Dossier Geopolitico suma un nuevo colaborador desde Santiago de Chile el Mgter. JORGE G. A. VERA CASTILLO  Ancien Conseiller Scientifique et de la Coopération à la Mission du Chili auprès de l’Union Européenne à Bruxelles. Magister (c) en Estudios Internacionales, Instituto de Estudios Internacionales – Universidad de Chile. Diplomado de Especialización en Relaciones Internacionales, Instituto de Ciencia Política – Pontificia Universidad Católica de Chile. Ex Consultor CEPAL en Santiago y UNCTAD en Ginebra y Moscú.  Miembro Asociación Chilena del Espacio – ACHIDE. Con su pedido y autorización publicamos el presente artículo que nos remitió y fuera expuesto en la Revista Digital Nueva Diplomacia de Chile.

Lic. Carlos Pereyra Mele Director de Dossier Geopolitico

Cuando al día siguiente de multitudinarias manifestaciones populares en Buenos Aires, y en capitales de provincias argentinas, en frontal enfrentamiento a la dictadura cívico-militar, la portada del diario Clarín, del miércoles 31 de marzo de 1982, destacando, además, palabras del Canciller Nicanor Costa Méndez: “no cederemos ante ninguna intimación”, ya que Gran Bretaña ratificaba “su soberanía sobre las Malvinas”, guiaba la atención hacia esta temática.

En efecto, la valiente protesta callejera, encabezada por el conocido dirigente sindical, de una de las instancias organizativas de la CGT – llamada “Brasil” -, Saúl Edolver Ubaldini, había alcanzado ribetes históricos, el martes 30 de marzo de 1982, bajo sus consignas de lucha: “Pan, Trabajo y Paz”, por masividad y organización grupal persistente, en reagrupamientos, y por la represión policial brutal, sin límites ni miramientos, para impedir acercamientos hacia la Casa Rosada, culminada con más de 1000 detenidos, centenares de heridos y un muerto.

Como no debiéramos olvidar, la Nación Argentina se encontraba, entonces, bajo un feroz régimen dictatorial, desde el 24 de marzo de 1976, siendo encabezado, en cruciales días ya referidos, por aquel General Leopoldo Fortunato Galtieri, y enfrentado a las simbólicas, pero muy significativas, consignas – económica, social y política -, de ese fin de marzo de 1982. Y serían cardinales mensajes para su desgastada y repudiada conducción inhumana represiva.

Visto en retrospectiva histórica, ese martes 30 de marzo de 1982, alcanzó a ser un punto de inflexión logrado por el pueblo argentino, para enfrentarse a la dictadura criminal, en su Política Interior, con una amplia base popular y con demandas sociales muy unificadoras.

La respuesta dictatorial militar fue a través de la Política Exterior, apelando a y usando los sentimientos nacionales y patrióticos, ante una gran motivación entrañable, internalizada y sentida: “la recuperación de las Malvinas”, usurpadas por el Reino Unido, desde 1833.

Conocidos ya son – y han sido ampliamente estudiados y reporteados – los muy dramáticos decursos ulteriores, de la llamada “Guerra de las Malvinas”, iniciada el viernes 2 de abril de 1982, hasta su término, con la rendición argentina, el lunes 14 de junio, del mismo 1982. Y, ya han transcurrido 40 años, desde aquellos aleccionadores y trágicos emprendimientos…

El inútil y obsoleto TIAR; la traicionera alianza estadounidense norteamericana-británica; más otras repudiables conductas de instituciones militares y/o aéreas de algunos países suramericanos, coetáneos en sus regímenes políticos dictatoriales – v.g. el de Chile -, junto a sus insuficientes y precarias condiciones logísticas y de inexperiencia en terrenos inhóspitos, contribuyeron a dejar un reguero de Heroicos 649 combatientes argentinos muertos, aún a nunca olvidar, junto a los muchos jóvenes suicidados y a los hoy Veteranos sobrevivientes.

Lo trascendental, por aproximaciones sucesivas, guiado por la panorámica y puntos de vista del autor, es dejar establecido que, la llamada Cuestión de las Malvinas, debe abordarse desde su esencia, histórica y vital: es una forma de colonialismo, plenamente vigente, aún en estos años iniciales de la tercera década de este siglo XXI. No es un caso más y cualesquiera.

Antes que nada, y, ante todo, es el caso de un anacrónico colonialismo británico que, ya se extiende por 189 años, desde 1833, recorriendo sus andares a través de tres siglos: XIX, XX y XXI, arrastrando y contaminando aguas bajo los puentes de la historia argentina y regional, latinoamericana y caribeña, así también, las muy agitadas y riesgosas aguas del Atlántico Sur.

Así, desde nuestra perspectiva, y para nuestro análisis, hay un contexto-marco ineludible e inescapable, el cual se encuentra en la Resolución 1514 (XV), de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 14 de diciembre de 1960Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos coloniales.

Para este enfoque, hay que, tener presente, su punto: “1. La sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una negación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales.” Y, su punto: “2. Todos los pueblos tienen el derecho a la libre determinación; en virtud de este derecho, determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural.”

Situados ya en la especificidad y la particularidad del caso Malvinas, es crucial conocer bien la Resolución 2065 (XX), de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobada el 16 de diciembre de 1965, en su 1398ª sesión plenariaCuestión de las Malvinas (Falkland Islands). Sus textualidades son fundamentales, permanecen inmutables y siempre deben exponerse.

En efecto, en su segundo considerando, aludiendo a la ya mencionada Resolución 1514 (XV), recuerda que, “se inspiró en el anhelado propósito de poner fin al colonialismo en todas partes y en todas sus formas, en una de las cuales se encuadra el caso de las Islas Malvinas (Falkland Islands)”.

Y, su tercer considerando precisó: “Tomando nota de la existencia de una disputa entre los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte acerca de la soberanía sobre dichas Islas,

“1. Invita a los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte a proseguir sin demora las negociaciones recomendadas por el Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales a fin de encontrar una solución pacífica al problema, teniendo debidamente en cuenta las disposiciones y los objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General, así como los intereses de la población de las Islas Malvinas (Falkland Islands)”.

Es dable dejar constancia, oportunamente, que, bajo síntesis de “Cuestión de las Malvinas”, se debe entender, informativa y pedagógicamente, que, se está refiriendo a la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

Por ende, ya está bien establecido, a nivel internacional y regional que, estamos ante un caso de colonialismo, fundamentado e irrefutable. De allí, además, es que, su seguimiento está radicado en el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas, en Nueva York, compuesto por 29 países, donde se discute anualmente la Cuestión de las Malvinas.

A mayor abundamiento, desde 2004, figura como tema dentro de la Agenda permanente de la Asamblea General, pudiendo ser tratado en el respectivo Período Ordinario de Sesiones, previa notificación de un Estado Miembro de las Naciones Unidas.

Con posterioridad a lo trágico de 1982, varios años después, ambas partes pudieron, a través de sus agentes diplomáticos respectivos ante Naciones Unidas, Lucio García del Solar, por parte de Argentina, y Crispin Tickell, por el Reino Unido, reanudar negociaciones – siempre infructuosas en cuanto a la “soberanía sobre dichas Islas” -, alcanzándose los Acuerdos de Madrid I y II, de 19 de octubre de 1989, y, de 14 y 15 de febrero de 1990. Estos, más allá, de denominarse ‘acuerdos’, no significaron avances concretos. Solo hicieron menos dificultoso, el camino conducente a la reanudación de relaciones diplomáticas, pos guerra de Malvinas.

Las constantes arrogancias, negaciones y prepotencias del Reino Unido, como resabios de un fenecido imperialismo británico, han impedido, en los hechos, afrontar aquello fundamental, lo cual se ha seguido manifestando hasta la hora presente, ya en el 2022, con sus avances en la militarización de los territorios isleños ocupados y sus espacios marítimos circundantes, en violación constante del Derecho Internacional y Propósitos y Principios de Carta de la ONU.

Asimismo, se agregan, en completa ilegalidad energética internacional, las actividades comerciales vinculadas a la exploración de hidrocarburos en la plataforma continental argentina, en el marco del proyecto “Sea Lion”, en la Cuenca de Malvinas, por parte de empresas del Reino Unido y de Israel, las que, representan un cínico y oprobioso accionar, completamente contrario a las Resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Esto se explicita, en su comprensión, cuando se conocen algunos de los contenidos de la Resolución 31/49, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 1° de diciembre de 1976, en su 85ª sesión plenariaCuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands):

“2. Expresa su reconocimiento por los continuos esfuerzos realizados por el Gobierno de la Argentina, conforme a las decisiones pertinentes de la Asamblea General, para facilitar el proceso de descolonización y promover el bienestar de la población de las Islas;”.

Constata la conducta de una de las dos partes. Y se anticipa a las inconductas de la otra:

“4. Insta a las partes a que se abstengan de adoptar decisiones unilaterales que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación mientras las Islas están atravesando por el proceso recomendado en las resoluciones arriba mencionadas:” [se trata de las Resoluciones 2065 (XX) y 3160 (XXVIII), de la Asamblea General].

Recordemos que, esta Resolución es de 1976, cinco años y meses antes de abril de 1982, y, es perfectamente aplicable, en su invocación preventiva citada, a los últimos siete años de las acciones unilaterales del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, hasta 2022.

Una segunda gran aproximación convocante y trascendente que, quisiera exponer aquí, es que, el denunciado y diseccionado anacrónico colonialismo británico, se constituye en una verdadera afrenta y desafíos para América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

En efecto, bastaría recordar la Declaración Especial sobre la Cuestión de las Islas Malvinas, efectuada en la II Cumbre de nuestra Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en La Habana, con la mayor asistencia de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno, el 29 de enero de 2014, en algunos acápites de sus contenidos:

“1. Reiteran su más firme respaldo a los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, y el permanente interés de los países de la región en que los Gobiernos de la República Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte reanuden las negociaciones a fin de encontrar, a la mayor brevedad posible, una solución pacífica y definitiva a dicha disputa, …”;

“2. Asimismo, reiteran la importancia de observar lo dispuesto por la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, …”.

Más recientemente, en la Declaración de la Ciudad de México, formulada al término de la VI Cumbre de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la CELAC, del 18 de septiembre de 2021, sus puntos 28 y 29, confirman mi apreciación e invocación para entender la Cuestión de las Malvinas como un cardinal tema que, afrenta y desafía a toda nuestra Región:

“28. Se compromete a seguir trabajando en el marco del Derecho Internacional, y en particular, de la Resolución 1514 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 14 de diciembre de 1960, para lograr que la región de América Latina y el Caribe pueda ser un territorio libre de colonialismo y colonias.”

“29. Reitera el más firme respaldo regional a los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía por las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, así como el permanente interés de los países de la región en la reanudación de negociaciones entre la República Argentina y el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte a fin de encontrar, a la brevedad, una solución definitiva y pacífica a esta disputa, conforme a lo dispuesto por la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas.”

Pues bien, como es conocido, en la XXII Cumbre de Ministros de Relaciones Exteriores de la CELAC, realizada en Buenos Aires, días viernes 6 y sábado 7 de enero de 2022, la República Argentina recibió la Presidencia Pro Témpore (PPT), de parte de México, país muy dedicado y exitoso en reactivación de la CELAC, en estos tiempos tan complejos, multifacéticamente.

Al cierre de esta muy promisoria XXII Cumbre, presidida por el Señor Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Nación Argentina, Santiago Andrés Cafiero, habló el Presidente Alberto Fernández, para agradecer el “apoyo constante de la CELAC al reclamo tan sencillo, pero tan humano de la Argentina en la Cuestión Malvinas”, en la cual “seremos tan firmes en reclamar la soberanía sobre la tierra usurpada como pacientes a la hora de negociar para que nuestro reclamo prospere.”

El Presidente Alberto Fernández, en notable afirmación de contexto, sostuvo que la CELAC, “no nació para oponerse a alguien, o para inmiscuirse en la vida política o económica de ningún país”, sintetizando: “Somos parte de una Patria Grande, aunque muchos quieran dividirnos y someternos”.

Recientemente, el martes 29 de marzo de 2022, fue publicada una entrevista efectuada, en Russia Today – RT, al Secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur en la Cancillería de la Nación Argentina, el ex diputado mendocino Guillermo Ramón Carmona, la que, contiene una visión muy actualizada y estratégica de la mirada argentina de presente y futuro, al precisar cuatro condiciones, para lograr avanzar en el justo reclamo de soberanía ad hoc.

La primera es “la persistencia en el sostenimiento de la reivindicación de soberanía”; la segunda es “fortalecer el consenso en torno a la soberanía argentina sobre Malvinas; la tercera se refiere a “la presencia argentina en el mar argentino, en la Zona Económica Exclusiva, en la plataforma continental y en la Antártida”, y la cuarta, tiene que ver con las condiciones internacionales, “que no son indiferentes para la resolución del conflicto”.

Finalmente, al igual que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de Norteamérica contra la República de Cuba, su Gobierno Revolucionario y su Pueblo consciente, la Cuestión de Malvinas, junto con ser un anacrónico colonialismo británico, en contra de la hermana Nación Argentina, constituye, para este autor, asimismo, otra afrenta y desafíos para América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

Culmino compartiendo una inquietud muy profunda, a partir de una reflexiva experiencia personal, acaecida estando en una pasantía académica en London School of Economics, en abril de 1980. Se estrenaba en esos días, en plena City, la ópera musical, “Evita” – No llores por mí Argentina. Entradas agotadas para semanas. Pudimos con un muy apreciado colega peruano, conseguir ubicaciones, en función especial para estudiantes, de media tarde, en un teatro de antigua construcción. La hermana Nación Argentina sufría en su total dictadura.

Ciertamente, las luchas anticoloniales, y territorios más afectados directamente, siempre debieron insertarse en correlaciones de fuerzas, en la arena internacional, de sus tiempos. Animus societatis cohesionado, no muy agrietado, así como con una economía en desarrollo creciente, parecieran haber sido factores coadyuvantes de las buenas culminaciones de esas luchas en aquel proceso de descolonización, de comienzos de los años sesenta del siglo XX.

Ahora, nos encontramos en búsqueda de un mundo multipolar, justo, democrático y pacífico. Pero, también, aún, anticolonial, sin amenazas, bloqueos y sanciones ilegales; sin nuevos injerencismos e intervencionismos en los asuntos internos de otros países; sin dobles raseros; sin medidas coercitivas unilaterales; con una seguridad indivisible para todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas.

Así, junto con mi solidaridad más plena, como la luna llena, con el Pueblo argentino en su justa lucha por “la recuperación de las Malvinas” – reto efectivo para las Políticas Exteriores de nuestras Cancillerías de América Latina y el Caribe, y nuevas generaciones emergentes y/o gubernamentales -, me duele conocer información oficial, reciente, dada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), de la Argentina, con una Pobreza del 37,3%, en el pasado 2021, significando 17.400.000 de habitantes: personas, seres humanos. Y con un 8,2% de indigencia.

Ingente tarea anticolonialista argentina, es una cuestión regional, imperiosa, sinceramente.

FUENTE «Nueva Diplomacia» Chile    http://www.nuevadiplomacia.cl/?p=15826

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