Por Denis Korkodinov

La demostración de una clara demarcación de intereses entre los grupos de movilización popular iraquí y el gobierno nacional fue el desfile de formaciones armadas en la Zona Verde de Bagdad el 26 de mayo de 2021. El motivo de la organización de este evento fue el arresto del comandante de las fuerzas de movilización en el oeste de Anbar, Qasem Musleh al-Khafaji. Así, representantes de la milicia y, sobre todo, “Asaib Ahl al-Haq”, “Brigadas de Hezbollah” y algunas facciones de la “Coalición Al-Fateh” informaron sin ambigüedades al Primer Ministro del país Mustafa al-Kazimi que los poderes de el gabinete de transición que encabece debe limitarse exclusivamente a reformas políticas y en ningún caso debe interferir en el ámbito de intereses de las formaciones armadas. A su vez, lo más probable es que el gobierno iraquí no pretenda colocarse en un marco rígido de condiciones impuestas por la milicia, por lo que está dispuesto a continuar la práctica de presionar a los grupos armados iraquíes para forzarlos. para presentar a Bagdad oficial.

Vale la pena señalar que las contradicciones actuales entre el gobierno nacional iraquí y la milicia no son únicas en su contenido. El conflicto lleva mucho tiempo ardiendo en las profundidades de la sociedad iraquí, dadas las repetidas declaraciones públicas del primer ministro Mustafa al-Kazimi sobre la necesidad de abolir la mayoría de las unidades de movilización popular. Sin embargo, el arresto de Qasem Musleh al-Khafaji sirvió como una “línea roja”, que cruzó la cual el gabinete de ministros iraquí enfureció seriamente a los líderes de la milicia.

Por primera vez, las unidades de movilización popular participaron en la crisis política interna iraquí. El punto de partida para esto fueron los numerosos discursos del ministro de Defensa iraquí, Jumaa Inad, quien cuestionó la participación de la milicia en la lucha contra ISIS. En particular, dijo que el papel clave de la milicia en la eliminación de células terroristas es, por decir lo menos, exagerado. De hecho, según Jumaa Inad, Irak está obligado a liberar al ejército regular del “Estado Islámico”.

Tales declaraciones fueron una de las principales razones por las que la milicia iraquí lanzó la iniciativa de realizar un desfile militar en Bagdad el 26 de mayo de 2021, y así envió un mensaje claro al gobierno nacional de que no se debe subestimar el factor callejero iraquí.

Mientras tanto, debido a la actitud hacia el liderazgo central en las filas de las milicias iraquíes, ha habido una clara división. Los puntos centrales de desacuerdo fueron: la determinación de los límites de los poderes del Estado para garantizar la seguridad nacional y el grado de participación de las formaciones armadas en la vida política del país. Como resultado, los representantes de la Bagdad oficial esperan excluir a los líderes de la milicia del proceso electoral, para no permitirles ingresar al gobierno nacional.

El desfile militar del 26 de mayo de 2021 también provocó divisiones dentro del campo de la oposición iraquí. La sociedad iraquí se mostró ambivalente ante la iniciativa de las milicias, quienes, en lugar de aprender a resolver problemas con el gobierno nacional en el plano político, decidieron demostrar su fuerza. Los iraquíes comunes vieron esto como una señal para otra escalada del conflicto armado en el escenario interno. En este contexto, muchos líderes de las milicias llegaron a la conclusión de que no deberían haberse distanciado tan bruscamente de Bagdad y, por lo tanto, ahuyentado a una parte significativa de la población local.

El gobierno de Mustafa al-Kazimi aprovechó las divisiones entre sus oponentes y dijo que la noticia del arresto del comandante de las fuerzas de movilización en el oeste de Anbar, Qasem Musleh al-Khafaji, era falsa. Esta declaración recibió una amplia respuesta entre los ciudadanos, la mayoría de los cuales comenzó a criticar a los líderes de las milicias, acusándolos de intensificar artificialmente el conflicto. Al mismo tiempo, el liderazgo iraní también fue criticado, gracias a que el régimen del ayatolá comenzó a negociar con la milicia iraquí sobre la formación de formaciones armadas secretas del IRGC en las cercanías de Bagdad.

Tal delimitación en el campo de la oposición iraquí, impulsada por el liderazgo central del país, provocó múltiples enfrentamientos por disputas sobre la necesidad de garantizar la imagen del Estado. El jefe de la organización, Badr Hadi al-Amiri, ha vinculado repetidamente la imagen de la milicia con la imagen de Irak, creyendo que quien ignora la voz del pueblo ignora la voz del estado. Sin embargo, el gobierno nacional utiliza sistemáticamente la fuerza bruta para reprimir la posición de las unidades de movilización popular, y así, basándose en la lógica de Hadi al-Amiri, socava la imagen de Irak.

Es de destacar que el titular del Consejo Supremo Islámico Ammar al-Hakim pronunció palabras de condena al desfile militar del 26 de mayo de 2021 y, con ello, confirmó que existen diferencias fundamentales en las filas de la oposición iraquí, principalmente en temas políticos. asuntos. Prueba clara de ello es también el hecho de que durante una de las recientes sesiones parlamentarias, representantes de la coalición Al-Fateh atacaron al ministro de Defensa del país, acusándolo de traición e incitación a la rebelión.

En estas condiciones, la crisis política interna en Irak en un futuro próximo puede desarrollarse en dos direcciones. En primer lugar, el escenario de cambiar las tácticas de la milicia popular hacia la moderación parece muy realista. Esto se debe a la necesidad de evitar un mayor agravamiento de la posición de la milicia en la escena política. Sin embargo, esto no indica en absoluto el final de la lucha contra Mustafa al-Kazimi. Mientras tanto, podemos hablar, muy probablemente, de alguna forma de tregua entre las formaciones armadas y el primer ministro del país. Al mismo tiempo, el foco principal de las unidades de movilización popular se centrará en el ministro de Defensa iraquí, que ha sido elegido como el principal objetivo del descontento general con los resultados de la política iraquí.

Además, no se puede descartar un escenario de derramamiento de sangre a gran escala, especialmente en vísperas de las próximas elecciones parlamentarias en el país. Al parecer, Bagdad no tiene la intención de detener sus acciones agresivas después del arresto de Qasem Musleh al-Khafaji. Como resultado, se esperan nuevas provocaciones, que serán percibidas por los líderes de la oposición como “la gota que colmó el vaso de la paciencia iraquí”. En cualquier caso, el gobierno de Mustafa al-Kazimi, luego del desfile militar del 26 de mayo de 2021, llegó a la conclusión de que puede seguir ejerciendo presión sobre las formaciones armadas sin temor a la indignación popular, ya que los iraquíes comunes, por la en su mayor parte, están cansados ​​de interminables conflictos internos. Por lo tanto, Bagdad puede intentar aumentar la presión, reafirmando la creencia de que esto no tendrá consecuencias trágicas. Mientras tanto, la posibilidad real de que la calle iraquí se movilice se puede observar abiertamente en la víspera del día de la votación el 10 de octubre de 2021, cuando es muy probable que Bagdad decida posponer la fecha de las elecciones o disolver la milicia, lo que empujará a la gente a rebelarse. 

Publicado el 14 de Junio en: http://oneworld.press/?module=articles&action=view&id=2081 

Por DENIS KORKODINOV: Editor del Servicio de Investigación de la revista sociopolítica interestatal “World Community”.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Dossier Geopolitico.

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