En Aportes al Pensamiento Nacional I, Methol Ferré reflexionaba sobre que la autonomía intelectual de nuestros políticos y dirigentes es una conquista lenta y trabajosa , y que en general son absorbidos por categorías del pensamiento europeo o estadounidense, fascinados por las luces del centro. Copian mirando un espejo opaco que les devuelve una imagen distorsionada. Nuestras élites políticas e intelectuales  parecen incapaces de pensarse a si mismos como hombres y mujeres americanos, y desde un arraigo a la ecumene latinoamericana ( que no sienten) se muestran estériles para producir pensamiento propio, original que ayude a consolidar y proyectar una cultura nacional al mundo. Por eso el tema de hoy es la cultura nacional.

La cultura nacional
Si nuestra sociedad desea preservar su identidad en la etapa universalista que se avecina, deberá conformar y consolidar una arraigada cultura nacional. Resulta sumamente compleja la explicitacion de las características que tal cultura debe atesorar; es evidente que no basta con proclamar la necesidad de algo para que sea inteligible y realizable. Mucho se ha dicho sobre la cultura nacional, pero poco se ha especificado sobre su contenido.
Esta claro que cuando se plantea la posibilidad de una cultura propia surge de inmediato la forzosa referencia a fuentes culturales exteriores.Ya he discutido la posibilidad de que la ideología y valores culturales de las grandes potencias puedan constituir un abrevadero fértil para nuestra patria.
En la gestación histórica del hombre argentino confluyen distintas raíces, la europea por un lado y los diferentes grupos etnicos americanos por el otro. Esto es trivial por lo evidente, pero no son tan claras sus consecuencias. Creo haberme referido con suficiente extencion a la indudable especificidad del hombre argentino que no consiste en una síntesis opaca sino en una nítida identidad que resulta de su peculiar situación histórica y su adherencia al destino de su tierra.¿Sucede lo mismo con su cultura? ¿O acaso la herencia europea ha sellado definitivamente la cultura argentina?
Pienso que en este caso es artificial establecer una distinción entre el hombre y la cultura que de el emana, pues la misma historicidad del hombre argentino impone una particular esencia a su cultura. Pero ese carácter de “propia” de la cultura argentina se ha evidenciado mas en la cultura popular que en la cultura académica, tal vez porque un intelectual puede separarse de su destino histórico por un esfuerzo de abstracción, pero el resto del pueblo no puede, ni quiere , renunciar a la historia y a los valores y principios que el mismo ha hecho germinar en su transcurso.
La cultura académica ha avanzado por senderos no claros. A la mencionada influencia de las grandes potencias debemos agregar el aporte poderoso de la herencia cultural europea. No tiene sentido negar este aporte en la gestación de nuestra cultura, pero tampoco tiene sentido cristalizarse en él.
La historia grande de Latinoamerica, de la que formamos parte, exige a los argentinos que vuelvan ya los ojos a su patria, que dejen de solicitar servilmente la aprobación del europeo cada vez cada ve que se crea una obra de arte o una teoría. La prudencia debe guiar a nuestra cultura en este caso; se trata de guardar una inteligente distancia respecto de los dos extremos peligrosos en lo que se refiere a la conexión con la cultura europea: caer en un europeismo libresco o en chauvinismo ingenuo que elimina por “decreto” todo lo que venga de Europa en el terreno cultural.
Creo haber sido claro al rechazar de plano la primera posibilidad; respecto de la segundo, es necesario comprender que la cultura europea ha fundado principios y valores de real resonancia espiritual a través de la ciencia, la filosofía y el arte. No podemos negar la riqueza de algunos de estos valores frente al materialismo de las grandes potencias, ni podemos dejar de admitir que, en alguna medida, han contribuido, en tanto perfilen principios universales, a definir nuestros valores nacionales. Pero es hora de comprender que ya ha pasado el momento de la síntesis y debemos, sin cercenar nuestra herencia, consolidar una cultura nacional firme y proyectada al porvenir. Europa insinúa ya, en su cultura, las evidencias del crepúsculo de su proyecto histórico. Argentina comienza, por fin, a transitar el suyo.
La gestación de nuestra cultura nacional resultará de una herencia tanto europea como específicamente americana, pues no hay cultura que se constituya de la nada, pero deberá tomar centralmente en cuenta los valores que emanan de la historia especifica e irreductible de nuestra patria. Muchos de tales valores se han concretado en la cultura popular, que, como todo lo que proviene de la libre creación del pueblo no puede menos que ser verdadero.
Dirigir nuestra mirada a esos valores, intrínsecamente autóctonos, no significa precipitarnos en un folklorismo chabacano, que nuestro pueblo no merece, sino lograr una integración creativa entre la mal llamada cultura “superior” y los principios mas auténticos y profundos de esa vertiente creativa que es la cultura de un pueblo en búsqueda de su identidad y su doctrina…..Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. J.D.

Peron. 1974

Juan D. Peron

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