el Caribe, diluyendo el poder que tenían los estados soberanos latinoamericanos al otorgar «un voto por país».

«El voto de Brasil tiene la misma potestad que el de Trinidad y Tobago, cuando sabemos que esa no es la real dimensión del poder en nuestra América. Por lo tanto, el poder latinoamericano se fue diluyendo y quedando a la saga de esta organización, que es fruto de la Guerra Fría», sostuvo Pereyra Mele.

El experto advirtió que, si bien en la actualidad EEUU ya no es el «Estado hegemónico» en la región como lo era en la época de postguerra en la nación la OEA, el organismo «siguió siendo una herramienta muy útil para los gobiernos norteamericanos de turno», especialmente en la tarea de «bloquear a todos los países díscolos de la región». Ello explica, fundamentalmente, el «castigo a Cuba», expulsada de la organización en 1962, o los más recientes embates contra Venezuela o Bolivia.

Pereyra Mele aseguró que la OEA «ha perdido credibilidad» al punto en que países como Venezuela han decidido directamente dejar de participar y «es un reflejo de algo que no existe más» porque «no representa los intereses reales de la región». «Todo esto genera un descrédito que ha llevado a una pérdida sustancial de importancia que terminará, seguramente, con el deterioro final de esta organización«, auguró.

América Latina Boric y Lula ante embates de Trump: buscan que Uruguay se una al «mapa progresista»

En efecto, el experto comparó la pérdida de relevancia de la OEA con la del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que «ha perdido la influencia que tenía» en la región en favor, por ejemplo, del Banco de los BRICS y la consolidación de China como principal socio comercial de la mayoría de los países latinoamericanos.

La CELAC, alternativa natural a la OEA

Para Romano, los diez años de Almagro en la OEA «terminaron de borrar» las pocas esperanzas de que la OEA tuviera, al menos, una apuesta por la diplomacia en la región americana. Por eso, consideró que la gestión del uruguayo «ha presionado para el nacimiento o el refuerzo de organismos de diplomacia y encuentro regional por fuera de la OEA».

«Es muy difícil que la OEA vuelva a revestirse de legitimidad luego de la gestión de Almagro y es urgente que encontremos institucionalidades alternativas porque en el tablero geopolítico de hoy, una de las únicas vías para que América Latina tenga voz y voto y pueda mejorar sus condiciones es la unidad regional», afirmó la analista.

Pereyra Mele apuntó especialmente a la presencia de EEUU y Canadá como uno de los grandes problemas de la OEA. «Mientras tengamos organismos donde la anglosfera tenga suficiente poder y suficiente relación desequilibrada, como en la OEA con EEUU y Canadá, no servirá porque será un mal espejo en el que se reflejan mal las situaciones de la región«, explicó.

Tras la desaparición de la Unasur, ese foco se ha colocado, remarcó Romano, sobre la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), organización que nuclea a los 33 países de las Américas, excepto EEUU y Canadá.

Pereyra Mele consideró, en tanto, que la CELAC podría agrupar a su vez a «organismos regionales» que contemplen de forma más específica las realidades de los diferentes «subcontinentes» de América y que, juntos, puedan «desarrollar una política más acorde a nuestros modelos de soberanía si queremos formar parte del nuevo orden mundial«.

Por Riccardo Rosati

Desde hace bastante tiempo creemos no ser los únicos en reconocer un abuso patente, a saber, debido a una difusión «pandémica» – esto es real y no sólo fruto de la manipulación mediática – del término «Geopolítica», especialmente por parte de líderes de opinión más o menos competentes, que se dirigen al público en la Red. Seamos claros, no es que lo que muestre la llamada televisión general sea mejor; al contrario, creemos que la información que transmite no es simplemente el resultado de un desconocimiento del tema en cuestión, como ocurre normalmente en Internet, sino de auténticas mentiras, propagadas sin rubor.

Trazar los contornos de la disciplina

Una herramienta útil para orientarse mejor en este particular campo de investigación es el fácil, pero muy completo libro sobre el tema de Prospettive geopolitiche (2019) de Claudio Mutti. De hecho, este volumen constituye la mejor introducción para adentrarse en lo que llamamos una exégesis «académica» de la Geopolítica, frente a otra mucho más extendida, de sesgo meramente cronístico/periodístico y basada casi exclusivamente en el relato de los hechos – cuando se tiene la suerte de que sean veraces –, sin apenas referencia a las diversas teorías elaboradas por los estudiosos de los que hablaremos en este artículo.

Entre todos ellos destaca el profesor y general Karl Ernst Haushofer (1869 – 1946), fundador de la geopolítica europea, con su idea sobre el significado espacial de las decisiones. Junto con el británico Halford John Mackinder (1861 – 1947), se le considera uno de los padres de la llamada teoría «continentalista» o «binaria» (8), que se erige como la teoría central de la Geopolítica «clásica». Sin embargo, Mackinder y Haushofer son representantes de dos posiciones totalmente antagónicas: el alemán esta del lado de la telurocracia, mientras que el anglosajón, por obvias razones, se interesó por el concepto de talasocracia. Esto nos devuelve a la infausta actualidad (el conflicto de Ucrania), con las mistificaciones difundidas por las «potencias marítimas», a las que Haushofer llamaba en realidad «piratas», justificado desde un punto de vista histórico, y que tienden por todos los medios a socavar a las potencias terrestres, ya que para Mackinder para lograr el dominio de las potencias marítimas: «[…] es necesario interponer entre Alemania y Rusia, como un diafragma, una Europa Central y Oriental garantizada por la Sociedad de Naciones» (9). Esperamos que nos disculpen el lenguaje contundente, ¡pero más claro!

Quien esto escribe, perteneciente a la Escuela Haushoferiana, está profundamente convencido de que la Geopolítica estudia los fenómenos desde una perspectiva constantemente «espacial», es decir, geográfica. Por ello, desde el surgimiento de las primeras civilizaciones desarrolladas, naturalmente inclinadas a la expansión, surgió la cuestión, tomando prestadas las categorías queridas por el erudito bávaro, del Großraum («Gran Espacio»), posteriormente mejor elaborada por el jurista constitucionalista y politólogo, igualmente alemán, Carl Schmitt (1888 – 1985); la citada concepción periodística de la disciplina hablaría en este caso concreto de «esferas de influencia». Un ejemplo históricamente significativo y explicativo es la famosa «Doctrina Monroe» de 1823 (de James Monroe [1758 – 1831], el quinto presidente estadounidense), que preveía un control, encubierto o manifiesto, de los estadounidenses sobre toda América Central y del Sur; las últimas declaraciones grandilocuentes por parte de Donald John Trump en su regreso a la Casa Blanca sobre la recuperación de Panamá no son más que la prueba de que este afán de dominación nunca ha cesado y de que las teorías expuestas en su día por Monroe siguen siendo válidas en la actualidad. Por otra parte, Schmitt, nos recuerda Mutti, hablaba de las tesis geopolíticas como de «conceptos teológicos secularizados».

En el libro se nota el trabajo que el autor realizó como profesor de lenguas clásicas en institutos: el libro hace uso frecuente de términos latinos y griegos. Además, a diferencia de muchos otros estudiosos del Pensamiento Tradicional, Mutti, y esto no puede sino complacernos, muestra decididamente más interés y respeto por el cristianismo. A este respecto, y en aras de la sinceridad, no podemos permanecer callados ante las derivas neopaganas de muchos exégetas de esta corriente filosófica, especialmente en lo que se refiere a la figura de Julius Evola (1898-1974); postura que nosotros, precisamente por ser estudiosos de este pensador, sentimos que debemos rechazar enérgicamente. Evidentemente, no negamos en absoluto que muchos de los escritos de Evola propugnen visiones abiertamente neopaganas; lo que queremos decir es que preferimos centrarnos en las obras que juzgamos de mayor sobriedad especulativa surgidas del filósofo italiano.

El mundo anglosajón, ¿el eterno enemigo?

Cerrada esta mínima, pero oportuna, observación polémica, volvamos al trabajo de Mutti, en el que recuerda la génesis del término «anglosfera»; es decir, ese bloque de naciones unidas por una lengua y por una percepción de la sociedad de carácter protestante, que ha sido la causa de los principales desequilibrios en las relaciones entre los pueblos durante casi doscientos años. Este concepto parece haber sido introducida en el lenguaje especializado bastante recientemente; precisamente en el año 2000 por el estadounidense James C. Bennett, en su escrito: The Anglosphere Challenge. Why the English-Speaking Nations Will Lead the Way in the Twenty-First Century (Lanham [MD], Rowman & Littlefield Publishers, 2004). Lo cierto es que el concepto de «anglosfera», aunque no se utilice y conozca tanto hoy, ha estado presente en el razonamiento de los geopolitólogos desde hace mucho tiempo, incluso antes de que se hablara de globalización. Por ejemplo, Schmitt comprendió que la hegemonía anglosajona suprimiría toda distinción y pluralidad espacial, unificando el mundo mediante la tecnología y una prodigiosa forma de economía transnacional. A esta perspectiva nefasta para la Humanidad, que se había vuelto uniforme e indiferenciada, contrapuso los conceptos de Ordnung (‘orden’) y Ortung (‘lugar’): un orden mundial sano no puede lograrse sin una adscripción geográfica precisa.

La unión de los pueblos de habla inglesa, caracterizada – siempre según Schmitt – por «una marca anticrística», se ha revelado a los ojos de miles de años de historia occidental como una «siniestra parodia del Imperio» (19). Después de todo, no es peregrino considerar todo el asunto del colonialismo británico primero y del imperialismo mercantil y cultural estadounidense después como un grotesco afán de imitar la grandeza de Roma. Esto se hizo por medio del mar, como sostenía el contralmirante estadounidense Alfred Thayer Mahan (1840 – 1914), hegemonizando Alemania y Japón, para contener al bloque ruso-chino y, en consecuencia, dominar el mundo (10). Nos gustaría subrayar de nuevo que ésta no era sólo la política exterior estadounidense del pasado, sino que es la política exterior estadounidense de hoy; no ha cambiado en absoluto.

Volviendo a la mencionada conexión intelectual de Mutti con el Clasicismo, vuelve a proponer la perspectiva de Homero sobre una forma de dominación basada en el agua, lo que conocemos precisamente como talasocracia: «El mar, masa fluida e informe, variable, sin determinaciones, es la imagen de la sustancia universal […]; es el símbolo de ese devenir que es mutabilidad, corruptibilidad, ilusión» (23). En efecto, en esta reflexión no es difícil identificar ese Occidente oscuro estigmatizado en la «Geografía sagrada» de Guénon (cf. René Guénon, Simboli della Scienza sacra, Milán, Adelphi, 1975, p. 96).

El lenguaje es poder

Quizá se deba a nuestro interés personal, pero el capítulo del libro que consideramos de mayor valor, además de originalidad, es el titulado: La geopolítica de las lenguas (35-45), donde se aborda con agudeza el papel del factor lingüístico en la relación entre el espacio físico y el político, partiendo de la influencia ejercida por Roma a través del latín. También cabe destacar cómo la gran relevancia y difusión del francés fue en cierto modo un episodio histórico peculiar, teniendo en cuenta el número relativamente bajo de hablantes (38).

También hay que aplaudir a Mutti cuando denuncia la embarazosa paradoja lingüística que caracteriza a la Unión Europea, y lo hace citando las palabras de Alain de Benoist: «El inglés avanza en detrimento del francés porque Estados Unidos sigue siendo actualmente más poderoso que los países europeos, que aceptan que una lengua que no pertenece a ningún país de la Europa continental sea consagrada como lengua internacional» (Alain de Benoist, Non à l’hégémonie de l’anglais d’aéroport, voxnr. com, 27 de mayo de 2013). A partir de estas observaciones, aprovechamos para señalar que todo ello beneficia exclusivamente a Estados Unidos y no a los británicos, ya que el inglés de la «Pérfida Albión» ha sido considerado durante décadas anticuado y clasista, una mera floritura de una nación que fue poderosa y que desde la Segunda Guerra Mundial ha sido un censurable, si se tiene en cuenta su notable pasado, vasallo de Estados Unidos. Sobre este tema, el texto de Nicholas Ostler The Last Lingua Franca. English Until the Return of Babel (Londres, Allen Lane, 2010).

Sea como fuere, el autor hace bien en reproducir las palabras expresadas por Sir Winston Churchill (1874 – 1965) el 6 de septiembre de 1943, cuando el entonces Primer Ministro británico afirmó sin rodeos: «El poder de dominar la lengua de un pueblo ofrece ganancias mucho mayores que arrebatarle sus provincias y territorios o aplastarlo mediante la explotación. Los imperios del futuro son los de la mente» (41). Esta afirmación es un epítome cristalino de una concepción prepotente de la difusión de la lengua/cultura, típica de los anglosajones, y al mismo tiempo un inequívoco impulso colonialista.

Perspectivas probablemente irreconciliables

Teniendo en cuenta el perfil de Mutti, no es de extrañar que se detenga en la génesis del término «Eurasia» (fue introducido por el matemático y cartógrafo germano Karl Gustav Reuschle [1812 – 1875] en 1858), enumerando los rasgos más destacados de las dos principales y complejas escuelas geopolíticas, la alemana y la rusa (47-48). Para la primera, esta zona es identificada con las masas continentales rodeadas por los mares Ártico y Mediterráneo y los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. Muy diferente es la interpretación de la segunda, que retoma los supuestos del pensador paneslavo Nikolai Jakovlevič Danilevsky (1822-1885), que más tarde los perfeccionó en el marco de una entidad económica, étnica y geográfica separada tanto de Asia como de Europa propiamente dichas. Quisiéramos añadir que la falta de comprensión de esta especificidad es la causa principal de la desconfianza hacia Eurasia, que a menudo se traduce en hostilidad, ya que no estamos hablando simplemente de un punto central de paso entre dos polos, sino de un tercer polo, con todas sus connotaciones y legítimas reivindicaciones. Por lo tanto, acogemos con gran satisfacción la valorización que hace Mutti del legado geopolítico de Carlo Terracciano (1948-2005, cf. Carlo Terracciano, «Europa-Russia-Eurasia: una geopolitica “orizzontale”», Eurasia, 2, abril-junio de 2005, pp. 181-197), especialmente sobre la urgencia de una integración (económica, política y militar) sólida y sistemática entre Europa y Rusia (52-53). De lo contrario, explica Terracciano, el Viejo Continente será utilizado por los norteamericanos «como una pistola apuntando a Moscú», y la actual guerra ruso-ucraniana confirma irrefutablemente lo acertado de tales predicciones.

Hacia la conclusión, el volumen se aproxima a temas contemporáneos, recordando el «peligro amarillo» (81-82) temido por Mackinder varios años atrás, durante una conferencia que pronunció ante la Royal Geographical Society de Londres el 25 de enero de 1904, en la que expresaba su temor de que una China mejor organizada que la de su época desbancara en el futuro a la Rusia zarista de su papel de país hegemónico de la «región pivote» (su conocida definición en inglés es para ser precisos Pivot Area), abriendo a las telurocracias un frente oceánico que podría haber resultado fatal para los anglosajones. No dudamos en definir el escrito de Mackinder, por muy en contra de nuestra muy personal orientación, entre las aportaciones teóricas nodales en la evolución de la Geopolítica, y fue sabiamente publicado en versión italiana en el número 2 (2018, 29-50) de Eurasia, revista de la que Mutti es fundador y Director.

La valoración de un texto como Perspectivas Geopolíticas no puede ser sino sustancialmente positiva: en no muchas páginas se han proporcionado todas las coordenadas necesarias para acercarse y comprender esta articulada disciplina; no falta nada de lo que es necesario saber. También nos ha parecido muy sugerente remontarlo todo a algo «atávico», a un eterno conflicto entre tierra y mar, ya presente en el mito griego con la disputa entre Atenea y Poseidón (23), por el dominio espiritual de Atenas, para ser venerada en la ciudad-estado como la primera entre las Deidades del Olimpo.

Tal dualismo espacial quedará quizá eternamente sin resolver, o desembocará en la derrota definitiva de una de las dos entidades. Por ahora, podemos contentarnos con darnos cuenta de que el planeta está dividido en facciones antitéticas y, al fin y al cabo, para eso sirve el razonamiento geopolítico, para desarrollar «una lectura puramente geográfica de los problemas», como nos enseñó Karl Haushofer.

FUENTE: https://geoestrategia.eu/noticia/44166/geoestrategia/la-perspectiva-geopolitica-con-haushofer-entre-la-tierra-y-el-mar.html

Ajedrez de geopolítica: Movimientos inesperados, movimientos que esconden otros, o que distraen. Hay peones, hay caballos, hay alfiles, torres, reina y rey. Todos juegan, todos tienen su rol. En Radio Sputnik, ‘Ajedrez de geopolítica’. Donde conocemos todo lo que se juega y todo lo que se decide. Conduce Javier Benítez. que entrevista al Director de Dossier Geopolitico Carlos Pereyra Mele.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, destacó las acciones del Ejército ruso que condujeron al inicio de conversaciones entre el gigante euroasiático y Occidente. Y mientras representantes de Moscú y Washington volvieron a reunirse, ahora en Estambul, el mandatario de EEUU, Donald Trump, humilló al primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer.

AUDIO:

Honor a quienes lo merecen

«Los cambios dinámicos que se producen hoy en el panorama internacional son en gran parte resultado del coraje y la resiliencia de nuestras Fuerzas Armadas, nuestros héroes. Fueron ellos, con su valor, con sus victorias diarias, quienes crearon las condiciones para el inicio de un diálogo serio, un diálogo sobre una solución fundamental a la crisis ucraniana y a otras crisis», manifestó Putin durante una reunión de la junta directiva del Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB, por sus siglas en ruso).

Al respecto, el Dr. Carlos Pereyra Mele, director de Dossier Geopolítico, expresa que en la política exterior y en la diplomacia hay dos vías para alcanzar los objetivos. El analista apunta que «una es la vía diplomática, de negociación, de arreglo, de concesiones, de diálogo, y la otra es a través del sistema de defensa y seguridad militar».

«Es evidente que la primera opción fue imposible con el régimen de Kiev, que no es justamente el principal jugador de todo este gran conflicto, sino que es una parte utilizable por parte de la OTAN, y en su momento, por las distintas administraciones estadounidenses, que impidieron todo accionar de tipo diplomático para llegar a un acuerdo. Y cuando se llegó a un acuerdo, lo traicionaron, como fue el caso de Minsk I y Minsk II, con los que se intentó una vía pacífica para solucionar el conflicto interno que ocurría en Ucrania. Todos ya sabemos perfectamente que fueron boicoteados por los mismos que tenían que ser garantes, diplomáticamente hablando, porque Angela Merkel, excanciller alemana, y el expresidente francés François Hollande, reconocieron públicamente que fue una trampa montada contra el Gobierno ruso», detalla el experto.

En este sentido, el analista añade que «entonces ocurrió lo que siempre ocurre con una potencia: se pasa a la fase dos que es la del enfrentamiento militar directo, que ha sido la consecuencia no haber dialogado y de no haber llegado a acuerdos firmes y haberlos respetado [por parte de Ucrania, Francia y Alemania]». «En esa situación es muy clara la declaración de Vladímir Putin al elogiar los éxitos y la valentía de sus tropas que enfrentan a uno de los ejércitos más numerosos de Europa», subraya Pereyra Mele.

En este sentido, también el jueves 27 de febrero, tuvo lugar una reunión Estambul entre representantes de Rusia y EEUU, en la que se acordaron medidas para garantizar la financiación de las actividades de las misiones diplomáticas de ambos países sobre la base de la reciprocidad, y crear las condiciones necesarias para que los diplomáticos cumplan con sus obligaciones, informó el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso el 28 de febrero.

El diálogo avanzó en formato experto entre el director del Departamento del Atlántico Norte del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Alexandr Darchiev, y la subsecretaria adjunta de Estado estadounidense, Sonata Coulter. Se debatieron en profundidad las formas de superar los numerosos aspectos «irritantes heredados de anteriores administraciones estadounidenses», según la Cancillería rusa.

En este escenario, también el pasado 27 de febrero, el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, visitó al presidente de EEUU, Donald Trump. Según medios estadounidenses, el líder británico no recibió lo que esperaba de esta reunión. «Trump no pareció conmoverse ante el pedido desesperado de Starmer de un compromiso más firme de EEUU para proteger a Ucrania», afirma el medio, señalando que el líder estadounidense dijo no a todo.

Tal vez lo más preocupante para Starmer y otros aliados de la OTAN fue la «indiferencia» del presidente sobre si Washington respondería militarmente en caso de que las tropas británicas fueran atacadas en Ucrania. «No necesitan mucha ayuda. Pueden cuidarse muy bien», dijo Trump.

FUENTE SPUTNIK https://noticiaslatam.lat/20250302/putin-honra-a-los-soldados-rusos-crearon-las-condiciones-para-resolver-la-crisis-ucraniana-1161399485.html

El repliegue norteamericano sobre América del Norte y el Caribe y sus dificultades para financiar proyectos de infraestructura dejan el espacio sudamericano vacante para que lo ocupe China

Eduardo J. Vior
analista internacional especial para Dossier Geopolitico

La segunda presidencia de Donald Trump se inició con sucesivos llamados al realismo que despertaron brutalmente a Occidente de su ensoñación de cuatro décadas. Buscando el acuerdo con Rusia, EE.UU. quiere terminar con la guerra en Ucrania y delegar en los europeos la responsabilidad principal por su propia defensa. Las negociaciones comerciales con China, por su parte, apuntan a acotar la competencia entre ambas potencias de un modo mutuamente beneficioso y así reducir las tensiones en torno a Taiwan. De este modo, EE.UU. podría también retirar fuerzas del Extremo Oriente. Mientras tanto, con duros gestos el presidente estadounidense intenta tomar el control sobre América del Norte y el Caribe, a los que EE.UU. históricamente ha considerado como su hinterland. Disminuyendo gastos y ampliando el ámbito de negocios de su propia economía, el gobierno republicano espera ir bajando el gigantesco déficit del Estado norteamericano y liberando recursos, para invertirlos en la necesaria renovación de su economía con la esperanza de, en pocas décadas, poder competir nuevamente con China por el liderazgo mundial. 

Sin embargo, este gran repliegue estratégico y concentración de fuerzas dejan vacante el control sobre enormes espacios geográficos y sectoriales donde puede avanzar la influencia de China. Un caso ejemplar es el de la inversión en infraestructura en América Latina. Los dirigentes y medios occidentales así como sus aliados regionales se quejan por la “invasión china”, pero ¿de quién es la culpa?


“El que se fue a Sevilla perdió su silla”

la “economía política de las inversiones en infraestructura” –en especial en la región latinoamericana– es central en las luchas entre estas potencias por el liderazgo mundial en los albores del siglo XXI.

La infraestructura de América Latina (AL) está conformada por obras públicas, instalaciones, sistemas y redes que permiten el funcionamiento de ciudades, países y organizaciones. Entre las obras de infraestructura pueden clasificarse las redes viales, los sistemas de telecomunicaciones, la construcción y el mantenimiento de edificios públicos, las redes de distribución de servicios, los sistemas de gestión de desechos, el abastecimiento de agua, el tratamiento de residuos sólidos y aguas servidas y la generación y transmisión de energía.

Desde la primera década del siglo empresas chinas vienen invirtiendo fuertemente en estos sectores. De esta manera solventan las dificultades presupuestarias de los estados latinoamericanos y sus déficits de gestión que han generado en su historia contemporánea numerosos altibajos en la inversión en infraestructura. Al mismo tiempo los países occidentales han reducido mucho sus créditos para el sector. Los remplazan los organismos multilaterales de crédito (Banco Mundial –BM-, Banco Interamericano de Desarrollo –BID-  y Banco de Desarrollo de América Latina –CAF-, entre los más importantes), pero sus prestaciones se realizan a valor de mercado y están vinculadas a condicionamientos políticos y constelaciones continentales de poder que estrechan el margen de maniobra de los estados nacionales.

Como los organismos chinos de crédito para el desarrollo en principio sólo están ligados a las prioridades de su Estado, pueden gestionar sus líneas de financiamiento con menos conflictos políticos y de interés. Pueden, por lo tanto, ofrecer más fondos, más baratos y a más largo plazo. Además, como la República Popular aplica un criterio totalizante en sus relaciones con actores en el Sur Global, no le importa demasiado obtener beneficios inmediatos en uno u otro crédito en particular sino en el conjunto de la política de cooperación para el desarrollo de un determinado país o sector.

Estas diferencias entre ambos sistemas han dado al chino una ventaja inusitada sobre el norteamericano, difundiendo la percepción de que el continente está sufriendo una “invasión china”. 

Con un enorme potencial para ser eficiente y competitiva a escala mundial, América Latina y el Caribe (ALC) se enfrentan a importantes desafíos, para reducir las brechas de infraestructura física y digital que debe superar, si pretende integrarse y aumentar su productividad. Para 2030, ALC necesita invertir más de USD 2,220.736 billones en los sectores de agua y saneamiento, energía, transporte y telecomunicaciones, para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. De este total, el 59% debe destinarse a inversiones para nuevas infraestructuras y el 41% al mantenimiento y la sustitución de activos al final de su vida útil. 

En otras palabras, la región debe invertir al menos el 3,12% de su PIB cada año en el mantenimiento y desarrollo de su infraestructura. Hasta el momento Estados Unidos es el principal inversor extranjero en este sector, pero la inversión norteamericana se ha concentrado en México, Brasil y los territorios británicos del Caribe (BCT, por su nombre en inglés). 

Por otra parte, la inversión estadounidense en infraestructura se realiza mayormente a través de empresas privadas financiadas por créditos bilaterales o multilaterales (principalmente del BID, la CAF o el Banco Mundial). Por lo tanto, se dirige a regiones y sectores que potencialmente puedan arrojar un rápido beneficio y deja numerosos sectores y regiones sin cobertura. Allí es donde se cuela la inversión china.

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Proyectos chinos de infraestructura en América Latina y el Caribe 2021

Por su parte, la inversión china en la infraestructura de América Latina se concentró en la década pasada en grandes proyectos de infraestructuras (carreteras, ferrocarriles, represas y puertos, entre otros) frecuentemente respaldados por financiamiento estatal. Sin embargo, en los últimos años han empezado a cambiar las formas y el estilo de estas inversiones. Las empresas chinas han asumido por sí mismas crecientemente los riesgos financieros y han comenzado a fondearse para financiarlas, con especial atención a los sectores de las nuevas tecnologías.

“Vemos una caída en el monto global de las inversiones de China en la región y también a nivel global, tanto de parte de las nuevas inversiones como de las operaciones de adquisiciones y fusiones. Pero al mismo tiempo, hay un aumento en el número de proyectos enfocados en los nuevos sectores de tecnología de punta”, explica Margaret Myers, directora del Programa de Asia y América Latina del Diálogo Interamericano.

Desde 2015 se redujeron sensiblemente los préstamos para América Latina del China Development Bank (CDB) y del Export-Import Bank of China (CHEXIM), dos de los tres bancos públicos chinos propiedad del Consejo de Estado que históricamente han ofrecido más fondos a la región. Aprovechando el aprendizaje sobre las cuestiones regulatorias, laborales y de idiosincrasia que tanto el Estado como las empresas chinas hicieron desde 2000 proveyendo créditos para obras de infraestructura, las empresas chinas comenzaron a invertir sin financiamiento bancario. Al mismo tiempo, los grandes bancos públicos están ahora más ocupados en financiar la economía interna en la propia China.

La baja de los créditos de las instituciones públicas chinas ha sido mayor que el incremento de la inversión por parte de las empresas privadas, de modo que el monto total de la inversión de China en la región se ha reducido. De acuerdo a los datos del Monitor de las Inversiones de China en América Latina y el Caribe, en 2023 la inversión extranjera directa (IED) de China en ALC se ubicó en 8.748 millones de dólares, es decir poco menos del 10% del total de la IED recibida de todo el mundo.

También se han modificado las prioridades sectoriales de la inversión china. Los créditos del CDB y el CHEXIM en los primeros veinte años del siglo fueron mayormente dirigidos a apoyar la infraestructura de los sectores extractivos de materias primas, gasoductos y oleoductos, energía eléctrica y manufacturas. A partir de esas operaciones China se fue convirtiendo en un desarrollador y constructor líder de proyectos de infraestructura no sólo en la región sino en todo el Sur Global.

Ahora, sostiene Myers, China considera otros sectores prioritarios para su desarrollo. “Nosotros los llamamos la ‘Nueva Infraestructura’, para referirnos a los sectores de innovación. Hay que recordar que en las últimas dos décadas el crecimiento de China ha dependido muy fuertemente de los sectores de venta, manufacturas y la construcción, pero ahora la innovación en sectores de alta tecnología son las áreas que China quiere priorizar para crecer e impulsar su competitividad global”, sostiene.

Los nuevos rubros priorizados son autos eléctricos, paneles solares, baterías, digitalización, telecomunicaciones, fintech, electrificación e inteligencia artificial. En varios de los sectores China ocupa un lugar dominante a nivel global. Estos sectores representaron el 58% de la inversión externa de China en la región en 2022 y más del 60% de la cantidad de proyectos anunciados por compañías chinas en ese año.


IED de China en “nuevas infraestructuras” en ALC 2003-22

En el sector de autos eléctricos y baterías las compañías chinas líderes en el mundo y en la región son BYD, Beiqi Foton y Chery. Solamente BYD apunta a producir en Brasil más de 150 mil vehículos eléctricos e híbridos por año y ya inició la producción de un autobús eléctrico que funciona con una batería de litio fabricada en Manaos, Amazonas.

Un gran foco de las inversiones de China está en el sector de energías renovables, en particular la solar. Ocho de los diez mayores proveedores de paneles solares en la región son chinos, liderados por Longi, Jinko, Trina y JA. El parque solar Cauchari, uno de los más grandes de la región, ubicado en Jujuy, se financió con un crédito del CDB y fue construido por contratistas chinos.

Algunas de las mayores operaciones de fusiones y adquisiciones por parte de capitales chinos en la región se dieron en el sector del litio de Argentina. La explotación del litio, si bien es una actividad minera, está directamente vinculada a la electrificación del transporte. Se han destacado en 2022 la compra por la minera china Ganfeng Lithium de la argentina Lithea, para desarrollar el proyecto Pozuelos-Pastos Grandes por 962 millones de dólares, y la operación de Zijin Mining Group en 2021 para adquirir la canadiense Neo Lithium y explotar el yacimiento de Tres Quebradas por 737 millones de dólares. También en 2021 Great Wall Motor compró en Brasil una fábrica de Daimler donde desarrolla autos eléctricos.


Vista satelital de la planta de litio Cauchari-Olaroz de Ganfeng Lithium en la provincia de Jujuy, Argentina. La empresa china compró la firma argentina Lithea en 2022 para desarrollar otro proyecto de litio en la provincia de Salta

Asimismo, en el terreno de las telecomunicaciones la firma Huawei se expande por la región, especialmente en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, instalando centros de datos y expandiendo su cloud computing.

Entre tanto, el relevamiento de la UNAM que dirigió Enrique Dussel Peters resume de esta forma el escenario: “Los sectores vinculados a las materias primas ―metales, minerales y minería― siguen predominando en la inversión de China en América Latina, con el 34% del total durante 2020-2023, aunque muy por debajo de su participación en 2005-2009, del 81%. Como contraparte, los sectores de energía, en particular la no-fósil, y automotriz y autopartes se han convertido en los más dinámicos en la última década”.

Durante los primeros veinte años del siglo la táctica de acercamiento de China a la región a través de créditos de instituciones financieras tuvo gran impacto sobre aquellos países de la región que transitaban dificultades para acceder a otro tipo de financiamiento, como Venezuela, Argentina y Ecuador. “Se daban créditos a los gobiernos pero con exigencias de equipamiento chino, lo cual también era una forma de abrir mercados y de propiciar la inserción de las empresas en la región”, agrega Myers.

El Monitor de las Inversiones de China en América Latina y el Caribe marca asimismo que ha habido una diversificación en cuanto a “países, sectores y propiedad de las empresas chinas”. Detalla que entre 2020 y 2023 Brasil ha seguido siendo el principal receptor, con el 34% de las inversiones, seguido de Argentina con el 22,5%, México (15%), Perú (11%) y Chile (8,7%). En los casos de Argentina y Perú se destaca la participación del sector minero, del litio y cobre, respectivamente, mientras que en Chile al atractivo del litio se suma la transición energética. En México, en tanto, el mayor interés se centra en el sector automotor.

Otra característica relevante de la inversión de China en la región es su gran concentración en un reducido número de firmas. La UNAM relevó que “tan solo 5 empresas chinas ―State Power Investment Corporation Limited (SPIC), State Grid Corporation, Tibet Summit Resources, Jiangxi Ganfeng Lithium y Zijin Mining Group― concentraron el 46% de la IED china en América Latina y el Caribe durante 2020-2023”.

La confrontación entre Estados Unidos y China desde 2017 bajo el lema de “la competencia entre grandes potencias” y con la administración de Biden (“invertir, competir y alinear”) ha hecho que el primero subordine el comercio, las inversiones y el financiamiento, pero también otros aspectos como la educación y la cultura, a criterios de seguridad nacional. Este proceso incluye explícitamente a los proyectos de infraestructura de China en el mundo y particularmente la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Los 268 proyectos de infraestructura realizados por China en ALC hasta 2023 generaron más de 777.000 empleos y continúan con una importante tendencia a la alza. Por un lado, el monto por proyecto ha aumentado significativamente, pero los realizados por China en ALC en 2020-2023  generaron muchos menos empleos que en períodos anteriores, es decir que son de mayor tamaño medidos en dólares y crecientemente más intensivos en capital.

Las empresas chinas que realizan los proyectos de infraestructura en ALC son mayoritariamente de propiedad pública. En 2005-2023 el sector público participó con el 89.25% y 78.23% del monto de los proyectos de infraestructura y del empleo generado por China en ALC.


Puede concluirse que la alarma de los dirigentes y medios norteamericanos y de sus aliados en el continente por la amplitud, diversidad y profunda imbricación de las inversiones chinas en ALC está justificada, pero advirtiendo que la mayor responsabilidad le cabe a ellos. La concentración de las inversiones norteamericanas y europeas en el sector financiero y en servicios no productivos durante las últimas cuatro décadas ha creado un vacío que las empresas chinas fueron llenando desde principios del siglo XXI. 

Por un lado, el retroceso tecnológico relativo de los países occidentales, el deslocamiento de sus inversiones productivas hacia Asia y el endeudamiento público de EE.UU. le han restado herramientas para competir por los mercados regionales frente a China. Por otro lado, el costo financiero y los condicionamientos políticos que acompañan los créditos de los organismos multilaterales controlados por Occidente han forzado a muchos países de la región a recurrir al crédito chino.

Por cierto, en la medida en que ALC insiste en negociar con China por separado, que en la mayoría de los casos las inversiones chinas no se insertan en ningún plan sistemático de desarrollo y no surgen liderazgos con vocación soberana y visiones de largo plazo, persiste el riesgo de que las inversiones de ese origen sólo multipliquen la desigualdad estructural entre regiones y clases sociales, profundicen la concentración de la riqueza y, por un efecto búmerang, fortalezcan a las mismas elites oligárquicas que perpetúan la dominación anglonorteamericana sobre América Latina y el Caribe.

La culpa no es de China, sino de Estados Unidos y sus aliados continentales que han perpetuado el atraso y la dependencia. El que se fue a Sevilla perdió su silla.

Por Emanuel Pietrobon(*)

La guerra híbrida ha existido desde el principio de los tiempos. No se trata sólo de desinformación y no son prerrogativa de Rusia y China. Y no: la Doctrina Gerasimov no existe. Una breve explicación de uno de los conceptos más debatidos y menos comprendidos de la actualidad.

Hay tanto que decir sobre la guerra híbrida que a veces resulta difícil saber por dónde empezar nuestra exégesis al respecto. Podríamos empezar desmontando breve pero concisamente la gran narrativa sobre las guerras híbridas: Vladimir Putin no las inventó, siempre han existido, en el sentido de que las guerras han sido híbridas desde el principio de los tiempos, y la infame doctrina Gerasimov, sobre la que incluso se han escrito libros y de la que los autodenominados expertos siguen hablando, es una invención del Kremlinólogo Mark Galeotti . Una invención involuntaria por la que él mismo hizo un mea culpa, en las columnas del prestigioso  Foreign Policy , porque confundió un comentario analítico de Valery Gerasimov sobre la evolución de las guerras en el nuevo siglo con una doctrina oficial de las fuerzas armadas rusas sobre el tema de los conflictos no convencionales.

Pero entonces ¿qué es una guerra híbrida? Es una guerra librada por medios no militares y no convencionales. Es creatividad versus lógica. Es una asimetría contra las reglas. Es no linealidad versus previsibilidad. Es un tipo de guerra que históricamente, desde la génesis del Hombre, ha sido realizada por los más débiles para luchar indirectamente contra oponentes más fuertes, imbatibles si se enfrentaran en un campo regular con métodos convencionales.

Los orígenes de la guerra híbrida se pierden en la noche de la Creación. Consideremos la historia bíblica de la expulsión de Adán y Eva del Jardín del Edén. El Diablo y sus ángeles rebeldes habían perdido una guerra directa y convencional contra los ángeles fieles al Dios creador. El Diablo quería vengarse de su derrota, por lo que manipuló a Adán y Eva y los convenció de comer el fruto prohibido. Guerra psicológica. El primero de todos.

No tenemos que remontarnos al siglo XXI o XXII para encontrar casos de guerra híbrida. Incluso la antigüedad está llena de ellos. La primera guerra económica de la historia, además, la lanzó Atenas contra Megara. Pero, por supuesto, la guerra híbrida siempre ha sido más la excepción que la regla. Hoy, sin embargo, ocurre lo contrario: la guerra híbrida es el sello distintivo de nuestro tiempo y esto ha sucedido debido a una serie de factores, entre ellos la transformación del mundo en una aldea global, el progreso tecnológico, el cambio de sensibilidad de la opinión pública en muchos países –que ya no están dispuestos a aceptar el regreso de sus hijos en ataúdes– y una conciencia general de que una guerra híbrida bien planificada puede garantizar el máximo resultado político con el mínimo esfuerzo humano y económico. También porque una guerra híbrida tiene la ventaja de ser ocultable a los ojos de la víctima, porque es clandestina y no declarada, y puede lanzarse cómodamente desde casa, por ejemplo desde un teléfono, a diferencia de una guerra tradicional que requiere el uso del ejército y una importante movilización socioeconómica.

La guerra híbrida es un término con muchos significados: guerras de la economía y de los recursos y sus derivados –es decir, guerras financieras, industriales, comerciales y energéticas–, guerras cibernéticas, guerras de la información, guerras mente-céntricas –es decir, guerras psicológicas, cognitivas y neurológicas–, guerras electrónicas y también terrorismo, guerra de guerrillas, militarización de la ley, entrismo –es decir, la infiltración de agentes provocadores y quintas columnas en sectores claves de una sociedad y sus instituciones–, militarización de la religión.

Las armas en el arsenal de la guerra híbrida son muchas, desde hackeos hasta ataques especulativos, desde ataques de  falsa bandera , desde oleadas de desinformación hasta memes, desde sabotajes hasta sanciones y migraciones controladas. El punto a entender es éste: los caminos de la guerra híbrida son como los del Señor, infinitos. Porque todo es o puede convertirse en un arma inapropiada en manos de un guerrero híbrido.

Y esto nos lleva directamente al ejército de guerra híbrido, que no está compuesto ni de soldados ni de uniformes. Cualquiera puede ser reclutado para una campaña de guerra híbrida: hackers, influencers, músicos, escritores, artistas de memes, terroristas, guerrilleros, misioneros, mafiosos, traficantes de personas.

El campo de posibilidades de la guerra híbrida está en constante expansión y supera la creatividad de los guionistas más visionarios de Hollywood. Porque la opinión común es que las guerras híbridas son esencialmente interferencia electoral, hackeos y desinformación, cuando en realidad son una mezcla compleja que contiene de todo: culebrones turcos que empujan a los espectadores a convertirse al erdoganismo, o a aprender turco, o a convertirse en apologistas del Imperio Otomano, y que algunos países árabes no por casualidad han prohibido; Misioneros iraníes que extendieron la influencia de Teherán desde el Levante hasta la Península Arábiga, convirtiendo a millones de personas al chiismo y creando un terreno fértil para que sus  representantes se arraigaran ; todas las redes sociales globales, ninguna excluida; y hasta drogas.

Drogas. Ya. Porque, como ya hemos dicho, incluso las mafias y las organizaciones criminales pueden ser reclutadas dentro de una campaña de desestabilización. No es ningún secreto que Estados Unidos reclutó a la Cosa Nostra norteamericana durante la Operación Mangusta en Cuba, utilizando a sus sicarios y activos para llevar a cabo sabotajes,  operaciones de falsa bandera  y para tratar de reducir el afecto popular hacia Fidel Castro. Europa está asistiendo al nacimiento de pactos entre organizaciones criminales turcas, chechenas y marroquíes y los servicios secretos de países como Turquía, Irán y Rusia para realizar actividades de espionaje y cometer asesinatos: Irán contrató a la Mocro Maffia para asesinar a dos disidentes en Holanda, Turquía es el guardián de facto de las  banlieues francesas  , e Irán fue descubierto a finales de 2023 mientras conspiraba con clanes afincados en el norte de Europa para atacar objetivos israelíes.

Y luego está la crisis de los opiáceos en Estados Unidos , que ha matado a más de un millón de personas desde 1999, la mitad de ellas desde 2019, cuando entró en una fase epidémica con muertes anuales superiores a las cien mil. Lo que ocurre es que el hombre norteamericano está deprimido por una serie de razones y que alguien está alimentando su malestar cometiendo una masacre . Ese alguien fue y en parte sigue siendo las grandes empresas farmacéuticas, pero hoy es sobre todo un improbable consorcio criminal chino-mexicano. Los criminales de la tríada y otras compañías farmacéuticas legítimas venden opio crudo o productos químicos precursores de opioides a los narcotraficantes, quienes luego los convierten en heroína o en versiones ultra baratas, falsificadas y, lo más importante, letales del fármaco fentanilo.

Hablar de un medicamento falsificado es reductivo, además de sustancialmente erróneo, puesto que estamos hablando de un arma química real capaz de matar simplemente por inhalación. Para algunos no es una guerra híbrida, pero es China la que podría hacer más para romper este tráfico y simplemente no lo está haciendo. Para otros, sin embargo, sí lo es. Al fin y al cabo, fueron dos chinos, Qiao Liang y Wang Xiangsui, quienes teorizaron en 1999, en el manual Guerra sin límites, la creación de asociaciones con organizaciones criminales para desestabilizar un país adversario, por ejemplo confiándoles la distribución de drogas duras en su interior. Poco más de veinte años después, tomando en serio una de las reglas básicas de la desestabilización –alimentar el descontento existente–, Pekín ha pasado de la teoría a la práctica.

La Cuarta Guerra Mundial está entrando en pleno apogeo ; la cuarta, no la tercera, porque ¿qué fue la  Guerra Fría  sino una guerra mundial disfrazada? – y luchamos más con los medios de Bernays que con los de Clausewitz. Es por ello que es hora de comenzar a profundizar en el estudio del primero, que continúa vergonzosamente eclipsado por el segundo.

(*) Emanuel Pietrobon es un analista político especializado en guerra híbrida, seguridad internacional y geoestrategia. Ha escrito libros sobre los temas mencionados para Castelvecchi Editore, ha trabajado en la Comisión Europea y ha colaborado con los más importantes organismos italianos de asesoramiento, información y difusión, entre ellos The European House – Ambrosetti, Centro studi Machiavelli e InsideOver. En 2024 cofundó MasiraX.

FUENTE https://www.dissipatio.it/anatomia-della-quarta-guerra-mondiale/ 

Las opiniones que expresa el autor de la nota , no necesariamente concuerdan con la de Dossier Geopolitico