Militares y Sociedad

Para empezar: Digamos que la forma en que las distintas culturas a lo largo de la historia se han preparado para la guerra. Ha producido profundas transformaciones políticas en sus sociedades. Se puede afirmar con absoluto rigor histórico, sólo por citar un ejemplo, que la democracia que practicaban las ciudades-estado griegas le debe más a la organización de sus falanges que a los discursos pronunciados en sus respectivas ágoras.

No en vano el origen etimológico más primigenio de la voz exercitus, es “asamblea”. De hecho, no había distinción alguna entre su significado y la palabra “pueblo”. Para ser un ciudadano, hecho y derecho, primero, había que ser soldado, por el simple y vital hecho, de poder ser considerado como un ciudadano respetable.

Mutatis mutandis, las cosas evolucionaron mucho hasta nuestros días. Para hacer corta una historia larga. Sinteticemos, diciendo que la profesión militar se fue, valga la redundancia, profesionalizando.  De hecho, fue sólo fue a fines de la Edad Media y principios del Renacimiento en que este proceso de hizo posible. Cuando el absolutismo de los reyes del siglo XVII y XVIII le puso fin a este sistema descentralizado de los señores feudales para algo tan delicado como la administración de la violencia. La que reclamaron, como era lógico, para su uso exclusivo.

Con el tiempo fueron surgiendo las academias militares, las jerarquías y el código de honor que regulaban su conducta. Todo casi como los conocemos hoy. Pero habría que esperar la llegada del siglo XIX y esa famosa Revolución llamada francesa, con la leva en masa. Para que el sistema se popularizara y llegara a su máxima expresión.

Finalmente, después de las dos guerras mundiales, esta forma de reclutar y combatir cayó en desuso. Especialmente, en los países más desarrollados de Occidente. Cansados de ver partir a sus hijos en guerra lejanas. Estas sociedades opulentas optaron por el denominado “soldado profesional”. El que ya no se reclutaría entre las clases enteras de conscriptos. Sino entre aquellos deseosos de hacerlo. Mayormente, desempleados. Y a quienes no les daba el caletre o el presupuesto para costearse alguna forma de estudio formal. También, se unieron a estos ejércitos de necesidad, los descastados: residentes extranjeros indocumentados y los amantes de la aventura barata, que es toda fuerza armada.

Pero, más allá de las sucesivas formas que fue adquiriendo lo militar, la influencia política de los cuerpos militares en sus respectivas sociedades fue un hecho evidente, pero variable, en cada una de ellas. Que iba desde la figura del rey como supremo comandante de sus fuerza militares a los toscos y repetidos golpes de Estado en repúblicas asiáticas, africanas y sudamericanas. Como trataremos de explicar más adelante.

Por ejemplo, fue raro en algunas sociedades desconfiar del poder militar. Se decía que bendecidos por las ventajas del comando centralizado, la jerarquía, la disciplina, la cohesión y las virtudes propias de su profesión le era difícil a una sociedad civil controlarlos. Como lo puso un parlamentario británico del siglo XVIII: “[los soldados] son un cuerpo de hombres distinto de otros grupos de personas por principio propio; gobernados por leyes diferentes, de una obediencia ciega, totalmente devotos a las órdenes de sus jefes… de hecho es imposible que las libertades de los habitantes de cualquier país puedan ser preservadas cuando se mantiene un ejército permanente numeroso.”

Pero, la mayoría de las opiniones no era tan negativa y sí mucho más matizada. El politólogo norteamericano, Samuel P. Huntington, creía que los militares, no solo podían y debían ser controlados por las autoridades civiles. Consideraba que ellos eran un componente importante de toda sociedad. Comienza su análisis, comparando a la militar con dos profesiones que considera muy parecidas:  la del médico y la del abogado. Como esas vocaciones, escribe, la militar se distingue por el conocimiento práctico de un área particular de los asuntos humanos, un sentido de responsabilidad que tiene una importancia que trasciende las recompensas monetarias y un sentido corporativo o sentido de comunidad y compromiso de sus miembros para con el grupo. Para Huntington, la destreza principal de un soldado es el “manejo de la violencia,” también, el arte del planeamiento, la organización y el empleo de la fuerza militar, pero no la decisión de usarla.

Huntington cree en el carácter distintivo de la mente militar. Dice en un pasaje notable sobre su visión de la misma que ésta es “pesimista, colectivista, historicista, orientada por el poder, nacionalista, militarista, pacifista e instrumentalista. En breve, es realista y conservadora.” Es una caracterización ideal; pero sostiene que mantiene su poder pese a todo y que este ethos militar es una fuente de gran fortaleza, no sólo para los militares, sino para toda la sociedad.


Los casos sudamericanos:  y, especialmente, el argentino son interesantes por las fluctuaciones sufridas. En cuanto a los modelos y a las formas de hacer la guerra, se puede afirmar -en términos- generales que los países sudamericanos, incluido el nuestro, siguieron los patrones, primero europeos y luego norteamericanos relacionados con las doctrina preferidas del arte de la guerra. Casi todos ellos modelaron, primero, sus ejércitos independentistas, (a principios del siglo XIX) en el exitoso molde establecido por Napoleón Bonaparte. Para, luego, pasar por diferentes etapas de influencia externa. La que primero siguió siendo francesa hasta la Guerra Franco-Prusiana (1870) para pasar, posteriormente, a ser prusiana y, finalmente, norteamericana. Una evolución que estuvo acompañada, como era lógico,  por los niveles de éxitos, en ambas conflagraciones mundiales, de cada una de ellas.

Donde sí nos diferenciamos los sudamericanos, fue en el rol que jugaron a lo largo de su historia, nuestras sucesivas elites militares. A diferencia de lo ocurrido en Occidente, no fueron pocas las ocasiones para que se diera su abierta participación política. Tomando el caso argentino como ejemplo, éstas fueron desde incumbencias meramente técnicas como la de los generales -ingenieros militares ambos-  Mosconi y Mosconi. Hasta groseras interrupciones del orden constitucional, siendo la más grave de todas la del denominado Proceso de Reorganización MIlitar (1976/1983). Y que dispuso del agravante -que la separaba de las otras dictaduras sudamericanas- de haber tenido la gloria y el infortunio de haber iniciado y perdido una guerra por la recuperación de un territorio colonial en poder de una potencia extracontinental (Malvinas, 1982).

Una vez restablecida la democracia, en la mayor parte de los países sudamericanos, y con la profesión militar denostada por sus -en mayor parte- fracasadas participaciones políticas, se dio un fenómeno concomitante que reforzó esta creencia. Cuál fue la vigencia, desde lo internacional, de un nuevo contenido cultural conocido,  genéricamente, como “Multiculturalismo” bajo la forma de una abierta crítica a todo sistema de autoridad tradicional y que traía aparejado diversos contenidos ideológicos, tales como: un marcado antimilitarismo, un feminismo extremo, una ideología de género, entre otros.

Como era de esperarse la profesión militar, por sus propias características, se vio atacada, tanto desde el punto de vista de los que querían su reforma hasta por quienes buscaban su desaparición lisa y llana por considerarla el origen de todo autoritarismo. En otras palabras, de la doctrina del control civil objetivo se pasó a las del control subjetivo que buscaba domar a los militares, civilizándolos, haciéndolos políticamente aceptables o controlándolos mediante elites civiles trasplantadas.

El colapso del sistema: Sin embargo, luego de varias décadas de reinado democrático, las limitaciones del todo el sistema político comenzaron a hacerse evidentes. Principalmente, su creciente incapacidad de garantizar, por parte del Estado,  el bienestar que había prometido y que está haciendo que éste se contraiga, entregando funciones que antes controlaba a otros actores no estatales. En ocasiones, esta contracción tuvo un carácter voluntario, por ejemplo, en el plano interno, cuando aceptó que los particulares se provean su propia salud o su propia educación. O cuando en el plano externo, se unió a organización regionales y/o globales, aceptando someterse a sus regulaciones. Pero, en no pocas oportunidades, estas cesiones de soberanía no fueron el fruto de su libre elección. Y tal como afirma el profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Martin van Creveld, estas se dieron, especialmente, cuando su monopolio del uso legítimo de la fuerza fue desafiado por organizaciones criminales como el narcotráfico.

Esta combinación de imcumplimiento de las promesas de la política de progreso social con una creciente inseguridad personal y comunitaria fue produciendo una progresiva erosión en la credibilidad de los partidos políticos tradicionales, que se tradujo en una decepción y en un desencanto generalizado en amplias capas de la sociedad.

Para colmo de males, la negra sombra de una corrupción generalizada comenzó a expandirse, no solo sobre los administradores políticos del sistema. También, sobre las clases dirigentes en general, especialmente, la de los grandes empresarios vinculados con la obra pública estatal. De tal forma que periodistas de investigación, como el argentino Hugo Alconada Mon, no dudan en calificar a este fenómeno como la raíz de todos los males político-sociales actuales, pues consideran que el poder ha montado un sistema para su propio beneficio basado en la impunidad y que impide un verdadero progreso.

Lo que ha llevado a inusitados procesos judiciales en varios países de la región, como el Lava Jato en Brasil o el caso de los Cuadernos en la Argentina. Algunos de los cuales han conducido a graves consecuencias políticas, tales como: juicios políticos,  renuncias y hasta la condena y la prisión de prominentes políticos -incluidos expresidentes- y empresarios destacados.

Otro factor que está influyendo y, cada vez con mayor fuerza, es el rechazo de crecientes sectores de la sociedad a las políticas destinadas a apoyar ciertas a minorías -principalmente vinculadas con la diversidad sexual-  propuestas en el marco de lo conocido, genéricamente, como lo “Multiculturalismo” o lo “Políticamente correcto”.

La difusión de esto último ha venido a caballo y como un corolario necesario de las medidas macroeconómicas tendientes a impulsar una economía de mercado global. La denominada cultura occidental es la que viene proponiendo una visión común secularizada que busca la emancipación de todas las actividades exteriores del individuo respecto de la religión. Una postura antigua,  que si bien comenzó a surgir con el Iluminismo, alcanzó ribetes dramáticos con la invención del cine, la TV y la Internet, en tiempos más recientes, tal como lo señalan, entre otros, el politólogo italiano Giovanni Sartori.

Como resultado: de todo lo expresado, es que han comenzado a surgir expresiones políticas que no responden estrictamente o que se oponen abiertamente a las denominadas reglas del sistema democrático de partidos.

Los ejemplos más palpables de lo sostenido son los de Donald Trump en los EEUU y el más reciente, el de Jair Bolsonaro en Brasil. Aunque no pueden descartarse antecedentes importantes como los fueron los de Hugo Chávez y su Revolución Bolivariana o, aún, más antiguos, como los de Juan Domingo Perón con su Doctrina Justicialista y solo para mencionar a los más conocidos entre otros que podrían mencionarse.

Dispares como son todos los casos nombrados, todos presentan características comunes. A saber:

1ro Reivindican un destino nacional peraltado, sostenido en una creciente inclusión social y basado en los valores tradicionales de sus respectivas sociedades.

2do Rechazan toda forma de injerencia internacional que pudiera coartar o limitar su libertad de acción nacional.

3ro Convocan, en forma personal,  al grueso de la ciudadanía a apoyarlos en sus proyectos, a la par que se niegan a someterse a los dictados de los medios masivos de comunicación.

También, todos ellos tienen el rasgo común de haber profesado la profesión militar (Perón, Chávez, Bolsonaro) o tener un simpatía manifiesta por ella (Trump). Por lo que en sus discursos y conductas es común encontrar reivindicaciones expresas de lo que Huntington caracterizaba como el ethos militar y los valores tradicionales. A la par, de otras de profundo desprecio por lo multicultural y lo global. 

Como sigue: Ya lo hemos dicho y lo repetimos. El futuro no existe y ergo, no puede ser conocido con exactitud. Lo que no implica que no podamos intentar deducirlo a partir de tendencias que vienen del pasado y que subyacen en el presente.

Lo dicho no implica querer simplificar la actual coyuntura. Una, precisamente, caracterizada por el cambio de paradigmas y por su volatilidad. Sin embargo, no pueden pasarse por alto tendencias importantes. A saber:

1ro Que tal como ya lo expresamos los EEUU ha elegido a China como su principal contendiente geopolítico global, en el marco de una reedición de su Doctrina Monroe. Y que, en consecuencia, la América de Sur será el escenario de ese enfrentamiento. Especialmente, vinculado con los principales proveedores chinos de alimentos como lo son la Argentina y el Brasil.

2do Que la propia naturaleza de ese enfrentamiento hace necesario para quienes la dirigen desde Washington DC, la disposición de aliados confiables, especialmente, desde el punto de vista de las Relaciones Internacionales y de la Defensa y la Seguridad.

Llegado a este punto, no podemos menos que concluir que estábamos en lo cierto cuando describimos este escenario. Y que, por lo tanto, podemos repetir lo que decíamos en aquella oportunidad respecto de que este nuevo protagonismo de nuestro subcontinente no hace otra cosa que reactualizar  los programas integracionista de los libertadores José de San Martín y Simón Bolívar. El de conformar una “Nación de Repúblicas” de la Patria Grande de Manuel Ugarte, y el primer ABC del Barón de Rio Branco, del segundo ABC planteado por Perón, Vargas e Ibáñez, del Mercosur y UNASUR.

Para ello, se hace imprescindible, hoy: “fortalecer a nuestra Cancillería y a nuestras FFAA como el soporte de nuestra política exterior”. “Por un lado, nuestra red de embajadores coordinados por nuestra Cancillería; y por el otro, a nuestra fuerzas armadas en capacidad, tanto de disuadir a las potenciales amenazas como de colaborar en la estabilidad y la paz mundial mediante las operaciones de paz y de asistencia humanitaria.”

por Carlos A. PISSOLITO y Miguel BARRIOS

Carlos Pissolito: Coronel (R) Ejército Argentino: Lic. en Estrategia y Organización y Postgrado en Defensa en el Institute of World Politics de los EEUU. Fue agregado militar adjunto en los EEUU y director del Centro Argentino para el Entrenamiento de Operaciones de Paz. Dicta conferencias internacionales en manejo de crisis complejas y de reforma del sector Defensa y Seguridad. Es autor de varios libros y de numerosos artículos sobre estos temas.

Miguel A. Barrios: Doctor en Ciencia Política de la Universidad del Salvador, Buenos Aires, Argentina, Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad Tecnológica Intercontinental de Asunción del Paraguay y Director Académico del Diplomado Internacional “Experto en Política y Gestión de la Seguridad” del Instituto Universitario Sudamericano en Montevideo, Uruguay. Es autor de libros reconocidos de Defensa y Seguridad.Ha dictado y dicta seminarios,cursos y conferencias en academias militares y policiales de América del Sur.

 

FINER, S. E. The Man on Horseback. The Role of the Military in Politics (New York: Praeger, 1962), pp. 7- 10.

Citado por “Brutus”, uno de los líderes anti-Federalistas, en “On the Calamity of a National Debt that cannot be repaid, and on Standing Armies,” New York Journal, 10 January 1788, reproducido por Bernard Bailyn, Ed., The debate on the Constitution (New York: Library of America, 1993), p. 734

HUNTINGTON, Samuel P. “Power, Expertise, and the Military Profession,” Daedalus (Fall 1963): 785-86.

HUNTINGTON, Samuel P. “Soldier and the State, The Theory and Politics of Civil-Military Relations”. Ed. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1959, p.68.

 

Enrique Carlos Alberto Mosconi (1877/1940) fue un militar e ingeniero civil argentino, conocido principalmente por haber sido pionero en la organización de la exploración y explotación de petróleo en Argentina. Ideólogo y primer presidente de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Manuel Nicolás Aristóbulo Savio (1892/1948) fue un militar e ingeniero argentino que se destacó por su acción para desarrollar la industria siderúrgica en el país desde la dirección de Fabricaciones Militares y SoMiSA.

Para el profesor de Historia y reconocido experto militar norteamericano, William S. Lind, lo políticamente correcto es, básicamente, Marxismo cultural, entendido como: “…una rama del Marxismo occidental, diferente del Marxismo-Leninismo de la vieja Unión Soviética. Se lo conoce comúnmente como “Multiculturalismo” o, menos formalmente, como lo “políticamente correcto”. Desde sus inicios, los impulsores del Marxismo cultural sabían que podían llegar a ser más efectivos si disimulaban el origen marxista de sus ideas, de allí el uso del término “Multiculturalismo”. (The Origins of Political Correctness, https://www.academia.org/the-origins-of-political-correctness/)

COHEN, Eliot S. “Las Teorías sobre el Control Civil”. Anexo extraído del libro de Eliot A. Cohen, “Supreme Command: Soldiers, Statesmen and Leadership in Wartime.” Ed. The Free Press, Nueva York, 2002. Trad. Carlos Pissolito.

VAN CREVELD, Martin. “The Rise and Decline of the State”. Ed. Cambridge University Press, Edimburgo, 1999.

NON, Hugo Alconada. “La Raíz de Todos los Males”. Ed. Planeta, Buenos Aires, 2018.

Es una investigación de corrupción llevada a cabo por la Policía Federal de Brasil. La misma se hizo pública en marzo de 2014 y busca investigar un esquema de lavado de dinero entre empresas contratistas del Estado brasileño y el financiamiento de las campañas de los partidos políticos.

Inicialmente, fue una derivación de una causa por irregularidades en la compras de Gas Natural Licuado, a cargo del juez Claudio Bonadío, sustanciadas contra la expresidente Cristina Fernández de Kirchner, a partir de las fotocopias de anotaciones en cuadernos vinculadas a presuntos sobornos, hechas por un chofer de un funcionario público. Pero, pronto la causa escaló hasta involucrar a numerosos empresarios de primera línea, algunos de ellos vinculados con la familia del Presidente Mauricio Macri.

“Homo Videns. La Sociedad Teledirigida”. Varias editoriales, 1997.

Se sabe que general de reserva Hamilton Mourao es su compañero de fórmula y que no menos de otros 50 militares lo acompañan en distintos puestos. Lo que ha llevado a especular sobre las estrechas relaciones entre Bolsonaro y de un proyecto común con las FFAA brasileñas. https://www.letrap.com.ar/nota/2018-10-5-20-42-0-bolsonaro-presidente-el-proyecto-secreto-de-la-cupula-militar

PISSOLITO, Carlos y BARRIOS, Miguel. “EEUU: de Truman a Monroe”. https://www.geopolitica.ru/es/article/estados-unidos-de-truman-monroe

Barrios, M.A El latinoamericanismo en el pensamiento de Manuel Ugarte Edit. Biblos. Bs.As. 2007. Barrios, M.A Perón y el peronismo en el sistema – mundo del siglo XXI. Edit. Biblos. Bs.As. 2018.

PISSOLITO, Carlos y BARRIOS, Miguel. “Políticas de Estado para la Defensa y la Seguridad.” https://www.geopolitica.ru/es/article/politicas-de-estado-para-la-defensa-y-la-seguridad

 

 

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