Alberto Buela (*)

1.- La aparición de Kant (1724-1804) en la historia de la filosofía ha sido caracterizada, no sin razón, como la revolución copernicana de la disciplina. Y así como con Copérnico el sol se transformó en centro del universo desplazando a la tierra, así con Kant la filosofía en el problema del conocimiento dejó de considerar al sujeto un ente pasivo para otorgarle actividad. El mundo dejo de ser el mundo para ser “mi mundo”. El mundo es la representación que el sujeto tiene de él. 

Pero Kant fue más allá y concibió a los entes siendo fenómenos para la gnoseología y noúmenos para la metafísica. Es decir, los entes nos ofrecen lo que podemos conocer pero además poseen un “en sí” ignoto. Y acá Kant comete el más grande y profundo error que produce la metafísica moderna: afirmar que existe “la cosa en sí”.

Ya Fichte(1762-1814), en vida de Kant y entrevistándose con él le dijo: ¿cómo puedo sostener, sin contradicción, la existencia de “la cosa en sí”, si al mismo tiempo no puedo conocerla?. Kant lo despachó con cajas destempladas.

Luego vino Schopenhauer (1788-1860) y sostuvo que la cosa en sí es la voluntad y el mundo no es otra cosa que voluntad y representación. La representación que nos hacemos de los fenómenos y la voluntad que es su fundamento. En forma inteligente y profunda, el solitario de Danzig,  no fue contra todo Kant sino contra la parte espuria y errónea de su filosofía.

Se produce en el ínterin una especie de suspensión del pensamiento filosófico clásico con la aparición, cada uno en su estilo, de Feuerbach(1804-1872), A.Ruge(1802-1880), Marx(1818-1883), Stirner(1806-1856), Bauer(1809-1882), Kierkegaard (1813-1855), Nietzsche (1844-1900), donde el tema principal de la metafísica, “la cosa en sí o el ente en tanto ente” , es dejado de lado.

Pero resulta que hay un filósofo en el medio. Ignorado, silenciado, postergado, no comprendido.  El hombre más inteligente, profundo y cautivador de su tiempo, Franz Brentano (1838-1917), que se da cuenta y entonces va a afirmar que el ser último de la conciencia es “ser intencional” y que dicha intencionalidad nos revela que el objeto no tiene una existencia en una zona allende, en una realidad independiente, sino que existe en tanto que hay acto psíquico como correlato de éste. De modo que el objeto es concebido como fenómeno, pero el ente es una realidad sustancial que está allí y que tiene existencia independiente del sujeto cognoscente. Es lo evidente, y lo evidente no necesita prueba, pues todo lo que es, es y lo que no es, no es.

Muchos años después, Heidegger (1889-1976) en carta al P. Richardson  le cuenta que se inició en filosofía leyendo a Brentano y que su Aristóteles sigue siendo el de Brentano. Y que, “lo que yo esperaba de Husserl era las respuestas a las preguntas suscitadas por Brentano”.

Finalmente Max Scheler (1874-1928), discípulo de E. Husserl que lo fue, a su vez, de Brentano, es el que ofrece una respuesta total y definitiva al falso problema planteado por Kant cuando en uno de sus últimos trabajos afirma: “Ser real es mas bien, ser resistencia frente a la espontaneidad originaria, que es una y la misma en todas las especies del querer y del atender”. La cosa en sí no existe como tal sino que es el impulso de resistencia que el ente nos ofrece cuando actuamos sobre él.

Curiosamente en Heidegger, donde uno esperaría encontrar una crítica furibunda a la cosa en sí, no sólo no se encuentra sino que en el texto emblemático sobre el asunto, Kant y el problema de la metafísica, que para mayor curiosidad dedica a Max Scheler, aparece una aceptación explícita cuando hablando del objeto trascendental igual X afirma: “X es un “algo”, sobre el cual, en general, nada podemos saber…”ni siquiera” puede convertirse en objeto posible de un saber” . ¿No se aplica acá, la objeción de Fichte a Kant? ¿Será por esto que en las conversaciones de Davos, en torno a Kant, Ernst Cassirer afirmó: “Heidegger es un neokantiano como jamás lo hubiera imaginado de él”.

2.- Brentano, el eslabón perdido de la filosofía contemporánea

Su vida y sus influencias

Franz Clemens Brentano (1838-1917) es el filósofo alemán, de ancestros italianos de la zona de Cuomo, que introduce la noción de intencionalidad en la filosofía contemporánea. Noción que deriva del concepto escolástico de “cogitativa” trabajado tanto por Tomás de Aquino como por Duns Escoto en la baja Edad Media. Autores que, junto con Aristóteles, conocía Brentano casi a la perfección y que leía fluidamente en sus lenguas originales latín y griego.

Cuando decimos fluidamente es porque leía y traducía de corrido sin necesidad de diccionario.

Se lo considera tanto el precursor de la fenomenología (sus trabajos sobre la intencionalidad de la conciencia)  como de las corrientes analíticas (sus trabajos sobre el lenguaje y los juicios), de la psicología profunda (sus trabajos sobre psicología experimental)  como de la axiología (sus trabajos sobre el juicio de preferencia).

Nació y se crió en el seno de una familia ilustre marcada por el romanticismo social. Durante el siglo XIX su familia tiene un peso político cultural extraordinario en la Alemania y Austria de su tiempo. Su tío el poeta Clemens María Brentano (1778-1842) es quien entrevista a Santa Ana Catalina de Emmerich y sobre esas conversaciones escribe el excepcional libro Vida de la Santísima Virgen firmado por la Santa. Su tía Bettina Brentano (1785-1859), casada con Achim von Arnim, también poeta, se encontraban entre los más importantes escritores del romanticismo alemán. Su tía abuela Sophie von La Roche, una escritora talentosa amiga de Goethe, Herder y los hermanos Jacobi, quienes frecuentaban su salón literario. Su hermano, Lujo Brentano, fue un experto en economía social, estudioso del sindicalismo, y que produjo una “teoría del salario”. Fue uno los pensadores sociales católicos destacados. De su madre recibió una profunda fe y formación católicas. Estudió matemática, filosofía y teología en las universidades de Múnich, Würzburg, Berlín, y Münster. Siguió los cursos sobre Aristóteles de F. Trendelemburg, tras doctorarse con un estudio sobre Aristóteles en 1862: Sobre los múltiples sentidos del ente en Aristóteles. Heidegger reconoció que su lectura lo introdujo en la filosofía y lo marcó para siempre. Se ordenó sacerdote católico de la orden dominica en 1864. Dos años más tarde presentó en la Universidad de Würzburg, al norte de Baviera, su escrito de habilitación como catedrático, La psicología de Aristóteles, en especial su doctrina acerca del “nous poietikos”. En los años siguientes dedicó su atención a otras corrientes de filosofía, e iba creciendo su preocupación por la situación de la filosofía de aquella época en Alemania: un escenario en el que se contraponían el empirismo positivista y el neokantismo. En ese periodo estudió con profundidad a John Stuart Mill y publicó un libro sobre Auguste Comte y la filosofía positiva. La Universidad de Würzburgo le nombró profesor extraordinario en 1872.

Sin embargo, en su interior se iban planteando problemas de otro género. Se cuestionaba algunos dogmas de la Iglesia católica. Y después de que el Concilio Vaticano I de 1870 proclamara el dogma de la infalibilidad papal, Brentano decidió en 1873 abandonar su sacerdocio. Sin embargo, para no perjudicar más a los católicos alemanes —ya de suyo hostigados hasta  llegar a huir en masa al Volga ruso por la “Kulturkampf” de Bismarck — renunció voluntariamente a su puesto de Würzburgo, pero al mismo tiempo, se negó a unirse a los cismáticos “viejos católicos”. Pero sin embargo este alejamiento existencial de la Iglesia no supuso un alejamiento del pensamiento profundo de la Iglesia pues en varios de sus trabajos y en forma reiterada afirmó siempre que: «Hay una ciencia que nos instruye acerca del fundamento primero y último de todas las cosas, en tanto que nos lo permite reconocer en la divinidad. De muchas maneras, el mundo entero resulta iluminado y ensanchado a la mirada por esta verdad, y recibimos a través de ella las revelaciones más esenciales sobre nuestra propia esencia y destino. Por eso, este saber es en sí mismo, sobre todos los demás, valioso. (…) Llamamos a esta ciencia Sabiduría, Filosofía primera, Teología» (Cfr.: Religion und Philosophie, pp.72-73. citado por Sánchez-Migallón).

Se desempeñó luego como profesor en Viena durante veinte años (entre 1874 y 1894), con algunas interrupciones. Franz Brentano fue amigo de los espíritus más finos de la Viena de esos años, entre ellos Theodor Meynert, Josef Breuer, Theodor Gomperz (1832-1912). En 1880 se casó con Ida von Lieben, hermana de Anna von Lieben, la futura paciente de Sigmund Freud. Indiferente a la comida y la vestimenta, jugaba al ajedrez con una pasión devoradora, y ponía de manifiesto un talento inaudito para los juegos de palabras más refinados, En 1879, con el seudónimo de Aenigmatis, publicó una compilación de adivinanzas que suscitó entusiasmo en los salones vieneses y dio lugar a numerosas imitaciones. Esto lo cuenta Freud en un libro suyo El chiste.

En la Universidad de Viena tuvo como alumnos a Sigmund Freud, Carl Stumpf y Edmund Husserl, Christian von Ehrenfels, introductor del término Gestalt (totalidad), y, discrepa y rechaza la idea del inconsciente descripta y utilizada por Freud. Fue un profesor carismático, Brentano ejerció una fuerte influencia en la obra de Edmund Husserl, Alois Meinong (1853-1921), fundador de la teoría del objeto,  sobre A. Hoffler, S. Witasek, Thomas Masaryk (1859-1937), KasimirTwardowski, de la escuela polaca de lógica y Marty Antón, entre otros, y por lo tanto juega un papel central en el desarrollo filosófico de la Europa central en principios del siglo XX. En 1873, el joven Sigmund Freud, estudiante en la Universidad de Viena, obtuvo su doctorado en filosofía bajo la dirección de Brentano.

El impulso de Brentano a la psicología cognitiva es consecuencia de su realismo. Cuando comenzó sus clases en Wurzburgo sentó la tesis que guió toda su investigación filosófica: vera philosophiae methodus nulla alia nisi scientiae naturalis est. Su concepción de describir la conciencia en lugar de analizarla, dividiéndola en partes, como se hacía en su época, dio lugar a la fenomenología, que continuarían desarrollando Edmund Husserl (1859-1938), Max Scheler (1874-1928), Martín Heidegger (1889-1976), Maurice Merleau-Ponty (1908-1961), además de influenciar sobre el existencialismo de Jean-Paul Sartre (1905-1980) con su negación del inconsciente.

En 1895, después de la muerte de su esposa, dejó Austria y se trasladó a Florencia decepcionado. En esta ocasión, publicó una serie de tres artículos en el periódico vienés Die Neue Freie Presse : Mis últimos votos por Austria, en los que destaca su posición filosófica, así como su enfoque de la psicología, pero también criticó duramente  la situación jurídica de los antiguos sacerdotes en Austria.  En 1896 ya instalado en Florencia, se casa  el año siguiente con Emilie Ruprecht. Allí, casi ciego, lo visitó Edmundo Husserl pero a causa de la primera guerra mundial, cuando Italia entra en guerra contra Alemania, se traslada a Zurich, donde muere en 1917.

Los trabajos que publicaron sus discípulos han sido los siguientes según el orden de su aparición: La doctrina de Jesús y su significación permanente; Psicología como ciencia empírica, Vol. III; Ensayos sobre el conocimiento, Sobre la existencia de Dios; Verdad y evidencia; Doctrina de las categorías, Fundamentación y construcción de la ética; Religión y filosofía, Doctrina del juicio correcto; Elementos de estética; Historia de la filosofía griega; La recusación de lo irreal; Investigaciones filosóficas acerca del espacio, del tiempo y el continuo; La doctrina de Aristóteles acerca del origen del espíritu humano; Historia de la filosofía medieval en el Occidente cristiano; Psicología descriptiva; Historia de la filosofía moderna, Sobre Aristóteles; Sobre “Conocimiento y error” de Ernst March

Actualmente el Archivo Brentano se trasladó a la Houghton Library de la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos donde se encuentran todos sus escritos, tanto libros, inéditos como cartas.

Pero la mayor parte de las obras que se mantienen en prensa se encuentran en la Philosophische Bibliothek de la editorial Félix  Meiner de Hamburgo. Existe además un proyecto de edición de sus obras completas, auspiciado por la Brentano Forschung de Würzburgo pero que aun no se ha materializado.

Lineamientos de su pensamiento

Todo el mundo sabe, al menos el de la filosofía, que no se puede realizar tal actividad si no es en diálogo con algún clásico. Es que los clásicos son tales porque tienen respuestas para el presente.  Hay que tomar un maestro y a partir de él comenzar a filosofar. Brentano lo tuvo a Aristóteles, autor que le había enseñado Federico Trendelenburg (1802-1872), el gran estudioso del Estagirita en la primera mitad de siglo XIX.

En su tesis doctoral, Sobre los múltiples significados del ente según Aristóteles, que tanto influenciara en Heidegger, distingue cuatro sentidos de “ente” en el Estagirita: el ente como ens per accidens o lo fortuito; el ente en el sentido de lo verdadero, con su correlato, lo no-ente en el sentido de lo falso; el ente en potencia y el ente en acto; y el ente que se distribuye según la sustancia y las figuras de las categorías. De esos cuatro significados, el veritativo abrirá en Brentano el estudio de la intencionalidad. Pero al que dedica, con diferencia, mayor extensión es al cuarto, el estudio de la sustancia y su modificación, esto es, a las diversas categorías. Esto se debe, en parte, a las discusiones de su tiempo en torno a la metafísica aristotélica. En ellas toma postura defendiendo principalmente dos tesis: primera, que entre los diferentes sentidos categoriales del ente se da una unidad de analogía, y que ésta significa unidad de referencia a un término común, la sustancia segunda, que precisamente esa unidad de referencia posibilita en Aristóteles deducir las categorías según un principio. 

Investigó las cuestiones metafísicas mediante un análisis lógico-lingüístico, con lo que se distinguió tanto de los empiristas ingleses como del kantismo académico. Ejerciendo una gran influencia sobre algunos miembros del Círculo de Viena.

En 1874 publica su principal obra Psicología como ciencia empírica, de la que editará tres volúmenes, donde realiza su principal aporte a la historia de la filosofía, su concepto de intencionalidad de la conciencia que tendrá capital importancia para el desarrollo posterior de la fenomenología a través de Husserl y de Scheler.

Va a sostener que sólo lo psíquico es intencional, esto es, pone en relación la conciencia con un objeto. Esta llamada «tesis de Brentano», que hace de la intencionalidad la característica de lo psíquico, permite entender de un modo positivo, a diferencia de lo que no lograba la psicología de aquella época, los fenómenos de conciencia que Brentano distingue entre representaciones, juicios teóricos y  juicios prácticos o emotivos (sentimientos y voliciones).
Todo fenómeno de conciencia es o una representación de algo, que no forzosamente ha de ser un objeto exterior, o un juicio acerca de algo. Los juicios o son teóricos, y se refieren a la verdad y falsedad de las representaciones (juicios propiamente dichos), y su criterio es la evidencia y de ellos trata la epistemología y la lógica; o son prácticos, y se refieren a la bondad o a la maldad, la corrección o incorrección, al amor y al odio (fenómenos emotivos), y su criterio es la «preferencia», la valoración, o «lo mejor», y de ellos trata la ética. Al estudio de la intencionalidad de la conciencia lo llama psicología descriptiva o fenomenología. 

En 1889 dicta su conferencia en la Sociedad Jurídica de Viena “De la sanción natural de lo justo y lo moral” que aparece publicada luego con notas que duplican su extensión bajo el título de: El origen del conocimiento moral”, trabajo que publicado en castellano en 1927, del que dice Ortega y Gasset, director de la revista de Occidente que lo publica, “Este tratadito, de la más auténtica filosofía, constituye una de las joyas filosóficas que, como “El discurso del método” o la “Monadología”… Puede decirse que es la base donde se asienta la ética moderna de los valores”. 

Comienza preguntándose por la sanción natural de lo justo y lo moral. Y hace corresponder lo bueno con lo verdadero y a la ética con la lógica. Así, lo verdadero se admite como verdadero en un juicio, mientras que lo bueno en un acto de amor. El criterio exclusivo de la verdad del juicio es cuando, éste, se presenta como evidente. Pero, paradójicamente, lo evidente, va a sostener siguiendo a Descartes, es el conocimiento sin juicio. 

Lo bueno es el objeto y mi referencia puede ser errónea, de modo que mi actitud ante las cosas recibe la sanción de las cosas y no de mí. Lo bueno es algo intrínseco a los objetos amados.

Que yo tenga amor u odio a una cosa no prueba sin más que sea buena o mala. Es necesario que ese amor u odio sean justos. El amor puede ser justo o injusto, adecuado o inadecuado. La actitud adecuada ante una cosa buena es amarla y ante una cosa mala, el odiarla. “Decimos que algo es bueno cuando el modo de referencia que consiste en amarlo es el justo. Lo que sea amable con amor justo, lo digno de ser amado, es lo bueno en el más amplio sentido de la palabra»”.

La ética encuentra su fundamento, según Brentano, en los actos fundados de amor y odio. Y actos fundados quiere decir, que el objeto de ser amado u odiado es digno de ser amado u odiado. El “ajuste” entre el acto de amor u odio al objeto mismo en ética, es análogo, según Brentano, a la “adecuación” que se da en el juicio verdadero entre predicado y objeto.

La diferencia que existe entre uno y otro juicio (el predicamental y el práctico) es que en el práctico puede darse un antítesis (amar un objeto y, pasado el tiempo, odiarlo) mientras que en el lógico o de  representación, no. 

Dos meses después el 27 de marzo de 1889 dicta su conferencia Sobre el concepto de verdad, ahora en la Sociedad filosófica de Viena. Esta conferencia es fundamental por varios motivos: a) muestra el carácter polémico de Brentano, tanto con el historiador de la filosofía Windelbang (1848-1915) por tergiversar a Kant,  como con Kant, “cuya filosofía es un error, que ha conducido a errores mayores y, finalmente, a un caos filosófico completo” (cómo no lo van a silenciar luego, en las universidades alemanas, al viejo Pancho). b) Nos da su opinión sin tapujos sobre Aristóteles diciendo: “Es el espíritu científico más poderoso que jamás haya tenido influencia sobre los destinos de la humanidad”. Y en este punto polemizó con el historiador Zeller (1814-1908) c) Muestra y demuestra que el concepto de verdad en Aristóteles “adecuación del intelecto y la cosa” ha sido adoptado tanto por Descartes como por Kant hasta llegar a él mismo. Pero que dicho concepto encierra un grave error y allí él va a proponer su teoría del juicio.

La diferencia entre juicios negativos y juicios afirmativos es que en que en los juicios negativos como: “no hay dragones”, no hay concordancia entre mi juicio y la cosa porque la cosa no existe, mientras que en los juicios afirmativos cuando hay concordancia son verdaderos.

“el ámbito en que es adecuado el juicio afirmativo es el de la existencia y el del juicio negativo, el de lo no existente”. Por lo tanto “un juicio es verdadero cuando afirma de algo que es, que es; y de algo que no es, niega que sea”. 

En los juicios negativos la representación no tiene contenido real, mientras que la verdad de los juicios está condicionada por el existir o ser del la cosa (Sein des Dinges). Así, el ser de la cosa, la existencia es la que funda la verdad del juicio. El “ser del árbol” es lo que hace verdadero al juicio: “el árbol es”. ¡Qué cerca que está, en este punto, la verdad como desocultamiento y el ser como presencia de Heidegger!

Y así lo afirma una y otra vez: “un juicio es verdadero cuando juzga apropiadamente un objeto, por consiguiente, cuando si es, se dice que es; y si no es, se dice que no es”.(in fine). 

Y desengañado termina afirmando que: “Han transcurrido dos mil años desde que Aristóteles investigó los múltiples sentidos del ente, y es triste, pero cierto, que la mayoría no hayan sabido extraer ningún fruto de sus investigaciones”.

Su propuesta es, entonces, discriminar claramente en el juicio “el ser de la cosa” que  equivalente a “la existencia”, de “la cosa” también denominada por Brentano ”lo real”. Existir o existencia,  y ser real o realidad es la dupla de pares que expresan el “ser verdadero” y el “ser sustancial” respectivamente, que él se ocupó de estudiar en su primer trabajo sobre el ente en Aristóteles. 

Conviene repetirlo, existir, existencia y ser verdadero vienen a expresar lo mismo: la mostración del ente al pensar. Y la cosa, lo real, el ser sustancial expresan lo mismo: el ente en sí mismo. Vemos como Brentano, liquida definitivamente “la cosa en sí” kantiana.

Aun cuando claramente Brentano muestra como “el objeto no tiene un existencia en la realidad independiente, o más allá del sujeto, sino que existe en tanto que hay un acto psíquico”, y este es el gran aporte a la psicología de Brentano. 

Metafísicamente, todo lo que es, es. Y se nos dice también en el sentido de lo verdadero. En una palabra el ser de la cosa se convierte con la verdadero, sin buscarlo Brentano retorna al viejo ens et verum convertuntur de la teoría de los transcendentales del ente. 

Y así da sus dos últimos y más profundos consejos: “Por último, no estaremos tentados nunca de confundir, como ha ocurrido cada vez más, el concepto de lo real y el de lo existente”. Y “podríamos extraer de nuestra investigación otra lección y grabarla en nuestras mentes para siempre…el medio definitivo y eficaz (para realizar un juicio verdadero) consiste siempre en una referencia a la intuición de lo individual de la que se derivan todos nuestros criterios generales”.

No podemos no recordar acá, por la coincidencia de los conceptos y consejos, aquella que nos dejara el primer metafísico argentino, Nimio de Anquín (1896-1979): “Ir siembre a la búsqueda del ser singular en su discontinuidad fantasmagórica. Ir al encuentro con las cosas en su individuación y  potencial universalidad”.

Franz Brentano es el verdadero fundador de la metafísica realista contemporánea que luego continuarán, con sus respectivas variantes,  Husserl, Scheler, Hartmann, Heidegger y Zubiri. 

En el mismo tiempo, a finales del siglo XIX, a propósito de la encíclica Aeterni Patris de 1879, se dará el florecimiento del tomismo, sostenedor también, pero de otro modo, de una metafísica realista. 

Polemizó con Zeller, con Dilthey, con Herbart, con Sigwart. Criticó, como ya dijimos, a Kant, Descartes, Hume, Hegel, Aristóteles, y a Überweg. No dejó títere con cabeza. Sólo le faltó pelearse con Leibniz y Goethe. Fue criticado por Freud, que se portó con él, como el zorro en el monte, que con la cola borra las huellas por donde anda. Husserl no solo tomó y usufructuó el concepto de intencionalidad sino también el de “retención” que es copia exacta de concepto bentaniano de “asociación original”, pero eso quedó bien silenciado.

Filosóficamente, esta oposición por igual al idealismo kantiano y a la escolástica de su tiempo le valió el silencio de los manuales y la marginalización de su obra de las universidades. En mi tiempo y durante los veintidos años que dicté filosofía nunca me enteré que hubiera habido un profesor de la universidad de Buenos Aires que haya dictado una sola clase sobre Brentano. Quien quiera comprender en profundidad y conocer las líneas de tensión que corren debajo de las ideas de la filosofía del siglo XX, tiene que leer, forzosamente a Brentano, sino se quedará como la mayoría de los profesores de filosofía, en Babia.

El es el testigo irrenunciable de la ligazón profunda que existe en el desarrollo de la metafísica que va desde Aristóteles, pasa por Tomás de Aquino, Duns Escoto, Descartes, Leibniz, sigue con él y termina en Heidegger. No al ñudo, el filósofo de Friburgo, realizó su tesis doctoral sobre La doctrina de las categorías y del significado pensando que era de Duns Escoto, cuando después se comprobó que el texto de la Gramática especulativa sobre el que trabajó, pertenecía a Thomas de Erfurt (fl.1325). 

La invitación está hecha, seguro que algún buen profesor o algún inquieto investigador  recoge el guante.

Nota: Bibliografía de F. Brentano en castellano

1.- Psicología (desde el punto de vista empírico), Revista de Occidente, Madrid, 1927. Traducción de José Gaos 

2.- Sobre la existencia de Dios, Rialp, Madrid 1979. Traducción de Antonio Millán Puelles

3.- Sobre el concepto de verdad, Ed. Complutense, Madrid, 1998

4.- El origen del conocimiento moral, Revista de Occidente, Madrid 1927. Traducción de Manuel García Morente. (Tecnos, Madrid 2002).

5.- Breve esbozo de una teoría general del conocimiento, Ed. Encuentro, Madrid 2001.

6.- El porvenir de la filosofía, Revista de Occidente, Madrid 1936. Traducción de Xavier Zubiri

7.- Aristóteles y su cosmovisión, Labor, Barcelona 1951.

8.- Sobre los múltiples significados del ente según Aristóteles, Ed. Encuentro, Madrid 2007

9.- La psicología de Aristóteles con especial atención a la doctrina del entendimiento agente, Madrid, Ediciones Universidad San Dámaso, 2015

10.- Razones del desaliento en la filosofía y El provenir de la filosofía, Madrid, Encuentro, 2010. Traducción de Xavier Zubiri

11.- ¡Abajo los prejuicios¡ Madrid, Encuentro, 2018. Traducción de Xavier Zubiri

12.- La genialidad, Madrid, Encuentro, 2016

13.- Del amar y el odiar, Madrid, Encuentro, 2013

Existen además, en castellano, trabajos de consulta valiosos sobre su filosofía como los debidos a los profesores Mario Ariel González Porta y  Sergio Sánchez Migallón.

3.- La crítica de la “cosa en sí”

Existen al menos dos o tres temas dentro del desarrollo de la filosofía contemporánea que desde siempre han despertado nuestro interés, sobre todo por lo mal tratados que han sido, por los estudiosos, ensayistas y publicistas de todo pelaje. 

El primero es la función que cumplió Franz Brentano como eslabón perdido de la filosofía contemporánea. Otro es la ambigua tarea de Jacques Maritain con relación al progresismo católico. Otro más es la demonización de Heidegger a partir de la guerra del Yon Kipur y no antes. Otro es la pérdida del vigor y rigor filosófico que experimentó la filosofía a partir de los años 60-70. Es entendible que a otros les llamen la atención otros temas.

Vamos a intentar responder en un mero bosquejo la primera de las cuestiones, dejando las otras para más adelante.

Los manuales al uso hacen comenzar la filosofía contemporánea a partir de la herencia de Kant a través del idealismo alemán con las figura de Fichte, Schelling y Hegel, seguidos por un cúmulo más o menos reiterativo de filósofos como Schopenhauer, Kierkegaard, Marx, Comte, Stuart Mill, Nietzsche para terminar en Husserl, Scheler, Hartmann y Heidegger. Un poco de Maine de Biran, Bergson y Sartre para que no se enojen los franceses y casi ninguna mención a filósofos españoles e italianos. Por supuesto, de los hispanoamericanos ni que hablar.

Brentano trabajó en filosofía en forma continuada durante medio siglo, desde  1862, año en que se doctoró con una tesis sobre La múltiple significación del ente en Aristóteles, hasta  1914, año en que dictó su conferencia Versuch über die Erkenntnis (Ensayo sobre el conocimiento).

Él es contemporáneo de Nietzsche, Dilthey, Bergson, Peirce, Wundt,  pero con el que se cartea, aun cuando es mucho mayor que él, y tiene trato filosófico es con John Stuart Mill, sobre el que nos cuenta: “Habiendo aceptado yo su invitación a visitarle durante el verano en Aviñon, esperaba poder entenderme más fácilmente de palabra con él sobre estas y otras cuestiones (sobre el concepto de existencia como predicado) que había entre nosotros, y no insistí sobre el punto. Pero su repentina muerte frustró mis esperanzas”

Brentano tuvo un gran discipulado pero no tuvo amigos filosóficos entre sus contemporáneos. De los nombrados ignora a Nietzsche, Bergson y Peirce y critica a Dilthey y Wundt. Es que el piensa siempre en términos históricos, sea hacia atrás criticando a Kant, Schelling y Hegel o hacia adelante, sosteniendo la productividad de la filosofía en la Viena de su tiempo. Lo cual por otra parte fue cierto y evidente. Baste recordar que Brentano es el primer aglutinador de lo que después sería el Círculo de Viena.

El estado o situación en que se encontraba la filosofía alemana cuando él comienza su tarea filosófica nos la pinta en una conferencia imperdible de 1893 sobre el porvenir de la filosofía cuando afirma: “Lo característico de nuestra hora es la ruptura total con nuestro pasado más próximo. Schelling cayó el primero, y rápidamente tras él Hegel, mientras que Kant se afirmaba y crecía en prestigio durante algún tiempo. Pero también hace más de un cuarto de siglo dije yo que Kant iba descarriado y sus arbitrarias construcciones y su antinatural a priori constituyeron la raíz de las extravagancias de su sucesores. Hoy todo verdadero especialista se halla en realidad más o menos persuadido de ello, aunque no todos tengan por conveniente manifestarlo tan lisa y llanamente como yo lo hago”·

En esa época, la del idealismo alemán, pululaban de hecho los sistemas con exhuberancia; los maestros segregaban por tomos los dictados de su sabiduría a propósito de todo los que se pudiera desear. Imperaba la arbitrariedad y la total incomprensibilidad. “Cuando yo me habilité en Würzburgo en el año 1866 ocupaba la cátedra de filosofía un celoso discípulo de Schelling. El aula se hallaba abandonada y en sus puertas había un escrito con grandes letras, la mano atrevida de un estudiante: fábrica de azufre”

Es que la filosofía había perdido su rumbo y se había transformado en una sucesión infinita de sistemas y postulados arbitrarios guiados por una gnosis perniciosa que terminó en la esterilidad intelectual más absoluta. Esto es lo que vio Brentano y denunció. Ya en 1899, como hemos dicho, en su conferencia Sobre el concepto de verdad afirmaba: “Tengo a la filosofía de Kant por un error, que ha conducido a errores mayores y, finalmente, a un caos filosófico completo”

Este caos filosófico del que nos habla Brentano tuvo como consecuencia dos reacciones: una, la de los neokantianos (Fechner, Cohen, Natorp, Windelband, et alii) que terminó con la creación de la Escuela de Marburgo, y otra, la de Brentano que propuso la recuperación de un Aristóteles más allá de la escolástica., y que terminó en el Círculo de Viena, en la fenomenología(Husserl), en la axiología(Scheler) la psicología de la Gestalt(Stumpf), en el psicoanálisis(Freud), en la semiótica (Meinong) en lógica matemática (Twardowski).

Más allá de semejante cúmulo de influencias, tan ricas y tan diversas como no ha tenido ningún otro filósofo contemporáneo, el gran mérito de Brentano ante  la fábrica de azufre del idealismo alemán, ha sido el realismo metafísico en su versión crítica y no ingenua como sucedía con la escolástica de su tiempo.

Este realismo metafísico está apoyado el apotegma que guió toda su tarea filosófica: “cuando hace un cuarto de siglo comenzaba yo en Wurzburgo mi actuación como docente de filosofía senté la tesis: vera philosophiae methodus nulla alia nisi scientiae naturalis est ” Por eso su principal obra lleva por titulo Psicología desde el punto de vista empírico (1874). En el mismo sentido afirma el comienzo de su Breve esbozo de una teoría general del conocimiento (1914):”ser no significa lo mismo que ser objeto; cosa no quiere decir lo mismo que objeto”. O también al comienzo de su conferencia de 1874: “tratándose de asuntos filosóficos no puede haber más maestro que la experiencia”.

Brentano representó la reacción de un filósofo a favor de la experiencia y en contra del idealismo, de “esos señores a los que se iba como a médicos prodigiosos y que hoy se los abandona a sus artes como charlatanes reconocidos e incorregibles”

Los kantianos echan a perder el edificio entero del conocimiento cuando reprueban los derechos fenoménicos de la percepción evidente. Para Brentano, Hume acierta en este punto, pero luego lo arruina cuando sostiene que en las ciencias empíricas no existe impresión de causación y que la idea de causalidad en las cuestiones de hecho es algo que agrega la naturaleza humana a los datos puros e inmediatos de la impresiones.

Bentano se limitó a mostrar el origen empírico de nuestros conceptos, por ej. Los de causa, tiempo, sustancia, espacio; la certeza de algunas percepciones, la racionalidad de la inducción y la naturaleza negativa de los axiomas. 

Uno de sus últimos trabajos contra los kantianos se titula ¡Abajo con los prejuicios!: aviso dirigido a nuestros contemporáneos para que se liberen de todo ciego a priori, conforme al espíritu de Bacon y Descartes.

Hemos afirmado en otras ocasiones que siempre nos ha llamado la atención que los mejores filósofos españoles del siglo XX se hayan prestado a ser traductores de los libros de Brentano: José Gáos de su Psicología, Manuel García Morente de su Origen del conocimiento moral, Xavier Zubiri de El provenir de la filosofía y Abajo con los prejuicios, Antonio Millán Puelles de Sobre la existencia de Dios. Y siempre nos ha llamado la atención que no se enseñara Brentano en la universidad.

El problema de Brentano es que ha sido “filosóficamente incorrecto”, pues realizó una crítica feroz y terminante a Kant y los kantianos y eso la universidad alemana no se lo perdonó. La universidad argentina, que es copia de aquella tampoco, por eso no se dicta. 

Realizó una crítica furibunda a la escuela escolástica católica y eso no se le perdonó. Incluso se levantaron invectivas denunciándolo, que al criticar el concepto de analogía del ser, adoptó él, el de equivocidad. Un siglo después, el erudito sobre Aristóteles, Pierre Aubenque, vino a darle la razón negando, en un libro memorable y reconocido universalmente, Le problème de l´être chez Aristote (1962), la presencia en los textos del Estagirita del concepto de analogía. Noción que para él es una creación original de Santo Tomás (si detrás de esto no está la sombra del viejo Franz, que no valga). Obsérvese, como me comentara el mismo Aubenque, quien demoró la publicación de su libro hasta 1962, para coincidir con el centenario de la publicación del de Brentano en homenaje a éste.  

Nota bene:

El primero que realiza una exposición sistemática de la obra de Aristóteles fue Nicolás de Damasco entre el siglo I a.C. y el siglo I d. C. Es el primero que utiliza el término metafísica como disciplina y no a la manera de Andrónico de Rodas para designar los escritos que vienen después de la física.

Le sigue Alejandro de Afrodisias el más célebre de los comentaristas griegos, denominado “el exegeta”, quien en el siglo II d.C comenta: los primeros analíticos,  tópicos, meteorológicos, el sentido y lo sensible y metafísica I a V. Sus comentarios sobre la Física, De caelo, de Generatione y Primeros Analíticos se perdieron. También encontramos a Temistio quien hace un comentario a la Metafísica. Luego de lo cual el aristotelismo desaparece como corriente y se funde en el neoplatonismo.

Porfirio en el siglo III d.C. realiza un comentario a las Categorías, que Boecio en el siglo VI d.C traduce al latín, y así el  mundo latino trabaja hasta el siglo XII solo sobre dos tratados: Categorías y De interpretatione. Se destaca como el máximo comentador de Aristóteles en el siglo VI Simplicio que trabaja sobre Física, De Caelo, De Anima, Meteoros y Metafísica.

Saltando varios siglos vienen luego los grandes comentaristas árabes (Avicena y Averroes) y la traducción magistral de Guillermo de Moerbeke de la Metafísica de gran influjo en Paris y Oxford a través de los máximos comentadores medievales: San Alberto, Santo Tomás, Duns Escoto, San Buenaventura, Occam, et alii. 

Saltamos a los siglos XVI y XVII con la aparición de la escolática española donde se destacan Suárez, Cayetano, Soto, que termina produciendo un gran amasijo de conceptos metafísicos, entre lo que sostiene Aristóteles y los que sostienen ellos. Pero esta segunda escolástica fue brillante (Vitoria, Molina et alii) en el derecho de gentes y la creación de Ius publicum europaeum.

El primero entre los contemporáneos en intentar una recuperación genuina del Estagirita fue Federico Schleiermacher (1768-1834), quien trabajó sobre el Peri Hermeneias e inventó ese hierro de madera que es el humanismo cristiano, le siguió su discípulo Federico Trendelemburg (1802- 1872) quien comenta puntualmente el Organon. Pero fue Franz Brentano, discípulo a su vez de éste último, con sus trabajos Sobre los múltiples significados del ente según Aristóteles (1862), la Psicología de Aristóteles (1867), Aristóteles y su cosmovisión (1911), Aristóteles y su doctrina del origen del alma (1911), Historia de la filosofía griega (póstumo 1963), Doctrina de las categorías (póstumo1933), quien comienza el rescate del Aristóteles más genuino. Claro está, que él se apoya el ciclópeo trabajo filológico que Brandis y Bekker habían iniciado en Berlín en 1831 con la editio princeps de las obras completas de Aristóteles y en el de Hermann Bonitz quien realizó el Index aristotelicus.

A comienzos del siglo XX, en 1923,  Werner Jaeger produce su Aristóteles haciendo uso de la filología en su función genética, en el 52 Josef Zürcher le responde con su Aristóteles, en el 62  Pierre Aubenque edita su Problema del ser en Aristóteles y Enrico Berti su Filosofia del primer Aristóteles, y en el 66 Ingemar Düring su Aristóteles. El resto es historia reciente y conocida.   

4.- Fenómenos psíquicos,  causalidad y apriori                                                                                          

Afirma el maestro José Gaos en el prólogo a su traducción de la Psicología desde el punto de vista empírico que: “Francisco Brentano es la figura más heteróclita de la filosofía contemporánea. Su estilo de pensador recuerda por su sobriedad, vigor y eficiencia solo a las mentes antiguas”.

Como hemos dicho el lema que guió todo su pensamiento lo establece ya cuando él asume la cátedra de Würzburgo en 1866: «Vera philosophiæ methodus nulla alia nisi scientiæ naturalis est». Esto es, que solamente un método análogo a de las ciencias de la naturaleza podrá salvar a la filosofía y las ciencias del espíritu. Es decir, que estamos ante un filósofo para el cual la experiencia de lo real concreto es el comienzo del saber. 

El rasgo común característico de todo lo psíquico consiste en una conciencia o mejor aún, en una referencia intencional a un objeto. A diferencia de los fenómenos físicos que son espaciales los psíquicos son inespaciales. Por la percepción interna tomamos conciencia de percibirnos como “algo uno”.

El autor distingue claramente entre fenómenos físicos, aquellos que se me presentan a los sentidos como un color, una figura, un paisaje que veo, un acorde que oigo, el frío, el olor que siento y los fenómenos psíquicos, que son aquellos acompañados por la conciencia interna del sujeto.

Estos últimos son de tres clases o formas=Weise: a) la representación, b) el juicio y c) las emociones o sentimientos.

El eslabón perdido de la filosofía contemporánea, como lo es Brentano, se ocupa del tema en varios de sus múltiples trabajos. Así lo hace a lo largo del capítulo II de su Psicología. En los parágrafos 20 al 35 del Origen del conocimiento moral; en Del amar y del odiar y en De la clasificación de los fenómenos psíquicos.

El antecedente de su clasificación lo encuentra en Meditaciones III de Descartes cuando afirma: “Descartes en sus Meditaciones es el primero que las ha expuesto exacta e íntegramente.” Aunque Descartes habla de las ideae; los judicia y los affectus. 

La representación es el primero que aparece tanto cronológica como en generalidad. Por lo tanto existe una sucesión natural de la representación al juicio y de éste a la emoción o fenómenos de interés. Así como nada es apetecido o temido sin ser representado, tampoco nada es juzgado sin ser representado. En la representación veo a un árbol. Nos representamos lo coloreado, lo sonoro, lo caliente, lo frío, etc. Cuando oímos y comprendemos un nombre me represento lo que designa. El fin de los nombres es provocar la representación.

El juicio o fenómeno del conocimiento sigue a la representación y es donde se realiza la distinción entre lo verdadero y lo falso, entre la afirmación y la negación entre la existencia y la no existencia. En el juicio afirmo o niego que existe un árbol. La experiencia interna revela inmediatamente la diferencia entre representación y juicio. Los juicios antes de Descartes eran considerados formando parte de las representaciones como una única clase, pero, aclara Brentano: una cosa es decir “árbol verde” como sucede en el caso de la representación y otra afirmar “el árbol es verde” o rechazar, diciendo que “el árbol no es verde”. 

La tercera clase es la de las emociones, sentimientos, movimientos de voluntad, fenómenos de interés, de amor y de odio. Mediante el amor correcto alcanzamos el conocimiento de algo como bueno, mientras que en el preferir correcto llegamos al conocimiento de algo como mejor. El placer que va unido a las acciones nobles es bueno, y malo el unido a las malas acciones. Hay que tender al placer no por él mismo sino por causa de otros bienes. De modo tal que solo los hombres nobles son verdaderamente felices en tanto que tengan una vida completa y no como Príamo que vio morir a su amado hijo Héctor.

Cuando decíamos, para las representaciones “árbol verde” y para los juicios “el árbol es verde”, para las emociones afirmamos “el árbol verde me da sombra” y entonces lo prefiero al árbol seco que no me repara del sol. En el juicio hay una referencia intencional mientras que en la tercera una referencia de agrado o desagrado. 

Así como los juicios aportan una mayor perfección a la representación los movimientos afectivos aportan también una mayor perfección sobre todo en el fenómeno de la felicidad.

Los actos de odio  producen un estrechamiento del reino de los valores y los de amor una ampliación de ese mundo donde se iluminan nuevos y desconocidos valores. El que ama ve en el objeto amado valores que otros no ven, así como el que odia observa disvalores en el objeto odiado.

Las cualidades desde siempre se dividen en primarias: aquellas que corresponden esencialmente al objeto, como por ejemplo la sustancia, y las secundarias, las que tienen su referencia a otro, por ejemplo el color o el sabor. Y terciarias, las que tienen por referencia a otro objeto y a un sujeto que discierne entre ambos, por ejemplo la igualdad. A esas últimas cualidades pertenecen los valores. Así el objeto real es portador de valores que el sujeto prefiere o pospone en su juicio estimativo.

En su último trabajo dictado, ya ciego, de 1914,  texto muy breve que fue publicado recién en 1970 Breve esbozo de una teoría general del conocimiento,  traducido en versión bilingüe en 2001, Brentano resume magistralmente su tesis en el siguiente párrafo: “Lo que nos muestra la percepción externa (lo coloreado, lo sonoro, lo caliente, lo frío, etc.) no existe realmente en absoluto. Si se dice que existe es como fenómeno, lo que quiere decir que existimos nosotros, los que nos representamos eso”

Con que claridad y simpleza explica la idea de fenómeno y unas páginas más adelante lo confirma: “Es correcto el juicio de que nada puede ser objeto sin alguien que lo tenga por objeto, o sea, sin un pensante (einen Denkenden). Pero ser no significa lo mismo que ser objeto. Cosa no quiere decir lo mismo que objeto” El objeto no necesariamente tiene que existir, por ejemplo, una sirena. Y lo que existe, el ser, tampoco necesita ser objeto.

Cuando Brentano dice cosa=res, quiere decir lo real. Ser real es ser una cosa y todo lo que es, es una cosa, pero no todo lo que es real, existe. Irreal=irrealia, por el contrario, es todo aquello que es, pero no es real, por ej. el centauro. Esta tesis se denominó reismo=reismus, que caracteriza la metafísica del último Brentano para quien el ser, el concepto más universal, se identifica con lo concreto e individual. 

Hoy día nadie duda en el ámbito de la filosofía que el conocimiento del mundo de las cosas y los cuerpos en tanto que trata de su naturaleza cualitativa (coloreado, sonoro, etc.), aquello que la filosofía clásica llamaba cualidades secundarias, es meramente subjetivo. “pero el relativismo moderno ha sometido también a ese subjetivismo todos los fenómenos del movimiento”

Si bien es cierto que no tenemos percepción de lugares absolutos, sino solo relativos con el cambio de distancias. Pero si éstas cambian, cambian para todos. 

Otro argumento es que si bien lo que se ve no existe, la visión en el sujeto sí que existe, y esto no es solo verdadero para el sujeto sino para todos.

El estudio del subjetivismo lo lleva al del escepticismo restringido de David Hume y su crítica al principio de causalidad. 

Según Hume la causa no es algo que actúa sino solo un sucederse. Que una bola de billar golpee a otra y la desplace es solo una confianza en expectativas rutinarias y no una relación de causa efecto. La experiencia solo muestra hechos sucesivos y no causas que producen efectos. Causa es solo un antecedente temporal del efecto pero no existe como principio de causación.

Por el contrario, en términos generales la filosofía hasta Brentano entendió por causa a una realidad que ejerce un influjo sobre la existencia o el modo de ser de otra realidad. El principio de causalidad siempre estuvo para ellos vinculado al ser finito y a la creación pues lo definieron una y mil veces como: todo lo que comienza a ser tiene una causa (Kant). Brentano nos da una definición más precisa y metafísica cuando nos dice que La ley universal de la causalidad dice que todo devenir es un efecto. El principio de causalidad queda así anclado en el ser y no tanto en el simple conocer.

La causa no es entendida como un antecedente temporal del efecto sino que el efecto coexiste con la causa. Así tan pronto como existe la causa eficiente existe todo lo necesario para que exista su efecto Vemos como el principio de causalidad de Brentano coincide con el concepto de causa eficiente de Aristóteles para el cual éste jamás existe previamente al efecto. Así el análisis de David Hume es inatingente respecto del de Aristóteles porque son dos concepciones distintas del concepto de causa.

Los escoláticos, sin llegar a la profundidad de Brentano, barruntaron que debía haber una cierta semejanza entre la causa y su efecto pues el análisis de éste les permitía descubrir la naturaleza de la causa, cuando afirmaban: agens agit sibi simile.

Brentano como Ludwig Klages (1872-1956) valora la teoría de los temperamentos. En la antigüedad Hipócrates fue el primero que la sistematizó la teoría de los cuatro humores o temperamentos con los que hombre viene a la vida: la sangre cuyo correlato es el sujeto sanguíneo; la pituita o flema, que nos da el flemático; la hiel que nos presenta el colérico y la atrabilis o hiel negra que nos ofrece el melancólico. Tanto Galeno, la gran figura de la medicina antigua, como las tradiciones populares hicieron de la teoría de los cuatro humores la base y fundamento de la salud en tanto se daban equilibradas en el hombre y de la enfermedad cuando una primaba absolutamente sobre las otras.

Incluso hoy la psicología nos habla del temperamento sanguíneo cuando nos habla del sujeto fácilmente excitable, voluble y falto de perseverancia. El flemático posee una tendencia a la inacción y es falto de riqueza afectiva, pero puede ser perseverante. El temperamento colérico pertenece a un sujeto de sentimientos perdurables y fuertes que pueden ser complicados. Y el melancólico que ante los problemas adopta un comportamiento negativo y perdura en sus estados de ánimo.

Los sentimientos o emociones tienen reacciones más rápidas, más violentas y momentáneas en el colérico y sanguíneo y más lentas, estables y permanentes en el melancólico y el flemático.

La crítica a Hume, aunque acepta de él la ley de asociación de ideas, va pareja a la de Kant al que le dedica un libro fulminante ¡Abajo con los prejuicios! La contundencia de la argumentación de Brentano llamó la atención del gran filósofo español Xavier Zubiri que en 1936 tradujo el libro.

En el prefacio nomás afirma: “Me niego a reconocer como apoyos apropiados de la investigación del conocimiento sintético a priori de Kant…El célebre criticismo kantinano en lugar de filosofía científica establece una filosofía de prejuicios. Las proposiciones sintéticas a priori son juicios ciegos, son prejuicios a priori. Los juicios ciegos son infundados y arbitrarios. Y esto porque Kant lo que ha hecho es ante el planteo del escepticismo que sostiene que los sentidos nos engañan, lo cual es cierto pues los fenómenos están condicionados por nuestra subjetividad, busca imponer a la percepción principios subjetivos (los juicios sintéticos a priori) que son subjetivos y arbitrarios para que filtren esa percepción. Por eso, dice Brentano: “hace más de un siglo dije yo que Kant iba descarriado y que sus arbitrarias construcciones y su antinatural a priori construyeron la raíz de las extravagancias de sus sucesores”

Resumiendo, “Kant quiso superar el dogmatismo y el escepticismo, pero él mismo es tanto dogmático (al admitir prejuicios apriorísticos) como escéptico (al negar todo conocimiento de cosas en sí)”

Por el contrario, para Brentano, representar significa siempre representar algo y “algo=aliquid” significa lo real, esto es, lo concreto e individual. Como representar es un término de significado unívoco el “algo representado” también es unívoco. De modo que el ser para Brentano tiene una significación unívoca y no análoga con sostenía gran parte de la escolástica y la filosofía ilustrada anterior.

El a priori para Brentano no es como para Kant lo independiente de la experiencia sino lo intrínsecamente necesario. No son leyes del pensar sino de lo pensado. El a priori lo encuentra en la matemática y sus juicios analíticos, que son independientes de la inducción, en la aplicación del cálculo de probabilidades. Claro está, que Kant no sabía matemáticas como él. Este cálculo lo va a utilizar para demostrar el principio de causalidad en todo el ámbito de lo contingente. “Si la matemática no fuera independiente de la inducción, desaparecería toda posibilidad de ciencia, pues no podríamos adquirir, no solo un saber demostrativo, sino tampoco uno inductivo, porque para reconocer la validez de la inducción hay que suponer la matemática, y la matemática supondría a su vez la credibilidad de la inducción. Nos veríamos entonces encerrados en un círculo: faltaría al investigador aquel cimiento sólido que ya Aquímedes pedía en su: δος μοι πυο στϖ = dadme un punto de apoyo..”

6.- Conclusión

Brentano es el precursor de un sin número de disciplinas como la fenomenología, el ética de los valores, la corriente analítica de análisis del lenguaje, de la psicología profunda, de la semiótica, de la lógica matemática, de la axiología con sus trabajos sobre el juicio de preferencia, etc. Cuentan que, de la misma manera que Fichte inventó la cedula de identidad, bajo el pseudónimo de Aenigmatis, inventó el crucigrama y acertijos que hicieron el deleite de los salones vieneses de la época. Logró por méritos propios una formación clásica que no tuvo ninguno de los grandes filósofos de los siglos XIX y XX. En este sentido no hay ninguno que se le pueda comparar salvo Leibniz. Se declaró discípulo in pectore Aristóteles y reconoció el genio incomparable de Santo Tomás con su invención de la teoría de la analogía.

Luego de escribir una Historia de la filosofía griega, otra Medieval y otra Moderna nos brinda en dos trabajos Las cuatro fases de la filosofía y su estado actual (Die vier Phasen der Philosophie und ihr augenblicklicher

Stand, Hamburg 1968) y en El porvenir de la filosofía 

su teoría del desarrollo de la disciplina que se da tanto a lo largo de la historia de la filosofía y se repite, a su vez, en cada época. 

Fase 1: la del desarrollo ascendente y el saber teorético donde se pregunta por la existencia de las cosas y su razón de ser y que corresponde a la filosofía griega, y en la época moderna a Descartes, Locke y Leibniz.

Fase 2: la del desarrollo descendente o decadente donde  los motivos prácticos comienzan a determinar la investigación, como lo es el derecho y la ética. Se trabaja con menos rigor científico. En el orden general corresponde a la filosofía romana y en la época moderna a la segunda escolástica con Molina y Sepúlveda et alii con sus meditaciones sobre el derecho internacional. Además de Spinoza y su Ética y la de los moralistas.

Fase3: la del escepticismo donde, dentro de la decadencia, se niega el poder alcanzar los propósitos de la ciencia. En el orden griego corresponde al escepticismo de la época helenista y en el moderno a Hume y el empirismo inglés.

Fase 4: la del dogmatismo que surge como reacción al escepticismo donde un celo enfermizo busca construir dogmas filosóficos  y se proponen “maneras de conocimiento completamente antinaturales, principios desposeídos de toda evidencia, geniales fuerzas inmediatas e intuitivas, ascensiones místicas de la vida espiritual, y rápidamente se embriaga la mente con la presunta posesión de las verdades más sublimes, que rebasan con mucho todas las capacidades humanas”. Es la fase final de la decadencia, la que cree saberlo todo y no sabe nada. Corresponde a la época de Kant y del Idealismo alemán de Fichte, Schelling y Hegel. Al de la filosofía como “fábrica de azufre”. Se incluye acá a la gnosis moderna.

Brentano, como Aristóteles, Hegel, Comte y tantos otros,  concibe la filosofía anterior como un desarrollo que culmina en él, quien reinaugura la filosofía como saber teorético de una ciencia estricta.

Él por su formación e ingenio propio tuvo un llamado permanente de la realidad por eso siempre intentó ir a las cosas mismas, lema que luego hizo famoso Husserl. Fue seguido por innumerables discípulos a distancia y fue negado, silenciado o dejado de lado por otros tantos que usaron sus ideas sin nombrarlo. Despertó pasiones encontradas y, sobre todo y por encima de todo, desmitificó y destruyó a Kant en forma lapidaria, denunciando todos los preconceptos y prejuicios que encierra su filosofía. Y esto nunca se le perdonó. Como muy bien afirma José Gaos fue un “filósofo heteróclito”, esto es, que se apartó de las normas ordinarias de lo que debe ser un filósofo. Y eso lo hizo “filosóficamente incorrecto” para la universidad alemana que lo rechazó y el resto, que en filosofía, imitan a las alemanas.

(*) arkegueta, aprendiz constante buela.alberto@gmail.com

NOTAS:

 Aristóteles en el libro primero, capitulo sexto, de su Metafísica va a realizar la crítica de “la cosa en sí” propuesta por los platónicos pues ellos no aclaran que diferencia hay entre cada cosa y la cosa en sí de cada cosa con ningún ejemplo empírico. Y afirma: La definición de hombre es una y la misma para hombre(ánthropos) como para hombre en sí (autoánthopos)… como no es más blanco el blanco que dura mucho tiempo del que dura un día”(1096 b 3)

 Heidegger, M: Kant y el problema de la metafísica, FCE, México, 1973, p.109

 Estos datos que pasamos nosotros y muchos más, se pueden encontrar en los buscadores de Internet, no así en los manuales al uso de la historia de la filosofía contemporánea, que, en general, escamotean la figura y los aportes de Brentano. O peor aún, lo limitan al lugar común de inventor de la intencionalidad de la conciencia.  

La persecución que sufrieron los católicos alemanes bajo el gobierno de Bismarck (1871-1890) ha sido terrible. Más de un millón de ellos huyeron a Rusia donde los recibió el Zar con un convenio de estadía por cien años. Pasado el siglo muchos de esos “alemanes del Volga” vinieron a radicarse en la Argentina en la zona de Coronel Suárez, al sur oeste de la provincia de Buenos Aires. Duró tanto el hostigamiento a los católicos de parte de la Kulturkampf, que cuenta Heidegger (1889-1976), que su padre era el sacristán de la iglesia de San Martín de su pueblo natal,  y que los protestantes se la devolvieron, recién, un año antes de que él naciera. 

Porque habían sido marginados por el régimen. 

 Grosso modo, los estudios conteporáneos sobre  Aristóteles comienzan en Alemania con Federico Schleiremacher (1748-1834) y sus trabajos sobre la hermenéutica, sigue con su discípulo Federico Trendelenburg (1802-1872) y sus trabajos sobre la lógica. Continúa luego su discípulo Franz Brentano y sus trabajos sobre la metafísica y culminan con Werner Jaeger (1888-1961) y su Aristóteles (1923). Tan fuerte es esta tradición que el mayor erudito sobre la metafísica del Estagirita, el francés Pierre Aubenque(1929), retrasó la publicación de su famoso Le problème de l´être chez Aristote hasta 1962, para conmemorar los cien años del libro de Brentano Sobre el  múltiple significado del ente en Aristóteles.

80 años después, en 1942 publicó Nimio de Anquín en Argentina un trabajo definitivo sobre el tema Las dos concepciones del ente en Aristóteles, Ortodoxia Nº 1, pp.38-69, Buenos Aires, 1942, del que se han privado de leer hasta ahora los europeos. 40 años después, en 1982 con motivo de mi tesis doctoral en la Sorbona bajo la dirección de Pierre Aubenque, ví como éste gran erudito se arrastraba sobre las tintas del libro Z de la Metafísica de  Aristóteles, sin poder llegar a la suela de los zapatos de de Anquín. Una vez Eugenio Pucciarelli en 25 de mayo, lugar del decanato de filosofía, nos dijo: de Anquín conoce Aristóteles como los mejores. 

 Anquín, Nimo de:  Ente y ser, Gredos, Madrid, 1962

En el siglo XX se destacaron tres generaciones de estudiosos y algunos filósofos: a) Garrigou-Lagrange, A. Forest, Mandonet, Manser, M. Grabmann b) J. Owens, E.Gilson, L.B.Geiger, J. Maritain , C. Fabro, J. Pieper, O. Derisi. S. Ramirez c) M. Beuchot, Günther Pöltner, Cornelia Vogel, C. Cardona.

Brentano, Franz: Psicología, Ed. Kier, Buenos Aires, 1946, p.115. John Stuart Mill (1806-1873)

Brentano, Franz: El porvenir de la filosofía, traducción Xavier Zubiri, Ed. Encuentro, Madrid, 2010, p. 27 

Op cit. p. 30

 Brentano, Franz: Sobre el concepto de verdad, Ed. Complutense, Madrid, 2006, p. 19

Brentano, Franz: Las razones del desaliento en la filosofía, Ed. Encuentro, Madrid, 2010, p. 24

 Brentano, Franz: Breve esbozo de una teoría general del conocimiento, Ed. Encuentro, Madrid, 2001, p.

Brentano, Franz: Razones deldesaliento en filosofía, Ed. Encuentro, Madrid, p.7

Brentano, Franz: El provenir de la filosofía, Ed. Encuentro, Madrid, 2006, p.30

Millán Puelles escribió, además, Estructura de la subjetividad (1959) en donde realiza una exposición pormenorizada de la subjetividad en Brentano.

La primera traducción al castellano de Los Tópicos, que está en prensa, corresponde al erudito argentino Jorge Civit Evans, profesor de la Universidad de Cuyo en Mendoza. El mismo que realizó la traducción del Index Aritotelicus de H. Bonitz en 2012.

Hay que recordar que Brentano escribe un libro sobre Augusto Comte y valora su filosofía aunque critica su filosofía de la historia con las tres etapas: teológica, metafísica y científica.

Brentano, Franz: El origen del conocimiento moral, Revista de Occidente, Madrid, 1927, p. 35. Traducción de Manuel García Morente.

Brentano, Franz: op.cit. Ed. Encuentro, Madrid, 2001, p. 11

Brentano, Franz: op.cit. ut supra, p. 23

Brentano, Franz: op.cit. ut supra, p. 19

Brentano, Franz: op.cit. ut supra, p. 39

Brentano, Franz: Aristóteles, Ed. Labor, Buenos Aires, Madrid, Barcelona, Río de Janeiro, 1943, p. 99

Brentano, Franz: El provenir de la filosofía, Madrid, Encuentro, 2010, p. 27

Brentano, Franz: Breve esbozo de una teoría general del conocimiento, op.cit ut supra, p. 45

Brentano, Franz: ¡Abajo los prejuicios”, op.cit ut supra, 118 

En el domino de las sensaciones sonoras realiza finísimos análisis con sus distinciones entre claridad (cualidad) y altura. Así como en sus seis ensayos, todos provisorios según él, sobre las categorías donde incluso cuestiona a mismo Aristóteles y avanza sobre él como en el caso de cuarto término del silogismo y el criterio de verdad como evidencia.

Citado por Sánchez Migallón Die vier Phasen der Philosophie und ihr augenblicklicher

Stand, Hamburg 1968, p. 74

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