Por Claudio Mutti

La geografía de Europa del Este tenía un aspecto muy diferente al actual a finales de los siglos XIII y XIV, ya que el panorama político era extremadamente fragmentado y las fuerzas que iban a ser decisivas en los siglos siguientes apenas se estaban formando. Rusia no era más que un conjunto de principados, entre los cuales el pequeño Ducado de Moscovia aún no se había alzado como el futuro Estado ruso. Por otro lado, el Reino de Polonia, que un siglo antes se había fragmentado en una gran cantidad de principados, no incluía ni Silesia ni los territorios bálticos de Pomerania, entre tanto, las fronteras polacas a penas llegaban hasta Galitzia. La Orden de los Caballeros Teutónicos dominaba todo el Báltico entre las desembocaduras del Vístula y del Neva. Por su parte, Lituania estaba aprisionada entre los rusos y Polonia. Mientras tanto, los kanes tártaros reinaban sobre todo el Sur de Ucrania, incluida la península de Crimea.

No obstante, Lituania comienza a extender sus fronteras hacia el Este, sin encontrar mayores obstáculos, a partir de las últimas décadas del siglo XIII y tal proceso durara casi un siglo y medio. Cuando a mediados del siglo XIV Lituania derrota a los ejércitos de la Orden Teutónica y amplia sus territorios hacia el Norte, termina por convertirse en “un poderoso Estado” [1] que se extiende desde el mar Báltico hasta casi llegar al mar Negro.

El Gran Duque lituano Jogaila (cuyo nombre sería conocido en Europa en la forma polaco-latina de Jagiello, es decir, Jagellon) decidió bautizarse en 1386 con la intención de casarse con la reina polaca de once años Jadwiga (que se convertiría en Santa Eduviges, patrona de las reinas, Polonia y la Unión Europea) y de ese modo ser coronado como el rey de Polonia Ladislao (1386-1434). Lituania siguió siendo un gran ducado que existía bajo la soberanía lituana. Los acuerdos preliminares que Jogaila, fundador de la dinastía jagellónica, celebró con la aristocracia polaca consistían en unir sus posesiones lituanas y rusas a la corona polaca, hacerle la guerra a los Caballeros Teutónicos y apoyar y respaldar los esfuerzos de los misioneros alemanes y polacos con tal de convertir a los paganos lituanos al catolicismo.

Los ejércitos del rey polaco Ladislao y de su primo lituano Vitautas (1350-1430) derrotaron a los Caballeros Teutónicos en Grunwald el 15 de julio de 1410 y con ello le pusieron fin al dominio de esta Orden sobre el Báltico. El Gran Ducado de Lituania, bajo el mando de Vitautas, continuó su política de expansión hacia el Sur y el Este, con lo que llegó a conquistar grandes porciones del territorio ruso e incluso consiguió que los tártaros de Crimea cayeran bajo su influencia. Fue así que Lituania “alcanzó su máxima extensión territorial, llegando incluso hasta el Mar Negro y contando con una superficie de alrededor de 1.000.000 de kilómetros cuadrados, más de tres veces el tamaño de la actual Italia” [2].

Durante el siglo siguiente, en específico el 10 de enero de 1569, una dieta conjunta lituano-polaca ratificó la unión de estos dos reinos en Lublin y fue así como nació la República de las Dos Naciones (pol. Rczeczpospolita Obojga Narodów), convirtiendo a este reino en el mayor Estado de Europa Oriental hasta el siglo XVII. La voluntad de poder de la aristocracia polaca reavivó el mito del origen sármata de su sangre y con ello crearon una especie de mesianismo político que expresaron con la consigna: “¡Polonia caput ac regina totius Sarmatiae!”. En otras palabras, “a Polonia le corresponde ponerse a la cabeza de una formación eslava que unificaría a casi todos los pueblos de Europa central y oriental” [3] convirtiéndose con ello en una especie de “Sarmacia europea”.

No obstante, estas ambiciones fueron frustradas por las luchas internas provocadas por el sistema de patronazgo y los ataques de potencias periféricas emergentes como Rusia (la “Sarmacia asiática”) y Prusia que causaron que el sistema geopolítico unitario creado por los Jagellon terminara por desaparecer con las sucesivas particiones de Polonia que acontecieron en 1772, 1793 y 1795.

La idea de revivir la República de las Dos Naciones fue propuesta por el príncipe Adam Jerzy Czartoryski (1770-1861), que se encontraba exiliado en París, un “aristócrata que era para sus seguidores el ‘rey sin corona’ de Polonia” [4] y que creía que con el apoyo de Gran Bretaña, Francia y Turquía sería posible resucitar su reino mediante la incorporación de las regiones orientales de Prusia y la reconstrucción de un Estado polaco-lituano federado que estuviera formado por estonios, letones, ucranianos, checos, eslovacos, húngaros, rumanos y eslavos del sur, de tal forma que con ello el poder prusiano se vería enormemente reducido y Rusia habría sido obligada a abandonar sus ambiciones en Europa Oriental. Pero el proyecto de Czartoryski, cuyos partidarios debieron considerar bastante factible durante el periodo de levantamientos anti-imperiales de 1848-49, fracasó debido al poco interés que tenían en él las potencias de Europa Occidental, sin hablar de la intransigencia húngara hacia los checos, eslovacos y rumanos, y la hostilidad de Rusia y Prusia ante semejantes planes.

Sin embargo, este proyecto reapareció después de la Primera Guerra Mundial tras las derrotas militares de Rusia, Alemania y Austria-Hungría, seguidas por la Revolución de Octubre en Rusia. Después de que acabó la guerra polaco-rusa con la firma del Tratado de Paz de Riga del 18 de marzo de 1921, el mariscal Józef Piłsudski (1867-1935), jefe provisional del nuevo Estado polaco, propuso la idea de formar una federación de Estados que se extendiera “del Mar Báltico hasta el Mar Negro” y que se llamaría en polaco Międzymorze, en lituano Tarpjūris y en latín Intermarium, neologismo que simplemente no estaba a la altura de la tradición humanista polaca. Esta federación sería la heredera histórica de la antigua entidad política polaco-lituana. EL proyecto de Piłsudski (1919-1921) incluía en un principio no solo a Polonia como fuerza hegemónica, sino también a Lituania, Bielorrusia y Ucrania. Por supuesto, el Intermarium iba dirigido tanto contra Alemania, buscando impedir que volviera a convertirse en una potencia imperial, como contra Rusia. El mariscal Piłsudski propuso otro proyecto complementario conocido como “Prometeo” que desmembraría a Rusia en una serie de Estados étnicos independientes.

Francia apoyo este proyecto, ya que de haber triunfado le permitiría separar a Alemania y a Rusia mediante la aparición de un bloque europeo centro-oriental encabezado por Polonia. Pero el apoyo francés fue insuficiente a la hora de impulsarlo y fue sustituido por un frágil sistema de alianzas que terminaron desencadenando la Segunda Guerra Mundial.

El mariscal Piłsudski propuso una versión incluso más audaz de su proyecto Intermarium en los años de 1921 y 1935. En esta versión renunciaba a los territorios de Ucrania y Bielorrusia, pero los sustituía con la inclusión de Noruega, Suecia, Dinamarca, Estonia, Letonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Grecia, Yugoslavia e Italia, por lo que los dos mares se convertían en cuatro, ya que al Mar Báltico y al Mar Negro se sumaban el Ártico y el Mediterráneo. Pero tal proyecto también fracasó y su único logro fue la formación de una de Polonia con Rumanía.

Józef Beck (1894-1944), colaborador de Piłsudski, retomó en 1932 la idea de crear una entidad geopolítica centroeuropea entre el Mar Báltico y el Mar Negro con el nombre de “Tercera Europa”, llevando a cabo sus planes cuando asumió la dirección de la política exterior polaca, lo cual culminó en una alianza con Rumanía y Hungría.

Posteriormente, el gobierno polaco de Władisław Sikorski (1881-1943) – exiliado primero en París y luego en Londres – presentó durante la Segunda Guerra Mundial a los gobiernos de Checoslovaquia, Grecia y Yugoslavia la idea de crear una unión centroeuropea entre el Mar Báltico, el Mar Negro, el Egeo y el Adriático durante la Segunda Guerra Mundial; pero debido a la oposición soviética y a la negativa de Checoslovaquia de federarse con Polonia, tal plan termino por ser archivado.

La idea del Intermarium fue desempolvada después de la caída de la URSS y la disolución del Pacto de Varsovia y desde entonces a adoptado diferentes formas como el Consejo de Cooperación del Mar Negro, la Asociación Oriental y el Grupo de Visegrád, que son versiones menos ambiciosas y más pequeñas del mismo proyecto ya “clásico”.

De todos modos, el sistema de alianzas que más se parece al proyecto del Intermarium es el teorizado por el Instituto Stratfor, un centro de estudios estadounidense fundado por George Friedman debido al estallido de la crisis ucraniana. El general Frederick Benjamin «Ben» Hodges, comandante del ejército estadounidense en Europa (condecorado con la Orden del Mérito de la República de Polonia y la Orden de la Estrella de Rumanía), anunció el “posicionamiento” de tropas de la OTAN en todas las fronteras occidentales de Rusia, lo cual incluye los Estados bálticos, Polonia, Ucrania, Rumanía y Bulgaria, es decir, una ofensiva que va del Báltico hasta el Mar Negro, tal y como lo propuso en su momento Piłsudski.

El presidente polaco Andrzej Duda presagió el nacimiento de una alianza regional inspirada explícitamente en el modelo de Intermarium el 6 de agosto de 2015. Un año después, entre el 2 y el 3 de julio de 2016, tuvo lugar la conferencia inaugural del Grupo de Asistencia Intermarium en las instalaciones del Hotel Radisson Blue de Kiev, en presencia del presidente de la Rada ucraniana, Andriy Paruby, y del presidente del Instituto Nacional de Investigación Estratégica, Vladimir Gorbulin, así como de otras personalidades políticas y militares provenientes de varias partes de Europa entre las cuales se presentó el proyecto de crear una unión de todos los Estados entre el Mar Báltico y el Mar Negro.

Pero al mes siguiente la idea de los dos mares se convirtió en tres: el 25 y 26 de agosto de 2016 el Foro de Dubrovnik sobre “El Fortalecimiento de Europa – Conectando el Norte y el Sur” emitió un comunicado conjunto donde se promovía la Iniciativa de los Tres Mares, un plan cuyo objetivo era “conectar las economías e infraestructuras de Europa Central y Oriental y que iba desde el Norte hasta el Sur, con la intención de ampliar la cooperación en los ámbitos energéticos, de transporte, las comunicaciones digitales y, en general, de la economía”. Esta Iniciativa de los Tres Mares, que en un primer momento fue promovida por la administración Obama, luego fue abiertamente defendida por Donald Trump el 6 de julio de 2017 durante su visita a Varsovia. El presidente Duda dijo que esta iniciativa busca crear “un nuevo concepto que promueva la unidad europea” y reúne en su interior a doce países entre los mares Báltico, Negro y Adriático, además de que casi todos sus miembros pertenecen a la Alianza Atlántica: Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia, República Checa, Austria, Eslovenia, Croacia, Hungría, Rumanía y Bulgaria.

El objetivo económico de la Iniciativa de los Tres Mares es golpear las exportaciones de gas ruso a Europa favoreciendo los envíos de gas natural licuado desde Estados Unidos: “Una terminal en el puerto báltico de Świnoujście, con un coste de unos mil millones de dólares, permitirá a Polonia importar hasta 5.000 millones de metros cúbicos de GNL estadounidense al año, que pronto llegaran a los 7,5 millones. A través de esta y otras terminales, incluida una prevista en Croacia, el gas procedente de Estados Unidos, o de otros países que pertenezca a empresas estadounidenses, se distribuirá por gasoductos a toda la región de los tres mares” [5].

Por lo tanto, la macrorregión de los Tres Mares se encuentra vinculada tanto energética como militarmente a Washington y no a Bruselas o Berlín, por lo que podemos decir que todo esto terminará por romper, tarde o temprano, a la Unión Europea, especialmente cuando a ella se sume Ucrania, y únicamente reforzará el cordón sanitario que ya ha sido construido alrededor de las fronteras occidentales de Rusia.

Notas:

[1] Josef Macek, L’Europa orientale nei secoli XIV e XV, Sansoni, Firenze 1974, p. 16.

[2] Beruta Žindžiūtė Michelini, Lituania, NED, Milano 1990, p. 50.

[3] Francis Conte, Gli Slavi. Le civiltà dell’Europa centrale e orientale, Einaudi, Torino 1990, p. 293.

[4] Oscar Halecki, I Polacchi, in Il mondo degli Slavi, a cura di Hans Kohn, Cappelli editore, Bologna 1970, p. 115.

[5] Manlio Dinucci, Sui Tre mari dell’Europa bandiera Usa, Rete Voltaire, Roma, 10 luglio 2017 http://www.voltairenet.org/article197081.htm

FUENTE GEOPOLITICA.RU

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