DERROTA A LA VISTA EN UCRANIA  

Así es cómo titula el director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, su columna del Club de La Pluma, alejándose por un momento del conflicto en Medio Oriente y de la tragedia argentina de Milei y reflotando la guerra de Ucrania, ocultada deliberadamente por el poder mediático ante la evidente derrota de la OTAN, quién la inició en el 2014 con el sangriento golpe de estado pro occidental del “Euro Maidán” y el derrocamiento del presidente legítimo Víktor Yanukóvich, que le siguieron diez años de criminales bombardeos a la región del Dombás, con más de 14.000 asesinatos de civiles de habla rusa por parte del nuevo ejecutivo de Kiev conformado por las brigadas fascistas del histórico nazi Stépan Bandera y con el apoyo total de EEUU y la UE, lo que derivó en el arribo al poder de Zelenzky y en la explosión de esta Guerra Proxy provocada por la estrategia de Washington de acoso, desestabilización y partición de Rusia, planificada desde 1991 cuando la desaparición de la URSS.

AUDIO:

A lo largo del audio se plasman datos concluyentes y escalofriantes del desastroso estado fallido que es hoy Ucrania, de su geografía reducida en un 33%, de su población diezmada en casi un 40 %, de las terribles cifras de desplazados, de los alistamientos forzosos que van de adolescentes hasta casi ancianos. De tener el mayor ejército de Europa a ser hoy apenas pasto de una innecesaria “picadora de carne”. Sin fuerza aérea, sin armada, sin defensas, sin armamentos ni municiones, con unas tropas con el altísimo promedio de edad de 43 años, con aproximadamente trescientos mil muertos y más de un millón y medio de heridos. Siendo un estado quebrado y sin recursos, asfixiado por una corrupción masiva y descontrolada, malviviendo de la ayuda menguante de Occidente, sin energía ni red eléctrica, con la industria inexistente y con sus redes de comunicación, vial o férrea destruidas. Sin salud ni educación pública y con los servicios sanitarios básicos en ruinas. Y ante un pueblo desesperado que se está enterado de que la victoria es imposible. Todo ello por sucumbir a las presiones de EEUU e Inglaterra y rechazar aquel plan de paz cerrado y casi firmado en Ankara, en marzo de 2022, que le hubiese permitido parar en seco la guerra, retener la mayoría del territorio hoy definitivamente perdido, de conservar el país en pié y de preservar las cientos de miles de vidas de sus mejores jóvenes.

También nos habla del bochornoso fracaso de la fanfarroneada “Contraofensiva del 2023” que apenas logró avanzar 11 kilómetros. De la actual cadena imparable de derrotas en el frente. De las maniobras de Zelensky para mantenerse en el poder suspendiendo las elecciones generales. Y de su intención en utilizar el terrorismo como último recurso para mantenerse en el poder y atrasar así una derrota que lo llevaría a huir o a responder ante la justicia. Mientras que “informes amigos y enemigos” coinciden que en el mes de mayo, el mando ruso podría lanzar una ofensiva total en puntos claves del frente -en este caso efectiva y realista- que sería el preludio del final de esta trágica aventura de la OTAN, de EEUU, de la UE y de los extremistas de Zelensky. Quienes algún día, deberían responder ante la historia por esta barbaridad.

Eduardo Bonugli (Madrid, 21/04/24)

Análisis de la situación estratégica en Asia Sudoccidental entre Irán e Israel por: Geoestrategia.es; CNN; Xavier Villar; Larry Johnson y Pepe Escobar

El ejército israelí utilizó un misil secreto lanzado desde el aire con dos etapas y un alcance bastante largo en su ataque contra una base aérea cerca de la ciudad iraní de Isfahán a principios del 19 de abril, como sugieren las fotografías que muestran los restos de los misiles utilizados en el ataque.

El ataque se produjo en respuesta a los ataques iraníes con misiles y aviones no tripulados del 13 y 14 de abril contra Israel, que fueron una represalia a un ataque israelí a la embajada iraní en la capital siria, Damasco, a principios de mes que se cobró la vida de varios Altos miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

Los medios iraníes informaron sobre la interceptación de drones sobre la base aérea de Isfahan durante el ataque israelí y no informaron sobre pérdidas. Israel no reconoció el ataque, ni Irán lo culpó oficialmente por ello. Sin embargo, funcionarios de los dos países, así como de Estados Unidos, confirmaron a varios medios de comunicación que el ejército israelí era el responsable.

Si bien los medios iraníes informaron que el ataque se llevó a cabo utilizando drones, se encontraron restos de misiles utilizados en el ataque en el centro de Irak, cerca de las ciudades de Latifiya y Aziziyah.

Los medios iraquíes informaron que los restos pertenecían a misiles israelíes fallidos. Sin embargo, fotografías publicadas en las redes sociales indican que los restos encontrados allí eran sólo el propulsor principal, o primera etapa, de un misil balístico de dos etapas.

La primera etapa también tenía orejetas que normalmente se usan para cargar en aviones de combate, lo que significa que el misil en cuestión se lanza desde el aire.

La primera etapa del misil parece ser similar en general a la familia Sparrow de misiles objetivo lanzados desde el aire de Israel, que fueron desarrollados inicialmente para imitar misiles balísticos y probar sistemas antimisiles.

En 2013, Rafael, que fabrica los objetivos Sparrow, probó la última versión, denominada Silver Sparrow. Esta versión de dos etapas fue diseñada para simular misiles balísticos iraníes de clase Shahab-3 con un alcance de 1.500 a 2.000 kilómetros y, en particular, puede transportar una ojiva activa altamente explosiva.

Y en 2019, Rafael presentó un misil balístico lanzado desde el aire denominado Rocks, que aparentemente se basó en el Black Sparrow, la primera versión de la familia de misiles objetivo. En ese momento, la compañía de defensa israelí no reveló el alcance de los Rocks. Sin embargo, dijo que el misil tiene «un alcance de separación muy significativo» y «una trayectoria de alta velocidad hacia el objetivo».

Rafael también produce la versión Blue Sparrow, que tiene un tamaño intermedio entre el Silver Sparrow y el Black Sparrow.

El misil Rocks se compone de una sola etapa. Esto significa que los misiles utilizados en el ataque a Irán se basaron en el Silver Sparrow o, más probablemente, en una versión secreta y modificada del Blue Sparrow, cuyo tamaño es más comparable a los restos encontrados en Irak. Estos dos tipos suelen desplegarse desde aviones de combate F-15.

La base aérea de Isfahán está situada a más de 1.000 kilómetros de Israel. Sin embargo, es poco probable que los aviones de combate israelíes F-15 se hayan lanzado desde el espacio aéreo del país.

Una serie de ataques israelíes dirigidos a sitios de radar y defensa aérea en el sur de Siria casi al mismo tiempo que el ataque a Irán y el hecho de que la primera etapa de los misiles se encontrara en el centro de Irak indican que los aviones de combate israelíes F-15 lanzaron sus misiles desde alguna zona a lo largo de la frontera entre Siria, Jordania e Irak. Así, el alcance del misil secreto israelí podría rondar los 800 kilómetros.

El ataque a Isfahán, hogar de varias instalaciones nucleares clave, aparentemente no tenía como objetivo causar daños a la base aérea, sino más bien enviar un mensaje a Irán de que el ejército israelí puede atacar profundamente en su territorio.

Sin embargo, al hacerlo, Israel expuso una de sus capacidades ultrasecretas y proporcionó a Irán un ejemplo de las tácticas que utilizará durante un conflicto total.

CNN: Fallido ataque israelí no causó daños a base militar iraní

Imágenes satelitales obtenidas por CNN confirman que el ataque israelí con cuadricópteros a una base militar en el centro de Irán no causó daños importantes.

El incidente ocurrió a primeras horas del viernes cuando sistemas de defensa aérea activaron en una base militar en las afueras de la ciudad central iraní de Isfahán y derribaron varios “objetos sospechosos”, según medios iraníes. Posteriormente, las autoridades persas identificaron los objetos desconocidos como tres cuadricópteros israelíes.

A pesar de los intentos de los medios afines a Israel para magnificar el incidente, las autoridades iraníes aseguraron que el ataque no causó ningún daño material y humano. El canal estadounidense CNN, por su parte, confirmó el viernes la versión iraní, citando a imágenes de satélite exclusivas obtenidas de Umbra Space.

Se trata de las imágenes de satélite del Radar de Apertura Sintética (SAR, por sus siglas en inglés), tomadas alrededor de las 10:18 a.m. hora local. En las imágenes no hay indicios de grandes cráteres en el suelo, ni se ven edificios aparentemente destruidos, según el informe.

CNN detalla que se necesitan imágenes visuales satelitales adicionales para verificar si hay cicatrices de quemaduras, que no pueden verse con imágenes SAR, alrededor de la base militar, ubicada a 30 kilómetros de la ciudad de Isfahán.

Las imágenes tomadas por el sistema de radar SAR son creadas por un satélite que transmite haces de radar capaces de atravesar nubes. Esos rayos de radar rebotan en los objetos en el suelo y regresan al satélite.

El canal CNN ha informado citando a la agencia iraní de noticias Fars que uno de los aparentes objetivos del ataque fue un sistema de radar del Ejército en la base militar de Isfahán, y agregado que el único daño del ataque fueron ventanas rotas en varios edificios de oficinas.

El canciller iraní, Hosein Amir Abdolahian, aseguró el viernes en una reunión con embajadores de los Estados miembros de la Organización de Cooperación Islámica (OCI) en Nueva York (Estados Unidos) que el ataque no causó daños ni víctimas. Dijo además que los medios israelíes intentan “obtener una victoria a partir de sus repetidas derrotas, magnificando” el incidente.

Análisis: La respuesta sionista a Irán: un fracaso estratégico y político

Por Xavier Villar*

Los sistemas de defensa aérea de Irán fueron desplegados en varias partes del país la madrugada del viernes después de informes de explosiones cerca del aeropuerto en la provincia de Isfahán, según los medios estatales.

De acuerdo con dichos medios, las defensas aéreas derribaron tres pequeños drones que sobrevolaban la ciudad de Isfahan, en el centro del país.

Un alto responsable del Ejército iraní en la provincia de Isfahan negó las informaciones publicadas por medios estadounidenses e israelíes en los que se hablaba de que Israel habría lanzado varios misiles contra territorio iraní, lo que formaría parte de la estrategia sionista de intentar magnificar los acontecimientos.

Los vuelos comerciales fueron suspendidos en varias regiones, incluyendo Teherán e Isfahán. Sin embargo, alrededor de cuatro horas después se reanudaron, y no hubo informes de víctimas.

Desde el punto de vista mediático, es importante destacar que en Irán se ha minimizado el incidente de los drones y, en muchos casos, se ha considerado como un fracaso significativo. Esta actitud de los medios iraníes demuestra nuevamente, por un lado, la racionalidad como actor político de la República Islámica y, por otro lado, su firme voluntad de evitar un caos regional que podría desencadenar un conflicto más amplio.

Según los informes preliminares de fuentes iraníes, se anticipaba alguna forma de acción por parte de Israel después de varios ataques previos contra instalaciones de radar en Siria. La acción sionista, como se mencionó anteriormente, involucró el uso de drones cuadricópteros, que podrían haber sido lanzados desde Irak o desde el interior de Irán (posiblemente por miembros de la organización terrorista Mojahedin-e-Khalq, conocida por sus vínculos con la Entidad Sionista), y el presunto lanzamiento de misiles de largo alcance que o bien no alcanzaron sus objetivos o fueron interceptados.

Varios medios estadounidenses, como CNN o ABC, citando a altos cargos del gobierno estadounidense, han informado que Estados Unidos fue avisado con antelación de la operación, pero no la habría autorizado directamente. Desde la República Islámica se considera que la actitud de Estados Unidos es pura hipocresía, ya que ha sido precisamente el veto estadounidense en el Consejo de Seguridad de la ONU a la propuesta iraní de condena del ataque israelí contra su consulado en Damasco lo que obligó a Irán a responder mediante la Operación «Promesa Verdadera». Es decir, para Irán, la actitud de los Estados Unidos, dejándose arrastrar por la estrategia de caos regional israelí, también es responsable de la actual escalada de tensión en la zona. La combinación, por un lado, de la actitud beligerante y caótica de Israel y, por otro lado, la complacencia estadounidense, no dejó más opción a Irán que una respuesta al ataque a su consulado en Siria.

Una respuesta que, en términos estratégicos, sirvió para restaurar la capacidad de disuasión gracias a la combinación de misiles y drones de fabricación propia iraní.

En este sentido, hay que recordar que el programa de misiles de la República Islámica comenzó a desarrollarse en medio de la llamada “guerra impuesta” (nombre que recibe en Irán la guerra contra Irak en los años 80 del siglo XX). En ese momento, la única arma que tenía Irán para responder a los ataques de misiles iraquíes era un pequeño número de misiles Scud-B1 obtenidos de Libia.

En los años posteriores a la revolución, la política de Irán en materia de cooperación militar con otros países se centró en la transferencia de tecnología para lograr la autonomía en sus capacidades. A pesar de los esfuerzos de Estados Unidos y otros aliados por impedir que Irán accediera a tecnología y componentes necesarios, mediante medidas como los regímenes de control de tecnología de misiles, el programa de misiles iraní avanzó ininterrumpidamente desde la década de 1990.

Se han destinado recursos considerables y se ha invertido una gran cantidad de energía en adquirir tecnología de misiles, mejorarla y actualizarla. En un principio, los expertos y especialistas iraníes modificaron las características de los misiles adquiridos, ensamblando componentes y adaptándolos a las necesidades militares del país. Con el tiempo, esta capacidad ha evolucionado hacia un aspecto completamente autóctono del programa de misiles de Irán.

Uno de los símbolos más significativos del avance tecnológico de los misiles de Irán se puede observar en las áreas de precisión y alcance de sus misiles. A medida que aumenta el alcance de un misil, regular y mantener la precisión de sus trayectorias se vuelve más desafiante y requiere tecnologías más avanzadas. Por lo tanto, además de aumentar el alcance, mejorar la precisión del objetivo del misil es otro factor importante en su capacidad. Esto garantiza que los puntos objetivo sean impactados con precisión, mejorando así las capacidades tácticas de los misiles.

La mejora y desarrollo continuo del sistema de misiles de Irán reflejan dos objetivos principales en su política de defensa. Por un lado, el progreso en misiles de Irán fortalece sus capacidades militares y de defensa en las relaciones regionales e internacionales. Por otro lado, amplía su poder disuasorio más allá de sus fronteras, como se vio en la Operación «Promesa Verdadera».

Por tanto, al mejorar el alcance y la precisión de sus misiles, Irán fortalece sus capacidades disuasorias contra amenazas distantes, garantizando así su seguridad nacional y autonomía política. Como resultado, la estrategia defensiva y de seguridad de Irán trasciende las fronteras geográficas, expandiéndose constantemente con los avances en tecnología de misiles.

Por su parte, el “ataque” con microdrones por parte de Israel, ya fuesen lanzados desde dentro de Irán o desde países vecinos, representa una respuesta tremendamente decepcionante desde una perspectiva estratégica y política. Este tipo de ataque, que ya se ha utilizado anteriormente con poco éxito, demuestra lo siguiente: la respuesta iraní, dentro del marco de la Operación Promesa Verdadera, logró alcanzar una «disuasión inmediata» a corto plazo. Al mismo tiempo, esto implica que las capacidades de disuasión de Israel frente a sus «enemigos» se han debilitado considerablemente. En resumen, Israel ha fracasado en su capacidad de disuasión, como lo demuestran las acciones de Irán, HAMAS y Hezbolá.

También se puede interpretar la respuesta israelí, al menos por el momento, como una confirmación de que es imposible volver al estado previo regional en el que aún existía el mito de la capacidad de disuasión intacta de Israel. En el panorama actual, es difícil seguir percibiendo a la Entidad Sionista en los mismos términos estratégicos que antes. La necesidad de ayuda colectiva para defenderse de la respuesta iraní, que en términos militares involucró el uso de materiales más antiguos y menos tecnológicamente avanzados, hace que ya no tenga sentido considerar a Israel como un poder autónomo e independiente.

*Ph.D. en Estudios Islámicos e investigador que reparte su tiempo entre España e Irán.

EL ATAQUE A IRÁN: ¿QUÉ SABÍA ESTADOS UNIDOS Y CUÁNDO LO SUPO?

Por Larry Johnson

Como escribí en un artículo anterior sobre el período previo al bombardeo de aviones no tripulados y misiles de Irán en Israel el 14 de abril, los iraníes claramente advirtieron con anticipación sobre sus planes a los estados vecinos en el Golfo Pérsico, así como a Turquía. Los funcionarios estadounidenses lo negaron vehementemente y luego insistieron en que Israel obtuvo una victoria abrumadora. Disfruten el olor a mierda política. Se está acumulando cada vez más y más profundamente.

Lo que me lleva al último artículo de Sy Hersh. Seguro que es un rascador de cabeza. Sy escribe :

He pasado gran parte de mi carrera informando sobre las fechorías y cosas peores del ejército estadounidense, especialmente durante la guerra de Vietnam, pero ahora es el momento de aplaudir la brillantez del personal de planificación del Pentágono y de los oficiales operativos que hicieron lo que Estados Unidos aseguró al liderazgo religioso y militar de Irán podría hacer: permitir que Irán responda a otro asesinato israelí lanzando más de trescientos drones y misiles hacia objetivos israelíes y que la mayor cantidad posible se dispararían desde el cielo antes de tocar tierra allí. Fue una apuesta enorme y valió la pena.

No sé qué le ha pasado a mi amigo. Lo están utilizando para hacer propaganda. La idea de que Irán arrojó “más de trescientos drones y misiles contra objetivos israelíes” sólo para derribarlos porque el Departamento de Defensa de Lloyd Austin orquestó ese resultado a través de un canal secundario con un general ruso y la Casa Blanca de Biden no sabía nada al respecto es ridícula. Lo siento. Tengo que subir la bandera “roja”. No sobre Sy, sino sobre sus fuentes. El error de Sy en este artículo, a mi juicio, es que aceptó al pie de la letra lo que le dijo su fuente de alto rango.

No se me permite nombrar a los altos oficiales y asesores militares estadounidenses que provocaron el inusual ataque con misiles falsos. Pero es importante decir que el presidente Joe Biden, cuyo equipo de política exterior no participó en el proceso, aceptó un plan de alto riesgo e instó públicamente al primer ministro Benjamín Netanyahu, cuya carrera política y libertad personal dependen de que continúe la guerra en Gaza, y al resto de los dirigentes israelíes que no respondan a Irán.

La pieza clave de información que falta en la historia de Sy es cómo un general ruso persuadió a Irán para que “permitiera” que sus misiles fueran derribados. ¿Qué gana Irán con eso? ¿Alimentar la propaganda occidental de que los misiles de Irán son una mierda y que el sistema de defensa aérea de Israel es insuperable? Sí, puedo ver a los mulás aceptando eso.

Irán no lanzó un “falso ataque con misiles”. Irán lanzó un ataque coordinado con drones, misiles de crucero y misiles balísticos. La versión que se le está dando a Sy es, en mi opinión, una tapadera para ocultar lo que hizo el director de la CIA, Bill Burns. Según Pepe Escobar, quien supongo tiene algunas fuentes bien conectadas en las naciones del Golfo Pérsico, Burns se reunió en Omán con una delegación iraní en los días previos al 14 de abril y recibió garantías de que Irán no iba a causar bajas masivas en Israel. En cambio, Irán utilizó la primera oleada de drones como meros peones en un elaborado juego de ajedrez militar. Los iraníes esperaban plenamente que esos drones fueran derribados. Esa primera ola de ataques proporcionó a Irán cierta información de inteligencia crítica sobre la disposición y capacidad del sistema de la Cúpula de Hierro de Israel.

La siguiente ola (misiles de crucero) llegó minutos después de los drones y proporcionó información adicional sobre el sistema de defensa aérea de Israel para los analistas iraníes. Fue la tercera etapa del ataque: los misiles balísticos, que alcanzaron tres instalaciones militares israelíes diferentes. Si bien Israel insiste en que no se produjeron daños significativos, no ha permitido que ningún periodista israelí vaya a esas instalaciones y muestre videos en vivo de que «no hay daños». Israel no tenía respuesta para esos misiles. Ése era el mensaje que estaba enviando Irán. Irán puede atacar a Israel con misiles balísticos, después de abrumar su sistema de defensa aérea, y no hay nada que Israel pueda hacer para detener a Irán.

Parece que las autoridades rusas y chinas están en contacto regular con Irán para intentar contener la crisis. Al menos entienden cómo esta situación podría salirse de control y enfrentar al mundo con una crisis agravada aún más por las armas nucleares.

Sobre el ataque de Irán:

En Stanford, asistí a una clase magistral sobre estrategia militar dirigida por una persona con décadas de experiencia, incluido el servicio en los más altos niveles del ejército y el gobierno.

Una de sus lecciones que siempre recuerdo fue la siguiente:

Nos preguntó:

«Supongamos que Estados Unidos decide atacar Irak con un nuevo avión furtivo que no había utilizado antes y que evade todos los radares. El ataque fue un éxito. ¿Fue estratégico?».

Muchos en la clase levantaron la mano para decir «sí, logró su objetivo«. Pero el profesor dijo: «Puede que no».

¿Por qué?

«Porque ahora tus adversarios conocen tus capacidades y es cuestión de tiempo que encuentren formas de eludirlas. Si este ataque se pudiera hacer con armas convencionales, es mejor guardar tus mejores armas hasta que las necesites. Usarlas crea una desventaja«.

Mi análisis es que la escala del ataque iraní, la diversidad de lugares a los que apuntó y las armas que utilizó, obligaron a Israel a descubrir la mayoría de las tecnologías antimisiles que EE.UU. y él tienen en toda la región.

Los iraníes no utilizaron armas que Israel no supiera que tenía, simplemente utilizaron muchas de ellas. Pero es probable que los iraníes tengan ahora casi un mapa completo de cómo es el sistema de defensa antimisiles de Israel, así como de los lugares de Jordania y el Golfo donde Estados Unidos tiene instalaciones. También sabe cuánto se tarda en prepararlas, cómo responde la sociedad israelí… etc.

Esto supone un enorme coste estratégico para Israel, mientras que los regímenes árabes están siendo criticados por sus pueblos, en particular la monarquía jordana, por no hacer nada para proteger a los gazatíes y, en cambio, hacer todo lo posible para proteger a Israel.

Y lo que es más importante, Irán puede ahora aplicar ingeniería inversa a toda la información obtenida de este ataque para hacer creíble otro mucho más mortífero. Mientras que Estados Unidos e Israel tendrán que rediseñar su modelo actual, que ha quedado en entredicho. Por tanto, su éxito a la hora de detener este ataque coreografiado sigue siendo muy costoso.

Además, con la amenaza de una guerra regional que ni EE.UU. ni los regímenes árabes quieren sentir más cerca, es probable que su presión sobre Israel para que retroceda aumente, haciendo más factible un alto el fuego.

Cualquiera que asuma que esto es sólo teatro está pasando por alto el contexto de cómo los militares evalúan la estrategia frente a la táctica. El teatro es un factor importante, pero reunir información sobre la postura del «enemigo» es más valioso, especialmente si se cree que se está en una larga guerra de desgaste.

Netanyahu y el gobierno de Israel prefieren una guerra rápida, caliente y urgente en la que puedan arrastrar a Estados Unidos. Los iraníes prefieren una guerra de desgaste más larga que desangre a Israel de su capacidad de disuasión y lo convierta en un aliado para los árabes y Estados Unidos demasiado costoso de tener.

Análisis: La ‘nueva ecuación’ de Irán va mucho más allá de Oriente Medio

Por Pepe Escobar

Un Lugar Santísimo quedó destrozado en Tierra Santa cuando Irán organizó una respuesta muy mesurada y fuertemente coreografiada al ataque terrorista israelí a la residencia de su consulado/embajador en Damasco, una evisceración de facto de la Convención de Viena sobre inmunidad diplomática.

Este cambio de juego tendrá un impacto directo en la forma en que el sistema angloamericano gestiona su conflagración simultánea con Rusia, China e Irán, tres de los principales miembros de los BRICS.

El principal problema es que las escaladas ya están arraigadas y será difícil detenerlas. La Guerra de Anulación Total contra Rusia, el genocidio en Gaza –cuya política explícita ha sido magistralmente decodificada por el profesor Michael Hudson– y el desacoplamiento/preparación del terreno contra China simplemente no desaparecerán –porque todos los puentes de comunicación con la mayoría mundial– siguen siendo incendiados.

Sin embargo, el mensaje iraní efectivamente establece una “Nueva Ecuación”, como la ha llamado Teherán, y presagia muchas otras sorpresas por venir en Medio Oriente.

Irán quería –y envió– un mensaje claro. Nueva ecuación: si la entidad psicópata bíblica continúa atacando los intereses iraníes, ahora será contraatacada desde dentro de Israel. Todo esto en unos pocos “segundos”, habiendo ya el Consejo de Seguridad de Teherán validado todos los procedimientos.

Sin embargo, la escalada parece inevitable. Ex Primer Ministro israelí Ehud Barak: “ Netanyahu está siendo influenciado por sus socios políticos [fundamentalistas] para avanzar hacia una escalada que le permita aferrarse al poder y acelerar la llegada del Mesías ”.

Compárese con el presidente iraní Raïssi: “El más mínimo acto contra los intereses de Teherán será objeto de una respuesta masiva, amplia y dolorosa contra todas sus operaciones ”.

Adiós a tu Laberinto de Defensa “Invencible”

Para Teherán, regular la intensidad del enfrentamiento en Medio Oriente entre Israel y el Eje de la Resistencia y al mismo tiempo establecer una disuasión estratégica para reemplazar la «paciencia estratégica» consistió en lanzar una triple ola: un enjambre de drones que abrió el camino a los misiles de crucero y a los misiles balísticos.

El desempeño de los tan cacareados Iron Dome, Arrow-3 y David’s Sling, ayudados por aviones de combate F-35 y fuerzas navales de Estados Unidos y el Reino Unido, no ha sido realmente brillante. No hay ningún vídeo que muestre el sistema de “capa superior” Arrow-3 derribando algo en el espacio.

Al menos nueve misiles balísticos penetraron la densa red de defensa israelí y alcanzaron las bases de Nevatim y Ramon. Israel no dice absolutamente nada sobre el destino de sus instalaciones de inteligencia en los Altos del Golán, alcanzadas por misiles de crucero.

En medio de la clásica niebla de guerra, poco importa si Teherán lanzó cientos o docenas de drones y misiles. Independientemente del revuelo de OTANistán, lo que se ha demostrado más allá de toda duda es que el laberinto de defensa israelí supuestamente “invencible” –que abarca desde sistemas AD/ABM de fabricación estadounidense hasta imitaciones israelíes– es impotente en una guerra real contra un país tecnológicamente avanzado.

Lo que se logró en una sola operación llamó la atención de bastantes profesionales. Irán ha obligado a Israel a agotar furiosamente su arsenal de interceptores y a gastar al menos 1.350 millones de dólares, mientras ve completamente destruida su estrategia de disuasión y dominación mediante la escalada.

El shock psicológico fue aún más violento.

¿Qué habría pasado si Irán hubiera lanzado una serie de ataques sin previo aviso durante varios días? ¿Qué pasaría si Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y (la traicionera) Jordania no estuvieran preparados para una defensa coordinada? (El hecho –sorprendente– de que todos estuvieran distribuyendo directamente su poder de fuego en nombre de Tel Aviv no ha sido objeto de ningún análisis). ¿Qué pasaría si Irán hubiera atacado objetivos industriales y de infraestructura serios?

Establecer una ecuación sin perturbar un pivote

Como era de esperar, el repentino colapso del mito de la fortaleza de Israel –que sustenta el mito más amplio del sionismo que ofrece seguridad inexpugnable a quienes viven en Israel– no fue tema de ningún debate en toda la OTAN. Se acabó. Esta pirueta narrativa ha terminado.

A Irán, por su parte, no podrían importarle menos las interpretaciones de la OTAN. El paso a la Nueva Ecuación fue, de hecho, lo suficientemente generoso como para proporcionar a Tel Aviv una ruta de escape para la reducción de la tensión, que no se utilizará, poniendo en peligro a Israel.

Para Tel Aviv, todo lo que ha sucedido hasta ahora apunta a una derrota estratégica en todo el espectro: en Gaza, en el Líbano, con una economía en colapso, una pérdida total de legitimidad en el mundo y ahora con la dolorosa pérdida de la disuasión.

Todos los ojos están ahora puestos en lo que sucederá a continuación: ¿será finalmente posible saber si la hegemonía prevalece o si Israel está liderando el camino?

Es fundamental considerar la asociación estratégica Rusia-China. Los académicos chinos coinciden en que la potencia hegemónica prefiere no comprometer demasiados recursos en Medio Oriente, ya que esto afectaría el ya colapsado Proyecto Ucrania y la planificación estratégica para contrarrestar a China en la región de Asia Pacífico.

En cuanto a Rusia, el presidente Raisi llamó personalmente al presidente Putin y discutieron todos los detalles relevantes por teléfono. Fresco, tranquilo y sereno.

Además, a finales de esta semana, el Viceministro iraní de Asuntos Exteriores, Ali Bagheri Kani, quien dijo que Irán respondería » en cuestión de segundos » a cualquier nuevo ataque israelí, viajará a Moscú para asistir a la Conferencia sobre no proliferación y también se reunirá con los más altos funcionarios de la Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia.

Es bastante notable que Irán haya logrado establecer la Nueva Ecuación sin alterar su propio giro hacia Eurasia –después del colapso del acuerdo nuclear de 2015– y al mismo tiempo proteger el complejo marco involucrado en la defensa de Palestina.

Las opciones de la Hegemonía son nefastas. Van desde una posible expulsión de Oriente Medio y el Golfo Pérsico hasta un conflicto existencial imposible de ganar contra tres estados-civilizaciones: Rusia, China e Irán.

Lo que queda como primer escenario posible es una retirada cuidadosamente calculada hacia un patio trasero fácilmente controlable: América Latina, particularmente América del Sur, mediante la manipulación del nuevo instrumento dócil y privado de soberanía, Argentina.

Y por supuesto, mantener el control sobre una Europa desindustrializada y privada de soberanía.

Esto no cambia el hecho de que la proyección del declive del poder estadounidense, a escala global, es la dirección en la que sopla el viento. La psicodemencia de los neoconservadores straussianos es insoportable. La cuestión es si se les puede eliminar gradualmente de la estructura de poder estadounidense antes de que intenten hundir a la Mayoría Mundial en las profundidades irracionales de su condena.

Y no olvides la nueva ecuación de los BRICS.

Por otro lado, en el frente de la Mayoría Mundial, más de 40 países quieren unirse al BRICS, y esto aún no ha terminado, según el jefe del comité de asuntos internacionales del Consejo Ruso, Grigory Karasin.

Después de una reunión de los presidentes de los comités de asuntos internacionales de los parlamentos de los BRICS la semana pasada en Moscú, Karasin señaló que muchos países miembros de los BRICS entienden que no deben apresurarse a crear una carta rígida, » viendo lo contraproducente e incluso provocadora que está actuando la Unión Europea» . La consigna es flexibilidad.

Alastair Crooke tocó un tema clave que recorre mi nuevo libro, Eurasia v. OTAN: “Todo lo que era bueno y verdadero en la civilización occidental se conserva y prospera en Rusia. Ésta es la intuición tácita que tanto enfurece a las elites occidentales. Y esa es también la razón por la que, en parte, los estados BRICS están tan obviamente mirando a Rusia en busca de liderazgo”.

La nueva ecuación establecida por Irán, miembro soberano de los BRICS, hará maravillas para solidificar este estado de cooperación –multilateral y multicultural– mientras el Imperio y su “portaaviones” en Medio Oriente, excepto en el departamento de operaciones encubiertas, son cada vez más reducido al papel de tigre de papel.

FUENTE: https://geoestrategia.es/noticia/42673/ultimas-noticias/israel-utilizo-misiles-secretos-en-el-ataque-a-la-base-aerea-irani-de-isfahan-y-a-pesar-de-ello-hizo-el-ridiculo.-analisis.html

La crisis de legitimación es un hecho en Occidente. La guerra puede ser la respuesta. Pero, ¿qué guerra?

Por Rafael Poch para Ctxt

Los presidentes Biden y Macron y el canciller federal alemán Scholz tienen en común ser los dirigentes más impopulares en sus países desde que hay registro. En ninguna de las veinte mayores democracias occidentales los jefes de gobierno alcanzan el 50% en índice de aprobación, observa Jens Berger al comentar esta imagen en el portal alemán NachDenkSeiten. Scholz y Macron, 22% y 23% de apoyo, respectivamente, y el primer ministro británico Rishi Sunak (26%) están en los puestos de cola. Con su 39% de apoyo, Biden supera en suspenso a Gerald Ford y Richard Nixon. Fuera del mundo occidental, las cosas no van tan mal. Narendra Modi en India, AMLO en México y hasta el perturbado reaccionario Javier Milei en Argentina, superan el 60% de aprobación (Modi, el 78%). De China no hay datos, pero la impresión es que Xi Jinping es bastante más popular que sus predecesores desde Deng Xiaoping, y en Rusia hasta el servicio de encuestas más hostil al Kremlin, el Centro Levada, otorga a Putin apoyos de alrededor del 80%. 

Esta es la situación en un mundo marcado por la crisis del declive occidental, es decir la crisis que resulta de la incapacidad de adaptarse a una correlación de fuerzas en la que tu mando ya no es incontestable.

Incapacidad que abre paso al intento de resolver esa tendencia histórica mediante recursos de fuerza, sea por vías de tensión y conflicto militar, o de sanciones y agresivas campañas de propaganda.

La política se ha convertido en Occidente en gestos de imagen y relaciones públicas, pero tampoco el aparato de propaganda encargado de transmitirlos, los “medios de comunicación”, tienen demasiada credibilidad.

El suicidio moral de su apoyo a la masacre en Gaza convierte en debacle esa crisis de credibilidad.

Las sanciones se vuelven en contra de sus iniciadores, estimulan el crecimiento del adversario –algo particularmente claro en el caso de las sanciones contra Rusia– y la desdolarización y creación de canales financieros alternativos. En tal situación, la llamada a filas puede ser vista como solución.

A falta de legitimación, la guerra puede ser la respuesta. Pero, ¿qué guerra?

La de Ucrania está perdida para la OTAN. En Oriente Medio, Israel enciende la mecha intentando extender el incendio de Palestina. En Asia Oriental se utiliza a Taiwán como acicate ucraniano contra China. Con los tres frentes no se puede, así que hay que descargarse. Abandonar alguno de estos escenarios y delegar a la Unión Europea la batalla perdida. Pero la historia no suele escribirse sobre los rectos renglones de la ordenada caligrafía y sugiere que los escenarios pueden adquirir vida propia y escapar a la voluntad y el control del escritor.

La crisis de legitimación es un hecho en Occidente.

Tiempo peligroso.

Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona) fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania de la eurocrisis.

FUENTE https://ctxt.es/es/20240401/Firmas/46169/Rafael-Poch-guerra-popularidad-politicos-macron-Scholz-putin-biden.htm

Por Manolo Monereo Geoestrategia.es

“Sus principios básicos: Estados Unidos debe utilizar todos los medios a su disposición para establecer el dominio global estadounidense; con ese fin, debe estar dispuesto a actuar preventivamente para obstaculizar el surgimiento de cualquier potencia que pueda desafiar nuestra hegemonía; y mantener el dominio de espectro completo en todas las regiones del mundo. Los ideales y valores quedan relegados a un papel auxiliar como barniz sobre la aplicación del poder y como palo con el que golpear a los demás”

Michael Brenner. Asia Times 29 de marzo2024

Lo sabíamos desde hace tiempo: Rusia no iba a ser vencida. Bastaba con ver la realidad con ojos limpios y no seguir los dictados de un omnipotente aparato de propaganda que ha convertido a los grandes medios en terminales conscientes de la “otra guerra”, a saber, la cognitiva-comunicacional. Eso sí, sorprendió -y mucho- la flexibilidad y la adaptabilidad del aparato productivo, las capacidades tecnológicas y la eficacia de la organización industrial de una Rusia que seguía conservando recursos estratégicos que se consideraban agotados, perdidos. No diré mucho de la cuestión militar en sentido estricto; solo un aspecto del que no se suele hablar: el dominio ruso del arte operacional (el tercer aspecto del “arte de la guerra” del que hablaba Svechin) y la sabiduría para aprender de los propios errores.

La guerra en Ucrania aceleró todas las tendencias básicas y, lo más importante, las decantó en dirección contraria a los intereses del Occidente colectivo liderado por los EEUU. Por lo pronto, están cambiado sustancialmente cada uno de los actores en conflicto y modificando radicalmente las reglas que gobernaban sus relaciones. Nada será ya como antes; nada. Para definir la situación se ha empleado el término “poli crisis”, es decir, la convergencia de crisis diversas y simultaneas. No hay que perderse con las palabras de moda. Lo fundamental es que la etapa histórico-social está marcada por el anudamiento de dos crisis, una, de ciclo corto y medio, dominado por el declive de los EEUU y la otra, decisiva, de larga duración, determinado por el fin de la hegemonía de Occidente. Las dos crisis son una; ambas se retroalimentan y amplifican. La “Gran Transición” hace tiempo que comenzó, y con ella la guerra como horizonte, posibilidad y salida, mucho antes del conflicto ucraniano. Otra cosa es la ceguera programada y la subordinación a los que mandan; la historia, la mala, se los llevará como un mal sueño.

Es bueno detenerse y abrir el debate ¿Qué puede hacer una potencia en declive? Lo primero es reconocerlo, cosa nada fácil. Siempre hay razones para negarlo y las justificaciones se multiplican. Ahora ya lo saben. Biden lo dijo alto y claro: EEUU ha vuelto. Adiós a las aberraciones de la funesta etapa de Trump, a sus repliegues, a sus incoherencias, a sus devaneos con Rusia, a su desprecio a los aliados y, locura enorme, a su incomprensible desdén por la OTAN. Una gran potencia en su declive tiene dos opciones: pactar con los grandes Estados-civilización emergentes un nuevo orden internacional o defender, cueste lo que cueste, su viejo orden cuestionado, sus reglas y sus instituciones, ahora que todavía hay tiempo. Sí, el factor tiempo es la clave. El error estratégico más grave que se comete es pensar que, aquí y ahora, existe un equilibrio de fuerzas entre el Occidente colectivo comandado por los EEUU y un Sur global (contradictorio y heterogéneo) organizado en torno a China, Rusia e Irán. No es verdad. Lo que hay es una relevante superioridad económica, financiera, tecnológica, comunicacional y, sobre todo, político-militar del imperialismo colectivo de la triada (como lo definió años atrás Samir Amín), eso sí, de carácter temporal y en vías de desaparición.

Biden y su equipo (heredado de Hillary Clinton) sabían que no había tiempo que perder y que había que pasar rápidamente a la ofensiva si querían reforzar y preservar la hegemonía de los EEUU. La estrategia consistió en convertir las líneas de fractura de una globalización capitalista en retirada, en dispositivos político-militares que presionaran a las potencias emergentes y los obligaran a retroceder. Se establecieron rápidamente tres frentes. El primero, Europa-Ucrania; el segundo, Mar de China Meridional-Taiwán; el tercero, el Sahel en una África de nuevo territorio en disputa. Como se ve, nada nuevo; algunos lo hemos venido describiendo desde hace tiempo; desde luego, antes de la guerra en Ucrania. Poco a poco, la realidad confirma análisis y desmiente a tanta propaganda que se ha ido convirtiendo en sentido común de una clase política cada vez más anacrónica y sin sentido histórico. Hoy sabemos que los acuerdos de Minsk 1 y 2 se firmaron para no cumplirse y ganar tiempo; sabemos también que la OTAN, los EEUU y, sobre todo, el Reino Unido presionaron intensamente al gobierno de Ucrania para impedir un tratado de paz con Rusia en marzo del 22. Se podía continuar.

La táctica norteamericana consistió en ir sitiando a Rusia hasta no dejarle otra salida que la derrota estratégica o la intervención militar. ¿Derrota estratégica? Solo puede infringirla quien tiene fuerza para ello, superioridad, y la OTAN la tenía. La alternativa a la no intervención era aceptar que las fuerzas armadas ucranianas, apoyadas y dirigidas por los “asesores” de la Alianza Atlántica, masacraran a los departamentos rebeldes pro-rusos, asediaran Crimea y, lo más grave, que Ucrania primero y después Georgia formaran parte de la OTAN. Toda Rusia quedaría a merced de los misiles del Occidente colectivo. De la derrota estratégica a la derrota operativa y efectiva. No es nada nuevo para los EEUU obligar al enemigo a atacar, legitimando así una “guerra justa” por delegación, en este caso, en Ucrania. Lo han hecho siempre que han podido. El escenario en el Mar de la China meridional es otro ejemplo de cómo la Administración Biden pretende organizar y graduar su respuesta. Cuando lo considere oportuno, activará el conflicto en torno a Taiwán para obligar a China a intervenir militarmente. La estrategia de alianzas está muy avanzada y el cerco militar a China se ha acelerado mucho. La secuencia se ve ahora con más claridad: primero, debilitar a Rusia para provocar una crisis de régimen y su desintegración como Estado-civilización, para luego acumular fuerzas para afrontar al verdadero enemigo: China.

Una vez más, las cosas no le salieron como esperaban a la dirección norteamericana y a la OTAN. Las políticas de sanciones no solo no han quebrado a Rusia, sino que se han vuelto, en gran medida, contra la Unión Europea, han profundizado en la desglobalización y golpeado fuertemente a la hegemonía del dólar. El error más grave de Biden tiene que ver con su incapacidad para asumir que el mundo ya no es el que era y que la multipolaridad ha avanzado mucho. Es más, progresivamente se van trenzando alianzas, acuerdos económicos y complicidades que apuntan ya a un nuevo orden internacional sobre bases no hegemónicas occidentales; quizás el aspecto más sobresaliente sea el fortalecimiento de los BRICS y su constitución como un polo alternativo, a pesar de sus contradicciones e insuficiencias. A lo que hay que añadir el peso creciente de China como fuerza moderadora y pacificadora, capaz de poner orden a un mundo que tiende al caos sistémico y al conflicto militar global.

Hay una tendencia recurrente en los conflictos político-militares impulsados por los EEUU hacia el desborde, la escalada y la creación de escenarios catastróficos. Ocurrió en Afganistán, en Irak, en Siria, en Libia. Intervienen militarmente, desestabilizan, proclaman su victoria y luego tienen que reconocer que han creado más problemas que los pretendían resolver. Al final, tiene que elegir entre la huida o la fuga hacia adelante, es decir, la escalada. Irak y Afganistán son buenos ejemplos de lo que se acaba de señalar. ¿Qué potencia ha salido fortalecida de las victorias fracasadas de los EEUU?: la República Islámica de Irán. Como muestra un botón, Yemen; los huzies bombardeando Israel y controlando militarmente el Mar Rojo. La “gran potencia indispensable”, el Estado que da “estabilidad y coherencia al orden mundial” crea desorden, fomenta el caos y hace cada vez más insoportable los “costes de protección”.

La “Gran transición” ha avanzado tanto, parece tan irreversible, que los actores básicos llevan mucho tiempo resituando sus horizontes de posibilidad y redefiniendo sus estrategias. El ataque de Hamas contra Israel hubiese sido impensable hace apenas unos años. El asesinato de Qasem Soleimani ejecutado por los EEUU y dirigido por el Mossad presagiaba que algo importante se estaba organizando. De nuevo señales de crisis y de desorden. Biden y Netanyahu: ¿quién controla a quién? El conflicto indica con mucha precisión que Israel es lo que es y hace lo que hace porque por delante y por detrás están los EEUU y, en muchos sentidos, el Occidente colectivo. Conviene no olvidarlo. Netanyahu sabe que Israel no es solo un aliado más de los EEUU sino un actor interno en la política norteamericana, tiene poder de veto y lo ejerce. Biden hará lo que está obligado a hacer. Las lágrimas de Borrell no convencen a nadie y acaban por legitimar el genocidio del pueblo palestino.

El día 24 de marzo de este año David P. Goldman publicó un artículo en Asia Times -del que es editor adjunto- con un título inquietante, EEUU no tiene ningún plan B para Ucrania excepto más guerra. En él informa que en el fin de semana anterior se reunieron un grupo de expertos (ex miembros del gabinete, altos oficiales militares, académicos, analistas…) para evaluar la situación militar mundial. Con veracidad afirma que se dieron datos que no se correspondían con lo que estaba aconteciendo realmente en el frente militar ucraniano. Goldman nos dice que aportó informaciones muy diferentes y que nadie fue capaz de contradecirlo. El conocido estratega estadounidense salió de la reunión, no lo oculta, asustado; llegando a la conclusión de que “los dignatarios reunidos, una muestra representativa del liderazgo intelectual y ejecutivo del establishment de la política exterior, simplemente no podían imaginar un mundo en el que los EEUU ya no dieran las órdenes… Están acostumbrados a dirigir las cosas y se jugarán el mundo entero para mantener su posición”.

Este es el momento y estos son los protagonistas. La política de los que en la jerga de EEUU denominan” liberales imperialistas” ha partido siempre de un supuesto: los “otros”, es decir, Rusia, no se atreverá a usar el armamento nuclear. Conscientemente, se entra en un juego estratégico al filo de la navaja, donde los riesgos se incrementan exponencialmente y los errores humanos también. Putin lo ha repetido con mucha contundencia, Rusia los usará si ve amenazada su existencia como Estado y como civilización. Este es, insisto, el momento más peligroso: Rusia está ganando. Todo lo dicho por las élites euro-norteamericanas se está demostrando que es falso, mentiras de una propaganda que no se corresponde con la realidad. Lo coherente sería negociar y encontrar una salida política.

Se ha pasado de “derrotar a Rusia”, a “Putin no puede ganar”.

La lógica lleva a la escalada.

Negociar sería reconocer un inmenso error de cálculo y respetar los intereses estratégicos de Rusia. Asumir que el mundo dirigido y organizado por el Occidente colectivo ya no es posible y que hay que pactar un nuevo orden multipolar, inclusivo y abierto a la pluralidad real de nuestra especie.

No lo harán. El factor tiempo es la clave.

FUENTE: https://geoestrategia.es/noticia/42659/defensa/el-momento-mas-peligroso:-la-otan-esta-perdiendo-la-guerra-en-ucrania.html

Por Leandro Morgenfeld, Norteamerica

Una democracia anacrónica ofrece en Estados Unidos una plutocracia en manos de ancianos.

Cada cuatro años, el mundo concentra su atención en las elecciones estadounidenses. Si bien al jefe de la Casa Blanca lo eligen los ciudadanos de ese país, tiene un rol determinante en la vida de buena parte de los habitantes del planeta. Este año el proceso electoral tiene varias singularidades, pero también regularidades que vale la pena destacar y que suelen ser soslayadas. El supermartes del 5 de marzo confirmó que en noviembre va a repetirse el enfrentamiento Biden-Trump que tuvo en vilo al mundo a fines de 2020, y que terminó con la toma del Capitolio y un intento de golpe de estado. Tras esa acción violenta sin antecedentes, Trump fue sometido a un nuevo impeachment, del que salió indemne. A diferencia de 2016 y 2020, este año las primarias transcurrieron sin demasiada competencia: Bernie Sanders ya no se presenta como el gran desafiante por izquierda y Trump destrozó a sus rivales internos más fácilmente que en 2016. El jueves 7 de marzo, en el discurso del estado de la Unión, el presidente atacó a Trump y defendió su gestión, dando inicio a la fase final de una contienda que se le presenta complicada. El 5 noviembre se elegirá al presidente más anciano de la historia (el republicano asumiría con 78 años, el actual presidente con 82), y esta situación es apenas un síntoma del anquilosamiento imperial, que no logra renovar a los líderes de los dos partidos del establishment, ambos con índices de rechazo elevadísimos.  En este artículo repasamos las últimas novedades del proceso electoral, los ejes de discusión en la campaña y las perspectivas que se abren para nuestra región y nuestro país a partir de lo que ocurra en las urnas.  

Lo que hay en juego

Luego del “supermartes” del 5 de marzo, en el que 15 estados fueron a las urnas, entramos en la fase final de las elecciones primarias estadounidenses. Cada cuatro años, la carrera por el control de la Casa Blanca acapara la atención mundial. El próximo 5 de noviembre, además de la compulsa principal, se renovará también la totalidad de la Cámara de Representantes (435 escaños, hoy con mayoría opositora: 222 republicanos y 212 demócratas), un tercio de los 100 senadores (hoy con mayoría demócrata) y se elegirán gobernadores y autoridades municipales. Al día de hoy todo indica que volverá a repetirse el duelo entre el expresidente Donald Trump y el actual mandatario Joe Biden. Estos comicios se realizan en medio de una crisis que pone de manifiesto el declive sistémico que afecta el dominio hegemónico estadounidense, que ya lleva unas dos décadas, pero que se aceleró durante la pandemia. La anterior elección presidencial, recordemos, terminó en un gran escándalo: Trump no reconoció la derrota, alegó fraude y terminó impulsando a sus seguidores a tomar el Capitolio, el 6 de enero de 2021 —cuando el Congreso debía certificar el triunfo de Biden—, lo cual provocó uno de los mayores escándalos políticos de la historia estadounidense —con un saldo de varios muertos, heridos y encarcelados, además de la ruptura con su vice Mike Pence— y le valió su segundo juicio político, que sin embargo terminó no prosperando por falta de apoyo en la Cámara de Senadores. Tres años más tarde, y a contramano de todo lo que se dijo por esos convulsionados días, Trump ratificó que controla el Grand Old Party (GOP), aplastó a sus rivales en la interna republicana y, hasta ahora, superó los escollos judiciales que parecía enfrentar su candidatura (está imputado por más de 90 delitos, en procesos penales en curso, pero el lunes pasado la Corte Suprema allanó el camino para que fuera candidato). 

A diferencia de lo que ocurrió en 2016, cuando las encuestas vaticinaban su derrota frente a Hillary Clinton, hoy la mayoría de los analistas lo dan como favorito para enfrentar al octogenario Biden, quien cosecha índices de rechazo comparables a los de James Carter (uno de los pocos presidentes que fracasó en su aventura reeleccionista). Existen posibilidades de que el proceso de elección del jefe de la Casa Blanca vuelva a provocar un escándalo político-institucional como el mencionado de 2020 o como el del 2000 —cuando George W. Bush ganó por apenas 538 votos el estado de Florida, donde gobernaba su hermano Jeff, luego de semanas de controversias e impugnaciones judiciales y acusaciones de fraude electoral—, profundizando la crisis del liderazgo global que Estados Unidos padece desde el inicio de este siglo. Trump viene tensionando el sistema político estadounidense hace casi una década y todo indica que va a seguir haciéndolo. La fractura de las clases dominantes, a pesar de lo que muchos analistas auguraron, no se cerró con la asunción de Biden en 2021. 

Mitos sobre la plutocracia estadounidense

Como en cada elección estadounidense, es bueno aclarar algunos equívocos arraigados en el sentido común. Si bien los principales medios de comunicación y los políticos y propagandistas del establishment de Occidente abonan la idea y la percepción general de que Estados Unidos es una democracia modelo, en realidad ese es uno de los grandes mitos forjados en el poderoso país del norte, para consumo externo y también para reforzar su dominio ideológico, cultural y político global. 

En realidad, lo que se observa en Estados Unidos es más bien una democracia (burguesa) de baja intensidad, en la cual la participación política ciudadana está muy mediatizada. Se vota cada dos años, pero garantizando la alternancia prácticamente exclusiva entre los dos partidos del orden. En los procesos electorales hay una serie de mecanismos para que cambie algo —un demócrata o un republicano al mando de la Casa Blanca—, pero sin que nada se modifique estructuralmente. La presencia de legisladores de terceras fuerzas políticas es casi inexistente. Hace una década, por ejemplo, Bernie Sanders era el único senador independiente. Y, para dar batalla a nivel nacional, debió hacerlo al interior del Partido Demócrata, cuyo establishment lo boicoteó en las primarias de 2016 contra Hillary Clinton y en las de 2020 contra Biden. 

Desde que George W. Bush desreguló los aportes electorales privados —y de las corporaciones y lobistas— quedó más en evidencia que lo que realmente existe es más una plutocracia que una democracia. En 2010 la Corte Suprema, con mayoría conservadora, falló a favor de la desregulación de estos lobistas. En 2016, por ejemplo, se registraron 2.368 SuperPACs (Comités de Acción Política) ante la Comisión Federal Electoral, grupos de lobistas que invirtieron más de 1.000 millones de dólares en esas campañas presidenciales. Si se suman los gastos de los aspirantes a las Cámaras de Representantes y de Senadores, las cifras se disparan. La carrera para controlar el Capitolio insumió 4.267 millones, de dólares. El gasto total estimado alcanzó la astronómica cifra de 7.000 millones de dólares hace ocho años. Y sigue creciendo desde entonces. La contracara, por cierto, son las campañas del senador Sanders de 2016 y 2020, con pequeños aportes, situación que también se replicó en las de otros aspirantes socialistas democráticos (DSA), quienes recaudaron importantes cifras con cientos de miles de aportes de menos de 20 dólares. 

El sistema electoral estadounidense, además, es uno de los más anacrónicos, heredado del período esclavista: en cuatro oportunidades, no llegó a la Casa Blanca el candidato presidencial que más votos sacó, sino el que ganó en el colegio electoral, en el cual están sobrerepresentados algunos estados escasamente poblados. La última vez ocurrió en 2016: Trump ganó en colegio electoral (538 integrantes), a pesar de que obtuvo 2.800.000 votos menos que Hillary Clinton. Lo mismo ocurrió en 2000, cuando Bush le arrebató la elección a Al Gore, habiendo sacado menos votos que él a nivel nacional. Además, existen muchos mecanismos de supresión del voto. Esto quiere decir que a millones de personas —pobres, negros e hispanos, en su mayoría—, en cada elección, se les niega el derecho político más elemental: el derecho a votar (el informe de la ACLU, American Civil Liberties Union, “Block the Vote: Voter Suppression in 2020” muestra todos los mecanismos de supresión del voto, a quiénes afecta y por qué). La elección, además, se realiza en un día laborable (martes), el voto no es obligatorio y es necesario empadronarse para poder participar. En 2016, por ejemplo, de una población total de 325 millones de personas, había habilitados para votar 231 millones, pero sólo ejercieron ese derecho 137 millones. La participación fue de apenas el 55% de los votantes habilitados (en las presidenciales de Argentina, en 2019, la participación llegó al 81%). Trump, entonces, se convirtió en presidente con apenas el 27% de los votos del total de personas en condiciones de sufragar. 

La plutocracia estadounidense, con su sistema electoral obsoleto y conservador, devino en una farsa democrática, que se manifiesta en la banalización-espectacularización de la política. Trump es un objeto más de consumo por parte de los grandes medios de comunicación —con menos recursos financieros que Hillary Clinton, hace ocho años, logró mayor cobertura mediática por el rating que generaba a través de los escándalos que protagonizó durante toda la campaña—, pero él no es una rara avis. O al menos no totalmente, como pretenden mostrarlo los medios de prensa liberales. Todo aquel que siguió la transmisión de las convenciones demócrata y republicana en 2020 puede percibir cómo la política estadounidense devino en un gran show, con un contenido diluido. Y los candidatos parecen envases vacíos, a merced de que los expertos en marketing los vendan lo mejor posible a sus potenciales clientes-consumidores-votantes. Si bien este fenómeno no deja de ser global, en el caso de Estados Unidos, cuna de la telepolítica desde hace 1960, esta tendencia está llevada a su máxima expresión. Con el auge de las redes sociales y de las fake news, esta tendencia no hizo sino acelerarse. 

Lo singular en estas elecciones

Lo que distingue el actual proceso de los dos últimos es que en esta oportunidad la competencia interna fue mucho menor que en las primarias anteriores. La paradoja es que esto ocurrió a pesar de que Biden tiene niveles de rechazo altísimos y de que Trump es indigerible para al menos la mitad de la población estadounidense, incluida la mayor parte de la fracción globalista de la clase dominante. Si bien falta la formalidad de ratificar ambas candidaturas en las respectivas convenciones partidarias (del 15 al 18 de julio será la Republicana en Milwakee, Wisconsin; del 19 al 22 de agosto tendrá lugar la demócrata, en Chicago, Illinois) ambos partidos ya tienen sus cabezas de fórmula.

En el campamento demócrata, sólo un declive en la frágil salud del presidente podría precipitar una “renuncia histórica” (hasta hace pocos días algunos se ilusionaron con los rumores sobre una hipotética candidatura de la popular Michelle Obama). Pero hoy esa posibilidad parece cada vez más lejana. Habrá que ver quién lo secunda en la fórmula, si nuevamente Kamala Harris, o si escucha esta vez a Bernie Sanders y se inclina por alguien más progresista, para marcar un contrapunto con Trump y energizar a una base demócrata que está bastante descontenta con su gobierno (recordemos que el voto no es obligatorio por lo cual el gran desafío del oficialismo es que quienes detestan a Trump concurran a las urnas).

Entre los republicanos, en tanto, la novedad de la semana fue el retiro de Nikki Haley, quien no pudo doblegar a los trumpistas, pero cosechó un porcentaje significativo en las primaras. En su discurso de renuncia del miércoles se negó a apoyar la candidatura de Trump, lo cual fue aprovechado por los estrategas de la campaña demócrata para llamar a sus votantes a acompañar a Biden. Trump todavía no anunció quién lo secundará en la fórmula, lo cual también es un dato clave ya que, de ser electo, terminaría su mandato con 82 años, un récord histórico para cualquier mandatario. Dada su pelea con su ex vice Mike Pence —quien también participó sin suerte en las primarias republicanas— se especula con que puede elegir una candidata mujer, que le sea absolutamente leal. Pueden ser las congresistas Elise Stefanik o Marjorie Taylor Greene, ambas ultraconservadoras, con el riesgo de espantar a los más moderados. 

Lo singular, entonces, es que volverán a enfrentarse los mismos rivales que en 2020, que ambos ya fueron presidentes y que, cualquiera de los dos que asuma, se transformará en el presidente más añoso en llegar a la Casa Blanca. Trump deberá afrontar durante la campaña varios juicios penales en su contra (sería la primera vez que asuma un presidente condenado) y debe demostrar que su movimiento Make America Great Again (MAGA) no sólo le permite conquistar el partido republicano, sino también mejorar la performance electoral de los últimos seis años. Los demócratas, a pesar de tener las encuestas en contra, destacan que ganaron en las elecciones de 2018, 2020 y 2022. Los republicanos, en tanto, saben que la clave es llegar a los 270 votos en el colegio electoral, lo cual pueden concretar a pesar de perder el voto popular.

La izquierda y el progresismo, que supo tener un peso electoral muy significativo en la última década, esta vez no pudo expresarse en una precandidatura que le dé mayor visibilidad. Siguen los debates estratégicos entre quienes se inclinan por dar la pelea dentro del partido demócrata (Bernie Sanders llama a votar a Biden para derrotar la amenaza anti-derechos trumpista, a la vez que impulsa un giro en la política económica hacia una orientación más distribucionista) y quienes plantean la necesidad imperiosa de construir una alternativa por afuera, empalmando con las luchas de los sindicatos, las organizaciones sociales, los feminismos, los estudiantes, los afroamericanos, los latinos, los pueblos originarios y las organizaciones ambientalistas, quienes protagonizaron la resistencia a Trump desde 2017. 

Temas en la agenda electoral

Entre los temas de campaña se destacan la crisis fronteriza (Trump insiste con culpar a los inmigrantes latinoamericanos por la falta de empleos y problemas de seguridad, mientras el gobernador de Texas militariza la frontera y amenaza incluso con una secesión), la economía (inflación, tenue recuperación post pandemia, estancamiento del salario mínimo, aumento de la pobreza e indigencia), la trampa en Ucrania (cada vez es más improbable un triunfo de Volodimir Zelenzky, mientras crece la oposición a seguir financiándolo) y el apoyo de Biden a la ofensiva israelí contra Gaza está generándole una creciente oposición en su propio partido, en particular entre los jóvenes (tuvo su expresión electoral en las primarias), e incluso entre un vasto movimiento de judíos progresistas, que denuncian las masacres y el genocidio contra la población palestina indefensa.

Biden, representante de la fracción globalista, despliega una fuerte defensa de la OTAN, mientras que Trump, el preferido de los sectores americanistas, nacionalistas y aislacionistas, asegura que si él hubiera permanecido en la Casa Blanca los conflictos militares en Ucrania y Medio Oriente no hubieran estallado.

Otro tema volverá a ser, sin lugar a dudas, la relación con China. El avance imparable del gigante oriental, punta de lanza del ascenso de Asia-Pacífico y del reordenamiento geopolítico global, en torno al grupo BRICS —ahora ampliado— y a distintas iniciativas de cooperación, como la Ruta de la Seda, acapara buena parte de los debates en Estados Unidos y el mundo entero. Hoy crece la percepción del declive relativo del poderío estadounidense y las discusiones entre los especialistas giran en torno a cómo se va a procesar esa transformación del escenario global. Tanto la estrategia de guerra comercial de Trump como la actual de una política neokeynesiana de Biden fracasaron en recuperar la competitividad productiva estadounidense y en frenar el imparable avance chino y asiático. Estados Unidos, salvo el músculo militar y la influencia político-diplomática, tiene poco para ofrecer. Desde el punto de vista comercial, financiero y de inversiones, incluso sus aliados de Occidente cada vez dependen más de China y Asia.

Un último tema será el político-ideológico-institucional. Trump continuará con su política de “demolición” de todo lo establecido —fue y es su estrategia para presentarse, sin serlo, como un outsider— y Biden intentará nuevamente, como en 2020, ofrecerse como un muro de contención para sostener las instituciones y para que no se avancen con derechos de las minorías. El tema del aborto va a ser central en la campaña. El vergonzoso giro de la Corte Suprema ultraconservadora, en junio de 2022, anuló el fallo del caso Roe vs. Wade, una resolución que en 1973 había legalizado el derecho al aborto en todo el país. Esto les permitió a los demócratas movilizar a sus bases y mejorar su suerte electoral en las últimas legislativas.   

Proyecciones

Desde 2016, en Occidente cada vez se hace más difícil aventurar los resultados de los procesos electorales. Las encuestas suelen fallar mucho más que antes, la volatilidad es mayor y las capacidades predictivas son cada vez menores. Por eso hay que ser prudentes. Falta todavía mucho tiempo para noviembre. 

Ese año casi todos planteaban que era imposible que Trump ganara las primarias, luego que eran casi nulas sus chances de derrotar a Hillary, finalmente que no iba a poder hacer lo que había prometido en la campaña. Tras su no reconocimiento de la derrota en 2020 y su impulso a la toma del Capitolio, una vez más el coro de analistas repitió hasta el cansancio que Trump estaba acabado. Otro tanto ocurrió cuando el año pasado proliferaron, en distintas cortes estadounidenses, pedidos de inhabilitación electoral. Sin embargo, el magnate probó, una vez más, que es más resistente de lo que se cree. Algo similar, en sentido, inverso, ocurrió en noviembre del 2022. Las encuestas pronosticaban una debacle demócrata y un avance ultraconservador y eso no ocurrió. El oficialismo conservó (y hasta amplió) su mayoría en la Cámara de Senadores y apenas está 10 votos abajo en la de Representantes. Se vaticinaba también que Biden no terminaría su mandato por su enflaquecida salud y hoy es el candidato oficial de los demócratas, que intentará la reelección. 

Es cierto que las encuestas no lo favorecen, que los oficialismos están perdiendo en todo Occidente desde el inicio de la pandemia y que sus balbuceos y su frágil estado de salud siembras serias dudas —ya protagonizó varios furcios, lo cual acrecienta las dudas sobre su condición mental—, pero también puede repetir el camino que lo llevó a ganar en 2020, cuando era tan mal candidato como ahora —aunque, es cierto, era cuatro años más joven y no era presidente. El tono agresivo y punzante que exhibió este jueves en el discurso sobre el estado de la Unión, en el que criticó duramente a Trump y destacó sus logros económicos, intentó relanzar su campaña, revigorizar su alicaída figura y mostrarlo competitivo. 

Epílogo: América Latina y Argentina ante las elecciones

Más allá de la alternancia entre demócratas y republicanos, los objetivos estratégicos de Estados Unidos hacia la región se mantienen desde hace dos siglos, cuando se planteó la doctrina Monroe: alejar a potencias extrahemisféricas, mantener el control del “patio trasero” y tratar de evitar que avance cualquier proyecto de coordinación política e integración latinoamericana. El llamado “gobierno permanente de las grandes corporaciones” y el complejo militar-industrial y de inteligencia y el equilibrio de pesos y contrapesos bloquea cualquier alternativa de cambio real, como la que podía haber expresado Bernie Sanders en 2016 y 2020, quien sí es muy crítico del injerencismo estadounidense. Ante cada cambio de los inquilinos de la Casa Blanca, hay más continuidades que las aparentes. Tener esto en claro es fundamental para no alimentar falsas expectativas. Ya Obama decepcionó a quienes creyeron en su promesa de 2009 de una nueva política “entre iguales” con los países de la región.

Más allá de esta aclaración, para la región no da igual Trump o Biden. Comparten objetivos, pero existen diferencias en las tácticas y las modalidades empleadas, en el uso de hard (Trump) o soft power (Biden), en apelar más al multilateralismo (Biden) o al bilateralismo (Trump) y en la retórica más o menos agresiva, por ejemplo, contra Cuba o Venezuela. Y También en las alianzas e impulso de líderes ultraderechistas. 

En este sentido, la vuelta de Trump potenciaría todavía más a las ultraderechas, como ocurrió con Bolsonaro en Brasil en 2018. Si bien el ex presidente de Brasil hoy enfrenta la posibilidad de ser juzgado por el intento de golpe de enero de 2023, todavía conserva capacidad de movilización. Trump nuevamente en la Casa Blanca implicaría un espaldarazo político-ideológico para Milei, y reforzaría a Bukele, Kast y otros exponentes de las ultraderechas reaccionarias en la región y en el mundo. Marcaría, desde el punto de vista ideológico, una reofensiva contra cualquier política económico-social incluso tímidamente igualitarista, o contra los derechos sociales conquistados o por conquistar (sindicales, de las diversidades sexuales, del aborto legal, de las luchas de los pueblos originarios por las tierras o de los ambientalistas contra el extractivismo). Cuatro años más de Trump implicarían un corrimiento todavía mayor hacia a la derecha en Occidente, y en especial en América Latina. Es cierto que el magnate no promovió los mega acuerdos de libre comercio que impulsaban los globalistas ni impulsó guerras en el extranjero. Pero el avance de la internacional ultraderechista apañada por los trumpistas y sus émulos latinoamericanos implicarían un mayor peligro para la región. La derrota de Trump, entonces, debilitaría al gobierno de Milei y a todas las fuerzas y líderes, en cada país de la región, que se referencian en ellos.

Con respecto a Argentina, hoy el gobierno de los libertarios despliega una política de alineamiento acrítico incluso más profunda que las “relaciones carnales” que se cultivaron durante el menemismo. El seguidismo a Washington es total, aunque el gobierno sea demócrata. Pero Milei no oculta su favoritismo por Trump. Incluso viajó en febrero a participar de la Conferencia de Acción Política Conservadora, oportunidad en la que se sacó una foto con el expresidente republicano, quien le prodigó halagos. En el plano interno, entonces, la reelección de Biden o el triunfo de Trump van a impactar en forma distinta. Y este es otro motivo para seguir de cerca el proceso electoral estadounidense. 

FUENTE: https://tektonikos.website/sintomas-de-envejecimiento-imperial/

En tiempos borrascosos, peligrosos y con tambores de guerra de fondo, es cuando la prudencia debe ser la mejor herramienta para no ser involucrado en conflictos “lejanos” y “distantes” del Interés Nacional de la Argentina, en su momento de mayor debilidad del País tanto en lo: político, económico  y social y mas en el área de la Defensa Nacional, la administración de Javier Milei arrastra a la argentina a posiciones antagónicas con su tradicional postura diplomática y de política internacional de neutralidad entre los grandes bandos en pugna por el Nuevo Orden Mundial (NOM), en pleno desarrollo, que siempre nos caracterizó y que además fue muy positiva para la Argentina porque la neutralidad en la I y II Guerra Mundial permitio el desarrollo de la industria con tecnologías y ciencias propia que a la postre nos beneficio a toda la sociedad…de todo ello conversamos y analizamos hoy 15 de Abril del 2024 con el Periodista Alfredo Guruceta en su programa de Tv por cable “Con sentido común” que se difunde por canal “C” de cablevisión y por Flow 539 en todo el País y Uruguay.

Prof. Lic. Carlos Pereyra Mele

Director de Dossier Geopolitico

Por Gustavo Ng para Tektonikos

La emblemática ofensiva contra un observatorio astronómico y los errores de comunicación.

Como toda nación soberana, los Estados Unidos de Norteamérica defienden sus intereses. El actual gobierno argentino ha decidido también defender los intereses de Estados Unidos. Al recibir en Tierra del Fuego a la generala Laura Richardson, jefa del Comando Sur de los militares norteamericanos, el presidente Javier Milei anunció “una nueva doctrina de política exterior para Argentina” y explicó que “definir alianzas estratégicas es un elemento central de una política exterior inteligente. Pero estas alianzas no pueden estar basadas simplemente en intereses económicos, tienen que estar ancladas en una visión común del mundo”.

En las semanas anteriores hubo un peregrinaje de importantes funcionarios de la Casa Blanca, que incluyó las visitas del titular del Departamento de Estado, Anthony Blinken, y del titular de la CIA, William Burns. Por otra parte, la Administración General de Puertos de Argentina firmó un convenio para la participación de ingenieros del ejército estadounidense en tareas de capacitación en la Red Troncal Paraná-Paraguay, llamada “Hidrovía”. Además, EE.UU. intercedió en la venta de aviones de combate F16 de Dinamarca, de fabricación norteamericana, para la Fuerza Aérea argentina. 

En Tierra del Fuego, el presidente Milei anunció la construcción de una base naval que, según su vocero Manuel Adorni, “convierte a la Argentina y EE.UU. en la puerta de entrada al continente blanco. Esto es parte de nuestra integración al mundo occidental y desarrollado, para afianzar nuestra soberanía ante la invasión de buques extranjeros que durante años tuvieron vía libre para depredar nuestro mar».

Si el alineamiento de Argentina con EE.UU. causa cierto escozor en el sentimiento patriótico argentino, la sensación se inflama en la Patagonia, cuando lo que se defiende son los intereses de la OTAN en el Atlántico Sur. Resulta indigerible, aun para los más entusiastas con el presidente argentino, resignarse a la invasión británica, materializada en su enclave de las Islas Malvinas. Y esa base es de un miembro de la OTAN, organización que Estados Unidos lidera. El general Martín Balza precisó que el país del Norte le proporcionó a Gran Bretaña “oportuna, amplia, actualizada y eficaz información e inteligencia satelital, que contribuyó a una guerra electrónica que facilitó las operaciones británicas”, le proveyó “misiles Sidewinder (aire-aire) y misiles antirradar Shrike” y le cedió “el uso de la importante base aeronaval de la isla Ascensión, que fue determinante desde el punto de vista logístico y operativo para la flota y la fuerza aérea británicas.”

“Los comunistas no entran ahí”

En defensa de sus intereses soberanos, Estados Unidos quiere a China fuera de América Latina. Ha decidido no cooperar con China en la región. No cooperar, pero tampoco competir. Como en el caso de la tecnología del 5G, pareciera que EE.UU. hubiera perdido su confianza en sí misma para competir con China, y como manotazo de ahogado, solamente busca eliminar a quien considera su rival.

Al alinearse con Washington, el gobierno “libertario” se sube a la cruzada de eliminar a China en la región. “No sólo no voy a hacer negocios con China: no voy a hacer negocios con ningún comunista. Yo soy un defensor de la libertad, de la paz y la democracia. Los comunistas no entran ahí. Los chinos no entran ahí”, dijo Milei al periodista Tucker Carlson.

El plan norteamericano de “China fuera de nuestro patio trasero”, tiene entre sus focos el del observatorio astronómico acordado entre Argentina y China instalado en la provincia de Neuquén.

El observatorio, que tiene el inasible nombre de “Estación de Espacio Profundo CLTC-CONAE-NEUQUÉN”, fue resistida, al igual que toda cooperación entre el gobierno de los Kirchner y China. La relación con el país oriental fue combatida por grandes sectores de la oposición y hasta por una parte conservadora del Partido Justicialista. Por supuesto, a este embate no le faltó promoción en los Estados Unidos. En julio de 2018, el New York Times publicó una nota en la que aseguraba que “desde una estación espacial en Argentina, China expande su presencia en Latinoamérica”. Seis meses después, el senador peronista Miguel Pichetto presentó un proyecto para crear una comisión bicameral para que acudieran funcionarios a brindar informes sobre el observatorio y tuviera “acceso irrestricto a las instalaciones de seguimiento terrestre, comando y adquisición de datos en el territorio de la provincia del Neuquén, y a toda documentación pertinente”.

El relato contra el observatorio astronómico es impecable. Una síntesis sería: “Es una base militar china, que el Partido Comunista utiliza para espiar a los países libres, que el gobierno de los Kirchner permitió instalar a cambio de beneficios personales para sus corruptos funcionarios”. 

En un mismo día, Diario Perfil titula “El ‘lado oscuro’ de la base china: qué se sabe de las actividades de la instalación en Neuquén” y La Nación, “ ‘No nos dejaron ni acercarnos’. El enigma de la base china en el desierto neuquino que incomoda a EE.UU.” (atribuyendo la aseveración a “una policía de la comisaría 36° de Bajada del Agrio”).

Se trata de un relato fácil de entender, pregnante y que causa el entusiasmo que genera todo odio al peronismo conducido por Néstor y Cristina Kirchner.

Está adobado con el velo de lo oculto y lo turbio que se le atribuye a China, y la pericia comunicativa con que está diseñado se revela, por ejemplo, en que el observatorio haya pasado de “estación” a “base”. Con la insistencia de que el lugar es manejado por los militares chinos, el término “base” induce automáticamente a la idea de “base militar”.

Asimismo, ante una nueva presencia estos días de la generala Richardson (precedida por una declaración del embajador norteamericano Marc Stanley: “Me sorprende que Argentina permita que las Fuerzas Armadas chinas operen en Neuquén”), el gobierno argentino se apura a prometer que hará una inspección de observatorio.

Siendo que en el observatorio está presente la Comisión Nacional de Asuntos Espaciales (CONAE), que depende del Poder Ejecutivo, debería hablarse de una intervención más que de una inspección

Una inspección, tal como había pedido Pichetto en 2019, instala la idea de que el observatorio está en una jurisdicción de China de la cual Argentina está afuera, como si fuera un territorio ganado por un país invasor. El relato ignora por completo que el observatorio fue aprobado por el Congreso de la Nación Argentina en 2015 mediante la ley 27.123. Y que Argentina tiene un contrato con la Unión Europea exactamente igual para operar en forma conjunta un observatorio que se ubica en Malargüe, Mendoza, bastante cerca del que está en Neuquén y sobre el cual jamás nadie hizo ninguna crítica.

Un experimento de comunicación

En estos días, la campaña para atornillar en el fondo del sentido común de los argentinos que el observatorio es un aparato dispositivo diabólico de China, es torrencial. La noticia corre como un reguero de pólvora en medios de Argentina, es amplificada en Occidente —France 24— y trasciende a otros países de América Latina —Forbes México, Montevideo Portal. El peronista Carlos Ruckauf, exvicepresidente de la Nación durante la gestión de Carlos Menem y exgobernador de la provincia de Buenos Aires, le dice a la CNN que “está bueno que Milei haya puesto el ojo en la política exterior, lejos de las dictaduras y cerca de las democracias. Es positivo para el país porque EE.UU. no tiene en la región un aliado mediano como la Argentina”.

El relato sobre el observatorio astronómico de China y Argentina en la provincia de Neuquén está erigiéndose como una estrategia comunicativa emblemática. Es un modelo de una dimensión, una intensidad y una nitidez tales, que no es difícil concebir que pueda ser utilizado para otros proyectos de cooperación entre China y algún país de América Latina.

El ataque se desarrolla, además, en el escenario de la decisión del actual Gobierno argentino de desmantelar la producción científica local. En el observatorio trabajan científicos chinos y científicos argentinos. Lo que se está buscando destruir es un mecanismo de cooperación científica —no sólo con China, sino con la comunidad de astrónomos mundial, que también utiliza el observatorio.

El alineamiento colonial típicamente otorga la producción —de conocimiento, así como la producción industrial— al Imperio y la extracción a la colonia. Esta es la concepción estructural que fundamenta la decisión del actual Gobierno de reducir o desintegrar al CONICET, las universidades, las empresas estatales con áreas de investigación y desarrollo, y toda otra instancia de producción científica. 

La campaña contra el observatorio astronómico ha tenido resistencias. Ya en 2016, durante el gobierno de Mauricio Macri, se aprobó un protocolo adicional que establece que el acuerdo entre Argentina y China “se implementará exclusivamente con miras al uso civil en el campo de la ciencia y la tecnología, y la información resultante de ninguna manera podrá ser utilizada con fines militares”.

Estos días, Agustín Rossi, exministro de Defensa durante la gestión de Alberto Fernández, afirmó que el observatorio “no es militar, sino experimental” y señaló que en la misma provincia patagónica “hay una base civil del Comando Sur de Estados Unidos”.

Pero como se sabe, en la comunicación masiva el ataque certero aparece en la tapa del diario y se instala como verdad, mientras la desmentida, aun reconocida por el Poder Judicial, aparece tres días después en las páginas interiores, sin fotos, en una gris columna negra neutra, que no produce ningún efecto.

El contrato entre Argentina y China para la construcción y uso del observatorio no fue comunicado desde un principio. Se decidió un vacío de comunicación, que la oposición y EE.UU. están llenando con una orgía de “verdades”.

Ante esta fiesta, poco sirve referir que Pablo Coppari, conductor del ciclo “Sorprendente Argenchina”, de la Televisión Pública, para informar sobre la cooperación entre Argentina y China, entró en el observatorio hace cuatro años y registró en un documental todo lo que había allí dentro. Está en YouTube, libre para quien quiera verlo.

Tampoco sirvieron la publicidad de varias visitas. Por ejemplo, referentes del Gobierno de Neuquén, del Consejo Profesional de Ingeniería de Telecomunicaciones, Electrónica y Computación (COPITEC), del Colegio de Ingenieros de la Provincia del Neuquén, de la Universidad Nacional del Comahue y de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), Facultad Regional Neuquén, estuvieron en mayo del 2023.

En agosto de 2019 Leandro Groetzner de la CONAE, Wang Jizhou de CLTC y Alejandra Di Crocco del gobierno de la provincia del Neuquén, junto a Mariano Jordan de la Secretaría de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Mariano Enrico de la Cancillería Argentina, Rodolfo Lafitte exsecretario de Gestión Pública neuqino, Gustavo Romero director del Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR) y funcionarios e investigadores de la CONAE y de CLTC, recibieron a agregados científicos y funcionarios de las embajadas de Alemania, Brasil, China, Italia, el Reino Unido y… Estados Unidos.

La comunicación en el caso de esta batalla ha sido reactiva, es decir, en principio fue pasiva. El Gobierno nacional, el gobierno de Neuquén y China, podrían haber desarrollado una acción de comunicación desde el principio, instalando por ejemplo un centro de interpretación junto al observatorio para que los turistas fueran a visitarlo, y en el que algunos monitores mostraran lo que hacían los científicos en el interior —como hace el documental de Coppari. 

Hubieran podido imitar lo que la provincia de San Juan ha hecho con el Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO), que no solamente es comunicado, sino que la difusión es aprovechada como atractivo turístico. Se ha construido un hotel y una plataforma astronómica en la que un astrónomo da una charla de dos horas mientras los visitantes observan por una serie de telescopios el cielo nocturno.

Podría haberse establecido un mínimo mecanismo de comunicación que fuera informando de las actividades que se desarrollaban en el interior del observatorio en clave de divulgación científica. Por ejemplo, el observatorio es utilizado para la exploración que hace China de la Luna y de Marte. El cohete que llevó la sonda china a Marte tenía en su cabeza, pintada, la bandera argentina como logo de la CONAE. Salvo la revista especializada DangDai, ningún medio argentino, ni alineado con Estados Unidos, ni antimperialista, informó que Argentina formó parte del proyecto internacional liderado por China que llegó a Marte. Ningún medio asoció el observatorio a la participación de Argentina para que la humanidad llegara a Marte.

El observatorio podría haber aprovechado la astronomía como una marca de Argentina, la Patagonia o Neuquén, así como se ha hecho con los dinosaurios. En cambio, los gobiernos de Argentina, Neuquén y China, eligieron el silencio. En el caso de China la comunicación pareciera no poder escapar de la trampa de informar al público de otros países con la misma estrategia de comunicación masiva con que el gobierno informa a la sociedad china, esto es, sólo se dice lo que el Estado decide y si no es la palabra del Estado, sólo hay silencio.

Vemos aquí, con el caso de este observatorio, las consecuencias de la decisión de utilizar la no-comunicación de China. Y si el modelo de ataque a China utilizado con el observatorio va a ser replicado, es esperable que Estados Unidos y todos los medios de comunicación latinoamericanos que están cómodos habitando su patio, se hagan una fiesta, como ya sucedió en Argentina con el proyecto agrícola en el Valle Medio del Río Negro o el proyecto de la instalación de granjas porcinas, así como pareciera que empieza a suceder con algunas empresas chinas que se disponen a desarrollar la explotación del litio en el noroeste.

Fuente: https://tektonikos.website/disparen-contra-china/

¡¡ ARGENTINA EN SU HORA MÁS OSCURA !!

Es el título de la columna para el Club de la Pluma del director de Dossier Geopolítico, Carlos Pereyra Mele, en referencia al vergonzoso alineamiento internacional del país con EEUU, Inglaterra y la OTAN, de la mano del ejecutivo de Milei y de los referentes locales permeables a Norteamérica, lo que consolida el despliegue en Argentina de todos los instrumentos de la guerra híbrida que los anglosajones libran por todo el mundo, transformando a nuestro país en la triste figura de un vasallo feudal propio del siglo XII, reinstalando un neocolonialismo imperial norteamericano y reduciendo a nuestro gobierno a un mero gerente administrador de los intereses de Washington.

A lo largo del audio, analiza la visita de la Jefa del Comando Sur de EEUU, general Laura Richarson y de lo que ordenó, decidió y se apropió de nuestra soberanía nacional, demostrando la total y obsecuente subordinación del gobierno nacional a la estrategia imperial de hacerse con el Atlántico Sur, las Malvinas y del paso bioceánico, además de cederle el manejo de los recursos naturales y de permitir controlar y censurar cualquier posible relación con “potencias malignas”. Una visita que siguió a la del director de la CIA, William J. Burns, quién en otra demostración de poder y oscurantismo, “anudó acuerdos” de inteligencia y seguridad con el Ministerio del Interior.

AUDIO DE LA COLUMNA DE GEOPOLITICA

Además, Pereyra Mele abordó otras cuestiones muy comprometedoras para la independencia del país, cómo:

  • La confirmación de la renuncia argentina a ser parte de los Brics con un claro posicionamiento internacional en contra de los vientos del cambio hacia la multipolaridad global.
  • La pretensión de Milei de que Argentina participe en los conflictos de Ucrania e Israel, siempre a favor de los anglosajones y bajo la doctrina de “las guerras preventivas”.
  • La nueva ocurrencia del gobierno libertario de ser parte de la OTAN cuando no dispone de fondos para ello, ni tropas, ni equipamiento militar.
  • Proyectos de instalación de bases militares y navales conjuntos con EEUU y con el personal extranjero en régimen de total impunidad diplomática.
  • Compra de aviones F-16 norteamericanos permitiendo el control de Washington sobre nuestra defensa aérea.
  • La intención de Milei es que Argentina renuncie a su tradicional postura de no intervención en los asuntos externos de terceros países, ni de participar de los conflictos, ni de enfrentamientos entre potencias.
  • Estas y otras concesiones de soberanía sin ninguna contrapartida, sin promesas de inversiones económicas o productivas, sin acceso al crédito externo, ni de reprogramar la deuda, ni impulsar exportaciones, ni nuevos mercados.
  • ¡¡ ES ENTREGAR TODA NUESTRA SOBERANÍA A CAMBIO DE NADA !!

 Y concluye con que estamos viviendo horas difíciles, graves y  oscuras por apenas 100 días de un gobierno que puede arrastrar a la Argentina a su destrucción y con consecuencias que pagarán las actuales y futuras generaciones. Y que si el pueblo no toma conciencia de ello y no actúa, seremos basura de la historia.

Eduardo Bonugli (Madrid, 14/04/24)

Con una respuesta medida y política al ataque de Tel Aviv contra el consulado de Teherán en Damasco, la República Islámica gana la iniciativa en Asia Occidental

por Eduardo J. Vior
analista internacional especial para Dossier Geopolitico

Este sábado a la noche Irán disparó más de 300 drones y varios cohetes de crucero sobre objetivos militares en Israel. A pesar de que la “cúpula  de hierro” antiaérea que protege al Estado sionista logró derribar más del 90% de los proyectiles, la masividad del ataque permitió a suficientes piezas filtrarse, como para producir severos daños en una base aérea del sur y otra de inteligencia en el norte. Sólo una niña resultó herida. 

La evidencia de que Israel es vulnerable se sumó al desasosiego entre la población que ya había producido el domingo anterior el anuncio de que sus tropas se habían retirado de Gaza. Durante la semana pasada varios comentaristas certificaron la derrota de su país en los seis meses de invasión al territorio gazatí y las subsecuentes amenazas del gobierno de derecha/ultraderecha contra Irán se evidenciaron vacuas, porque el presidente norteamericano Joe Biden prohibió a Benyamin Netanyahu  responder al ataque persa. Irán ha ocupado el centro del escenario regional en un cambio epocal que repercutirá en todos los frentes.

Durante su bombardeo de este fin de semana Irán sólo atacó objetivos militares de Israel y casi no produjo víctimas. Este domingo el mayor general Hossein Salami, jefe del Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica (IRGC, por su nombre en inglés), advirtió sobre respuestas aún más duras, si Israel decide tomar represalias. Por su parte, Mohammad Bagueri, jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas iraníes, reveló que el cuartel general de la inteligencia israelí en el Monte Hermón y la base militar de Nevatim fueron atacados y destruidos con éxito utilizando misiles balísticos y de crucero. La base aérea de Nevatim  está ubicada en el desierto de Néguev, en el sur de Israel, desde donde el ejército de este país el 1º de abril atacó con sus F 35 el consulado iraní en Damasco, asesinando a Mohammad Reza Zahedi, comandante de la Fuerza Quds (Jerusalén) de operaciones exteriores de la IRGC, y a otros seis altos mandos. Se estima que siete cohetes impactaron en el aeropuerto. Por su parte, el portavoz del ejército israelí admitió este domingo que el objetivo fue dañado.

Irán ha dado por concluida su represalia, pero su oferta de cese al fuego en Gaza fue rechazada por Israel. Los EE.UU. y la UE quieren que todo termine en este punto, pero lo más probable es que Israel lance su propia represalia. Sin embargo, por ahora, según versiones del sensacionalista Yedioth Ahronoth, tras la conversación telefónica que Netanyahu y Biden mantuvieron este domingo, Tel Aviv ha postergado toda respuesta.

El ataque iraní sucedió al retiro, el domingo 7, de las tropas israelíes que habían invadido la Franja de Gaza seis meses antes. La guerra estalló tras un ataque contra Israel perpetrado por Hamás y otras tres  organizaciones palestinas el 7 de octubre de 2023, en el que, según cifras israelíes, murieron 1.200 personas, en su mayoría civiles. Durante la incursión fueron tomadas como rehenes 253 personas. Algunos fueron canjeados por prisioneros palestinos que estaban en las prisiones israelíes, pero todavía hay unos 130 retenidos en Gaza, si bien se presume que al menos 34 están muertos.

Según el ejército israelí, unos 600 de sus soldados han muerto desde entonces y muchos miles han sido heridos. Al menos 33.000 personas, la mayoría de ellas mujeres y niños, fueron muertos por los ataques israelíes. Según la ONU, el 85% de la población de la Franja de Gaza, donde viven más de 2,3 millones de personas, se ha visto obligada a evacuar sus hogares por los ataques de Israel. El mes pasado un informe de Integrated Food Security Phase Classification, una respetada red internacional de información sobre el hambre, advirtió sobre una hambruna inminente en Gaza. Según la ONU, se espera que la mitad de la población de la Franja de Gaza (1,11 millones de personas) enfrente condiciones alimenticias catastróficas.

Sin embargo, no fue el desastre humanitario el que forzó la retirada israelí de la Franja de Gaza. Mucho más importantes fueron la llamada de Biden a Netanyahu tras el ataque israelí al consulado iraní en Damasco; la incapacidad israelí para acabar con la resistencia palestina; la falta de reservistas para las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI); la crisis económica en Israel tras seis meses de movilización; las manifestaciones masivas contra Netanyahu dentro del país reclamando la liberación de los rehenes así como aquéllas contra Israel en el exterior; la negociación en El Cairo entre Israel y Hamás con la mediación de Egipto y Qatar; la guerra de desgaste que la milicia libanesa Hezbolá lleva contra el norte de Israel y, sobre todo, el temor norteamericano al estallido de una gran guerra regional con Irán que obligaría a EE.UU. a defender a Israel y llevaría a la confrontación directa con Rusia y China, aliados de la República Islámica.

Imagen cedida por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) de tropas israelíes realizando una operación militar en la Franja de Gaza. | Foto:Xinhua/Fuerzas de Defensa de Israel
El ejército israelí no pudo destruir a la Resistencia Palestina

Respetables analistas israelíes, tanto civiles como militares, constataron la semana pasada la derrota de su país en Gaza. Varios factores se aducen para fundamentar este aserto:

El primer fracaso de las FDI ha sido estratégico. El ejército de Israel sólo ha logrado a medias los objetivos de guerra de sus políticos (destruir las capacidades militares de Hamás; sacarlo del poder en Gaza y rescatar a los rehenes). A pesar de la destrucción producida, Hamás está lejos de ser destruido. 

El segundo fracaso de los militares israelíes consistió en la forma en que llevaron a cabo esta guerra, específicamente los altos niveles de destrucción y muerte de civiles, así como los saqueos que las propias tropas filmaron.

El tercer fracaso deviene de su obstrucción de los esfuerzos internacionales por llevar ayuda a los habitantes de Gaza. Los militares impidieron sistemáticamente la llegada de los socorros para la población civil y atacaron a  las organizaciones humanitarias ante las cámaras de todo el mundo provocando numerosas bajas entre los cooperantes civiles.

El balance de la situación actual es pésimo para Israel y sus aliados occidentales:

  1. Con su represalia del sábado 13 Irán asestó un golpe demoledor al prestigio de la “cúpula de hierro”. Demostró su inutilidad ante un ataque masivo y escalonado con enjambres de drones a los que suceden diferentes categorías de cohetes. En la última década y media la República Islámica ha incentivado especialmente el desarrollo de tecnologías propias en estas áreas y cuenta con decenas de miles de proyectiles de fabricación fácil y económica.
  2. Tras la derrota en Gaza y la vergüenza que las FDI pasaron esa noche, la desazón cunde entre la población israelí. Durante más de medio siglo se le inculcó un sentimiento de superioridad racial que hoy se ve desautorizado por la realidad. Le falta orientación y apoyo para cambiar su forma de ver el conflicto.
  3. Al mismo tiempo, tanto la población palestina como los pueblos árabes y el propio pueblo iraní (del que 40% está sumido en la pobreza) se sienten reivindicados frente a una potencia que perciben como opresiva y amenazadora. Este nuevo estado de ánimo va a tener inmediatas consecuencias políticas.
  4. Irán ha pasado a tener la iniciativa regional y ha puesto en entredicho a aquellos monarcas y mandatarios árabes y turcos que temían enfrentarse a Israel.
  5. Si bien para la Casa Blanca es un alivio que, por ahora, se haya evitado una guerra regional que podría involucrar a toda la alianza occidental, el poderío alcanzado por Irán la obligará a tomarlo en cuenta como un interlocutor serio o tratar de destruirlo en una conflagración mayor.
  6. Finalmente, Rusia y China han obtenido la confirmación de que su estrategia de jugar a ganar tiempo ha sido correcta. Si la derrota de Israel se confirma, sólo necesitan esperar hasta que Ucrania caiga y las potencias occidentales se avengan a una negociación sobre el orden global.

De todas maneras, no es de esperar que el gobierno de Israel acepte sin más la situación actual. La oposición interna ya está agitando para provocar la caída del gabinete y la modificación de las leyes que el año pasado recortaron el poder de la Suprema Corte. Además, si Netanyahu abandona el gobierno, se verá confrontado con los juicios por corrupción que lo acosan.

Tampoco las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se conformarán con la derrota que sufrieron y buscarán la revancha. Es previsible que recrudezca la represión sobre los palestinos y que, al menos esporádicamente, continúen los bombardeos sobre Gaza. No hay que descartar la multiplicación de los atentados terroristas en Irán dirigidos desde las bases israelíes en el Kurdistán iraquí. Más improbable, empero, es que las FDI se atrevan a atacar frontalmente a Irán, aunque sea en el próximo tiempo. 

El nuevo balance de fuerzas en Asia Occidental repercutirá sobre la guerra en Ucrania. A menos de que las facciones más duras dentro de la alianza occidental se impongan y comprometan a la OTAN a un enfrentamiento directo con Rusia, Irán ha demostrado que la alianza euroasiática por ahora es invencible en el campo de batalla. Pero también ha evidenciado su disposición a negociar. Esperemos que todos los involucrados se hayan dado cuenta.

Por Martín Jay(*) para la Fundacion de la Cultura Estrategica

El ataque con aviones no tripulados de Irán ha abierto una lata de gusanos que Biden hubiera preferido que no se hubiera abierto.

Es irónico para los analistas occidentales cómo invariablemente es Oriente el que mantiene la cabeza fría y no muerde el anzuelo de la escalada, mientras que Occidente es el que es imprudente, temerario y descuidado con sus provocaciones. En Ucrania no hemos visto más que esto acompañado de errores de cálculo y malas decisiones por parte de la OTAN. Y ahora estamos viendo esto en Israel, ya que, sorprendentemente, Joe Biden ha logrado verse atrapado en una guerra regional entre Israel e Irán, un sueño para este último durante más de 30 años.

La reacción de Irán al bombardeo de su consulado en Damasco fue muy mesurada, bien pensada y llevada a cabo con una cierta sobriedad que no será igualada por Israel y Estados Unidos.

Teherán no quería matar civiles sino simplemente enviar un mensaje de que Israel había cruzado una línea y si vuelve a hacer esto, entonces habrá más ataques de Irán, tal vez misiles intercontinentales con un impacto más profundo que los drones baratos. Eso no quiere decir que los drones no fueran efectivos. Estaban realizando la tarea específica que los iraníes querían de ellos, sabiendo muy bien que la mayoría de ellos serían interceptados.

Pero la medida de Teherán todavía fue un shock para muchos expertos occidentales y sin duda también para la camarilla de Netanyahu, ya que rompió varios mitos en una sola noche. En primer lugar, que Irán tendría el coraje de bombardear directamente a Israel, algo que muchos expertos descartan sin pensarlo. El hecho de que Irán esté dispuesto a utilizar sus misiles para matar potencialmente a civiles en suelo israelí cambia la dinámica ahora, ya que Israel ya no puede adivinar cuál será la venganza si continúa con sus salvajes bombardeos contra soldados iraníes, incluso en suelo sirio.

En segundo lugar, también derriba el mito de que Israel tiene la capacidad de afrontar la guerra en más de un frente.

Durante toda la noche, mientras el ejército estaba ocupado, los habitantes de Gaza disfrutaron de una noche pacífica sin ningún bombardeo y recurrieron a las redes sociales para celebrar la distensión. El ejército de Israel no tiene la capacidad ni la fuerza para librar una guerra en Gaza ni tampoco una desde un segundo frente, como un ataque masivo con drones, y mucho menos un tercero de Hezbollah en el Líbano, si fuera necesario.

Y en tercer lugar, el papel de los socios. Israel no podría haber pasado la noche y haber obtenido lo que afirma ser una tasa de acierto del 99 por ciento sin la ayuda de socios como los aviones de combate británicos de la RAF que ayudaron, sin mencionar al rey Abdullah de Jordania, cuya fuerza aérea también derribó los drones. Si estas relaciones, junto con las de Estados Unidos, se ponen a prueba y se llevan más allá de sus límites, la vulnerabilidad de Israel se vuelve, cuando menos, polémica.

Por eso, la forma en que Netanyahu juegue sus cartas en los próximos días es crucial para que Israel se mantenga en buenos términos con sus aliados occidentales, pero también para que, de manera realista, permanezca en el juego. El ataque con aviones no tripulados de Irán ha abierto una lata de gusanos que Biden hubiera preferido que no se hubiera abierto. Según algunos informes, se cree que Biden le dijo a Netanyahu que diera marcha atrás y abandonara a los iraníes, por temor a que la situación se saliera de control. ¿Podría Biden seriamente ir a las urnas en diciembre de este año con una hoja de trucos de política exterior que incluía retirarse de Afganistán, comenzar una guerra en Ucrania que lo humillará a él y a la OTAN cuando Rusia inevitablemente gane y ahora comience una guerra mundial con Irán? Analistas experimentados han aventurado que no podrá evitar aumentar las apuestas y lanzar un ataque de venganza contra Irán o sus representantes. Por supuesto, esto pondría a prueba la relación con Estados Unidos y la llevaría al límite, un truco que Biden espera que Netanyahu no lleve a cabo. Dado que es casi seguro que esto llevará la relación entre Biden y Netanyahu a un punto de ruptura y le dará a Irán la victoria de cualquier manera, es difícil entender cómo la mayoría de los expertos occidentales no vieron el ataque con aviones no tripulados como una gran victoria para Teherán. La táctica de Netanyahu será que Biden es débil y ahora está perdido en el laberinto del belicismo en Oriente Medio. También pensará que Biden tendrá que presentarse ante los halcones de Washington como un vencedor y, por eso, ahora se encuentra en una situación más profunda que nunca, a medida que se agotan las opciones y la ventana para el pensamiento racional parece ya no existir. La pesadilla de Biden con Netanyahu apenas comienza.

(*)Martín JAY Martin Jay es un periodista británico galardonado que vive en Marruecos, donde es corresponsal de The Daily Mail (Reino Unido), y anteriormente informó sobre la Primavera Árabe allí para CNN, así como para Euronews. De 2012 a 2019 residió en Beirut, donde trabajó para varios medios de comunicación internacionales, incluidos BBC, Al Jazeera, RT, DW, además de informar de forma independiente para el Daily Mail del Reino Unido, The Sunday Times y TRT World. Su carrera lo ha llevado a trabajar en casi 50 países de África, Medio Oriente y Europa para una gran cantidad de importantes medios de comunicación. Ha vivido y trabajado en Marruecos, Bélgica, Kenia y Líbano.

Las opiniones de los contribuyentes individuales no representan necesariamente las de la Fundación Cultura Estratégica y las de Dossier Geopolitico