Significa el triste destino del pueblo Saharuí, aplastado desde hace medio siglo por la codicia de las potencias.-

EEUU, Marruecos, Israel, España, Trump, el Rey Juan Carlos, Franco, y el fraude de la  actual monarquía española completan el paisaje de la persecución y genocidio de “los olvidados del desierto”, ante la indiferencia e hipocresía del mundo libre.

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Otra brecha abierta en el mundo árabe, más una durísima e histórica patada en la boca a la cancillería española, es el resultado del reconocimiento de EEUU a la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, ex colonia española, a cambio de que Rabat establezca relaciones diplomáticas con Israel.

Tal acuerdo pretende cerrar la maniobra inconclusa gestada en 1975 por el sempiterno secretario de estado en la sombra, Henri Kissinger y por el Rey Hasán II de Marruecos, cuando se apropiaron por la fuerza de los 260 mil kilómetros cuadrados del desierto, sobre la costa atlántica, justo al norte de África, privando a sus 70 mil pobladores de su independencia como nación libre.

El reconocimiento es también un golpe bajo a los equilibrios diplomáticos internacionales, que divide aún más al mundo árabe, acorrala a Palestina para imponer la supremacía de Israel en Oriente Medio, y es un cheque en blanco para que Marruecos termine de someter y/o aniquilar a este pueblo perseguido.

El Sahara Occidental es una zona estratégica para las andanzas bélicas de Occidente, muy ricas en minerales altamente demandados para las nuevas tecnologías. Y que siempre despertaron la codicia de Occidente. 

El idilio entre el Israel y Marruecos viene ya desde 1965, cuando los servicios secretos israelíes, con la complicidad de la policía francesa, asesinó en los bosques de Saint Germain, cerca de Paris, al opositor marroquí Ben Barka a cambio de que Hasán permitiera un amplio espionaje en la Cumbre Árabe de Casablanca de ese año, que fueron fundamentales en la Guerra de los Seis Días. Luego de esta exitosa complicidad, ambos bandos comenzaron el asalto a las remotas arenas del desierto, que aún eran colonia española.

La ocupación marroquí de 1975 quedó inconclusa, porque al año siguiente los habitantes del Sahara reaccionaron con su Frente POLISARIO, quién proclamó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y declaró la guerra a Marruecos. Aunque la ONU reconoció al Frente como único interlocutor de la zona y ordenó la realización de un referéndum de autodeterminación, el mismo fue siempre boicoteado por las potencias de Occidente.

En aquel 1975, Juan Carlos de Borbón ya ejercía de facto como jefe del estado español en funciones mientras Franco agonizaba y, según  historiadores de la época, el imberbe heredero del dictador, habría facilitado la entrega de la entonces colonia española a Marruecos en un acuerdo a tres con EEUU.

Los entretelones de aquella entrega preocuparían seriamente a la actual Monarquía española, asediada hoy por los escándalos diarios sobre la fortuna ilegal del viejo monarca, ante la posibilidad de que la jauría de la prensa pretenda relacionar los dineros opacos descubiertos ahora, con alguna supuesta “contraprestación” a Juan Carlos por aquella también supuesta y nula resistencia a la entrega del Sahara.

En cualquier caso, la realidad dice que Trump ha impuesto su voluntad haciendo pagar al gobierno de Madrid un duro precio por vivir en la irresponsable fantasía de creerse socio y aliado importante de EEUU, que no ha dudado en demostrar hasta donde le importa su alianza con España. 

Semejante bochorno diplomático es también el resultado de la errante y pusilánime política española en este conflicto, que puso de manifiesto su fobia histérica a la realización del referéndum, como lo obligaba la ONU y lo reclamaba medio mundo.

Es que España no puede apoyar ningún tipo de referéndum, aunque sea en el norte de África, porque se le abriría la caja de Pandora en su propio reino ya que no podrían frenar otros referéndums similares, como por ejemplo el de la monarquía borbónica o sobre la independencia de Cataluña o del País Vasco.

Por lo tanto, el boicot de La Moncloa al mandato de la ONU ha sito total, y se entiende porque cualquier referéndum, del tipo que sea, es la peor pesadilla para la privilegiada elite cortesana, política, empresarial y mediática de España

En el plano internacional, se demuestra que Trump, en solo 4 años y sin disparar un solo balín, ha logrado más para Israel y ha golpeado más a Palestina, que las anteriores 6 administraciones norteamericanas con todas sus frenéticas tempestades bélicas, a lo largo y ancho del globo.

Ni siquiera el muy progresista Obama, ni la muy feminista Hillary Clinton, con sus bombardeos, invasiones y matanzas por todo el globo, consiguieron darle semejante alegría a Tel Aviv, como lo ha hecho Trump en estos tiempos.

El electo Joe Biden debe estar hoy muy agradecido del presidente saliente por haberle hecho este penúltimo “trabajo sucio”. Un acto de vandalismo diplomático que ya es un “Hecho Consumado”, irreversible y definitivo, muy a gusto de la Casa Blanca, toda vez que Marruecos pasa a ser un activo del cada vez más menguante patrimonio geopolítico del Sionismo Internacional y de la debilitada Alianza Atlántica. En consecuencia, poco le importa al “Gran Hermano Imperial”, la vergüenza infringida a España y a la UE

Tanto la derecha española como el partido Socialista y el pretencioso poder mediático, se lamen las heridas en silencio ante la evidencia y la magnitud del desprecio inflingido por el coloso del Norte. Un siglo y medio de dominación colonial en el Sahara no les alcanzaron a los gobiernos de Madrid para tener una posición digna y respetuosa con su historia y con aquellos a los que impuso su imperio. De la misma manera que en 1975, “la cruel España franquista” huyó y abandonó la zona sin pegar un solo tiro, en 2020, “la monarquía parlamentaria” de hoy no se atreve ni siquiera a levantar la voz. 

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La ignominia va cerrando así el penúltimo capitulo del “Imperio donde nunca se ponía el sol”, aquel mito de Felipe II en el siglo XVI que resumía como románticas y valientes a las sanguinarias conquistas coloniales de su reino por todo el mundo.

Las últimas dos páginas escritas sobre la agonía de aquel “Glorioso Imperio Monárquico” son la Guerra de Las Malvinas en 1981 y esta patada en la boca de Trump por el Sahara. 

En ambos casos, los herederos de Felipe II y de Franco, más los actuales monarcas y la elite política moderna, han pisoteado aquella leyenda de romanticismo y valentía, renegando de la propiedad de esas tierras que fueron suyas, avergonzándose ante los países ocupantes y dando las espaldas a sus antiguos súbditos.

Eduardo A Bonugli

Madrid, 16 Diciembre 2020

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