Desde hace años  los integrantes que conformamos el Tanque de Ideas de Dossier Geopolitico sosteniamos en soledad -Por no ser Políticamente Correctos-, los cambios que se producirían en este S XXI: que serían el auge de Potencias Emergentes y un incremento de Poderío del Eje Euroasiático sobre la el Bloque Anglo-Sajón y la Unión Europea, luego la dinámica nos fue corroborando esas tendencias. También dijimos que en su espíritu de supervivencia bien desarrollada la Gran Bretaña -respaldandose en su commonwealth- se aleja de de esa realidad para volver a posesionarse y jugar “sola” en el nuevo orden en formación y tener un lugarcito bajo el sol. 

Por ello es importante observar que las crisis del atlantismo se profundiza y hoy lo refleja en los informes reflexiones y trabajos de uno Tanque de Ideas de los más importantes de Europa: “Política Exterior”

Carlos Pereyra Mele

Dossier Geopolitico Análisis Geopolitico desde Suramerica

Difundimos 3 Artículos que sustentan lo antes expresado: [1] Fractura europea; [2] División norte-sur en Europa; [3] ¿Eurasianismo frente a europeísmo?

[1] Fractura europea

En los años noventa, la prensa anglosajona acuñó el acrónimo PIGS (cerdos, en inglés) para agrupar en sus análisis económicos a los cuatro países del sur de Europa (Portugal, Italia, Grecia y España) en vísperas de su entrada al euro. Todos tenían problemas de competitividad y balanza de pagos, que ensombrecían su ingreso en la moneda común. Años después, en plena crisis económica –cuyas consecuencias explora en este número Joaquín Estefanía reseñando el último libro de Adam Tooze– Financial Times rescató el término. Reconocía su carga peyorativa al tiempo que defendía su “mucha verdad”.

Más allá de acrónimos desafortunados, la fractura entre el norte y el sur de Europa fue muy real. Pasado lo peor de la crisis, lo sigue siendo. Según Jonathan Hopkin, ha emergido una nueva brecha en la zona euro, reflejando el conflicto entre votantes y gobiernos en torno a la relación acreedores-deudores. En los países deudores del sur, la crisis ha provocado un crecimiento notable del apoyo a nuevos partidos de izquierda, mientras que la derecha radical apenas ha progresado. En los países acreedores del norte, la tendencia es la opuesta.

El sur ha encajado esta nueva relación de diferentes formas. Como explica José María Lassalle, España afrontó una triple crisis económica, de legitimidad y territorial que sus instituciones, de momento, han logrado contener. Ocurre lo contrario en Italia, hoy dirigida por fuerzas nacional-populistas: Steven Forti detalla el pulso que su gobierno mantiene con la Unión Europea. En Portugal, Patrícia Lisa señala que la geringonça izquierdista ha sabido gestionar la economía con éxito mientras mantiene una buena relación con Bruselas. Esta forma de cuestionar las políticas de austeridad, menos directa que la griega, ha tenido más recorrido. Pero Syriza, según Irene Martín, abandona el poder con Grecia en la senda de la recuperación económica.

Política Exterior se rodea desde siempre de un extraordinario elenco de colaboradores, consejeros, y amigos. El 17 de julio, lamentablemente, uno de ellos nos dejó: Emilio Ybarra, consejero de esta casa desde 2008. Siempre nos honró con su inteligencia, compromiso e inestimable generosidad. Gracias, Emilio. DEP

[2] División norte-sur en Europa

La crisis financiera de 2008, que desembocó en una crisis de deuda soberana en 2010, está lejos de terminar. La división entre países acreedores y deudores aún puede convertirse en un eje conductor de la política europea.

La crisis financiera de 2008 pudo haber empezado como un problema del mundo anglosajón, pero pronto se convirtió en fuente de nuevas y profundas tensiones en la política europea. A medida que la inestabilidad de los mercados se expandió desde Wall Street y la City de Londres a bancos europeos vulnerables, y en última instancia a gobiernos soberanos, resquebrajó las frágiles instituciones de la unión monetaria. Como es bien sabido ahora, la crisis empujó a los países periféricos de la zona euro hacia una crisis de deuda soberana, a medida que los mercados comenzaron a cuestionar su habilidad para pagar lo que debían. Lo que a menudo se olvida es que la crisis financiera también hizo saltar por los aires los balances de grandes bancos en el norte de Europa, que necesitaron rescates multimillonarios en 2008-09 y se arriesgaban a necesitar nuevas intervenciones, si algún país periférico caía en la bancarrota. La gestión de la crisis devino en un juego de culpas cuando los políticos del norte de Europa, enfrentándose al enfado de sus propios votantes, impusieron duras condiciones a los gobiernos del sur de que necesitaban asistencia financiera.

Este artículo examina las consecuencias políticas de esta división. El auge de fuerzas populistas o antisistema tras la crisis está claramente relacionado con el estrés económico que recayó sobre los votantes ante la falta de crecimiento y la austeridad fiscal perseguida por los gobiernos europeos. La mayoría de países donde los salarios se han visto más devaluados son también los que han presenciado mayor inestabilidad política, con las fuerzas gobernantes sufriendo fuertes derrotas y el sistema tradicional de partidos cediendo terreno a actores antisistema. Grecia, el país más afectado por la crisis –su PIB se contrajo un 25%– vio su sistema de partidos sacudido por el colapso y casi desaparición del socialista Pasok y la emergencia de un nuevo partido de izquierdas, Syriza, que obtuvo el poder en 2015. Pero los sistemas de partidos en países que salieron más o menos intactos de la crisis también se han visto impactados, con el declive de fuerzas tradicionales y el crecimiento de alternativas políticas que han afectado a las economías más estables como Alemania, Países Bajos o Dinamarca. ¿Cómo sacar sentido de esta dinámica?

La respuesta gravita en torno a dos facetas relacionadas de la crisis. Primera, aunque algunos países sufrieron mucho más que otros, el crecimiento en el conjunto de la zona euro fue débil, e incluso las historias de éxito relativo, como Alemania, crecieron de manera poco espectacular y sin mejoras en las condiciones de vida. El resultado es que los votantes se sintieron molestos en toda la zona euro y votaron en consecuencia. Segunda, la manera en que interpretaron la crisis, varía. Los votantes en Europa del Norte, enfrentándose a medidas de austeridad cuando sus gobiernos buscaron cuadrar las cuentas tras el shock de 2008-09, resintieron profundamente que se destinaran fondos a rescatar a los países atribulados del sur. Los votantes en estos últimos, lejos de expresar gratitud por la asistencia financiera, resintieron las duras medidas de austeridad y reformas impopulares exigidas como contraparte.

Esta política conflictiva ha dado nueva forma a los sistemas políticos en la zona euro durante la década de 2010. El conflicto tiene unas profundas raíces económicas y las brechas entre acreedores y deudores se han traducido en modalidades diferentes de políticas antisistema en el norte y sur de la Unión Europea. Estas pautas, a su vez, han establecido una serie de fallas que están socavando la totalidad de la unión monetaria…

[3] ¿Eurasianismo frente a europeísmo?

Vladímir Putin actúa como aglutinante de quienes, desde posiciones nacionalistas, antagonizan con la idea de una UE liberal.

La apuesta por la Unión Europea es hegemónica en España, pero conviene no dar el europeísmo por descontado. Desde el comienzo de la crisis de 2008, las encuestas apuntan a una cierta insatisfacción de la opinión pública con el desempeño de la UE. Insatisfacción que no cabe leer en una sola dirección en cuanto a sus implicaciones: la máxima de Ortega, “España es el problema, Europa la solución”, sigue pesando en el imaginario colectivo español. Pero estas encuestas sugieren la existencia de un incipiente caldo de cultivo, propicio para quienes abogan por una redefinición profunda del proyecto europeo, lejos del sustrato tradicionalmente compartido por las familias popular, socialdemócrata y liberal. Estas voces siguen siendo minoritarias, pero aumentan a derecha e izquierda. Dada la volatilidad del panorama político y la emergencia de nuevos partidos, no cabe descartar que ganen fuerza durante el nuevo ciclo político europeo iniciado tras las elecciones de mayo. El aumento de las voces que cuestionan consensos básicos de la UE desde el propio Parlamento Europeo contribuirá, probablemente, a una mayor difusión de estas visiones alternativas en la discusión política en España.

En estos debates, la vigencia del vínculo transatlántico y una posible reorientación estratégica hacia Rusia ocupan un espacio significativo. La Rusia de Vladímir Putin suele actuar como aglutinante inspirador de quienes, desde posiciones identitarias y nacionalistas, antagonizan con la idea de una UE liberal y abierta. El Kremlin, no obstante, mantiene la suficiente ambigüedad discursiva como para sostener opciones diversas, reservándose el mayor número de oportunidades. Desarrolla así un enfoque pragmático y oportunista, sin renunciar por ello a la coherencia y solidez estratégicas.

La idea de una Eurasia ampliada e integrada es uno de los conceptos impulsados por el Kremlin para redefinir los debates sobre su relación con la UE y el futuro geopolítico de Europa. El concepto de Eurasia es –conviene no perderlo de vista– flexible, polisémico y no significa lo mismo en Moscú que en Minsk, Nur-Sultán (antigua Astaná), Bishkek, Kazán, Yereván o Kiev. Además, el Kremlin lo modula en función de su audiencia.

El eurasianismo no ha sido el eje doctrinal para articular la unión económica eurasiática, pero desempeña un papel en los debates sobre su conceptualización y proyección internacional. En su versión clásica –afianzada en el periodo de entreguerras– se trata de una doctrina construida sobre la idea de Eurasia como tercer continente entre Europa y Asia, con Rusia en el centro como eje de una civilización singular, distinta de Occidente e históricamente enfrentada a ella. En su versión actual –impulsada sobre todo por la figura del filósofo y activista ruso, Aleksandr Dugin– se convierte en un constructo ecléctico y ambiguo, menos constreñido geográficamente. Esto facilita su creciente difusión y adaptación en contextos diversos y en apariencia contrapuestos: resuena en grupos europeos de derecha e izquierda radicales que comparten animadversión hacia la democracia liberal. Dugin ha reformulado el eurasianismo dentro de su autodenominada “cuarta teoría política”, con la que aspira a superar el eje izquierda-derecha y articular la confrontación contra la democracia y valores liberales en nombre de lo que denomina populismo integral…

FUENTE:

[1] https://www.politicaexterior.com/articulos/politica-exterior/polext191-fractura-europea/

[2] https://www.politicaexterior.com/articulos/politica-exterior/division-norte-sur-europa/

[3] https://www.politicaexterior.com/articulos/politica-exterior/eurasianismo-frente-europeismo/ 

Aludiendo a sus fuentes diplomáticas el diario británico The Guardian comunica que el mandatario estadounidense insiste en la adhesión de Rusia al G7, refutando los argumentos de que ese grupo debe seguir siendo una asociación de democracias liberales.

«Hemos sostenido una conversación sobre este tema, sobre Rusia, sin organizar una votación ni nada semejante. Me inclino a decir un sí, pero no todos están de acuerdo», dijo al responder a las preguntas de los periodistas de si planea invitar a Rusia para la próxima cumbre del Grupo. «Yo lo considero útil, pero otros no están obligados a compartir mi opinión», agregó

Sin embargo el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, declaró que Rusia no tiene la intención de plantear su regreso al Grupo de los Ocho, del cual fue excluida en 2014.
El argentino Juan Martin Gonzáles Cabañas, politólogo, analista del Dossier Geopolítico, y asesor de asuntos estratégicos de la legislatura de Corrientes opina que «la situación actual del G7 se percibe como una mesa chica devaluada y en crisis. Esto se debe a cuestiones externas como tensiones propias entre los miembros del foro».

Mientras tanto, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, instó al Gobierno a tomar medidas suplementarias para un crecimiento más estable de la economía. «El crecimiento económico debe ser más estable y más dinámico. Tenemos que debatir qué medidas adicionales se requieren para ello», declaró el mandatario ruso.

En tanto el jefe de la diplomacia de Irán, Mohamad Javad Zarif, llegó el 26 de agosto a Pekín procedente de Biarritz, donde en los márgenes de la cumbre del G7 sostuvo negociaciones con el presidente y el ministro de Exteriores de Francia así como con altos consejeros diplomáticos del Reino Unido y Alemania.

AUDIO: https://mundo.sputniknews.com/popup/radio/?audio_id=66512174

Análisis semanal de Geopolitica de Carlos Pereyra Mele para el equipo del Club de la Pluma, que conduce el Periodista Norberto Ganci por la Radio Web al Mundo

Club de la Pluma: Arte, Ciencia, Cultura, Derechos Humanos, Geopolítica, Deuda Externa, Relatos, Cuentos, Educación, Opinión, Editorial, Efemérides, Comunidades Originarias, Filosofía Y Mucho Más…

Temas:

La Crisis de los Incendios en la Amazonia y el intento de internacionalizarla por los Poderes globales

El Control de los recursos naturales de nuestra región por parte de los Atlantistas

Declaración de una Amazonia continentalista e Iberoamericana

Un G7 devaluado y que no representan la realidad Geopolitica del primer cuarto del siglo XXI

Porque EEUU quiere compara la Isla de Groenlandia ?

AUDIO:

#DossierGeopolitico                                                         DECLARACIÓN

El Amazonas es patrimonio de la Nación Iberoamericana antes que de la «humanidad».

El desastre ambiental producido por los incendios del Amazonas, el llamado «pulmón del mundo», despierta las ambiciones de los países centrales y sus grandes grupos económicos ( los verdaderos responsables del cambio climático) que proponen considerar a el Amazonas «patrimonio de la humanidad» para salvaguardar al planeta, de las prácticas contaminantes en su explotación que los «sudacas» realizan.

La verdadera intención, en nombre de la «humanidad y los derechos humanos» es controlar y manejar los recursos de esa vasta área. El Amazonas ocupa el 25% del continente sudamericano y pertenece a ocho países, Brasil (el 60%), Paraguay, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Guayanas y Surinam. En 2009 el 25% del Amazonas brasileño estaba en manos privadas, el 28% ran reservas ambientales y tierras indígenas. De ese 48% restante 67, millones de hectáreas viene siendo privatizado y deforestado.

Para una defensa posible de la soberanía territorial y de los recursos, ante la acechanza de los poderes mundialistas, el Amazonas debe ser declarada por los pueblos y países suramericanos como patrimonio exclusivo de la histórica Nación Iberoamericana, un proyecto de integración impostergable. Un primer paso sería gestionar el Amazonas por un Consejo de los ochos países que forman parte la misma y no de una manera excluyente por Brasil porque los aspectos negativos de su administración tienen impacto sobre todos los países suramericanos.

Pero para esto es necesario abandonar la mirada corta de los «nacionalismos de patria chica» de fronteras adentro, y para estos tiempos pensar como hombres y mujeres americanos con un sentido de «nacionalismo de patria grande», continental, superando las barreras mentales de las fronteras que nos separan.

De igual manera que el Amazonas, debería ser el trato a darse al Atlántico Sur e islas Malvinas, incorporado como patrimonio de la Patria Grande. Bolsonaro y Macri que promovieron la disolución de la UNASUR, hoy son líderes negativos en la región que obstaculizan el objetivo de la integracion continental y son facilitadores del neocolonialismo. 

M. A. Mitre – C. Pereyra Mele – M. A. Barrios

PD Las potencias Atlantistas quieren la Amazonia

G7: Emmanuel Macron anunció una “movilización de todas las potencias” para salvar la Amazonia

https://www.clarin.com/mundo/g7-emmanuel-macron-anuncio-movilizacion-todas-potencias-salvar-amazonia_0_vx4TOH_Va.html?fbclid=IwAR1go4595mDqSW7NBhX-22zGbdp5HGeqWHBe98nfGWurSPm2CCb-SE7bln0

RT Entrevista al Director de Dossier Geopolitico Carlos Pereyra Mele sobre la censura mediática que ejerce EEUU con sus empresas informáticas sobre el tema Hong Kong

Google ha desactivado más de 200 canales de YouTube por supuestas «acciones coordinadas de desinformación» sobre la crisis en Hong Kong. El gigante informático explicó que se trata de una medida consistente con los recientes bloqueos por parte de Facebook y Twitter, en cuyas redes se vieron afectados quienes apoyaban a Pekín, mientras el apoyo de las protestas no fue censurado.

G7: Un Grupo obsoleto e inútil

Por FINIAN CUNNINGHAM

Las naciones desarrolladas autodeclaradas como el Grupo de los Siete (G7) se reúnen este fin de semana en Francia para su 45ª cumbre anual. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, causó revuelo antes de la reunión en Biarritz cuando comentó que Rusia debería incluirse en el formato, convirtiéndose así en una cumbre del G8.

«Rusia debería estar en la mesa de negociaciones«, dijo Trump, en un raro momento de lucidez.

Su punto de vista sobre la inclusión de Moscú parece ser compartido por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien recibió a su homólogo ruso Vladimir Putin en el sur de Francia a principios de esta semana, solo unos días antes de la cumbre del G7.

Por supuesto, Rusia debería estar en la mesa para discutir la resolución de los problemas económicos mundiales. No sólo Rusia, sino también China, India y algunos otros.

Desde que se creó el club G7 en 1975 durante la administración de Gerald Ford, el mundo ha experimentado cambios transformadores desde los días en que los Estados Unidos, (el oeste) de Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Canadá y Japón eran considerados las economías nacionales más poderosas. .

Hoy, China es el segundo de los Estados Unidos en términos de su tamaño económico. Las 10 principales economías nacionales tienen varias iteraciones de clasificación, según el criterio utilizado para comparar.

En la medición nominal del Producto Interno Bruto (PIB), las 10 principales naciones, según el Fondo Monetario Internacional, son: EE. UU., China, Japón, Alemania, India, Francia, Gran Bretaña, Italia, Brasil, Canadá. En este ranking, Rusia ocupa el puesto 12 después de Corea del Sur.

Pero si las economías nacionales son clasificadas por la paridad del poder adquisitivo (PPA), que tiene en cuenta los factores de cambio de divisas, entonces las 10 principales economías nacionales son: China, EE. UU., India, Japón, Alemania, Rusia, Indonesia, Brasil, Gran Bretaña, Francia.

En otras palabras, la línea actual de G7 es una lista arbitraria. De hecho, su exclusividad es una especie de anacronismo en el mundo de hoy. Es un retroceso a una época pasada cuando las naciones occidentales eran más dominantes (salvo por la inclusión de Japón en el club original). Los contornos del mundo se han vuelto más multilaterales y multipolares. La exclusión de China del G7 es quizás la anomalía más evidente.

En una admisión tácita de la realidad global cambiada, es por eso que existe un formato más grande del G20 (formado en 1999) que además del G7 incluye a China, India, Rusia, Brasil, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía, Arabia Saudita, y otros.

Los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) son otro signo de tiempos cambiados, al igual que muchos otros foros económicos como la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), la Cooperación Económica de Asia y el Pacífico (APEC) , la Unión Económica Euroasiática (EEE) y el bloque latinoamericano Mercosur.

Dado que se supone que el G7 es un foro para coordinar políticas macroeconómicas para mejorar el crecimiento económico global, uno pensaría que el requisito lógico sería, por lo tanto, la inclusión de más naciones para abordar de manera más efectiva el propósito aparente.

Tal como está, el club G7 limitado es un vehículo dañado. Es un poco como un auto averiado con llantas pinchadas, una junta rota y falta el cigüeñal. ¿Alguien piensa seriamente que Italia en su actual colapso político está en condiciones de impulsar la economía mundial?

También es incongruente que el miembro más importante del club, Estados Unidos, no tenga interés en coordinar la política con nadie más. La guerra comercial del presidente Trump con China, los europeos y el resto del mundo es más parecida a la práctica de los años treinta del mercantilismo autónomo y el capitalismo depredador. Sabemos lo desastroso que resultó con la depresión global y la guerra mundial.

La imprudente política de Trump de «Estados Unidos primero» (y al diablo con todos los demás) está arrojando una nube oscura sobre la economía mundial debido a la caída de la producción de China y la caída de las exportaciones de Alemania. Irónicamente, el «genio de los negocios» Trump parece estar dándose cuenta de que las repercusiones inevitables se están recuperando como un boomerang con un impacto nocivo en la economía de los Estados Unidos. Sin embargo, dice que no está dejando de lado su viaje de América Primero al abismo.

Entonces, claro, si existiera un compromiso genuino para mejorar la perspectiva económica global y elevar el bienestar de la gente común en todo el mundo, entonces las naciones líderes deberían estar trabajando juntas de manera colegiada y con el mayor alcance posible a los demás.

Por lo tanto, sin duda, los líderes de China, Rusia, India y otros deberían asistir a la cumbre en Francia este fin de semana. Entonces, supuestamente, se convertiría en un foro similar al G20. Lo que hace el punto: ¿por qué el G7 sigue existiendo?

Existe una analogía con la alianza militar de la OTAN liderada por Estados Unidos. Esa organización se formó en un mundo geopolítico muy diferente en comparación con el presente. ¿Por qué la OTAN sigue existiendo? Su supuesta función de seguridad es redundante.

También se podría argumentar que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es redundante con sus cinco miembros permanentes de Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña. Seguramente ese foro debería ser revisado también para reflejar un mundo multipolar contemporáneo. En resumen, el mundo, como la historia, cambia, y también deberían hacerlo los mecanismos de gobernanza.

Podría decirse, sin embargo, que el G7 no es un foro económico, a pesar de su imagen pública. Es una camarilla política arbitraria destinada a reforzar un supuesto dominio occidental. Una señal de este capricho fue cuando la Federación Rusa fue admitida en el G7 en 1997, que luego pasó a llamarse G8. La admisión del ex presidente Boris Yeltsin fue permitida porque era imprudente ante las demandas estratégicas occidentales. Rusia siguió siendo miembro del G8 durante 17 años hasta que estalló el conflicto de Ucrania y el presidente Vladimir Putin fue acusado de «invadir» ese país y «anexar» Crimea. Esas acusaciones occidentales se contrarrestan fácilmente con evidencia de la subversión de la OTAN del gobierno electo en Kiev para alejar a la ex república soviética de la órbita de Moscú.

La exclusión de Rusia del G8, que luego volvió al G7, ha sido un castigo político para impulsar una narrativa de propaganda por socavar y aislar a Rusia internacionalmente. Esta es la razón por la cual el G7 ya no es un foro viable para su propósito declarado de avanzar en la economía global. Es una tienda de conversación inútil en un mundo completamente cambiado.

FINIAN CUNNINGHAM

Ex editor y escritor para las principales organizaciones de medios de comunicación. Ha escrito extensamente sobre asuntos internacionales, con artículos publicados en varios idiomas.
Publicado por la Fundacion para la Cultura Estrategica

https://www.strategic-culture.org/news/2019/08/23/g7-an-obsolete-useless-talking-shop/

El Director Académico de Dossier Geopolitico habla con Radios de Misiones y Analiza de la tragedia ambiental en la Amazonia, Miguel Ángel Barrios Dr en Ciencia Política Dr en Educación y plantea la temática de el Derecho Humanitario y la Guerra por los recursos

El 5 de Agosto pasado el prestigioso politólogo Stephen Walt publicó: ¿Quién salvará el Amazonas?, en la revista de Política Internacional de USA: Foreign Policy que desarrollamos a continuación, y que describe un “casi posible” futuro accionar de las principales Potencias antes catástrofes ambientales que signifique un grave riesgo a su Seguridad Nacional. 

Walt no es un personaje menor, es un académico importante muy escuchado por el establishment gubernamental y político de su País  y también reconocido a nivel mundial y esta crisis que describe en el artículo como una “hipótesis” de un grave daño ecológico que acontece en Brasil, “extrañamente” coincide con los gigantescos incendios en la amazonía que llevan tres semanas y recién ante la gravedad de los mismos se hacen públicos esta semana. Sus conclusiones, son de lo más preocupante para las soberanías de los países dependientes y periféricos, ya  que nos pone sobre aviso que seguramente como las principales potencias son la mayores causantes del deterioro del cambio climático y que además son poseedoras de armas nucleares; no harán nada para reducir sus acciones contaminantes. Pero con seguridad actuaran para “salvar el Planeta”; invadiendo aplicando el nuevo “Derecho Humanitario” que han reflotado y aplicado desde principio de este siglo con nefastas consecuencia en los países y pueblos “ayudados”, recordando siempre que la depredación ha sido y es consecuencia del accionar de los grandes grupos económicos concentrados de los países centrales en concomitancia con grupos económicos locales; pero recordemos los resultados de este humanitarismo que ya se aplicó en: Afganistán, Irak, Siria, Libia, Cuerno de África, etc. Y lo importante del artículo es que nos adelanta que esa será la política que se aplicará en adelante ante las escasas posibilidades de que la Comunidad Internacional haga algo al respeto. Esto nos debe llevar a recordar que desde hace más de una década el Comando Sur en Latinoamérica se dedica a Instalar Bases de Ayuda Humanitaria, con la finalidad de “ayudar” a esos atrasados países periféricos a evitar catástrofes como esta que está en pleno desarrollo en la Amazonía; por ello nuestro viejo proverbio está cada vez más certero: El Camino al Infierno está empedrado de las buenas intenciones.– 

Lic. Carlos Pereyra mele

¿Quién salvará el Amazonas (y cómo)?

Es solo cuestión de tiempo hasta que las grandes potencias intenten detener el cambio climático por cualquier medio necesario.

Por Stephen Walt

5 de agosto de 2025: en un discurso televisado a la nación, el presidente de los Estados Unidos, Gavin Newsom, anunció que le había dado a Brasil un ultimátum de una semana para detener las actividades destructivas de deforestación en la selva amazónica. Si Brasil no cumpliera, advirtió el presidente, ordenaría un bloqueo naval de los puertos brasileños y ataques aéreos contra la infraestructura crítica de Brasil. La decisión del presidente se produjo después de un nuevo informe de las Naciones Unidas que señala los catastróficos efectos globales de la continua destrucción de la selva tropical, advirtiendo sobre un «punto de inflexión» crítico que, de alcanzarse, desencadenaría una rápida aceleración del calentamiento global. Aunque China ha declarado que vetaría cualquier resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que autorice el uso de la fuerza contra Brasil, el presidente dijo que una gran «coalición de estados interesados» estaba preparada para apoyar la acción de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, Newsom dijo que Estados Unidos y otros países estaban dispuestos a negociar un paquete de compensación para mitigar los costos de Brasil para proteger la selva tropical, pero solo si primero cesa en sus actuales esfuerzos de acelerar la explotación.

El escenario anterior es obviamente exagerado, al menos eso creo, pero ¿hasta dónde llegarías para evitar daños irreversibles al medio ambiente? En particular, ¿tienen los estados el derecho, o incluso la obligación, de intervenir en un país extranjero para evitar que cause daños irreversibles y posiblemente catastróficos al medio ambiente?

Planteo este tema a la luz de la noticia de que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, está acelerando la explotación de la selva amazónica (60 por ciento de la cual está en manos de Brasil), poniendo en peligro un recurso global crítico. Como saben aquellos de ustedes que tienen más respeto por la ciencia que Bolsonaro, la selva tropical es un importante sumidero de carbono y un regulador crítico de temperatura, así como una fuente clave de agua dulce. La deforestación ya ha dañado su capacidad para realizar estos roles cruciales, y los científicos en Brasil estiman que las condiciones cada vez más cálidas y secas podrían convertir gran parte del bosque en sabana seca, con efectos potencialmente catastróficos. La semana pasada, la revista favorable a los negocios y al libre mercado Economist sacó en su portada el artículo «Deathwatch for the Amazon» [“Reloj mortal para el Amazonas”], que enmarca el tema bastante bien. Para reafirmar mi pregunta original: ¿Qué debería (o debe) hacer la comunidad internacional para evitar que un presidente brasileño equivocado (o líderes políticos en otros países) tomen medidas que puedan dañarnos a todos?

Aquí es donde se pone complicado. La soberanía del Estado es un elemento crítico del sistema internacional actual; con ciertas excepciones, los gobiernos nacionales son libres de hacer lo que quieran dentro de sus propias fronteras. Aun así, el duro caparazón de la soberanía nunca ha sido absoluto, y varias fuerzas lo han estado destruyendo durante mucho tiempo. Los Estados pueden ser sancionados por violar el derecho internacional (por ejemplo, desafiando las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU), y el derecho internacional autoriza a los países a ir a la guerra en defensa propia o cuando el Consejo de Seguridad autoriza una acción militar. Incluso es legal atacar el territorio de otro país de manera preventiva, siempre que haya una base bien fundada para creer que estaba a punto de atacarte primero.

Más controvertida, la doctrina de la «responsabilidad de proteger» buscaba legitimar la intervención humanitaria en potencias extranjeras cuando el gobierno local no podía o no estaba dispuesto a proteger a su propio pueblo. Y como cuestión práctica, los Estados aceptan habitualmente infracciones a su propia soberanía para facilitar formas beneficiosas de cooperación internacional.

Sin embargo, cuando se trata de presionar, la mayoría de los Estados se resienten y se resisten a los esfuerzos externos para que cambien lo que están haciendo dentro de sus propias fronteras. Y a pesar de que destruir la selva amazónica presenta una amenaza clara y obvia para muchos otros países, decirle a Brasil que pare, y se lo amenace con tomar medidas para prevenir, disuadir o castigar, representa un juego completamente nuevo. Y no pretendo particularizar con Brasil: sería un paso igualmente radical amenazar a Estados Unidos o China si se negaran a dejar de emitir tantos gases de efecto invernadero.

No es que los líderes mundiales no hayan reconocido la gravedad del problema. La ONU consideró durante mucho tiempo la degradación ambiental como una «amenaza para la paz y la seguridad internacionales», y el ex representante de política exterior de la Unión Europea Javier Solana argumentó en 2008 que detener el cambio climático «debería estar en el temario principal de las políticas exteriores y de seguridad de la UE». Los académicos ya han identificado varias formas en que el Consejo de Seguridad podría actuar para evitarlo. Como escribieron los investigadores Bruce Gilley y David Kinsella hace unos años, «es al menos legalmente factible que el Consejo de Seguridad pueda invocar su autoridad en virtud del Artículo 42, y usar la fuerza militar contra los Estados que considera amenazas para la paz y la seguridad internacionales en virtud de su falta de voluntad o incapacidad para frenar las actividades destructivas que emanan de sus territorios «.

La pregunta, por lo tanto, es ¿hasta dónde estaría dispuesta a llegar la comunidad internacional para prevenir, detener o revertir acciones que puedan causar un daño inmenso e irreparable al medio ambiente del que dependen todos los humanos? Puede parecer exagerado imaginar que hoy los Estados amenacen con una acción militar para evitar esto, pero es más probable si las estimaciones del peor de los casos de nuestro futuro climático resultan ser correctas.

Pero aquí hay una paradoja cruel: los países que son más responsables del cambio climático también son los menos susceptibles a la coerción, mientras que la mayoría de los Estados que posiblemente podrían ser presionados para tomar medidas no son fuentes significativas del problema en cuestión. Los cinco principales emisores de gases de efecto invernadero son China, Estados Unidos, India, Rusia y Japón; cuatro de ellos son Estados con armas nucleares, y Japón es una potencia militar formidable por derecho propio. Amenazar a cualquiera de ellos con sanciones no es probable que funcione, y amenazar con una acción militar seria contra ellos es completamente poco realista. Además, es poco probable que el Consejo de Seguridad autorice el uso de la fuerza contra Estados mucho más débiles, porque los miembros permanentes no querrían establecer este precedente y, casi con certeza, vetarían la propuesta.

Esto es lo que hace que el caso brasileño sea más interesante. Brasil está en posesión de un recurso global crítico, por razones puramente históricas, y su destrucción dañaría a muchos Estados, si no a todo el planeta. A diferencia de Belice o Burundi, lo que hace Brasil podría tener un gran impacto. Pero Brasil no es un verdadero gran poder, y amenazarlo con sanciones económicas o incluso con el uso de la fuerza si se niega a proteger la selva tropical, podría ser factible. Para ser claros: no estoy recomendando este curso de acción ni ahora ni en el futuro. Solo estoy señalando que Brasil podría ser algo más vulnerable a la presión que otros Estados.

También se pueden imaginar otros remedios para este problema. Los Estados ciertamente podrían amenazar o imponer sanciones comerciales unilaterales contra Estados ambientalmente irresponsables, y los ciudadanos privados siempre podrían tratar de organizar boicots voluntarios por razones similares. Algunos Estados han tomado medidas en esta dirección, y es fácil imaginar que tales medidas se generalicen a medida que se multipliquen los problemas ambientales. Eventualmente, los Estados que gobiernan un territorio ambientalmente sensible podrían pagar para preservarlo, en interés de toda la humanidad. En efecto, la comunidad internacional estaría subsidiando la protección del medio ambiente por parte de quienes posean los medios para hacer algo al respecto.

Este enfoque tiene el mérito de no desencadenar el tipo de reacción nacionalista que podría provocar una campaña coercitiva, pero también podría dar a algunos países un incentivo para adoptar políticas ambientalmente irresponsables, con la esperanza de obtener beneficios económicos de una interesada comunidad internacional.

Todo esto es bastante especulativo, y acabo de comenzar a pensar en algunas de las implicancias de estos dilemas. Sin embargo, esto es lo que creo saber: en un mundo de Estados soberanos, cada uno hará lo que deba para proteger sus intereses. Si las acciones de algunos Estados ponen en peligro el futuro de todos los demás, aumentará la posibilidad de confrontaciones serias y posiblemente conflictos serios. Eso no hace que el uso de la fuerza sea inevitable, pero se necesitarán esfuerzos más sostenidos, enérgicos e imaginativos para evitarlo.

Fuente: Foreign Policy; 5 de agosto de 2019, https://foreignpolicy.com/2019/08/05/who-will-invade-brazil-to-save-the-amazon/

Análisis semanal de Geopolitica de Carlos Pereyra Mele para el equipo del Club de la Pluma, que conduce el Periodista Norberto Ganci por la Radio Web al Mundo

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Temas:

A – América del Sur

Las Agresivas declaraciones de un devaluado Jair Bolsonaro contra el Pueblo Argentino después de las elecciones PASO del domingo 11/8/19, con una clara intromisión en los asuntos internos de Argentina (Y demuestra la ondisima preocupación en los políticos de la región ante posibles cambios en la RREE del Continente contrario a los intereses geoestratégicos de EEUU) Las consecuencia de un cambio de signo político en la Argentina y el efecto dominó en la región como es el Grupo Lima

B –  Inglaterra y sus Bases en América del Sur (Venezuela)

C – Conflicto Global entre Atlantistas y Continentalistas se sigue profundizando en lo Político, Económico, Social (desestabilizaciones en Hong Kong y Moscú), Carrera Armamentística. La Teoría del Caos en marcha y una guerra Híbrida en Asia por parte de EEUU Trump y Clinton apoyan a los “disidentes” chinos y rusos. La recesión que acarrea la guerra Chino Vs EEUU. Ventas de armas de EEUU a taiwan reacción de China Continental

D – El conflicto entre EEUU e Irán toma una nueva dimensión ante la derrota diplomática de Washington pues Inglaterra devuelve el Petrolero secuestrado irani en el estrecho de Gibraltar – Acuerdo petrolero entre Irán Rusia y Azerbaiyán 

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Veinte años de Putin

Por Gonzalo Fiore Viani

Vladimir Vladimirovich Putin cumplió el pasado viernes veinte años en el poder. Dos décadas signadas por un estilo de liderazgo fuerte, comparado en muchas ocasiones con un zar o con los viejos jefes de la Unión Soviética. Tras la desintegración de la URSS, hecho que el historiador británico Eric Hobsbawm calificó como “la mayor catástrofe geopolítica del Siglo XX”, el pueblo ruso necesitaba retomar un liderazgo fuerte. En los años noventa gobernó Boris Yeltsin, recordado por las privatizaciones, el caos económico y la poca autoridad. Era fácil observarlo en notable estado de ebriedad mientras que se mostraba excesivamente amigable para con occidente y los Estados Unidos. El ex espía de la temida agencia de inteligencia soviética, la KGB, se erigió como el nuevo líder de la potencia mostrándose diametralmente opuesto a Yeltsin. El mandatario ruso, además, se ha convertido en un personaje político clave, referente para los líderes denominados “populistas” o de extrema derecha en toda Europa. 

En agosto de 1999, Putin se convirtió en Primer Ministro, segundo al mando del presidente Yeltsin. El 31 de diciembre de ese mismo año, de manera completamente sorpresiva, Yeltsin anunciaba su dimisión y a su sucesor, Vladimir Putin. Cuando asumió su índice de aprobación era de apenas el 31%, lo que fue cambiando drásticamente a medida que su mandato se fue desarrollando. Llegando a superar el 80% de popularidad en sus mejores momentos, signados por la prosperidad económica. En 2004, alcanzó el 71,34% de los votos, superando su propia marca en 2018 con un aplastante 76,69%. Tras el caos que fue la Federación Rusa durante los años noventa, el Kremlin logró mostrar fuertes logros económicos durante el mandato de Putin. En los últimos veinte años, el Producto Bruto Interno del país creció un 72%, a su vez, la pobreza disminuyó de manera significativa. Cuando se termine el nuevo mandato, en 2024, Putin habrá cumplido veinticinco años siendo el hombre fuerte de Rusia.  

El liderazgo de Putin fue fundamental a la hora de devolver la potencia de Rusia en el contexto de un mundo multipolar. Luego del final de la Guerra Fría el gigante europeo había perdido influencia en el tablero internacional. Junto al surgimiento como potencia relevante de China a finales de los noventa, la recuperación rusa se dio en el mismo momento que los Estados Unidos comenzaban a ceder el liderazgo absoluto del planeta, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Es recordada una frase de Putin de aquellos años donde prometía “perseguir a los terroristas para matarlos hasta en el baño”. La participación del Kremlin en los conflictos desatados en Medio Oriente tras el estallido de la Primavera Árabe funcionó como un claro contrapeso de Estados Unidos y la Unión Europea. Bashar Al Assad encontró en Putin a un aliado fundamental que le ha permitido mantenerse en el poder a pesar del cruento conflicto y del aislamiento al que fue sometido por parte de las potencias occidentales.

Las reivindicaciones nacionalistas de Putin, especialmente en casos como el de Crimea en la frontera con Ucrania, lo han convertido en un referente indiscutido para nuevos líderes “populistas” como su amigo Viktor Orban en Hungría, Matteo Salvini en Italia, Rodrigo Duterte en Filipinas o el mismísimo Donald Trump, quien, desmintiendo categóricamente las acusaciones que el gobierno ruso contribuyó a su victoria contra Hillary Clinton, ha negado en todo momento vínculos con el Kremlin. Putin también ha sostenido y revitalizado la relación de Rusia con Cuba, que existe desde los tiempos soviéticos. También ha desplegado sus intereses en el resto de América Latina, especialmente en Venezuela, donde es uno de los mayores sostenes tanto políticos como económicos de Nicolás Maduro junto a China. El país bolivariano tiene que pagar a Rusia doscientos millones de dólares antes de septiembre como parte de una refinanciación por distintos préstamos otorgados por el gobierno ruso. La cifra asciende en total a 3.150 millones de dólares, a pagar en el plazo de diez años con pagos mínimos en los primeros seis.

Quienes critican a Putin, tanto en Rusia como en Occidente, le achacan su fuerte personalismo y su estilo claramente autoritario, reminiscente de la Unión Soviética. A su vez, los defensores de la agenda de género y de las comunidades LGBTIQ+ lo consideran uno de sus máximos enemigos mundiales. En 2013 se aprobó en la Duma, el Parlamento ruso, una ley que prohíbe la “propaganda homosexual” dirigida a menores de edad con duras multas y hasta penas de prisión. En el año 2000, se prohibió la realización de la marcha del orgullo gay. La homosexualidad estuvo prohibida durante la Unión Soviética, siendo legalizada recién por Boris Yeltsin en 1993. Sin embargo esto no reflejó un cambio de opinión de la sociedad rusa sino que respondió a presiones del Consejo de Europa. El fuerte lazo que une a Putin con la Iglesia Ortodoxa Rusa, prohibida durante la URSS, contribuyen a sus posturas conservadoras en lo que concierne a cuestiones de género. 

El liderazgo de Putin tiene paralelismos con personajes fuertes de la larga historia rusa como Catalina la Grande, Iván el Terrible o Joseph Stalin. La gran incógnita será que sucederá tras su salida del poder en 2024 ya que la constitución no le permitiría un nuevo mandato consecutivo. A pesar de las acusaciones en su contra por autoritarismo, o supuestas censuras a la prensa, la popularidad de Vladimir Putin se mantiene inmune. No es de extrañar que su figura sea tan querida por un pueblo que suele adorar a los lideres fuertes.

Gonzalo Fiore Vian