Por Eduardo Vior Analista Internacional Publicado en el Sitio Web: Tektonikos

Con un clima de pesimismo dentro de la OTAN, la Conferencia de Seguridad de Múnich se limitó a trazar fronteras.

Dos ausentes fueron los protagonistas principales del máximo cónclave anual sobre temas de Defensa: Donald Trump y Vladímir Putin. Ambos en campaña electoral, el primero se hizo representar por algunos de sus mejores cuadros. El segundo, en tanto, dejó de ser invitado desde que en 2007 advirtió ante este mismo foro contra la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, casi todos los disertantes se refirieron explícita o implícitamente a alguno de los dos o a ambos, más preocupados por fijar los límites del encuentro que por alumbrar caminos.

La 60ª Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC, por su nombre en inglés) se realizó —como siempre— en el Hotel Bayerischer Hof a mediados de febrero y centró su foco en Ucrania y en Oriente Próximo, así como en las amenazas a la ciberseguridad que perciben los aliados. 

Con más de 900 participantes, unos 50 Jefes de Estado y de gobierno, más de 100 ministros y representantes de organizaciones no gubernamentales y empresas, la MSC es una de las más importantes reuniones internacionales de política de defensa y seguridad. El evento se realizó por primera vez en 1963 como “Conferencia sobre la Ciencia de la Defensa”, cuando reunió a unas pocas decenas de civiles y militares. Con el paso de los años, el círculo se fue ampliando y, aunque muchos generales siguen frecuentando el hotel de Múnich, también asisten directores ejecutivos, activistas de derechos humanos, ecologistas y otros líderes de todo el mundo. 

Además de actos públicos como paneles y rondas de debate, la MSC es sobre todo un evento diplomático de citas rápidas entre homólogos y profesionales de la política de seguridad. Es el lugar ideal para comprar y vender armamento en los pasillos o en el bar del hotel.

Con el lema “¿Perder-Perder?” (“Lose-lose?”) que presidió la MSC 2024, los autores del informe con el mismo título llamaron la atención hacia la cada vez más ruinosa competencia entre los aliados. Ante el aumento de las tensiones y la incertidumbre económica, muchos gobiernos ponen más esfuerzos en defender las posiciones internacionales adquiridas que en incrementar la cooperación con sus socios. Este enfoque, advierten los autores, conduce a una espiral descendente que socava el orden internacional. 

En la inauguración de la Conferencia de Seguridad, el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió sobre una arquitectura de seguridad cada vez más inestable en la comunidad mundial. Por su parte, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se mostró algo más confiado, ya que –según él– no existe ninguna amenaza militar inmediata de Rusia contra un miembro de la Alianza Atlántica. 

Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, denunció el “expansionismo” ruso y anunció que desarrollaría nuevos enfoques para la industria de defensa. En plena campaña para su confirmación como jefa de la CE (brazo ejecutivo de la Unión Europea) después de la elección parlamentaria del próximo junio, la médica alemana no cesa de batir parches de guerra, para apoyar a los partidos conservadores y demócrata cristianos.

Otra oradora durante el primer día de sesiones fue la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, quien aprovechó para posicionarse contra Donald Trump sin nombrarlo. Según ella, en su propio interés y beneficio, EE.UU. debe continuar siendo el líder del mundo. El presidente Joe Biden, y ella están firmemente comprometidos, manifestó, con la defensa de los valores democráticos donde se vean amenazados. En referencia a las elecciones estadounidenses de noviembre próximo, denunció Harrris —sin nombrar a Trump— que hay voces que querrían aislar a EE.UU. y alejarlos de sus aliados. 

Antes de la conferencia, los organizadores publicaron, como todos los años, el Índice de Seguridad de Múnich, que evalúa la percepción de seguridad de los ciudadanos europeos y norteamericanos. El estudio transnacional registró un aumento generalizado de la preocupación por las amenazas medioambientales, las migraciones masivas, el terrorismo islámico y la delincuencia organizada. En cambio, ha disminuido la percepción de riesgo por la guerra de Ucrania.

Consecuentemente, a diferencia de 2023, cuando el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyi fue recibido en Múnich como el líder de un ejército victorioso, este año lo rodeó una nube de pesimismo. Claro que el cómico presidente estilizó dramáticamente su pedido de más ayuda, pero sus oyentes lo escucharon convencidos de que, si EE.UU. retacea el apoyo a Ucrania, Europa no podrá remplazarlos y Kiev deberá rendirse ante Moscú.

Junto a Ucrania, otro gran tema de la conferencia fue la guerra en Gaza. Si bien los organizadores pudieron juntar en un debate al presidente israelí Izchak Herzog con el jefe de gobierno del país mediador Catar, Mohammed al-Thani, y el presidente de la conferencia, Christoph Heusgen, saludó la coincidencia como un “rayo de esperanza”, no hubo avances concretos hacia un alto el fuego. 

El temor por la vulnerabilidad de las redes informáticas de los países occidentales recorrió todas las reuniones y paneles de la MSC. En un artículo de opinión publicado en el portal norteamericano Politico, Benedikt Franke, vicepresidente de la Conferencia, tituló que “Es hora de blindar las políticas tecnológicas europeas”. 

Ciberseguridad

A su vez, según un informe de Statista publicado poco antes del encuentro, los ciudadanos de las principales economías occidentales tienen más temor que hace un año por la seguridad nacional de sus países. En esta línea, de acuerdo con el Informe de Seguridad de Múnich 2024, los ciudadanos y empresas de naciones del G7 perciben los ciberataques como el segundo mayor riesgo después de los fenómenos meteorológicos extremos. Sin embargo, nadie espera que la situación mejore pronto, porque se trata de riesgos sistémicos que perdurarán por años, según declaró a Euractiv el investigador alemán en Geopolítica Valentin Weber.

Jörn Müller-Quade, del Instituto de Tecnología de Karlsruhe (KIT, por su nombre en alemán), advirtió que los resultados del informe también deben considerarse a la luz de la cobertura informativa que influye mucho, dijo, en la percepción pública sobre riesgos para la seguridad. 

Hace casi tres años, en marzo de 2021, todos los miembros de la ONU acordaron cumplir once normas cibernéticas, incluidas las relativas a la protección de infraestructuras críticas y a no permitir que sus territorios sean utilizados por ciberdelincuentes. No obstante, desde entonces el ecosistema del ransomware de raíz rusa se ha vuelto cada vez más rentable y dañino, dicen los expertos occidentales, y el gobierno chino ha sido acusado de “cibersabotaje sistemático”, habiendo sido culpado por una campaña de piratería informática para interrumpir el suministro de agua a la población civil.

Un conflicto entre Rusia y otros Estados de Europa “no empezaría necesariamente en el terreno militar”, advirtió en Múnich el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, Durante una mesa redonda sobre la defensa europea, en la que intervino junto a Ursula von der Leyen y al primer ministro neerlandés y probable remplazante de Stoltenberg en la OTAN, Mark Rutte, Støre advirtió que las democracias ya están “siendo puestas a prueba con noticias falsas, teorías conspirativas y ciberataques.” “En caso de conflicto no empezará necesariamente en el terreno militar, sino diluyendo nuestras democracias”, declaró el primer ministro en el panel.

Durante su participación en esa discusión, aunque no mencionó la propuesta del presidente del Consejo Europeo Charles Michel, de crear “una fuerza cibernética europea equipada con capacidades ofensivas”, Von der Leyen llamó a los europeos a desarrollar su industria de defensa y anunció que la Comisión publicará en marzo una nueva estrategia industrial de defensa.

Balance pobre

Este año la Conferencia de Seguridad de Múnich dejó un balance pobre: la mayoría de los documentos y oradores se concentraron en denunciar amenazas reales o probables y en trazar y retrazar fronteras hacia el Este. El esfuerzo por diferenciarse fue mucho mayor que la energía puesta en definir objetivos, perspectivas y visiones comunes. Por ello fue tan patente la defensa que todos hicieron de su pequeña parcela. 

Mientras los países occidentales no superen la política de la cancelación hacia quienes piensan o actúan diferente, estarán encerrados en la dinámica de “perder-perder”: cuanto más rígidas sean las fronteras ideológicas, menor será el espacio que quedará a quienes viven en su interior. La competencia entre las naciones occidentales por recursos cada vez más escasos aumentará y las ganancias de un aliado serán las pérdidas del otro.

Del otro lado del planeta, en cambio, BRICS10 está animado por la lógica contraria: “win-win” (ganar-ganar). La apertura y comprensión mutua entre culturas, sistemas e ideologías diferentes, para resolver juntos los problemas actuales de la humanidad expande las fronteras y las dimensiones de la colaboración, aumenta el producto y los servicios disponibles y hace posible que todos ganen. Claro, es el proyecto de un mundo sin fronteras en el que la seguridad es mutua y recíproca. Por eso sus reuniones infunden tanto optimismo.

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