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Por Sergio Rodríguez Gelfenstein, autorizado por su autor para ser difundido en Dossier Geopolitico

El mundo está involucionando. La barbarie se impone. Una serie de valores, principios y comportamientos que la humanidad había aceptado como válidos -a pesar que los mismos son expresión de las sociedades de clases antagónicas- y que buena parte de esa misma humanidad los considere “normales”, están siendo avasallados, maltratados y excluidos de la cotidianidad de la vida.

Las noticias en este sentido son apabullantes. Ya va siendo natural que las fuerzas armadas de Ucrania con el apoyo de la OTAN, bombardeen hospitales, jardines infantiles y parques de diversiones. Las informaciones de la prensa libre traen la noticia de que uno de los proyectiles lanzados por el ejército neonazi, impactó en la sala de pediatría del centro hospitalario causando muertos y heridos. Todo ello con las armas de la “ayuda humanitaria” de Europa y Estados Unidos. Otro tanto ocurre en Palestina donde el ejército sionista asesina niños con total impunidad.

Todos los argumentos que se utilizan para enviar armas a Ucrania y para apoyar a la entidad sionista, son los mismos que justifican las medidas coercitivas unilaterales contra Venezuela, Cuba, Nicaragua y otros países. 

Se ha llegado al colmo de la indecencia y la ausencia de escrúpulos. La carencia de cualquier tipo de ética los lleva a evidenciar, sin ninguna impudicia, crímenes de lesa humanidad que afectan la vida y conducen a la muerte de decenas de miles de ciudadanos. No les importa inyectar dinero y armamento al gobierno nazi de Ucrania y al sionista de Israel que vienen a ser lo mismo.

Durante el pasado mes de noviembre, un proyecto de resolución presentado en la ONU para rechazar la glorificación del nazismo, el neonazismo y otras prácticas, fue aprobado por la inmensa mayoría de los países del planeta pero rechazado por Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Gran Bretaña y la Unión Europea. En otras palabras, estos países consideran que el nazismo debería ser exaltado como valor universal. Tal vez sea esta la explicación de su apoyo irrestricto al régimen nazi de Ucrania.

Creo que el debate sobre estos temas supera la coyuntura, se debe ir a los fundamentos, a lo estructural, a lo que tiene carácter estratégico para los intereses de la humanidad. En este sentido, se puede decir que la crisis de valores tiene que ver con la implosión de una serie de procesos que el mundo está viviendo y que guardan relación con la ineficacia de ciertos constructos teóricos que ya no sirven para analizar la situación del momento, me refiero a definiciones como democracia, izquierda y derecha, separación de poderes, alternabilidad en el gobierno, libertad de prensa y de expresión, Estado de derecho y otros que hoy son sólo instrumentos para la dominación, y que incluso hasta algunos sectores de la izquierda han asumido…y hasta defendido por su incapacidad de construir puntos de vista alternos, creer en ellos y usarlos como herramientas de construcción de la sociedad nueva.

En esa medida, ante nuestra incapacidad de creación teórica y de hacer práctica revolucionaria, hemos sido empujados a la defensa y salvaguarda de la conceptualización que emana de las sociedades de clases antagónicas. Todos sabemos que esos enunciados transformados en paradigmas de los que han ostentado el poder fueron emitidos hace muchos siglos y hasta milenios atrás cuando el mundo era totalmente diferente al actual. Seguir sustentándolos, es una entelequia e incluso un absurdo. Es los que quieren los que nos dominan. 

Uno de esos paradigmas es el de democracia tal como se conceptúa en Occidente. Como prueba de su total falsedad basta ver lo que está ocurriendo en Perú o en Estados Unidos, el propio corazón del mundo occidental capitalista que reverencia la democracia representativa.

Cuando un connotado líder occidental como lo es Josep Borrell establece una diferencia para el mundo en el que Europa es un jardín y el resto, una selva, se puede entender a la perfección el intríngulis que se nos pretende obligar a asumir. Con ello se justifica la expansión de la OTAN como expansión del hermoso jardín capitalista que debe construirse en todo el planeta para salvar a la humanidad de la barbarie de la selva. Ello es necesario incluso a costa de la guerra, el genocidio y hasta de la destrucción de la vida en el Tierra.

En esto de las definiciones, siglos de eurocentrismo nos han hecho creer que Europa es la madre de la civilización mundial y el ejemplo a seguir. Vale recordar que las grandes civilizaciones de la antigüedad: China, India, Persia, Mesopotamia, Egipto, la maya, la azteca y la inca, ninguna estuvo en Europa. 

En realidad, Europa es expresión de lo peor de la historia de la humanidad, allí nació el capitalismo y el imperialismo, el esclavismo y el colonialismo, allí se desarrollaron las dos guerras más brutales que el mundo pueda recordar. Europa expone en sus museos, sin impudicia, toda la barbarie que le es propia y que manifiesta lo más execrable de la condición humana.

En la actualidad, sus sistemas monárquicos que se venden entre oropeles como ejemplo de estabilidad político, su parlamento corrupto al servicio de repudiables realezas de otros continentes y su estructura militar organizada bajo la figura de la OTAN que no es más que manifestación edulcorada de su transformación en colonia de Estados Unidos que la compró a través del Plan Marshall, son clara manifestación de una putrefacción que el mundo no soportará por mucho tiempo más.

Mientras existan, hay que mantener relaciones con ellos, como con todos, pero sobre la base del respeto mutuo. La defensa de la soberanía y la capacidad de tomar decisiones sin interferencias externas debería ser piedra angular de la política exterior de cualquier país que se respete. Otro tipo de vínculo no debe ni puede ser aceptado bajo ninguna condición.

En el caso de América Latina, Europa solo desea tener una buena relación para alimentar los sucios intereses de sus bancos y sus empresas expoliadoras. Los gobiernos son meros servidores para garantizar el robo de nuestras riquezas.

En este sentido, me parece absolutamente indigno que todavía en el siglo XXI sigamos considerando a los países de Europa como avales o garantes de algo. ¿Hasta cuándo? 

No puedo concebir que para entenderse entre venezolanos o entre colombianos se tenga que recurrir a Noruega o a Francia para que den fe de nuestra buena voluntad para solucionar los problemas internos. 

Noruega finge apoyar la paz en América Latina y al mismo tiempo como país de la OTAN le da soporte al gobierno nazi de Kiev. De hecho es el sexto mayor contribuyente con armamento y recursos financieros con más de 550 millones de dólares para que Zelenski continúe su labor genocida. Es decir, “trabaja” por la paz en América Latina y trabaja por la guerra en Europa ¿cuánta inmoralidad? … y nosotros lo aceptamos. ¿Hasta cuándo?.

¿Acaso no tenemos CELAC?. ¿Para qué creamos nuestras instituciones si pensamos que no pueden ser avales o garantes? La CELAC debe ser mucho más que reuniones de discursos y aplausos. ¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo en la salvaje Europa como sinónimo de paz?

Qué puede ser un continente como Europa cuando permanece en silencio mientras Estados Unidos hunde su moneda. No son nada, dependen del comercio con China, de la energía de Rusia y de la “seguridad” que le proporciona su condición de vasallos de Estados Unidos. Viven del pasado y de la historia que ellos mismos se construyeron a partir del dinero que les proporcionó el robo, el ultraje y el genocidio de cientos de millones de seres humanos. Han edulcorado la historia para venderse como civilizadores y cultos.

Ellos no pueden ser aval para la solución de nuestros problemas como no lo puede ser la OEA. A la vista está lo que le sucedió a Bolivia y más recientemente a Perú. Necesitar a la OEA es necesitar a Estados Unidos. En nuestro caso, como república bolivariana que somos, no es aceptable bajo ningún concepto invitar a Estados Unidos o a Europa para resolver nuestros negocios como lo dijo el Libertador. Por algo no los invitó al Congreso de Panamá en 1826. 

Debemos estar a la altura de nuestros pueblos, construyendo nuestras instituciones, dándoles credibilidad y concediéndole el poder que otorga la soberanía popular para resolver nuestros asuntos y salir adelante.

Twitter: @sergioro0701

Con motivo de los acontecimientos que son de dominio público con el golpe Palaciego Parlamentario que derribó al Presidente Pedro Castillo, sumándose a la extensa lista de Presidentes de la República Peruana depuesto por un sistema político amañado y que fuera creación del ex Dictador Alberto Fujimori, que favoreció y favorece a los poderes fácticos reales dejando a los ejecutivos del estado como un cargo menor y ante las numerosas consultas y pedido de análisis por parte de muchos seguidores de Dossier Geopolitico, para entender las crisis permanentes en que vive la importante Republica hermana del Perú decidimos publicar un trabajo del amigo y académico peruano Dr. Anthony Medina Rivas Plata(*), donde analiza las causas y las consecuencias de la permanente inestabilidad de los gobiernos del Perú desde la instauración de la Constitución fujimorista de 1993 (la cual es uno de los reclamos mas fuertes de la ciudadanía en estos momentos) esperemos que la violencia política y la violencia estatal en el Perú no se profundice en bien de su pueblo, su estabilidad y también de la estabilidad de toda la Región Suramericana.

Carlos Pereyra Mele Director de Dossier Geopolitico

La crisis que enfrentamos es mucho más grave de lo que se cree  

La principal razón por la cual a la gente aquí no le interesa militar en partidos políticos es porque simplemente no existe ningún incentivo para hacerlo. Después de todo, no tiene sentido fajarse por un proyecto político si al final el gobierno electo termina designando a los no electos (incluidos advenedizos e impresentables) en los más altos cargos. El caso del gobierno actual es el más penoso y clamoroso de todos, ya que se la pasa dando palos de ciego a ver si así puede prolongar por unos meses más la vacancia presidencial, que ha dejado de ser ‘poco probable’ para pasar a un nivel ‘intermedio alto’ de probabilidad en sólo un par de semanas.

Esta crisis va más allá de la figura de Pedro Castillo, que de hecho es más consecuencia que causa de la misma. La crisis que enfrentamos es mucho más grave de lo que se cree, ya que ésta no es un problema de ‘gobernabilidad’, ‘formación de consensos’, o de ‘falta de gente idónea para el cargo’ como se suele decir; sino que responde a una problemática mucho más profunda, nacida de tres factores que han concurrido entre sí en los últimos 20 años:

1). La incapacidad de los partidos nacionales para funcionar de manera permanente luego de la caída del Fujimorismo.

2). Una descentralización guiada por criterios antipolíticos, que al promover el nefasto discurso del ‘outsider’ ha generado una irreversible desconexión entre los movimientos regionales y locales con la vida política nacional.

3). La incapacidad del modelo económico peruano de reducir los niveles de informalidad y precariedad laboral, empoderando a sectores económicos poderosos con capacidad de moverse discrecionalmente entre lo formal y lo informal, así como entre lo legal y lo ilegal.

Estos tres factores concurrentes han hecho que el Estado Peruano termine siendo cooptado/feudalizado por todo tipo de redes de contactos (creo que ese es el nivel de institucionalización que mejor los define) que responden a agendas muy distintas y contradictorias entre sí. Al no tener en el gobierno central un vector ordenador que genere lineamientos de política pública, estas redes viven en permanente colisión, neutralizándose constantemente entre ellas. Basta estar un poco atento a las noticias para comprobar que el único consenso nacional que existe hoy en el Perú es el de la necesidad de completar el proceso de vacunación contra el COVID-19 (a pesar de algunos esfuerzos de los antivacunas). Más allá de eso no tenemos nada: ofrecemos canastas para resolver el problema de Repsol, no podemos frenar la tala ilegal en la selva, no podemos lograr acuerdos duraderos para resolver conflictos sociales, y ya ni siquiera podemos comunicar coherentemente las políticas del gobierno sin que constantemente salga alguien de adentro a deslindar, desmarcarse o proteger sus fueros.

Al interior del Estado, la sensación de incertidumbre es generalizada y la mística del servicio público ha sido reemplazada por los Juegos del Hambre. Nadie sabe cuánto va a durar en el puesto, tenemos directores y viceministros que pueden durar un día o una semana, mandos medios que rotan y no paran de rotar sin ganar experiencia en ningún lado, locadores que se esfuerzan por ser lo más grises posible a ver si así no notan su presencia y no los sacan para reemplazarlos por otros igual o más grises, etc. Así, el Presidente de la República se convierte en una figura decorativa, o un ‘primus inter pares’ que se limita a gestionar aquellas políticas de ‘obligatorio cumplimiento’ vinculadas al pago de deuda o compromisos con Organismos Internacionales que impidan que nuestra crisis política permanente se desborde hasta afectar de manera generalizada nuestras bases macroeconómicas. Esta forma de ‘gobierno de baja intensidad’ en el Perú se ha agotado por completo luego de PPK, y es incierto cuánto tiempo más pueda durar esto hasta que nuestra relativa estabilidad macroeconómica termine siendo también socavada por nuestra absoluta precariedad política.

Olvídense de Venezuela, que nuestro futuro puede parecerse mucho más a Somalia.

(*) Anthony Medina Rivas Plata
Licenciado en Ciencia Política, Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Erasmus Mundus Master of Arts in Public Policy, Erasmus University Rotterdam / University of York. Investigador Asociado del Instituto de Estudios Políticos Andinos (Lima). Director de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Católica de Santa María (Arequipa); y coordinador para el Perú de la International Association for Political Science Students (Holanda).