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La milenaria República de La India es el tema central de la columna de geopolítica del Club de La Pluma, del director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, cuando ya se ha transformado en la segunda potencia más importante de Asia, a consecuencia de los profundos cambios en los poderes globales, mientras se confirma que el conflicto de Ucrania es definitivamente un enfrentamiento directo entre Occidente contra el mundo euroasiático en ascenso, siendo Rusia un eslabón clave a destruir por el poder anglosajón, en su desesperada carrera por evitar la debacle de su poder hegemónico.

Nuestro director también nos brinda una clase de historia, geografía, política y economía sobre esta joya cultural única que es la India, con sus 1.400 millones de habitantes. Nacida con los albores de la humanidad, es el séptimo territorio del planeta y una de las primeras potencias económicas del mundo. También fue “la perla” del imperio colonial británico y el sustento más importante de Inglaterra durante un siglo aproximadamente, hasta su abandono en 1949, cuando la dejó sembrada de conflictos latentes que germinaron con los años y que provocaron su partición y las actuales tensiones violentas a las que se enfrenta a lo largo de sus extensas fronteras.

También nos explica el comportamiento geopolítico actual de su dirigencia, que aspira a que la India sea un gigante con contrapeso propio, evitando ser herramienta del resto de potencias y si uno de sus principales socios comerciales. Entienden que su área de influencia directa es el Océano Índico y a través de él, el control de los pasos marítimos al golfo Pérsico y al Mar Rojo y de allí al Mediterráneo. Sin dejar de mirar hacia el África oriental, mientras que sus fundamentales ejes de la política exterior son las buenas relaciones con Estados Unidos, con Rusia y con China.

Además nos explica cómo La India se abstuvo de condenar a Rusia ni acató sanciones en su contra por el conflicto de Ucrania, lo que ha significado un importante gesto hacia Moscú, mientras mantiene una firme posición ante los embates y las presiones de EEUU e Inglaterra. En este caso, nos cuenta como los norteamericanos se han tenido que tragar recientemente su soberbia de mirar al resto del mundo, desde arriba del caballo.

Entre tanto, la India aplica políticas abiertas y pragmáticas para asegurarse la provisión de armamento militar desde todo el mundo, ya que es fundamental para asegurar su enorme territorio. Y en este aspecto, Pereyra Mele se explaya en la histórica relación que tiene con Moscú desde la época de  la URSS. También nos cuenta del desarrollo de su fortísima flota naval. Y destaca el espectacular aumento de las relaciones comerciales con China, que ya alcanzan niveles apabullantes y donde el comercio bilateral entre ambos supera los 125.000 millones de dólares.

Y concluye con que gracias a este conflicto entre la OTAN y Estados Unidos contra Rusia y sus aliados asiáticos, están saliendo a la luz todos estos profundos cambios globales y el ascenso de las nuevas potencias, que han llegado de manera increíblemente veloz y definitiva 

Eduardo Bonugli (Madrid, 24/04/22)

GEOPOLITICA DE LA INDIA
DIASPORA INDIA IMPORTANCIA GEOESTRATEGICA Y MILITAR DE LA INDIA

Por Eduardo VIOR TELAM

Lejos de alinearse contra Rusia, como exige Estados Unidos, el gobierno de Narendra Modi se beneficia de la confrontación entre Washington y Moscú incentivando su rol como actor global

Acosado por la crisis política en su país, Boris Johnson llegó este jueves 21 a Nueva Delhi, para forzar la adhesión de su excolonia a la coalición antirrusa. Arribó tres semanas después de la exitosa visita del canciller ruso, Serguei Lavrov, quien a principios de abril cerró en la capital india acuerdos provechosos para ambas partes y un mes tras la visita de su colega chino, Wang Yi, que distendió las relaciones entre ambos gigantes, muy tensionadas desde los choques en la frontera del Himalaya el año pasado. India quiere aprovechar la confrontación entre EE.UU. y Rusia, para proyectarse hacia la primera liga de la política mundial, pero el camino está plagado de escollos y su elite deberá hacer gala de suma prudencia para no pelearse con tirios ni troyanos.

Johnson llegó el jueves a India en visita de dos días y el viernes por la mañana fue recibido en la residencia presidencial de Rashtrapati Bhavan. Más tarde debía reunirse con el ministro de Relaciones Exteriores, Subrahmanyam Jaishankar, y con el primer ministro Narendra Modi. La relación entre Nueva Delhi y Londres fue elevada a Asociación Estratégica Integral durante una cumbre virtual el año pasado y el intercambio comercial entre ambos países se situó en 15.450 millones de dólares en 2019-20, con ventaja para la nación asiática. El Reino Unido es el sexto mayor inversor en India. Según funcionarios británicos, Boris Johnson aprovechará su estancia para impulsar el Tratado de Libre Comercio que vienen negociando desde principios de este año.

Durante su primera visita a India el primer ministro británico ofrecerá ayudar a su anfitrión a reducir su dependencia del petróleo y los equipos de defensa rusos y fortalecer la cooperación en materia de seguridad, tecnología y salud. Sin embargo, Gran Bretaña no tiene suficiente petróleo ni el tipo de equipamiento militar adecuado para vender a India. El Reino Unido era el tercer socio comercial del país asiático a principios de este siglo, pero el año pasado descendió al puesto 17 y no parece en condiciones de recuperar posiciones. Los mayores socios comerciales de India son Estados Unidos, China y los Emiratos Árabes Unidos.
Por las dudas, el portavoz del primer ministro británico ya avisó que Johnson se abstendrá de aleccionar a su colega indio. Las elites y las masas de ese país reciben mal los intentos moralizantes de los occidentales que ven como resabios de una mentalidad colonialista. No obstante, tratan a sus interlocutores con suma paciencia, porque necesitan las buenas relaciones con Estados Unidos, China y Rusia.

De los tres, Estados Unidos es el país más joven y poderoso. Las relaciones entre ambos países han oscilado a lo largo de la historia entre choques y acercamientos. Al atacar EE.UU. a Afganistán en 2001, la complicidad paquistaní con los talibanes llevó a Washington a estrechar sus vínculos con Nueva Delhi. Desde entonces las relaciones indio-estadounidenses se han desarrollado de forma bastante constante. Sin embargo, el pasado 11 de abril, cuando el secretario de Estado Antony J. Blinken y el de Defensa Lloyd J. Austin recibieron en Washington al ministro de Asuntos Exteriores de India, Subrahmanyam Jaishankar, y a su colega de Defensa, Rajnath Singh, Antony Blinken cuestionó la situación de los derechos humanos en India. Jaishankar respondió inmediatamente que su país también vigila la situación de los derechos humanos en Estados Unidos. Aunque Nueva Delhi ya había dejado en claro que su política exterior se basa en el interés nacional y Washington dice entenderlo, evidentemente la ideología puede más que el interés.

De Estados Unidos los indios necesitan dinero, tecnología y armas. Los estadounidenses, en tanto, quieren que India se convierta en un baluarte contra China, sin tener que invertir ellos fondos ni recursos. Para conseguirlo, intentan regularmente obligar a Nueva Delhi a pagar por el apoyo que le dan, a abrir totalmente su mercado a los productos y servicios norteamericanos, a participar en las iniciativas antichinas y a transformar su modelo de democracia, para adaptarlo a los estándares estadounidenses. Pero, cuanto más presionan, más se resiste India.

Por el contrario, tal como lo ve la elite del gigante surasiático, su país es ya por su propia existencia un contrapeso de China, por lo cual no tiene interés en complicarse la vida entrando en alianzas comprometedoras. El nacionalismo indio no quiere convertirse en un bastión antichino ni en un vasallo estadounidense, sino erigir un fuerte centro de poder asiático y mundial.

Si India se relaciona con Estados Unidos buscando el mutuo beneficio, su trato con China es mucho más complicado. Después de la independencia de India (1947) y de la liberación de China (1949) ambas potencias podrían haberse puesto de acuerdo, pero chocaron por un conflicto sobre el límite trazado por los británicos en 1911, librando en 1962 una guerra que India perdió. En los últimos 60 años indios y chinos no han resuelto la cuestión fronteriza ni superado el sentimiento de desconfianza mutua, pero han aprendido a comerciar con éxito. El año pasado el comercio bilateral entre ambos alcanzó un récord de más de 125.000 millones de dólares. Las exportaciones procedentes de Pekín aumentaron un 46,2%, hasta los 97.520 millones de dólares, mientras que los envíos en sentido inverso crecieron un 34,2%, hasta los 28.140 millones de dólares. O sea que el déficit comercial de India con China aumentó en 69.380 millones de dólares en 2021.

Telam SE

India no busca derrotar a China ni recuperar los territorios perdidos en 1962, sino que Pekín la reconozca como centro de poder paritario. Esto, a su vez, implicaría que China acepte que India tiene una esfera de intereses regionales propia donde China no debe inmiscuirse. Sin embargo, hasta ahora, parece que Pekín no presta suficiente atención a su vecino del sur.

El comercio de Rusia con India es bastante modesto: apenas supera los 10.000 millones de dólares. Sin embargo, Moscú sigue siendo uno de los principales socios de Nueva Delhi. Esto se debe a tres factores: la antigua amistad, la cooperación en industrias críticas y las perspectivas futuras.

La Unión Soviética ayudó en la década de 1960 a India a llevar a cabo un programa de industrialización y a construir una potente industria pesada. Las centrales eléctricas diseñadas por ingenieros soviéticos e indios dieron energía a esta industria, las personas que estudiaron de los libros soviéticos se convirtieron en su reserva de personal y las armas suministradas por la URSS garantizaron su seguridad. La URSS fue neutral en la guerra chino-india de 1962 y apoyó a India en su guerra contra Paquistán en 1971. Estos viejos vínculos están todavía muy presentes en la consciencia nacional india. Durante décadas fue la principal abastecedora de armas del país asiático.

En el ámbito económico, Rusia mantiene sus posiciones en la esfera de la energía nuclear, pero va perdiendo terreno en el campo de la investigación espacial y la cooperación técnico-militar. En parte, las élites indias están tratando de diversificar los vínculos en áreas sensibles, para no repetir la situación de principios de los noventa, cuando tras el colapso de la URSS, India se quedó sin fuente de suministro de componentes para equipos ya adquiridos. Sin embargo, también hay que considerar la incapacidad de Rusia para ofrecer la tecnología y el equipo que India necesita y el creciente retraso del complejo militar-industrial ruso. No obstante, si se ponen en marcha determinados proyectos conjuntos (vehículos aéreos no tripulados, vehículos submarinos, aviación naval), la situación sólo podría revertirse.

No obstante las dificultades, en el proyecto indio de futuro, Rusia aparece como uno de los centros de poder amigos tanto como India en las construcciones geopolíticas de los dirigentes rusos. Ahora que el país eslavo ha perdido acceso a las inversiones y los mercados occidentales, India puede convertirse en punto de transbordo para las inversiones y los bienes occidentales que van a Rusia así como en un mercado para los bienes y la tecnología rusa. En este camino, hace tres semanas ambos países acordaron la venta de 3 millones de barriles de petróleo ruso diarios pagaderos en rublos y rupias. Después de Estados Unidos y China, India es el tercer consumidor mundial de petróleo, del que importa más del 80%. En 2021 compró a Rusia unos 12 millones de barriles de los Urales, lo que hace sólo alrededor del 2% de sus importaciones totales. En realidad, los mayores suministros del año pasado procedieron de Oriente Medio, de EE.UU. y de Nigeria.

Ahora, tras la invasión de Ucrania, hay menos compradores para el crudo ruso de los Urales y su precio ha caído. Aprovechando la coyuntura, entonces, la nación surasiática ha comprado tanto el emblemático Ural, que se embarca desde puertos del oeste, como un raro cargamento de ESPO del Lejano Oriente, habitualmente favorecido por China.

Ambas naciones han acordado asimismo la venta de carbón ruso. En marzo Nueva Delhi compró 1,04 millones de toneladas de las cuales dos tercios procedían de Siberia Oriental. Rusia es el sexto proveedor de carbón coquizable y térmico de India. En tanto, a finales de marzo el ministro del Acero de India, Ramchandra Prasad Singh, anunció que su país tiene previsto duplicar sus importaciones de carbón de coque ruso, un ingrediente clave en la producción de acero. Dijo que India estaba comprando hasta 4,5 millones de toneladas, pero no especificó a qué período se refería. En comparación, en 2021 la UE compró a Rusia 48,7 millones de toneladas de carbón térmico y coquizable, aumentando su volumen de suministro a 5 millones de toneladas al mes en el último tiempo antes de la guerra en Ucrania. Por lo tanto, el intercambio de carbón es muy provechoso para India, pero para Rusia sólo remplaza mínimamente las perdidas exportaciones a Europa.

En las últimas décadas las élites políticas indias han dominado el sutil arte de balancearse entre varios polos, aprendiendo a convertir las diferencias de otras grandes potencias en su beneficio. Si la actual confrontación por Ucrania continúa, empero, India va a tener serios problemas para compatibilizar su entendimiento con Rusia en el manejo de la turbulenta política de Asia Central con su alianza con Estados Unidos y Australia para vigilar el Océano Índico. Además, si Washington se recuesta en el gobierno surgido del reciente golpe de estado parlamentario en Paquistán e India continúa desarrollando su marina al paso actual, India se acercará aún más a Rusia e intentará remplazar a EE.UU. en el Índico. La guerra en Ucrania puede convertir a India en una potencia asiática de primer rango y en una firme aspirante a sentarse a la mesa del poder mundial, pero debe ser paciente y prudente.

El 12 de abril de 2022, fui convocado por el Periodista de Internacionales de los servicios de Radio y Televisión de la Universidad Nacional de Córdoba Mgter. Mariano Saravia (*), para participar como analista invitado al último programa del Ciclo que Organizó y dictó y que  tituló irónicamente: “El Eje del Mal”, donde analizo Historia, Cultura, Política y proyecciones de las potencias emergentes: Rusia, China, Irán, India, para el cierre del Ciclo que trató sobre la la República de la India fui entrevistado por mariano sobre “tendencias geopoliticas actuales de la India”. Carlos Pereyra Mele Director de Dossier Geopolitico

Por gentileza del Mgter Mariano Saravia se pone a disposición de los seguidores de Dossier Geopolitico, la Clase N 5 completa del Curso “el Eje del Mal”, clase clave para entender el milenario mundo de la India.

(*) Mariano Saravia: es periodista, escritor, docente universitario y conferencista. Sus especialidades son la política internacional, el periodismo histórico y los derechos humanos.

Sus artículos y ensayos han sido publicados en publicaciones de Argentina y el exterior. Además, es profesor titular de la materia Política Internacional de las carreras de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba.

Especial para Dossier Geopolitico DG, Por: Anthony Medina Rivas Plata

Director de la Escuela Profesional de Ciencia Política y Gobierno UCSM Arequipa Perú

Hasta la fecha actual, los únicos países nórdicos miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) fueron aquellos que la acompañaron desde su fundación en 1949: Islandia, Noruega y Dinamarca. Esto podría cambiar en los próximos meses si los dos países restantes de la región, Suecia y Finlandia, logran concretar su ingreso, para el cual ya han iniciado conversaciones.

Este hecho tiene sumamente preocupado al alto mando del Kremlin, debido a que, con el ingreso de dichos países a la OTAN, tendrían bajo mando enemigo a toda el área colindante al Mar Báltico, con una superficie de 377,000 km2, así como de toda la región nórdica de Europa, con una superficie de 6,126 millones de km2 y una población de 28 millones de personas. En este hipotético espacio ‘OTAN-ampliado’, la frontera ruso-finlandesa se convertiría en un nuevo borde de seguridad con 1,340 km, que se sumarían a los que ya tiene con Estonia (294 km) y Letonia (214 km). Este hecho obligaría a Rusia a multiplicar su gasto militar, el cual tiene un mucho menor margen de expansión debido a las sanciones económicas impuestas por Occidente, y en particular por Estados Unidos.

El interés de ambos países por ingresar a la OTAN es algo que naturalmente se explica a partir de las recientes tensiones que han tenido con Rusia a raíz de la crisis en Ucrania. Desde hace varias semanas, se vienen realizando simulacros de bombardeos rusos en ambos países, a la vez que han sido reportados avistamientos de aviones de combate y submarinos rusos en sus respectivos espacios aéreo y marítimo. 

De entre los 27 países miembros de la Unión Europea, Suecia y Finlandia están dentro de un pequeño grupo que no forma parte de la OTAN, el cual incluye a Austria, Chipre, Malta y la República de Irlanda. No obstante, el nivel de enfrentamiento diplomático generado con Rusia durante las últimas semanas ha llevado a Suecia y Finlandia a tomar una decisión que ni siquiera se llevó a cabo durante los años más conflictivos de la Guerra Fría. Esto es aún más notorio en el caso de Finlandia, que además de compartir con Rusia una de las fronteras más extensas de Europa, ya tiene la experiencia de haber luchado en dos ocasiones contra la Unión Soviética: La primera fue la llamada ‘Guerra de Invierno’, que duró entre noviembre de 1939 y marzo de 1940; y la segunda, en la cual participaron como aliados de la Alemania Nazi, entre 1941 y 1944. Del lado de Suecia, ya es bastante conocida su ‘neutralidad’ política frente a Rusia durante el siglo XX luego de repetidos conflictos con el Imperio Zarista durante los siglos XVIII y XIX. Fue precisamente debido a esta experiencia previa que Suecia logró generar una política de concesiones a los dos bloques enemigos de la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de ubicarse al margen; manteniendo después esa misma equidistancia con las dos superpotencias vencedoras.

El acercamiento de estos dos países nórdicos a la Alianza Atlántica tiene una historia de al menos veinticinco años, y se basa en inevitables realidades geopolíticas. Tanto Suecia como Finlandia se unieron a la Alianza por la Paz (‘Partnership for Peace’) que el entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, propuso en 1994 como un mecanismo para que los Estados europeos puedan definir por separado sus relaciones con la OTAN; y posteriormente, durante la primera década de este siglo, han salido continuos informes de los Ministerios de Defensa de ambos países que señalan que la región que rodea el Mar Báltico es un teatro de operaciones clave en caso de guerra. Desde el punto de vista geográfico, hay ciertos puntos de la región que son vitales en caso de un conflicto que involucre a Rusia. La isla de Gotland, ubicada en medio del Mar Báltico sueco, tiene una ubicación adecuada para el despliegue de baterías de escudo que bloqueen un eventual lanzamiento de misiles desde Kaliningrado, territorio ruso ubicado como un enclave entre los territorios de Polonia y Lituania. De igual manera, Finlandia domina el Golfo que lleva su nombre, el cual constituye la ruta de acceso marítimo y aéreo de Rusia hacia el Mar Báltico y el territorio de Kaliningrado.

Si bien durante los últimos años Suecia y Finlandia habían venido sosteniendo conversaciones sobre opciones de colaboración con la OTAN, aún continuaban manteniendo su neutralidad, al menos hasta hace muy poco. Sin embargo, como una evidente reacción a la invasión rusa de Ucrania, el presidente finlandés, Sauli Niinistö, visitó los Estados Unidos para discutir dicha posibilidad. En ese sentido, la opinión pública en ambos países es cada vez más favorable a una membresía en la OTAN; a la vez que existe consenso al interior sobre la medida, con lo que se hace probable que esto se haga efectivo en la próxima cumbre de la alianza en junio. De hecho, estos dos países tienen más argumentos que Ucrania para ser miembros de la OTAN: Son dos de las economías más dinámicas y abiertas del mundo, además de estar dentro de las democracias más sólidas de la Unión Europea. 

La discusión actual entre la comunidad de defensa europea y estadounidense consiste en saber cuáles serían los impactos de dicho acceso en el balance de poder europeo. Si las fuerzas armadas de Suecia y Finlandia no están lo suficientemente preparadas, un conflicto con Rusia podría generar más problemas que beneficios para el bloque atlantista. Es cierto que ambos países tienen ejércitos tecnológicamente avanzados, pero también son bastante pequeños en comparación a los que pueden tener los mayores países del bloque, como Alemania, Francia o Reino Unido; a la vez que su gasto militar está bastante por debajo del promedio europeo. Ambos países están tratando de revertir la tendencia como consecuencia de la guerra en Ucrania, con lo que han aumentado considerablemente su gasto militar, especialmente en su defensa fronteriza, así como la generación de un perímetro de seguridad sólido en el Mar Báltico. Esto, por supuesto, no es algo que se logrará en el corto plazo. Ambos países son conscientes que sería poco realista pensar que Estados Unidos está necesariamente dispuesto a asumir una parte importante de este nuevo compromiso, dada su gran variedad de intereses de seguridad global (especialmente frente a China), así como por la política antes tácita y ahora expresa (al menos desde el gobierno de Donald Trump) de exigir que los aliados europeos en la OTAN sean capaces de asegurar financieramente sus propias capacidades defensivas. 

Sin duda, algunos analistas instarán a apresurar la incorporación de ambos países a la OTAN en caso de un ataque preventivo por parte de Rusia; pero lo cierto es que mientras que Putin esté ocupado en Ucrania, es poco probable que algo así suceda. De igual manera, la medida también fortalecería la posición del presidente ruso al interior de su país, ya que la opinión pública vería confirmados los temores ya expresados por su gobierno desde hace años con respecto a la expansión al este de dicho organismo. Si bien es cierto que Finlandia y Suecia no son Ucrania, una incorporación podría generar más problemas que beneficios a la alianza en caso de que no haya un compromiso real por parte de estos países para hacerse cargo de su propia seguridad, independientemente del incierto ‘paraguas’ que pueda ofrecerles Washington.

El director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, en su columna semanal de geopolítica, del Club de La Pluma nos recuerda aquella frase de “HAZ LO QUE YO DIGO PERO NO LO QUE YO HAGO” para desnudar la hipocresía de Europa cuando paga en rublos, y por bajo cuerda, sus imprescindibles productos energéticos de Rusia, mientras presume de incrementar el suministro de armamento a Ucrania. De igual manera que EEUU ha aumentado la compra de barriles de petróleo a Rusia en un 43%, pero que exige a sus socios que incrementen las sanciones. Y en ese contexto nos recuerda lo que ya anticipó hace tiempo: que Europa nunca sangraría por los ucranianos pero que los hará pelear hasta el último de ellos y sin exponer un solo soldado suyo.

Lo que demuestra que ese pueblo está siendo sacrificado en el altar de las industrias armamentísticas y del poder anglosajón. Y también arrastrado por los cantos de sirena de Occidente de forma fanática y sin lógica ni razón. Por lo que no es extraño que comiencen a rendirse en masa, como ocurrió hace unos días en el puerto de Mariupol, a pesar de la ingente cantidad de armas entregadas por EEUU y Europa. 

Y en el tema de las sanciones, Carlos confirma que no existe ya aquella unidad monolítica entre las dirigencias europeas, luego de aplicar tan ágil y dócilmente las decisiones de Washington, al comprobar que serán sus pueblos los que paguen el duro precio de las mismas, acarreando consecuencias trágicas de hondo calado económico y sociopolítico. Tal cual lo señala el propio FMI en su demoledoras previsiones sobre el aumento de la inflación y de una parálisis en la producción. Una dura realidad que ya está presente y que le lleva a anticipar que habrá “rebelión en la granja”. 

También aborda las recientes elecciones en Francia, que hacen pensar en un posible cambio de actitud de esta potencia nuclear y miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, tras la segunda vuelta electoral. Ya sea por un hipotético triunfo de Le Pen, que anunció la salida de la OTAN y unas nuevas relaciones con Rusia, como la respuesta que debería dar Macrón si triunfa, al contundente desafío que significan esos 60% de votos contrarios a la UE. 

Luego nuestro director compara aquel mandato de la férrea Merkel, con la frágil Alemania de hoy del canciller Scholz y su gobierno de alianzas imposibles, sometido a la estrategia de EEUU, y que acaba de ser humillado por Zelensky al rechazar la visita del presidente alemán a su país. Además de haber sido obligada a cancelar el gasoducto Nord Stream 2, lo que ha hundido sus escasas reservas de gas y que incrementa el descontento y la preocupación de los capitanes de la poderosa industria germana.

También deja en el aire una esperanza para que el viejo continente renuncie a seguir a la saga de los dictados de Washington y Londres, mientras señala la rusofobia instalada por las inteligencias anglosajonas, que acentúa la incapacidad europea para recuperar un posicionamiento internacional con algo de razón y lógica, para volver a su vieja geopolítica y para componer unos nuevos lazos de unidad con ese enorme país europeo que es Rusia. 

Por otra parte nos confirma que la leyenda de que hay un mundo totalmente encolumnado para atacar a Rusia en todos los ámbitos, es realmente una entelequia. Porque según las últimas votaciones sobre qué países sancionan y cuáles no, demuestran que es a la inversa. Que es la OTAN la que está rodeada, no Rusia.

Tal cual quedó demostrado en el último fracaso europeo en estos días en Buenos Aires, en la asamblea de la Eurolat (que reúne parlamentarios europeos y latinoamericanos), dónde América Latina rechazó la postura contra Rusia que querían imponer los europeos, en una nueva demostración de que el mundo está cambiando. 

Lo que deja claro que el devenir de la historia está en frenar la agresividad violenta y salvaje del mundo anglosajón, que busca impedir el desarrollo de las naciones del mundo y la aparición de un nuevo orden mundial multipolar, más justo para los países del sur.

Eduardo Bonugli (Madrid, 17/04/22)

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Por Javier Benitez

Menú de armas, ultimátum, y desprecio adicional. Son los cachetazos a mano abierta que Zelenski ha repartido: a Occidente en general en el primero de los casos, a la Unión Europea en el segundo, y a Alemania en particular en el tercero. Así, poco a poco, el actor ucraniano empieza a granjearse a pulso el rechazo de líderes europeos.

‘Yo exijo’

Por no pedir, que no sea, habrá pensado el actor ucraniano que funge como presidente de ese país eslavo. Mejor dicho, por no exigir, que no sea. Así, trepado en ese pedestal de naipes mojados en el que le encaramaron sus titiriteros occidentales, esta versión eslava del más que olvidado y arrumbado en un rincón Juan Guaidó, exige y exige a sus ‘socios’.Pero estas exigencias vienen aderezadas con el toque de desprecio, típico de los déspotas soberbios endiosados. Así, una de las últimas exigencias de este personaje que tiene cuentas ocultas en paraísos fiscales, fue de dinero: la friolera de 7.000 millones de dólares al mes para, según él, cubrir pagos sociales y salarios. Para que se entienda la magnitud del pedido de Zelenski: Ucrania le cobra a Rusia 3.000 millones de dólares por año por el paso de su gas hacia Europa, y el actor está pidiendo a la UE más del doble de esa suma, pero por mes…También Zelenski exigió a la UE que fije un plazo concreto de su renuncia al gas y al petróleo rusos; les entregó la lista de armas que quiere que le provean, y de paso, rechazó y despreció la visita que intentó hacerle el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier. Algo que el canciller alemán, Olaf Scholz, calificó de «irritante», y que llevó al vicecanciller, Robert Habeck, a decir: «El presidente federal es Alemania. Y por eso, rechazarle una visita, por parte del presidente Zelenski, es rechazar a Alemania». Todo parece indicar que a Occidente se les está escapando la situación de las manos.

Zelenski, ‘actor de cuarta’

«Este personaje que proviene del ‘arte cómico’ –es un actor–, quiere seguir adelante con esta figura extraña, que en el fondo es una clara demostración de que Zelenski realmente no gobierna en Ucrania. Lo que Zelenski está haciendo es cumplir un rol que ‘alguien’ de poderes internacionales, ha decidido que cumpla. Y de allí, es su forma de actuar, su forma de solicitar, su forma de estar poniéndose en este mundo que ha cambiado totalmente», observa al respecto el director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele.Entonces, al analista le asalta una interrogante para la que tiene una respuesta: «¿Cuál es el rol de Zelenski en todo esto? El rol de Zelenski en esta conflagración internacional es que él es una persona que no es parte del poder que realmente se está enfrentando, que es OTAN-EEUU versus Rusia-China, porque ese es el gran escenario donde este muchacho, actor de cuarta [pésimo actor] no puede participar. Pero sí le están haciendo jugar el rol necesario para que esa Europa, que había empezado a tener lazos de mayor trascendencia hacia el mundo asiático, se corte», concluye Carlos Pereyra Mele.

AUDIO DE LA ENTREVISTA:

Por Eduardo Bonugli desde Madrid especial para Dossier Geopolitico.

Para agosto o septiembre de este año se espera un escenario nada tranquilo y si de mayor angustia para la economía europea, y que se agravará con la imprevisible crisis que entonces sufrirá de lleno por el rebote de las desastrosas sanciones a Rusia. 

Ocurrirá cuando Bruselas aplique el aumento de las tasas de interés y la anulación de la compra de deuda de los países miembros, por parte del Banco Central Europeo. Ya previstas hace dos años y demoradas por la pandemia, y que desnudan el fracaso de 15 años de políticas impuestas a fuego y dolor de austeridad, desde la crisis del 2008. Aunque Putin sea el culpable virtual y mediático de todo. 

Dos medidas contundentes -y hasta extremas- exigidas ya  como un ultimátum por los halcones del centro de Europa y que Los Mercados dan por descontadas, bajo el argumento de frenar la inflación y de reducir el ritmo de la emisión descontrolada y sin respaldo del euro. 

Ambas decisiones estarían condenadas al fracaso, o al agravamiento de la situación, ya que por un lado, el aumento de los intereses quitaría circulante y con ello caería el consumo pero sin reducir la inflación, porque ésta se origina en el déficit de energía sobre el cual, los sacerdotes financieros europeos no tienen poderes. En ese momento quedaria  oficializada la temida ESTANFLACIÓN, que es la suma de la inflación más el estancamiento. Es decir, cuando se vende menos y a mayor precio. 

Mientras que la negativa del Banco Central a seguir comprando las deudas externas sería como romper la baraja con la que los europeos hacen trampas jugando al solitario.

Sería el FIN del refinanciamiento fácil y automático de deudas impagables. Si realmente toman esta medida, se oirá el grito de » Sálvese quien Pueda» y el único pronóstico creíble estaría dentro de una temible caja de Pandora. 

A todo esto, aún habría que sumarle la enorme e indescifrable burbuja de pérdidas que traerá el rebote de las sanciones a Rusia, más el imparable aumento del precio de la energía y las consecuencias de su escasez. 

Lo que presenta un escenario horroroso para los países mediterráneos, pero que también se expandirá a los países centrales ya que no existe ninguna «barrera sanitaria a los virus financieros» en este viejo continente globalizado e híper conectado. 

Pero no por ello hay que pensar que los halcones financieros del centro de Europa han perdido totalmente la cabeza. En su lógica -y con su avaricia- asumen que éstas medidas arrojarían gasolina al fuego, pero que también necesitan ante la debacle, de blindar con urgencia a su industria financiera -y al 5% de millonarios europeos- ya que el resto de industrias están en estado comatoso y huérfanas de una conducción política capaz de pilotar la nave en medio de tremenda tormenta. Posiblemente entonces se pondría en marcha el anunciado tren de dos velocidades económicas como preludio de la ruptura de la UE. 

Además del malestar social inevitable, que hasta hoy se deriva contra el «demonio Putin» bajo proclamas patrióticas de molaridad, sacrificios y comprensión, en nombre de «los valores europeos».

Pero la ley de la sobrevivencia hará que en algún momento las estrecheces de las familias, del comercio, de la industria y de los estados, -sea verano o invierno- despierten a la realidad estas 500 millones de personas abducidas y desinformadas.

Eduardo Bonugli – Madrid, 15/04/22

Cree que Alemania ya pudo mandar “una señal” a Moscú para reducir su dependencia a partir de 2010, con el boom del ‘shale gas’ de EEUU, que ha dotado a este país de “una nueva capacidad de ejercer el poder en el mundo, con profundas consecuencias en Oriente Medio”

Por Hernán Garcés eldiario.es  14 de abril de 2022 

Helen Thompson, profesora de Economía Política en la Universidad de Cambridge, acaba de publicar el fascinante ‘Disorder: Hard Times in the 21st Century’ (Oxford University Press, 2022), donde analiza, con perspectiva a largo plazo, los orígenes de la frágil situación mundial y, sin quererlo, ofrece una guía imprescindible para seguir y comprender la profundidad de los acontecimientos geopolíticos desencadenados en torno a la guerra en Ucrania.

Para Thompson, el momento actual puede comprenderse bajo la premisa de que “son necesarias varias historias diferentes para identificar las fuerzas causales que actúan, y la convicción de que estas historias deben superponerse”. La académica británica lo consigue al entrelazar los temas geopolíticos, económicos y de política interior en una sola narración. La entrevista, editada por su duración, tuvo lugar por Skype y versa sobre la parte geopolítica del libro.

Usted sostiene que la historia geopolítica del siglo XX es impenetrable si no se comprende el impacto del petróleo. 

En la primera década del siglo XX, la historia geopolítica comienza cuando los Estados más poderosos del mundo toman conciencia de que el futuro del poder militar depende del acceso al petróleo como fuente de energía, y no del carbón. Para Reino Unido, que era la mayor potencia naval a principios del siglo XX, el riesgo de no resolver este problema era verse eclipsado por Estados Unidos, que tenía petróleo en su propio territorio. Para obtener crudo, Reino Unido dependía de su imperio, pero estaba al otro lado del mundo. El resultado es que al comenzar el siglo XX se produce un cambio geopolítico que da mucho mayor poder a EEUU en Eurasia. 

El papel decisivo del petróleo durante y desde la I Guerra Mundial. 

El suministro de petróleo de EEUU a Francia y Reino Unido fue más importante para el fin de ese conflicto que su intervención militar. En los años de entreguerras, para Alemania fue un problema no tener petróleo en su territorio ni imperio que se lo pudiera proporcionar. La política exterior alemana del período de Weimar y el nazi trató de resolver este problema. Al mismo tiempo, Rusia, que se integró en la Unión Soviética (URSS), era junto a EEUU el gran productor mundial de crudo.

Se puede comprender la geopolítica del siglo XX por la dominación mundial como la entrada en forma preeminente de los dos grandes productores de petróleo: EEUU y Rusia. Por otra parte, en 1920 empieza en EEUU el auge de la sociedad de consumo en torno al automóvil. En Europa se consolida a partir de 1960, cuando el petróleo se convierte en la fuente de energía más importante. Si el crudo es indispensable para el poder militar también lo es para la economía, al permitir cubrir las necesidades de la sociedad de consumo. 

La ausencia de petróleo en Europa produce consecuencias geopolíticas que comienzan en la Guerra Fría y duran hasta hoy: la dependencia energética europea de Rusia. 

Al comienzo de la Guerra Fría, a la administración Truman no le agradó que Europa Occidental comprase petróleo a la URSS, como había estado haciendo hasta finales de los años 30. También lo hizo Alemania hasta que invadió la URSS. En la primera década de la Guerra Fría, la posición de EEUU fue firme: Europa debía importar petróleo de Oriente Medio y no del Hemisferio Occidental (EEUU, Venezuela y México), porque los estadounidenses estaban preocupados por su propio suministro a largo plazo.  

¿Cómo se garantiza Europa la seguridad energética en torno a Oriente Medio? 

Gracias al Reino Unido, que después de la II Guerra Mundial seguía conservando una posición imperial en Oriente Medio y, en particular, su base militar en Suez. 

En 1956, la nacionalización del Canal de Suez por el presidente de Egipto, Gamal Nasser, provoca una grave crisis en Europa: pone en riesgo su seguridad energética.

Los británicos se aliaron con franceses e israelíes y emprendieron una acción militar contra Egipto para intentar restablecer el control del canal. Estos países siguieron una lógica estadounidense, pero al presidente Eisenhower le escandalizó esta acción militar.  

¿Por qué EE UU se opuso entonces a la intervención militar de sus aliados? 

La crisis de Suez coincidió con el levantamiento húngaro, reprimido con violencia por los soviéticos, y unas elecciones presidenciales de EEUU. Los estadounidenses intentaban, por un lado, simpatizar con el nacionalismo árabe y, por otro, proteger la existencia de Israel como un país independiente. Mantener este equilibrio era difícil, pero el resultado fue que EEUU ejerció tal presión financiera sobre Reino Unido que obligó a su primer ministro, Anthony Eden, a abandonar la intervención militar en Egipto. Esto indignó a Londres, París y Bonn.

Europa respondió a EEUU.  

Cuando Konrad Adenauer, presidente de Alemania del Oeste, supo por Anthony Eden que Reino Unido se sometía a las presiones de Eisenhower y abandonaba la intervención militar en Suez, viajó a París y le dijo a su homólogo francés: “No tenemos tiempo que perder. Europa será nuestra venganza”.

Y lo que sigue…

Francia llegó a la conclusión de que necesitaba el arma atómica para reducir su dependencia de EEUU en seguridad y tecnología. Lo más importante a largo plazo es que Alemania Occidental e Italia empezaron a importar petróleo soviético. A raíz de esa crisis, a principios de los 60 la URSS construirá el oleoducto Druzhba –amistad en ruso– para transportar su petróleo hasta Europa Occidental. El oleoducto atraviesa Ucrania, por aquel entonces integrada en la URSS; no era un país independiente. A finales de los 60 se reproduce ese esquema cuando la URSS descubre enormes yacimientos de gas en Siberia Occidental. La dinámica se consolidó en Alemania Occidental con la ostpolitik, liderada por Willy Brandt, de acercarse a la URSS como forma de conseguir a largo plazo la unificación alemana.

Desde la crisis de Suez, se consolida en el tiempo el suministro de energía proveniente de la URSS, después Rusia, a Alemania e Italia. 

El razonamiento era que ante la imposibilidad de obtener su suministro energético de sus amigos europeos era mejor confiar en la Unión Soviética y luego en Rusia. 

La guerra de Ucrania y la crítica a Alemania por depender del gas ruso progresan en paralelo. ¿Cuál era la alternativa?

La posición alemana es bastante comprensible durante mucho tiempo. En los años 90, la gran promesa era Azerbaiyán, gran productor de gas, pero hacer llegar la materia prima a Europa era bastante complicado. La otra alternativa era Irán, pero había una serie de dificultades políticas y éticas. Además, en los 90 EEUU empezó a sancionar a empresas europeas que operaban en Irán. No obstante, Alemania podría haber recurrido antes al gas natural licuado (GNL) para diversificar su suministro de energía, cuando Qatar se convirtió en un gran exportador. El momento en el que, creo, se puede decir que Alemania tuvo serias alternativas o, al menos, la posibilidad de mandar una señal a Rusia, fue cuando se produjo el boom del gas de esquisto en EEUU, a partir de 2010.

Usted considera que ese boom del ‘shale gas’ en EEUU es uno de los acontecimientos más importantes del siglo XXI y sin él no se puede comprender el presente, por sus profundas consecuencias geopolíticas. EEUU consigue su independencia energética y compite en el mercado energético mundial.

Sí, y a la vista de lo que está pasando con Rusia, lo pienso más que cuando escribí Disorder. Con el petróleo y el gas de esquisto EEUU posee una nueva capacidad de ejercer el poder en el mundo, con profundas consecuencias en Oriente Medio. En particular, complica su relación con Arabia Saudí, lo que desestabiliza aún más una región ya de por sí complicada de manejar para los estadounidenses.  

Respecto a Europa, fue una ruptura porque Rusia ahora tiene un rival en el mercado europeo de gas. Es un duro golpe para Rusia, que pensaba tener un dominio absoluto del mercado europeo y poder entrar en un futuro en el estadounidense. Para los países con relaciones históricas muy difíciles con Rusia, como Polonia y los países bálticos, el gas estadounidense era un salvavidas. Sin embargo, Alemania no estaba interesada en comprar gas de EEUU: no construyó ningún puerto de GNL para recibirlo. En Europa existía una profunda división entre los países de la UE que esperaban romper con Rusia y recurrir al gas estadounidense y aquellos que se oponían rotundamente.

¿Por qué el Gobierno alemán no diversificó su suministro de gas respecto a Rusia? 

Consideraban que las cosas iban muy bien como estaban. En la década de 2010 era inverosímil que Alemania pudiera eliminar su dependencia del gas ruso, pero al menos podría haber empezado a diversificar su suministro. 

La UE quiere reducir la dependencia del gas ruso en dos tercios antes de final de año. Sin embargo, el ministro de Energía de Qatar afirma que es “casi imposible” sustituir rápidamente los suministros rusos.

Creo que va a llevar bastante tiempo. La idea de que las sanciones energéticas no tendrán consecuencias drásticas en las economías europeas es errónea. Quienes dicen: “Bueno, será un 2% del PIB al año”… no se han parado a pensar en las consecuencias sistémicas. En particular para Alemania, por la gran cantidad de gas que consume su industria. Y las consecuencias se resentirían en el resto del mundo. Los datos no demuestran que los productores de gas esquisto en EEUU vayan a poder compensar el volumen crítico de producción rusa que consume Europa. Qatar podría producir un poco más, pero su producción está atada por contratos a largo plazo con los mercados asiáticos.

En mi opinión, la única forma de que ese cambio se produzca, y en un periodo de tres o cuatros años, es reducir la demanda de gas en Europa, como discutieron los líderes de la UE hace unas semanas en Versalles. Sin embargo, no estoy convencida de que la transición del gas a la electricidad pueda ocurrir tan rápidamente, salvo que se produzca un avance tecnológico en el almacenamiento de la energía solar y eólica. Nadie sabe cuándo va a ocurrir. 

A principios de febrero, China y Rusia se prometieron “una amistad eterna”. Usted explica que la guerra de Irak produjo en China un “replanteamiento estratégico” y su acercamiento energético a Rusia. 

En 1993, ante la falta de suministro interno, China comenzó a importar un volumen significativo de petróleo. La dependencia energética era, desde hacía tiempo, una seria preocupación para su clase dirigente, que siempre había sido muy sensible a la historia económica de Japón en el siglo XX. En particular, a cómo la dependencia energética de Japón jugó un rol importante en su camino hacia la II Guerra Mundial y, después de esta contienda, en sus dificultades de suministro energético.

Mientras Occidente discutía los verdaderos motivos de la guerra en Irak, para Pekín era evidente: EEUU estaba preocupado por su suministro energético a largo plazo y quería integrar a Irak en su esfera de influencia. Pekín se preocupaba de su propio suministro ante un EEUU cada vez más “muscular” en asuntos energéticos, y profundizaba en el llamado “dilema de Malaca” formulado por el presidente de China en 2003 [Hu Jintao].

¿El “dilema de Malaca”?

Consistía en que la demanda china de petróleo, y muchos otros intercambios comerciales, pasaba necesariamente por ese lugar, el estrecho de Malaca. Y un bloqueo naval estadounidense sería una absoluta catástrofe porque no tendrían acceso al suministro de petróleo. China constató que necesitaba diversificar su aprovisionamiento de energía. Sus suministros de Angola y Oriente Medio no eran suficientes: necesitaba a Rusia. Pero la dificultad de construir un oleoducto por la gran distancia entre Siberia y China siempre fue disuasoria para las autoridades chinas. Este cálculo cambió con la caída de Sadam Hussein. Y poco tiempo después, Rusia y China acordaron construir un oleoducto. Después del primer conflicto en Ucrania en 2014, también acordaron construir un gasoducto. Desde el punto de vista de Rusia, era una buena noticia, porque si tenían dificultades con los mercados europeos tenían la capacidad de dar la vuelta en ambos sentidos.

Recientemente ha escrito que “los europeos occidentales se acomodaron bajo la ilusión de que el evidente desorden de las dos últimas décadas no era real”. En mi opinión, un ejemplo de su argumento son las recientes declaraciones del presidente de Francia de que “el mundo de la paz que creíamos eterno parece desmoronarse por completo ante nuestros ojos”. 

En los años 90, en Europa y en algunas partes de EEUU se adopta el relato, por decirlo de algún modo, “del fin de la Historia”. Eso era un delirio ya en los años 90, una década terrible en varias partes del mundo: la Guerra del Golfo, las guerras civiles en África (Congo, Sierra Leona, Ruanda…), la guerra de los Balcanes en Europa, etc.

Es interesante comparar las motivaciones de la Guerra del Golfo por George Bush padre y la guerra de Irak por Bush Junior. Bush I no escondió en ningún momento que la razón principal de EEUU y los aliados para intervenir militarmente –además de la evidente invasión de Kuwait– es el petróleo. En 1990, para un presidente de EEUU la garantía energética justifica una intervención militar, sin que provoque problemas políticos internos. Sin embargo, si saltamos a 2003, la idea de invadir un país por cuestiones energéticas era inaceptable. Por eso el énfasis puesto en otras razones para justificar la Guerra de Irak: las armas de destrucción masiva –que no existían– y exportar la democracia. 

Usted explica este cambio. 

A partir de los años 90, cierta conciencia política europea y americana se desvinculó de las consideraciones materiales económicas y geopolíticas. Por ejemplo, la disolución pacífica de la URSS en 1991 se produjo por una serie de razones materiales que entonces no se entendieron en su totalidad. Sin embargo, presentar la disolución de la URSS como la supuesta victoria de la democracia liberal occidental en términos ideológicos es un pensamiento que se desvincula del mundo material real, económico y geopolítico. Este pensamiento o imaginación política occidental se complacía en pensar que las cuestiones políticas pueden resolverse mediante una contienda de ideales en la que los ideales occidentales están, por utilizar su lenguaje, en el lado correcto de la historia. 

Este pensamiento o imaginación es una limitación para comprender la complejidad del mundo.

A partir de 2016 una serie de cuestiones empezaron a derrumbarse, como, por ejemplo, la inevitabilidad de la integración de la UE, con el Brexit, y que una persona como Donald Trump accediese a la presidencia de EEUU. Pero también en estos últimos años ocurrieron una serie de acontecimientos, con profundas consecuencias geopolíticas, a los que no se ha dado suficiente importancia, ni a sus consecuencias. 

¿Por ejemplo?

A la consolidación de Rusia en Oriente Medio o a cómo la administración Obama fue un verdadero desastre en esa región, desde la perspectiva americana. El ascenso del califato del ISIS, la intervención militar rusa en Siria, la ruptura de las relaciones con Arabia Saudí, especialmente a partir de septiembre de 2013, y dentro de este país, con miembros de la Familia Real torturándose unos a otros en el hotel Ritz; o el horror de Siria.

Lo mismo se puede decir respecto a Ucrania con la anexión de Crimea por Rusia en 2014. Vladímir Putin demostró que no aceptaba la integridad territorial de un país que se encuentra entre Alemania y Rusia. Fue un momento bastante revelador, y no se le dio la importancia suficiente más allá de declaraciones como, por ejemplo, la de Angela Merkel de: “¿Cómo puede ocurrir esto en Europa 25 años después de la caída del muro de Berlín?” Es lo mismo que levantar los brazos y decir que mi imaginación no me permite entender qué está ocurriendo. 

 

https://www.eldiario.es/economia/helen-thompson-sanciones-energia-rusia-tendran-consecuencias-drasticas-economias-europeas_128_8910066.html

Por Eleonora Gosman (San Pablo) autoriza su publicación en Dossier Geopolitico. Perfil

Un comunicado del ministro de Economía brasileño confirma que defenderán “una posición de diálogo” con Rusia en la reunión ministerial del G20, la próxima semana en Washington,  en simultáneo con la asamblea del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.

Si hay alguien en Brasil a quien no puede acusarse de tendencias izquierdistas o anti occidentales, ese es precisamente el ministro de Economía Paulo Guedes. Es el colaborador de Jair Bolsonaro que sintetiza, del modo más clásico, las posturas económicas ultra liberales. Y sin embargo, esta vez se posicionó más cerca de Moscú que de Estados Unidos y Europa, a quienes debería acompañar por afinidades ideológicas. Un comunicado salido este jueves de su despacho ministerial confirma que el funcionario defenderá “una posición de diálogo” con Rusia en la reunión ministerial del G20, la próxima semana en Washington,  en simultáneo con la asamblea del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.

El mensaje es, sin embargo, consistente con el cambio de orientaciones de la diplomacia de Itamaraty y del propio Bolsonaro, desde que visitó a Vladimir Putin en febrero. En esa gira, el jefe de Estado brasileño reconoció a su colega ruso como “un político conservador igual a nosotros” y expresó su “solidaridad” con él. Es cierto que Brasil condenó, en las Naciones Unidas, la “invasión a Ucrania”. Pero desde ese momento, en adelante, tanto el presidente como su canciller Carlos França evitaron cualquier confrontación con el Kremlin y se mantuvieron “neutrales”.

En las reuniones en las que estará Guedes, como uno de los protagonistas y a partir del miércoles, resurgirá la discusión sobre las sanciones aplicadas al gigante euroasiático por la guerra que traba con Ucrania.  Las puniciones de Occidente abarcan un amplísimo rango de medidas económicas y financieras, que procuran aislar al jefe ruso hasta tornar muy difícil su continuidad.

Bolsonaro respalda visión neutral sobre invasión rusa a Ucrania

El diagnóstico del gobierno brasileño es que crece día a día “el riesgo geopolítico” y juzga que “las guerras y las sanciones representan una vuelta al pasado” así como el quiebre a futuro de los organismos multilaterales. Es más, Guedes sostuvo: “No es posible hundirse en el pasado; un pasado de guerras físicas y de sanciones económicas, de interrupción de los flujos de comercio y de interrupción de las inversiones”.

Su recado no fue dicho al azar ni en cualquier lugar: ocurrió durante una reunión que mantuvo en Brasilia con la Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE), el martes pasado. En su discurso sostuvo que “no es el momento para dudar. Brasil quiere tener acceso a la OCDE”, al tiempo que reivindicaba avances en el tratado firmado entre la Unión Europea y el Mercosur. Pronosticó que se avecinan tiempos más que complicados: “Habrá presiones y un aumento de las tendencias proteccionistas”  y Brasil está dispuesto a “reafirmar sus valores de creencia en el multilateralismo”.

Con todo, el gobierno bolsonarista no apoyará un sistema único de pagos dentro del bloque de los BRICS (India, China, Sudáfrica, Brasil y Rusia). Así lo informó el secretario de Asuntos Económicos Internacionales Erivaldo Alfredo Gomes, ayer en una conferencia de prensa. Para el funcionario es mejor crear “un Swift 2.0”, que actualice la plataforma que rige actualmente las operaciones financieras en el mundo. Precisamente, el Swift ganó importancia a las luz de las sanciones aplicadas a Rusia, cuyos bancos ya no pueden operar en el sistema internacional.

Un factor que explica la posición brasileña fijada ayer jueves por la tarde, es la existencia de una carta que el ministro de Finanzas ruso Anton Siluanov le envió directamente a su colega. En la misiva, le pide oficialmente el respaldo de Brasil frente al Fondo, en el Banco Mundial y en la reunión del G20. La carta del funcionario de Putin llegó directamente a manos del ministro Guedes, a principios de esta semana, tal como lo reveló el diario O Globo. La misiva solicitaba “apoyo para evitar acusaciones políticas y tentativas de discriminación en las instituciones financieras internacionales y en los foros multilaterales”. Señalaba, también, que “es crucial preservar un clima de trabajo constructivo y la capacidad de promover el diálogo en el G20”.

El impacto del conflicto ruso-ucraniano en la política interna de Brasil

El documento del ministro ruso informa que “casi la mitad de las reservas internacionales de la Federación Rusa fueron congeladas y hay un bloque de las transacciones de comercio exterior”. También advierte que “hay dificultades para cumplir con las obligaciones de nuestra deuda soberana, debido a la falta de acceso a nuestras cuentas en moneda extranjera”. Según comentarios de funcionarios de Brasilia, esto podría indicar que Rusia caería en default parcial.

https://www.perfil.com/noticias/internacional/brasil-parece-mas-cerca-moscu-washington.phtml

Desarrollada por el periodista Lic. Eduardo Luque quien es profesor de Historia por la Universidad Central de Barcelona. Lic. en Pedagogía por la UAB, Lic. en Psicopedagogía. Analista internacional y experto en Geopolítica. Colaborador de RT, HispanTV y articulista Revista el Viejo Topo, Crónica Popular y en Canarias semanal España.

El disertante expuso las dificultades que afectarán a la Unión Europea su alineamiento a las directivas de política exterior de Estados Unidos de Norte America. Y alertó sobre el despliegue que posiblemente desarrollará la OTAN sobre latinoamérica (en la próxima reunión a realizarse en Madrid).

Organizo Dossier Geopolítico DG.

Lic. Carlos Pereyra Mele, Director de Dossier Geopolítico (DG)