Por el Licenciado Jorge Nelson Poma.

Si mencionamos la palabra Guerra estamos hablando de muchas batallas y al mencionar batallas estamos haciendo referencia a una serie de combates, entonces la victoria en un combate no significa ganar la batalla, asimismo ganar una batalla no significa ganar la guerra.

Lo señalado sirve a modo de introducción a los conflictos bélicos o no bélicos pero a veces más despiadados que los conflictos armados militarmente a lo cual llamamos actualmente los combates, batallas o guerras híbridas.

Entonces comprendiendo la diferenciación entre combate o táctica inferior con menos de cinco mil efectivos, batalla o táctica superior con más de cinco mil efectivos y guerra o estrategia operacional/general con Ilimitados efectivos y empleos estratégicos, técnicos o metodológicos, ahora podremos introducirnos en el entorno de estos conceptos para una mejor comprensión que los conflictos pueden ser sectoriales pero la guerra es un acto político. 

La férrea voluntad de vencer no se limita a la cuestión militar con exclusividad, Japón tenía una descomunal férrea voluntad de vencer, sin embargo ante dos bombas atómicas debieron doblegarse por piedad a la población civil; pero no perdieron su voluntad de vencer como pueblo disciplinado y patriota, decidieron dar una batalla económica descomunal que los posicionó en su momento a ser la tercera economía mundial. 

En geopolítica comparada los hechos históricos nos enseñan cuestiones culturales, en algunos casos inimaginables que transforman derrotas en victorias y viceversa victorias en derrotas; una de las más emblemáticas batallas que desencadena una victoria militar transformada en derrota política fue Vietnam. 

Pero nada mejor que explorar nuestra propia historia para brindar solidez a nuestro análisis en geopolítica comparada y para ello recurrimos a aquel caso que involucra a una “Task Force” o fuerza de tareas anglo-francesa que invadió el Río de la Plata que se denominó como batalla “La Vuelta de Obligado”. 

En extrema síntesis la batalla se produjo en 20 de noviembre de 1845 en aguas del Río Paraná al Norte de la Provincia de Buenos Aires en un recodo que hace girar al río por ello se denomina vuelta que queda en Obligado – San Pedro – Buenos Aires. 

No es nuestra intención detallar esta batalla sino lograr conclusiones válidas para el ejercicio de la geopolítica comparada como análisis y apreciación geopolítica. 

La flota anglo-francesa totalmente sofisticada con tecnología moderna para la época, con una superioridad descomunal, derrotó a nuestros defensores en el enfrentamiento, ingresó por la fuerza, invadió nuestras aguas interiores con intenciones comerciales para imponer ventas en Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Paraguay. 

Uno de los partes de la Batalla expresó cuando finalmente, los anglo-franceses consiguieron forzar el paso y continuar hacia el norte, atribuyéndose la victoria; entonces dijo el almirante británico: 

“Siento vivamente que este bizarro hecho de armas se haya logrado a costa de tal pérdida de vidas, pero considerada la fuerte oposición del enemigo y la obstinación con que fue defendida, debemos agradecer a la Divina Providencia que aquella no haya sido mayor.” 

En este punto es que introducimos la cultura como entorno de una Batalla o Guerra, la flota anglo-francesa combinada con buques militares, aparte de brindar protección a alrededor de 90 barcos mercantes, continuó río arriba intentando imponer su comercio: su principal objetivo fue económico, creemos que siempre lo fue y seguirá siendo; en tanto la población argentina del litoral asumió total antipatía por la flota invasora en cuanto valoraron la valentía de nuestros combatientes que no cesaron de luchar de cualquier modo y en cualquier punto contra el enemigo. 

Antes de continuar con este sencillo relato es conveniente definir “Política Cultural” para lo cual acudimos a una fuente internacional que vincula prácticamente a toda la humanidad, nació en Mónaco a principios del Siglo XX como un enfoque político, económico y social de un grupo de especialistas que expresan que la política cultural es:

“El conjunto de prácticas sociales, conscientes y deliberadas, de intervención o no intervención, que tienen por objeto satisfacer ciertas necesidades culturales de la población y de la comunidad, mediante el empleo óptimo de todos los recursos materiales y humanos de los que dispone una sociedad en un momento determinado.” – Publicado en la UNESCO 1969.

Regresando a la Batalla de marras, la población civil obstaculizó cualquier intento de ventas de los anglo-franceses mostrando rechazo por ellos como también por sus productos, vale decir que, toda la población se opuso a los objetivos de los invasores y esta es la razón fundamental de la cultura patriótica de un pueblo, así se gana una batalla aun cuando militarmente se perdió. 

La cultura puede lograr una verdadera victoria patriótica, aun cuando los invasores ganaron “a lo pirro”, que no es otra cosa que ganar militarmente y perder políticamente, porque esa cultura popular se consolidó a tal punto que se convirtió en la verdadera fortaleza que no los dejó saborear la “victoria” militar. 

La cultura patriótica construye soberanía y la cultura se retroalimenta con la educación de calidad y la ética general o deontología profesional en el ejercicio de la docencia. ¿De quiénes fueron los éxitos? De los patriotas argentinos, entonces ¿De quién fue la Victoria? De la Argentina. 

A tal punto la flota invasora reconoció el éxito y victoria argentina que, aunque el orgullo anglo francés trabajara en contra, años después reconocieron la victoria argentina en la Batalla de “La Vuelta de Obligado”, rindiendo honores a la cuestión militar con las reconocidas formas del ceremonial al disparar los acostumbrados 21 cañonazos de salva en demostración de que victoria es de los criollos, hoy se rememora este hecho trascendente en cada evento patriótico amaneciendo con 21 cañonazos de salva que recuerdan esa gesta triunfal de la soberanía nacional. 

En Geopolítica Comparada no podemos dejar de recordar la gesta de Malvinas de 1982, no relataremos los hechos de la Batalla pero sí derivamos conclusiones trascendentes; nuestras Fuerzas Armadas lo dieron todo, Héroes increíbles dignos de un pedestal, la batalla terminó en una angustiosa capitulación – no rendición. 

En este punto comparamos la situación de patriotismo de pleno apoyo en “La Vuelta de Obligado” con una contradicción total de una especie de condena por la derrota militar en Malvinas; es la importancia de la cultura que ha tomado un giro diferente, una cultura derrotista que le empieza a abrir las puertas a los británicos para que hagan lo que les plazca con toda una nación descabezada, abandonada, sin timón, con una junta militar incompetente que no sabía cómo actuar políticamente ni que hacer, un verdadero vacío de poder. 

Continuando con nuestro análisis cultural, muchas fueron las influencias que dieron una vuelta a la cultura patriótica argentina, la palabra de honor suplantada por la chantada cotidiana de la viveza criolla, la cual no es otra cosa que estafa y mentira, una búsqueda de satisfacciones culturales que reemplazan al patriotismo como por ejemplo, canjear la Batalla de Malvinas por el mundial de futbol y tantas otras influencias más que cambiaron un arraigo patriótico débil por la variedad de culturas con otras expectativas de origen extranjero. Recordemos que Argentina posee 24 culturas diferentes que conviven pacíficamente pero no tienen el patriotismo de otras naciones con una etnia o tradiciones milenarias. 

Luego de la Batalla por Malvinas de 1982 entramos en una nueva forma de gobierno, una democracia confundida por diversos factores, confundimos la libertad con libertinaje, confundimos el apoyo patriótico con la desmalvinización y mil etcéteras más, a lo que concluimos que la confusión es un gigante enemigo de la cultura, entonces desvalorizamos lo nuestro, la soberanía decae abiertamente, el ataque a nuestras Fuerzas Armadas se transforma en una obsesión social, nuestra industria desbaratada unos dicen que por decadencia social y otros adjudican a un plan extranjero para destruir la industria argentina con la finalidad que no exista un poder cercano a Malvinas y otros archipiélagos del Atlántico Sur y el Continente Antártico. 

En este entorno desolador señalado, se firma a espaldas del pueblo argentino, el vergonzoso y denigrante “Acuerdo de Madrid”, el cual equivale a decir la rendición incondicional de Argentina ante el poder británico, Acuerdo que consideramos ilegal y traicionero a los derechos argentinos, Acuerdo en el que no existe ningún artículo o inciso favorable a Argentina, en tanto que todo favorece a los británicos y sus aliados. 

No continuaremos con el análisis del “Acuerdo de Madrid”, siendo tema de otra entrega, pero sí concluiremos en nuestro enfoque fundamental de marras en que observamos como la cultura y la guerra deben ser una sola parte de sí misma, una derrota con una férrea cultura que la transforma en victoria, como lo fue la prognosis histórica de “La Vuelta de Obligado”, en tanto que pudiendo haber sido lo mismo en Malvinas, una cultura atacada de mil maneras logra poner de rodillas a toda una nación. 

Las características comparadas de diferentes culturas distanciadas por el tiempo y las influencias nos posicionan en una ondulante situación histórica de una cultura patriótica y tenaz que logra una victoria aplastante ante un enemigo descomunalmente superior como lo fue “La Vuelta de Obligado”, en contracara una cultura apática, cómoda, plagada de libertinaje, decadente en valores, etc., que nos posiciona en una situación anticonstitucional, totalmente sumisa a pesar del apoyo de la ONU en lo que a soberanía se refiere, contra toda lógica un gobierno totalmente corrupto entrega a Argentina atada de pies y mano. 

No creemos en este sistema presidencialista donde una persona, que no sabemos que es, sin antecedentes de salud mental, ni carrera, sin cobertura ética, etc., pero sí, tiene el voto popular de una sociedad de sabiduría cuestionable, entonces ¿una persona puede llevar toda una nación que alguna vez fue una potencia mundial, al caos decadente hasta la posible disolución nacional? 

Es nuestro deber patriótico y de estricta justica gritar a los cuatro vientos: ¡Argentina despierta antes que terminen de asesinarte!

 FUENTE DE CONSULTAS:

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