Gonzalo Fiore Viani

La gira de Mike Pompeo por cuatro países de América Latina deja más patente que nunca la intención clara de Estados Unidos de retomar el control perdido la década anterior sobre la región. Reeditando la vieja doctrina Monroe, Washington se ha decidido nuevamente a volver a poner un pie sobre la región. Con los gobiernos de Bolsonaro en Brasil, Macri en Argentina, Lenin Moreno en Ecuador y Sebastián Piñera en Chile, el panorama es mucho más alentador que hace una década. Por aquel entonces, y tras la derrota del ALCA en la cumbre celebrada en 2005 en Mar del Plata, las administraciones de Bush y Obama continuaron con el foco puesto en Medio Oriente. El Make America Great Again de Donald Trump, por lo visto, también incluye retomar la vieja idea de “América para los americanos”. Uno de los principales objetivos de Mike Pompeo respecto de los gobiernos de la región fue alinearlos con la “lucha contra el terrorismo”, declarando como tal a Hezbollah. Decisión que por ahora solo fue respaldada por el gobierno argentino. A su vez, la cuestión Venezuela también fue uno de los puntos centrales de su agenda. 

La gira de Pompeo comenzó en Argentina, donde junto al presidente Macri rindieron un homenaje a las víctimas del atentado de 1994 contra la AMIA, del cual se cumplían 25 años. Luego se dirigió a México, Ecuador y El Salvador. La Administración Trump se encuentra preocupada debido a la creciente influencia china en la región de Centroamérica y el Caribe. Donde en los últimos años pasó de no ser reconocida por la mayoría de los Estados a convertirse en uno de los principales socios comerciales de los países de la zona. Estados Unidos también perdió influencia económica por sobre su viejo “patio trasero”. Si bien, todavía mantiene prácticamente intacta su presencia cultural. El México de Lopez Obrador, por ahora, no ha presentado grandes desacuerdos con los Estados Unidos. AMLO, consciente que no puede enfrentarse abiertamente a Trump, debe necesariamente acodar con su par norteamericano algunas cuestiones, especialmente las concernientes a migrantes provenientes de los países más pobres de Centroamérica, que para dirigirse a los Estados Unidos deben pasar por México. Respecto de esta cuestión, en su paso por el país azteca, Pompeo destacó “los significativos avances de los operativos mexicanos, en cumplimiento con el acuerdo entre ambos países alcanzado el 7 de junio en Washington”. De acuerdo al Secretario de Estado, gracias a los acuerdos se produjo “una reducción del flujo de inmigrantes ilegales que llegan a la frontera sur de EEUU”.

Según Pompeo, el gobierno de Nicolas Maduro en Venezuela es “la mayor amenaza para América Latina”. Su fijación para con el gobierno bolivariano es tal que en uno de los momentos más álgidos de la crisis, aseguró públicamente que la intervención militar “no estaba descartada”, lo cual fue contradicho por el mismo Trump. El presidente también lo desautorizó en público cuando Pompeo criticó la actuación rusa en el país caribeño. Junto a Nayib Bukele, flamante presidente de El Salvador, el norteamericano declaró: “Por supuesto el riesgo en la región es Venezuela; es importante que cuando nosotros veamos afectados nuestros valores, los países que piensan como nosotros trabajemos de manera conjunta, hombro a hombro”. Si bien, todo parece indicar que cualquier tipo de intervención armada estaría completamente descartada debido al escaso apoyo entre los países de la región, tanto Brasil como Argentina se encuentran alineados con el gobierno estadounidense respecto de la “amenaza venezolana”. En ese punto coinciden con Pompeo sobre la necesidad de “aislar diplomáticamente” al gobierno de Maduro. Sus acciones, especialmente a partir de la autoproclamación como presidente de Juan Guaidó hace seis meses, van en ese sentido.

En una especie de revival de la guerra fría, el sector de Pompeo identifica como “enemigos” a los países alineados con Rusia en la región, como Cuba, Nicaragua y Venezuela. A pesar de los avances diplomáticos de la Administración Obama con Cuba, donde gracias a la mediación del Vaticano se logró instalar sendas embajadas tanto en Washington como en La Habana por primera vez desde 1960, nunca llegó a discutirse el bloqueo ni el embargo. Trump ha dado marcha atrás con los avances, incluso amenazando con endurecer la Ley Helms Burton de 1997 que establece duras sanciones para los norteamericanos que quieran negociar con empresas cubanas. Según Pompeo, “Cuba es la verdadera presencia imperialista en Venezuela”, una pirueta discursiva llena de cinismo que no se condice de ninguna manera con la realidad. Tanto Cuba como Rusia apoyan el derecho a la libre determinación venezolana. El mismo Trump había dicho tras hablar con Putin que “Rusia tiene buenas intenciones en Venezuela”. A pesar de lo que suele asegurar Pompeo. 

Uno de los puntos más hablados de la visita del Secretario de Estado fue la declaración de Hezbollah como grupo terrorista por parte del gobierno argentino. La mayoría de los Estados árabes, con la excepción de Arabia Saudita, no lo considera de esa manera y lo reconoce como un factor estabilizador en la región. Al mismo tiempo, es un enemigo declarado del autodenominado Estado Islámico. Incluso, desde distintos sectores tanto políticos como mediáticos se ha intentado vincular a Hezbollah y la militancia islámica con el terrorismo y el gobierno venezolano. Al mismo tiempo que se intentan demostrar supuestas conexiones hasta ahora incomprobables entre estos y el narcotráfico. No es casualidad que la adjudicación de terrorismo por parte del gobierno argentino sobre la organización libanesa se produzca en el mismo momento de la visita de Pompeo. Un corrimiento a la derecha de la región tiene su correlato en el alineamiento total para con la política exterior de los Estados Unidos. La presidencia del bloque regional pasa a las manos del Brasil de Bolsonaro, cuyo hijo Eduardo ya ha sido nominado por su padre como futuro embajador brasileño en Washington. Quizás Trump responda nombrando a su propio hijo en Brasilia. Todo un signo de los tiempos, donde son los gobiernos de la misma América Latina quienes han decidido retomar los viejos lineamientos de la doctrina Monroe.


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