Por Omar Ruiz (*)

En este año 2022 que comienza, se cumplen 40 años de la Guerra de Malvinas y este 3 de enero, 189 años de la usurpación y ocupación ilegal de nuestra querida perla austral. Estas dos fechas significan para todos los argentin@s un homenaje a nuestros héroes, a los que dieron su vida, a los ex combatientes y veteranos de guerra que lucharon defendiendo nuestro territorio y que día a día difunden la “Causa Malvinas”. Para fortalecer nuestra estrategia de recuperación debemos, además de seguir insistiendo en el diálogo con el Reino Unido para que asuman su obligación de negociar y reconocer nuestra soberanía sobre Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y espacios marítimos e insulares correspondientes, sostener y profundizar el enfoque geopolítico de los  gobiernos presididos por Néstor Kirchner y Cristina Fernández; y que el presidente Alberto Fernández con las gestiones del ex Secretario, Daniel Filmus y su sucesor, el actual Secretario de Malvinas, Guillermo Carmona, ratificó colocando a nuestras Islas en el marco de la importancia geoestratégica y geoeconómica que representan el Atlántico Sur y Antártida.

La Argentina bicontinental y oceánica se encuentra, en un escenario caracterizado por un proceso de transición de la hegemonía económica y comercial de EE.UU. hacia China, manteniendo el primero su liderazgo militar y compartiéndolo en materia nuclear con Rusia. A este contexto debemos agregar la construcción de un mundo multipolar, la crisis del multilateralismo, el fortalecimiento del nacionalismo expresado en potencias regionales revisionistas como Turquía e Irán, el protagonismo geoeconómico y militar de la Unión Europea, Australia, India, Japón y Corea del Sur, entre otros, y la creciente importancia de los océanos en la geopolítica internacional.

La geopolítica como proyección del poder en el territorio para defender el espacio vital y los intereses nacionales está de regreso, agregando a sus elementos tradicionales (aire, mar y tierra), los aportados por la geopolítica crítica, como los espacios no geográficos (ciberespacio, electromagnético, nanoespacio, espacio ultraterrestre, espacio submarino), y la presencia de nuevos actores no estatales (gigantes de internet).

En un poco más de tres décadas el mundo tendrá un tercio más de habitantes, la mayoría se concentrará en Asia, con lo cual se incrementará el consumo de agua dulce y se encarecerá el precio de la misma, habrá más demanda de alimentos, disminución de suelo cultivable y aumentará la demanda de energía. Argentina, país bicontinental y oceánico, debe tener una mirada profunda no sólo de Malvinas, sino también del Atlántico Sur y de la Antártida, por lo que representan para el desarrollo del país.

Nuestro país debe prestar especial atención a esta vasta zona por su valor geoeconómico representado por los recursos naturales: pesqueros, (calamar, langostino y merluza en uno de los mayores caladeros del mundo), minerales (magnesio, cobre, níquel y cobalto fusionados en nódulos polimetálicos), minerales críticos y tierras raras (litio, titanio, diamantes, oro, coltan) de uso para la industria de baterías, (celulares y automóviles), misilística y aeroespacial, junto a la mayor reserva de agua potable del mundo en la Antártida, hidrocarburos (gas y petróleo) y las rutas comerciales por donde se traslada parte del petróleo que va de medio oriente a Europa y de las importaciones de EE.UU.

Desde el punto de vista geoestratégico, Malvinas le permite al Reino Unido proyectar su poder hacia tres continentes, América del Sur, África y Antártida y hacia cuatro océanos, Atlántico, Antártico, Índico y Pacífico. El eje Londres, Peñón de Gibraltar, Islas Ascensión, Santa Helena, Tristán de Acuña, Malvinas, Georgias del Sur, demás islas y Territorio Antártico Británico es la hoja de ruta de la fuerza naval británica, permitiéndole controlar el mar, costas y espacio aéreo del Atlántico Sur, que junto a la base aérea de Monte Agradable en Malvinas forman parte del dispositivo de la OTAN, ya que si bien el R.U. se alejó de la Unión Europea a través del “BREXIT” no lo hizo de esta organización. La OTAN se está conformando globalmente y el Reino Unido hoy “Global Britain”, con su comando naval en el Atlántico Sur significa una amenaza para la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS integrada por 24 países de Suramérica y Africa). En la disputa entre China y AUKUS (EE.UU., RU y Australia), esta alianza militar puede desde la base de Monte Agradable, vía el océano Indico, donde se encuentra la isla de Diego García (Archipiélago de Chagos), conectar un puente militar para acercarse a la “nueva franja y ruta de la seda”.

Al igual que en EE.UU. el complejo militar industrial inglés influye en la política exterior y de defensa, en este caso utilizando el Atlántico Sur para su militarización, a modo de ejemplos tenemos, las apariciones a partir del año 2003 del submarino nuclear “Vanguard” en el Atlántico Sur con capacidad para transportar armamento radioactivo, el destructor de última generación “Dauntless” de tipo 45, los aviones de quinta generación “Eurofighter Typhoon II” con radio de acción hasta el sur de la provincia de Buenos Aires y toda la Patagonia, y los ejercicios militares con misiles “Rapier”. Además, la presencia del Submarino a propulsión nuclear “Greeneville” de EE.UU. que hace unos meses y de “casualidad” se encontró con una nave de la flota del RU en el Atlántico Sur, tiene implicancias y riesgos para el medio ambiente. El anuncio en 2020 del primer ministro Boris Johnson en la cámara de los comunes de incrementar un 40 % el arsenal nuclear del RU, la reciente creación de un comando espacial, la modernización de los complejos militares ubicados en Santa Elena y Tristán de Cunha, el proyecto de un puerto de aguas profundas en Malvinas, y la construcción de un muelle logístico en las Islas Georgias del Sur conforman un cuadro más que preocupante para la paz y la seguridad en el Atlántico Sur.

Junto a Argentina hay otros actores con intereses en el Atlántico Sur y Antártida, además del Reino Unido, Brasil, Uruguay, Rusia, China, EE.UU., Sudáfrica, Nigeria y Angola; para EE.UU. el comando sur le asigna a esta región importancia desde el punto de vista de su seguridad; Brasil, despliega su estrategia de defensa alrededor del Amazonas; y para nuestro país, se agrega la importancia de los hielos continentales, acuífero guaraní y especial atención a los tres pasos al Pacífico (Mar de Hoces y estrechos de Magallanes y Beagle).

Para recuperar, defender y consolidar nuestra soberanía e intereses vitales en Malvinas, Atlántico Sur y Antártida, resulta fundamental que Argentina decida incrementar sus capacidades nacionales y militares, su presencia y control en el Atlántico Sur con la definitiva concreción de la base naval Ushuaia y el polo logístico, la obstaculización y penalización de las actividades económicas ilegales en nuestros mares por parte del gobierno ilegítimo de las Islas y el ofrecimiento de acciones humanitarias a su población.

(*) Legislador Provincial mc, abogado, Magister en RRII, Diplomatura en Defensa.

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