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Por Sergio Rodríguez Gelfenstein que autoriza su publicación en Dossier Geopolitico

La historia de las relaciones internacionales de América Latina es la historia de la contradicción no resuelta entre el pensamiento monroista y el pensamiento bolivariano. El primero dio origen a la idea panamericana sustentada en la hegemonía de Estados Unidos sobre la región y en la que el resto de los países tienen una posición subordinada y sumisa.

El pensamiento bolivariano se originó como necesidad de concertar a las “repúblicas americanas antes colonias españolas” para que nos “sirviese de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel intérprete de los tratados públicos cuando ocurran dificultades, y de, en fin, conciliador de nuestras diferencias” según la idea del Libertador formulada en la convocatoria al Congreso de Panamá en diciembre de 1824. 

Casi 70 años después, en el ensayo “Nuestra América” publicado el 10 de enero de 1891 en la Revista Ilustrada de Nueva York y, unos días más tarde en el diario mexicano El Partido Liberal,  José Martí le da forma a una idea más totalizante que la de Bolívar en cuanto a la identidad que nos integra y nos debe agrupar. Dijo Martí: “¡[…] del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!”.

Un poco más de un año antes, el 19 de diciembre de 1889 en ocasión de una velada artístico-literaria realizada en la Sociedad Literaria Hispanoamericana de New York a la que asistieron los delegados a la Conferencia Internacional Americana convocada por Washington para concretar la idea monroista, Martí quiso advertir a los obnubilados representantes de las repúblicas del sur  a quienes los anfitriones habían apabullado mostrándoles las ostentosas maravillas del naciente capitalismo que: “… por grande que esta tierra sea, y por ungida que esté para los hombres libres la América en que nació Lincoln, para nosotros, en el secreto de nuestro pecho, sin que nadie ose tachárnoslo ni nos lo pueda tener a mal, es más grande, porque es la nuestra y porque ha sido más infeliz, la América en que nació Juárez”. Así se sembró para siempre lo que habría de ser la identidad nuestroamericana que nos une.

El pensamiento monroista, emergió del discurso del presidente James  Monroe ante el Congreso de su país el 2 de diciembre de 1823,  para ser  transformada en doctrina de política exterior de Estados Unidos para América Latina y el Caribe, posteriormente. Aunque a lo largo de esa centuria hubo algunos intentos de institucionalización, fue en 1889 cuando habría de concretarse la intención de darle una estructura a tal idea. Por ello se convocó la primera conferencia panamericana. A partir de entonces y hasta 1954 se realizaron dos conferencias interamericanas, cuatro reuniones de consulta y diez conferencias panamericanas.

En la novena, realizada en Bogotá en 1948, en el marco de una nueva realidad emanada del fin de la segunda guerra mundial, fue creada la Organización de Estados Americanos (OEA). El año anterior en Río de Janeiro, había sido firmado el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) que daba origen a un supuesto sistema de seguridad colectivo para las Américas. De esta manera, contando con los instrumentos militar y político, Estados Unidos logró consumar una estructura de dominación que le garantizaba su control sobre la región. La idea monroista de “América para los americanos” (léase Estados Unidos) se había completado. La historia más reciente es bastante conocida.

El pensamiento bolivariano pareció muerto con la desaparición física del Libertador en 1830. A partir de entonces varios pensadores y políticos latinoamericanos dieron continuidad en sus escritos y en su obra al ideario de Bolívar. Así mismo, se hicieron dos eventos en Perú a mediados del siglo XIX, en 1847-48 y en 1864-65 los participantes de diversos países se reunieron para no dejar morir la idea bolivariana y retomar su propuesta de unidad.

Pero hubo que esperar casi 150 años hasta que Hugo Chávez, el más preclaro continuador del pensamiento bolivariano, comenzó a cambiar esa perspectiva. Chávez se propuso transformar la injusta estructura de dominación regional dando inicio a la recuperación del sueño bolivariano para convertirlo en el proyecto que había quedado truncado en 1830.

Así, en 2010, en la Riviera Maya mexicana se realizó la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe tras la fusión de los dos mecanismos existentes con anterioridad. Al año siguiente, en el marco del bicentenario de la independencia de Venezuela en una reunión cumbre de los líderes de la región nació la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). En aquella ocasión, el Comandante Chávez sentenció que «Estamos poniendo aquí la piedra fundamental de la unidad, la independencia y el desarrollo de América Latina y el Caribe».

Tan solo unos años después, el avance oligárquico en la región generó fuerzas centrífugas que bajo fuerte influjo monroista actuaron como elemento desintegrador respondiendo a la necesidad de Estados Unidos de impedir que se concretara la unidad latinoamericana y caribeña.

La llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador y el extraordinario esfuerzo del gobierno mexicano en pro de la integración permitieron retomar el proyecto en 2020, una vez más rescatando el ideario de Bolívar como instrumento de consolidación de la unidad regional.  Y así llegamos a Buenos Aires 2023.

La reunión Cumbre finalizada ayer en la capital argentina mostró grandes luces, pero también algunos grises y sombras.  Las sombras dicen relación con la información transmitida por los medios transnacionales de la desinformación: “Sin Maduro comienza la Cumbre de la CELAC”, “Con muchas ausencias se realiza la Cumbre de la CELAC”, “López Obrador distanciado de Alberto Fernández, no viaja a Buenos Aires”. Los titulares trasuntan un odio, una negatividad y una apuesta por el fracaso que expresan con claridad la voluntad monroista de desintegración que emerge de la prensa tránsfuga que responde a intereses imperiales y oligárquicos.

Por otra parte, la crisis peruana dio muestras de que en algunos temas no existe consenso y que, finalmente el asunto de los derechos humanos está politizado de acuerdo a lo que Estados Unidos y las oligarquías -aún en el poder- entienden, en cuanto al uso político que se le debe dar a este asunto. No hubo una declaración única , dura y contundente en contra de la prisión del presidente Castillo, la represión al pueblo peruano, la violación de la autonomía universitaria y el asalto a la tan cacareada democracia.

De igual manera, es oscura la invitación a Estados Unidos a la Cumbre. De la misma forma que a espaldas del Libertador, el vicepresidente de Colombia Francisco Santander invitó a Washington al Congreso de Panamá en 1826, Alberto Fernández hizo lo propio y sin necesidad al convocar a Joe Biden, presidente de un país que nos excluye y nos desprecia.

La inasistencia del presidente Maduro también debe considerarse como un punto negro de la Cumbre. Un país en el que la vicepresidenta esta viva de casualidad tras un atentado terrorista en su contra no daba seguridad al presidente de Venezuela. Una cosa es ser valiente y otra ser pendejo. No hay que olvidar que el gobierno de Estados Unidos le puso precio a la cabeza del presidente Maduro. Por 15 millones de dólares cualquier loco y otros que no lo están tanto, estarán absolutamente dispuestos a cometer un magnicidio. La “investigación” del intento de asesinato de la vicepresidenta Cristina Fernández da cuenta de la plena colusión de la justicia, los medios de comunicación, la ultra derecha y la delincuencia organizada en Argentina, a fin de generar complicidad e impunidad.

El valor del presidente Maduro no se manifiesta por la asistencia o no a la Cumbre, sino por la resistencia de 8 años al frente del pueblo venezolano para plantarse y derrotar todas las acciones de grupos terroristas y desestabilizadores organizados y financiados por Estados Unidos, y salir victorioso de ello. 

En particular, Venezuela siempre está representada en Argentina por las inmensas muestras de amistad de millones de ciudadanos y ciudadanas que han dado continuidad por 200 años al abrazo fraterno de Guayaquil entre los Libertadores José de San Martín y Simón Bolívar.

De cara al futuro, habrá que avanzar para hacer luz en los grises que aún permanecen. Todavía no existe una idea única de integración. No me refiero a lo que estén pensando las derechas cavernarias y monroistas sino a las propias interpretaciones que se hacen en la región del ideario bolivariano. En este sentido, son equívocos los llamados del presidente López Obrador a la buena voluntad de Estados Unidos para con la región.

Más allá de los buenos deseos, eso no tiene ninguna posibilidad de materializarse. 

La condición imperialista de Estados Unidos está en su ADN, si renunciaran a ello se transformarían en otra cosa y no hay ninguna señal en ese sentido. Lo saben los cubanos por más de 60 años, Nicaragua desde 1979 y Venezuela desde la llegada al poder del Comandante Hugo Chávez. Nuestra integración será latinoamericana y caribeña o no será.

Hablar de un gran espacio americano que incluya a Estados Unidos no deja de ser un sinsentido que contradice lo que el propio presidente López Obrador ha dicho en otros escenario. Pero se entiende la situación de México, “tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. En todo caso, no hay que olvidar que Cuba está en la misma situación.

Por su parte el presidente Petro, casi obsesivamente desea generalizar sin fundamentos una situación personal que se resolvió positivamente a su favor cuando fue destituido de forma irregular e ilegal como alcalde de Bogotá. Agotadas todas las instancias internas recurrió a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que revirtió el fallo de la justicia colombiana reponiéndolo en su cargo. Pero de ahí a suponer que esa institución dependiente de la OEA de la que Estados Unidos ni Canadá forman parte pero sobre la que tienen poder de decisión, pueda ser el summum de una política común de derechos humanos, no deja de ser una quimera.

Si creemos en CELAC, debemos ser capaces de crear un cuerpo estructural, de instituciones propias, entre ellas la de derechos humanos a fin de resolver nuestros problemas sin injerencia de Estados Unidos. 

No dudo de la voluntad integracionista de los presidentes López Obrador y Petro, pero me siento en la obligación de señalar estos grises que tengo plena seguridad se resolverán mediante el dialogo y el debate fraterno.

La CELAC deberá también buscar mecanismos que hagan posible la participación de mayor cantidad de jefes y jefas de Estado y gobierno a las reuniones Cumbre. De no ser así, las mismas se deberán hacer por teleconferencia con participación presencial de cancilleres y técnicos para la redacción y revisión de los documentos a aprobar. Aunque en Buenos Aires estuvieron presentes todos los países, la inasistencia de una parte de los mandatarios, da cuenta de que todavía Estados Unidos genera temor al usar los instrumentos de coerción, amenaza y chantaje que integran su amplio arsenal. 

En cualquier caso, las luces son tantas que tapan cualquier sinsentido y visión mezquina que se tenga de la Cumbre. Lo más importante de todo es que a pesar de las intimidaciones, coacciones y presiones de fuerzas reaccionarias y adversas a la integración, la reunión se haya concretado. En este ámbito, hay que agradecer el gran trabajo del gobierno y la cancillería argentina.

La realización de la Cumbre en Buenos Aires después de la efectuada en 2020 en México permite retomar la continuidad de estos eventos y con ello se posibilita pensar nuevamente que la integración de la región es posible. Los imperativos de unidad y el reconocimiento de la mayoría de la necesidad de construir aceptando la diversidad, así como la voluntad de avanzar hacia una integración con desarrollo a partir de la inclusión, son signos inequívocos de un futuro promisorio.

La reincorporación de Brasil y la posibilidad de agregar a los presidentes Lula y Petro al necesario liderazgo colectivo de la región, dejando atrás el oscurantismo medieval de Bolsonaro y Duque, son también señales incuestionables de que la región avanza en una dirección positiva. 

La elección de San Vicente y las Granadinas y de su primer ministro Ralph Gonsalves como presidente pro tempore de la CELAC es un indudable reconocimiento a los países insulares del Caribe. 

Vale decir que la OEA, es decir Estados Unidos nunca ha permitido que un caribeño acceda al más alto cargo de esa organización. La democracia que se espera exista en CELAC debe ser igualitaria. Como atributo propio de la integración bolivariana, no debería importar en el momento de la toma de decisiones las diferencias que emergen de la dimensión geográfica, la cantidad de habitantes o el tamaño de la economía de los países miembros. Esto es lo que ha permitido que a partir de hoy y por un año, San Vicente y las Granadinas haya sido elegida por consenso para representar a toda la región.

La constitución de la CELAC social y la realización de su propia Cumbre en Buenos Aires es expresión de que los pueblos de Nuestra América han aprendido del pasado. Los gobiernos van y vienen, los pueblos persisten en sus luchas, entre ellas las que libran por hacer efectiva la unidad latinoamericana y caribeña. La integración sólo será irreversible cuando los pueblos se hagan cargo de ella. Felizmente los acuerdos de la Cumbre de CELAC social apuntan en esa dirección.

La Declaración de Buenos Aires, instrumento final del cónclave, reiteró el compromiso de todos “con el avance en la unidad e integración regional política, económica, social y cultural”. Los 111 puntos del documento sumados a las 11 declaraciones especiales configuran una sólida base de trabajo para avanzar correctamente hacia el futuro. 

Desde mi punto de vista, son de particular interés los puntos 92 y 93, así como el 98. Los dos primeros reconocen la “relevancia de intervenir de manera concertada y presentar iniciativas consensuadas en los distintos foros multilaterales”. Así, también la necesidad de: “Promover […] un mayor número de intervenciones conjuntas en todos los foros multilaterales en temas de interés común, convencidos de que ello contribuirá directamente a fortalecer el papel y liderazgo de la región en los organismos internacionales». La idea de avanzar hacia la construcción de un verdadero bloque regional de poder que nos muestre de esa forma ante el mundo le da carácter estratégico a esta declaración.

Por otra parte, el punto 98 señala: “Nos congratulamos por los avances logrados en materia de profundización del diálogo político de América Latina y el Caribe con los socios extrarregionales, entre los que se incluyen la Unión Europea, China, India, la Unión Africana y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN)”. No sé si fue un olvido, una decisión consensuada o un gazapo necesario, pero ahí no aparece Estados Unidos por ninguna parte, marcando la clara disposición de la región de relacionarse con bloques de poder global que nos reconozcan en igualdad de condiciones. Tal vez sea simplemente la aceptación de que no existe “diálogo político” alguno con la potencia norteamericana o, que no es considerado un “socio extrarregional”.

Finalmente, tal como lo dijo el presidente Petro, hay que pasar de la retórica a las acciones y los hechos. Si la Declaración de Buenos Aires se cumpliera, todos los países de la región deberían regularizar su relación con Caracas, volviendo a la normalidad existente antes de que Obama y Trump se propusieran derrocar por la fuerza al Presidente Maduro. 

Desde mi perspectiva, el punto 104 referido a Venezuela, aunque es un avance, todavía es flojo en el reconocimiento del gobierno constitucional del Presidente Nicolás Maduro.

Al final de este evento y de cara al futuro, con Martí podríamos preguntarnos  “¿Adónde va la América, y quién la junta y guía? Y con el apóstol de la independencia de Cuba responde: ”Sola, y como un solo pueblo, se levanta. Sola pelea. Vencerá, sola”.

Twitter: @sergioro0701

Un gran paso adelante, pero por ahora sólo uno 

Por Eduardo J. Vior publicado en TÉLAM y autorizado por el autor su publicación en Dossier Geopolitico

La VII cumbre de CELAC dio inicio a un nuevo ciclo de integración continental, mas sólo tendrá relevancia si la complementan otras acciones. 

La reunión de jefes de Estado, de gobierno y representantes de los 33 estados miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que se realizó este 24 de enero en Buenos Aires marcó un hito en el proceso de unidad regional e indicó al mundo que Nuestra América quiere hablar en los foros internacionales con una sola voz y gobernarse a sí misma sin tutorías. Sin embargo, la continuidad y profundización del proceso de integración requerirá armonizar identidades e intereses contradictorios y utilizar diversos instrumentos a la vez. 

El documento final publicado el pasado martes declaró la región como una «zona de paz» y destacó su importancia mundial como principal productora y exportadora de alimentos. También dedicó apartados al cambio climático, a la estrategia sanitaria, la cooperación en materia ambiental, la ciencia, tecnología e innovación productiva, la infraestructura para la integración, los temas de género, juventudes, migraciones, discapacidad, educación, cultura, a la cooperación en materia espacial y nuclear y contiene secciones especiales sobre Haití, Cuba, Venezuela, Puerto Rico y Malvinas. 

En la declaración se brindó “el más fuerte apoyo regional al reclamo de la Argentina sobre las Malvinas”, se destacó “la importancia de la Hidrovía Paraguay-Paraná” y se reiteró el llamado “para poner un final al bloqueo contra Cuba”. El documento hace asimismo hincapié en la defensa de los recursos naturales y estratégicos, resalta la importancia de fomentar el diálogo entre las partes en Venezuela y reafirma el principio de no intervención e injerencia extranjera en los procesos políticos del continente.

La CELAC también manifestó su “preocupación, porque varios países de América Latina y el Caribe emergieron de la pandemia con mayores niveles de deuda pública” y subrayó “la necesidad de que las instituciones financieras regionales e internacionales, como los Bancos Multilaterales de Desarrollo, mejoren las facilidades crediticias”. Los miembros de la Comunidad coincidieron también “en que la desinformación en las redes sociales puede crear realidades paralelas e inducir a la radicalización política”, creando “una amenaza a los valores democráticos y al Estado de Derecho”. 

La cumbre finalizó el martes por la noche con la elección unánime del primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, como presidente pro tempore del foro regional. Así, por primera vez en la historia del organismo fundado en 2011, un país pequeño –y, además, del Caribe- asume la presidencia temporaria.

Durante la reunión cumbre los 11 presidentes y primeros ministros presentes así como los demás delegados se dirigieron al pleno poniendo cada uno su acento. Mucho se trató en los medios de los últimos días sobre los discursos de los presidentes Alberto Fernández y Lula da Silva, sobre el exabrupto del presidente uruguayo, las referencias de Gastón Boric y Gustavo Petro a la crisis en Perú, así como sobre el video de Nicolás Maduro denunciando las agresiones contra su país.

Atención especial mereció asimismo el video del presidente chino Xi Jinping con el siguiente contenido: “La CELAC ya se ha convertido en una fuerza propulsora indispensable para la cooperación global Sur-Sur», dijo y añadió que «bajo el liderazgo de Argentina y otros países, la CELAC ha persistido en practicar el multilateralismo y jugado un papel importante en la defensa de la paz regional, el fomento del desarrollo compartido y la promoción de la integración regional». Xi detalló también que «China ha venido trabajando con América Latina y el Caribe para reforzar constantemente la construcción del Foro China-CELAC» y reconoció que «el mundo ha entrado en un nuevo período de turbulencias y transformaciones», por lo que «sólo con el fortalecimiento de la unidad y la cooperación podremos hacer frente común a los desafíos y superar juntos las dificultades coyunturales». 

Es esperable que la actuación de San Vicente al frente de la CELAC no se desarrolle en solitario. Ralph Gonsalves seguramente recibirá el apoyo de la Comunidad del Caribe (CARICOM) y quizá también de los países del ALBA. El principal eje de su gestión se concentrará en torno al cambio climático, que origina frecuentes y cada vez más violentos huracanes en el Caribe.

Ya la misma realización de la cumbre ha sido un éxito hace pocos meses todavía impensable. Además han participado representantes de todos los países miembros, sin ausencia alguna. Por otra parte, la reincorporación de Brasil da al organismo un gran peso internacional. Ha sido un gran suceso, también, que la declaración final, de 111 puntos, haya sido adoptada unánimemente, con reparos parciales en sólo diez puntos. 

Bajo la presidencia de un país pequeño viene ahora la difícil implementación de lo acordado, sin que la Comunidad tenga organismos permanentes que la doten de ejecutividad. Asimismo se harán sentir las diferencias de intereses y objetivos entre los asociados, especialmente entre los tres más grandes. Argentina está interesada en el desarrollo de este foro regional, porque tiene una tradición diplomática y cultural de solidaridad latinoamericana que ahora se amplía al Caribe. En las mejores épocas de nuestra historia hemos complementado nuestras debilidades políticas y económicas con una poderosa diplomacia cultural, sindical y social que en momentos difíciles nos supo ganar la simpatía continental y que ahora es menester reimpulsar. 

Brasil, por el contrario, no tiene un interés “duro” en la integración con el Caribe y Mesoamérica, porque allí debe competir con México. Para su actual gobierno la prioridad continental está, por un lado, en el fortalecimiento del Mercosur, incorporando también a Bolivia, porque es el ámbito “natural” para los negocios de su gran industria. Por el otro lado, va a poner el acento en el resurgimiento de la Unasur como herramienta para la integración política del subcontinente que, espera, le servirá como apoyo para conseguir un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. 

México, a su vez, sólo tiene interés en CELAC, si le sirve para funcionar como bisagra entre la integración latinoamericana y caribeña y la de América del Norte, donde tiene su mercado principal. 

Parecidas puntualizaciones podrían hacerse sobre los intereses particulares de los demás miembros de la Comunidad. Ésta sólo puede desarrollarse como foro regional, si con acciones concretas se crea el interés de sus miembros en dialogar dentro del mismo. Con políticas específicas se puede generar más comunidad de intereses que con grandes cumbres o manifiestos universalistas. 

El desarrollo de CELAC es un aspecto importante de la integración continental, pero ésta supone utilizar instrumentos “duros” (económicos, políticos y militares) y “blandos” (culturales, deportivos, comunicacionales, educacionales, sanitarios y científico-tecnológicos) que requieren distinto tipo de organizaciones. La VII Cumbre de CELAC ha dado un gran paso hacia la integración continental, pero muchos más deben seguir. 

TELAM https://www.telam.com.ar/notas/202301/618405-cumbre-celac-opinion.html