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¿Qué es Karakalpakstán, la república autónoma uzbeka?

por Mencía Montoya Barreiros

Karakalpakstán supone un tercio del territorio de Uzbekistán, pero menos de una décima parte de su población. La distingue el grado de autonomía y el derecho constitucional a la independencia, que sigue sin ejercer por su relación con el Gobierno central y la poca fuerza del independentismo

La República de Karakalpakstán es un territorio que, junto a doce provincias y a la ciudad de Taskent, componen Uzbekistán. Pese a ocupar un tercio del país, en ella vive menos del 6% de la población, casi dos millones de personas, de las cuales más de 300.000 habitan en su capital, Nukus. Debido a la desertificación de una de sus mayores fuentes de ingresos, el mar de Aral, Karakalpakstán depende en gran medida del Gobierno central. Aun así, se distingue por su grado de autonomía y el derecho constitucional a la independencia, que el presidente Shavkat Mirziyoyev ha pretendido retirar.

De Gengis Kan a Stalin

Por Karakalpakstán pasaron desde civilizaciones centroasiáticas antiguas en la región histórica de Corasmia, hasta el Imperio mongol de Gengis Kan en el siglo XIII. Los primeros rastros de una comunidad se remontan al siglo XVI, con el asentamiento de pueblos nómadas túrquicos de pastores y pescadores. Su ubicación junto al mar de Aral y la desembocadura del río Amu Daria la hizo una región fértil y próspera, y también la colocó en el centro de la Ruta de la Seda china. Con la expansión del Imperio ruso, desde 1873 pasó a estar bajo dominio zarista.

No obstante, el territorio actual de Karakalpakstán se remonta al auge y caída de la URSS. Con cierta autonomía formal, primero fue una región más, después formó parte de la república socialista rusa y desde 1936 pasó a la uzbeka. Tras la descomposición soviética, Karakalpakstán volvió a reincorporarse en Uzbekistán en 1993, con la condición de conservar un estatus especial como república autónoma. De ese modo, la nueva Constitución uzbeka le reconoció esa autonomía, incluida una carta magna propia, y el derecho de secesión mediante referéndum.

Algodón, petróleo y el auge del ecoturismo 

La actividad económica tradicional de Karakalpakstán ha sido la pesca en el mar de Aral. Sin embargo, la política agrícola soviética desde los años sesenta y el cambio climático lo han reducido a mínimos. Desde entonces, Karakalpakstán depende de la exportación de materias primas como el algodón e hidrocarburos. La presencia de recursos naturales en zonas antes sumergidas en el mar de Aral también han atraído inversión extranjera, que en 2020 alcanzó los 64,6 millones de dólares. Sin embargo, el territorio aún depende económicamente del Gobierno en Taskent.

Pese a sus consecuencias para la economía y la salud de sus habitantes, la desertificación del mar de Aral también ha dado paso a una nueva fuente de ingresos: el ecoturismo. Atraídos por la excepcionalidad del caso, unos 200.000 ecoturistas visitaron Karakalpakstán en 2021. Otras atracciones son el lago Sudochie, el pueblo de Urga o la llanura de Ustyurt.

¿Un derecho de secesión frustrado?

Con todo, el grado de autonomía ha sido clave para conciliar las diferencias étnicas y lingüísticas entre Uzbekistán y Karakalpakstán. Un tercio de la población de este territorio es de etnia karakalpakia, similar a la kazaja, y su idioma oficial además del uzbeko es el karalpako. Además, Karakalpakstán cuenta con instituciones y una administración territorial propia, negocia sus competencias con el Ejecutivo y tiene representantes en los poderes centrales.

Según acordaron ambas partes, el posible referéndum de independencia de Karakalpakstán sería veinte años después de la firma de la Constitución, pero no se ha celebrado. El independentismo no cogió fuerza con la represión del Gobierno del presidente Islom Karímov (1990-2016) y por el legado soviético de las competencias centrales y regionales.

Sin embargo, el presidente desde 2016, Shavkat Mirizoyev, sugirió unas reformas que eliminarían la soberanía y el derecho a la independencia de Karakalpakstán, en un intento de apelar a nacionalistas uzbekos de cara a su reelección en 2021. Al intentar ponerlas en marcha, provocó en julio de 2022 una serie de protestas inéditas contra el régimen autoritario, que declaró estado de emergencia. Las revueltas dejaron al menos dieciocho muertos que reconoce el Gobierno y cientos de heridos y detenidos. Como respuesta, Mirizoyev ha descartado llevar a cabo estos cambios constitucionales.

Mencía Montoya Barreiros

Madrid, 2000. Grado en Relaciones Internacionales por la Universidad King’s College London y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Interesada en seguridad internacional, Oriente Próximo, el Sahel y la naturaleza de conflictos actuales.

El Orden Mundia y Dossier Geopolitico

Después de veinte años de discusiones en 2023 se iniciará la construcción del ramal del sur de la ruta terrestre de la seda conectando Xinjiang con Kirguistán y Uzbekistán

Especial para Dossier Geopolitico por Eduardo J. Vior

Con la guerra en Ucrania y las sanciones contra Rusia, EE.UU. y el Reino Unido bloquearon los enlaces terrestres y aéreos entre Europa y China. De ese modo esperan someter duraderamente a los países de la UE y limitar la influencia de la Ruta de la Seda y la Franja (BRI, por su nombre en inglés) sobre la integración y desarrollo de Eurasia. No obstante, China no se rinde y acaba de decidir que el año próximo comenzará la construcción del ferrocarril China-Kirguistán-Uzbequistán. Los 523 kilómetros de esta línea no sólo impulsarán el desarrollo de la región occidental de Xinjiang, sino que conectarán estas dos naciones de Asia Central entre sí y con China por un extremo, con el Cáucaso, Turquía y Europa en una dirección y con Irán e India en la otra. Este nodo se vincula con otros proyectos ferroviarios y marítimos. Eurasia se une contra la dominación atlántica.

Sólo para atravesar las montañas de Kirguistán deberán construirse 90 puentes

El ferrocarril CKU creará importantes oportunidades comerciales para Kirguistán y Uzbequistán, a la vez que conectará directamente a China por ferrocarril con Oriente Medio, con beneficios derivados en toda la región.

Como anunció la semana pasada el Presidente de Kirguistán, Sadyr Yaparov, China ha decidido por fin iniciar en 2023 la construcción del tan esperado ferrocarril China-Kirguistán-Uzbequistán (CKU). Los retrasos se han debido a las enormes dificultades logísticas y técnicas, así como al elevado costo. Kirguistán es montañoso y la línea requerirá la perforación de más de 90 túneles, mientras que las condiciones climáticas del invierno también son difíciles.  El acceso a China se hará desde la terminal ferroviaria de Kashgar, en la provincia de Xinjiang Occidental, ya conectada a la red nacional china.

La ruta CKU unirá China, Kirguistán y Uzbequistán con Europa Central y Oriental a través de Irán y Turquía. Según los planes propuestos, la longitud total de la misma será de unos 523 kilómetros, incluyendo 213 kilómetros en China, 260 kilómetros en Kirguistán y unos 50 kilómetros en Uzbequistán.

Desde Uzbequistán puede conectarse con el ferrocarril Uzbequistán-Turkmenistán hasta el puerto de Turkmenbashi, en el mar Caspio, para allí enlazar con el puerto de Bakú, en Azerbaiyán, y llegar a los mercados de Georgia, Turquía y las naciones de la UE del mar Negro (Bulgaria y Rumanía) o dirigirse hacia el sur hasta los puertos iraníes del Caspio, como el de Anzali, y seguir hacia el sur por el ferrocarril que también se completará en 2023 a través del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC, por su nombre en inglés) hasta el puerto meridional iraní de Chabahar. Este tramo marítimo conduce a Oriente Medio, África Oriental e India.

Funcionarios uzbecos han dicho que, cuando esté terminado, el ferrocarril será la ruta más corta para transportar mercancías desde China a Europa y Oriente Medio, reduciendo el trayecto de carga en 900 kilómetros y ahorrando los envíos entre siete u ocho días. Las autoridades de Uzbequistán y Turkmenistán ya han planificado la conectividad bilateral en su tramo de la ruta CKU, mientras que Turkmenistán e Irán han hecho lo mismo. Irán también ha discutido la conectividad del INSTC con Catar.

Kirguistán es un pequeño país montañoso de Asia Central

La economía kirguisa es relativamente pequeña, con un PIB de algo menos de 8.000 millones de dólares y una población de apenas 6,5 millones. Se calcula que las exportaciones ascienden a unos 2.000 millones de dólares e incluyen oro, algodón, lana, prendas de vestir, carne, mercurio, uranio, electricidad, maquinaria y calzado. Importa bienes por valor de unos 4.500 millones de dólares, entre ellos petróleo y gas, maquinaria y equipos, productos químicos y alimentos. Sin embargo, la ubicación de Kirguistán lo hace ideal como centro de servicios de Asia Central, ya que también tiene frontera con Afganistán y se están proyectando enlaces ferroviarios con y a través de este país. El comercio exterior de Kirguistán aumentó un 19,5% en 2021 y cabe esperar que el país se convierta en un centro de fabricación y procesamiento ligero para el comercio entre China y Asia Central. Viendo la oportunidad, la plataforma rusa de comercio electrónico Wildberries acaba de establecer operaciones en el país.

La economía uzbeca se está abriendo en todas las direcciones

Uzbequistán, por su parte, es una de las principales apuestas de la CKU: el país está llevando a cabo importantes reformas y ha abierto su economía. Ello se ha traducido en la entrada en vigor de importantes acuerdos comerciales con el Reino Unido y la Unión Europea que incluyen a miles de productos que ahora pueden exportarse libres de impuestos. Esta evolución también se ha hecho patente en los mercados de capitales, donde el gobierno uzbeco emitió su primer eurobono en 2020, que ya fue sobresuscrito ocho veces. En agosto del año pasado Uzbequistán fue uno de los primeros países de la región en emitir un bono soberano de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), mientras que 15 de las principales empresas públicas y bancos uzbecos se preparan para una futura privatización, adelantándose a otras miles de empresas locales que buscan hacerlo.

Cabe esperar que los acuerdos comerciales de Uzbequistán sean un imán para los inversores chinos y rusos que buscan instalaciones uzbecas para la fabricación de productos de exportación. Uzbequistán no tiene salida al mar, pero cuenta con conexiones regionales hacia el norte, con Kazajistán y Rusia, y hacia el oeste, con Turkmenistán y el INSTC.

Desde Uzbequistán la CKU puede conectar con Kazajistán y Rusia. Hay que tener en cuenta que Uzbequistán es miembro observador de la Unión Económica Euroasiática (UEEA), que incluye a Armenia, Bielorrusia, Kirguistán, Kazajistán y Rusia, y es probable que se incorpore a ella en un futuro próximo. El país también tiene acuerdos de libre comercio con Irán y Vietnam y está en negociaciones con Egipto, los EAU, India y otras numerosas naciones de la ASEAN y algunas africanas.

La conectividad ferroviaria hacia el oeste vía Bakú, a través de Georgia y Turquía, sigue presentando cuellos de botella, aunque deberían resolverse en el transcurso de los próximos meses y, sin dudas, a mediados de 2023. Esta ruta del sur de China a Europa es cada vez más importante, dado que la ruta del norte a través de Rusia ha sido cerrada por la guerra y las sanciones occidentales.

En cuanto a Oriente Medio se trata de la ruta INSTC, que conectaría el puerto del Mar Caspio de Turkmenistán con el puerto del Caspio de Anzali, en Irán. La distancia marítima es de 304 millas náuticas. Desde allí, las mercancías pueden acceder a los importantes mercados iraníes, así como transitar hacia el sur a través de Irán hasta el puerto de Chabahar, en el Golfo de Omán. Está previsto que los tramos ferroviarios faltantes se completen durante 2023. El puerto de Chabahar ha sido objeto de una importante inversión por parte de India y en un principio iba a ser el principal corredor comercial entre Irán e India sin pasar por Paquistán. Sin embargo, esta ruta ha adquirido una mayor importancia estratégica por su acceso a Oriente Medio, África Oriental y el Sudeste Asiático.

Hay otros proyectos ferroviarios en marcha o en fase de planificación que también aumentarán el potencial de la CKU. Recientemente se ha reabierto la línea ferroviaria de carga Paquistán-Irán-Turquía, mientras que –con dificultades por el reciente golpe de estado prooccidental en Islamabad- se está construyendo la vía que une Paquistán con China, creando un bucle ferroviario total en Asia Central.

Toda Asia Central desea que Afganistán se rehabilite y el país ha firmado un memorando de entendimiento con Uzbequistán y Paquistán para construir un ferrocarril transafgano que lo atravesaría de norte a sur y conectaría Uzbequistán con el puerto paquistaní de Karachi. Turkmenistán también ha estado construyendo un ferrocarril hasta la frontera occidental de Afganistán y se está discutiendo un enlace con Herat, el centro industrial de este último país. Irán, en tanto, que también tiene frontera con Afganistán, participa en discusiones similares, con rutas previstas entre Irán y Afganistán que también conectarían con China. Como se puede ver, el ferrocarril CKU cambiará completamente el juego y la función de Asia Central. De ser un agujero, pasará a convertirse en el centro de la integración y el desarrollo de Eurasia.

Las potencias occidentales pretenden impedir este proceso desatando guerras en su periferia, pero, quebrada la dominación colonial (sobre todo en las cabezas de sus pueblos), ya nadie podrá impedir el restablecimiento de la unidad e interconexión entre el Mar Oriental de China y el Océano Atlántico, entre la estepa siberiana y el Océano Índico, que entre principios de nuestra era y el siglo XVIII tanto influyó sobre la historia del mundo. La periferia atlántica se está autoexcluyendo.