El Brexit ha acrecentado la ambición de la elite británica por volver a jugar en la primera línea de la política mundial, creando riesgosas situaciones que obligan a EE.UU. a socorrerla.

Por Eduardo J. Vior

La relación entre la clase dirigente norteamericana y la británica se asemeja a la de esos hombres que, aunque muy mayores, no logran independizarse de sus madres ancianas, ya seniles, pero dominadoras y, aun así, dominadas por delirios de grandeza. En la inconciencia de su debilidad, se meten una y otra vez en riesgosas aventuras buscando perversamente involucrar a sus hijos para que corran en su auxilio y les demuestren su amor.

Lejos están los tiempos del Empire. Durante 45 años Gran Bretaña estuvo bien acogida dentro de la Unión Europea, pero el círculo áulico que rodea y se entrelaza con la familia real se cansó de lidiar con la hegemonía franco-alemana y sueña con recuperar la grandeza perdida. Por eso instrumentaron y manipularon a su pueblo hasta alcanzar el Brexit. Ahora pretenden volver a navegar triunfantes en por lo menos cuatro de los siete mares que antes solían asolar. El Ministerio de Defensa del Reino Unido (UKDM, por su nombre en inglés) publicó este lunes su informe sobre “Defensa en una era competitiva”, que continúa al “Libro Blanco de la Defensa” dado a conocer hace diez días.

Aún el sábado 20 el mismo ministerio informó la formación de una fuerza de tareas, para combatir “el terrorismo ruso”. Esto sucedió pocos días después de conocerse el informe de DeclassifiedUK.com sobre la intervención de GB en el golpe de Estado en Bolivia en noviembre de 2019 y un mes después de que la misma ONG denunciara el rol del Príncipe Charles como traficante de armas ante las sanguinarias monarquías de la península arábiga. La abuela se atreve a mucho, nadie sabe con qué medios, pero sí es seguro que, si le sale mal, su más que maduro hijo al otro lado del Atlántico tendrá que sostenerla.

En la estrategia para la modernización de las Fuerzas Armadas que salió al público este lunes 22, el gobierno británico calificó a Rusia como «la mayor amenaza nuclear y militar convencional» para la seguridad europea y formuló su deseo de que dicha modernización brinde a Londres la oportunidad para intensificar su presencia en el Ártico, así como en los mares Negro y Báltico. “La modernización de las Fuerzas Armadas rusas, la capacidad de integrar toda la actividad estatal y un mayor apetito por el riesgo hacen de Rusia un actor capaz e impredecible», se lee en el documento titulado “Defence in a competitive age” (Defensa en una era competitiva).

Como respuesta propone que «grandes inversiones en una nueva generación de fragatas de guerra antisubmarina y un enfoque en la interoperabilidad profunda con aliados como EE.UU., Francia, Noruega y los Países Bajos permitan al Reino Unido conservar su papel histórico (…) para garantizar nuestra libertad de operar en el Atlántico Norte y reforzar a los aliados europeos». En este sentido, Londres tiene la intención de fortalecer los lazos con Ucrania, Grecia, Turquía, Bulgaria y Rumanía para «garantizar la libertad de navegación y seguridad» en el Mar Negro. Asimismo, planea aumentar su presencia militar en África, así como en los océanos Índico y Pacífico.

Entre tanto, en consonancia con el nuevo/viejo concepto, el sábado 20 el general Sir Mark Carleton-Smith, jefe del Estado Mayor del Ejército, anunció la constitución de una nueva fuerza operativa conjunta reuniendo las fuerzas especiales del Ejército (SAS) y el Servicio Secreto de Inteligencia (SIS, más conocido como MI6), para “combatir las intervenciones rusas en todo el mundo”. Sí, leyó bien: RUSAS. Al mismo tiempo el Ejército está planeando establecer una nueva Brigada de Operaciones Especiales para actuar en áreas de “alta amenaza” en ultramar por el módico costo de £ 120 millones (U$S 165 millones). En diálogo con el Daily Telegraph el alto jefe militar informó que la nueva Brigada va a intervenir “en áreas enemigas y de alta amenaza junto con aliados regulares e irregulares, formales e informales”, o sea con mercenarios y terroristas.

La noticia se conoció en momentos en que el Ministerio de Defensa está a punto de publicar el Documento de Mando de la Defensa como parte de la revisión integral de la política exterior, de defensa, de seguridad y de desarrollo. Se espera que el Ejército reciba 3.000 millones de libras más de gasto público (4.126 millones de dólares), aunque también se anuncian recortes significativos. El gobierno propone reformar el Ejército para adaptarlo a la modalidad de las guerras del siglo XXI, con menos infantería y más operaciones especiales.

Estos anuncios, en realidad, sólo oficializan operaciones ya en ejecución. El pasado 8 de marzo, por ejemplo, el historiador Mark Curtis y el periodista Matt Kennard demostraron en un informe sobre el derrocamiento de Evo ‎Morales publicado en el sitio web Declassified UK (asentado en Sudáfrica desde que fue ‎blanco de la censura militar británica) cómo ese golpe de Estado se ejecutó por orden del Foreign Office y de algunos departamentos ‎de la CIA estadounidense, sin pasar por la administración Trump. La participación británica en el golpe tuvo como finalidad apropiarse del litio boliviano y fue ejecutado aprovechando la conexión que los británicos tienen desde la Guerra Fría con la minoría croata de Santa Cruz de la Sierra, descendiente directa de los ustachas pro-nazis que después de la Segunda Guerra Mundial fueron relocalizados en el Oriente boliviano. ‎

Mark Curtis y Matthew Kennard señalan en su informe que Estados Unidos no participó oficialmente en ‎el golpe contra Evo Morales, pero que varios funcionarios de la CIA ayudaron a orquestarlo. El personal encargado de preparar la operación era ‎principalmente británico. Los autores aseguran también que la embajada ‎británica en Bolivia proporcionó a la OEA los datos que ‎fueron utilizados para “probar” el supuesto fraude en la elección presidencial. ‎Los hechos están confirmando los trabajos del historiador británico.

En otro escenario, en noviembre pasado, al cabo de 44 días de guerra en el Alto Karabaj, Armenia tuvo que firmar ‎un alto al fuego con Azerbaiyán y aceptar la pérdida de una gran parte de los territorios ‎en disputa. ‎Lo que sucedió fue que Londres aprovechó la confusión creada por la elección presidencial ‎estadounidense para sacarle ventaja a Washington, tratar de excluir ‎a Rusia del juego en el sur del Cáucaso y así volver al “Gran Juego” del siglo XIX, cuando los británicos ‎eran aliados del Imperio Otomano contra la Rusia zarista. Pero Moscú se dio cuenta e impuso a ‎los contendientes el alto al fuego que frenó una posible nueva masacre de los armenios.

En aras de volver al “Gran Juego”, Boris Johnson puso al director general del ministerio ‎de Exteriores, Richard Moore, a la cabeza del MI6. Este nuevo jefe de la Inteligencia Militar fue embajador ‎en Ankara, habla turco con soltura y tiene una amistad personal con el presidente turco ‎Recep Tayyip Erdogan. ‎

Richard Moore es, además, un amigo personal del príncipe Charles, quien a su vez encabeza el ‎Centro de Estudios Islámicos de Oxford (Oxford Centre for Islamic Studies) donde desde hace 25 años se forman los ‎intelectuales de la Hermandad Musulmana, que dieron fundamento a gran parte de los grupos fundamentalistas islámicos. Siendo embajador británico en Ankara desde 2014 hasta 2017 Richard Moore ayudó a Erdogan a convertirse en el protector de esta logia. Ya en 2014 Richard Moore había co-organizado la retirada británica de Siria, después de que Londres, que había apoyado allí a los islamistas para llevar adelante sus propios objetivos coloniales, constatara que dicha guerra se había convertido en ‎una operación estadounidense para el dominio y disgregación del Medio Oriente.

En otra publicación, el 25 de febrero pasado, también en Declassified UK, se informó que el Príncipe Charles está actuando en la Península Arábiga como «un representante de alto nivel de las empresas británicas de armamento, para fortalecer a los autocráticos regímenes del Golfo». En el informe se reportan durante la última década 95 encuentros del heredero de la Corona con familias reales del Medio Oriente, en tanto la suma total de encuentros entre miembros de la realeza británica y sus congéneres de la región asciende a 217. El artículo subraya que todos los viajes de Charles a los países de la península arábiga se hicieron a pedido expreso del Foreign Office y destaca cuánto ha ayudado el Príncipe de Gales a cimentar las relaciones con dichas monarquías, promoviendo a la vez ventas de equipo militar por 14.500 millones de libras esterlinas (19.870 millones de dólares).

Como demuestra la denuncia italiana sobre el secuestro de millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca escondidas en un depósito del norte del país, para ser exportadas ilegalmente a Gran Bretaña en momentos en que los países europeos boquean por las dosis que les fueran prometidas para combatir el Covid-19 y nunca fueron entregadas, el Reino Unido no tiene escrúpulos en la lucha por restaurar su hegemonía. La monarquía británica no se resigna a su decadencia ni tiene empacho en arrastrar a EE.UU. a un nuevo ciclo de guerras de grandes proporciones.

Aprovechando su origen aristocrático, su educación en Eton y Oxford, su militancia en clubes conservadores y su estrecha amistad con royals, Boris Johnson se postula como el restaurador de la “grandeza” británica. Para zafar de la hegemonía franco-alemana sacó al reino de la Unión Europea. Para asegurarse el control sobre los recursos petroleros, en tanto, cimenta su alianza con Turquía y Azerbaiyán y con las monarquías árabes, mientras mantiene vivas las guerras en Libia y Yemen. Para apropiarse de las nuevas fuentes energéticas (el litio), a su vez, impulsó el golpe de estado en Bolivia. Finalmente, para asegurarse un asiento en el reparto del poder mundial, reinició el “Gran Juego” del siglo XIX contra Rusia, fortalece su control sobre el Océano Atlántico Sur (Malvinas, de cara a la conquista de la Antártida), el Océano Índico y apoya el cerco norteamericano contra China en el Mar Meridional de China.

Obviamente, los recursos no alcanzan para tanto, pero el Reino Unido usa sus alianzas de otrora con las elites coloniales en el Sur Global y su experiencia en intrigas y conspiraciones, para abusar de la incapacidad y ceguera de la elite norteamericana. A veces va por delante, crea conflictos y obliga a EE.UU. a sacarle las papas del fuego y otras veces medra a la sombra de su aliado mayor. Pero siempre se trata de un Imperio caduco que, a pesar de su debilidad, se niega a cesar en su actitud dañosa. Hace tiempo que la anciana delirante debió haber sido internada en un neuropsiquiátrico, pero su hijo no se atreve. Mientras siga suelta, el mundo no tendrá paz.

Publicada en: https://infobaires24.com.ar/las-costosas-aventuras-de-la-abuela-delirante/ 

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