Artículo del Diplomático y Abogado Argentino: Mario José Pino, autorizado para ser publicado en Dossier Geopolitico

Vladimir Mijailovich Gundiayev, Cirilo, el Patriarca de Moscú y Toda Rusia, en la conversación que sostuvo via zoom con Jorge Bergoglio, afirmó: “vivimos mundos informativos diferentes” y “los medios occidentales poco han informado sobre los reales motivos” de la invasión a Ucrania. Tiene razón. En una guerra la verdad se vuelve esquiva y la subjetividad o los intereses también juegan en el momento de la comunicación.

La entrevista otorgada por el papa Francisco al Corriere della Sera dista de pecar de ingenuidad y quizás ha sido el cierre de una operación de la diplomacia vaticana ejecutada por el Secretario de Estado, Cardenal Pietro Parolin apenas tres semanas después de iniciada la invasión y concluída por el propio Pontífice con precisión quirúrgica. El objetivo, hasta ahora no alcanzado, era lograr que Putin abriera una ventana, aunque fuese estrecha, a conversaciones que pudiesen frenar o disminuir las acciones militares y los daños de la guerra. El Papa era pesimista aún en medio de su empeño. 

Al Kremlin no le ha quedado otro camino que decir, después de dos meses, que Putin “no está de acuerdo en recibir al Papa” y el Patriarca también debió salir a la superficie. Salieron a la luz detalles -todos importantes y portadores de fuertes mensajes- y especialmente la dinámica de las acciones vaticanas que en los hechos comenzó a los 20 días de iniciada la invasión, que incluyeron conversaciones con líderes políticos y religiosos. La respuesta del Kremlin al Vaticano fue la esperada. Putín no podía, ni puede abrir todavía, ninguna ventana de negociación orientada hacia la paz en tanto no pueda cumplir sus objetivos en la guerra. 

Antes de realizar las declaraciones públicas el propio Papa visitó la Embajada de Rusia ante la Santa Sede a pedir explicaciones por la falta de respuesta, los avances de la guerra y a reiterar su disposición incondicional. Es posible que, entonces, Rusia haya conocido que el Papa haría conocer su posición públicamente, pero el Kremlin no se movió de su negativa tácita.  

Que el Papa debía entrevistarse con Putín antes de viajar a Kiev, es elocuente obviedad que no fue valorada adecuadamente por opiniónes chapucera. Carecía de sentido un viaje a Kiev si no tenía nada concreto en sus manos; su solidaridad con el pueblo invadido ya había sido expresada cuando fue uno de los primeros jefes de estado, sino el primero, que se comunicó con Zelenski el mismo 24 de enero. El show mediático y de redes no está en el catálogo de medidas de la diplomacia vaticana. Tampoco lo están las “visitas secretas» publicadas por todo el mundo como acaba de suceder con la la enviada del Presidente Biden, Nancy Pelosi. El Vaticano y el Papa solo pueden aspirar a construir puentes de entendimiento. La misma visita del Secretario General de la ONU, Antonio Guterrez, que obviamente fue primero a Moscú y después a Kiev, se vió sometida a un intenso bombardeo ruso durante su estada, como si hubiera alimentado el fragor de la guerra.

La cuestión religiosa está presente.

El historiador británico Orlando Figes explica que Cirilo, Patriarca de Toda Rusia, que apoyó siempre con entusiasmo la unificación de Rusia y Ucrania, es un gran impulsor desde que asumió el patriarcado en los 90 del “Russkiy Mir”, o el “mundo ruso”, que procura la unificación bajo la ortodoxia de Moscú, de una diáspora de más de diez millones de rusos, luego de la desaparición de la URSS pero que también comprende, en la visión del Patriarca, a Bielorusia y la “Pequeña Ucrania” como espacio exclusivo de presencia religiosa ortodoxa. Esta idea, en cierta manera cultural, fue convertida convenientemente por Putín en argumento político y estratégico que facilitó la premisa argumental de la protección de los parlantes del Donbass.  

El Papa tampoco podría visitar Kiev sin hablar con Cirilo y evitar quedar envuelto en la disputa cismática entre los patriarcas de Moscú y de Kiev. Francico aclara en sus declaraciones esta cuestión y la Iglesia Ortodoxa Rusa está reaccionando con profusión. Se sabe que uno de los ejes centrales del apostolado de Francisco es el ecumenismo, por razones que comprometen el futuro mismo de la humanidad; la respuesta de Kiril a las opiniones de Francisco ha sido que las mismas dificultan un entendimiento entre la Santa Sede y Moscú a partir de lo que consideran una inoportuna y tergiversada opinión del Papa. Pero ni la entrevista ni el contenido de la misma han sido una imprudente improvisación de Francisco y Cirilo aumentó su aislamiento.

Cuando Francisco tiene su conversación vía zoom con Cirilo, este inicia el diálogo leyendo durante 20 minutos un documento explicando las razones políticas y geopolíticas de la invasión, el papa simplemente le contesta: “ Hermano, de esto no entiendo nada. Nosotros no somos clérigos del Estado. No podemos hablar con el lenguaje de la política sino el de Jesús. Somos pastores del mismo pueblo de Dios por lo que debemos buscar los caminos de la paz y hacer cesar el fuego de las armas. El Patriarca no puede transformarse en un monaguillo de Putín”. Tremendas palabras al corazón de una de las bases fundamentales de sustentación del líder ruso.

Según los expertos, la Iglesia Ortodoxa Rusa está navegando mares tormentosos y la guerra habría exacerbado tensiones internas al punto de que el Santo Sínodo de Obispos ortodoxos rusos, que debía realizarse en mayo próximo, fue postergado sin fecha. A sus problemas internos Kirill ahora suma un hecho inédito: la Comisión Europea analiza aplicarle las mismas sanciones que a los oligarcas de Putín ya que “el Patriarca se ha convertido en uno de los principales sostenes de la agresión militar rusa contra Ucrania”. Esto sucedió al día siguiente de las declaraciones de Francisco, lo que debe ser casualidad, aunque quizás no.  

Cirilo se encuentra aislado, con el cisma de Kiev y separado del Patriarca de Constantinopla, el primus inter paris de la iglesia ortodoxa y si Rusia no ocupa toda Ucrania no podrá aniquilar al Patriarcado de Kiev que lo desafió, ni perseguir a los cinco millones de fieles ortodoxos griegos en comunión con Roma. Uno de los apoyos esenciales de Putín se debilitó.

Este complejo panorama del conflicto se añade a su preocupación por el desplazamiento de millones de refugiados y desplazados, que en número no menor son fieles de su Iglesia, y a sus denuncias por el imparable mercado de las armas. El escenario es de una gran complejidad para ser entendido en los 280 caracteres de un tweet pero la intervención de Francisco ha sido motivo de beneplácito en casi todo el mundo, menos en su patria.

Mario José Pino – Abogado. Diplomático

Publicado en la Voz del Interior el dia 7/5/2022, autorizado por su Autor, para la difusión a través de Dossier Geopolitico

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