por Bethany Allen-Ebrahimian,  

A) Un siglo XXI chino-centrico

Con los Estados Unidos paralizados por el estancamiento político y las instituciones occidentales, China se está posicionando como el principal arquitecto de las nuevas estructuras de poder en el siglo XXI.

Por qué es importante: si Estados Unidos continúa enojando a sus aliados, retirándose de las instituciones globales e ignorando a gran parte del mundo en desarrollo, en 20 años puede despertarse y verse resignado a un pequeño rincón en un mundo definido y dominado por China.

La amplia visión del presidente chino, Xi Jinping, la Iniciativa Belt and Road (BR-la franja y la ruta), coloca a China en el centro de mando de las relaciones económicas y geopolíticas mundiales.

  • Los países individuales, desde Camboya hasta Italia y Angola y en el medio, ahora dependen en gran medida de China para el crecimiento económico a través de inversiones , como las del BRI en infraestructura, comercio, ciencia, tecnología y proyectos militares.
  • Beijing está utilizando esa palanca de poder para influir en su política exterior y en la toma de decisiones internas.
  • El resultado: las alternativas en gran medida opacas lideradas por China a las instituciones lideradas por Occidente y las normas globales están emergiendo y atrayendo país tras país al nuevo marco global.

Detalles: la estrategia de Beijing es evidente en…

1. La economía global: como el principal exportador del mundo, el peso económico de Beijing se siente de manera aguda.

2. Tecnología y telecomunicaciones: el enfrentamiento global sobre el futuro de 5G acaba de comenzar, pero está claro que Beijing considera la posición de Huawei como líder mundial de 5G como una estrategia geopolítica clave.

  • Gran Bretaña ha permitidó el uso del equipo de Huawei, el primer aliado clave para desafiar los esfuerzos de Estados Unidos por bloquear la compañía.
  • La preocupación es que el gobierno chino, que tiene vínculos estrechos con Huawei, tendrá acceso a una infraestructura crítica de telecomunicaciones, útil no solo para apalancar a los estados sino también para la recolección masiva de datos.
  • Los datos son petróleo para la inteligencia artificial“, dijo el ex asesor del Consejo de Seguridad Nacional y Brig retirado. General Robert Spalding.
  • Mientras tanto, las compañías tecnológicas chinas, incluidas Huawei y la compañía de reconocimiento facial Hikvision, están llevando a cabo una campaña constante para establecer estándares tecnológicos globales de próxima generación, una hazaña que probablemente se traduzca en dominio del mercado y ganancias masivas.

3. Investigación científica: el gobierno chino ha invertido cientos de miles de millones de dólares en investigación y desarrollo , con el objetivo de convertirse en una superpotencia tecnológica global..

4. Militar: el poder militar chino en el este de Asia se está acercando a la paridad con los Estados Unidos, y China está construyendo o alquilando bases militares para su propio uso en el Indo-Pacífico.

  • En octubre de 2019, la Cámara de Representantes de los EE. UU. Creó un grupo de trabajo bipartidista para evaluar la capacidad de Estados Unidos para contrarrestar las amenazas emergentes. Gran parte del trabajo del grupo terminó centrándose en China, dijo el representante Jim Banks (R-Ind.) En una entrevista a Axios.
  • “Podríamos cambiar el nombre de este grupo de trabajo de China”, dijo Banks.
  • El gasto militar de China está a la par con los Estados Unidos, pero el ejército del país aún no tiene el alcance global de los Estados Unidos.

El resultado final: el poder y la influencia de China con las naciones de todo el mundo está en un nuevo nivel. Algunas de las estructuras de poder lideradas por China son obvias, algunas están ocultas a la vista, pero todas están dando forma al mundo en una escala grandiosa y duradera.

FUENTE: https://www.axios.com/china-xi-jinping-world-power-ab889b35-b5de-4e9b-b6a4-95e1c0110773.html 

B) ¿Ha ganado China? Un ex diplomático singapurense habla sobre el mayor error de Estados Unidos

Por: Bethany Allen-Ebrahimian 

Para aquellos de ustedes a quienes les gusta mirar las cosas desde ambos lados, es probable que disfruten del último libro del ex diplomático  Singapurense Kishore Mahbubani.

La gran pregunta: ” ¿Ha ganado China? El desafío chino a la primacía estadounidense ”  comienza con una pregunta que ningún político estadounidense se atreve a abordar públicamente: “¿Qué cambios estratégicos tendrá que hacer Estados Unidos cuando ya no sea la potencia económica global dominante?

Conclusiones: Mahbubani examina los errores estratégicos más grandes de China y Estados Unidos.

  • Y el error de Estados Unidos fue lanzarse a una competencia geopolítica con China “sin primero elaborar una estrategia a largo plazo“.

Flashback: le pregunté a Mahbubani cuál creía que era el mayor error del gobierno de Obama.

  • Dijo que era :
    la creencia predominante de que un país como Estados Unidos, que tiene menos de 250 años y tiene menos de una cuarta parte de la población de China, podría transformar un país del tamaño de China con una historia de 4.000 años“.

Fuente: https://www.axios.com/has-china-won-review-1ded2ab6-fa34-4112-8deb-a6d386a5213e.html

En el 2008 terminamos el libro: Diccionario de Seguridad y Geopolitica Latinoamericana, bajo la dirección del Dr. Miguel Barrios -Primer diccionario de estos temas en español-, donde dejamos expresada nuestra visión del sistema Mundo en el S XXI; donde sosteniamos que la idea de la Hegemonía absoluta mundial de EEUU sobre el Mundo post soviético, era nada más que un sueño imposible de alcanzar, por más que sus planificadores Neocom hubieran hecho todo lo posible para que así sucediera.

Pero la dinámica de la historia fue contundente, como previmos, con el resurgimiento de viejos imperios muy especialmente en el mundo Euroasiático. Por ello publicamos este artículo de Graham Fuller ex Vicepresidente del Consejo Nacional de Inteligencia de USA publicado en HuffPost en Septiembre de 2016, que varios años después confirmó nuestras aseveraciones de la declinación del Poder Norteamericano y surgimiento de las Potencias Emergentes de Eurasia. Este artículo confirma que la declinación de USA no empezó con Donald Trump -quizás, este es el último intento del poder nacional yanqui de torcer esa declinación-, bajo un doble rasero: una idea “soberanista” hacia el interior del País del Norte y dos una nueva forma de globalización del Orbe, bajo su comando-. Decir hoy en dia que la Pandemia del Covid-19, vino a transformar el mundo y el orden existente, es un simplista y falso. Es un intento de muchos expertos “occidentales” que sostuvieron la perpetuidad del poderío Norteamericano en el siglo XXI, de explicar sus “interesados y fallidos” análisis. CPM Dossier Geopolitico

Por Graham E. Fuller* – 13 September 2016

Puede que te suene el término ‘Eurasia’ de las clases de geografía del instituto. El concepto ya no se utiliza en las discusiones políticas de Occidente, pero debería. Ahí es donde va a tener lugar la acción geopolítica más seria del mundo a medida que avanza el siglo XXI. Estados Unidos, tan centrado en la “contención” de Rusia, del llamado Estado Islámico y de China, carece de una mayor perspectiva sobre la estrategia eurasiática.

Eurasia es la mayor masa terrestre del mundo, que incluye a Europa y a toda Asia, es decir, unos de los mayores y más antiguos núcleos de la civilización humana.

Entonces, ¿qué es el eurasianismo? En diferentes épocas ha significado diferentes cosas. Hace un siglo, los Kissinger del momento tejieron teorías sobre un choque estratégico inevitable entre el poder por mar (Reino Unido/Estados Unidos) y los poderes continentales (Alemania, Rusia). Eurasia significaba entonces Europa y Rusia occidental. De hecho, ¿qué necesidad había de hablar sobre la propia Asia? La mayor parte de Asia estaba subdesarrollada y bajo el control del Imperio Británico (India, China) o del francés (Indochina) y no tenía intención de independizarse. Japón era la única potencia asiática de verdad, que, por irónico que parezca, desarrolló sus propios deseos imperiales -imitando a Occidente- y llegó a chocar con el poder imperial americano en el Pacífico.

Cuanto más intenta Washington contener o ahogar el eurasianismo como una auténtica fuerza creciente, mayor será el empeño de los estados por pasar a formar parte de ese mundo eurasiático en alza.

Por supuesto, en la actualidad todo eso es diferente. ‘Eurasia’ cada vez significa más ‘Asia’, y la partícula ‘Euro’ sólo figura de forma modesta. China se ha convertido ahora en el centro de Eurasia, como la segunda mayor economía del mundo. No sorprende que China -como el mundo musulmán- proyecte una tendencia decididamente antiimperial basada en lo que ve como humillación a manos de Occidente (y Japón) en los 200 años que ha durado su eclipse, durante uno de sus ciclos decadentes dinásticos. No obstante, actualmente China está en uno de los clásicos ciclos en alza en cuanto a poder e influencia, y está decidida a proyectar su peso e influencia. India también está desarrollando rápidamente un poder de alcance regional. Y Japón, aunque quieto, sigue representando un formidable poder económico, que quizá aumente por un mayor alcance militar regional.

El significado del término Eurasia ha cambiado mucho, pero sigue sugiriendo una rivalidad estratégica. En un momento en el que Estados Unidos declara formalmente su intención de dominar militarmente el mundo (la doctrina oficial del Pentágono en 2000 consistía en la “dominación de todo el espectro”), el concepto de eurasianismo reacciona con vigor. Y no sólo en China, sino en otros países -con nuevo significado- como Rusia, Irán e incluso Turquía. Da la sensación de que ha habido un eclipse del poder dominante occidental a favor del nuevo poder asiático.

No sólo se trata del poder militar y financiero. También es cultural. La cultura rusa ha mantenido durante dos siglos un debate activo sobre si Rusia pertenece a Occidente o si forma parte de una cultura eurasiática distinta (yevraziiskaya) separada de Occidente. Los eurasiáticos representan una fuerza significativa dentro del pensamiento estratégico y militar ruso (aunque es interesante señalar que Putin no acepta esta visión del mundo).

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El presidente Vladimir Putin con un sombrero típico tártaro asiste a unos eventos al aire libre en Kazán. (Sovfoto/UIG via Getty Images)

La idea es vaga, pero culturalmente importante; pelea con la identidad rusa. Habla de una cultura eslava pero con raíces eurasiáticas en un antiguo pasado turco o tártaro. Recordad que, históricamente, es el Occidente moderno el que atacó a Rusia dos veces: testigos son las invasiones de Napoleón y Hitler a las puertas de Moscú. En la actualidad, la OTAN explora con más profundidad toda la periferia rusa. Los eurasianistas se muestran recelosos, si no hostiles, hacia Occidente como una amenaza permanente a la Madre Patria Rusia. El eurasianismo siempre permanecerá subyacente en la visión del mundo estratégica de Rusia.

De eso va la nueva Unión Económica Eurasiática de Rusia, un objetivo para unir al menos económicamente Belarus y los estados de Asia Central, entre otros, en un gran conjunto económico eurasiático. Kazajistán -rico en petróleo- fue en realidad el autor del concepto; tratará de mantener los lazos con Occidente, pero si miráis un mapa, veréis en qué consisten las opciones reales de Kazajistán a largo plazo. Puede que Rusia no sea la mejor estrella económica para unir lazos, pero es sólo uno de los muchos vehículos de Eurasia y no son mutuamente excluyentes. Las opciones traen más seguridad.

China se está moviendo en direcciones increíblemente ambiciosas a la hora de crear el nuevo Banco de Inversión en Infraestructura asiático (en el que se han inscrito 57 países, como Canadá, Australia y varios países europeos, pero no Japón ni los Estados Unidos, de momento). Esto crea un nuevo instrumento de banco central en Eurasia con una fuerte influencia china. China también está proyectando nuevas redes masivas de transporte (el Cinturón Económico de la Ruta de la Seda y la Ruta Marítima de la Seda –Un Cinturón, Una Ruta-) desde Eurasia a China, que unen China a Europa, Oriente Medio, Sudáfrica y África Central y el Lejano Oriente por ferrocarril, carretera y mar. La “estrategia eurasiática” de China ya es una realidad en expansión. Sí, las sospechas y las rivalidades existen entre Rusia y China e India y Japón. Pero el fuerte impulso económico y del desarrollo de esas propuestas difieren mucho de la organización estadounidense, más centrada en la seguridad con sus preocupantes implicaciones militares.

Washington no sólo ha fracasado en la lucha contra estas iniciativas chinas y eurasiáticas, sino que las políticas estadounidenses en particular -que identifican tanto a Rusia como a China como el supuesto enemigo- han contribuido a poner de acuerdo a Rusia y a China en muchas cuestiones, unidas ahora por su desconfianza común hacia las ambiciones militares globales de Estados Unidos.

Japón tuvo, por casualidad, su propia doctrina de Eurasianismo antes de la Segunda Guerra Mundial, un esfuerzo por identificarse y encender a los pueblos y territorios asiáticos contra la dominación colonial occidental. Esta estrategia podría haber sido bastante efectiva si no hubiera ido acompañada de las propias invasiones brutales de Japón de otros países del Este Asiático, destruyendo la credibilidad de la Esfera de co-prosperidad del Este Asiático japonesa. En la actualidad, Japón no ha movido su postura; todavía tendrá que lidiar con la realidad del poder chino en el Este. ¿Y qué líder japonés perseguiría seriamente una amplia política de hostilidad hacia China en apoyo de una estrategia de Estados Unidos en el Pacífico que está diseñada por naturaleza para reprimir a China? Sobre todo, teniendo en cuenta que China y Japón son grandes socios en comercio e inversión.

Irán está muy interesado en compensar las presiones geopolíticas de Estados Unidos y busca apoyo en estas instituciones rusas y chinas por el desarrollo económico. Irán es una potencia natural eurasiática y de la Ruta de la Seda.

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El presidente ruso, Vladimir Putin, y el presidente kazajo, Nursultan Nazarbayev, durante la Cumbre de la Unión Económica Eurasiática de 2016. (Mikhail Svetlov/Getty Images)

Turquía ha vuelto a entrar en el juego de Eurasia. De vuelta a los primeros pasos en política exterior del Partido de la Justicia y el Desarrollo del presidente Recep Tayyip Erdoğan -en la visión del entonces ministro de Exterior Davutoğlu-, Turquía ya no se limita a una potencia occidental, sino que también ha proclamado sus intereses geopolíticos (casi cien años después de la caída del Imperio Otomano) en Oriente Medio y, de hecho, en Eurasia. Al fin y al cabo, los turcos proceden originalmente de Eurasia, que migraron hacia Occidente desde el lago Baikal hace mil años. Eso implica importantes lazos con Rusia, además de lazos étnicos, culturales e históricos con Asia Central y con China. Turquía (como Irán y Pakistán) trata de ser parte de estas redes rusas y chinas. Entre algunos políticos y oficiales militares nacionalistas turcos (también kemalistas seglares) hay una fuerte tendencia eurasiática de expandir las opciones geopolíticas de Turquía para explorar nexos estratégicos y culturales con Eurasia. También refleja una expresión de desconfianza hacia los esfuerzos occidentales y estadounidenses por dominar la región.

El nuevo Eurasianismo ya no trata de los poderes por tierra y por mar del siglo XIX. Es un reconocimiento de que la era de la dominación global occidental -y especialmente estadounidense- se ha terminado.

Para Turquía esto no es una cuestión de dos alternativas. Puede intentar unirse a Europa -y a la OTAN-, pero no renunciará a las opciones geoestratégicas alternativas del Este, con su influencia económica, sus carreteras y ferrocarriles de unión.

En resumen, el nuevo Eurasianismo ya no trata de los poderes por tierra y por mar del siglo XIX. Es un reconocimiento de que la era de la dominación global occidental -y especialmente estadounidense- se ha terminado. Washington ya no puede mandar -ni permitirse- una oferta a más largo plazo por dominar Eurasia. En términos económicos, ningún estado de la región, ni siquiera Turquía, sería lo suficientemente tonto como para dar la espalda a este creciente potencial de Eurasia que también ofrece un equilibrio estratégico y opciones económicas.

Por supuesto, también hay grandes líneas divisorias en Eurasia: étnicas, económicas, estratégicas y de cierto grado de rivalidad. Pero cuanto más intenta Washington contener o ahogar el eurasianismo como una auténtica fuerza creciente, mayor será el empeño de los estados por pasar a formar parte de ese mundo eurasiático en alza, aunque no rechacen a Occidente.

A todos los países les gusta tener alternativas. No les gusta estar comprometidos con una sola potencia global que intente llevar la voz cantante. La historia de Estados Unidos sobre el orden mundial ya no se acepta a nivel internacional. Además, ya no es realista. Sería poco inteligente por parte de Washington seguir centrándose en aumentar las alianzas militares mientras la mayor parte del resto del mundo busca más prosperidad e influencias en la región. Y un dato: el gasto militar de China supone sólo una cuarta parte del gasto de Estados Unidos.

*Vicepresidente anterior del Consejo Nacional de Inteligencia de la CIA

Este artículo apareció por primera vez en GrahameFuller.com

Este post fue publicado originalmente en ‘The WorldPost’ y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

Las manifestaciones contra el racismo y la pandemia no solo agudizan la crisis interna en EE.UU, sino que también, según algunos analistas, debilitan la postura de Washington en cuanto a su liderazgo global. Carlos Alberto Pereyra Mele, director de Dossier Geopolítico, señaló que mientras el país norteamericano intenta preservar su hegemonía en un mundo multipolar, sus aliados, como Alemania, “están tratando de reinstalarse en este nuevo orden” y ampliar la cooperación con otras potencias.

“EEUU no puede garantizar tecnologías ni inversiones importantes a sus socios”

Por Javier Benítez entrevistando al Director de Dossier Geopolitico Carlos Pereyra Mele para el programa QUÉ PASA de Sputnik

El presidente de EEUU, Donald Trump, sentenció la evacuación de miles de sus soldados de Alemania. Tras el repliegue quedarán 25.000, de los 34.500 actuales. El mandatario endilga a Berlín esta decisión por no abonar la cuota de dinero que debería a la OTAN. De paso, mete a Rusia en la ecuación.

AUDIO de la entrevista: https://mundo.sputniknews.com/popup/radio/?audio_id=3562014

Trump le leyó la cartilla a Alemania y le cayó con el código. El mandatario agitó su verbo para denunciar la minuta que el país germano adeuda y que debe pagar si quiere que su hermano en armas transatlántico siga defendiéndole a capa y espada de la amenaza rusa. Sí, otra vez la ‘amenaza rusa‘ en la ecuación discursiva de Trump.

“Alemania, como saben, es morosa en sus pagos a la OTAN. Están pagando el 1% [del PIB] y se supone que debería ser el 2%. Por eso son morosos en miles de millones de dólares desde hace años. […] ¿Por qué Alemania le paga a Rusia miles de millones de dólares por energía y luego se supone que debemos proteger a Alemania de Rusia? ¿Cómo funciona? No funciona. ¿Por qué deberíamos hacer lo que estamos haciendo si no pagan? Hasta que paguen, retiraremos a algunos de nuestros soldados”, espetó indignadísimo por lo que considera un ‘sinpa’ en toda regla.

Consultado al respecto durante su rueda de prensa conjunta con su homólogo polaco Jacek Czaputowicz, el ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, lanzó un diplomático y lacónico “Tomamos nota de eso, no tenemos información sobre cómo se realizará, no hemos recibido información del Pentágono”.

Pero hubo otra reacción diplomática no tan diplomática de parte de Alemania. Como un caballo de Troya apostado en las entrañas mismas de Washington, la embajadora alemana en EEUU, Emily Haber, le aplicó un correctivo a Trump que sonó como esas bofetadas que hacen girar la cara.

“Nuestra cooperación [con EEUU] en asuntos militares y de seguridad siempre ha sido muy estrecha y lo seguirá siendo. Las tropas estadounidenses […] no están allí para defender a Alemania. Están allí para defender la seguridad transatlántica […] También están allí para proyectar el poder estadounidense en África, en Asia”. Lo dijo en un evento virtual organizado por el grupo de expertos del Consejo de Relaciones Exteriores, según informa Reuters.

El director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, opina que “este retiro de parte de personal militar norteamericano asentado en Alemania, se trata fundamentalmente de una especie de castigo del Gobierno norteamericano a las negociaciones alemano-rusas por el tema del abastecimiento de gas que se hace a través del mar Báltico, sobre los cuales EEUU intentó de mil y una maneras de impedir que se realizara”.

En este sentido, el experto apunta a que “se están mostrando algunos puntos sobre las acciones tácticas que está tomando EEUU, pero Europa en el fondo, con Merkel, ha decidido acercarse más a China, negociar más profundamente con Rusia, y además no se echó atrás en la decisión de continuar con el gasoducto [Nord Stream 2], que va por las profundidades del mar Báltico”.

“Por lo tanto, EEUU reacciona como está reaccionando en los últimos tiempos, de una forma totalmente anti diplomática, tratando de mostrar una dureza que cada vez es menos creíble porque aplica sanciones en todas las direcciones y cada vez las sanciones se están transformando en un boomerang”, advierte.

Alemania expansionista

Entretanto, Alemania quiere demostrar que está muy activa. Su ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, declaró que su país apoyará durante su presidencia en la Unión Europea, la adhesión de los países de los Balcanes Occidentales al bloque. “Estamos de acuerdo con que, como la UE, debemos continuar nuestra política de expansión”, dijo Maas al indicar que habrá que “definir un marco, organizar una conferencia con Macedonia del Norte y Albania”.

Actualmente el mundo es multipolar —le guste o no a EEUU y sus aliados— en el cual los poderes se están dividiendo, se están reorganizando en grandes grupos continentales, incide Pereyra Mele al contextualizar la situación. “La Unión Europea tiene una crisis profunda, va a tener que definir si va a ser una UE reducida entre los países tecnológicamente desarrollados industrialmente, o va a seguir incorporando a países atrasados”.

El analista sostiene que esa es la situación de objetivos que tiene que definir rápidamente el bloque comunitario “porque el mundo sigue avanzando y la historia no se detiene”. “China no se ha paralizado, crece y crece a pesar de la pandemia y su objetivo es llegar y estar presente fuertemente en Europa. EEUU en estos momentos lo único que puede ofrecer es el expediente militar de ‘supuesta’ seguridad, pero nada más. No puede garantizar tecnologías, no puede garantizar inversiones importantes, no puede garantizar ningún efecto cultural como el que se venía realizando desde el fin de la Guerra Fría”, concluye.

Por GONZALO FIORE VANI*

Steve Bannon, polémico exjefe de asesores de Donald Trump ligado a sectores de ultraderecha, llegó a distintos países de América latina. Sobre todo a Brasil, donde es cercano a Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente, diputado federal y representante de su “movimiento” en la región. Sin embargo, aún no logra hacer pie en el otro gran país sudamericano: Argentina. Por ello, sus últimas movidas van por ese camino.

Por ahora, sólo se reunió públicamente en 2019 con la exdiputada Cynthia Hotton, ligada al espacio de Juan José Gómez Centurión y representante del autodenominado sector “provida” que se opone a la despenalización del aborto, a la implementación de la educación sexual integral y a ampliar derechos para la comunidad LGBTIQ+.

En 2018, sin embargo, el norteamericano había recibido en Europa a “populistas argentinos” a quienes no identificó. Si bien Bannon está convencido de que su hombre fuerte en el país debe tener fluidos lazos con el peronismo, y su discurso tiene grandes coincidencias con el de algunos dirigentes nacionales, aún no se le conocen vínculos claros con ninguna figura argentina de primera línea.

El derrotero de Bannon es bastante peculiar: en la década de 1980 trabajó en Goldman Sachs y se vio muy beneficiado al adquirir derechos minoritarios sobre la serie Seinfeld. Utilizó ese dinero para convertirse en productor y director de cine y en 2012 dirigió Breitbart News, sitio de la “derecha alternativa” en internet. Esto le sirvió para convertirse en asesor de Donald Trump e ideólogo de parte de su campaña de 2016. Y fundó The Movement luego de su salida de la Casa Blanca, eyectado por diferencias con el entorno del presidente.

Con “El movimiento”, el estadounidense pretende aunar a todos los países de ultraderecha del mundo; o, lo que es lo mismo, lo que él considera “populistas”. Allí se encuentran el italiano Matteo Salvini, la francesa Marine Le Pen, el húngaro Viktor Orbán o Bolsonaro. Bannon entiende que para consolidarse en América latina debe ingresar en Argentina. Supone que una crisis económica pospandemia sería propicia para el surgimiento de un candidato afín.

Acérrimo enemigo del papa Francisco, a quien califica como “el hombre más peligroso del mundo”, Bannon pretende hacer de las políticas tanto antiinmigratorias como contrarias a los derechos LGBTIQ+ su principal bandera política. A todo ello, Bannon y sus seguidores lo denominan el “marxismo cultural”. Es decir, ya derrotado el comunismo como doctrina económica, ven con más fuerza que nunca su supuesta vertiente cultural y política.

A pesar de hacer gala de un discurso contrario a las elites y a la política tradicional, el estadounidense suele buscar a sus candidatos dentro de este sector. Por ejemplo, Bolsonaro fue diputado más de 15 años antes de llegar al Planalto con un discurso supuestamente “ajeno” a la clase política brasileña.

A muchos puede resultarle chocante un discurso como el de Bannon en el debate público argentino. Pero parece atraer a cada vez más seguidores, sobre todo jóvenes que ven en él un discurso contestatario y antisistema. Por primera vez, su discurso logra calar en un sector por ahora extremadamente minoritario en la Argentina, pero con un alcance mediático impensado meses atrás.

Debido al movimiento anticuarentena y las marchas al Obelisco en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las ideas sobre un supuesto “nuevo orden mundial” impulsado por multimillonarios liberales como Bill Gates o el húngaro George Soros tienen cada vez más visibilidad. A partir de las redes sociales, la figura de Bannon ya se encuentra presente en Argentina.

Todavía le falta conseguir a su Trump local, pero nada parece ser imposible en materia de comunicación política para este gurú del populismo de ultraderecha. El tiempo dirá si The Movement logra llegar al sur.

*Experto en política internacional y Miembro de Dossier Geopolitico

Publicado en el Diario la Voz del interior del 16/6/2020

Mi columna de para la Tv por Canal “C” sobre “Politica Internacional” en programa “Con Sentido Comun” que conduce el Periodista Alfredo Guruceta

Por Omar Ruiz*

El gobierno del Presidente Alberto Fernández ha tomado la decisión de poner nuevamente en agenda, visibilizar y afirmar la cuestión de nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Los anuncios tanto en el mensaje del 10 de diciembre como en la apertura de sesiones en el Congreso de la Nación expresan una voluntad, que comenzó a implementarse con la restitución del rango de Secretaría al área de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur.

En el Congreso de la Nación el día 1° de Marzo, el Presidente, mencionó los tres proyectos que tienen como objetivo “afianzar la soberanía territorial”. El canciller Felipé Sola, sostuvo que las iniciativas “tienen como objetivo fortalecer nuestra presencia soberana, nuestra actividad económica y promover la memoria con hechos concretos, por los héroes de Malvinas”. El Secretario Daniel Filmus, en tanto, consideró que “es necesario encontrar nuevos caminos que nos permitan generar las condiciones tendientes a recuperar el diálogo imprescindible para lograr el ejercicio pleno de nuestra soberanía”.

El primero de los proyectos se refiere a la creación del “Consejo Nacional de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y espacios marítimos correspondientes”, un espacio que permitirá la búsqueda de consensos para una política de Estado que trascienda los sucesivos gobiernos; con una conformación plural que aseguré la participación de mayorías y minorías parlamentarias, la academia, la provincia de Tierra del Fuego, Malvinas e Islas del Atlántico Sur y los veteranos de Malvinas. El Consejo estará presidido por el propio Presidente y elaborará políticas a mediano y largo plazo que conciten el apoyo internacional para enfrentar la situación colonial. La política hacia Malvinas necesita además una plataforma nacional integrada por personalidades de distintos ámbitos, que promueva una concientización en la cuestión Malvinas, para que no sea sólo una efemérides en el calendario y se asocie la misma con su importancia geopolítica para el país y su proyección sobre la Antártida y Atlántico Sur; instando además a un papel activo de la sociedad civil en distintas iniciativas, tanto dentro como fuera del país, para desarrollar una paradiplomacia coordinada con la diplomacia exterior.

El segundo proyecto tiene como objetivo la defensa de los recursos naturales nacionales en el Atlántico Sur y propicia la modificación del régimen federal pesquero para endurecer las sanciones a los buques que pescan ilegalmente en los espacios marítimos bajo jurisdicción argentina o en aguas donde nuestro país tiene soberanía sobre recursos marinos, lo que incluye a las islas Malvinas. En lo que va de la actual gestión de gobierno, se han capturado y aplicado sanciones a tres barcos pesqueros. Es necesario que Argentina busque acuerdos con otros países para evitar la pesca depredatoria en la milla 201 y más allá. Nuestro país debe avanzar en la ocupación del Mar Argentino, impulsar el proyecto Pampa Azul, reconstituir capacidades navales militares y pesqueras; y explotar los recursos transformando la producción primaria pesquera en una industria para generar mayores divisas, valor agregado y empleo, revisando el modelo extractivo.

Por último, el proyecto de ley sobre demarcación del límite exterior de la plataforma continental argentina, en base a la presentación que se realizó en la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, permitirá defender los derechos de soberanía más allá de las 200 millas, los recursos del lecho y subsuelo del mar argentino y más oportunidades a la exploración y explotación de las riquezas (hidrocarburos y minerales) de nuestra plataforma. Es para destacar el trabajo desarrollado en varios gobiernos por la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA).

La falta de voluntad negociadora y de respeto por las reglas del derecho internacional público por parte del Reino Unido está ejemplificada en la actitud que tomó frente a la reciente decisión de la Corte Internacional de Justicia en el caso Chagos, quien a petición de la Asamblea General de la ONU intimó al Reino Unido a restituir en seis (6) meses dicho archipiélago a la República de Mauricio, el plazo operó y el Reino Unido no cumplió, como no cumple también las resoluciones de Naciones Unidas respecto de Malvinas y nueve (9) casos más (Anguilla, Bermudas, Caimán, Turcas y Caicos, Islas Vírgenes Británicas, Montserrat, Santa Elena, Pitcairn y Gibraltar) que se encuentran en el Comité de Descolonización de Naciones Unidas.

Argentina debe insistir con el diálogo por la soberanía endureciendo al mismo tiempo sus políticas frente a la ocupación ilegal.

*Omar Ruiz Integrante de la Red Federal Malvinas 2065 y Observatorio Malvinas.AR

Análisis semanal de Geopolitica de Carlos Pereyra Mele para el equipo del Club de la Pluma, que conduce el Periodista Norberto Ganci por la Radio Web al Mundo

Club de la Pluma: Arte, Ciencia, Cultura, Derechos Humanos, Geopolítica, Deuda Externa, Relatos, Cuentos, Educación, Opinión, Editorial, Efemérides, Comunidades Originarias, Filosofía Y Mucho Más…

TEMAS:

El Marco Estratégico Geopolitico:

Lucha entre Atlantistas contra Continentalistas se profundiza 

  • Una más rápida recuperación Económica en el área Asia Pacífico la posiciona mejor para la lucha que se desarrolla
  • EEUU en Recesión Económica desde Febrero de 2020 -con datos de los últimos dos cuatrimestres de 2019- o sea que el Covid-19 no tiene nada que ver con la recesión a lo que se sumó la desocupación 15% marzo 20202 y la retroceso de su PBI en un -6.1%
  • Trump sanciona a la Corte Penal Internacional por investigar Crímenes de Guerra, La campaña política en USA al rojo vivo, Biden denunciando intentos de Fraude China no le compra más alimentos a EEUU y EEUU envía tres portaaviones al mar Indo Pacífico
  • China su Líder declara que El Ejército Popular debe prepararse para enfrentar a EEUU y aliados, y refuerza la carrera para alcanzar el Plan 2025 de superioridad en todas las áreas a EEUU
  • Rusia expresa su Poder Duro con sus vecinos, que intentan instalar a la OTAN y Rusia no aceptará esa amenaza El poder de controlar la producción y traslado del Gas a Europa
  • Unión Europea sigue en su alejamiento de las viejas alianzas y ahora surge el tema abastecimientos de energía enfrentando las directivas de USA de impedir los gasoductos Rusos nuevos hacia Alemania y el Sur de la Europa Oriental. Merkel y el G7
  • Todo estos movimientos y luchas del poder mundial baja hacia América del Sur, y tiene sus reflejos en Brasil y Argentina…
  • Más en el Audio:… 

NR: El 7 de Noviembre de 2016, el Director Academico de Dossier Geopolitico, Dr Miguel A. Barrios, publicaba este articulo en varios medios masivos de comunicacion, dado su tremenda vigencia lo reiteramos, para que nuestros lectores observen que desde hace larga data venimos viendo la declinacion Norteamericana. Dossier Geopolitico.

Como ocurre cuando se producen elecciones en los EEUU, prácticamente se trata de una elección global por sus repercusiones e impactos a nivel geopolítico mundial. Casi por añadidura se generan un sinfín de debates sobre si el candidato del Partido Republicano o del Demócrata llevaran políticas mas beneficiosas o perjudiciales con respecto a Nuestra América.

Evitaremos entrar en estas discusiones que nos parecen interesantes, pero que nos pueden conducir a errores geopolíticos.

En verdad EE.UU. es un sistema de partido único que tiene matices en lo interno, pero a no confundir en lo que hace a América Latina y el Caribe: nadie pone ni pondrá en discusión que constituimos el patio trasero de la República Imperial, institucionalizado en la mal llamada Doctrina Monroe, aquella declaración unilateral del entonces presidente Monroe, el 2 de diciembre de 1823, en el Congreso norteamericano, para abortar el unionismo hispanoamericano de Simón Bolívar.

Por supuesto que no podemos desconocer que Donald Trump representa en forma tragicómica la necesidad de no perder el “sueño americano” de la América profunda ante el descenso social de los sectores medios y populares norteamericanos ante las corporaciones financieras del globalismo de Wall Street que representa Hillary Clinton. Pero esto no nos puede llevar a confundirnos con un cambio de política de EEUU en el sistema global.

Además, el presidente de los EEUU es un gerente de una red institucional compuesta por el Congreso, la Corte Suprema de Justicia, el Pentágono, la Reserva Federal y un sinfín de lobbys públicos y secretos, desde la Asociación Nacional del Rifle a las universidades, de la CIA a la DEA y el FBI. Es decir, quedar prisioneros de los discursos y no de los andamiajes de poder del imperio, nos lleva a agudos análisis, pero modificaciones de la Doctrina Monroe no habrá.

Y entonces, ¿qué está ocurriendo en los Estados Unidos de cara a las próximas elecciones mas allá de Hillary Clinton y Donald Trump?

Estados Unidos se encuentra en su más profunda decadencia Geocultural desde su nacimiento como Estado, en un momento de cambio de “orden” mundial, y partiendo de la premisa de que la cultura -entendida como el conjunto de elementos materiales y espirituales de un pueblo que hacen a su identidad- constituye la dimensión mas profunda de la soberanía de los pueblos.

Y para no analizar desde la actualidad misma, lo haremos desde la actualidad histórica como un diálogo retroalimentativo pasado-presente-futuro y futuro-pasado-presente.

El eminente geopolítico norteamericano Zbigniew Brzezinski afirma que los cuatro ámbitos decisivos del poder global lo constituyen: a) militar, b) económico, c) científico-tecnológico y d) cultural. La combinación de los cuatro ámbitos es lo que hace a un actor estatal convertir en superpotencia global (Brzezinski,Zbigniew. El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestrategicos, Editorial Paidós, BsAs., 1998).

Aunque el rostro visible de un imperio mundial se traduce a través del poder duro al decir de John Nye – estratega estadounidense -, identificando de esa manera al segmento económico y militar, sin embargo es el poder blando – el cultural – el que alimenta y sostiene al primero.

A lo largo de la historia, el Imperio de Roma, China, los Mongoles, España e Inglaterra, por citar algunos ejemplos, al ingresar en una fase irreversible de decadencia cultural fueron perdiendo la creatividad y el dinamismo económico militar.

Nada más alejado de la realidad mundial que desconocer que EE.UU. es una superpotencia militar global, por lo que embarcarse en afirmar la inminente decadencia de los EE.UU. es un simplismo peligroso.

Sin embargo, podemos hallar serias grietas dentro del ámbito cultural norteamericano conducente a una crisis que nos lleva, como lo venimos sosteniendo, a un “orden” multipolar en el siglo XXI. El primer síntoma de una crisis de los imperios se inicia en el segmento de la cultura precisamente. Y es lo que estamos observando en la actual campaña presindencial.

Daniel Bell ya advirtió en su momento que EE.UU. ha entrado en la “era del hedonismo” (Daniel Bell, Las contradicciones culturales del capitalismo, Alianza Editorial, Madrid, 1977, pág. 48). Tanto Samuel Huntington, en su ultima obra antes de fallecer denominada llamativamente ¿Quienes somos? (Huntington, Samuel, ¿Quienes somos? Los desafíos de la identidad nacional estadounidense, Editorial Paidós, Bs.As., 2004) como el citado Brzezinski, entre otros muchos, critican a fondo ese hedonismo que socava la tradición fundante calvinista cristiana y la base de moralidad social, e identifican su amenaza de declive social y hasta imperial.

Ambos encuentran sorprendentes analogías con la decadencia de otros sistemas imperiales, como el historiador de la Universidad de Yale -EEUU-, Paul Kennedy.

Los deslumbrantes logros tecnológicos, económicos y políticos se dan paradójicamente con problemas de decadencia moral, suicidio cultural y de desunión política entre cuyas manifestaciones Huntington señala el aumento de conductas antisociales (crímenes, drogadicción y violencia general), la decadencia familiar (récord de embarazos adolescentes), el descenso vertiginoso de la natalidad y el envejecimiento de la población, el resquebrajamiento de la ética del trabajo, la desocupación a consecuencia de la deslocalizacion de las fábricas, la concentración financiera de la riqueza, los niveles mas bajos de rendimiento escolar con depreciación del estudio y la actividad intelectual, y la erosión del puritanismo fundador de la “Gran Nación”.

Francis Fukuyama es aun mas radical en su libro La gran destrucción, donde destaca “los procesos de desintegración, comenzando por la crisis del matrimonio y la familia, bajo el influjo de un individualismo y utilitarismo muy exasperado” (citado en Guzmán Carriquiry, Enrique, Una apuesta por América Latina, Editorial Sudamericana. BsAs. 203).

El credo americano como adelgaza ideológica de democracia, individualismo, igualdad ante la ley, constitucionalismo y propiedad privada, inspirado por una especie de religión civil, ha entrado en una crisis de legitimación desde Vietnam. Se rompió el consenso nacional fundador del Destino Manifiesto, y aquí nos parece que reside el fondo irreversible de la crisis Geocultural de la República Imperial, y nunca mejor reflejada en estas elecciones, por un magnate inmobiliario como “representante” del sueño americano, y por la creadora del terrorismo del Daesh, es decir, del falso “Estado islámico” y representante de Wall Street, Hillary Clinton. Tanto el uno como el otro traducen esta crisis Geocultural , pero no  están por modificar la Doctrina Monroe.

Junto con los sentimientos patrióticos, tienden a manifestarse con más vigor la importancia de los derechos de los grupos definidos desde la etnia, sexo y “preferencia sexual”, la propia región, la corporación, etc.

Ahora resulta muy difícil definir un consenso nacional ante esa presión multicultural si no es por la re-emergencia coyuntural de una conmoción patriótica. En el fondo, la búsqueda de un enemigo, ya sea el comunismo, los “negros”, el terrorismo, Putin, Irán, Chávez o los chinos, es lo que termina dividiendo en dos bloques a la sociedad norteamericana: la Nación Americana o la Confederación Multicultural.

Esto se agudiza por el fuerte crecimiento de las masivas inmigraciones a los EE.UU.. La cuestión de fondo se complica porque ha dejado de ser un Estado continental industrial Atlántico y predominantemente europeo a ser pacifico, asiático y del sur continental, latinoamericano. Ello pone en el tapete un eje central, la naturaleza de la Nación Americana esta en discusión a todos los niveles como no lo estuvo desde la época de la Guerra civil en el siglo XIX.

Huntington plantea en forma muy angustiada la necesidad de fortalecer la identidad nacional. La presencia hispana en los EEUU suscita debates y temores. Huntington afirma “que el más grave e inmediato peligro para la identidad tradicional americana proviene de la inmediata e incesante inmigración de América Latina, sobre todo de México” (Huntington, Samuel, Obra citada, Pág, 129).

Plantea el estratega norteamericano la urgente necesidad de vigorizar en tiempos de globalización no solo por medio de la ideología política tradicional (los principios del “Credo Americano”), sino la revitalización de los elementos básicos de la cultura angloparlante (cristianismo, lengua inglesa, ética del trabajo, moralismo e imperio de la ley).

Este contexto de debilidad del principal segmento -el cultural- de los cuatro que forman parte de un poder global, está causando seria preocupación en los EE.UU. y no solo en los niveles geoestratégicos. Y en ese sentido estas elecciones son un punto de inflexión.

Se publicó hace unos años un Informe preparado por la Academia de Ciencias de ese país titulado “Superando la tormenta que se avecina” (diario La Nacion, Bs.As., Argentina, jueves 27 de octubre de 2005, pág. 59). Este documento expresa:”Este comité está sumamente preocupado por el debilitamiento observado en los componentes científicos y técnicos de nuestro liderazgo económico al punto que otras muchas naciones están aumentando su poderío. Estamos preocupados por el futuro de los EE.UU.”.

De las conclusiones se desprende la fuerte alarma por el desequilibrio en aumento entre las demandas tecnológicas y las ofertas educativas, y el documento hace recomendaciones concretas para una transformación del sistema educativo en todos sus niveles sin pérdida de tiempo, en una época histórica en la cual no hay desarrollo sin mejora en la calidad educativa. Agregamos que ya en 1981, el Comité de Ciencias de los EE.UU. en un mismo tipo de informe avisa al Presidente Reagan de esta crisis que va en aumento. El documento se tituló “América en peligro”.

Luego de este análisis y yendo de lleno a las elecciones de ested martes, los expertos creen que detrás de fenómenos como el Brexit o el ascenso de Trump hay un profundo malestar de sectores blancos que perdieron en los últimos años preeminencia social.

La mayoría blanca solía mezclar identidad racial con identidad nacional. Para muchos blancos, esa identidad era uno de los pilares fundamentales que sostenía sus vidas y ahora aparecen como “amenazados”.

“La cuestión fundamental es quiénes somos”, dice Erik Kaufmann, profesor de Ciencias Políticas del Birkbeck College de la Universidad de Londres: “¿Qué significa ser parte de esta Nación? ¿Sigue siendo nuestra Nación entendiendo “nuestra” como mayoría étnica?”, diario La Nación, Bs.As, Argentina, jueves 3 de noviembre de 2016, pág. 3).

Son preguntas que nos conllevan al centro de nuestro análisis, el multiculturalismo, los movimientos de los derechos civiles en EE.UU. y de una política de fronteras abiertas, ponen el acento en la identidad. Y este el el dilema de los EEUU en el siglo de las grandes civilizaciones como bloques.

Miguel Ángel Barrios es doctor en Educación y Doctor en Ciencia Política. Autor de más de quince obras de política latinoamericana. y Miembro de Dossier Geopolitico

La Asamblea Nacional Popular (ANP) de China se reunió, tras un retraso debido a la pandemia de coronavirus. La ANP es la versión china de un parlamento y es utilizada por los dirigentes del partido comunista para informar sobre el estado de la economía y describir sus planes para el futuro, tanto a nivel nacional como global.

El primer ministro Li Keqiang anunció que, por primera vez en décadas, no habrá un objetivo de crecimiento para el año. Por lo tanto, los dirigentes chinos han abandonado su tan anunciado objetivo de duplicar el PIB del país según el plan en vigor para este año. Es aceptar lo inevitable.

La pandemia y el cierre han llevado a la economía china a una severa contracción durante varios meses, de los que solo se está empezando a recuperar. La economía se contrajo un 6,8 por ciento en el primer trimestre y la mayoría de las previsiones anuales suponen menos de la mitad de la tasa de crecimiento del 6,1 por ciento del año pasado. Pero incluso esa cifra sería mucho mejor que la de todas las economías del G7 en 2020.

La producción industrial y la inversión ya se están recuperando, pero el consumo sigue deprimido.

Pero según Li la razón principal de no fijar un objetivo de crecimiento se debe a la incertidumbre sobre «la pandemia de Covid-19 y el entorno económico y comercial mundial». En otras palabras, incluso si la economía nacional comienza a recuperarse, el resto del mundo todavía está todavía en una recesión. Con la contratación del comercio mundial, hay pocas perspectivas para las exportaciones de manufacturas, de las que China ha dependido esencialmente para su expansión.

China va por delante de otras economías importantes en la salida de la pandemia. Pero incluso Li tuvo que admitir que se cometieron muchos errores en la gestión de la pandemia y que «todavía había margen para mejorar el trabajo del gobierno», incluido el retraso a la hora de alertar al público, lo que permitió que el virus se propagara. “Las formalidades sin sentido y el burocratismo siguen siendo un problema grave. Un pequeño número de funcionarios eluden sus deberes o son incapaces de cumplirlos. La corrupción sigue siendo un problema común en algunos campos”, admitió Li. Sin embargo, en comparación con la gestión de los gobiernos occidentales, a China le ha ido mucho mejor en la contención de los infectados y el número de muertes.

A corto plazo, Li señaló que el gobierno tiene la intención de impulsar la economía con cierto estímulo fiscal y flexibilización monetaria, como las economías del G7. China predice un déficit presupuestario para 2020 de al menos 3.6% del PIB, por encima del 2.8% del año pasado, y ha aumentado la financiación crediticia de los gobiernos locales en dos tercios. Y, por primera vez, el gobierno central emitirá bonos para ayudar al gasto de los gobiernos locales y a las empresas en dificultades. El desempleo oficial es de un 5,5%, pero probablemente se acerque al 15-20%, por lo que el gobierno tiene como objetivo crear más empleos y reducir la pobreza en las zonas rurales para frenar la huida de los migrantes rurales a las ciudades.

Lo que nos lleva a discutir el futuro a largo plazo de la economía china tras la pandemia en el contexto de la intensificación de la guerra comercial y tecnológica con los Estados Unidos y otras potencias imperialistas.

En mi opinión, hay tres formas de ver el desarrollo económico de China (esto es algo que he escrito en detalle en un artículo reciente para el Austrian Journal of Development Studies ). La visión económica dominante es que China debería convertirse en una economía de «mercado» plena como las del G7. Debería acabar con su dependencia de la mano de obra barata para vender productos manufacturados a Occidente. El aumento de los costos laborales mostraría que el modelo económico de dirección estatal de China no puede conseguir desarrollar tecnología moderna o satisfacer la demanda de bienes de consumo de su población. Esta ha sido la orientación de política económica del Banco Mundial y de otras Instituciones Financieras internacionales en el pasado y convenció a un sector de la élite china, especialmente la conectada a los multimillonarios privados de China. Pero hasta ahora, esta opción ha sido rechazada por la mayoría de la dirección actual.

La segunda visión es lo que podríamos llamar keynesiana. Reconoce el éxito de la economía china en los últimos 30 años al sacar a casi 900 millones de personas del nivel oficial de pobreza del Banco Mundial. De hecho, el Banco Mundial acaba de ajustar sus cifras a la baja de quienes están por debajo de su nivel de pobreza. La disminución parece impresionante, hasta que se observa que el 75% de quienes han salido de la pobreza a nivel mundial en las últimas tres décadas son chinos.

Esta visión keynesiana argumenta que el éxito de China se ha basado en una inversión masiva en la industria y la infraestructura que ha permitido que el país se convierta en la potencia manufacturera mundial. Pero ahora ese énfasis en la inversión industrial debe cambiarse porque el consumo de los hogares es débil y en una economía moderna lo que importa es el consumo. A menos que haya un cambio en el consumo, la economía china se desacelerará y el enorme nivel de deuda corporativa y familiar aumentará el riesgo de crisis financieras.

En realidad, el consumo personal en China ha aumentado mucho más rápido que la inversión fija en los últimos años, incluso si parte de niveles muy bajos. El consumo aumentó un 9% el año pasado, mucho más rápido que el PIB. Y el crecimiento del consumo sería aún más rápido si el gobierno tomara medidas para reducir el alto nivel de desigualdad de ingresos.

La idea de que China se dirige a una crisis debido al bajo consumo y a la inversión excesiva no es convincente. Es cierto que, según el Instituto de Finanzas Internacionales (IFF), la deuda total de China alcanzó el 317 por ciento del producto interno bruto (PIB) en el primer trimestre de 2020. Pero la mayor parte de la deuda interna es de unas entidades estatales con otras; de los gobiernos locales con los bancos estatales, de los bancos estatales con el gobierno central. Cuando todo eso se compensa, la deuda de los hogares (54% del PIB) y de las corporaciones privadas no es tan alta, mientras que la deuda del gobierno central es baja según los estándares mundiales. Además, la deuda externa en relación al PIB en dólares es muy baja (15%) y, de hecho, el resto del mundo le debe a China mucho más, el 6% de la deuda global. China es un gran acreedor mundial y tiene enormes reservas en dólares y euros, un 50% más que su deuda en dólares.

Es cierto que parte de la expansión de la inversión fija puede haberse desperdiciado. De hecho, el modelo de desarrollo keynesiano de China basado en el aumento de la inversión y la demanda de consumo privado es cada vez menos útil. Como dijo el presidente Xi Jinping, «las casas son construidas para ser habitadas, no para especular». Pero el gobierno permitió la especulación capitalista en la propiedad inmobiliaria, de modo que el 15% de todos los apartamentos actualmente son propiedad de inversionistas, a menudo ni siquiera están conectados al suministro eléctrico. Esta especulación inmobiliaria fue impulsada por el crédito financiado por los bancos estatales, pero también por «bancos en la sombra» no oficiales. Este tipo de especulación desperdicia recursos y no dirige la inversión a areas como la reducción de las emisiones de CO2 para cumplir con el objetivo declarado del gobierno de hacer de China una ‘economía limpia’. Con la población de China alcanzando su techo en esta década y la población en edad de trabajar disminuyendo un 20% para 2050, el objetivo de la inversión debe ser la creación de empleo, la automatización y el crecimiento de la productividad.

Eso me lleva al tercer modelo de desarrollo, el marxista. La clave para la prosperidad no son las fuerzas del mercado (corriente principal neoclásica) o la demanda de inversión y consumo (keynesiana) sino el aumento de la productividad del trabajo de una manera planificada y armoniosa (marxista).

En una economía capitalista, las empresas compiten entre sí para aumentar la rentabilidad mediante la introducción de nuevas tecnologías. Pero existe una contradicción inherente en la producción capitalista entre la caída de la rentabilidad del capital y la creciente productividad del trabajo. A medida que los capitalistas intentan aumentar la productividad de la mano de obra y reducir la mano de obra sustituyéndola por tecnología, para reducir los costes laborales y aumentar las ganancias y la participación en el mercado, la rentabilidad general de la inversión y la producción comienza a caer. Luego, en una serie de crisis, la inversión se derrumba y la productividad se estanca.

Esto será claramente un problema en China en una fase más madura de acumulación en el siglo XXI, si se acepta que China es solo otra economía capitalista como las potencias imperialistas o economías emergentes como Brasil o India. El argumento es que China puede ser diferente del ‘capitalismo liberal’ de Occidente y desarrollar, en cambio, un ‘capitalismo político’ autocrático, que es como Branco Milanovic describe a China en su libro, Solo Capitalismo , pero sigue siendo capitalismo.

Si se acepta esa visión, podemos evaluar la salud y el futuro de la economía de China midiendo la rentabilidad de su floreciente sector capitalista. En un nuevo documento (Catching Up China India Japan), los economistas marxistas brasileños, Adalmir Marquetti, Luiz Eduardo Ourique y Henrique Morrone comparan el desarrollo de China con el de India en relación con las economías del G7. Muestran que la alta tasa de acumulación de capital en China ha provocado una caída en la rentabilidad incluso mayor que en los EEUU, por lo que está en riesgo una mayor expansión. En otro documento, argumentan que ya se está gestando una crisis de sobreacumulación y que una fuerte inversión adicional no funcionaría, especialmente dado el aumento de las emisiones de efecto invernadero que crearía.

Al igual que Marquetti et al, he medido la rentabilidad del sector capitalista en China (a partir de la tasa interna de rendimiento de Penn World Tables 9.1 sobre las series de capital) y encuentro una caída similar. La gran expansión de la inversión y la tecnología, particularmente una vez que los mercados mundiales se abrieron a la industria china después de 2000 cuando se unió a la Organización Mundial del Comercio, condujo a tasas de crecimiento de dos dígitos hasta la Gran Recesión de 2008. Pero la mayor composición orgánica del capital impulsó que la rentabilidad cayese antes de la crisis mundial de pandemia y, finalmente, el crecimiento se desaceleró.

¿Significa que China se dirige hacia una gran crisis con características capitalistas clásicas en algún momento de esta década? Marquetti et al parecen sugerir que: “La mayor tasa de beneficio explica la fuerte mecanización en las primeras etapas del proceso. La rápida acumulación de capital disminuyó la productividad del capital y la tasa de ganancia. Por lo tanto, alcanzar los niveles occidentales depende de elevar las tasas de ahorro e inversión. Puede reducir aún más la productividad del capital y la tasa de ganancia, poniendo en riesgo el proceso, lo que parece ser el caso en China e India». Y citan a Minqi Li:  »si China siguiera esencialmente las mismas leyes económicas que en otros países capitalistas (como Estados Unidos y Japón), la disminución en la tasa de ganancias sería seguida por una desaceleración de la acumulación de capital, que culminaría en una gran crisis económica ».

Pero la pregunta para mí es si el sector capitalista en la economía de China es dominante. ¿Sigue China la misma ley de valor que otras economías capitalistas ? China parece ser más que una versión autocrática, antidemocrática, «política» del capitalismo en comparación con la versión «liberal democrática» de Occidente (como defiende Milanovic). Su economía no está dominada por el mercado, por decisiones de inversión basadas en la rentabilidad; o por empresas capitalistas y sus directivos; o por inversores extranjeros. Su economía todavía está dominada por el control estatal, la inversión pública, los bancos estatales y por funcionarios comunistas que controlan las grandes empresas y planifican la economía (a menudo de manera ineficiente, ya que no hay rendición de cuentas ante los trabajadores de China).

Les recuerdo a los lectores el estudio que hice hace unos años sobre el alcance de los activos estatales y la inversión en China en comparación con cualquier otro país. Demostró que China tiene un stock de activos del sector público por valor del 150% del PIB anual; solo Japón tiene una cantidad similar del 130%. Todas las demás economías capitalistas importantes tienen menos del 50% del PIB en activos públicos. Cada año, la inversión pública de China en relación con el PIB es de alrededor del 16% en comparación con el 3-4% en los Estados Unidos y el Reino Unido. Y aquí está la cifra clave. Hay casi tres veces más de activos productivos públicos que activos del sector capitalista privado en China. En los Estados Unidos y el Reino Unido, los activos públicos son menos del 50% de los activos privados. Incluso en la ‘economía mixta’ de India o Japón, la proporción de activos públicos y privados no supera el 75%. Esto muestra que en China la propiedad pública de los medios de producción es dominante, a diferencia de cualquier otra economía importante.

Y ahora el FMI ha publicado nuevos datos que confirman ese análisis. China tiene un stock de capital público cercano al 160% del PIB, mucho más que en cualquier otro lugar. Pero tenga en cuenta que este stock del sector público ha estado cayendo más rápido que incluso las economías occidentales neoliberales. El modo de producción capitalista puede no ser dominante en China, pero está creciendo rápidamente.

¿Hacia dónde irá China? En la década tras la pandemia, ¿evolucionará hacia una economía capitalista similar al resto del mundo? En otras palabras, ¿adoptará el modelo neoliberal dominante? Hasta ahora, a la luz del desastroso fracaso de las economías de mercado «democráticas liberales» en la gestión de la pandemia, con tasas de mortalidad 100 veces más altas que en China y una depresión como no se había visto desde la década de 1930, ese modelo de mercado no parece atractivo a la dictadura comunista o al pueblo chino. En cambio, Xi y Li parecen querer continuar y expandir el modelo de desarrollo existente: una economía controlada y dirigida por el estado que frena el sector capitalista y resiste la intervención imperialista.

De hecho, China busca expandir su capacidad tecnológica y su influencia a nivel mundial a través de la iniciativa de inversión de “La Ruta de la Seda” y sus enormes programas de préstamos a países de África y otros estados. Y será capaz de hacerlo porque su modelo económico no descansa en la caída de la rentabilidad de su importante sector capitalista. Según un informe del IIF, China es ya el mayor acreedor mundial de los países de bajos ingresos.

Por eso la estrategia post-pandemia del imperialismo hacia China está girando bruscamente. Y este es el gran problema geopolítico de la próxima década. El enfoque imperialista ha cambiado. Cuando Deng asumió la dirección del PCCh en 1978 y comenzó a abrir la economía al desarrollo capitalista y la inversión extranjera, la política del imperialismo era de «compromiso». Después de la visita de Nixon y el cambio de política de Deng, la esperanza era que China pudiera ser atraída al nexo imperialista y el capital extranjero se ocuparía del resto, como lo ha hecho en Brasil, India y otros ‘mercados emergentes’. Con la ‘globalización’ y la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio, se intensificó su relación con el Banco Mundial, que aconsejó la privatización de la industria estatal y la introducción de los precios de mercado, etc.

Pero el colapso financiero global y la Gran Recesión han cambiado todo eso. Con su modelo de control estatal, China sobrevivió y se expandió mientras el capitalismo occidental entró en crisis. China se esta convirtiendo rápidamente no solo en una economía manufacturera y exportadora de mano de obra barata, sino en una sociedad urbanizada de alta tecnología que ambiciona con extender su influencia política y económica, incluso más allá del oriente asiático. Es inaceptable para unas economías imperialistas cada vez más débiles. Los Estados Unidos y otras naciones del G7 han perdido terreno frente a China en el sector manufacturero, y su dependencia de los insumos chinos para su propia industria ha aumentado, mientras que la dependencia de China de los insumos del G7 ha disminuido.

Fuente : Acciones del sector manufacturero de la base de datos en línea del World Development Indicator. Cálculos de confianza de los autores, basados ​​en las tablas ICIO de la OCDE ( https://www.oecd.org/sti/ind/inter-country-input-output-tables.htm ).

Así que la estrategia ha cambiado: si China no coopera con el imperialismo y se somete, la política se transforma en una de «contención». El tristemente fallecido Jude Woodward escribió un excelente libro que describe esta estrategia de contención que comenzó incluso antes de que Trump lanzara su guerra de aranceles comerciales con China al asumir la presidencia de los EEUU en 2016. La política de Trump, al principio considerada imprudente por otros gobiernos, está siendo adoptada en todos los ámbitos, después del fracaso de los países imperialistas para proteger vidas durante la pandemia. La culpa de la crisis del coronavirus se achaca a China.

El objetivo es debilitar la economía de China y destruir su influencia y tal vez lograr el ‘cambio de régimen’. Bloquear el comercio con aranceles; bloquear el acceso de China a nuevas tecnologías y sus exportaciones; aplicar sanciones a las empresas chinas; y enfrentar a los deudores con China. Todo esto puede ser costoso para las economías imperialistas. Pero el coste puede valer la pena, si China puede ser derrotada y se asegura la hegemonía estadounidense.

China no es una sociedad socialista. Su gobierno comunista autocrático mono partidista es a menudo ineficiente e impuso medidas draconianas a su pueblo durante la pandemia. El régimen maoísta reprimió a los disidentes sin piedad y la Revolución Cultural fue una farsa trágica. El gobierno actual también reprime a las minorías, como el grotesco confinamiento de los musulmanes uigures en la provincia de Xinjiang, en «campos de reeducación». Y nadie puede hablar en contra del régimen sin consecuencias. La dirección del PCCh acabar de presentar en la ANP una nueva Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong, que puede cerrar su parlamento y reprimir militarmente las protestas. Y todavía quiere que Taiwán, refugio de los señores de la guerra ex nacionalistas que huyeron a Formosa y la ocuparon al final de la guerra civil en 1949, finalmente se incorpore al continente.

La dirección de China no es responsable ante sus trabajadores. No hay órganos de democracia obrera. Y está obsesionada con reforzar su poderío militar: la ANP fue informada que el presupuesto militar aumentaría un 6.6 por ciento en 2020 y China gasta un 2% del PIB en armamento. Pero es todavía mucho menos que los Estados Unidos. El presupuesto militar de los EEUU en 2019 fue de 732 mil millones de dólares, que representa el 38 por ciento del gasto de defensa global, en comparación con los 261 mil millones de dólares de China.

Pero recuerde, todos los llamados «comportamientos agresivos» y crímenes contra los derechos humanos de China han sido superados por los crímenes del imperialismo el siglo pasado: la ocupación y masacre de millones de chinos por el imperialismo japonés en 1937; las continuas y horribles guerras posteriores a 1945 del imperialismo contra el pueblo vietnamita, en América Latina y las guerras indirectas en África y Siria, así como la invasión más reciente de Irak y Afganistán y la terrible pesadilla en Yemen causada el repugnante régimen saudí que respalda Estados Unidos, etc. Y no olvide la horrible pobreza y desigualdad que sufren miles de millones de personas bajo el modo de producción imperialista.

La reunión de la ANP pone de manifiesto que China se encuentra en una encrucijada en su desarrollo. Su sector capitalista tiene problemas cada vez más profundos con la rentabilidad y la deuda. Pero su dirección actual se ha comprometido a continuar su modelo económico de dirección estatal y su control político autocrático. Y parece decidida a resistir la nueva política de «contención» de las «democracias liberales». La “guerra fría” comercial, tecnológica y política se “calentará” toda esta década, como el propio planeta.

Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2020/05/22/china-in-the-post-pandemic-2020s/

Traducción para Sin Permiso por G. Buster https://www.sinpermiso.info/textos/china-la-encrucijada-tras-la-pandemia