La decisión del Fiscal General de EEUU, William Barr, de retirar los cargos contra el general Michael Flynn, quien fuera acusado de mentir al FBI en la conocida como ‘trama rusa’, provocó un efecto boomerang inesperado para el autor de toda esta telaraña: se desentrañó la verdadera trama, la del expresidente demócrata, el ‘Obamagate’. Entrevista a Pereyra Mele

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El Despacho Oval

Que el Despacho Oval ha sido y será escenario de las cuestiones más inverosímiles o inconcebibles hasta la infamia, no es un secreto. Y si no, que se lo pregunten a Bill Clinton o Barack Obama, o en su defecto, a Mónica Lewinsky o a Donald Trump, este último el más reciente damnificado, conocido oficialmente, de acciones ejecutadas desde allí.

El nunca bien ponderado Premio Nobel de la Paz, quien ‘avaló’ en su momento avaló ese galardón llevando más guerra y destrucción a más lugares, y quien a su vez tiene el récord de expulsiones de inmigrantes de su país, tejió una telaraña para intrigar contra Trump e intentar poner de rodillas a un país al que considera su enemigo: Rusia.

El Russiagate nació muerto, por más palos que tuvo aguantando sus velas para que el viento hiciera avanzar esa maquinaria grotesca: ya fueran líderes mundiales, organizaciones, o medios de comunicación al servicio. Pero como siempre pasa, no pudo tapar el sol con un dedo, y la verdad salió a la luz.

Obama toca a rebato

La elucubración de Obama, es decir, el Obamagate, tocó a su fin gracias al Fiscal General de EEUU, William Barr, quien retiró los cargos contra el general Michael Flynn, asesor de Seguridad Nacional de Trump en sus primeras horas de Gobierno. Flynn fue fulminado apenas asumir el cargo acusado de mentir al FBI acerca de sus conversaciones con el entonces embajador de Rusia en EEUU, Serguéi Kislyak. Una conversación que no hubiera tenido mayores consecuencias si hubiera sido con el embajador de otro país. Pero para Obama fue todo un filón.

Tras la decisión de Barr, Obama se vio acorralado y emprendió huida hacia delante contra la Justicia de su país, un país libre, y donde supuestamente la Justicia debe ser independiente, y donde expresarse en determinados términos contra un presidente que ostenta el cargo, o contra una institución como la Justicia, está reñido con su tradición más democrática.

Como aquel a quien se le descubre in fraganti, el ‘Nobel’ atizó con su verbo a la desesperada. Sentenció que retirar los cargos contra Flynn ponía en peligro el Estado de Derecho y que «no hay ningún precedente que se pueda encontrar de una persona acusada de perjurio que se salga con la suya». Pero, ¿acaso ya no lo había puesto él en cuestión a ‘su’ Estado de Derecho?

Breve historia

Despacho Oval, 5 de enero de 2017. En una reunión, altos cargos de inteligencia informan a Obama sobre la llamada telefónica entre Flynn y Kislyak. Entonces fuerzan su relato: venden esa conversación como una injerencia de Rusia en las elecciones de 2016 cuando Trump se alzó con la victoria, algo insoportable para Obama y todo su partido.

Tras la reunión, el presidente pide al entonces director del FBI, James Comey, y a la entonces Fiscal General adjunta Sally Yates, que se quedaran. Se unieron el entonces vicepresidente Joe Biden —actual candidato a la presidencia de EEUU— y la asesora de Seguridad Nacional Susan Rice.  

Curiosamente, esta reunión tuvo lugar el día después de que el FBI decidiera cerrar formalmente su investigación sobre los presuntos vínculos de Flynn con Rusia, pero antes de decidir mantenerla abierta después de enterarse de sus llamadas interceptadas a Kislyak. Faltaban apenas 15 días para que Trump asumiera como presidente.  

Registros recientemente desclasificados del FBI del caso Flynn, que fueron entregados a los abogados de Flynn, sacaron a la luz una nota manuscrita en la cual un alto funcionario del FBI se preguntó en aquella investigación sobre si el objetivo de entrevistar a Flynn sobre sus llamadas al embajador ruso era «hacer que lo despidieran» o hacer que mintiera.

«Así que todo el asunto fue orquestado y montado dentro del FBI, Clapper, Brennan y en la reunión del Despacho Oval ese día con el Presidente Obama», dijo a Fox News  Sydney Powell, abogado de Flynn. 

El director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, constata la denuncia de Trump contra Obama por haber planificado y organizado en su momento, junto con las estructuras del poder que administraba, el montaje de una subestructura para que cuando asumiera la presidencia, causarle el mayor desgaste posible e introducir el tema del Russiagate. «Acusación que careció de pruebas y que luego se fue disolviendo y que ha terminado con que el Fiscal General de EEUU, William Barr, exonerara de las acusaciones al general Flynn», advierte el analista.

Mele recuerda que desde el Partido Demócrata no hablaron nunca de Cambridge Analytica que sí tuvo mucha influencia a través de las redes sociales a la hora de torcer la voluntad de los ciudadanos sobre a quién votar en aquellas elecciones.

«Ya han pasado varios años de esto y vemos que fue todo un montaje político, lo cual nos lleva a preguntarnos cosas. ¿Es posible que la primera potencia militar del mundo, cuyas decisiones tienen un tremendo efecto en el globo, haga que tengamos que estar inmersos en estas acciones políticas, típicas de países tercermundistas o Estados fallidos, donde realmente el juego del poder pase por chicanas, acusaciones infundadas, agresiones verbales, y utilizando el aparato del Estado para dañar al oponente político?», cuestiona Carlos Pereyra Mele.

El Director de Dossier Geopolitico Carlos Pereyra Mele en los estudios centrales de Radio Sputnik Moscu Rusia

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