El director del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, sospecha que luego de la pandemia, occidental puede perder su centralidad.

[Lo que sostienen el Profesor Pascal Boniface, es las tendencias que el equipo de Dossier geopolitico viene sosteniendo desde hace 15 años sobre el: Fin de 5 Siglos de Control “Occidental” del Globo terráqueo y de las nuevas realidades de bloques Geopoliticos y de el area del Eurasia y Asia Pacifico, que suplantan a los viejos esquemas, y que además la Pandemia solo lo desnudo crudamente pero NO es responsable de estos cambios de Poder Global. Carlos Pereyra Mele Director de Dossier Geopolitico]

Tal vez el mundo occidental deje de ser el protagonista en la conformación geopolítica que podrá instalarse como consecuencia de la pandemia del virus SARS CoV 2. Esto es lo que sospecha Pascal Boniface, director del Instituto Francés de Relaciones Internacionales y Estratégicas, aunque todavía se muestra cauteloso frente a su diagnóstico. Si bien el coronavirus tuvo su origen en China, los países asiáticos mostraron más efectividad al momento de poder controlar su circulación. La influencia que conquistan al momento de pensar la política internacional se enfrenta a variadas resistencias culturales de parte de occidente para entender la instrumentalidad de sus acciones y sus métodos. “La economía de China representaba el 10% del PBI de Estados Unidos en el año 2001. Hoy representa el 65%. La URSS durante la guerra fría no superó el 40% del PBI norteamericano”, señala Boniface. Estos datos y la presencia de China como el único país que muestra una economía sólida ante los desgarramientos de la pandemia, pueden leerse en paralelo con la destreza demostrada por Rusia para crear su vacuna Sputnik V en poco tiempo y la validación científica que le asignó la revista médica británica The Lancet.

“Existe una tendencia occidental a considerar dictaduras a todos los países que no son occidentales”, discute el especialista en geopolítica y avanza: “No existe una oposición entre democracias occidentales y dictaduras no occidentales”. Por eso, el profesor de relaciones internacionales en la Universidad París VIII establece una clasificación de tres tipos de países en función de su respuesta política y sanitaria al momento de confirmarse el estado de pandemia. Los que implementaron una acción inmediata y llevaron adelante los cuidados urgentes, entre los que identifica a China, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Nueva Zelanda y Vietnam. Los que reaccionaron más tarde y aquí ubica especialmente a Europa y buena parte de los países de América Latina; y finalmente aquellos que negaron la situación, entre los que sobresalen sin brillo Estados Unidos y Brasil. Esta descripción le sirve a Boniface para explicar la primer derrota de Estados Unidos y el debilitamiento de Europa en una coyuntura que experimenta las secuelas sanitarias de “una guerra sin guerra” Boniface, que participa de este intercambio con Ñ por correo electrónico desde París, publicó en Francia el libro Geopolítica del Covid 19 ( Ediciones Eyrolles). El texto todavía no tiene su traducción al español y podría anticiparse que se trata de un ejercicio de inmediatez donde el autor se permite compartir su propio desconcierto: “Nadie pudo prever la pandemia ¿De verdad nadie? ¿O no hemos estado lo suficientemente atentos a ciertas advertencias? La crisis del Covid 19 puede parecer increíble, estrictamente hablando. De hecho muchas personas, incluidos muchos líderes políticos, incluidos aquellos a quines generalmente se le atribuye un comportamiento racional, inicialmente no lo creyeron”, señala Boniface y subraya una idea terminante: los países que se auto percibían y eran percibidos como los dueños del mundo, tanto desde las decisiones económicas como desde la incidencia ideológica, han sufrido “una lección de modestia”

–Usted señala que la pandemia por el Covid 19 está a mitad de camino entre un acontecimiento coyuntural y una revolución estructural ¿Salen más fortalecidos de esta crisis los países que le han dado, históricamente, más centralidad al Estado?

–La crisis del Covid 19 será la primera crisis internacional importante desde 1945 en la que Estados Unidos no juegue un rol predominante. A partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos tomó la cabeza del mundo libre y dirigió no solamente el mundo occidental sino también tuvo una influencia determinante en el conjunto de los asuntos mundiales. Como resultado de la política de retirada del presidente Donald Trump, su América first (América primero) se transformó en una América sola, desolada. Estados Unidos, por otra parte, es uno de los países que fue más duramente golpeado por la crisis y no participó en la gestión internacional dando un portazo a la Organización Mundial de la Salud. Varios son los reproches que podemos hacerle a esta organización pero ciertamente era el peor momento para dejarla. De todos modos, la erosión del peso de los Estados Unidos en la vida internacional es muy antigua. Aunque Trump dejó la Casa Blanca, sabemos que Joe Biden querrá reinsertar a Estados Unidos en la vida internacional. Pienso que esta crisis vino a reforzar elementos estructurales ya existentes. Ascenso en potencia de China, crisis del multilateralismo, rivalidad entre China y Estados Unidos, pérdida del monopolio occidental en el poder pero realmente no ha creado ninguna situación nueva. Sí podría decir, en todo caso, que cambió los términos profundamente. Acentuó, amplificó, exacerbó tanto su realidad como su percepción.

–Teniendo en cuenta que el sistema de salud norteamericano fue clave en este debilitamiento de su política, ¿se viene un mundo donde el fortalecimiento y el predominio estatal va a ser fundamental?

–El mundo occidental hace mucho tiempo que perdió el monopolio del poder que ejerció durante cinco siglos. El problema es que nadie parece darse cuenta. La crisis del Covid-19 lo puso particularmente a la luz. Estados Unidos, los países de Europa occidental y los países latinoamericanos pagaron el más pesado tributo a la crisis. Los países asiáticos son los que mejor salieron. La diferencia no reside, como se dice por todas partes, entre países autoritarios y países democráticos. Corea del Sur y Taiwán, que son perfectas democracias, se ahorraron las cargas que tuvieron que enfrentar muchos países occidentales. Lo que hizo la diferencia fue privilegiar al grupo sobre el individuo y que las medidas drásticas pudieron ser tomadas como decisiones de estado.

–¿El predomino del mercado dejó a algunos países en una situación más vulnerable frente a la pandemia?

Inicialmente, los países occidentales estimaron que no serían afectados porque, según su criterio, las pandemias eran el monopolio de Asia y África. Pudimos ver las fosas comunes en Nueva York y los hospitales desbordados en Europa occidental. Fue un shock psicológico importante a nivel mundial. La situación está lejos de resolverse. La intervención del Estado es determinante, especialmente en materia de salud pública. Habrá grandes injusticias sociales en la lucha contra la pandemia. Las vacunas no serán accesibles a todos. En cambio, si se trata de innovación tecnológica, el mercado puede ser más eficiente que el Estado. Es necesario, entonces, que haya una justa repartición de esfuerzos y, sobre todo, una coordinación entre los dos. El Estado debe guardar su rol de coordinador y hacer que el mercado reciba una suerte de estímulo.

–Si bien la globalización hizo posible que el virus circulara de manera más rápida, usted señala que no se puede encontrar una solución sin la coordinación entre países ¿Puede existir un mundo no globalizado? Está claro que desde el punto de vista digital es imposible pero ¿el mundo del futuro será un mundo donde la circulación de las personas sea menor?

La crisis del Covid-19 convirtió a un mundo que se movía todo el tiempo en un mundo inmóvil. Viajábamos más y más intensamente y a veces parecía que las fronteras no existían. Con las medidas de distanciamiento social, los individuos no solo no salían de sus países, tampoco lo hacían de sus ciudades ni de sus departamentos. Pero esto no está destinado a durar. De la misma manera que es excesivo hablar del fin de las fronteras antes de la crisis del Covid-19, será excesivo pensar que serán totalmente herméticas a partir de este momento. Muy rápidamente retomaremos la costumbre de viajar. Por supuesto, puede ser que haya cada vez más acontecimientos virtuales, pero el encuentro directo, el contacto personal no puede ser reemplazado.

–Usted señala que Donald Trump perdió las elecciones por la pandemia ¿Por qué no pudo capitalizar este escenario político Bernie Sanders?

–Bernie Sanders ciertamente parecía demasiado radical como para ganar la nominación dentro del partido demócrata. El aparato se organizó para poner a Joe Biden, mucho más centrista, al poder. En el curso de la campaña, Biden y Trump se acusaban mutuamente de ser el candidato preferido de Pekín. Trump declaró “If you want to stop China, stop Biden”. Esto dejó entender que el carácter errático de la política de Trump solo podía ser apreciado por Pekín.

–¿Por qué considera que la derrota de Trump no es una victoria para China?

–Personalmente, pienso que China tendrá muchos más problemas para gestionar con Biden que con Trump porque no será lo que parece: Biden no va a estrechar los vínculos con los aliados, esos aliados que Trump había largamente dañado. Los partidarios de Biden dicen que la caótica gestión de Trump en política internacional le permitía a China avanzar más fácilmente en los foros internacionales

–¿Y cuál considera que debería ser el lugar de Europa en este escenario?

–Europa puede tener colaboraciones con China, pero en muchos temas hay una situación de rivalidad. Puedo decir que en temas como la lucha contra el calentamiento climático o el dossier nuclear iraní, estamos en armonía. Sobre el plan de competencia comercial, tenemos reproches que hacerle a China (incumplimiento de la propiedad industrial, cierre de mercados) y tenemos grandes divergencias sobre la naturaleza de su sistema político. Pero, en cambio, el problema de Estados Unidos respecto a China es la rivalidad por el primer lugar como potencia mundial. Esto no tiene relación con Europa. Europa debe definir su política en función de sus intereses y no determinarse en función de los intereses chinos o americanos. Debe funcionar como un polo de poder y no como el partener júnior de Washington o Pekín.

Pascal Boniface ​París, Francia, 1956. Especialista en geopolítica.

Diplomado en el Instituto de Estudios Políticos de París y doctor en derecho internacional público. En el año 1990 creó y dirigió el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS), uno de los principales centros franceses en investigación en política internacional, considerado como una think tank francesa. Entre 1988 y 1992, fue consejero de Jean-Pierre Chevénement, quien fuera ministro de Defensa de François Mitterrand, y de Pierre Joxe en los ministerios del Interior y de Defensa durante el mismo gobierno. Es, además, director de una de las colecciones de Editorial Hachette. Fue profesor del Instituto de Estudios Políticos de Lille y actualmente se desempeña como docente en el Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Paris VIII.

https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/pascal-boniface-hipotesis-geopolitica-viene_0_qerQ6lk1E.html

Profesor Pascal Boniface
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.