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Por Héctor López Terán

Las corporaciones norteamericanas, en alianza con el Estado y entre sí, vienen rearticulando la estructura industrial para resarcir la demanda interna de insumos y productos necesarios para la seguridad nacional de los Estados Unidos ante el despliegue económico chino.

Desde el gobierno encabezado por Joe Biden, la respuesta despliega estrategias de fortalecimiento de las cadenas de suministro estadounidenses en áreas neurálgicas para su economía y seguridad nacional (The White House, 2021). Los ejercicios de coordinación ilustran un proyecto de unificación controlada del proceso industrial para recuperar terreno ante el dominio chino en el mercado mundial (The White House, 2022).

Tras el telón el Estado norteamericano promueve el desarrollo de materiales necesarios para la producción interna mediante incentivos fiscales y financieros para las grandes corporaciones. La búsqueda de la producción interna contra la dependencia y control externa develan el trasfondo de las estrategias económicas desenvueltas en los últimos años. Evitar las desventuras pasadas durante los tiempos críticos de la pandemia de Covid-19 están tras bambalinas, por ejemplo, de la Ley de Chips, la cual procura impulsar la producción de semiconductores dentro del país para disminuir la sujeción a la producción taiwanesa (CHIPS and Science Act of 2022). Así, el vínculo público-privado persigue aumentar la competitividad en el mercado mundial, incentivar la producción interna y disputar terreno perdido en la economía mundial.

Las estrategias de política norteamericana, ajenas a su discurso liberal pregonado fuera de sus fronteras, se adscriben en un reordenamiento estratégico de las industrias fragmentadas en función del costo-beneficio y la rentabilidad financiera a corto plazo en décadas precedentes. En la impaciencia por restablecer dominio en el terreno global respecto a China busca solventar la carencia de insumos naturales -mucho de ellos minerales- para el desarrollo de su economía, infraestructura, seguridad nacional y energías renovables (U.S. Geological Survey, 2022) a través de políticas internas que entrelazan diferentes sectores industriales. Estado y empresa planean reconfigurar el rezago industrial derivado del modelo de gobernanza empresarial financiarizado que desfragmentó el proceso de producción tendiente a generar mayores rendimientos en la esfera financiera con consecuencias graves en la economía real (Durand & Gueuder, 2018).

En esta alianza se despliega un control de insumos y procesos productivos que alteran los escenarios internos y las tácticas externas. En una mirada atrás no tan distante encuentra en América Latina la posibilidad de repotenciar sus intereses al encontrar una región con suficiencia de recursos naturales, humanos y no humanos, y un área geográfica estratégica imprescindible para la gestión de sus maniobras de relocalización. En los últimos años, el nearshoring resuena en la superficie como una posibilidad económica de atracción de inversiones, principalmente, de empresas norteamericanas interesadas en trasladar y reinstalar sus plantas industriales en territorio latinoamericano, no por ello el Banco Interamericano de Desarrollo estima añadiría en el corto y el mediano plazo 78,000 millones de dólares anuales en exportaciones de bienes y servicios (Banco Interamericano de Desarrollo, 2022) y retumba en el fondo como un potencial replanteamiento político-económico de los Estados Unidos sobre la región. 

La posibilidad de expansión de capitales en la región se expresa como una posibilidad de reorganización y control de las cadenas de valor cercanas a sus fronteras que sobrepasa la dimensión económica. Por tanto, el reordenamiento corporativo adhiere una dimensión geopolítica a partir de la intención de integrar y agrupar bloques de países con valores impulsados por la Casa Blanca. Ahora, en un escenario mundial de conmoción bélica y disputas políticas exacerbadas en todo el orbe, los Estados Unidos instituyen una política de “amistad” que conjugue la idiosincrasia política y cultural norteamericana sustentada en los principios de la democracia liberal como eje transversal de sus relaciones económicas.

Países “amigos” ahora integrados en una dinámica de friendshoring -como lo expresó la expresidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen- intenta ir más allá de la reestructuración económica norteamericana y de la inyección de inversiones en nuevos territorios al proponer un agrupamiento de bloque estratégico que contrarreste el avance encabezado por China. En la búsqueda de aliados políticos y económicos, los ojos de los Estados Unidos miran a América Latina como un escenario central de fabricación global, pero también como un territorio potencial para sustentar la defensa de sus “valores democráticos” y su seguridad nacional.

Por tanto, la reorganización productiva como estrategia logística o de reducción de costos para las grandes corporaciones estadounidenses, apoyadas por el Estado, tiene de fondo la tentativa de un despliegue geopolítico de control y alineamiento regional. Así, la repotenciación del vínculo de las empresas con el Estado norteamericano para fomentar proyectos muestra, en lo interno, una especie de remembranza hamiltoniana de impulso industrial por medio del financiamiento del Estado, y en lo externo, las pretensiones geopolíticas de la unidad estado-corporación en la búsqueda de expansión y rentabilidad que asegure una posición estrategia ventajosa con capacidad de control y dominio en escenario mundial en disputa.

Referencias

Banco Interamericano de Desarrollo. (2022). Nearshoring agregaría US$78.000 millones en exportaciones de América Latina y Caribehttps://www.iadb.org/es/noticias/nearshoring-agregaria-us78000-millones-en-exportaciones-de-america-latina-y-caribe

Bárcena, A. (2018). Estado de situación de la minería en América Latina y el Caribe: Desafíos y oportunidades para un desarrollo más sostenible. IX Conferencia de Ministerios de Minería de las Américas, Lima.

Durand, C., & Gueuder, M. (2018). The profit–investment nexus in an era of financialisation, globalisation and monopolisation: A profit-centred perspective. Review of political economy30(2), 126-153.

The White House. (2021, febrero 24). Executive Order on America’s Supply Chains. The White House. https://www.whitehouse.gov/briefing-room/presidential-actions/2021/02/24/executive-order-on-americas-supply-chains/

The White House, T. W. (2022, febrero 22). FACT SHEET: Securing a Made in America Supply Chain for Critical Minerals. The White House. https://www.whitehouse.gov/briefing-room/statements-releases/2022/02/22/fact-sheet-securing-a-made-in-america-supply-chain-for-critical-minerals/

U.S. Geological Survey. (2022). U.S. Geological Survey Releases 2022 List of Critical Mineralshttps://www.usgs.gov/news/national-news-release/us-geological-survey-releases-2022-list-critical-minerals

Héctor López Terán. Economista, especialista en Historia Económica y maestro en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México; Maestro en Sociología por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede Ecuador. Actualmente estudiante del Doctorado en Estudios Latinoamericanos (UNAM).

Publicado por el Núcleo de Pesquisa de Geopolítica, Integração Regional e Sistema Mundial GIS/UFRJ

Publicado por Rebelión

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente las de Dossier Geopolitico.

Fuente https://rebelion.org/la-geopolitica-de-las-corporaciones/