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Por Omar Ruiz(*)

“… Hoy todo es política internacional, que juega

dentro o fuera de los países, influenciando la vida de las naciones y de los pueblos en forma decisiva”.

Juan D. Perón, La Hora de los Pueblos, 1968

La política exterior de Argentina durante el gobierno del presidente Alberto Fernández, estuvo contextualizada por la pandemia, la guerra entre Rusia y Ucrania, el endeudamiento heredado y la sequía; y enmarcada en un mundo de interdependencia hegemónica, transición de la dominación económica- financiera anglosajona hacia el poder ascendente de China, resurgimiento de la geopolítica y el nacionalismo, expresada tanto en la disputa en Asia-Pacífico por el control del Mar de China y Taiwán, como en el anticolonialismo en Africa noroccidental, la guerra en Palestina y la proyección global de la OTAN como alianza ofensiva. En esta etapa analizar y, en el plano regional, por la vigencia de proyectos soberanistas en algunos países de América Latina, los intentos de recrear UNASUR y el debate del acuerdo MERCOSUR-UE; y se caracterizó por promover no sin algunas contradicciones, el interés nacional, los principios de soberanía, multipolaridad, multilateralismo, respeto al derecho internacional, integración regional, e inserción comercial.

Si bien el proyecto de Unión por la Patria fue derrotado electoralmente, en el balance de la política exterior de estos cuatro años se pueden destacar muchos logros, señalar errores y reafirmar desafíos para un futuro gobierno de este espacio político renovado.

En estos cuatro años Argentina estuvo integrada al mundo, tanto a Occidente como a Oriente, lejos de la crítica opositora que hoy gobierna y nos aleja de más de la mitad de la humanidad.

Las acciones del gobierno podrían enmarcarse en lo que Juan Carlos Puig denominó “autonomía heterodoxa”, enfoque apropiado para un país de tamaño medio como el nuestro, que reconoce la existencia de distintas potencias globales, no comparte algunos de sus lineamientos y preserva para sí intereses propios, teniendo presente que: 1) no hay políticas de poder sin poder, 2) que las necesidades del país en términos de intereses comerciales y/o renegociación de deudas implican en algunos casos ciertos condicionamientos geopolíticos y 3) que la política exterior y la política interna se influyen mutuamente según la relación de fuerza entre gobierno y factores de poder. 

Comenzando con la prioridad de la Política Exterior Argentina, respecto de “Malvinas” se desarrolló una política soberana que reafirmó en todo momento nuestros derechos sobre las dichas Islas, como también sobre Georgias del Sur, Sándwich del Sur y espacios marítimos correspondientes. Se denunció formalmente el acuerdo Foradori–Duncan de 2016 que era perjudicial para nuestros intereses, y se lo desactivó en la práctica en forma previa; además se logró una victoria diplomática sobre el Reino Unido al conseguir la inclusión del tema Malvinas en la declaración de la Cumbre CELAC – UE de 2023. Se crearon y aprobaron por ley, el Consejo de Estado de Malvinas con representación estatal y civil, la nueva Plataforma Continental y la capacitación obligatoria sobre Malvinas, acciones que mostraron la voluntad del gobierno de concientizar y transitar el camino de la recuperación pacífica del ejercicio efectivo de la soberanía sobre las Islas. Argentina, país marítimo, bicontinental y bioceánico debe profundizar sus acciones geoestratégicas y geoeconómicas en Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, por su importancia geopolítica y sus recursos naturales para el desarrollo del país.

El regreso de Luis Ignacio “Lula” Da Silva a la presidencia de Brasil permitió una sintonía fina entre los dos países más importantes de América del Sur sobre cuestiones tales como los desafíos de la multipolaridad, BRICS, UNASUR, CELAC y el proyecto de una moneda común para intercambios comerciales, entre otros temas.

Desde la presidencia Pro tempore de Argentina en el MERCOSUR, se impulsó un fortalecimiento del bloque regional, un aumento en el comercio intra regional, y la construcción de un bloque para contrapesar las asimetrías en las negociaciones comerciales con la Unión Europea y otros Estados. 

Alberto Fernández promovió el diálogo desde el “Grupo de Puebla” apoyando los procesos de integración regional.

Con el presidente Andrés Manuel López Obrador se acordó la iniciativa para la creación de la agencia espacial latinoamericana y hubo numerosas coincidencias en la Agenda de América Latina y el mundo. 

Asimismo, se profundizó la integración con los gobiernos de Uruguay, Paraguay y Chile, con este último se acordó continuar el proyecto de la red de fibra óptica para conectar el sur de nuestro continente con el sudeste asiático.

En estos cuatro años, Argentina, repudió el golpe de Estado en Bolivia, coordinó con México el salvoconducto del ex Presidente Evo Morales y su posterior asilo; apoyó al actual presidente Luis Arce e impulsó la incorporación plena de Bolivia al MERCOSUR. 

La victoria de Gustavo Petro, celebrada por nuestro gobierno, ha sido muy significativa para poner a Colombia en la línea de presidentes comprometidos con la Patria Grande.

El informe “Bachelet” sobre Venezuela tuvo a Argentina en su posición histórica en defensa de los derechos humanos, al mismo tiempo que rechazó a Juan Guaidó como presidente por su origen no democrático e ilegítimo. 

El presidente Alberto Fernández expresó en distintas reuniones, encuentros y foros virtuales, la necesidad de construir un orden mundial más justo y se pronunció por un capitalismo con rostro humano. 

Un logro importante de la gestión ha sido la decisión, demorada, de incorporarse al grupo de países BRICS, como una forma de adherir a los principios de un mundo multipolar y policéntrico. De mantenerse esta decisión, nos permitiría comerciar con un conjunto de países que representan el 22% de la superficie continental, el 42% de la población mundial, el 24% del PBI mundial y contribuyen con el 16% de las exportaciones y el 15% de las importaciones mundiales de bienes y servicios.

Con China, potencia en ascenso y destino principal de nuestras exportaciones, Argentina sostuvo sus relaciones políticas y comerciales no sin titubeos en temas como la energía nuclear y las centrales hidroeléctricas. Durante estos años China ha sido solidaria con Argentina en la Cuestión Malvinas. 

Con EE.UU., la agenda estuvo ocupada principalmente por el tema de la renegociación de la deuda externa, hubo coincidencias en temas como la lucha contra el cambio climático, y disputas por la Secretaría General de la OEA y la presidencia del BID. 

En el caso de Europa se puso un foco crítico sobre el acuerdo comercial MERCOSUR – Unión Europea, analizando su impacto sobre nuestro sector industrial y laboral, no obstante, la negativa de países como Francia para avanzar.

El presidente Alberto Fernández tuvo una diplomacia activa ante los principales países europeos, promoviendo el reclamo por un trato justo con las deudas de los países en desarrollo.

Con Rusia, que también ha manifestado un apoyo permanente a nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas, se estrechó la relación a partir de la entrega solidaria de la vacuna “Sputnik” y se coordinó la solicitud de nuestro ingreso a los BRICS. Tenemos por delante el desafío de aumentar el intercambio comercial y avanzar en proyectos de integración espacial, militar y energética. 

Argentina expresó su apoyo al principio de integridad territorial de los Estados ante la intervención militar de Rusia en Ucrania, llamó a un cese de hostilidades, y pidió una mesa de negociaciones para alcanzar la paz en este conflicto, provocado por la pretensión de la OTAN de expandirse hacia las fronteras de Rusia.

En la guerra entre Israel y Palestina, Argentina condenó tanto los ataques del grupo Hamas contra la población israelí como la represalia de Israel en Gaza exigiendo el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario. Este conflicto tiene un principio de solución, en el cumplimiento de las distintas resoluciones de Naciones Unidas que reconocen la existencia de dos Estados. Asimismo, Argentina, en el marco de la operación denominada “Regreso Seguro”, envió aviones Hércules C-130 con destino a Tel Aviv, para evacuar a más de mil argentinos.

Con India nuestro país avanzó en el fortalecimiento de la cooperación bilateral para incrementar el intercambio comercial y las inversiones, muestra de ello es la cifra récord de más de 5600 millones de dólares en el último año. India es el cuarto socio comercial de Argentina a nivel global (considerando el comercio bilateral total), luego de Brasil, China y Estados Unidos, y también cuarto destino de nuestras exportaciones. 

Durante estos años, ha sido evidente la falta de decisión para concretar e implementar algunas “declaraciones”, sirva como ejemplo la demora en la incorporación a los BRICS, la falta de decisión para impulsar el funcionamiento nuevamente de UNASUR, la indefinición en la compra de los aviones caza polivalentes y otras decisiones que debieron tomarse en materia de defensa. Estos titubeos no son sólo atribuibles a problemas presupuestarios, como siempre se intenta explicar, sino, producto de no saber qué hacer, ante las presiones geopolíticas. Es preciso definir, en que áreas y temas se avanzará con cada potencia internacional.

En Argentina el signo político de gobierno ha cambiado, y todo confirma un alineamiento absoluto con el mundo anglosajón, en un regreso a las “relaciones carnales” de los años 90 con la consiguiente pérdida de autonomía en materia de política exterior y las consecuencias económicas por el debilitamiento de las relaciones con China y Brasil. La violencia verbal (agresión al Presidente de Colombia, Gustavo Petro), las concesiones en materia de soberanía en Malvinas (diálogo con David Cameron) y la torpeza diplomática (poner en cuestión el principio de una sola China con el acercamiento a Taiwán), son muestras claras del delirio y la deriva; y de una posición alejada del interés nacional y que conduce claramente al aislamiento internacional.

A pesar del péndulo de nuestra política exterior, seguimos pensando que Argentina debe asumir como Política de Estado, liderar junto a Brasil un proceso definitivo de integración política, institucional, social, energética, militar, financiera, comercial y ambiental que permita a nuestra región convertirse en un actor con capacidad de influencia mundial. Argentina, para poder incidir en los grandes temas de la agenda internacional como la seguridad internacional y la paz, la crisis climática y el cambio energético, la deuda externa, necesariamente deberá hacerlo desde la integración regional. En este camino resulta clave el fortalecimiento del MERCOSUR, recuperar UNASUR y la incorporación definitiva de Argentina a los BRICS, para contribuir a la construcción de un mundo más humano, sostenible e igualitario.

Omar Ruiz

Magister en Relaciones Internacionales

Ex Legislador Provincial Provincia Cordoba

Red de Capacidades Nacionales

Colaborador de Dossier Geopolitico

¡¡ EL 2024 SERÁ EL AÑO BISAGRA DE LOS GRANDES CAMBIOS GEOPOLÍTICOS !!

Lo afirma el director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, en su columna del Club de La Pluma, a cuyo directores agradece su valiente militancia en la comunicación social, en tiempos tan peligrosos de esta Argentina de Milei, donde todo ha saltado por los aires, con una gravísima situación política y económica y con un final tan abierto como impredecible. Y que adquiere ribetes estrambóticos con la “ridícula clase de anarco liberalismo” que este personaje dio en Davos, a los corruptos capitalistas millonarios globales que dominan este mundo de injusticias y de guerras.

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Y señala muy especialmente la cantidad récord de elecciones a jefes de estado en todo el orbe, que convocan al 50% de la población mundial y que acompañarán los históricos cambios tectónicos del año 2024. Unos comicios que abarcaran a Rusia, India, EEUU, la Unión Europea, posiblemente el Reino Unidos y muchos otros estados, cuando ya se produjeron las de Taiwán, donde el partido separatista pro OTAN no consiguió la mayoría absoluta, en perjuicio de la estrategia estadounidense de profundizar el conflicto interno creado para dividir China.

También aborda la actualidad geopolítica analizando los más importantes escenarios mundiales tales como:

  • LA GUERRA DE UCRANIA, su derrota tácita, la tragedia demográfica y el fin de la ayuda económica de EEUU y la UE.
  • LOS HUTÍES DE YEMEN han puesto en jaque a las estructuras geoeconómicas del mundo con medios baratísimos, a pesar de la parafernalia militar de Washington, quién además ha desnudado su soledad internacional con una coalición raquítica de aliados.
  • EL CRIMEN DE LESA HUMANIDAD DE ISRAEL por el genocidio de palestinos, que ha pesar del rechazo mundial, sigue contando con la complicidad de EEUU y Europa y especialmente de una aplastante mayoría de hebreos.
  • LA RESPUESTA MILITAR DE IRÁN con su contundente ataque a las bases terroristas pro OTAN, en Irak, en Siria y en la propia Pakistán. Dando un fortísimo mensaje a Israel y a su vieja y fallida obsesión por crear una coalición junto a EEUU para destruirle.

Finalmente, Pereyra Mele anuncia que en próximos programas abordará la grave situación en América del Sur ante el accionar de “supuestos narco terroristas” en Ecuador, que puede propiciar y justificar la intervención norteamericana en toda la región, como fórmula para aislar a los estados e impedir su unificación geopolítica.

Eduardo Bonugli (Madrid, (21/01/24)

Carlos Pereyra Mele Director de Dossier Geopolitico columna Radial de Geopolitica

Por Alastair Crooke

China y Rusia han estado notablemente tranquilas, observando atentamente el movimiento de las placas tectónicas globales en respuesta a las «dos guerras».

China y Rusia han estado notablemente silenciosas, observando atentamente el movimiento de las placas tectónicas globales en respuesta a las «dos guerras» (la «multiguerra» de Ucrania e Israel). Realmente no es de extrañar; ambos estados pueden sentarse y simplemente observar cómo Biden y su equipo persisten en sus errores estratégicos en Ucrania y en las múltiples guerras de Israel.

El entrelazamiento de las dos guerras, por supuesto, dará forma a la nueva era. Hay riesgos sustanciales, pero por ahora pueden observar cómodamente desde lejos cómo se desarrolla una coyuntura climática en la política mundial, elevando gradualmente el ritmo del desgaste hasta convertirlo en un círculo de fuego.

El punto aquí es que Biden, en el centro de la tormenta, no es un Sun-Tzu sereno. Su política es personal y muy visceral: como escribió Noah Lanard en su análisis forense de Cómo Joe Biden se convirtió en el mejor halcón de Estados Unidos , su propio equipo lo dice claramente: la política de Biden se asienta en sus ‘ kishkes ‘: sus entrañas.

Esto se puede ver en la forma desdeñosa y gráfica en la que Biden se burla del presidente Putin llamándolo «autócrata», y en la forma en que habla de las víctimas del ataque de Hamás que fueron masacradas, agredidas sexualmente y tomadas como rehenes, mientras «el sufrimiento palestino queda vago – si es que se menciona en absoluto”. «Realmente no creo que vea a los palestinos en absoluto» , dice Rashid Khalidi, profesor de Estudios Árabes Modernos en la Universidad de Columbia.

Hay una larga y respetable historia de líderes que toman la decisión correcta espontáneamente desde su inconsciente, sin un cuidadoso cálculo racional. En el mundo antiguo ésta era una cualidad muy apreciada. Odiseo lo exudaba. Se llamaba mêtis. Pero esta capacidad dependía de tener un temperamento desapasionado y la capacidad de ver las cosas «en redondo»; para captar ambas caras de una moneda, diríamos.

Pero, ¿qué sucede si, como da a entender el profesor Khalidi, los ‘ kishkes ‘ están llenos de ira y bilis; simpatía instintiva por Israel, alimentada por una visión anticuada del escenario interno israelí. “Simplemente no parece reconocer la humanidad de [otros]” , como le dijo a Lanard un ex miembro del Equipo Biden.

Bueno, los errores –errores estratégicos– se vuelven inevitables. Y estos errores están atrayendo a Estados Unidos hacia adentro, cada vez más profundamente (como previó la Resistencia). Michael Knights, académico del grupo de expertos neoconservadores del Instituto Washington, señaló :

“Los hutíes están entusiasmados con sus éxitos y no será fácil disuadirlos. Están pasando el mejor momento de sus vidas, enfrentándose a una superpotencia que probablemente no pueda disuadirlos”.

Esto se produce a raíz de una guerra en Ucrania que ya está llegando a su conclusión inevitable. Tanto en Estados Unidos como entre sus aliados en Europa, se reconoce que Rusia ha prevalecido de manera abrumadora y en todos los «ámbitos de conflicto». No hay prácticamente ninguna posibilidad de que esta situación pueda recuperarse, independientemente del dinero o del nuevo «apoyo» occidental.

Los militares ucranianos prueban a diario los frutos amargos de este hecho. Muchos miembros de las clases dominantes de Kiev también lo entienden, pero tienen miedo de hablar. Sin embargo, el grupo de línea dura detrás de Zelensky insiste en seguir adelante con su ilusión de montar una nueva ofensiva.

Sería una muestra de amabilidad para con «aquellos a punto de morir» en otra inútil movilización que Occidente detuviera. El final es inevitable: un acuerdo para poner fin al conflicto en los términos de Rusia.

Ahhh, pero no olvidemos los ‘ kishkes’ de Biden : este resultado significaría que Putin ‘ganará’ y la esperanza de Biden de una guirnalda de victoria se reduciría a cenizas. La guerra debe continuar, incluso si su único logro es disparar misiles de largo alcance directamente contra las ciudades civiles de Rusia (un crimen de guerra).

Es obvio hacia dónde va esto. Biden está en un agujero que sólo puede profundizarse. ¿No puede dejar de cavar? Algunos en Estados Unidos tal vez deseen que lo haga, a medida que las perspectivas electorales demócratas se oscurecen. Pero parece probable que no pueda, porque entonces su enemigo (Putin) «ganaría».

Por supuesto, su némesis ya ganó.

Sobre Israel, Lanard continúa :

“…Biden a menudo ha atribuido su inquebrantable apoyo a Israel… a “una muy, muy larga discusión” con Henry “Scoop” Jackson, un senador notoriamente halcón (una vez descrito como ‘más sionista que los sionistas’).

“Después de que Biden se convirtió en vicepresidente, se mantuvo con su creencia de que ‘no hay luz del día’: («que la paz sólo vendrá si no hay ‘luz del día’ entre Israel y Estados Unidos»). En una memoria publicada el año pasado, Netanyahu escribió que Biden dejó clara su voluntad de ayudar desde el principio: “No tienes demasiados amigos aquí, amigo”, supuestamente dijo Biden . “Soy el único amigo que tienes. Así que llámame cuando lo necesites”.

En 2010, cuando Netanyahu enfureció a Obama con una importante expansión de los asentamientos mientras Biden estaba en Israel; Peter Beinart informó que mientras Biden y su equipo querían manejar la disputa en privado, el bando de Obama tomó una ruta completamente diferente: la Secretaria Clinton le dio a Netanyahu 24 horas para responder, advirtiendo : «Si no cumplen, podría tener consecuencias sin precedentes en las relaciones bilaterales». relaciones, de un tipo nunca antes visto”.

“Biden pronto se puso en contacto con un Netanayhu atónito… Biden socavó completamente al Secretario de Estado [Clinton] y le dio a [Netanyahu] una fuerte indicación de que cualquier cosa que se estuviera planeando en Washington era exaltación – y [que] podía desactivarlo cuando lo consiguiera. atrás».

Cuando Clinton vio la transcripción, “se dio cuenta de que Biden la había arrojado debajo del autobús”, dijo un funcionario. Beinart concluyó:

“que durante un período crítico a principios de la administración Obama, cuando la Casa Blanca contemplaba ejercer una presión real sobre Netanyahu para mantener viva la posibilidad de un Estado palestino, Biden hizo más que cualquier otro funcionario del gabinete para proteger a Netanyahu de esa presión”.

Claramente, tales relatos sitúan a Biden visceralmente a la derecha de algunos miembros del Gabinete de Guerra de Netanyahu: “No vamos a hacer nada más que proteger a Israel”, dijo Biden en un evento para recaudar fondos en diciembre “Ni una sola cosa”.

Ese respaldo inquebrantable es una receta segura para futuros errores estratégicos de Estados Unidos, como habrán supuesto Moscú, Teherán y Beijing.

El ex diplomático israelí y actual conocedor de Washington, Alon Pinkas, considera que aunque una guerra entre Israel y Hezbolá sería devastadora para ambas partes, “¿por qué parece inevitable?”

“Aunque Washington desconfía de tal acontecimiento… Israel parece resignado a la idea. Tanto es así, que un artículo del Washington Post citó a funcionarios estadounidenses expresando “alarma” y estimando que [Netanyahu] está fomentando la escalada como clave para su supervivencia política”.

Sin embargo, ¿qué le dicen los kishkes de Biden? Si una operación militar israelí para ‘mover’ a Hezbolá al norte del Litani ‘parece’ inevitable para Pinkas; y con Israel «resignado a ello», ¿no sería también probable -dado el respaldo inquebrantable de Biden a Israel- que Biden también esté de alguna manera resignado a una guerra?

¿Qué pasa con el informe del Washington Post del domingo de que Biden ha encargado a su personal la tarea de evitar una guerra total entre Israel y Hezbolá?

Ese informe –claramente filtrado a propósito– probablemente tenía más bien como objetivo vacunar a Estados Unidos de la culpa por la complicidad, en caso de que estallara una guerra en el Norte.

¿Fue un mensaje bastante diferente el que se transmitió a través del senador Lindsay Graham a Netanyahu en su reunión del jueves pasado –y a Mohamed Bin Salman (a quien Graham conoció más tarde en su tienda de campaña en el desierto)?, al igual que en 2010, Biden estaba “en silencio” diciéndole a Netanyahu que ¿Ignorar el mensaje de Obama sobre la necesidad de un Estado palestino?

(Las altas figuras estadounidenses no suelen reunirse con el Primer Ministro israelí y posteriormente con el Príncipe Heredero sin tocar la base con el comando de la Casa Blanca).

La clave para comprender la complejidad de lanzar una acción militar en el Líbano reside en la necesidad de verlo desde una perspectiva más amplia: desde la perspectiva de los neoconservadores, enfrentar a Hezbolá invoca los pros y los contras de una «guerra» más amplia de Estados Unidos con Irán. Un conflicto así implicaría aspectos geopolíticos y estratégicos diferentes y más explosivos, ya que tanto China como Rusia tienen una asociación estratégica con Irán.

El enviado estadounidense Hochstein se encuentra en Beirut esta semana y, según se informa, se le ha encomendado la tarea de obligar a las partes libanesa e israelí a cumplir las disposiciones de la (nunca implementada) Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de 2006.

El gobierno libanés ha propuesto a la ONU una hoja de ruta para implementar la 1701. El ‘mapa’ prevé finalizar un acuerdo sobre los trece puntos fronterizos en disputa y propone demarcar la frontera entre Líbano e Israel en consecuencia. Pero, como señala Pinkas, tal configuración de la cuestión es totalmente engañosa, ya que la Resolución 1701 no es simplemente una disputa territorial no resuelta en el Líbano. El principal foco de la Resolución 1701 fue (y es) el desarme y desplazamiento de Hezbollah, sin embargo, el plan del gobierno libanés no menciona a Hezbollah en absoluto, lo que plantea dudas claras sobre su realismo y propósito.

¿Por qué se persuadiría a Hezbolá para que se desarmara, cuando Netanyahu, junto con el Ministro de Defensa Gallant, han anunciado a través de una declaración conjunta este fin de semana que “la guerra no está llegando a su fin: tanto en Gaza como en las fronteras del norte” con el Líbano?

Gallant, el fin de semana pasado, advirtió claramente que Israel no tolerará que aproximadamente 100.000 residentes israelíes sean desplazados de sus hogares en el norte de Israel y se les impida regresar a sus hogares debido a las amenazas de Hezbolá. Si no surge la solución diplomática de Hochstein (con Hezbolá desarmado y expulsado del sur), entonces Israel, prometió Gallant, tomará acciones militares . “El reloj de arena pronto cambiará”, advirtió.

Quizás lo más desalentador y siniestro de una confrontación militar entre Israel y Hezbollah es su aparente inevitabilidad, concluye Pinkas:

“La sensación de que es una conclusión inevitable. En ausencia de un acuerdo político duradero y mutuamente acordado, y dada la razón de ser de Hezbollah y las motivaciones regionales de Irán, una guerra así puede ser sólo una cuestión de tiempo”.

Entonces, cuando Blinken llegó a Israel, como era de esperar, se enfrentó a un profundo escepticismo sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo con el Líbano para que Hezbolá se retirara al otro lado del río Litani, informa el comentarista israelí Ben Caspit . (¡Bueno, ciertamente, si el tema no se ha planteado en absoluto a Hezbolá!).

Si Israel invadiera el Líbano para intentar expulsar a Hezbolá de la frontera, estaría, por supuesto, invadiendo un Estado miembro soberano de la ONU. Independientemente de las circunstancias, inmediatamente sería denunciado internacionalmente como una agresión ilegal.

Entonces, ¿el objetivo de estas negociaciones es tratar de lograr que el Estado libanés acepte un acuerdo «simplificado» (ignoradas las granjas de Sheba’a) que acepte la 1701 en principio, de modo que no se pueda acusar a Israel de invadir un Estado soberano?

¿Podría ser esto también una táctica, a la que Hezbolá accedió, para evitar la culpa en los círculos libaneses por desencadenar una guerra que dañaría al Estado, al hacer recaer sobre Israel la responsabilidad de lanzar un ataque contra el Líbano? ¿Esta iniciativa 1701 no es más que una farsa centrada en posibles consecuencias legales?

Si es así, ¿cómo afecta esto a cualquier mensaje que Biden pueda estar enviando a Israel por canales secundarios? Sabemos que un conjunto de mensajes estadounidenses enviados a Irán es que Estados Unidos no quiere una guerra con Irán. ¿Está esto preparando el escenario para que Biden vuelva a indicar que su propio apoyo inquebrantable a Israel permanece intacto? Casi con certeza.

Rusia, Irán y China y gran parte del mundo, naturalmente, están observando cómo Estados Unidos se deja arrastrar a una serie de errores estratégicos superpuestos –uno que lleva a otro– que sin duda remodelarán el orden global en su beneficio.

FUENTE https://strategic-culture.su/news/2024/01/15/gut-feelings-make-for-strategic-errors-us-lured-into-battlescape-in-gaza-yemen-and-now-iraq/

Las opiniones individuales no representan necesariamente las de DOSSIER GEOPOLITICO

Por Pepe Escobar

Incluso si el país 404 es completamente derrotado en 2024, una vez más es imperativo subrayarlo: esto está lejos de terminar.

Jugadores seleccionados diseminados por los silos de poder de Beltway, trabajando diligentemente como mensajeros para las personas que realmente dirigen el espectáculo en la Hegemonía, han llegado a la conclusión de que una confrontación sin límites con Rusia llevaría al colapso de toda la OTAN; deshacer décadas de férreo control estadounidense sobre Europa; y, en última instancia, provocar la caída del Imperio.

Tarde o temprano, jugar juegos arriesgados encontraría las líneas rojas indestructibles incorporadas en el objeto ruso inamovible.

Las élites estadounidenses son más inteligentes que eso. Pueden sobresalir en el riesgo calculado. Pero cuando hay tanto en juego, saben cuándo protegerse y cuándo retirarse.

No vale la pena arriesgar la “pérdida” de Ucrania –ahora un imperativo gráfico– con la pérdida de todo el viaje hegemónico. Sería demasiado que perder para el Imperio.

Así que, incluso cuando se desesperan cada vez más por la acelerada caída imperial en un abismo geopolítico y geoeconómico, están cambiando frenéticamente la narrativa, un ámbito en el que sobresalen.

Y eso explica por qué los desconcertados vasallos europeos en la UE controlada por la OTAN están ahora en pánico total.

Esta semana Davos ofreció montones de ensalada orwelliana. Los mensajes clave y frenéticos: la guerra es paz. Ucrania no está perdiendo (las cursivas son mías) y Rusia no está ganando. Por lo tanto, Ucrania necesita mucho más armamentismo.

Sin embargo, incluso al noruego Wood Stoltenberg se le dijo que siguiera la nueva línea que importa: “La OTAN no se está moviendo hacia Asia. Es China la que se está acercando a nosotros”. Esto ciertamente añade un nuevo significado extraño a la noción de placas tectónicas en movimiento.

Mantenga el motor de Forever Wars en funcionamiento

Hay un vacío total de “liderazgo” en Washington. No existe ningún “Biden”. Just Team Biden: una combinación corporativa que incluye mensajeros de bajo costo como el neoconservador de facto Little Blinkie. Hacen lo que les dicen los “donantes” ricos y los intereses financieros-militares que realmente dirigen el espectáculo, recitando las mismas viejas líneas saturadas de clichés día tras día, actores secundarios en un Teatro del Absurdo.

Sólo una exposición es suficiente.

Periodista: “¿Están funcionando los ataques aéreos en Yemen?”

El Presidente de los Estados Unidos: “Bueno, cuando usted dice trabajar, ¿están deteniendo a los hutíes? No. ¿Van a continuar? Sí.»

Lo mismo que pasa por “pensamiento estratégico” se aplica a Ucrania.

La potencia hegemónica no está siendo atraída a luchar en Asia occidental, por mucho que el acuerdo genocida en Tel Aviv, junto con los sioconservadores estadounidenses, quiera arrastrarla a una guerra contra Irán.

Aún así, la máquina imperial está siendo dirigida para mantener el motor de Forever Wars funcionando, sin parar, a diferentes velocidades.

Las élites a cargo son mucho más clínicas que todo el Equipo Biden. Saben que no ganarán en lo que pronto será el país 404. Pero la victoria táctica, hasta ahora, es enorme: enormes ganancias gracias al frenético uso de armas; destripar totalmente la industria y la soberanía europeas; reducir a la UE al subestatus de un humilde vasallo; y de ahora en adelante habrá mucho tiempo para encontrar nuevos guerreros sustitutos contra Rusia, desde fanáticos polacos y bálticos hasta toda la galaxia takfiri-neo ISIS.

Desde Platón hasta la OTAN , puede que sea demasiado pronto para afirmar que todo ha terminado para Occidente. Lo que casi ha terminado es la batalla actual, centrada en el país 404. Como subraya el propio Andrei Martyanov, correspondía a Rusia, una vez más, “comenzar a desmantelar lo que hoy se ha convertido en la casa de los demonios y del horror en Occidente y por Occidente”. , y lo está haciendo nuevamente al estilo ruso: derrotándolo en el campo de batalla”.

Esto complementa el análisis detallado expresado sobre la nueva granada de mano en un libro del historiador francés Emmanuel Todd.

Sin embargo, la guerra está lejos de terminar. Como dejó muy claro Davos una vez más, no se darán por vencidos.

La sabiduría china dicta que “cuando quieras herir a un hombre con una flecha, primero golpea a su caballo. Cuando quieras capturar a todos los bandidos, primero captura a su jefe”.

El “jefe” –o jefes– ciertamente están lejos de ser capturados. BRICS+ y la desdolarización pueden tener una oportunidad de lograrlo a partir de este año.

El final plutocrático

Bajo este marco, incluso la corrupción masiva entre Estados Unidos y Ucrania que implica círculos y círculos de robo de la generosa “ayuda” estadounidense, como reveló recientemente el ex parlamentario ucraniano Andrey Derkach, es un mero detalle.

No se ha hecho ni se hará nada al respecto. Después de todo, el propio Pentágono no pasa todas las auditorías. Estas auditorías, por cierto, ni siquiera incluyeron los ingresos de la enorme operación multimillonaria de heroína en Afganistán, con Camp Bondsteel en Kosovo establecido como centro de distribución para Europa. Las ganancias fueron embolsadas por agentes de inteligencia estadounidenses de forma clandestina.

Cuando el fentanilo reemplazó a la heroína como plaga interna de Estados Unidos, no tenía sentido seguir ocupando Afganistán, que posteriormente fue abandonado después de dos décadas en puro estilo Helter Skelter, dejando atrás más de 7 mil millones de dólares en armas.

Es imposible describir todos estos anillos concéntricos de corrupción y crimen organizado institucionalizado centrados en el Imperio a un Occidente colectivo con lavado de cerebro. Los chinos, una vez más, al rescate. Taoísta Zhuangzi (369 – 286 aC): “No se puede hablar del océano con una rana que vive en un pozo, no se puede describir el hielo a un mosquito estival y no se puede razonar con un ignorante”.

A pesar de la humillación cósmica de la OTAN en Ucrania, esta guerra indirecta contra Rusia, contra Europa y contra China sigue siendo la mecha que podría encender una Tercera Guerra Mundial antes del final de esta década. Quien lo decidirá es una plutocracia extremadamente enrarecida. No, Davos no: estos son sólo sus portavoces payasos.

Rusia ha reactivado un sistema de fábrica militar a la velocidad del rayo, con una capacidad que ahora es aproximadamente 15 veces mayor que en enero de 2022. A lo largo de la línea del frente hay alrededor de 300.000 soldados, además de en la retaguardia dos ejércitos de pinzas de cientos de miles de tropas móviles en cada pinza. estar preparado para crear un doble envolvimiento del ejército ucraniano y aniquilarlo.

Incluso si el país 404 es completamente derrotado en 2024, una vez más es imperativo subrayarlo: esto está lejos de terminar. Los dirigentes de Beijing entienden perfectamente que la hegemonía es un desastre en tal desintegración, en camino a la secesión, que la única manera de mantenerlo unido sería una guerra mundial. Es hora de releer a TS Eliot en más de un sentido: “Tuvimos la experiencia pero perdimos el significado, / y el acercamiento al significado restaura la experiencia”.

FUENTE: https://strategic-culture.su/news/2024/01/19/the-ukraine-charade-revisited/

Las opiniones dindividuales no representan necesariamente las de DOSSIER GEOPOLITICO



POR TYLER DURDEN

Emmanuel Todd, historiador, demógrafo, antropólogo, sociólogo y analista político, forma parte de una especie en extinción: uno de los pocos exponentes que quedan de la intelectualidad francesa de la vieja escuela, heredero de aquellos como Braudel, Sartre, Deleuze y Foucault que deslumbraron a sucesivos jóvenes. Generaciones de la Guerra Fría desde Occidente hasta Oriente.

La primera pepita de su último libro,  La Défaite de L’Occident  (“La derrota de Occidente”) es el pequeño milagro de haber sido publicado la semana pasada en Francia, justo dentro de la esfera de la OTAN: un libro como una granada de mano, de un pensador independiente, basado en hechos y datos verificados, que hace saltar por los aires todo el edificio de la rusofobia erigido en torno a la “agresión” del “zar” Putin.

Otra razón clave fue su libro de 2002  Apres L’Empire , una especie de avance de la decadencia y caída del Imperio publicado unos meses antes de Shock & Awe in Iraq.

Ahora Todd, en lo que ha definido como su último libro (“Cerré el círculo”) se permite ir a por todas y describir meticulosamente la derrota no sólo de Estados Unidos sino de Occidente en su conjunto, centrándose su investigación en y en torno a la guerra en Ucrania.

Teniendo en cuenta el ambiente tóxico de la OTAN, donde reinan la rusofobia y la cultura de la cancelación, y cada desviación es punible, Todd ha tenido mucho cuidado de no enmarcar el proceso actual como una victoria rusa en Ucrania (aunque eso está implícito en todo lo que describe, desde varios indicadores de paz social a la estabilidad general del “sistema Putin”, que es “un producto de la historia de Rusia, y no la obra de un solo hombre”).

Más bien, se centra en las razones clave que han llevado a la caída de Occidente. Entre ellos: el fin del Estado-nación; desindustrialización (que explica el déficit de la OTAN en la producción de armas para Ucrania); el “grado cero” de la matriz religiosa de Occidente, el protestantismo; el fuerte aumento de las tasas de mortalidad en Estados Unidos (mucho más altas que en Rusia), junto con los suicidios y homicidios; y la supremacía de un nihilismo imperial expresado por la obsesión con Forever Wars.

El colapso del protestantismo

Todd analiza metódicamente, en secuencia, Rusia, Ucrania, Europa del Este, Alemania, Gran Bretaña, Escandinavia y finalmente El Imperio. Centrémonos en los que serían los 12 Grandes Éxitos de su notable ejercicio.

1. Al inicio de la  Operación Militar Especial  (SMO) en febrero de 2022, el PIB combinado de Rusia y Bielorrusia era sólo el 3,3% del Occidente combinado (en este caso, la esfera de la OTAN más Japón y Corea del Sur). Todd está asombrado de cómo este 3,3% capaz de producir más armas que todo el coloso occidental no sólo está ganando la guerra sino que está reduciendo las nociones dominantes de la “economía política neoliberal” (tasas del PIB) al caos.

2. La “soledad ideológica” y el “narcisismo ideológico” de Occidente, incapaz de comprender, por ejemplo, cómo “todo el  mundo musulmán  parece considerar a Rusia como un socio y no como un adversario”.

3. Todd evita la noción de “estados weberianos”, evocando una deliciosa compatibilidad de visión entre Putin y el practicante de la realpolitik estadounidense John Mearsheimer. Debido a que se ven obligados a sobrevivir en un entorno donde sólo importan las relaciones de poder, los Estados actúan ahora como “agentes hobbesianos”. Y eso nos lleva a la noción rusa de un Estado-nación, centrado en la “soberanía”: la capacidad de un Estado para definir independientemente sus políticas internas y externas, sin interferencia extranjera de ningún tipo.

4. La implosión, paso a paso, de la cultura WASP, que condujo, “desde los años 1960”, a “un imperio privado de centro y de proyecto, un organismo esencialmente militar gestionado por un grupo sin cultura (en el sentido antropológico) ”. Este es Todd definiendo a los neoconservadores estadounidenses.

5. Estados Unidos como entidad “postimperial”: sólo una cáscara de maquinaria militar privada de una cultura impulsada por la inteligencia, que conduce a una “expansión militar acentuada en una fase de contracción masiva de su base industrial”. Como subraya Todd, “la guerra moderna sin industria es un oxímoron”.

6. La trampa demográfica: Todd muestra cómo los estrategas de Washington “olvidaron que un estado cuya población disfruta de un alto nivel educativo y tecnológico, incluso si está disminuyendo, no pierde su poder militar”. Ese es exactamente el caso de Rusia durante los años de Putin.

7. Aquí llegamos al meollo del argumento de Todd: su reinterpretación post-Max Weber de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, publicada hace poco más de un siglo, en 1904/1905: “Si el protestantismo fue la matriz para la ascensión del Occidente, su muerte, hoy, es la causa de la desintegración y la derrota”.

Todd define claramente cómo la “Revolución Gloriosa” inglesa de 1688, la Declaración de Independencia Americana de 1776 y la Revolución Francesa de 1789 fueron los verdaderos pilares del Occidente liberal. En consecuencia, un “Occidente” ampliado no es históricamente “liberal”, porque también diseñó el “fascismo italiano, el nazismo alemán y el militarismo japonés”.

En pocas palabras, Todd muestra cómo el protestantismo impuso la alfabetización universal a las poblaciones que controlaba, “porque todos los fieles deben acceder directamente a las Sagradas Escrituras. Una población alfabetizada es capaz de lograr un desarrollo económico y tecnológico. La religión protestante modeló, por accidente, una fuerza laboral superior y eficiente”. Y es en este sentido que Alemania estuvo “en el corazón del desarrollo occidental”, incluso si la Revolución Industrial tuvo lugar en Inglaterra.

La formulación clave de Todd es indiscutible: “El factor crucial del ascenso de Occidente fue el apego del protestantismo a la alfabetización”.

Además, el protestantismo, subraya Todd, está dos veces en el corazón de la historia de Occidente: a través del impulso educativo y económico -con el miedo a la condenación y la necesidad de sentirse elegido por Dios engendrando una ética de trabajo y una moralidad colectiva fuerte- y a través de la idea de que los hombres son desiguales (recordemos la carga del hombre blanco).

El colapso del protestantismo no pudo sino destruir la ética del trabajo en beneficio de la codicia de las masas: es decir, el NEOLIBERALISMO.

Transgenerismo y el culto a lo falso

8. La aguda crítica de Todd al espíritu de 1968 merecería un libro completamente nuevo. Se refiere a “una de las grandes ilusiones de la década de 1960, entre la revolución sexual angloamericana y Mayo del 68 en Francia”; “creer que el individuo sería mayor si se liberara de lo colectivo”. Eso condujo a una debacle inevitable: “Ahora que estamos libres, en masa, de creencias metafísicas, fundacionales y derivadas, comunistas, socialistas o nacionalistas, vivimos la experiencia del vacío”. Y así nos convertimos en “una multitud de enanos miméticos que no se atreven a pensar por sí mismos, pero se revelan tan capaces de intolerancia como los creyentes de la antigüedad”.

9. El breve análisis de Todd sobre el significado más profundo del transgenerismo destroza por completo la Iglesia del Despertar, desde Nueva York hasta la esfera de la UE, y provocará ataques de ira en serie. Muestra cómo el transgénero es “una de las banderas de este nihilismo que ahora define a Occidente, este impulso por destruir, no sólo las cosas y los seres humanos, sino la realidad”.

Y hay una ventaja analítica adicional: “La ideología transgénero dice que un hombre puede convertirse en mujer y una mujer puede convertirse en hombre. Esta es una afirmación falsa y, en este sentido, cercana al corazón teórico del nihilismo occidental”. La cosa empeora cuando se trata de las ramificaciones geopolíticas. Todd establece una conexión mental y social lúdica entre este culto a lo falso y el comportamiento tambaleante del Hegemón en las relaciones internacionales. Ejemplo: el objetivo nuclear iraní logrado con Obama se convirtió en un régimen de sanciones duras con Trump. Todd: “La política exterior estadounidense es, a su manera, fluida en materia de género”.

10. El “suicidio asistido” en Europa. Todd nos recuerda cómo Europa al principio era la pareja franco-alemana. Luego, después de la crisis financiera de 2007/2008, esto se convirtió en “un matrimonio patriarcal, en el que Alemania como cónyuge dominante ya no escucha a su pareja”. La UE abandonó cualquier pretensión de defender los intereses de Europa: se aisló de la energía y el comercio con su socio Rusia y se autosancionó. Todd identifica, correctamente, el eje París-Berlín reemplazado por el eje Londres-Varsovia-Kiev: ese fue “el fin de Europa como actor geopolítico autónomo”. Y eso ocurrió sólo 20 años después de la oposición conjunta de Francia y Alemania a la guerra neoconservadora contra Irak.

11. Todd define correctamente a la OTAN al sumergirse en “su inconsciente”: “Observamos que su mecanismo militar, ideológico y psicológico no existe para proteger a Europa Occidental, sino para controlarla”.

12. Junto con varios analistas en Rusia, China, Irán y entre independientes en Europa, Todd está seguro de que la obsesión de Estados Unidos –desde los años 1990- por aislar a Alemania de Rusia conducirá al fracaso: “Tarde o temprano, colaborarán , ya que “sus especializaciones económicas los definen como complementarios”. La derrota en Ucrania abrirá el camino, ya que una “fuerza gravitacional” seduce recíprocamente a Alemania y Rusia.

Antes de eso, y a diferencia de prácticamente cualquier “analista” occidental en la  esfera principal de la OTAN , Todd entiende que Moscú va a ganar contra toda la OTAN, no solo contra Ucrania, aprovechando una ventana de oportunidad identificada por Putin a principios de 2022. Todd apuesta en una ventana de 5 años, es decir, un final para 2027. Es esclarecedor compararlo con el Ministro de Defensa Shoigu, registrado el año pasado: la SMO terminará en 2025.

Cualquiera que sea el plazo, en todo esto está incorporada una victoria total de Rusia, en la que el ganador dictará todos los términos. Ni negociaciones, ni alto el fuego, ni conflicto congelado, tal y como la Hegemonía está ahora desesperada dando vueltas.

Davos representa El triunfo de Occidente

El amplio mérito de Todd, tan evidente en el libro, es utilizar la historia y la antropología para llevar al diván la falsa conciencia de la sociedad occidental. Y así es como, centrándose, por ejemplo, en el estudio de estructuras familiares muy específicas en Europa, logra explicar la realidad de una manera que escapa por completo a las masas colectivas occidentales con lavado de cerebro que persisten bajo el turboneoliberalismo.

No hace falta decir que el libro de Todd, basado en la realidad, no será un éxito entre las élites de Davos. Lo que está sucediendo esta semana en Davos ha sido inmensamente esclarecedor. Todo está a la vista.

De todos los sospechosos habituales: la tóxica Medusa von der Leyen de la UE; el belicista Stoltenberg de la OTAN ; BlackRock, JP Morgan y una variedad de mandamases estrechando la mano de su sudorosa sudadera de juguete en Kiev: el mensaje del “Triunfo de Occidente” es monolítico.

La guerra es paz. Ucrania  no  está perdiendo (las cursivas son mías) y Rusia no está ganando. Si no está de acuerdo con nosotros (en cualquier aspecto), será censurado por “incitación al odio”. Queremos el Nuevo Orden Mundial, piensen lo que piensen ustedes, humildes campesinos, y lo queremos ahora.

Y si todo lo demás falla, una Enfermedad X prefabricada vendrá a por ti.

FUENTE: https://www.zerohedge.com/geopolitical/escobar-how-west-was-defeated

Las opiniones no representan necesariamente las de DOSSIER GEOPOLITICO

Marco Centaro – Visión y Tendencias Globales (Proyecto Società Italiana di Geopolitica”)

En un contexto globalizado en el que el 80% del comercio total se realiza a través de vías fluviales, lo que estamos experimentando actualmente en el sur del Mar Rojo pone de relieve las vulnerabilidades de los cuellos de botella y las rutas marítimas.

Tras una andanada de misiles sin precedentes lanzada por militantes hutíes proiraníes, una coalición liderada por Estados Unidos y el Reino Unido ha desatado una potencia de fuego que alcanzó varios sitios de lanzamiento, campos de entrenamiento y arsenales militares en territorios controlados por los hutíes.

Esto se produce en medio de crecientes tensiones no sólo en las zonas que rodean el estrecho de Bab el Mandeb, sino también en el conflicto mucho más amplio que persiste entre Israel y Hamas, este último depende en gran medida de Irán y otras milicias chiítas diseminadas en la región MENA.

El grupo yemení, de hecho, expresó su solidaridad con el pueblo palestino después de los acontecimientos del 7 de octubre y amenazó con dañar cualquier barco vinculado a Israel que hubiera cruzado el Mar Rojo. Hasta ahora, el Comando Central de Estados Unidos ha registrado unos 30 ataques llevados a cabo por hutíes contra el transporte marítimo en la región. Las herramientas preferidas de los militantes incluyen drones, barcos suicidas y misiles balísticos o de crucero. Se estima que el grupo proiraní ha lanzado hasta el momento 125 piezas de artillería, empujando a los buques militares de la zona a intervenir y evitar daños a los barcos en el Mar Rojo. Según se informa, las armadas de Francia, Reino Unido y Estados Unidos participaron en este esfuerzo [1] .

Para detener la amenaza, a finales de diciembre Washington lanzó una coalición que se suponía reuniría a más de 20 armadas y patrullaría el sur del Mar Rojo. Al final, esta iniciativa resultó ser un fracaso, ya que su naturaleza defensiva no pudo evitar que los hutíes usaran sus armas contra las rutas marítimas. Además, un segundo fracaso reside en el fracaso del propósito de reunir aliados de todo el mundo. De hecho, muchos socios estadounidenses se echaron atrás en su compromiso inicial, percibiendo la operación Guardián de la Prosperidad como un claro alineamiento con Washington e Israel, un hecho que podría haber desencadenado escaladas aún mayores.

Sin embargo, como lo demuestran los últimos acontecimientos, los hutíes se han vuelto mucho más agresivos, lo que provocó una respuesta más dura por parte de Estados Unidos.

Las crecientes tensiones en torno a Bab el Mandeb han preocupado incluso a las principales compañías navieras, que han decidido detener los envíos dirigidos a este cuello de botella o desviar a sus comerciantes hacia el Cabo de Buena Esperanza.

Los mercados globales no estaban contentos con esta decisión. La combinación de costos de redireccionamiento y aumento de las primas de seguros provocó picos impresionantes en los precios de los contenedores.

Al 11 de enero, el costo promedio de un solo contenedor ascendía a $3.072. Comparado con el precio registrado el 30 de noviembre ($1.382), el costo promedio total aumentó un 122% [2] .

Afortunadamente para los consumidores, este efecto inflacionario no está dirigido a los mercados petroleros: aparentemente, y de momento, las compañías navieras de hidrocarburos prefieren correr el riesgo de transitar por el estrecho de Bab el Mandeb, mientras que las reservas mundiales de petróleo y gas parecen suficientemente recuperadas, lo que genera una demanda. aumento improbable [3] .

Sin embargo, dado que el equilibrio en la región es inestable, no es posible considerar la situación estable.

Además, hay que considerar que los recientes ataques llevados a cabo contra los arsenales de los hutíes no representan una solución definitiva a la amenaza. La milicia todavía puede contar con una gran parte de su arsenal, y no hay que olvidar que su peligrosidad proviene también de armas más asimétricas (como minas navales o drones).

Por lo tanto, es posible que en los próximos días o semanas experimentemos un intercambio intensificado de misiles y ataques entre las partes en conflicto.

De hecho, la presencia naval militar en la zona está aumentando. Italia ya tenía un barco en el sur del Mar Rojo, pero la semana pasada decidió duplicar el número; Mientras tanto, el grupo de ataque de portaaviones guiado por el USS Eisenhower está firmemente desplegado en la zona de Bab el Mandeb, pero otras armadas están presentes: India, Francia, España, Reino Unido, Corea del Sur y Japón están activas, mientras que también la iraní y los barcos chinos navegan por esas aguas.

El hecho de que tal actividad militar esté en marcha ciertamente pondrá a los mercados más nerviosos. Aunque no es fácil delinear escenarios, los gigantes del transporte marítimo internacional todavía se abstienen de restablecer los flujos regulares a través del Mar Rojo.

La mayor dificultad que enfrenta la talasocracia estadounidense en este momento es que no puede reducir fácilmente la fuerza de los hutíes simplemente atacando algunas de las reservas y sitios de lanzamiento localizados. La milicia ha estado luchando contra Arabia Saudita y su coalición árabe desde 2015, lo que la ha acostumbrado a soportar bombardeos y a redesplegar rápidamente sus armas y asentamientos.

Por otro lado, una ofensiva más amplia y más fuerte es claramente cuestionable, porque provocaría una escalada que a ningún actor internacional le agradaría presenciar, especialmente cuando se están llevando a cabo negociaciones entre los hutíes y los Estados del Golfo.

En conclusión, son pocas las opciones que Estados Unidos tiene a su disposición. Su supremacía marítima está limitada entre una milicia local que amenaza su liderazgo global y la imposibilidad de emprender contramedidas más serias para restaurar la seguridad marítima en la región.

Si bien este dilema obsesiona a la administración Biden, los próximos pasos de otros actores involucrados están lejos de ser predecibles.

En un momento en el que los resultados de la situación no están claros, la mejor esperanza para los consumidores y las partes interesadas que dependen de los envíos marítimos es una solución que se obtenga de forma rápida y pacífica.

No hay que olvidar que, además de los aspectos militares de la situación, la prioridad de la comunidad internacional es restablecer los flujos regulares a través del Mar Rojo.


[1] https://rybar.ru/vojna-v-krasnom-more-chto-proishodilo-u-beregov-jemena-14-yanvarya/

[2] https://www.drewry.co.uk/supply-chain-advisors/supply-chain-expertise/world-container-index-assessed-by-drewry

[3]   https://www.nytimes.com/2024/01/05/business/red-sea-oil-houthis.html

ENLACES RELACIONADOS

https://www.drewry.co.uk/supply-chain-advisors/supply-chain-expertise/world-container-index-assessed-by-drewry

https://www.reuters.com/markets/commodities/oil-slips-investors-eye-mideast-developments-2024-01-15/

FUENTE: https://www.vision-gt.eu/news/monitoring-the-red-sea-washingtons-dilemma/

Por TIBERIO GRAZIANI VISIÓN Y TENDENCIAS GLOBALES (PROYECTO “SOCIETÀ ITALIANA DI GEOPOLITICA”) y miembro de Dossier Geopolitico

Resumen – El artículo propone un intento de aplicar el modelo de arco de crisis a los dos conflictos en curso (Rusia – Ucrania e Israel – Gaza) dentro del contexto más amplio de la transición geopolítica del llamado sistema unipolar a lo que se define como multipolar o policéntrico. . El modelo parece encajar muy bien en el caso del choque entre Moscú y Kiev. La situación parece más compleja en el caso de Israel-Gaza. Sin embargo, la expansión del conflicto en el Mar Rojo parece apoyar la hipótesis de la aplicabilidad del modelo. Se expresan sucintamente algunas breves consideraciones sobre la fragilidad de la Unión Europea . Palabras clave: Arcos de crisis, Choque de civilizaciones, Ucrania, Franja de Gaza

Las dos guerras en curso tienen orígenes diferentes y lejanos en el tiempo.

Las causas de la guerra ruso-ucraniana, si las limitamos al contexto regional, se remontan a los disturbios de Euromaidan en noviembre de hace diez años, la posterior anexión de Crimea por parte de la Federación Rusa, las políticas contra los rusófonos implementadas en Donbass por Kiev y las autoproclamadas repúblicas separatistas de Donetsk y Luhansk. En cambio, el conflicto palestino-israelí, considerando únicamente el alcance regional, se remonta a la guerra civil de junio de 2007, cuando Hamás logró asegurarse el control total de la Franja de Gaza.

En realidad, ambas guerras tienen orígenes mucho más antiguos y, sobre todo, no pueden limitarse simplemente, no sólo en lo que respecta a las causas sino también a los efectos internacionales, a sus respectivas dimensiones regionales. Esto se debe a los importantes intereses de otros actores involucrados, que son tanto locales como globales.

La larga posguerra fría y el momento unipolar

El choque entre la Federación de Rusia y Ucrania es una manifestación dramática del largo período posterior a la Guerra Fría que siguió al colapso soviético; en algunos aspectos, marca su final. Este período de posguerra es, además, extraño y trágico, ya que está marcado por una impresionante serie de acontecimientos militares.

El comienzo de este período de posguerra, tan dramático como su conclusión, se remonta a las guerras de los Balcanes de la década de 1991-2001, que culminaron con la operación de las Fuerzas Aliadas lideradas por la OTAN. Los europeos, todavía bajo los efectos de la breve pero intensa euforia optimista relacionada con la espectacular caída del Muro de Berlín (noviembre de 1989), despertaron abruptamente. En lugar de presenciar el “fin de la historia” (Fukuyama F., The End of the History? en “The National Interest”, verano de 1989, The End of History and the Last Man, 1992), presenciaron, en su propio continente y durante toda una década, una sangrienta guerra civil y las acciones devastadoras de dos operaciones de la Alianza Atlántica, la citada Fuerza Aliada en 2001 y Fuerza Deliberada en 1995.

Situado temporalmente al final de la larga era posterior a la Guerra Fría, el conflicto actual entre rusos y ucranianos es también una guerra civil entre poblaciones eslavas y un choque entre repúblicas postsoviéticas. Sin embargo, a diferencia de las guerras de los Balcanes que estallaron en el momento más crítico del terremoto geopolítico desencadenado por la caída del Muro de Berlín, la disolución de la URSS y el Pacto de Varsovia, esta guerra ocurre después de tres décadas de hegemonía global estadounidense. La conclusión a la que se llega es que representa otro ejemplo de la incapacidad del mundo occidental, particularmente el liderado por Estados Unidos, para gestionar el llamado “momento unipolar”.

En los últimos treinta años, la “Nación Indispensable” –como la definió con orgullo el Presidente Clinton en su segundo discurso inaugural el 20 de enero de 1997 (“ Estados Unidos es la única nación indispensable del mundo ”)- ha demostrado repetidamente tal incapacidad. Esto quedó ampliamente demostrado en el contexto de la guerra contra el terrorismo y la “exportación de democracia con bombas” durante las presidencias de Bush. ¿El ejemplo más reciente? El abandono de Afganistán tras veinte años de guerra, dejando atrás un país devastado y miles de muertos, heridos y discapacitados.

La “Operación Militar Especial” –tal como la definió el Kremlin para la invasión de territorio ucraniano– que comenzó el 24 de febrero de 2022, constituye sin duda una dura respuesta rusa a la penetración gradual de Occidente en la masa continental euroasiática, en particular a la expansión de La OTAN hacia las fronteras occidentales del Estado ruso. Es una respuesta predecible, considerando el breve conflicto ruso-georgiano de agosto de 2008 y la anexión de Crimea en 2014.

La “Operación Militar Especial” de 2022 pone de relieve la irrelevancia de la Unión Europea en términos de planificación de seguridad, su limitada capacidad para definir un papel geopolítico estabilizador distinto en el mundo posbipolar y, en última instancia, su subordinación total y acrítica a Estados Unidos. –su principal aliado– y la OTAN. Esta guerra nos dice, una vez más, que la Unión Europea no sabe concebirse como una entidad autónoma e independiente al margen del contexto occidental dominado por Estados Unidos. Además, al no comprender o no querer comprender el proceso histórico actual, la UE no ve lo que está sucediendo en sus fronteras ni contempla lo que podría ocurrir en el futuro inmediato. Como resultado, constantemente se encuentra dramáticamente desprevenido y, por lo tanto, moralmente culpable por al menos cuatro desastres que persisten o han ocurrido en su vecindad inmediata: a) las guerras de los Balcanes de 1991-2001; b) la desestabilización de Libia en 2011; c) la guerra ruso-ucraniana de 2022; d) la guerra palestino-israelí de 2023, sin mencionar la incapacidad de encontrar una solución al grave problema migratorio a lo largo de tres décadas desde su surgimiento.

En lo que respecta a los países de Europa del Este, directa e indirectamente involucrados, el conflicto ruso-ucraniano ha demostrado, después de tres décadas, que sus clases dominantes –ya sean políticas, económicas o intelectuales– encerradas en su neonacionalismo estrecho y miope, han no han podido desarrollar un proyecto regional autónomo ni presentar una propuesta útil para su papel geopolítico y geoestratégico específico en el nuevo contexto surgido de la disolución de la Unión Soviética, caracterizado por el concurrente proceso de globalización.

Atrapadas entre la seducción ejercida por Bruselas y las presiones atlánticas ejercidas por Londres y Washington, por un lado, y la reinterpretación y reconstrucción de sus identidades nacionales basadas en la rusofobia, por el otro, estas clases dominantes no han aprovechado la oportunidad histórica que les ofrece la Colapso soviético: la opción de emanciparse tanto del Este como del Oeste, de presentarse como un área cohesionada y autónoma, desempeñando el papel de pivote y bisagra entre los países miembros de la Unión Europea y la Federación Rusa.

El miedo al imponente vecino, percibido como peligroso y agresivo (aunque a principios de los años 1990 Rusia difícilmente podía ser considerada un país “peligroso” para sus vecinos), junto con las presiones de la OTAN, llevaron a estos países a unirse primero a la Alianza Atlántica y posteriormente a la Unión Europea. Las clases dominantes de Europa del Este, por tanto, tomaron la decisión no tan sutil de abandonar un campo –el rusocéntrico– para llegar a otro, el euroatlántico, perdiendo así una oportunidad difícil de recuperar: la de posicionarse como centro de intercambio y compensación entre Oriente y Occidente.

Europa del Este, vista en una perspectiva histórica de mediano plazo, pasó de la esfera de influencia soviética a la esfera de influencia atlántica, es decir, de la jaula del Pacto de Varsovia a la jaula del Pacto Atlántico, de un amo a otro. Al elegir el destino de convertirse en la extrema periferia oriental del campo occidental hegemonizado por los Estados Unidos, esta parte de Europa ha elegido convertirse en un arco de crisis permanente entre Occidente y la Federación Rusa.

Choque de civilizaciones: ¿ cui prodest?

Por supuesto, se podría objetar lo escrito hasta ahora de que el conflicto entre Moscú y Kiev es parte de un posible proyecto del Kremlin destinado a restablecer el dominio de Moscú sobre un territorio que primero perteneció al Imperio zarista y luego a la Unión Soviética. . Aunque ciertamente no faltan ecos neoimperiales en el discurso público ruso (por otra parte marginales, pero dignos de atención por su fuerza movilizadora), algunos de los cuales incluso están teñidos de un cierto espiritualismo civilizador ambiguo que interpreta el choque actual en el humeante lenguaje escatológico. términos de enfrentamiento entre el Bien, la Luz y la Tradición (Rusia ortodoxa) y el Mal, la Oscuridad y la Decadencia (el Occidente materialista y ateo); Sin embargo, este posible proyecto, esta hipotética estrategia del Kremlin no resiste una lectura menos emotiva y romántica de los acontecimientos actuales y un análisis de sus causas, así como, en particular, una descripción más objetiva y realista de la situación. los “valores” actuales expresados ​​desde Rusia y Occidente.

Algunas aclaraciones del presidente Putin sobre la superioridad de Rusia en valores respecto a Occidente –que a primera vista parecería respaldar los ecos neoimperialistas y civilizadores mencionados anteriormente– se remontan al choque dialéctico con los principales exponentes políticos del bando contrario. (el “Occidente colectivo”), que equiparan el gobierno de la Federación con una autocracia siguiendo la tradición zarista, acusan al Kremlin de promover teorías oscurantistas y de ejercer un régimen liberticida y opresivo.

Más importantes y llenas de realismo político son las continuas declaraciones de Putin, al menos a partir de su discurso durante la Conferencia de Múnich (2007), sobre la neutralidad de las zonas vecinas a la Federación por sus necesidades de seguridad.

Volviendo al supuesto deseo del Kremlin de restablecer la Rusia imperial o una reedición de lo que fue la Unión Soviética, cabe señalar que la narrativa neoimperial y civilizadora, paradójicamente, se vuelve funcional a la estrategia norteamericana encaminada a mantener el equilibrio global. hegemonía, así como amplia y magistralmente definida por los dos textos canónicos que son sin duda los de Samuel P. Huntington y Zbigniew Brzezinski, autores respectivamente de El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial (1996) y El gran tablero de ajedrez. La primacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos (1997).

En el caso de que el Kremlin sucumbiera a la tentación de la narrativa civilizadora “neoimperial” y – sobre esta base – tomara decisiones estratégicas, caería irremediablemente en la trampa del choque de civilizaciones, exponiéndose a sí mismo y a toda Eurasia. a la proliferación de las crisis previstas por Brzezinski y al peligro de fragmentación de su espacio nacional y de todo el continente, según líneas divisorias religiosas y etnoculturales: en última instancia, cumpliría el sueño, hegemónico y mesiánico al mismo tiempo, de la Estados Unidos, el de ser la nación indispensable, la única dispensadora de civilización y valores.

De la guerra árabe-israelí al conflicto Israel-Hamás

La actual guerra entre la Franja de Gaza y el Estado de Israel comenzó el 7 de octubre de este año con la operación Inundación de Al Aqsa, deseada y organizada por Hamás, a la que Israel reaccionó rápidamente implementando una respuesta desproporcionada con la operación Espadas de Hierro, es una episodio del conflicto árabe-israelí más amplio que comenzó allá por 1948. Constituye la tercera fase del choque directo entre Israel y Gaza. Es decir, sigue a las operaciones Plomo Fundido y Margen Protector, lanzadas por Israel contra Gaza en 2008 y 2014, respectivamente.

Conviene repasar rápidamente el recorrido histórico de este largo conflicto, del que la guerra actual constituye una parte significativa, debido a algunos elementos que lo distinguen de episodios anteriores: la asimetría de los contendientes, la impresionante cantidad de víctimas, en su mayoría niños, la pasividad de la llamada comunidad internacional y de los países árabes, la hibridación entre guerra religiosa y liberación nacional, la estrategia del Eje de resistencia auspiciada por Irán.

Las tres guerras de 1948, 1967 y 1973 son conflictos entre coaliciones árabes e Israel. Son guerras que expresan la voluntad de algunas naciones árabes de resolver la cuestión del pueblo palestino, mediante un enfrentamiento militar, tras la proclamación del Estado de Israel en 1948 por las autoridades sionistas en Palestina. En cierto modo, estas guerras árabe-israelíes son hijas de la Thawra Filasṭīn (Revolución Palestina), la gran revuelta de los árabes palestinos, que duró unos tres años, de 1936 a 1939, contra la política de asentamientos judíos, permitida por los siguientes ingleses. la Declaración Balfour de 1917. La política de asentamientos hizo que la población judía pasara de 80.000 a alrededor de 360.000 unidades en sólo 18 años, creando una importante agitación demográfica y socioeconómica en detrimento de las poblaciones nativas. Palestina, tras la derrota del Imperio Otomano y su disolución, estuvo gobernada de 1920 a 1948 por los británicos (Palestina Mandataria) y se extendió sobre un territorio de aproximadamente 28.000 kilómetros cuadrados. Tras la partición de 1947, el nacimiento del Estado de Israel y los resultados de las tres guerras árabe-israelíes (48, 67, 73), el territorio de lo que fue Palestina bajo el mandato británico está hoy dividido entre Israel (20.770 km2) y el Estado de Palestina (6.020 km2), que incluye Cisjordania (5.655 km2) y la antigua Franja de Gaza (365 km2).

Después de los decepcionantes resultados de las tres guerras árabe-israelíes mencionadas anteriormente, las coaliciones árabes, por diversas razones, se desmoronaron y la población palestina quedó, por así decirlo, abandonada a su propia suerte. De hecho, Egipto y Jordania llegaron a un acuerdo con Israel y firmaron tratados de paz con el Estado judío en 1979 y 1994 respectivamente. Mientras que Siria, Líbano e Irak no reconocieron al Estado de Israel y continuaron apoyando la causa palestina.

A partir de la Guerra de Yom Kippur (1973), la resistencia palestina se expresó de manera asimétrica y con acciones esporádicas, cuyos episodios más relevantes fueron los largos y sangrientos levantamientos que pasaron a la historia como intifadas: la primera intifada o intifada de las piedras, que comenzó el 8 de diciembre de 1987 finalizará aproximadamente seis años después, el 13 de julio de 1993 y la segunda intifada o intifada de al-Aqsa, que comenzó en 2000 y finalizó en 2005.

Es precisamente con las intifadas, en particular la de 1987, que la resistencia palestina más radical comenzará a oponerse al Estado de Israel no sólo en el contexto de una lucha de liberación nacional, sino también en términos de una guerra religiosa. Este es precisamente el caso de la organización islamista Hamás, de inspiración sunita, que nació durante la primera Intifada y logró, a partir de la segunda mitad de 2007, controlar la Franja de Gaza. Este es también el caso de la organización islamista libanesa Hezbollah, de inspiración chiita.

El paso del modelo tradicional de luchas de liberación nacional, basado en el principio de autodeterminación de los pueblos, que logró un claro éxito en la independencia de Argelia y Túnez y constituyó un punto de referencia teórico para la OLP, a la práctica del “ La guerra santa” se debe a varios factores. Entre ellas, es importante destacar las crecientes influencias de Irán, especialmente después de la conclusión de la guerra con Irak, y de los Hermanos Musulmanes en las organizaciones políticas palestinas. Si hasta 1973 la lucha por establecer un Estado palestino involucraba a actores estatales, es decir, los principales Estados de la región (Egipto, Jordania, Siria, Líbano), hoy involucra principalmente a organizaciones radicales, motivadas ideológicamente, que participan en el Eje de Resistencia. Cuyo objetivo no es sólo la liberación de Palestina, sino la lucha total contra Israel y las influencias políticas de Estados Unidos y del propio Israel en la región de Cercano y Medio Oriente.

La fuerte disparidad de fuerzas y de apoyo internacional entre Israel –que goza, recordemos, del apoyo de los EE.UU. y de todo Occidente– y la Franja de Gaza, que cuenta con un apoyo regional, tan radical como fragmentado, vuelve a proponer trágicamente el principio bíblico. Lucha entre el gigante Goliat y David.

Las dos guerras en curso y la transición unimultipolar

Las dos guerras actualmente en curso constituyen dos focos de crisis localizados en regiones específicas de la masa euroasiática capaces de reescribir las estructuras geopolíticas globales.

La desestabilización prolongada de dichas áreas, junto con posibles focos de tensión en otras partes de la masa continental euroasiática, como en el Indo-Pacífico o Asia Central, podrían contribuir a una transición compleja del orden unipolar dominado por Estados Unidos a un mundo más equilibrado, orientado hacia contener la competencia entre naciones y promover la cooperación internacional.

La crisis ruso-ucraniana representa un primer factor que exacerba la fractura entre Europa continental y centrooriental y la Federación de Rusia. De hecho, con el tiempo distancia las posibilidades de colaboración entre Rusia, rica en recursos energéticos, y los países europeos, altamente industrializados pero dependientes de la energía. También retrasa la necesidad de desarrollar una arquitectura de seguridad compartida. Los principales beneficiarios de esta posible división duradera entre Europa y la Federación de Rusia parecen ser Estados Unidos, tanto desde el punto de vista geopolítico como geoestratégico.

El foco de crisis, nunca amainado y recientemente reavivado en Palestina, constituye un segundo factor que a largo plazo interviene para complicar la transición de un orden unipolar a uno multipolar, debido también a la actual equidistancia entre actores globales como Rusia, China y India. Hipotéticamente, si por un lado una actitud pro-Gaza de estos tres países y del Sur global podría acelerar el proceso de transición, por otro lado podría aumentar el riesgo de un conflicto generalizado, si no desencadenarlo con consecuencias impredecibles. Al involucrar indirectamente a las potencias regionales del llamado Sur global, como Irán, Siria y, en ciertos aspectos, también la Turquía de Erdogan (últimamente divergiendo de las indicaciones de Occidente liderado por Estados Unidos), el estallido de la actual crisis palestino-israelí obstaculizaría la capacidad de estos países para avanzar activamente hacia la construcción de un nuevo sistema multipolar o policéntrico. Además, la continuación de esta situación crítica y fuertemente desequilibrada a favor de Israel brindaría a Estados Unidos la oportunidad de utilizar a Israel como fuerza estabilizadora armada (y nuclear) en la región del Cercano y Medio Oriente. Por lo tanto, Israel se posicionaría como un pilar necesario –en sinergia con Turquía o como una alternativa a Ankara en caso de que esta última continúe con su excentricidad con respecto a la alianza atlántica– de la política norteamericana en el Mediterráneo oriental y en la región de Medio Oriente. Una vez más, entre los actores globales, el principal beneficiario geopolítico parece ser la potencia extranjera.

Como se destacó, la aplicación del modelo del arco de crisis para comprender las guerras actuales nos permite analizarlas en el contexto de la transición del orden unipolar al orden generalmente multipolar. También subraya la necesidad de que la potencia en decadencia, Estados Unidos – visiblemente en crisis por la pérdida del papel hegemónico desempeñado hasta ahora, debido a nuevos actores como China e India – adopte una estrategia generalizada para promover áreas de tensión ( geopolítica del caos) en la masa euroasiática. Como era de esperar, este escenario también se extendería a África para contrarrestar las influencias rusas y chinas, con el objetivo de obstaculizar, si no desempoderar, a quienes están dando forma al nuevo orden mundial.

En conclusión, el modelo de foco de crisis nos ayuda a comprender la transición del unipolar al multipolar, aún en proceso de definición. Desde esta perspectiva, los “centros de crisis” parecen ser funcionales a la estrategia estadounidense de frenar la transición en curso hacia un sistema multipolar y apuntar a prolongar la hegemonía unipolar de Washington.

FUENTE: Theory of the Arc of Crisis: Geopolitics and Geostrategy https://www.vision-gt.eu/news/theory-of-the-arc-of-crisis-geopolitics-and-geostrategy/

Por Gino Lanzara Dissipatio

Del Mar Rojo proceden no sólo elementos objetivos de evaluación geopolítica tout corte, sino también indicios y esperanzas de una política exterior participativa, consciente y proactiva. El multilateralismo es bienvenido, pero sin perder de vista la dirección que indica la Estrella Polar de la estrategia y los intereses nacionales.

Un análisis centrado es abrasivo; cuanto más dudas inculcas  al disipar  creencias  sencillas a la página , más da en el blanco. No nos quedaremos atrás. Estamos en el mar; Partiremos de las rutas más conocidas para llegar a la última Thule de lo que se escapa de forma general.   

El conflicto palestino-israelí ha entrado en una dimensión marítima relegada desde 1967 al cierre egipcio del  estrecho de Tirán ; Los  hutíes , seguidores de Nasser y representantes iraníes, están adoptando tácticas agresivas contra el comercio que pasa por el estrecho de Bab-el-Mandeb, el único acceso desde el Océano Índico a Eilat (Israel), Aqaba (Jordania) y Jeddah (Arabia Saudita), y que impactan en  Suez , tácticas como la de recordar lo que el  poeta  Alfred Thayer Mahan  escribió hace poco más de cien años, es decir, que la  estrategia marítima se refiere en última instancia al acceso  destinado a garantizar la libertad de navegación, dado que no se puede decir que sea ningún poder. hegemónico si descuida el mar, y que el control de los estrechos permite abrir y cerrar el acceso económico global. Las guerras de Ucrania y Gaza no amenazan la seguridad estadounidense, que está interesada en la libertad de los mares porque se basa en el control de los  cuellos de botella ; pero la libertad de navegación sigue siendo una base imperial estadounidense, indirectamente útil para los propios intereses chinos que, sin aperturas comerciales, se verían afectados por la falta de crecimiento del PIB. Es una pena que los misiles hutíes hayan sido desarrollados por Teherán basándose en tecnologías de Beijing. 

El concepto marítimo siempre ha estado claro para cualquier sociedad con alelos empapados de agua salada: la proyección comercial y de poder aquea hacia Ilión y el interior de Anatolia todavía está ahí para recordarlo. La talasocracia sigue siendo un presente anclado al futuro; quien la pierde, desprovisto de  ánimo bélico y comercial  , pierde también la hegemonía continental configurada por el poder marítimo, incompatible con la naturaleza jurídica del principio de eficacia . La amenaza, por tanto, no se limita a Eilat israelí, sino que afecta al comercio mundial, dado que los ataques obligan a las empresas comerciales a reorganizar horarios, primas de seguros, consumos e itinerarios condicionados por la necesidad de rodear el  Cabo de Buena Esperanza .

Los  hutíes zaidíes  , poco sensibles a los dictados de Montego Bay, no sólo atacan a los buques afiliados a Israel o que se dirigen allí, hasta el punto de que  Jack Kennedy del S&P  subrayó que, sobre todo , Irán , dominio de los rebeldes y que controla el tráfico proporcionando inteligencia táctica más allá de que el apoyo del Buque Alborz pretende extender allí su capacidad proyectiva, aumentando la influencia geopolítica regional y planetaria, además de tener un impacto marginal en Palestina; en lugar de una expansión de la guerra en Gaza, están resurgiendo procesos paralelos que reflejan la cuestión palestina, pero que mantienen una identidad y un valor local útiles para apoyar la política interna de San’a’; No se excluye que los hutíes pretendan fortalecerse en el contexto de las conversaciones de paz con los sauditas, quienes a su vez buscan una salida digna del atolladero yemení. Riad, acercándose a Irán gracias a la mediación del Dragón, esperaba llegar a un compromiso; pero los hutíes siguen siendo actores esquivos, acostumbrados a atacar de forma asimétrica mientras negocian.

A través de  Bab-el-Mandeb  los portacontenedores (30% del tráfico) llegan al Canal de Suez, la ruta más corta entre Asia y Europa por la que pasa entre el 12 y el 15% de todo el tráfico mercante, cuya potencial inaccesibilidad ha llevado a varias compañías mercantes a considerar la única alternativa marítima viable, la circunnavegación de África, con aumentos de costes de hasta 1 millón de dólares por barco; Un  infarto logístico  requeriría el estudio de nuevas y complejas intermodalidades, que podrían remediarse en el futuro con el  corredor Imec,  una solución económicamente diferenciadora para el transporte, especialmente en términos de de-risking. Aunque no parece concebible un resurgimiento repentino de los problemas logísticos críticos determinados por la situación de pandemia y la política monetaria restrictiva impuesta por los bancos centrales, mientras que el peso de la histéresis comenzará a sentirse globalmente alrededor de febrero, la economía egipcia colapsará más rápidamente. dadas las condiciones precarias y preexistentes. Paradójicamente, de momento el menos afectado es Israel, dado que sólo el 5% de su comercio marítimo pasa por el puerto de Eilat, aunque no se pueden pasar por alto las repercusiones a largo plazo. En un amplio espectro, a medida que prevalecen las asociaciones bilaterales regionales, se reduce la estabilidad de los intercambios comerciales y se dibuja un nuevo mapa de alianzas, con nearshoring  en  países vecinos para evitar amenazas a la cadena de producción, como el desafío que plantean los hutíes.

Si la protección de los convoyes se vuelve difícil y costosa, no se puede excluir ciertamente la opción de solución, es decir, la que apunta a eliminar  la amenaza ab initio  , desencadenando sin embargo el problema político de una ampliación del conflicto, presagio de represalias generalizadas; Por otra parte, una acción diplomática marítima que fortalezca los  Acuerdos de Abraham podría ayudar a Israel a transformar la amenaza hutí en una oportunidad estratégica, especialmente si Estados Unidos logra la  misión imposible  de unir una  coalición de voluntades ya políticamente fragmentada , capaz de suscitar perplejidad en en el mundo del transporte marítimo, pero no en Assoporti y Federpetroli Italia, y para la que ya se ha encontrado un nombre pero no los barcos:  Prosperity guardian,  una operación para la que Europa prefiere navegar bajo la bandera de Operación Atalanta, que opera en coordinación con  el Fuerzas Marítimas Combinadas  lideradas por Estados Unidos para la protección del Mar Rojo, el Golfo Arábigo y el Océano Índico, a pesar de todas las distinciones inevitables, empezando por las reglas de enfrentamiento, y para las cuales, como era de esperar, la India ha desplegado dos cazas en el Golfo de Adén. . Las representaciones de personal militar occidental ofrecidas para apoyar al Centcom tienen el vago tufillo de una broma vergonzosa.  

In cauda venenum : Italia y las incómodas reflexiones que exige, a la luz de un espíritu persistente que tiende a ser gregario o en todo caso atento al patio pero poco versado en el ámbito internacional más amplio, donde el liderazgo debería naturalmente asociarse a la proyección estratégica. de poder. Desprovista de un genuino sentimiento talasocrático, la antigua  Mare Nostrum  se ha convertido en  eorum,  si no en una  Patria Azul  turca en expansión hegemónica,  y nada puede garantizar una estabilidad efectiva como un sistema de alianzas que (pálidamente) reproduzca la histórica división equireal y sectorial romana, permitiendo El dominio de las rutas marítimas. La magnífica idealidad de un  Mediterráneo ampliado , libre de otros adjetivos conceptualmente repetitivos, choca ahora con una realidad histórica que ha visto al país, aunque inmerso en el mar, voluntariamente alejado de lógicas estratégicas y, por tanto, de poca relevancia. Dado que los intereses nacionales también pasan por Bab-el-Mandeb y Suez, y que no es admisible someterse a ningún acoso, deberíamos considerar el Mediterráneo como el fluido de partida para ir más allá de Suez, proyectando una idea estratégica talasocráticamente  profunda  y funcional a los intereses nacionales. Para un talasócrata el mar es lo que es, ni se ensancha ni se estrecha. Fasan, desde el punto de vista de  la política de equilibrio , puede ser un magnífico punto de sinergia político-operacional, capaz, si se desea, de diseñar nuevas trayectorias no oscilantes, aumentando y potenciando constantemente el  peso político decisivo  para frenar de manera realista cualquier decadencia. empezando por el poder blando tal como lo entiende Nye. Por lo tanto, de los acontecimientos políticos en el Mar Rojo sólo podemos esperar una estrategia racional y, abrasivamente, realista. Después de todo, lo dijimos al principio. 

FUENTE: https://www.dissipatio.it/la-morte-della-talassocrazia/

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Por Gianmarco Serino Dissipatio

La «finlandización» de Ucrania, la guerra en las sombras entre Estados Unidos y Rusia, las consecuencias de la escalada, es decir, la continuación de la crisis de 2014, que nunca terminó realmente y que a su vez tiene orígenes antiguos.

En 2015 publicó el volumen  El conflicto ruso-ucraniano, Geopolítica del nuevo (des)orden mundial  publicado por Rubettino: un texto tan breve como preciso para describir el pasado de Ucrania y, sobre todo, para anticipar el escenario que hoy ocupa el portadas de periódicos internacionales a raíz de la tesis de Huntington sobre el nuevo orden mundial. El endurecimiento de las fuerzas militares rusas en la frontera con Ucrania y la creciente asertividad de la flota rusa en el Mar Negro es la continuación de la crisis de 2014, que nunca terminó realmente y que a su vez tiene orígenes antiguos, como la historia de los habitantes de esta región, durante buena parte de las negociaciones de hoy entre Rusia y Estados Unidos, quedó de lado en las mesas de negociación. Tomémoslo desde lejos: ¿quiénes son hoy y cuál es la historia de los habitantes de Ucrania y Crimea?

Cuando el territorio de Ucrania fue dividido entre los imperios ruso y Habsburgo se produjo una fractura dentro de este país, ya que la parte noreste miraba hacia Kiev, el oeste, mientras que la parte sureste miraba hacia Rusia, y acogía predominantemente a pueblos de habla rusa. los ciudadanos. Otro asunto es el de Crimea, que es rusa desde 1792. Volviendo a la escisión, ésta ha continuado a lo largo de los siglos y en 1918 la Ucrania de Kiev se independizó  de jure , pero no  de facto , como estado satélite de la era alemana. Desde 1922, Ucrania es una República Soviética , la más importante, quizás, de las muchas que componían la URSS.

En la Segunda Guerra Mundial, cuando el territorio ucraniano fue invadido por tropas alemanas, esta división se repitió nuevamente y la Rus de Kiev volvió a convertirse en un estado satélite de la Alemania nazi. Incluso se formó una División de las SS compuesta por ciudadanos ucranianos que lucharon junto a los nazis junto con la Guardia Nacional de Ucrania. Es importante recordar que estos dos grupos armados apoyaron la persecución de los judíos. Después de la muerte de Stalin en 1954, Moscú cedió Crimea a Ucrania, que en ese momento todavía formaba parte de la Unión Soviética. 

Fue como un regalo que le das a una esposa, todo quedó en la familia. Tras la caída del Muro y ante la implosión de la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, Gorbachov -quien obligó al gobierno de Berlín Oriental a no reprimir las manifestaciones pro-occidentales en la RDA-  aseguró que Rusia permitiría a sus propios estados satélites a elegir su sistema político preferido, siempre que nunca entren en la OTAN ni en la Unión Europea. En cuanto a la OTAN, en la reunión de Malta, pocos meses después de la caída del Muro, Bush padre aceptó el pacto que hoy se recuerda con el aforismo «ni un centímetro». Estos acuerdos, que eran sólo verbales (es decir, que nunca se incorporaron a un protocolo diplomático, pero de los que existe una transcripción) siempre fueron ignorados por la OTAN.  

El avance progresivo de las fronteras de las bases de la alianza atlántica ha cercado así a Rusia. La revolución -o golpe de Estado según se mire- del Euromajdan de 2014, apoyado por Estados Unidos, Alemania y Polonia, prefiguró la entrada de Ucrania en la OTAN. Si Ucrania entrara en la OTAN, Crimea también se habría unido efectivamente, y para Rusia esto habría significado perder su puerto más importante, el de Sebastopol, el único acceso a los «mares cálidos», es decir, al Mediterráneo, a través del Mar Negro y el Mar Turco. Estrecho, porque como sabemos los puertos del Mar Báltico están congelados la mayor parte del año. Rusia se habría encontrado, en la hipótesis de una Ucrania en la OTAN, con sus fronteras (ahora en disputa) completamente indefensas. Desde Ucrania hay sólo 500 kilómetros hasta Moscú y 200 hasta Volgogrado, la antigua Stalingrado. La situación se parece en cierto modo a lo que ocurrió en el patio trasero de Estados Unidos con la crisis de los misiles en Cuba: así, Moscú ocupó Crimea en 2014 y favoreció la insurrección prorrusa en la región de Donbass. 

Este punto muerto de la sangrienta guerra de guerrillas en la parte sudoriental de Ucrania duró hasta que, hacia finales del año pasado, Rusia volvió a concentrar sus tropas en las fronteras ucranianas. La pregunta que cabe hacerse es ¿qué pasará? Yo, que soy historiador y no profeta, creo que estamos ante la clásica guerra de nervios, pero que forma parte de una precisa doctrina militar rusa, la llamada  Maskirovka , también apodada «guerra de las sombras». Es una guerra disfrazada, disfrazada, una guerra de  desinformatia  (desinformación) En el verano de 1943, no lejos de Ucrania, se libró una gran batalla entre tanques soviéticos y alemanes, la famosa Batalla de Kursk. Lo ganaron los rusos, gracias a  Maskirovka . A partir de ese momento, la ofensiva de Alemania contra Rusia cesó. La peculiaridad de esta batalla fue el hecho de que se ocultó cuidadosamente la superioridad de los medios soviéticos. Así hubo un primer ataque alemán que tuvo éxito, pero la poderosa contraofensiva rusa derrotó a las fuerzas nazis. Hoy en día, los objetivos de las tácticas rusas son los mismos, cuidadosamente envueltos en sombras y nieblas, aunque en un contexto que no es el de una guerra abierta. 

¿Qué quiere hacer Putin? Me gustaría señalar lo que está sucediendo anómalo en este período. Mientras Occidente afirma que Rusia está a punto de atacar a Ucrania, los líderes ucranianos lo niegan y destacan cómo esta actitud sólo puede agravar la tensión. Al intentar devolver todo esto a los objetivos de Putin, está claro que el objetivo es evitar una mayor ampliación del cinturón de bases de la OTAN y muy probablemente llegar a un acuerdo ruso-ucraniano,  con la Francia de Macron en el papel de mediadora, saltándose todos los las otras intermediaciones, garantizando la neutralidad de Ucrania, exactamente como ocurrió con Finlandia, que permaneció neutral durante toda la Guerra Fría.

Tanto Bush padre, que pronunció un discurso sobre el tema en Kiev dirigido a los ucranianos, habló de la llamada finlandización de Ucrania, como el propio Kissinger apoyó a Kissinger durante la crisis de 2014. Estados Unidos habría asegurado, en este último mes , a Rusia a través de un mensaje secreto – y aquí estamos realmente en la guerra de las sombras – que habría garantizado durante al menos los próximos diez años que Ucrania no sería aceptada en la OTAN debido a la corrupción de su clase dominante. Las palabras de Kissinger, si se retomaran hoy, evitarían la masacre de una guerra civil, que en cualquier caso todavía se está gestando en Ucrania. Precisamente en Donbass se encuentran los mayores depósitos de carbón y las mayores industrias, que son fundamentales para Rusia. Esta tensión y la guerra civil no han hecho más que empeorar la situación económica, provocando la retirada de los principales inversores. 

Sin embargo, Rusia, a diferencia de lo que leemos en los periódicos, ya no tiene la fuerza de la Unión Soviética para comprometerse en la reconquista de Polonia y los países bálticos, y lo mismo ocurre con Ucrania, sobre todo con Ucrania. La propia ocupación de Ucrania sería una carga insoportable para Moscú, muy grave. Desde un punto de vista militar, Putin ganaría fácilmente la guerra, pero mantener el control de este territorio sería muy complejo y costoso. Ucrania tiene el tamaño de Francia y está poblada por 40 millones de personas.  Es un territorio inmenso pero carece de grandes arterias ferroviarias y viales. Ni siquiera los alemanes lograron controlar completamente la parte sureste durante la Segunda Guerra Mundial.

Hablando de sombras. Hasta ahora, Turquía ha permanecido en la sombra de los medios de comunicación, pero ha seguido con gran atención la evolución de los acontecimientos en Ucrania y Crimea. ¿Cuáles son los temores e intereses de Ankara en esta región?

Crimea estuvo bajo el Imperio Otomano hasta 1787. El Mar Negro es fundamental para Turquía, evidentemente, que nunca se ha olvidado de Crimea. Además, es miembro de la OTAN. Un miembro muy especial de la OTAN. Recordamos que cuando se produjo el golpe de Estado contra Erdogan, los aviones que partieron para bombardear su residencia de verano partieron de bases de la OTAN. En este caso quedó claro que los objetivos imperiales del líder turco no convenían a Washington, hasta el punto de que los propios Estados Unidos invirtieron miles de millones en Rumania para modernizar su flota, también en el Mar Negro. flota, siempre ha contado con pequeños buques destinados a tareas de policía marítima. La flota rumana modernizada y ampliada que hoy está presente en el Mar Negro se debe en cualquier caso al dinero estadounidense.

Entre las peticiones rusas estaba también la de retroceder la situación de ampliación de las bases a 1997 , es decir, que las tropas de la OTAN abandonaran Rumanía y Bulgaria. Naturalmente esta es la clásica pregunta que surge al pedir mil y recibir cien. Sin embargo, es interesante considerar las respuestas de Sofía y Bucarest, que rechazaron la petición rusa de abandonar la OTAN, pero dejaron claro que no tienen intención de declarar la guerra a Rusia. Croacia dijo explícitamente lo mismo. Implícitamente adoptaron la misma posición, Hungría, Francia, Italia y Alemania, que negaron apoyo bélico ofensivo al gobierno de Kiev, pero ofrecieron herramientas de protección individual, asegurando, sin embargo, una cantidad ínfima de cascos y chalecos antibalas al Ejército ucraniano.  

Alemania mantiene relaciones tradicionales  de ostpolitik  con Rusia y está interesada, como toda la Unión Europea, en  Nord Stream 2  -dejando de lado el gasoducto ruso-ucraniano, que antaño aseguraba gas para toda Europa, hoy casi en desuso-, que, sin embargo, Estados Unidos lo ha vetado, y esto, naturalmente, es perjudicial para toda Europa, no sólo para Alemania. Con esto Putin logró mostrar al mundo que los frentes de la OTAN y la UE están divididos. Macron ha dicho que enviará tropas a las Repúblicas Bálticas y a Polonia, pero no a Ucrania, y de hecho lidera el frente de aquellos países que descaradamente quieren mantener relaciones diplomáticas con Rusia. Incluso los estadounidenses, aunque parezca lo contrario, no quieren una guerra con Rusia. Los entre 2.000 y 3.000 soldados estadounidenses que llegarán a Europa del Este no irán a Ucrania, sino a Polonia y la región del Báltico. Los materiales de Washington y Londres llegarán a Ucrania y ya lo están haciendo, pero ciertamente no a coste cero para Kiev.

Hoy en día, el «frente» rusofóbico liderado por Inglaterra y Polonia junto con los Estados bálticos parece ser el «frente que apoya más activamente a Ucrania contra una futura e hipotética invasión rusa». Estos países, aparte de Inglaterra, se han dividido varias veces en los últimos siglos entre Rusia y Alemania. ¿Cuáles son hoy los objetivos reales pero no declarados en esta zona geográfica, además de los rusos?

Hay raíces históricas que no son de segundo orden. Kiev formaba parte de la Unión Polaco-Lituana establecida en 1569 con el Tratado de Lublin y hoy Varsovia sueña con una confederación que se extienda también a Estonia y Letonia. Los países bálticos se liberaron de Rusia después de 1918, y se crearon Estonia, Letonia y Lituania, para ser invadidas nuevamente por Moscú tras la firma del Tratado Ribbentrop-Molotov. Lo mismo ocurre con Polonia, que después de la guerra relámpago de Hitler en 1941 quedó dividida entre Alemania y Rusia. El temor de estos países, y de otros similares en Estocolmo y Helsinki, que parecen seriamente dispuestos a unirse a la OTAN, es comprensible, pero no está justificado en comparación con el poder de Rusia hoy.

La crisis demográfica de Rusia es desastrosa y esto se refleja en sus fuerzas armadas. Para concentrar todas estas tropas en la frontera con Ucrania, Rusia dejó el frente oriental completamente indefenso. Estos soldados proceden de Siberia y de las fronteras con Asia Central. Por el momento, por supuesto, Moscú no teme nada en la frontera oriental con China. Rusia y China , sin embargo, más allá del idilio que existió inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, son dos países que siempre han sido rivales, como siempre lo han sido Rusia e Irán. Hoy se habla de un ejercicio conjunto chino-ruso-iraní. Por lo tanto, Estados Unidos ha logrado reunir a tres enemigos centenarios.

Quizás habría sido mejor para Washington no burlarse de los rusos, sino mantenerlos como aliados para jugar contra China. Rusia es un país euroasiático , pero tiene una vocación occidental que siempre le ha sido negada. En un bello poema de Pushkin sobre  la rusofobia,  es decir, el odio que los occidentales tienen hacia Rusia, se escribe: «¿Realmente nos odiáis a nosotros, que somos los centinelas de Oriente? ¡Nosotros los que impedimos que los pueblos del Este invadan Europa! Pushkin se refería a las invasiones mongolas del siglo XIII llevadas a cabo por los herederos de Genghis Khan y a la función histórica de Rusia como bastión oriental para Europa. Dostoievski repitió lo mismo en 1863. 

Además, existe una división de intereses muy fuerte entre Europa y Estados Unidos, que se mantiene cubierta, pero que cíclicamente resurge en momentos de tensión. Basta pensar en las relaciones entre Rusia y la Francia gaullista ya en la Segunda Guerra Mundial  y en el famoso grupo de trabajo «Normandía»  en el que participaron Francia y Rusia. Este grupo de trabajo se llama así porque  la Francia libre de De Gaulle  , aunque ciertamente no era una gran potencia militar, envió el pequeño pero combativo contingente de la fuerza aérea «Normandie-Niémen» para contrarrestar a la  Luftwaffe  en el frente oriental. 

¿Qué posibilidades hay de un escenario de «balcanización» o algo similar de Ucrania, un país muy heterogéneo desde el punto de vista étnico y cultural?

Es probable que si no se llega a un acuerdo ruso-ucraniano, porque las tropas de Moscú no invadirán toda Ucrania, sino que ocuparán la parte donde luchan las milicias separatistas de Donbass, que forman parte de dos repúblicas autoproclamadas independientes de Kiev, , a quienes los residentes de Moscú les otorgaron pasaportes rusos. 

Gianmarco Serino Nacido en 1999 de padre napolitano y madre saboya en Scarnafigi, un pueblo remoto en el corazón del Piamonte, escapó del campo después de terminar la escuela secundaria y se instaló en Turín, donde estudió y obtuvo una licenciatura de tres años en Ciencias Estratégicas y Ciencias de la Seguridad. Hoy vive en Milán donde estudia Política Europea e Internacional en la Universidad Católica del Sagrado Corazón.

Por Boaventura de Sousa Santos *

Traducción de Bryan Vargas Reyes

Me hago la misma pregunta que el gran intelectual comunista portugués, Bento Jesús Caraça, se hizo en 1932 y suscribo el mismo pronóstico. Tras afirmar que, a medida que se acercaba la Primera Guerra Mundial, “los intelectuales (con excepción de Romain Rolland en Francia y, añadiría yo, Karl Kraus en Austria), en lugar de arrojar todo el peso de su prestigio en la balanza para tratar de impedir que estallara la catástrofe y poner orden en un caos de locura, utilizaron ese mismo prestigio para avivar las llamas y aumentar el desorden. Donde debían elevarse, se degradaron; para cumplir una misión noble y humana, prefirieron la traición”.

Las preguntas son: ¿ha cambiado la situación en el presente? ¿Vemos signos claros y precisos de una intención de redimir un pasado oscuro?

La respuesta de BJC es inequívoca: “La verdad es que ¡no! Hay sin duda grupos importantes de ‘hombres firmes’, de ‘hombres de buena voluntad’ que ponen lo mejor de su inteligencia y de su actividad en la lucha contra la guerra, pero desgraciadamente, la mayoría, la inmensa mayoría de los intelectuales se preparan para una nueva renuncia al espíritu. Si estalla una guerra, y nunca hemos estado tan cerca de ella, volveremos a ver surgir por todo el mundo miles de fáciles héroes de escritorio, escupiendo los mismos torrentes de mentiras que llevarán a otros al frente de la batalla… y les asegurarán estar cómodos en la retaguardia.” (Bento de Jesus Caraça, Conferências e Escritos. Lisboa, 2ª edição 1978, 216)

Diez años antes, Karl Kraus escribió en Los últimos días de la humanidad: “El humor no es más que la acusación que se lanza a sí mismo alguien que no se ha vuelto loco ante la idea de haber soportado presenciar las cosas de este tiempo en su sano juicio”. (Os Últimos Dias da Humanidade. Tradução de António Sousa Ribeiro. Lisboa, Antígona, 2023, 17-19.) Y se desahogaba: “una confesión tan completa de culpa por pertenecer a esta humanidad será bienvenida en alguna parte, y siempre será útil”.

Como Caraça, Rolland y Kraus, no me satisface que se produzca una nueva guerra mundial, ya por tercera vez. Y sin duda la última, si se trata, como es probable, de una guerra nuclear. “¡No en mi nombre!” El papel del intelectual es unirse a los ciudadanos activos por la paz, a los partidos políticos y movimientos sociales que desean realmente la paz y denuncian a las fuerzas mundiales que promueven la guerra como medio de perpetuar su poder. Pero la experiencia nos demuestra que esta lucha, para ser eficaz, debe tener una dimensión organizativa. De eso voy a hablar en este texto.

Desde hace cien años, Europa está al borde de la guerra mientras se cura las heridas de la guerra anterior. Cada vez, los motivos son diferentes, pero han tenido en común el hecho de que, aunque nacieron aquí, llevan consigo el mundo y son, por tanto, globales. Así hemos vivido entre guerras. Quizá sea poco conocido que, en cuanto terminó la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas conservadoras, especialmente los católicos y los campesinos, se preguntaban voluntariamente cuándo empezaría la nueva guerra, ahora contra Rusia. La retórica de la incipiente Guerra Fría exaltó los ánimos, y sólo se enfriaron cuando Occidente contempló pasivamente cómo los soviéticos aplastaban el levantamiento húngaro de 1956 La paz iba a durar. La paz que duró fue la que hicieron posible la Guerra Fría y las numerosas guerras calientes regionales en África, Oriente Próximo y Asia. ¿Qué hay de nuevo ahora?

Si analizamos los debates internos en EEUU antes de su intervención en las dos primeras guerras mundiales, vemos que EEUU empezó declarándose neutral; la intervención posterior a favor de los aliados fue algo reticente y contraria a la ideología del aislacionismo que había sido tan popular hasta mediados del siglo XX. Por el contrario, la tercera guerra mundial en ciernes es un proyecto estadounidense. Europa sólo es un aliado menor. ¿Por qué? En las dos primeras guerras, el imperialismo estadounidense se encontraba en una fase ascendente y las guerras se utilizaron únicamente para consolidar esta posición dominante a escala mundial. EEUU salió fortalecido de cada guerra. Basta recordar que en 1948, el PIB estadounidense era casi la mitad del PIB mundial (en 2019 era el 24%). En estos momentos, EEUU está en declive y la guerra ha sido la opción tomada desde la época del presidente Clinton para frenar el declive, porque es en el complejo militar-industrial donde EEUU tiene la superioridad más inequívoca sobre las potencias rivales. Basta pensar en la más de 800 bases militares repartidas por todo el mundo.

De hecho, EEUU ha estado en guerra permanente desde su fundación, pero las guerras nunca son las mismas, y sólo tienen en común que tienen lugar lejos de sus fronteras. Hoy es una guerra de hegemonía; si hasta hace un tiempo la opción nuclear estaba radicalmente excluida, hoy se ha convertido en uno de los escenarios posibles. La gravedad de la situación se deriva del hecho de que el declive de Estados Unidos no sólo es evidente en la política y la economía mundiales. Ahora es descaradamente visible en casa. En el país más rico del mundo, uno de cada seis niños estadounidenses no saben de dónde vendrá su próxima comida. De los jóvenes delincuentes (de entre 10 y 17 años) internados en centros de detención, el 42% son negros, a pesar de que el porcentaje de jóvenes negros en la población juvenil estadounidense es del 15%. En 2023 se produjeron 630 masacres (tiroteos masivos, en los que murieron más de 4 personas). En 2021 murieron casi 50.000 personas por armas de fuego, de las cuales más de la mitad fueron suicidios. En 2023, había 653.100 personas sin hogar, un 12% más que en 2022. Las elecciones de 2024 serán sin duda libres, pero no serán justas, dada la presencia de dinero negro (dark money) en la financiación de las campañas, y puede que ni siquiera sean pacíficas. Ante este declive multidimensional, Estados Unidos centra cada vez más energía en la guerra de hegemonía. La guerra de hegemonía es aquella cuyo objetivo es concentrar y mantener el poder en el Estado hegemónico en cuyos intereses se establece el orden internacional, un orden que es unipolar por naturaleza. La dualidad de criterios en el “orden basado en normas” (compárese Ucrania con Palestina) es la principal característica del orden hegemónico. Con el colapso de la Unión Soviética y el fin del Pacto de Varsovia (1991), la guerra de hegemonía parecía ganada para siempre. Pero como el desarrollo del capitalismo mundial es desigual y combinado, han surgido desafíos a la hegemonía estadounidense, en gran parte derivados del desarrollo de China. En 1949, la China comunista comenzó a prepararse para un siglo de fortalecimiento que devolvería a China la posición en la cúspide del sistema mundial que ocupó hasta 1830, aunque desde el siglo XVI en una cierta multipolaridad con la Europa imperial.

Como afirma Xulio Ríos en La metamorfosis del comunismo en China, Mao Zedong puso a China en pie, Deng Xiaoping la desarrolló y Xi Jinping personifica el impulso final para hacer de China un país poderoso con una posición central en el sistema mundial, que culminará en 2049(A Metamorfose do Comunismo na China, Unha historia do PCCH (1921-2012). Pontevedra, Kalandraka, 2021, 282.)

Mientras Mao dejó de lado la cultura confuciana tradicional y Deng priorizó el desarrollismo por encima del marxismo, el Xiismo busca una síntesis de las tres ideologías fundadoras con la idea de un “socialismo con peculiaridades chinas en la nueva era”. Dado que, durante la época de la globalización, China fue el socio que ayudó a disimular el declive económico de EEUU, las alarmas de la guerra hegemónica sólo empezaron a sonar en tiempos de Bill Clinton.

Pronto los neoconservadores (un grupo ideológico que va desde Hilary Clinton hasta Victoria Nuland y su marido, para quienes no hay que negociar con los rivales de la hegemonía estadounidense; hay que destruirlos) tomaron el control de la política exterior estadounidense. Los rivales tienen eslabones débiles y ahí es donde hay que atacarlos. China tiene dos: su principal aliado, Rusia, y Taiwán. La guerra de Ucrania fue desde el principio una estrategia de cambio de régimen (no en Ucrania, sino en Rusia). El objetivo era desgastar a los líderes políticos rusos (especialmente a Putin), como se hizo en los años 80, hasta que llegó un doble de Gorbachov y convirtió a Rusia en amiga de EEUU, y por tanto enemiga de China, lo que llevaría inmediatamente a China a quedar confinada en Asia. Como está claro hoy, el objetivo fracasó, Rusia se hizo más fuerte y su presencia multisecular en Eurasia se expandió aún más. El martirizado pueblo de Ucrania y los pueblos de Europa, manipulados por una guerra de propaganda sin precedentes, están pagando un alto precio por esta estrategia. Como Volodymyr Zelensky sabe poco de relaciones internacionales, no conocía la frase de Lord Palmerston con los ojos puestos en EEUU: “Las naciones no tienen amigos ni aliados permanentes; sólo tienen intereses permanentes”. Si no puede ser sustituido, Zelensky podría tener un accidente fatal en un futuro próximo.

El otro eslabón débil de China es Taiwán, y es aquí donde la guerra de hegemonía podría librarse con mayor violencia. Será una nueva Ucrania, pero en la que Estados Unidos aprenderá de los errores cometidos en Europa.

Como los amos de la historia desprecian la impertinencia de esta, no previeron la resistencia anticolonial del pueblo palestino, en este caso protagonizado por Hamás. La guerra de Israel contra Palestina es cualitativamente diferente de la guerra de Rusia contra Ucrania por tres razones principales. Por un lado, la primera es una guerra colonial de exterminio, la segunda es una guerra de contención. Por otro lado, EEUU no es un aliado de Israel. EEUU es Israel, porque el lobby pro-israelí controla tanto la política interior como la exterior de EEUU. Por último, la guerra de Israel, lejos de ser una perversión del mundo occidental, es su espejo más cruel y fiable: una civilización que desde el siglo XVI ha creado y celebrado la humanidad mientras deshumanizaba a la mayor parte de ella.

Al otro lado están los perdedores históricos del expansionismo europeo, el mundo islámico. La posibilidad de una escalada global de la guerra es cualitativamente mucho mayor en este caso. De ahí la inmediata desinversión en Ucrania. También en Oriente Medio, los neoconservadores tratarán de encontrar el eslabón débil de las alianzas chinas. Este eslabón es sin duda Irán. Probablemente será el próximo objetivo.

La resistencia contra la Tercera Guerra Mundial

La Historia es siempre contingente, por mucho que algunos factores parezcan determinarla. La tercera guerra no es inevitable. Las fuerzas de la resistencia y de la paz no están en Europa, el continente más violento del mundo. Es cierto que en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial surgió en Europa un poderoso movimiento pacifista, cuya mayor (y última) manifestación fueron las protestas contra la guerra de Irak en 2003. Este movimiento fue especialmente fuerte en Alemania, que, sin embargo, desde la guerra de Ucrania ha vuelto a sus peligrosos impulsos belicistas. La resistencia está en el Sur global.

En este texto, por Norte Global se entiende la Europa de los antiguos proyectos imperiales (sin Rusia), así como Japón y las antiguas colonias donde dominaban el racismo y el nacionalismo blanco (EE.UU., Canadá, Nueva Zelanda y Australia); el Sur Global, por su parte, son todas las demás antiguas colonias europeas y los países que, aunque no eran colonias europeas, estaban dominados por Europa (como China tras las Guerras del Opio).

Es posible que esta denominación sea transitoria y no dure mucho, ya que es subsidiaria de la fase más reciente de la globalización colonial- capitalista que, como sabemos, ha ido perdiendo terreno. El otro problema de esta denominación y de la dicotomía que conlleva es que homogeneiza las diferentes realidades sociohistóricas incluidas en cada uno de los polos de la dicotomía. Un análisis histórico no eurocéntrico mostrará la gran heterogeneidad tanto del Norte global como del Sur global. Basta con tener en cuenta que el Norte global incluye las potencias coloniales europeas y algunas de sus antiguas colonias. Por otra parte, dentro de Europa siempre ha habido asimetrías propias del colonialismo interno, de la Europa del Norte en relación con la Europa del Sur, de la Europa Central en relación con la Europa del Este, de las ciudades italianas y sus plantaciones en Chipre con mano de obra esclava eslava (eslavos que Hitler, siglos más tarde, llamaría Untermenschen, subhumanos), por no hablar de los Balcanes, cuya pertenencia a Europa se ha cuestionado repetidamente.

La misma (o mayor) diversidad puede observarse en lo que hoy es el Sur global. Las temporalidades, las lógicas de intervención e interacción y las economías políticas del extractivismo colonial en el Atlántico Norte, el Atlántico Sur, el Océano Índico y el Mar de China eran muy diferentes, por no mencionar el hecho de que incluían países que no estaban sometidos al colonialismo europeo. Hoy no tenemos la “inocencia” inaugural de principios del siglo XX en Europa, cuando todos los avances de la sociedad industrial y las comunicaciones se consideraban factores de homogeneidad.

Por supuesto, la homogeneización y la convergencia se han producido y siguen produciéndose, pero, contradictoriamente, también han surgido diferencias, desencuentros, reinvenciones de pasados distintos y vocaciones éticas y políticas divergentes. Por tanto, las dicotomías deben utilizarse con la máxima cautela y su utilidad es siempre provisional y limitada.

Con todas estas salvedades, el Sur global cuenta hoy con un actor privilegiado, China, y con una densa red de cooperaciones regionales y temáticas, entre ellas los BRICS+. (El acrónimo designa a los países que originalmente fundaron la organización (Brasil, Rusia, Indica, China y África del Sur) más los países candidatos a entrar en la organización.) ¿Es China comunista? ¿Es China imperialista? ¿En qué dirección llevará China al Sur global como actor privilegiado? Todas estas cuestiones son objeto de debate. China está gobernada por un Partido Comunista muy centralizado con unos noventa millones de militantes; en términos económicos, es hoy una economía mixta: una base capitalista –la gran mayoría de las empresas (61,2%) y del empleo (82,1%) (Números de 2018. Ver Li, Z., & Kotz, D. M. (2021). Is China Imperialist? Economy, State, and Insertion in the Global System. Review of Radical Political Economics, 53(4), 600-610. https://doi.org/10.1177/04866134211018868) pertenecen al sector privado y se rigen por las reglas del mercado– con una parte excepcionalmente grande de empresas estatales y un papel excepcionalmente grande y activo del Estado en la dirección de la economía y en el control financiero. Esta estructura, combinada con las relaciones exteriores de China (contratos de beneficio mutuo), parece indicar un patrón de comportamiento que no coincide con el patrón imperialista (dominación y extracción mediante contratos desiguales, tutela militar o violencia). Independientemente de esta valoración, lo que hay que subrayar es que China opera en conjunción con muchos otros países con un desarrollo intermedio y una fuerte conciencia de su soberanía. La organización BRICS+ es hoy la forma organizativa más densa y operativa del Sur global.

Como no se trata de una nueva edición del Movimiento de Países No Alineados, que buscaba modelos de desarrollo que no fueran ni capitalistas occidentales ni socialistas soviéticos, debemos preguntarnos cuál es el principio rector del Sur Global y hasta qué punto puede ser un hecho de paz y de prevención de la tercera guerra mundial.

En mi opinión, el Sur Global aspira a una alternativa quizá más radical que la alternativa entre capitalismo y socialismo. Se trata de la posibilidad de un capitalismo sin colonialismo. La idea de León Trotsky de que el desarrollo global del capitalismo es desigual y combinado se basa precisamente en las variaciones de la combinación de capitalismo y colonialismo en las distintas regiones del mundo. He argumentado que desde el siglo XVI, la dominación moderna ha consistido en una tríada: capitalismo, colonialismo y patriarcado. También he argumentado que las tres formas de dominación actúan en permanente articulación y que ninguna de ellas es sostenible sin las otras. En otras palabras, no puedo imaginar una sociedad capitalista que no sea colonialista y patriarcal. El colonialismo histórico (ocupación territorial por un país extranjero) aún no ha terminado, como nos muestra el horror cotidiano del genocidio del pueblo de Gaza, y no debemos olvidar el colonialismo al que está sometido el pueblo saharaui. Pero hoy en día el colonialismo continúa bajo muchas otras formas, como el racismo, el saqueo de los recursos naturales, la tala de bosques y el envenenamiento de los ríos, el acaparamiento de tierras, el desplazamiento forzoso de poblaciones, el creciente número de refugiados
medioambientales, el encarcelamiento masivo de personas negras en algunos países, los contratos desiguales, las fronteras con alambradas y fortalezas de hormigón, etc.

La razón de la permanencia del colonialismo y del patriarcado es que el capitalismo no puede sostenerse sin una fracción mayor o menor de mano de obra sobreexplotada o no remunerada, o simplemente desechable.

El colonialismo y el patriarcado, al generar poblaciones racializadas o sexualizadas, son las dominaciones que hacen posible esta sobreexplotación y robo de mano de obra. Y es en el Sur global donde prevalecen con mayor intensidad.

El Sur global es hoy una vasta y compleja red de prácticas e ideologías que exigen el fin de la dualidad entre el capitalismo aparentemente civilizado de las metrópolis del Norte y el capitalismo bárbaro de las colonias y neocolonias. En otras palabras, un capitalismo sin colonialismo a escala mundial. Sospecho que si triunfan, lo que surgirá de su victoria no será el capitalismo tal y como lo conocemos, sino algo diferente que, por ahora, podemos llamar postcapitalismo. La versión bélica del imperialismo neoconservador estadounidense representa un esfuerzo desesperado por impedir ese éxito. Sin embargo, el poder económico que ahora ostenta el Sur global (la gran diferencia con el Movimiento de Países No Alineados) podría obligar a EEUU y a sus aliados del Norte global a negociar. Los BRICS+ representan ahora más del 30% del PIB mundial. La negociación es la única forma de evitar la Tercera Guerra Mundial. Ahí reside nuestra esperanza.

¿Salvará la negociación al mundo?

A principios de 2024, el mundo se enfrenta a cuatro problemas fundamentales: la guerra global, la desigualdad social, el colapso ecológico, el futuro de la ONU y la falta de alternativas creíbles. Veamos cómo los BRICS+ pueden contribuir a resolver estos problemas.

La paz. A lo largo de este texto he intentado demostrar que la única posibilidad de detener la inminente tercera guerra mundial reside en la capacidad de los BRICS+ para obligar al imperialismo estadounidense a negociar. Por supuesto, además de los BRICS+, existen otras organizaciones, como la Organización de Cooperación de Shanghai (Shanghai Cooperation Organisation), que pueden contribuir al mismo objetivo. Sin embargo, creo que los BRICS+ son la organización con mayor diversidad política y cultural y, por tanto, la mejor situada para movilizar a sus poblaciones contra la guerra. La dificultad estriba en que el continente donde estas condiciones se dan con mayor claridad, América Latina, es el continente más dependiente de EEUU y, por tanto, donde la fuerza desestabilizadora de las organizaciones públicas y privadas al servicio del imperialismo se ejercerá con mayor eficacia sobre los gobiernos medianamente transformadores.

Basta recordar lo que está ocurriendo en Argentina (por culpa propia y ajena) o la negativa del Presidente Gabriel Boric a cumplir con las demandas populares tan ejemplarmente expresadas en el movimiento que llevó a la primera Asamblea Constituyente de Chile (2020-2022). Brasil está bajo constante observación imperial y el presidente Lula da Silva se enfrenta a un Congreso hostil formado, en palabras de Roberto Amaral, por hombres blancos en su mayoría ricos, cuando el 55% de la población se declara morena o negra, cuando el 51% de la población está formada por mujeres que ocupan sólo el 8% de los escaños en la Cámara de Diputados y cuando el 37% de la población pasa hambre. Puede que el petróleo de los países de Oriente Medio que pretenden unirse a los BRICS+ sea más eficaz para presionar las negociaciones, lo que será bueno para la paz, pero malo para todos los demás problemas.

Desigualdad social. Los BRICS+ incluyen a los países con mayor desigualdad social (de nuevo Brasil, con una de las mayores concentraciones de renta del mundo). Sostengo en este texto que la combinación de capitalismo y colonialismo es en parte responsable de las condiciones nacionales e internacionales que impiden una distribución más equilibrada de la riqueza tanto a nivel nacional como internacional. Las organizaciones internacionales son el fiel espejo de este dúo capitalismo- colonialismo, ya sea la ONU –y sus diversas entidades, desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, o la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados–, el Banco Mundial, el FMI o la OMC.

En la medida en que los BRICS+ luchen con éxito por refundar estas organizaciones o sustituirlas por otras, es posible que se creen las condiciones para una distribución más equilibrada de la riqueza. Hasta dónde pueda llegar este equilibrio depende de cuál sea esta nueva formación postcapitalista. Como hasta ahora no ha habido capitalismo sin colonialismo, nadie puede garantizar que esto sea posible. Ni al revés.

Colapso ecológico. Este es sin duda el gran problema y desafío de nuestro tiempo, y también el único problema político verdaderamente nuevo. Podría incluso afirmarse que el terror que suscita la posibilidad de una guerra nuclear no tiene nada que ver con el que podría provocar un calentamiento global de 2°C por encima de los niveles preindustriales. La frustrante experiencia internacional de los últimos veinte años a la hora de evitar que esto ocurra augura lo peor. He abogado por un replanteamiento radical de los conceptos de progreso, desarrollo, naturaleza y derechos humanos para hacer frente a este desafío. Al igual que el gran ecologista Giuseppe di Marzo, sostengo que la liberación del ser humano no es posible sin la liberación de la madre tierra, a la que la cultura occidental llama erróneamente naturaleza (Ver Ecologia Integrale. Roma, Castelvecchi, 2021). Y como sólo se puede pensar en lo nuevo a partir de lo viejo, vengo proponiendo la idea de los derechos de la naturaleza como parte integrante de una futura declaración (verdaderamente) universal de los derechos humanos, puesto que la distinción entre vida humana y vida no humana ya no tiene ningún sentido a efectos de preservar la vida en el planeta Tierra. (Ver Law and the Epistemologies of the South. Cambridge University Press 2023, 622-676.)

Lo hago en la retaguardia de la antigua filosofía de los pueblos indígenas y campesinos y de los movimientos ecologistas orientados en torno a la idea de una ecología integral. No hay justicia social sin justicia natural. Nuestro cuerpo es la miniatura más fiel de la Madre Tierra. Por eso no podemos pretender una vida sana en un planeta enfermo, como nos ha recordado recientemente el Papa Francisco.

En vista de ello, y a juzgar por las posiciones de algunos países BRICS+ en las conferencias medioambientales de la ONU, sospecho que los BRICS+ serán más parte del problema que de la solución. El único líder político de relevancia internacional que es profundamente consciente de los retos a los que nos enfrentamos en este ámbito es el presidente de Colombia, Gustavo Petro, un país que no pertenece a los BRICS+.

El futuro de la ONU. Al igual que su predecesora, la Sociedad de Naciones, fundada en 1920, la ONU nació al final de una guerra mundial con el objetivo de evitar que se produjera otra. Al igual que la Sociedad de Naciones, la ONU se creó para consolidar la victoria aliada. Sin embargo, mientras que en la época de la Sociedad de Naciones el aislacionismo aún dominaba el Congreso estadounidense, lo que hizo que EEUU no se adhiriera a la organización, en el caso de la ONU los EEUU fueron su promotor fundamental, el principal financiador, e incluso ofreció Nueva York como sede. Las huellas de la guerra estaban claramente presentes en la estructura institucional de ambas organizaciones (al igual que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, en el caso de la Sociedad de Naciones los miembros del Consejo Ejecutivo eran Inglaterra, Francia, Italia y Japón). La Sociedad de Naciones tuvo que ocuparse de la protección de las minorías ante los innumerables desplazamientos de población que se produjeron al término de la Primera Guerra Mundial, tanto en Europa Oriental como en los Balcanes. El fracaso de la Liga se acentuó a medida que se ponía de manifiesto su incapacidad para prevenir o resolver conflictos entre Estados, en particular la invasión de Manchuria por Japón en 1933 y la de Etiopía por Italia en 1935. Debilitada desde el principio por la ausencia de Estados Unidos, la Sociedad de Naciones se fue disminuyendo gradualmente con la marcha de Alemania en 1933 y de Japón e Italia en los años siguientes. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones se convirtió en una formalidad intrascendente.

En el caso de la ONU, su debilitamiento se remonta a mucho tiempo atrás y por razones similares a las que llevaron al fracaso de la Sociedad de Naciones, aunque los actores y los problemas sean ahora diferentes.

¿Sobrevivirá la ONU al primer genocidio de un pueblo (el palestino) retransmitido en directo por televisión a todo el mundo? Las huellas de la Segunda Guerra Mundial están muy presentes en la actual estructura institucional de la ONU y su inadecuación a las realidades actuales es cada vez más evidente. En el caso de la Liga, los países más fuertes respondieron a las frustraciones marchándose. En el caso de la ONU, los BRICS+ son un hecho nuevo y potencialmente influyente por las razones que he mencionado anteriormente.

Si se convierten en un actor colectivo coherente, los BRICS+ tienen poder e influencia suficientes para seguir una de estas dos estrategias: o bien crear instituciones multilaterales que vacíen de contenido la intervención de la ONU y fuercen la opción del multipolarismo, o bien promover una reforma muy profunda de la ONU que implique a toda la organización en su conjunto (Tratado Fundacional, Declaración Universal de los Derechos Humanos, etc.), a sus agencias regionales y temáticas, a su sede y a su financiación. Estados Unidos boicoteará por todos los medios cualquiera de estas soluciones. Que tengan éxito o no depende de muchos factores, sobre todo de la resolución de la guerra civil interna que actualmente domina de forma latente la vida política estadounidense.

Alternativas creíbles

Durante los últimos cien años, las luchas contra la desigualdad, la injusticia y la discriminación han sido de dos tipos principales: las luchas entre la izquierda y la derecha y las luchas por la liberación/autodeterminación de las colonias europeas. No siempre se distinguieron claramente, ya que a veces las luchas por la autodeterminación anticolonial también se etiquetaron como luchas entre izquierda y derecha, como en el caso de Argelia, por ejemplo.

En el caso de las democracias liberales, las luchas entre izquierda y derecha comenzaron siendo luchas entre proyectos de sociedad y de economía política (capitalismo frente a socialismo o comunismo); pero después de la Segunda Guerra Mundial se convirtieron en luchas entre diferentes concepciones del capitalismo (capitalismo liberal, capitalismo socialdemócrata según la teoría de la regulación y de la democracia (democracia liberal, democracia social, democracia representativa, democracia participativa, democracia popular). En los últimos diez años, con el resurgimiento político de la extrema derecha y el fascismo, la dicotomía entre izquierda y derecha ha pasado a designar la lucha entre democracia y dictadura o democracia “mutilada”. Las luchas anticoloniales comenzaron con la independencia política de las colonias y luego pasaron a incluir luchas antirracistas y antipatriarcales. Hoy en día, especialmente tras el surgimiento de los BRICS+, parecen tener como objetivo una segunda independencia, la independencia económica o el capitalismo sin colonialismo, como he mencionado anteriormente.

En este momento vivimos un estado de bifurcación en la vida de las luchas sociales por una sociedad más justa y ninguno de los tipos de lucha que identifiqué anteriormente proporciona una orientación política adecuada. La bifurcación es entre mantener la distinción entre humanidad y naturaleza o una nueva epistemología y una nueva política que parta de la simbiosis entre humanidad y naturaleza. En el primer caso, ni las luchas entre izquierda y derecha, ni las luchas anticoloniales o antipatriarcales ofrecen alternativas creíbles. La razón fundamental es que dirigen luchas fragmentadas contra la dominación moderna, luchas a veces economicistas contra el capitalismo, a veces culturalistas e identitarias contra el racismo y el sexismo. El neoliberalismo, en sus múltiples dimensiones político- económicas, sociopsicológicas, culturales y religiosas, es una fábrica incesante de no-alternativas y de falsas alternativas. En el segundo caso, la simbiosis de la vida humana y no humana (el fin de la dicotomía entre humanidad y naturaleza) requiere una refundación tanto de las categorías de izquierda y derecha, como de las categorías de autodeterminación y liberación.

Conclusión

La respuesta a la pregunta de si negociar con el imperialismo estadounidense salvará al mundo es que no. En el mejor de los casos, podría aplazar su destrucción. Sin embargo, esa negociación es esencial para ganar tiempo, para permitir el surgimiento y la consolidación de fuerzas políticas orientadas en torno a la idea de una refundación epistémico-política que nos permita escuchar a la Madre Tierra y curar sus heridas, que son, al fin y al cabo, nuestras heridas.

* Sociólogo. Profesor catedrático jubilado de la Facultad de Economía de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.

Fuente Cuadernos de Bitacora