La geopolítica es el estudio de las relaciones que existen entre el ejercicio del poder en el plano internacional y el marco geográfico en el que se ejerce el mismo. Los países que tienen en claro sus intereses nacionales intentan una ocupación económica de espacios geográficos vacíos o semivacíos, y esto es lo que está ocurriendo en el Atlántico Sur y en el Ártico. En algunas décadas el mundo tendrá un tercio más de habitantes, la mayoría se concentrará en Asia, con lo que aumentará el consumo de agua dulce, la demanda de alimentos y energía, y disminuirá el suelo cultivable.

Argentina, como país bicontinental, debe tener una mirada estratégica no sólo de Malvinas, sino también del Atlántico Sur y Antártida, por lo que representan para el desarrollo del país. Existe un eje que tiene origen en el Río Paraná, continúa en el Río de la Plata, recorre nuestra extensa plataforma continental, llega hasta Malvinas y sigue hacia la Antártida. Nuestro país debe prestar especial atención a esta vasta zona por su valor geopolítico, por sus recursos pesqueros, sus hidrocarburos y minerales.

Desde comienzos del siglo XVI el Atlántico Sur fue un espacio geográfico codiciado por distintas potencias europeas, en especial Gran Bretaña y Francia, a pesar que el Tratado de Utrecht (1713) reconocía las posesiones de España en América del Sur y su exclusividad de navegación en el Atlántico Sur.

El Reino Unido estableció una red mundial de estaciones de carbón en los pasos ínter-oceánicos de Sudáfrica en 1806, Omán-Muscat 1809, Isla Mauricio e Islas Seychelles 1810, Java-Indonesia 1811, Singapur 1819, Birmania 1824, Malaca 1824, Malvinas 1833, Hong Kong 1839, Adén 1839, Afganistán 1839, Nueva Zelandia 1840 y Shangai–Cantón en 1842 para asegurar el reabastecimiento de su flota y el dominio del comercio.

Si bien con la apertura del Canal de Panamá en 1914, el enclave colonial británico en el Atlántico Sur comenzó a perder su valor estratégico; después de la segunda Guerra Mundial, esta región comenzó a recuperarlo, adquiriendo importancia en plena guerra fría tanto para la OTAN como para el Pacto de Varsovia, en la medida que el comercio marítimo se incrementó desde el océano Índico pasando por Sudáfrica hasta Europa y más aún cuando en los años 70 se descubren riquezas hidrocarburíferas en la cuenca Malvinas. La guerra de Malvinas reafirmó esta importancia geopolítica.

Actualmente por el Atlántico Sur pasa el 80% del petróleo que abastece a Europa Occidental y el 40% de las importaciones de EE. UU.. Considerando que el 90% del comercio internacional que transporta alimentos, minerales, hidrocarburos y productos manufacturados se hace por mar, el paso del atlántico al pacífico y viceversa, por el sur del continente, recupera importancia debido a que el Canal de Panamá tiene dificultades técnicas para que los barcos de gran porte y gran calado puedan atravesarlo. Además, como una de las consecuencias de la crisis climática, es el deshielo del Océano Glacial Antártico, es de esperar que surja una nueva ruta marítima comercial hacia el área del Asia-Pacífico, a la que se está desplazando el eje de la economía mundial y de sus finanzas.

Malvinas le permiten a Gran Bretaña proyectar su poder hacia tres continentes, América del Sur, África y Antártida y hacia dos océanos, Índico y Pacífico. El eje Londres, Peñón de Gibraltar, Islas Ascensión, Santa Helena, Tristán de Acuña, Malvinas, Georgias, demás islas y Territorio Antártico Británico es la hoja de ruta que tiene la fuerza naval británica, permitiéndole controlar el mar, costas y espacio aéreo del Atlántico Sur.

El Atlántico Sur puede ser clave en la disputa Sino-Norteamericana, ya que desde la base que Gran Bretaña y la OTAN tienen en Monte Agradable, Islas Malvinas, vía el océano Indico (Isla de Diego García-Mauricio), le permite a EE.UU. conectar un puente militar para acercarse disuasivamente a la “nueva ruta de la seda”. Otros actores con intereses en el Atlántico Sur son Brasil, Uruguay, Rusia, China, Sudáfrica, Nigeria y Angola.

Argentina tiene que defender sus intereses vitales en el Atlántico Sur, Malvinas y Antártida, además de proteger la Cuenca del Plata, los hielos continentales y el acuífero guaraní, y custodiar los tres pasos hacia el Pacífico como son los estrechos de Drake, Magallanes y el canal de Beagle.

Desde las potencias del mundo se elaboran nuevas doctrinas geopolíticas, para  justificar la ocupación de espacios marítimos de otros países, ante la ausencia de decisión y capacidad soberana de estos en proteger sus recursos naturales.

Omar Ruiz

Red de Capacidades Nacionales

Colaborador Dossier Geopolítico

3 comentarios
  1. Mirtha Pino
    Mirtha Pino Dice:

    Excelente contenido.
    Realmente necesitamos proteger nuestros recursos y ejercer la soberanía. Los sucesivos gobiernos no han logrado dimensionar la problemática. Gracias!!

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    • Marcelo
      Marcelo Dice:

      Excelente propuesta, como Argentina se puede insertar en la ruta de la seda, obtener beneficio como ya lo están haciendo los Piratas que a través de Hong Kong, tienen afiladas las garras para el tarascón

      Responder

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