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Después de una propuesta de paz que marca límites rígidos y del fracaso de Zelenski en Suiza, la alianza ruso-coreana abre un segundo frente que la neutralidad vietnamita convalida

Por Eduardo J. Vior
analista internacional especial para Dossier Geopolitico

Por momentos la historia mundial se mueve con lentitud y, de repente, pega un salto y comienza a correr. Esto es lo que ha pasado en los últimos siete días. La guerra de Ucrania apunta a desembocar en ua catástrofe mundial. Nada parecía poder frenarla. Entonces Putin puso un freno, dejó a sus adversarios patinando en el aire y buscó en Asia una salida oblicua que puede inducir a EE.UU. a sacar el pie del acelerador.

Empecemos por los últimos capítulos. El pasado martes 18 Vladimir Putin llegó a Pyongyang, la capital de la República Democrática Popular de Corea, en la primera visita oficial de un presidente ruso en 25 años. El jefe del Kremlin estuvo en Corea martes y miércoles, para luego dirigirse a Vietnam. Durante su visita en la península ambos mandatarios se dieron mutuamente sobradas muestras de amistad y alianza y firmaron un acuerdo de cooperación estratégica que renueva los existentes desde 1961. 

Todavía no se conoce el texto oficial del acuerdo, pero se sabe que prevé la asistencia militar recíproca en caso de agresión contra el territorio de alguno de los signatarios. 


Putin y Kim tras haber firmado el Acuerdo de Cooperación Estratégica Integral

Además de la provisión de munición norcoreana a Rusia y los variados contratos que Pyongyang recibirá de empresas rusas, para contribuir a su armamento, el acuerdo da a Estados Unidos una poderosa señal estratégica: si se atreven a pasar a una confrontación directa con Rusia, deberán combatir en, por lo menos, dos frentes.

Tras su visita en Corea el presidente ruso llegó el miércoles a Vietnam, donde estuvo hasta el jueves 21.

La visita de Estado de Vladimir Putin a Vietnam se enfocó en la cooperación económica entre ambos países y en eliminar las barreras a su desarrollo. La visita del líder ruso tenía tres objetivos principales: debatir el estado de las relaciones ruso-vietnamitas; conocer al nuevo mandatario de Vietnam y al presidente de la Asamblea Nacional del país asiático y encontrar soluciones para eliminar los obstáculos a una cooperación económica, cultural, científica y humanitaria más estrecha entre ambos Estados. 

Al comienzo de su visita en Vietnam, el miércoles 19, el mandatario ruso publicó en el periódico del Partido Comunista de Vietnam Nham Dan un artículo sobre la amistad ruso-vietnamita. En el mismo expresó su esperanza de que “los inversionistas vietnamitas aprovechen más activamente las oportunidades de trabajar en el mercado ruso.”  Y recordó que “casi el 60% del comercio entre Rusia y Vietnam en el primer trimestre fue realizado en moneda nacional.” Evocó también “las tradiciones de asociación y asistencia mutua como base sólida para seguir promoviendo las relaciones bilaterales entre Rusia y Vietnam.” Señaló asimismo que “Rusia y Vietnam cooperan estrechamente en plataformas multilaterales clave, principalmente en la ONU, que “comparten enfoques similares o cercanos en cuestiones de actualidad de la agenda internacional” y finalizó puntualizando que “Rusia ve en Vietnam un socio en el proceso del desarrollo de una nueva arquitectura de seguridad euroasiática igualitaria e indivisible”.

Considerando las buenas relaciones de Vietnam, como miembro de la ASEAN, con sus vecinos prooccidentales, su intenso comercio con EE.UU. y Europa Occidental y la tradicional enemistad entre Vietnam y China, Putin no podía avanzar mucho más allá, pero se aseguró de que el país indochino confirme su neutralidad en la confrontación mundial y abrió la puerta para el refresco de los lazos de la época de la Guerra Fría.


Vladimir Putin y el presidente de Vietnam, Tô Lâm

El viaje fue el complemento, programado y necesario, de los dos hitos que jalonaron la semana anterior: la propuesta del presidente Putin para alcanzar la paz en Ucrania y la declaración de la Conferencia sobre Ucrania en Bürgenstock, Suiza. 

La propuesta presentada por el presidente ruso el viernes 14 en una reunión con embajadores de su país en todo el mundo, celebrada en el Ministerio de Relaciones Exteriores, se centra en los siguientes puntos: 

1) Rusia cesará el fuego inmediatamente y se declarará dispuesta a negociar, después de que Ucrania retire las tropas del territorio de las nuevas regiones rusas.

2) La segunda condición para las negociaciones será una declaración de Kiev abandonando sus intenciones de entrar en la OTAN.

3) Rusia también necesita un estatuto neutral, no alineado y desnuclearizado, de Ucrania que incluya su desmilitarización y desnazificación.

4) Nuestro objetivo, dijo, no es congelar el conflicto, sino ponerle fin por completo.

5) Advirtió que deben registrarse formalmente los acuerdos básicos sobre la paz y señaló que Rusia también propone que se levanten las sanciones en ese momento.

6) “Rusia hace hoy una verdadera propuesta de paz, aclaró el presidente, si Ucrania y Occidente se niegan, el derramamiento de sangre correrá por su cuenta”.

7) Moscú es consciente de su responsabilidad en la estabilidad del mundo y confirma su disposición al diálogo.

La propuesta de Putin inmediatamente generó acaloradas discusiones dentro y fuera de Rusia. Dentro del país le han criticado la limitación de los objetivos de guerra, el abandonar la histórica reivindicación de la reincorporación de Odessa a Rusia, la falta de garantías para la ansiada desnazificación de Ucrania y la imprecisa mención de la desmilitarización sin cuantificarla.

En el exterior, en tanto, las reacciones fueron las esperables. “Putin no está en condiciones de hacer propuestas de paz”, dijo el secretario de defensa estadounidense Lloyd Austin. “No es una propuesta de buena fe”, apostrofó por su parte el saliente secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Quien el 1º de octubre será remplazado por el neerlandés Mark Rute. Era esperable. Putin no hizo la propuesta pensando en que serviría para comenzar las negociaciones, sino para fijar una línea roja. “Hasta aquí llegamos”, fue su mensaje. “En adelante”, puede leerse, “será su entera responsabilidad”.

La Conferencia sobre la Paz en Ucrania, en tanto, se reunió el 15 y 16 de junio en el centro hotelero Bürgenstock, a una veintena de kilómetros de la Ciudad de Lucerna, Suiza, y dejó un sentimiento ambivalente. Si bien existió consenso en que es esencial la búsqueda de una salida negociada, quedó claro que la misma no se podrá lograr dejando de lado a uno de los protagonistas del conflicto. Y sin contar, además, con el apoyo de importantes actores de la comunidad internacional que no apoyaron este cónclave en tierras helvéticas.

“Por primera vez, hemos hablado al más alto nivel de paz en Ucrania”, afirmó el domingo 16 al concluir la Conferencia la presidenta suiza Viola Amherd, quien lo consideró como un evento con un “buen resultado”. Reconoció, sin embargo, que la pregunta clave es “cómo y cuándo implicar a Rusia”, cuestión que sigue abierta.

Quedaban atrás dos días de discusiones en las que participaron un centenar de delegaciones sobre 160 invitaciones giradas. Estuvieron presentes instituciones internacionales y delegados de Europa, aunque hubo también algunos representantes de África y América Latina. 57 de ellas fueron encabezadas por jefes de Estado o de gobierno, en una convocatoria que logró un relativo éxito, si no fuera por algunas ausencias de peso. Entre ellas, en primer lugar, la misma Rusia. El documento final fue firmado por 82 representantes con significativas ausencias: China y los miembros del BRICS10 Brasil, India y Sudáfrica. 

El documento final insiste en el derecho a la integridad territorial de Ucrania, aunque no menciona el concepto “agresión rusa”. Recuerda las diversas resoluciones de la Asamblea General de la ONU sobre este conflicto y subraya que “alcanzar la paz requiere la participación y el diálogo entre todas las partes”. Por lo tanto, se decidió adoptar medidas concretas para asegurar una mayor participación futura. Según el mismo, “la Carta de las Naciones Unidas, incluidos los principios de respeto a la integridad territorial y la soberanía de todos los Estados, puede servir y servirá como base para lograr una paz integral, justa y duradera en Ucrania”. Evidentemente, el sentido de realidad y la mediación de los anfitriones suizos moderaron el tono y dejaron la puerta abierta, para comenzar negociaciones en serio.

Si bien la conferencia defraudó al presidente Zelenski, que esperaba una condena formal contra Rusia y el compromiso de los convocados para apoyar a Ucrania hasta la victoria, tampoco alcanzó ningún objetivo. Además de Putin, también faltaron Joe Biden y Xi Jinping. La mayoría de los países del Sur Global se negó a firmar la declaración final y hasta algunos que la habían firmado retiraron después su apoyo. Sin embargo, la evocación de que la paz necesita de todos los involucrados y el deseo manifiesto de hacer una nueva conferencia, pero con todos los actores, son señales de un importante desplazamiento en la posición de algunos países occidentales.

El conflicto de Ucrania ha dado un salto de calidad y se ha entrado en una nueva fase. Por parte estadounidense y occidental, los futuros pasos se han hecho públicos desde hace tiempo y prevén una escalada del conflicto contra Rusia mediante el uso de armas más destructivas, como los F-16, y un aumento de la disuasión nuclear.

Rusia, por su parte, ha hecho movidas sorprendentes que amplían globalmente el conflicto. El Estado Mayor de la Defensa ha enviado una escuadra naval al Caribe que tiene en su arsenal no sólo una gran cantidad de misiles de crucero que pueden cargarse con ojivas nucleares, sino también los igualmente letales misiles hipersónicos Zircon, capaces de perforar cualquier escudo antimisiles tanto en tierra como en alta mar. Tras haber hecho escala en La Habana, el equipo naval ruso navega ahora tranquilamente a unas decenas de millas de Miami, Florida. 

Tras haber sentado posición y dejar pasar sin comentarios la conferencia de Suiza, el presidente Putin emprendió su ya mencionado viaje a Corea y Vietnam, o sea, el líder ruso avanzó por un lateral y evadió la marca de su rival.

Con su viaje a Corea del Norte y la firma de un nuevo acuerdo de cooperación estratégica Vladimir Putin institucionaliza la alianza con un aliado pequeño, pero fuerte, avisando al mismo tiempo a EE.UU. que, en caso de conflicto militar, deberán combatir al mismo tiempo en Europa y en Asia. En el plano de la cooperación técnico-militar el acuerdo asegura a Rusia un abundante abastecimiento de proyectiles de todo tipo. A Corea, en tanto, la renovación del acuerdo de 1961 le permite tener un escudo para defenderse de los 38.000 efectivos norteamericanos estacionados en el sur de la península y acceder a lucrativos contratos con la industria rusa.

El viaje a Vietnam, finalmente, permitió al presidente ruso conocer a las nuevas autoridades del país y del partido tras el inesperado recambio del presidente hace pocas semanas, asegurarse de que los buenos negocios de Hanoi con los países occidentales no le hacen confundir el rumbo y recuperar un viejo lazo de la época de la Guerra Fría que China no puede aprovechar por una enemistad histórica. En suma: si no ganó un aliado, al menos impidió que su contrincante lo gane.

Si Estados Unidos quiere profundizar el enfrentamiento en el este de Europa, deberá estar dispuesto a librarlo en todo el mundo, mientras que muchos de sus aliados le están indicando que no están dispuestos a seguirlo. ¿Tiene la elite de Washington todavía reflejos suficientes, como para darse cuenta de que la guerra de Ucrania ha dado un salto y se ha mundializado? Es de esperar que sí.

POR MK BHADRAKUMAR

La renuncia del presidente de Vietnam, Nguyen Xuan Phuc, hace quince días, tenía algo de inevitable . Los medios de comunicación estuvieron plagados de especulaciones durante semanas que implicaban a familiares cercanos de Phuc en escándalos de corrupción. 

Varias docenas de funcionarios, incluidos dos viceprimeros ministros, fueron destituidos anteriormente de sus cargos en importantes escándalos de fijación de precios y sobornos para kits de prueba de covid-19, así como sobornos por asientos en vuelos chárter que devuelven a ciudadanos vietnamitas al país durante la pandemia. 

La campaña anticorrupción de una década del secretario general del Partido Comunista de Vietnam (PCV), Nguyen Phu Trong, ganó impulso en los últimos años y parece estar motivada por preocupaciones sorprendentemente similares a las expresadas por el Partido Comunista Chino (PCCh) y Xi Jinping. Fundamentalmente, el ímpetu detrás de esto es la legitimidad del CPV como partido gobernante. 

Las prioridades de la CPV han cambiado tras décadas de impresionante crecimiento económico. Vietnam ocupa el segundo lugar después de Hong Kong y Singapur en dinamismo económico en la región. Siendo una economía que depende en gran medida del comercio y la inversión extranjera, promover un entorno saludable para las empresas al frenar la corrupción desenfrenada es una necesidad urgente para atraer inversores extranjeros en un momento en que los fabricantes globales han buscado diversificar sus cadenas de suministro fuera de China. 

Una vez más, los problemas en el desarrollo económico pueden llevar a la insatisfacción de la gente y afectar la estabilidad social, frenando el crecimiento económico y, en última instancia, llevar a la pérdida de la confianza de la gente en la legitimidad de la CPV. El Índice de Percepción de la Corrupción de 2021 de Transparency International, el grupo de expertos con sede en Berlín, clasificó a China en el puesto 66 entre 180 países y a Vietnam en el 87, pero en puntajes, China obtuvo solo 45 puntos de 100 y Vietnam 39.

Curiosamente, la declaración conjunta emitida después de la visita de Trong a Beijing en noviembre, el primer dignatario extranjero en visitar China después del Congreso del PCCh en octubre, enumeró la “prevención y el control de la corrupción y los fenómenos negativos” entre las áreas de cooperación entre Vietnam y China. El CPV está adoptando las campañas anticorrupción de China y, según se informa, solicitó a China que capacite a sus cuadros para realizar investigaciones anticorrupción.

Las prácticas de gobierno al estilo chino también están presentes en Vietnam: control creciente sobre Internet, fortalecimiento del poder del partido, mayor presencia estatal en la economía y reducción de la influencia generalizada del sector empresarial. El año pasado, 539 miembros del partido fueron procesados ​​o “sancionados” por corrupción y “faltas deliberadas”, incluidos ministros, altos funcionarios y diplomáticos, mientras que la policía investigó 453 casos de corrupción, un 50% más que en 2021. 

En sus cartas del Año Nuevo Lunar hace dos semanas, Xi Jinping le escribió a Trong: “China y Vietnam son una comunidad con un futuro compartido que tiene una importancia estratégica”. Trong, a su vez, declaró que está “listo para trabajar con el secretario general, el camarada Xi Jinping para… llevar a cabo una comunicación estratégica sobre las teorías y prácticas del desarrollo socialista respectivo de ambos países, y trazar el rumbo y hacer planes estratégicos para garantizar que las relaciones entre los dos partidos y dos países se desarrollan continuamente y alcanzan nuevas alturas”. 

La motivación detrás de la campaña anticorrupción tanto en China como en Vietnam es básicamente asegurar que el partido comunista continúe teniendo el apoyo de la gente y, por lo tanto, consolidar la centralidad del partido en la política del país. El PCV busca en su “hermano mayor” el PCCh dirección en la próxima etapa de progreso económico como un “poder socialista moderno y desarrollado” (la meta establecida en el congreso del partido en 2021). 

No puede ser una coincidencia que los líderes del partido que han sido expulsados ​​representen principalmente a la facción «occidentalista» o al llamado ala tecnocrática, lo que sugiere que a Trong también le preocupa la integridad ideológica y moral del partido. Según los informes, Trong tiene un fuerte disgusto por las redes de patrocinio político dentro del partido. 

A Phuc, como exprimer ministro (2016-2021), se le atribuye ampliamente la aceleración de las reformas favorables a las empresas. Un comentario en Deutsche Welle describió a Phuc como un «líder de orientación occidental». Decía: “Es visto como uno de los principales tecnócratas dentro del gobernante Partido Comunista, y había desarrollado conexiones cercanas con las capitales occidentales durante su tiempo en el cargo. Se espera que la reorganización consolide el poder de la élite de seguridad del país”.

Esta opinión es comúnmente compartida por los analistas occidentales. El análisis de Deutsche Welle lamentaba:  “Las relaciones comerciales y políticas de Vietnam con los estados occidentales han mejorado enormemente en los últimos años… Pero los burócratas comunistas vietnamitas siguen siendo escépticos sobre las intenciones occidentales. Muchos de ellos temen que las democracias occidentales apunten a un cambio de régimen en el estado de partido único y les molestan las organizaciones extranjeras que dan lecciones al gobierno sobre los derechos humanos…

“Podría decirse que el aparato de seguridad pública en ascenso es más cauteloso con las interacciones con las democracias occidentales. Al mismo tiempo, los diplomáticos extranjeros están perdiendo rápidamente a sus conductos de mayor confianza dentro del partido, el tipo de funcionarios que brindan información y apoyo de manera informal”. 

Algunos analistas occidentales comparan la afirmación de autoridad de Trong con la consolidación del poder en China bajo Xi Jinping. Bill Hayton, el conocido autor y observador de Vietnam ( Vietnam: The Rising Dragon ) en Chatham House, señaló con sarcasmo que los líderes de Vietnam consideran al PCCh “como un amigo en su lucha por mantener el control de Vietnam”. 

Hayton  golpeó duro: “Creo que es una advertencia de que en realidad esta gente no se está apresurando a abrazar a Estados Unidos como un aliado ni nada por el estilo, que están muy recelosos de su propia autonomía, de sus propias formas de hacer las cosas, y que en realidad ven a China más como un socio ideológico que a Estados Unidos. Y así, China-Vietnam intentará equilibrar sus relaciones para siempre. No va a correr hacia los Estados Unidos”.

Tal paranoia probablemente proviene de la frustración de que Vietnam esté a punto de alejarse de la estrategia del Indo-Pacífico de EE. UU. en un momento en el que, en la dinámica de poder de la región de Asia-Pacífico, podría ser un «estado oscilante» para contener a China. Occidente confiaba en su red cada vez más profunda con facciones dentro de la élite gobernante en el país. 

Phuc había supervisado un impulso para mejorar las relaciones con EE. UU., se reunía con frecuencia con altos ejecutivos y era una presencia regular en el Foro Económico Mundial en Davos. Sin embargo, la paradoja es que es poco probable que la política económica de Vietnam cambie fundamentalmente bajo el liderazgo del líder del partido, Trong. La verdadera aprensión de los occidentales es que el equilibrio de poder dentro del PCV y el gobierno ahora puede funcionar más en beneficio de China y Rusia. 

Baste decir que la destitución de Phuc puede tener una explicación racional: el liderazgo del CPV desconfía de los líderes que están más directamente involucrados en los negocios, y la corrupción representa una amenaza existencial para la integridad y legitimidad del partido. 

El anuncio del Comité Central del PCV sobre la salida de Phuc rindió grandes elogios a Phuc. Pero insistió en que “sobre él recae la responsabilidad política del titular al permitir que muchos funcionarios, incluidos dos viceprimeros ministros; tres ministros cometen fechorías y errores, provocando gravísimas consecuencias… Phuc, claramente consciente de su responsabilidad ante el Partido y el pueblo, ha presentado su solicitud para cesar en los cargos asignados, dejar de trabajar y jubilarse…”

En particular, Radio Free Asia, financiada por el gobierno de EE. UU., presentó un comentario crítico que concluyó que “la reorganización prepara el escenario para más luchas internas en el período previo a la contienda por el liderazgo del partido de 2026… Phuc fue visto como una presencia tranquilizadora para las empresas vietnamitas y los inversores extranjeros. , y su expulsión revela grietas en la parte superior de la dirección comunista”. Delata molestia que los planes mejor trazados para incitar a un cambio de régimen puedan haber sido frustrados. La BBC también tomó una línea similar : 

“Siempre es difícil leer la política vietnamita: el Partido Comunista toma sus decisiones a puerta cerrada. Pero el secretario general de línea dura, Nguyen Phu Trong, a quien se le otorgó un tercer mandato sin precedentes en el congreso del partido del año pasado, parece estar consolidando su autoridad al expulsar a altos funcionarios considerados más prooccidentales y proempresariales. Oficialmente, todo esto sucede en nombre de la lucha contra la corrupción… pero es indicativo de una lucha de poder en la parte superior del partido… el probable ascenso ahora de funcionarios más centrados en la seguridad a la parte superior del partido será una mala noticia».

Trong ha volcado el carrito de manzanas de Occidente. Significativamente, hizo esto después de regresar de una visita exitosa a Beijing en octubre-noviembre, durante la cual Trong y Xi Jinping decidieron mejorar y profundizar la asociación de cooperación estratégica integral en la nueva era. 

16 años promoviendo semanalmente la Geopolitica; Análisis Radial Semanal de Geopolitica de Carlos Pereyra Mele para el Programa: el Club de la Pluma, que conduce el periodista Norberto Ganci por la Radio Web al Mundo. 

Eje Central:

Sigue profundizandose el conflicto entre Atlantistas (EEUU y socios) y Continentalistas (China y sus socios) conflicto que conduce a un mundo Bipolar nuevamente

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La columna semanal del Club de la Pluma, que presenta el director de Dossier Geopolítico Carlos Pereyra Mele trata como tema central LA DERROTA DE EEUU EN AFGANISTÁN Y SU PLAN DE DESESTABILIZACIÓN EN ESA REGIÓN.

El programa comienza describiendo la escandalosa situación en Perú al no designar como Presidente electo a Pedro Castillo, lo que aumenta la tensión y las posibilidades de un conflicto en el país.

Luego nos habla del magnicidio del presidente de Haití, Jovenel Moise. Un extraño atentado en una vivienda muy bien protegida, que apunta a un comando colombiano con presencia de estadounidenses y relacionado con el narcotráfico. Lo que evidencia el fracaso de la lucha antidrogas en la región y que extiende la sospecha a EEUU y a las ONG occidentales.

Sobre Rusia nos dice que acaba de anunciar su Modelo de Estrategia del Interés Nacional de la Seguridad, que incorpora la Seguridad Nacional Económica, con la reducción del uso de la moneda Dólar y el incremento del esfuerzo por la soberanía de las vacunas, con gran relevancia para la zona euroasiática. 

Y entrando en el tema geopolítico de la semana, Pereyra Mele  titula el análisis sobre Afganistán, como «CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA» y aborda la deshonrosa retirada de las tropas de EEUU en ese país, al que invadió en 2001, y la reciente huida nocturna y precipitada del personal de la principal base aérea, lo que ha causado perplejidad a las autoridades locales.

El politólogo considera esta derrota militar de EEUU muy parecida a la derrota de Vietnam de los 70, con similitudes en ambos casos sobre gobiernos títeres y sobre fuerzas armadas débiles, que están dejando el país a merced de las milicias talibanes.

También señala la similitud entre Vietnam y Afganistán con el brutal incremento de la producción y tráfico de droga en ambos períodos de ocupación. Si en aquel tiempo fue distribuida desde Birmania, a través de la logística militar estadounidense, primero entre sus tropas y luego hacia Norteamérica. Ahora se trata del opio de Afganistán, cuya producción se quintuplicó durante la presencia de sus tropas, para alcanzar tras diferentes escalas a Europa y EEUU.

La diferencia entre ambas derrotas estaría en que mientras el ejército de Vietnam del Norte fue de liberación y de unidad nacional, y por lograrlo, ese país goza hoy de estabilidad y progreso; mientras que para Afganistán, la huida de EEUU lo deja en manos de una milicia terrorista y fundamentalista, que fue creada, formada y financiada en el siglo pasado por EEUU y Arabia Saudí. 

Luego, Carlos nos explica cómo EEUU está transformando esta derrota militar en un logro estratégico al huir y dejar sembrado el llamado “Caos Organizado” en la región, gracias al terrorismo Talibán a pleno rendimiento y en un enclave geográfico como el de Afganistán, en el centro de Asia, plagado de disputas e intereses y rodeado de potencias regionales, además de Rusia y China. Y relaciona esta estrategia norteamericana con otra versión más universal, que provoca desde hace tiempo este mismo “Caos Organizado” desde El Caribe sudamericano, pasando por África del norte, por el Medio Oriente y alcanzando a Asia Central.

De esta manera, nuestro director nos brinda otra clase de geopolítica mundial donde muestra a EEUU llevando por el mundo y a lo largo de un siglo, la desestabilización como un arma política, con diferentes excusas, nombres y particularidades, para que los países donde tiene intereses no puedan alcanzar cotas de soberanía, democracia y progreso que les permita ser libres. 

Y cierra la columna anticipando que Afganistán no solo caerá en un nuevo caos, sino que será un caldo de cultivo de terroristas internacionales que buscarán incendiar una región clave para los planes estratégicos y económicos de China, Rusia y restos de países de la zona. Todo ello gracias a un Occidente que azuza el fuego de los conflictos y a la vez clama por sus particulares “derechos humanos” y sus oportunistas “valores democráticos”, 

Eduardo Bonugli (Madrid, 11/07/2)

Afganistan y sus vecinos
Rutas del Opio desde Afganistan