REDACCION: Publicamos dos trabajos sobre uno de los mas grandes pensadores de la Generacion del 900: MANUEL UGARTE, «un pensador maldito de la Patria Grande» para las oligaquias latinoamericanas y el Imperio del Norte Uno de Mara Espasande: DE UGARTE A PERÓN: EL SUEÑO DE LA UNIDAD CONTINENTAL y otro de  Daniel D’Ambra y Mara Espasande: Manuel Ugarte, pensador “maldito” de la Patria Grande y hacemos una referencia de uno de los intelectuales mas importantes que tiene la Argentina el Dr. Miguel A. Barrios, miembro de este tanque de Ideas «Dossier Geopolitico», publico un importante trabajo titulado: «El latinoamericanismo en el pensamiento de Manuel Ugarte» editorial Biblos Dic 2007. Carlos Pereyra Mele Director de Dossier Geopolitico

DE UGARTE A PERÓN: EL SUEÑO DE LA UNIDAD CONTINENTAL

A partir del encuentro que mantuvieron Manuel Ugarte y Juan Domingo Perón en 1946, la autora repasa los rasgos generales de la utopía ugarteana, devenida en política de Estado por el presidente argentino. Por Mara Espasande

En el año 1946 Manuel Ugarte, con 71 años, se encontró por primera vez con Juan Domingo Perón. Fue Ernesto Palacios quien, el 31 de mayo de aquel año, lo acompañó a la Casa Rosada. Luego del 17 de octubre de 1945, Ugarte había expresado en diversos medios periodísticos su entusiasmo por la nueva fuerza política que emergía en el país semicolonial. En declaraciones al periódico Democracia sostuvo: “…creo que ha empezado para nuestro país un gran despertar (…) democracia como la que ha traído Perón, nunca vimos en nuestra tierra. Con él estamos los demócratas que no tenemos tendencia a preservar a los grandes capitalistas y a los restos de la oligarquía…” (Galasso, 1974, T.II: 273). Rememorando el histórico encuentro declaró: “Manifestó que me conocía en términos que colmaron la inevitable vanidad del escritor…” (Galasso, 1974, T.II: 274). Luego de una larga charla donde debatieron de economía, geopolítica, de la necesidad del desarrollo industrial y los medios para lograrlo, Perón decidió nombrarlo Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante la República de México. Llegaba el reconocimiento a toda una vida dedicada a la prédica y la lucha por la unidad latinoamericana.

Pero, ¿qué tendrían en común aquellos hombres? Uno, pensador de la denominada Generación del 900 que había irrumpido con posicionamientos antiimperialistas y latinoamericanistas en pleno auge de los Estados oligárquicos; predicador de la unidad regional, precursor del socialismo nacional, deudo de Jean Jaurès, antiguo compañero del Partido de Alfredo Palacios y Juan B. Justo. Hombre de la bohemia –aunque al decir de Norberto Galasso una bohemia particular, sin hambre ni tuberculosos-. El otro, un militar que ingresó a la vida política participando del gobierno que puso fin a la década infame, un gobierno heterogéneo que le había permitido hacerse cargo del olvidado Departamento Nacional del Trabajo desde el cual convocó a los representantes sindicales proclamado mediante decretos-leyes los derechos por los cuales los trabajadores y las trabajadoras venían luchando hacía más de medio siglo.

Manuel Ugarte jura como embajador argentino en México ante el presidente Juan Domingo Perón (1946). Fuente Archivo General de la Nación (Argentina), Departamento de documentos de Cine, Audio y Vídeo.

Perón reconoció en Ugarte a un hombre con trayectoria intachable y una vida dedicada a la lucha por la unidad regional. Por su parte Ugarte, en aquel momento, asumió que aquel nuevo movimiento popular encarnaba los ideales que venía predicando hacía casi 50 años. De la palabra al programa político; de la declamación y enunciación mordaz, a la ejecución de un proyecto nacional en el cual la unidad continental era objetivo estratégico.

Construir el Estado Continental fue para Ugarte durante mucho tiempo, una utopía. Para Perón, política de Estado. Tal como reflexionaría Piñeiro Iñiguez , “al decir que Perón puso en práctica las ideas de otros con una articulación y contextualización propias se estaba diciendo que les dio vida, las transformó en acción” (2013: 24). Es que el peronismo constituye en sí mismo, un movimiento político de síntesis histórica donde se articulan tradiciones, identidades, luchas “viejas” con ideas y perspectivas filosóficas “nuevas”. En palabras de Cisneros y Piñeiro Iñiguez:

El peronismo surge a partir de 1943 como una nueva síntesis de elementos realidades de la sociedad argentina y de los ideales –viejos y nuevos- de su imaginario colectivo. Permite un nuevo protagonismo social de clases que se han madurado en la exclusión, y de ideas que están en los tiempos a las que el régimen hasta entonces imperante no permitían aflorar. Entre ellas, la idea de América (…) El peronismo no solo es una síntesis argentina sino también una síntesis desde la Argentina, con proyección latinoamericana (Cisneros, P. Iñiguez, 2002: 122).

Dentro de aquellos viejos imaginarios se encontraban las ideas de la Generación antiimperialista que, en un contexto adverso, se animó a denunciar los dispositivos del orden semicolonial. Manuel Ugarte había nacido en Buenos Aires en 1875 y a principios del siglo XX entró en contacto con personalidades del mundo de la literatura y la ensayística que circularon por Madrid y París, intercambiando reflexiones en torno a América Latina. Luego de su viaje a los Estados Unidos escribió una serie de artículos denunciando el imperialismo de dicho país (destacándose en 1901 El peligro yanqui) y, en 1911, publicó su primer ensayo dedicado al estudio de la región, El Porvenir de América Latina. Comienza allí su prolífera obra que incluyó títulos tales como Mi campaña Hispanoamericana (1922), La patria grande (1922), El dolor de escribir (1933), Escritores iberoamericanos de 1900 (1947), entre otros.

En ellas, analizó con profundidad aquellas características culturales de la región que le permitieron sostener que América era una Nación desmembrada y que, a pesar de su diversidad, no existían antagonismos que impidieran la reunificación del continente. Retomando el ideario sanmartiniano y bolivariano predicó hasta el cansancio la necesidad de la reconstrucción de la Patria Grande, nombre que acuñó para denominar a América Latina y el Caribe. La tarea inconclusa de la unidad, decía Ugarte, habían impedido el ejercicio de la plena soberanía: sin unidad, no habría soberanía.

Viajero incansable, recorrió cada uno de los rincones de la Patria para ratificar sus hipótesis y conocer de primera mano cómo vivían los pueblos latinoamericanos. Tal vez, eso marcó la diferencia con otros intelectuales de la época que, desde sus cómodos escritorios, teorizaban sobre una compleja realidad que, en verdad, no conocían.

La primera guerra mundial generó para Ugarte un cambio profundo en la óptica desde la cual pensar la realidad. Comenzó a analizar los problemas geopolíticos y económicos. Planteó la necesidad de la construcción de un orden mundial basado en el equilibrio del poder; advirtió que la abundancia de recursos naturales constituía una amenaza para la región por convertirnos en objetivo imperial y por condicionarnos al lugar de exportadora de materias primas: “…los que sólo exportan materias primas son, en realidad, pueblos coloniales. Los que exportan objetos manufacturados son países preeminentes”, sostuvo. (Ugarte, 1961: 28). En esta época denuncia la extranjerización de dispositivos fundamentales para el desarrollo de la nación: ferrocarriles, minas, tranvías, teléfonos, petróleo. “Cuanto debió ser nuestro, cayó en poder de empresas de otro país” afirmó en 1924 (Ugarte, 1961: 28). En este campo se diferenció de otros pensadores y activistas socialistas de la época ya que, con toda claridad, identificó que el modelo agro-minero exportador era la causa estructural de la dependencia y que se debía avanzar hacia el proteccionismo económico para obtener el desarrollo industrial. En 1915 cuando fundó su propio periódico La Patria –de muy corta duración- publicó un programa político dirigido a la juventud donde enunciaba:

propiciaremos ante todo el desarrollo de las industrias nacionales [que] sustituyan por fin a las fuerzas económicas que vienen del extranjero y vuelvan a él llevándose gran parte de nuestra riqueza (…) combatiremos los monopolios y los abusos de las compañías extranjeras; en política internacional nos opondremos (…) a todo acto de carácter imperialista.

También denunció la presencia de lo que denominó el “coloniaje ideológico” producto del régimen de “sujeción semicolonial”. Tal como lo definía el autor. “… Nuestro Nuevo Mundo no ha sabido digerir las lecturas. Privado de expresión artística, está esperando aún que sus intelectuales, ocupados en cultivar predios ajenos, se decidan a roturar la propia heredad” (Ugarte, 1999: 76). En el mismo sentido reflexionó: “… no hemos tenido vida propia. Hemos vivido por cable, atentos igualmente a las cotizaciones y a las modas, como si alimentada por un cordón umbilical de direcciones supremas, la esencia de nuestro ser no hubiera salido a la luz” (Ugarte, 1999: 77).

Unidad continental, soberanía, industrialización, distribución de la riqueza, nacionalización de los recursos y servicios; ¡vaya que tenían temas para conversar aquel 31 de mayo cuando se encontró con el flamante Presidente de la Nación! El reconocimiento a una vida entregada a la militancia llegaba en sus entrados años de la mano de un militar que supo convertirse en el conductor de un amplio movimiento nacional. Otras serán las penas que lo llevarán a tomar la decisión de quitarse la vida, años después, el 2 de diciembre de 1951. Su trágico final, el silenciamiento de su obra por largas décadas, el desconocimiento que aún existe de su figura, siguen convocándonos a difundir su pensamiento porque allí se encuentran claves cardinales para pensar nuestro presente y construir un futuro donde sus sueños puedan concretarse.*

Lic. en Historia (UNLu), profesora adjunta del Seminario de Pensamiento Nacional y Latinoamericano (UNLa), Directora del CEIL “Manuel Ugarte” (UNLa). http://revistaallaite.unla.edu.ar/129/de-ugarte-a-per-n-el-sue-o-de-la-unidad-continental

«El trabajo es rico en lo que llamamos alimento para el pensamiento, en especial en un momento en que los avisos sobre el fin de la historia se han probado una bobada intelectual mayúscula y en que las enseñanzas históricas, las lecciones válidas que podemos arrancarle, nos permitirán guiarnos en el territorio sin mapa previo que es el tercer milenio para América Latina. Barrios que ha tenido en Alberto Methol Ferré, otro gran intelectual del continente, un excelente director de tesis puede sentirse satisfecho de su tarea y quizá hasta llegue a sorprenderse del valor de herramienta para el pensamiento nacional que su libro sobre Manolo Ugarte pueda a alcanzar a tener.» Oscar Raúl Cardoso / «En el trabajo de Miguel Barrios la pregunta que subyace es cómo se forjó, en qué consistió y cómo se proyectó el latinoamericanismo de Ugarte. Ello apunta, en un cierto sentido, hacia la elaboración de una teoría integracionista, si puede decirse así. Toma a Ugarte como un pretexto, claro está que relevante por ser fundacional, para avanzar en la elaboración de esa teoría.» Eduardo Devés Valdés / «Barrios alcanza una unidad mundial de perspectiva sobre Ugarte en la Argentina y en América Latina, a la vez que reafirma en nueva dimensión nuevas tareas nacional-populistas en la globalización.» Alberto Methol Ferré

Manuel Ugarte, pensador “maldito” de la Patria Grande

Por Por Daniel D’Ambra y Mara Espasande|

Escritor, político, diplomático, militante, periodista… Manuel Ugarte fue uno de los pensadores más relevantes de América Latina de principio del siglo XX. Sin embargo, ¿cuánto se lo conoce en la Patria Grande, tal como él denominada a la región? Ugarte fue autor de más de 25 libros.

Fue además, amigo de Rubén Darío. Se carteaba con Augusto César Sandino y compartía la dirección de la revista Monde con Alberto Einstein, Miguel de Unamuno, Henri Barbusse, Máximo Gorki y Upton Sinclair. Único orador no estudiantil en el acto de creación de la FUA (Federación Universitaria Argentina) el 11 de abril de 1918. Embajador en Centroamérica y el Caribe bajo el primer mandato del gobierno de Juan D. Perón. Por nombrar tan solo algunos hitos en la vida de este personaje.

Pero los grandes diarios le cerraron sus columnas, las Academias lo ignoraron (y lo siguen haciendo), el Partido Socialista lo expulsó dos veces por su posición  nacional y los estudiantes universitarios lo olvidaron muy pronto para caer en la izquierda abstracta. Veamos entonces quién es este “maldito”, tal como Arturo Jauretche designaba a aquellos hombres y mujeres excluidos de los panteones de la historia oficial.

En pleno auge del semicolonialismo y la presencia del imperialismo británico en América del Sur y de Estados Unidos en América Central y el Caribe, se gestó una generación que reflexionó sobre las raíces de “lo nacional” en cuanto latinoamericano.

Hombres nacidos entre 1874 y 1882 comenzaron a estudiar la historia regional y a rescatar los fundamentos que permitían ver a América Latina como una unidad: la herencia hispánica, el idioma en común, la cultura compartida y el sometimiento semicolonial a la cual había sido sentenciada constituían las bases tópicas de dicha unión.

Amado Nervo (mexicano), Rubén Darío (nicaragüense), Chocano (Perú), Vargas Vila (colombiano), Gómez Carrillo (guatemalteco), José Ingenieros, Manuel Ugarte (argentinos), Rufino Blanco Fombona (venezolano) fueron algunos de los hombres de letras que circularon por Madrid y París intercambiando reflexiones en torno a América Latina.

Dentro de este grupo de escritores se destacó Manuel Ugarte. Nacido en Buenos Aires en 1875, fue precursor del socialismo latinoamericano, sostuvo ideas antiimperialistas y defendió la unidad latinoamericana como bandera política primordial.

En sus primeras obras, Ugarte estudió los procesos de fragmentación de América Latina, según él, una Nación desmembrada. Afirmó que el único camino para lograr el ejercicio pleno de la soberanía –frente al imperialismo de los países centrales- era la unidad.

Ugarte consideraba que la existencia de la Patria Grande se fundaba en diversos factores. Por un lado, se constituía como bloque en oposición a otro territorio del continente: la América anglosajona. Identificaba la existencia de diferencias originadas desde el momento de la colonización que habían determinado la construcción de dos civilizaciones distintas.

Además de las diferencias culturales, identificó el problema geopolítico que implicaba para América Latina, la unidad de los Estados Unidos ya que se constituía como amenaza sobre el resto del continente por la acción expansionista esbozado en forma temprana por la Doctrina Monroe (1824).

Por otro lado, estudió la problemática de la colonización cultural en forma temprana, convirtiéndose en precursor de las obras que luego, durante el siglo XX, denunciarían y analizarían la colonización pedagógica en los países semicoloniales tales como los argentinos Arturo Jauretche, José Hernández Arregui, entre tantos otros.

Sostuvo que se habían configurado nuevas formas de dominación: “la infiltración mental, económica o diplomática puede deslizarse suavemente, sin ser advertida por aquellos a quienes debe perjudicar”. Ya en 1916 advertía que las noticias, las lecturas y “hasta los espectáculos” pueden ser herramientas para socavar la autonomía nacional.

También fue precursor del nacionalismo económico, en el marco del cual propuso la nacionalización de los recursos estratégicos y que la intervención del Estado en pos de alcanzar el desarrollo industrial, en el marco de un proyecto socialista. Pero el socialismo de Ugarte, no era internacionalista, sino nacional (entendido éste como latinoamericano).

En palabras de su biógrafo, Norberto Galasso, “el socialismo de Ugarte es doblemente nacional: exige analizar profundamente la realidad nacional y formular soluciones propias; por otro lado, visualiza al imperialismo como el gran enemigo, lo que lleva a reivindicar la soberanía de la patria al tiempo que la consolidación de la misma en la unión hispanoamericana. Ese socialismo para una semicolonia debe apoyar todo programa nacional-democrático” (Galasso, 1974).

A pesar de la importancia de este pensador, los ámbitos académicos carecen de un análisis profundo de los múltiples aportes que ha dejado para la comprensión de la realidad argentina y latinoamericana.

Es por eso, que desde la Universidad Nacional de Lanús (Buenos Aires, Argentina) se ha presentado “Manuel Ugarte. Legado, vigencia y porvenir”, una obra colectiva sobre el gran pensador latinoamericanista, que recupera en épocas de ruptura, un sendero para avanzar en la construcción de sociedades soberanas y con vocación de unidad regional.

“Somos indios, españoles, negros, pero somos lo que somos y no queremos ser otra cosa”: con estas palabras Manuel Ugarte resumía la vitalidad mestiza y rebelde de Nuestra América, y la identidad de la región. La vida del pensador fue una constante lucha contra el silenciamiento de los poderes hegemónicos y aún después de su muerte continúa enfrentando la invisibilización de la mayoría de las grandes usinas de pensamiento nacional.

La UNLa se ha dado a la tarea de recuperar la obra de los “pensadores malditos” de Argentina y América Latina. Desde la creación del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana que lleva su nombre, la propuesta ha sido la difusión de su obra, pero también la recuperación de un legado de lucha por la integración latinoamericana a partir de la reflexión, la investigación, el debate y la difusión de contenidos que aporten a la misma.

La vigencia de la obra de Ugarte invita a analizar desde la realidad presente los desafíos de las ideas de soberanía y unidad latinoamericano-caribeña. El libro es resultado del trabajo colectivo de docentes, investigadores y estudiantes de la Universidad Nacional de Lanús, luego de las jornadas “Manuel Ugarte, legado, vigencia y porvenir. Nuestra América como relanzamiento”, de octubre de 2017.

Junto a los más importantes biógrafos de Manuel Ugarte, Norberto Galasso y Miguel Ángel Barrios, escriben docentes, investigadores y estudiantes que analizaron la figura de Ugarte desde distintas aristas en las que su pensamiento aún presenta desafíos para nuestros días.

Desde artículos que abordan su ideario y vínculos intelectuales, pasando por su pensamiento historiográfico y geopolítico, como así también sus aportes al movimiento estudiantil a nivel regional y sus actuaciones en momentos trascendentales de la historia latinoamericana como la Revolución Mexicana, este libro contiene las múltiples facetas del pensamiento y acción de Manuel Ugarte.

Las mismas no aparecen como un mero recuento de sus ideas, sino que se analizan desde una mirada actual que busca expresar la vigencia de sus aportes para nuestro presente y futuro.

Entre los ejes que se destacan se encuentra el abordaje de su legado latinoamericanista a partir de la recuperación de su “Campaña Hispanoamericana” y de la prédica que llevó adelante en los distintos países de la región que visitó. El aporte de Ugarte fue fundamental en procesos que marcaron la historia de estas naciones, sembrando la vocación de unidad como herramienta indiscutida para su emancipación real.

La obra también hace énfasis en las propuestas políticas de transformación social que formula Manuel Ugarte alrededor de la idea de socialismo latinoamericano, así como también su trabajo en torno a la recuperación de la cuestión identitaria latinoamericana. La valoración de lo propio es para Ugarte un camino de liberación que aún hoy permanece como tema central del debate de nuestro querer ser en el mundo.

*Historiadoras, miembros del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana “Manuel Ugarte”, UNLa, Argentina.

FUENTE https://www.nodal.am/2019/10/manuel-ugarte-pensador-maldito-de-la-patria-grande/

Presidente Argentino Gral. Peron Nombra a Ugarte Embajador ante la Republica Mexicana
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